martes, 7 de octubre de 2014

Rosario, la Virgen y la masacre

Carlos del Frade (APE)

Rosario es una ciudad archipiélago.

Islas de la fantasía, postales de un primer mundo acurrucadas por las aguas marrones del Paraná.

Islas soleadas cosidas por recurrentes fríos que vienen de los barrios donde todavía resiste la impronta obrera cada vez más escasa.

Islas nebulosas donde lo institucional parece ser cómplice de los dueños de las armas y las drogas.

Islas de mayorías obstinadas que se empeñan en construir proyectos de felicidad a pesar de los pesares a través del trabajo, el estudio y la solidaridad.

En esa geografía de varias ciudades en una, los números de las ausencias crecieron hasta los 264 homicidios durante 2013. La mayoría pibes y pibas menores de 35 años.

En lo que va de 2014, las cifras ya se acercan a los dos centenares a pesar de los megaoperativos de las fuerzas federales tan celebrados en su momento por todos los grandes partidos políticos, provinciales, municipales y nacionales.

Este 7 de octubre, una vez más, habrá feriado porque, sostiene la historia oficial, es el día de la ciudad.

Una jornada de identidad que, sin embargo, no se sabe bien por qué se celebra, más allá de conocerse que se trata del día de la Virgen del Rosario.

La cuestión es que, en realidad, se trata del encubrimiento de una masacre: La batalla de Lepanto, aquella donde Miguel de Cervantes, el autor del Quijote perdiera un brazo y comenzaría a ser mentado como el Manco de Lepanto.

-Vuestra majestad debe mandar se den por todas partes infinitas gracias a nuestro Señor por la victoria tan grande y señalada que ha sido servido conceder en su armada, y porque Vuestra Majestad la entienda toda como ha pasado, además de la relación que con esta va - escribió Don Juan de Austria a Felipe II de la batalla de Lepanto.

Lepanto, sobre el Mar Mediterráneo, escenario de un conflicto de intereses en el siglo XVI.

A comienzos del siglo XVI, el monopolio de Venecia fue roto por los portugueses con sus rutas circunnavegando Africa mientras que desde 1522 con la caída de Rodas, los turcos se fueron haciendo con las posesiones venecianas. Chipre también había caído en poder de los turcos. Fue el Papa Pío V el que financió una alianza entre venecianos y la España de Felipe II. En febrero de 1571 se firmaron los pactos entre la República de Venecia, España, la Orden de Malta y el Vaticano.

“Hubo en el mar tantos muertos y despojos que las naves parecían haber encallado entre cadáveres. Las naves se quebraban con tanta facilidad como los cuerpos de los hombres, de los que sólo quedaba intacta su ira. Parecía como si se quisiera superar en destrucción a los elementos de la naturaleza”, sostienen distintas fuentes documentales.

Hubo 5 mil venecianos, 2 mil españoles y 800 hombres del Vaticano, muertos.

Los europeos tomaron 5 mil prisioneros y se calculó que murieron 25 mil turcos.

Ese fue el saldo del 7 de octubre de 1571, de la batalla de Lepanto, casi 33 mil muertos.

El Papa instituyó aquella fecha de muerte desbocada como el de la Virgen del Rosario por considerarla la protectora de la fe durante la batalla.

El primero de mayo de 1572 murió y un año después el Sultán recuperó Túnez.

La batalla de Lepanto cerró el capítulo del Mediterráneo en la historia europea.

El gobernador Manuel María de Iriondo convirtió en ley, el 28 de junio de 1940, el 7 de octubre como “el Día de Rosario”. Desde entonces hasta el presente, los rosarinos celebran su identidad y pertenencia en una fecha que recuerda una de las masacres más tremendas del mundo europeo. Masacre santificada y, en forma paralela, negada a la hora de recordar su significado.

Cada 7 de octubre, entonces, la ciudad celebra una masacre.

Una marca que parece permanecer en el tercer milenio a partir de los homicidios sufridos en la ciudad archipiélago.

Fuentes: Investigaciones propias del autor de esta nota.

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