martes, 5 de agosto de 2014

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (CLIV): “El laberinto del general”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

En los primeros meses del año 1974 se fue profundizado el debate en el seno de las diferentes corrientes del peronismo revolucionario respecto al rol de Perón, a la postura a asumir frente al gobierno, teniendo en cuenta su evidente “giro a la derecha” y, a cómo articular la lucha de masas, con la acción armada revolucionaria.

En nuestro caso, el Frente Revolucionario Peronista y el Bloque de Agrupaciones Peronistas de Paraná, había definiciones que ya las habíamos adoptado en el año 1973.

Entendíamos, y lo debatíamos con los compañeros de las FAR, que el “General”, de estas últimas décadas, distaba mucho de aquél que encabezara un proceso de transformaciones democráticas -burguesas, en los años 40, y que asumiera posturas críticas frente al papel que se asignaba Estados Unidos en el Continente; después de la Segunda Guerra Mundial.

Por esa razón y observando su conducta frente al desarrollo de una alternativa a la burocracia sindical expresada en la CGT de Los Argentinos, su claro boicot a la misma y, su alianza con aquella y la fracción burguesa del Movimiento, es que decidimos no apoyar el Frente Justicialista de Liberación en las elecciones convocadas por la Dictadura Militar; en el marco de su “retirada ordenada”.

Posteriormente, el apoyo a la formación del “Somatén” nacional expresado en la temible Alianza Anticomunista Argentina, el golpe palaciego que desalojo del gobierno al Presidente Cámpora, luego de la masacre de Ezeiza, y la convocatoria del Consejo Superior, a declarar la guerra “a la subversión marxista”, en un lenguaje común con el del régimen dictatorial, que ratificó el Presidente, por cadena nacional, el 23 de enero luego del intento de copamiento de la unidad militar de Azul por parte del ERP, demostraban, claramente, que su “retorno” formaba parte de un acuerdo con el partido militar, la burocracia sindical pactista y la fracción burguesa del peronismo.

Teniendo esto en claro es que tratamos de oponer a la formula Perón -Perón, la de Tosco-Jaime y comenzamos a sentar las bases de un gran Frente que luchara por la Liberación y el Socialismo en el que confluyeran el peronismo revolucionario, la izquierda guevarista, los cristianos tercermundistas, los radicales de Alem y Lebensohn, los socialistas de Alicia Moreau de Justo y Alfredo Palacios y los demócratas consecuentes, como Héctor Sandler y Raúl Aragón.

Desde el diario y, en la conformación de su Consejo Editorial, intentamos abrir un espacio de debate en esa dirección, es por eso que no me tomó desprevenido el llamado de Raimundo Villaflor, que lideraba las Fuerzas Armadas Peronistas, y al que conocía, desde que ambos formáramos parte de la agrupación que conducían Alicia Eguren y John William Cooke, en los años 60.

Me dijo que quería hacerme llegar un documento, que luego de intensos debates, resumía la postura de su organización en ese período y, al mismo tiempo, me planteó que querían tener alguna participación en la redacción del vespertino.

Le dije que, por supuesto, tenían, él y su organización, las puertas abiertas. Por lo que me adelantó que le diría a Amílcar Fidanza, que se pusiera en contacto conmigo.

A los pocos días, este, se transformó en nuestro mejor corresponsal en la cobertura de las actividades de los movimientos barriales del gran Buenos Aires.

Cuándo termino la comunicación recordé que Raimundo había sido participe del enfrentamiento en la pizzería “Real “, ubicada en la localidad de Avellaneda, en la noche del 13 de mayo de 1966, armado por Augusto Timoteo Vandor para asesinar a su oponente interno Rosendo García, en el que fueron masacrados, por la patota de la UOM, nuestros compañeros Juan Francisco Zalazar y el “Griego” Domingo Blajaquis; militantes de APR.

En la propuesta, planteaban, en síntesis, que renunciaban a la lucha superestructural por la conducción del Movimiento y a la disputa por ganar espacios en el Gobierno y que concentrarían todos los esfuerzos en construir una alternativa independiente, desde la base, con la clase obrera y el pueblo peronista.

En esa dirección apoyarían el desarrollo del “Peronismo de Base”; sin abandonar la acción revolucionaria.

Desde otro lugar, Montoneros, también había arribado a algunas conclusiones, luego de que fueran desalojados del Gobierno Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano y que siguieran los hostigamientos a los gobernadores de Salta, Santa Cruz y Mendoza.

Señalaban, críticamente, la presencia hegemónica del “Lopezreguismo”, en algunas áreas del gobierno, pero seguían considerando que este, como la conducción del Movimiento, estaban en disputa entre la derecha y los que luchaban por la liberación y el socialismo nacional; por lo cuál rescataban el rol del “General”; pese a sus evidentes contradicciones.

Por su parte el “reformismo”, expresado en el Partido Comunista Argentino, en una actitud absolutamente extraña y solamente explicada por su alineamiento con la Unión Soviética y por los “negocios” que esta empezaba a concertar con la Argentina, denostaba a la guerrilla, acusándola de “agente de la CIA”.

Lo mismo habían hecho en Cuba, durante el gobierno de Batista, con el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario que combatían a la dictadura con las armas en la mano

Con el diario estaban sumamente molestos por el desplazamiento de la Jefatura de Redacción de Sergio Peralta por lo que, y en presencia de Oscar Alende, cuando este realizaba una conferencia de prensa para expresar su solidaridad con “El Mundo” y al finalizar la misma, tuve un entredicho verbal con el diputado José Cominguez; que no llego a mayores por la intervención del “Bisonte”.

En ese contexto, se llevó a cabo el encuentro, que solicitara con Emilio Abras, el Secretario de Prensa de la Presidencia, para tener una idea de la postura del gobierno frente a nuestro vespertino; ya que el ataque, que describiera en una nota anterior, perpetrado el 22 de febrero, no auguraba buenas perspectivas.

Me dijo que no me preocupara, que el General había dicho “dejemos que los zurditos tengan un espacio para expresarse” y que resistía la presión de Lorenzo Miguel, para que nos clausuraran.

Me propuso que hiciéramos una entrevista, concertada, al Presidente en el Canal de televisión del gobierno, yo y Héctor Timerman, que dirigía el matutino “La Opinión”; sin “golpes bajos”.

Le dije que me dejara consultarlo.

Lo que hice al regresar y, al obtener la aprobación del equipo de dirección -Alberto, Tito y Benito- lo llamé para decirle que estaba dispuesto y que acordáramos los detalles.

¿Cuál fue el destino de esta propuesta? ¿De que manera se profundizaba la represión? ¿Cómo defender la libertad de expresión? Estos y otros temas abordaré en la próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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