jueves, 11 de diciembre de 2014

30.000 Mundos, un homenaje a los desparecidos, frente a El Vesubio

LA RETAGUARDIA

Se trata del primer monumento a las víctimas de la última dictadura cívico militar levantado en La Matanza. Su realización demoró diez años porque fue construido de manera autogestiva; los organismos no aceptaron ayuda estatal, sino únicamente colaboración de los vecinos. Se encuentra ubicado en Autopista Ricchieri y Camino de Cintura, a pocos metros de los ex centros clandestinos de detención El Vesubio y Puente 12. La Retaguardia estuvo allí y te acerca las palabras de la fiscal de la causa, Gabriela Sosti; del abogado querellante Pablo Llonto y Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga; algunas de las voces que se escucharon en el acto de inauguración.

“La justicia es un extraño castillo medieval”

Gabriela Sosti, fiscal de los dos tramos de la causa por los delitos de lesa humanidad cometidos en el ex CCDTyE El Vesubio que llegaron a juicio, inició su participación en el acto de inauguración aclarando que era una persona tímida, incluso en la sala de audiencias: “las veces que tengo que decir algo me tiembla el micrófono y la voz, pero por otro lado me empodera, me robustece saber que en la sala están los sobrevivientes, los familiares, los organismos, y encima este año fueron alumnos de una escuela de La Matanza con sus docentes, una presencia ineludible. Y adentro de la sala estaban los compañeros, al lado mío, estaba mi enorme, hermoso compañero de laburo y de vida, José, y también están flotando en el aire los desaparecidos, y así de pronto las palabras salen solas”, aseveró.

En cuanto a su labor en los juicios de lesa humanidad, Sosti afirmó: “es un privilegio enorme ser una de las tantas fiscales que a lo largo de todo el país llevamos adelante estos juicios, pero la verdad me gusta pensar que no estoy acá solamente como una funcionaria pública, quiero pensar que estoy como Gabriela, una abogada, como la abogada que soy y como la abogada militante que quiero seguir siendo dentro de este extraño castillo medieval que es la justicia. Me gusta pensar y sueño que en algún momento vamos a ser una enorme legión de fiscales y jueces, empleados judiciales que sintamos el compromiso y la certeza de que trabajamos para el pueblo. Recién le decía a una compañera que quiero recuperar esta palabra de enorme potencia poética, política y emocional: trabajamos para el pueblo, a mí me compromete y emociona profundamente saber que esto es así, y me compromete pensar que esos fiscales, esos jueces, tenemos que ser cada vez más excelentes, tenemos que ser mejores, los más sabios, los más cultos, los más informados, los más honestos, los más trabajadores, y que no solamente tenemos que trabajar con la cabeza, tenemos que trabajar con la tripa; y si el corazón es una tripa, que sea la tripa protagonista”.

“Yo siento que cada palabra que digo dentro de una sala de audiencia –continuó la fiscal– la digo no solamente tratando que técnicamente sea la mejor, sino que sea una forma de abrazo porque desde ese lugar se lucha, si no se lucha desde el amor, no hay lucha que tenga sentido. Todas las luchas son hermosas, las pasadas, las presentes, las futuras, los hombres y las mujeres nos volvemos hermosos con esas luchas y siendo generosos”.

El valor de los primeros testimonios

Pablo Llonto es uno de los abogados querellantes en el segundo juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en El Vesubio. En este punto informó que la sentencia de este proceso se conocerá el próximo 18 de diciembre: “es una semana difícil: terminan las clases, vienen las fiestas, cuesta conseguir la mayor presencia posible, pero nos ha tocado la fecha del 18 para escuchar lo que esperemos sea una sentencia condenatoria para todos los responsables. Esta es la segunda parte del juicio por El Vesubio, muchos de ustedes han estado en la primera, a este juicio y a esta sentencia se llega fundamentalmente por quienes fueron las primeras y los primeros en iniciar el recorrido por el reclamo de memoria, verdad y justicia, pero sobre todo por justicia”, afirmó durante su intervención en el acto de inauguración del monumento “30 Mil Mundos”.

En su discurso, Llonto destacó la tarea de los compañeros y las compañeras que ya en la dictadura habían iniciado la pelea para que la justicia de aquel momento tomara los casos de las víctimas de este centro clandestino: “Vesubio fue uno de los primeros casos en que con algunos jueces de la dictadura se empezaron a tomar algunas medidas, por eso nuestro reconocimiento a ellos, a ellas, que fueron pioneros. Luego a quienes en la democracia también llevaron adelante los primeros testimonios, a los organismos, a la APDH, el CELS, Abuelas, Madres, Familiares, a todos aquellos que empezaron a construir los primeros juicios en la democracia, que permitieron que mucha de la prueba acumulada se esté usando hoy todavía, y se va a seguir usando en los próximos juicios de Vesubio, porque tenemos más por delante”. Llonto aprovechó para agradecer la presencia en la inauguración de quienes no estuvieron secuestrados en El Vesubio, pero sí en otros centros clandestinos cercanos como el que se encuentra a pocos metros, conocido como Cuatrerismo, Brigada Güemes o Puente 12, del que se espera se inicie un juicio el año que viene: “necesitamos de la ayuda de ustedes, los que viven en la zona, para conocer bien cómo era este lugar. Para ustedes debe estar muy claro que Vesubio está allá, que Puente 12 y Cuatrerismo está en aquel edificio blanco y verde que se ve al fondo, pero también sabemos que aquí donde ahora hay pasto, aquí había un centro clandestino que formaba parte de Puente 12, de un lugar policial, y acá están los compañeros ayudando para reconstruir cómo era ese lugar que quedó bajo la tierra y el pasto. Es un lugar importante que tenemos que reconstruir para que otros compañeros cuenten lo que ocurrió allí y podamos determinar quiénes fueron llevados a ese centro clandestino”, afirmó el abogado querellante y también periodista.

Sobre la memoria dinámica y activa

Vanesa Orieta también fue invitada a la inauguración del monumento por parte de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Matanza y los familiares de las víctimas de El Vesubio. Al momento de su intervención, la hermana de Luciano Arruga agradeció el espacio y se refirió a lo que significa hablar hoy de violencia institucional: “es una nueva forma, una nueva lógica que se lleva a cabo en democracia y que repercute en pibes de los barrios humildes. Son jóvenes de nuestros barrios los que hoy sufren la tortura, el gatillo fácil, las desapariciones forzadas y esto socialmente no está visibilizado, hoy acá se habló de memoria, verdad y justicia, y la palabra memoria es la que a mí me llama poderosamente la atención, porque acá existe una memoria pero no es una memoria dinámica, activa, existe una memoria estática, que entiende solamente a la violación de los derechos humanos como algo ocurrido en el pasado, como algo ocurrido durante la dictadura militar, y hoy en democracia se tortura, se mata y se desaparece, y esto tiene que entrar en nuestras cabezas para poder cambiar estas formas, porque el aparato represivo del Estado, el mismo que torturó y desapareció a nuestros compañeros, a nuestros hermanos, es el mismo que tortura y desaparece a nuestros jóvenes de barrios humildes”.

Orieta remarcó que actualmente cambió el sujeto que se persigue: “antes la persecución era selectiva, era a aquellos que militaban, que tenían una ideología clara, que luchaban por el cambio, por una sociedad justa, no más justa, esto lo dicen siempre Pablo (Pimentel, referente de la APDH La Matanza), porque el ‘más justa’ habla de que un poco se viola los derechos humanos, y los pobres no nos bancamos más que se violen los derechos humanos, necesitamos una memoria activa, necesitamos que todos entiendan que los jóvenes hoy están en peligro y que estamos entrando en un juego de hablar siempre de la inseguridad que provocan los supuestos pibes peligrosos, los que ya tenemos identificados en nuestra cabeza como el pibe chorro, y todo nuestro odio, todas nuestras frustraciones, todas las políticas injustas, todo el peso de la justicia recae sobre esos sectores de la sociedad, sobre nuestros pibes invisibilizados”.

Vanesa Orieta recordó que desde la apertura de la democracia hasta hoy el gatillo fácil ha matado a más de 4000 pibes y que han desaparecido más de 200 personas en democracia: “nosotros acá no vamos a puntualizar a un gobierno en particular como el responsable de lo que les pasa a nuestros jóvenes, nosotros tenemos memoria activa, nosotros denunciamos a todos los gobiernos que pasaron por esta democracia y que no visibilizaron esta problemática y que no obligan a la sociedad a tomar conciencia de que dijimos Nunca Más”.

res de las muchas voces que se escucharon durante la inauguración de “30 Mil Mundos”, el primer monumento en La Matanza que homenajea a las víctimas del Terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico militar, construida de manera autogestiva.

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