viernes, 19 de diciembre de 2014

Adiós a la clase media, bienvenidos al precariado

J. P. Velázquez-Gaztelu (ELDIARIO.es)

La crisis acelera la desaparición de la estructura social heredada de la Revolución Industrial.

La quiebra de la clase media es una de las consecuencias de mayor impacto económico, social y político que nos deja la crisis. Se trata de un fenómeno que afecta a casi todo el mundo industrializado, pero en cada lugar adquiere características propias. España es uno de los países donde ha surgido con más fuerza una nueva clase: el precariado, integrado por ciudadanos condenados de por vida a la inestabilidad laboral y personal. Las estadísticas muestran que la tormenta financiera desatada en 2008 ha traído consigo un rápido aumento de las desigualdades de renta, con el consiguiente ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres. La reducción de esas desigualdades se presenta como uno de los grandes retos del Siglo XXI.

Dos foros coincidieron esta semana en Madrid en abordar esta cuestión desde perspectivas distintas, pero con numerosas coincidencias.

La Fundación Encuentro, presidida por José María Martín Patino, presentó su 21º Informe España, en el que alerta de un paulatino debilitamiento de la clase media debido a tres factores: la mayor vulnerabilidad socioeconómica, el empeoramiento de las condiciones de vida de los hogares y los recortes sociales. Según el informe, estamos asistiendo al empobrecimiento de capas sociales que hasta hace poco disfrutaban de un nivel aceptable de bienestar social y de condiciones materiales de vida dignas. La disminución de los ingresos de los hogares españoles pertenecientes a las clases medias y bajas ha venido acompañada de una mayor acumulación de la renta total por parte de aquellos con niveles económicos más altos. Aunque no puede predecirse aún la desaparición de la clase media, su erosión es cada día más evidente.

El desempleo y la pérdida de las rentas procedentes del trabajo (fruto de los recortes salariales) están ocasionando una transformación radical en la forma de vida de las familias españolas. El informe constata que el aumento del paro ha expulsado de la clase media a muchas personas, que han visto caer drásticamente sus ingresos y han pasado a percibir como única renta la prestación por desempleo o el subsidio para parados de larga duración. La comparación con el resto de Europa no deja a España en buen lugar. Solo Rumania tiene mayores índices de pobreza. España también viaja en el furgón de cola en lo que se refiere a la desigualdad, solo por detrás de Rumania y de Grecia.

El fenómeno, advierte la Fundación Encuentro, no solo tiene repercusiones económicas, sino también culturales, sociales y políticas. “Lo que está en juego es la pervivencia de un modelo social basado en las ideas de ciudadanía, equidad y calidad democrática”, sostiene el informe, que recuerda que las clases medias han sido durante décadas una pieza clave en la estabilidad del sistema democrático por su aspiración a la modernización y a un proyecto social equitativo. “El resultado es el creciente divorcio entre poder y política”.

Según la Fundación Encuentro, se ha producido en los últimos años un “claro desplazamiento” de poder hacia las esferas financieras con la complicidad de buena parte de los partidos políticos. La quiebra de la clase media, afirma el trabajo, hay que situarla en un contexto de defensa de modelos sociales enfrentados: uno basado en las ideas de ciudadanía, equidad y calidad democrática, y otro cuyo objetivo es la maximización del desarrollo y la acumulación de recursos por parte de determinadas élites a costa de la desigualdad, dejando en situación de carencia material a amplios sectores de población.

Uno de los grandes expertos en el tema, Guy Standing, catedrático de la Universidad de Londres y confundador de la red Mundial de Renta Básica, presentó su último libro, Precariado. Una carta de derechos, publicado en España por Capitán Swing. Standing explicó los profundos cambios que, a su juicio, están produciéndose en la estructura de clases nacida en la Revolución Industrial.

Standing distingue seis clases en la nueva estructura social:

1.La plutocracia ubicada en la cima, que acapara buena parte de los recursos.

2. Una élite que obtiene sus ingresos principalmente de las rentas del capital (acciones, bonos, depósitos…).

3. Una clase bien formada con trabajo por cuenta ajena bien remunerado y seguridad económica.

4. El proletariado tradicional, con empleo a tiempo completo y resignado a permanecer en esa situación de por vida.

5. El precariado, condenado a la inestabilidad laboral con sueldos de supervivencia.

6. El lumpen precariado, al margen de cualquier actividad laboral y sin apenas prestaciones por parte del Estado.

El precariado es la clase que crece a mayor velocidad y a la que Standing dedica buena parte de su trabajo académico. Para el profesor británico, se trata de un grupo social muy demandado por las grandes corporaciones por tratarse de mano de obra barata y de fácil despido. Para el precariado, la inestabilidad en el terreno laboral y vital es la norma, no la excepción. Sus integrantes están condenados a lo que el autor llama una “incertidumbre crónica”. Quienes pertenecen a esta clase saltan continuamente de un trabajo temporal a otro y pasan la mayor parte de su tiempo buscando empleo y haciendo contactos, por lo que pierden el control de sus propias vidas y se ven sumidos en un estado de frustración permanente. El precariado ha caído en la “trampa de la pobreza”, con sus integrantes convertidos en una especie de “suplicantes” que demandan constantemente ayuda de sus familiares, su círculo de amistades y el Estado.

En el terreno político, Standing destaca que el precariado se alejado de posiciones de centro-izquierda y centro-derecha para ocupar nuevos espacios ideológicos. Según Standing, los pertenecientes al precariado se dividen en tres facciones:

1. Aquellos cuyos padres formaban parte de la clase obrera tradicional, que miran al pasado en busca de tiempos mejores. Muchos de ellos culpan de sus males a los inmigrantes y a otras minorías, y políticamente se inclinan hacia la extrema derecha.

2. Las minorías y los inmigrantes, que tienden a mantener la cabeza agachada para no despertar las iras de los sectores más intolerantes de la sociedad.

3. Los mejor formados, las mujeres, los discapacitados, los defensores del medioambiente… Aquellos a quienes la sociedad prometió una carrera profesional satisfactoria que nunca se hizo realidad. Es el grupo mayoritario del precariado y es a sus integrantes, según Standing, a quienes deben dirigirse los nuevos movimientos progresistas como Podemos, en España, o Syriza, en Grecia.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.