jueves, 18 de septiembre de 2014

La vieja y la nueva política

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

“Profundizaremos la revolución. Revolucionaremos la revolución”
Rafael Correa 17 de septiembre del 2014

Si se estudia la práctica de la vieja política, fácilmente se advierte que su característica fundamental era el “tronchismo”, producto de alianzas de las cúpulas de los partidos, proceso en el cual las bases sociales, reales o irreales de esos partidos, eran ajenas a las alianzas propiciados por sus dirigentes, habitualmente en provecho propio, no sólo político sino inclusive económico, como nos recuerda el “hombre del maletín”. Lástima que tan pronto hayamos olvidado las alianzas que encumbraron al poder a Otto Arosemena o a Fabián Alarcón.

Una segunda característica de las alianzas de la vieja política, era la concurrencia de tirios y troyanos, esto es partidarios de opiniones o intereses opuestos como lo define la Real Academia de la Lengua, lo que propiciaba la concurrencia de quienes sustentan el statu quo con quienes se oponen a la misma. El rol histórico de quienes se oponen a los procesos de cambio, no se diga de los revolucionarios, tenía poca importancia. Se saldaban por convenios espurios, en los que la ideología, la doctrina política y las acciones históricamente cometidas y demostradas se olvidaban fácilmente, no tenían cabida. Lástima que ya hemos olvidado el “Frente Progresista”, propiciado por la Izquierda Democrática, organización social demócrata de la cual deviene hoy, por propia proclama el movimiento Avanza de Ramiro Gonzales.

Una tercera característica, en acción premeditada para ocultar la falacia que contenían las “alianzas” y la endeblez social y política de las mismas, era la organización de concentraciones o manifestaciones, con la evidente concurrencia del oportunismo de quienes se suman a los procesos de cambio por razones estrictamente económicas o de ascenso social, muy típico en los empleados públicos, muchos de los cuales solamente cuidan puestos, incluso mal habidos; o, de personas que aceptan acudir a cambio de un viaje, una dieta y varias comidas. La ausencia de una posición ideológica, de un compromiso político serio es su norma, a más del engaño y del autoengaño que les es consubstancial.

En la otra ribera la nueva política, se sustenta en el compromiso ideológico y político con el cambio de la mayoría de una Nación, con la revolución, con su profundización, con las medidas que revolucionan la revolución. Cabe entonces preguntarse ¿Cómo se alcanza ese apoyo, que lo propicia? La respuesta, a nuestro criterio pasa por dos etapas, una primera en que el apoyo se genera por “observación y beneficio”. Observación de los cambios objetivos que propicia la revolución y por los beneficios que tales cambios promueven sobre la población. Todas las transformaciones que en la infraestructura productiva (carreteras y generación eléctrica) y social (salud y educación) del Ecuador ha generado la Revolución Ciudadana, bajo la égida del Presidente Rafael Correa, sin duda alguna propició un apoyo ciudadano que aún perdura, pero que se erosiona lenta pero paulatinamente, por el debilitamiento de lo “observable” y consecuentemente de los beneficios directos que pueden ser apreciados. Este es la caso de los proyectos que rendirán frutos a largo plazo, circunscritos a núcleos cada vez menores de la población, por la propia lógica de los mismos: las becas a los mejores estudiantes ecuatorianos a las mejores universidades del mundo, Yachay o la Universidad para docentes, son buen ejemplo. Su alta incidencia en el desarrollo social sólo se observará y constatará en el mediano plazo, por lo que hoy, quienes “observan y se benefician” es socialmente restringido. No produce el efecto apetecido sobre el imaginario de la sociedad en su conjunto.

La segunda etapa pasa por la consolidación de la base social, la cual exige la convocatoria a la más amplia participación política de los movimientos o partidos políticos, ideológica y políticamente cercanos y comprometidos con la transformación del statu quo, con la revolución, a pesar de la profundización de contradicciones, a nuestro criterio más formales que sustantivas, que se han desarrollado a partir de la incomprensión de una parte de la militancia de Alianza País, de que la transformación nacional no será posible, sin la participación del movimiento indígena, de los trabajadores, de los campesinos pobres y medios, de los jóvenes de nuestra Nación. Por el tratamiento político inadecuado de las contradicciones que se han producido con esos sectores, producto de no entender que las contradicciones en el campo de todos quienes apoyamos los cambios, la transformación del statu quo son “contradicciones en el seno del pueblo”, en la connotación del Presidente Mao Tse tung. Contradicciones que aún estamos a tiempo de resolver, puesto que se ubican más en el campo de la retórica que en la de hechos que las vuelvan insalvables.

La adopción de nueva política es también una exigencia, por modificaciones que se advierten ya en el imaginario de la sociedad ecuatoriana, las cuales responden a acciones comunicacionales de la oposición, la cual insiste, machaca sobre valores acendrados en ese imaginario: la democracia liberal encubierta en la oposición a la reelección; en una supuesta defensa de los derechos de los trabajadores que supuestamente serían conculcados; la defensa de la Pacha Mama, a la cual expoliaron inmisericordemente, cuando ellos eran los beneficiarios directos; en supuesta defensa de la prevalencia de la justicia indígena sobre la ordinaria, planteamiento ajeno a todo Estado plurinacional; en una supuesta agresión a la libertad de información y comunicación, ante el anuncio de la creación de unidades de defensa cibernética, etc. A lo que se agrega el modosismo reclamado como elemento central, crucial en la población media, pequeño burguesa, la cual no considera que la revolución, que la Revolución Ciudadana, no es cuestión de buenos modales.

Seguramente se nos dirá que a Alianza País, es extraña la vieja política. Ante ello, vale preguntarse:

1. El frente, que anuncia Óscar Bonilla, secretario de Acción Política de PAIS, el cual señala “no es una propuesta de este movimiento, sino un espacio de confluencia política, de diversos sujetos con un espectro que abarca la izquierda histórica hasta el progresismo y el centro”, frente que, agrega, responde a una demanda de la ciudadanía y a una necesidad histórica que siempre ha requerido que las fuerzas progresistas y de izquierda se presenten como una sola propuesta. ¿Acaso no es una réplica de las alianzas propias de la vieja política? ¿Es parte de la nueva política por adicionar el centro, que en términos políticos estrictos no existe? ¿Se diferencia de la vieja política por una supuesta demanda de una ciudadanía anónima? ¿Cómo se concilia en una sola propuesta las diferentes posiciones de una coalición de este tipo? ¿Acaso no se recuerda que entre las posiciones de la denominada “centro izquierda” y del “centro” en todas sus acciones políticas a nivel de los distintos países se caracterizan por oponerse al cambio? ¿Acaso no se recuerda que estas alianzas, estos frentes terminan desestructurándose cuando se atiende las pretensiones electorales, como lo anuncian ya las voces en favor de la candidatura de Ramiro Gonzáles que en forma reiterada y constante se escucharon en la Convención de Avanza?

2. Si la nueva política se basa en la movilización de las masas que adhieren y apoyan el proceso: ¿Cuál es la razón para acudir a concentraciones iguales a las de la vieja política? ¿Dónde se encontraban el millón de militantes de Alianza País, que deberían haber concurrido al sólo llamado de su líder indiscutible, el Presidente Rafael Correa? Estas falencias parecen anotar que la revolución ciudadana no cuenta con una militancia activa, indispensable para apoyar al proceso en momentos de conflicto. Militancia y movilización que sólo es factible cuando la convicción ideológica y política guía su acción, cuando estas convicciones son el motivador y no el oportunismo.

3. Ante los ataques que desarrollan los más grandes medios de comunicación social, los cuales inciden sobre el imaginario como quedó señalado, por qué razón Alianza País olvida que es parte de la vieja política el construir socialmente “líderes”, para lo cual promocionan al seleccionado y lo convierten en el único vocero. Por qué olvidan la relación pueblo-partido-líder que determina, tanto la necesidad de formar ideológica y políticamente a población, a la militancia y cuidan al líder a través de la diversificación de voceros. ¿Cuál es la razón para que el Presidente Correa sea quien deba asumir la vocería que, a pesar de sus virtudes, genera desgaste político? ¿Será acaso por las limitaciones para el debate que se atisba en las presentaciones de determinados funcionarios? Sea cuál sea la razón, estamos en la obligación de repensar esta práctica, en defensa de la insignia de Alianza País y de la Revolución Ciudadana: Rafael Correa Delgado.

En conclusión, todo apunta a que quienes dirigen Alianza País, no parecen transitar por la nueva política, sino por las viejas prácticas de la vieja política. Error que deberán corregir en el corto plazo, so riesgo de ser rebasados por la realidad política que se percibe ya en sociedad ecuatoriana, con consecuencias que podrían derivar y fortalecer la “renovación conservadora”, incluso incubada en las filas de un frente amplio constituido desde el “centro a la izquierda”, como el propuesto, cuyo nacimiento se producirá el día de hoy 18 de septiembre del 2014, por la tarde, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Estamos aún a tiempo de despertar, estamos en tiempos de amanecer, no permitamos que nos abrume la noche.

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