jueves, 9 de octubre de 2014

Panamá: José Renán Esquivel

Marco A. Gandásegui (h) (especial para ARGENPRESS.info)

Hay un nombre que sobresale en la historia de la salud en Panamá del siglo XX. Se trata de José Renán Esquivel. Pediatra consagrado, humanista y, sobre todo, ambientalista. Reconoció la relación íntima entre la especie humana y la naturaleza. Entendió que el progreso de la ciencia biológica no era suficiente para garantizar la salud de la población. El secreto que encierra la salud pública está en la relación entre el ‘progreso’ de la ciencia (natural y social) y la organización de las comunidades, las sociedades y las naciones.

La Asamblea de Diputados acaba de aprobar una ley que le da el nombre de José Renán Esquivel al Hospital del Niño. Es un honor que se merece tan noble institución creada hace más de 60 años. Esquivel se encargó de su dirección a finales de la década de 1950 y comenzó una carrera que revolucionó la salud panameña. Su lema fue “Salud igual para todos”. Lo esencial de la propuesta de Esquivel es que sólo la organización de la gente puede garantizar la producción de la salud. La salud no es magia y, mucho menos, una pastilla. La salud son las comunidades organizadas para adquirir los conocimientos que les permite elevar su calidad de vida y enfrentar con éxito todas las amenazas a su bienestar.

El doctor Esquivel llegó al gabinete del general Omar Torrijos en 1969. Inmediatamente se dio la tarea de crear y organizar el Ministerio de Salud. Era otro Ministerio muy distinto a los que existían en otros países. La entidad gubernamental que organizó Esquivel le interesaba tener la mejor infraestructura, los médicos y para-médicos de excelencia y la medicina de punta. Pero, sobre todo, reconoció que la salud no estaba en un hospital, estaba en cada hogar panameño. También señaló que la comunidad organizada era el contexto que necesitaba el equipo médico para realizar su mejor trabajo. A su vez, la medicina es inútil si no existe una sociedad productiva.

Como consecuencia envió a todos los equipos médicos a trabajar en las comunidades: En el campo y en las ciudades. Lo novedoso de la nueva metodología no era sólo que todos se iban a ‘empapar’ de pueblo. La misión del Ministerio de Salud, de un extremo al otro del país, era empoderar a las comunidades. El conocimiento no podía quedar encerrado en el hospital o en un laboratorio. Tenía que ser traspasado a las comunidades organizadas. ¿Cuál era el problema de salud de los panameños en 1970? El hambre, la desnutrición, las enfermedades gastro-intestinales y respiratorias.

Todo el equipo de salud se puso a trabajar en las comunidades para pasarle a su gente organizada el conocimiento para combatir el hambre y sus ‘daños colaterales’. Había que producir alimentos, había que beber agua potable, había que respirar aire puro. La comunidad necesitaba una herramienta para que su organización fuera reconocida. Esquivel creó los Comités de Salud. Pero no como una instancia para recoger dinero en la clínica. Esquivel convirtió el Comité de Salud en el arma comunitaria para producir salud. El Comité de Salud tenía que producir alimentos, construir acueductos rurales, viviendas y, sobre todo, una organización que revolucionara el estilo de vida de cada comunidad.

En la actualidad, hay sociólogos que hablan de ‘investigación participativa’ para empoderar a las comunidades. Se quedan cortos, sin embargo, al concebir el poder de las comunidades reducido al consumo. Para Esquivel, la comunidad tenía que tener la capacidad para tomar sus propias decisiones, elevar sus intereses al más alto nivel político. Este proceso implicaba una lucha permanente contra todos los obstáculos que enfrentaba la gente y sus organizaciones.

Las nociones de organización, producción y poder que promovía Esquivel desde el Ministerio de Salud lo convirtieron en anatema de todos los intereses que veían al pueblo como el enemigo. En 1973, apenas tres años después de crear el Ministerio de Salud, Esquivel se separó del cargo. Las comunidades ya habían entendido que sólo mediante la organización podían producir salud y comenzar a construir el país que anhelaban.

Desde entonces los intereses egoístas han tratado de borrar las enseñanzas de Esquivel, comenzando por el lema de ‘Salud igual para todos’. Pero no han podido eliminar la relación íntima entre organización y salud, producción y salud, así como de poder y salud. El legado del doctor Esquivel sigue vigente y el pueblo panameño lo volverá a levantar en el siglo XXI.

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