miércoles, 3 de diciembre de 2014

Argentina, Córdoba. A un año de los saqueos: Acá no ha cambiado nada

PRENSA RED

Con el “diario del lunes”, el fiscal Raúl Garzón opinó hoy que la huelga policial del 3 y 4 de diciembre de 2013, que derivó en los saqueos, pudo haberse evitado.

“Cada uno de los jefes policiales sabrá hasta qué punto sus subordinados se les fueron de las manos o hasta dónde los dejaron ir”, manifestó a la prensa el funcionario encargado de investigar el acuartelamiento policial

No hace falta ser un especialista en la materia para concluir que hace hace un año la policía actuó corporativamente para exigir (y conseguir) un sustancial aumento de salarios y mejores condiciones de trabajo (eso está por verse).

saqueos

Pero mientras esto pasaba, la provincia, pero especialmente la ciudad, fueron tierra de nadie, con saqueos a comercios y a casas particulares y con el trágico saldo de dos muertos y un centenar de detenidos

Obviamente que “la rebelión azul” no se gestó de un día para el otro, sino que se fue cocinando a fuego lento, pero nadie del gobierno provincial tomó debida nota de qué algo estaba por salirse de madre en la fuerza policial, y para colmo cuando pasó lo que pasó, De la Sota estaba en Panamá en una misión oficial y acá la vicegobernadora Alicia Pregno a cargo (¿?) de la nave. Ninguna garantía

De la Sota tuvo que volver en un avión a chorro desde el país del canal a Córdoba porque se le estaba incendiando la provincia, mientras que desde la Casa Rosada, funcionarios“enviados especiales frente al televisor”, registraban lo que pasaba en esta Docta ciudad para intervenir, si el gobernador daba muestras de flaqueza.

Superado el (muy) mal trago, el gobernador reconoció que “no tuvo la información correcta” sobre la situación interna en la Policía y fue así que por la “rebelión azul” eyectó al por entonces Jefe de Gabinete y funcionario todo terreno, Oscar González y obviamente a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que había reemplazado a Alejo Paredes, removido del cargo por el narcoescándalo, junto a la toda la cúpula de seguridad.

De la Sota cortó por lo sano, pero tarde, muy tarde porque la huelga policial de diciembre pasado provocó terror en la población al quedar librada a su suerte por la inoperancia de los funcionarios provinciales y de la plana mayor de la Policía, totalmente desbordada por los acontecimientos.

Casas y comercios robados y destruidos fueron el paisaje del día después de los saqueos de 3 y 4 de diciembre de 2013 con una macula de desamparo, impotencia y temor que se vive hasta hoy, sino basta recorrer de noche la zona céntrica de la ciudad para comprobar que los comercios tienen totalmente bajas sus persianas metálicas. Nada a la vista, todo guardado bajo siete llaves.

Ha pasado un año de los saqueos, pero parece que fue ayer porque el gobierno provincial desde el sábado pasado reforzó la seguridad en la ciudad y en las principales ciudades del interior como medida preventiva para evitar que haya algún intento de alterar la paz social.

De la Sota no quiere tener otro dolor de cabeza como el del pasado diciembre, más ahora que lanzó su campaña presidencial, y entonces ordenó a su cuestionado (e imputado) Jefe de Policía, Julio Suárez sacar toda la tropa a la calle, la misma que hace un año se le sublevó y le dejó por el piso su cuota de credibilidad, con todo lo que ello significa para un“mediático” como el primer mandatario provincial.

El abogado constitucionalista, Miguel Rodríguez Villafañe sostiene que “existe en la sociedad actual una profunda y desagradable sensación de desamparo, impotencia y temor. Desamparo, por un Estado que, en todos sus ámbitos, se lo quiere reformado, transparente y eficaz y la realidad no lo muestra como se desea. Impotencia, ante los problemas que la desbordan: desempleo, pobreza, corrupción en el Estado, narcotráfico, mafias varias, inseguridad pública, entre tantos otros flagelos”

A un año de la “rebelión azul” acá todo sigue igual porque la gente, por más policías que haya, continúa sintiéndose desprotegida. No alcanza, aunque parezca lo contrario, saturar de controles toda la ciudad porque resultan ineficaces.

Y además está comprobado que tampoco basta con incorporar más tropa y más móviles y tener a un helicóptero sobrevolando la zonas más humildes de la ciudad como a un Gran Hermano, sino que acá lo que hace falta son políticas de seguridad.

Lo otro es una puesta en escena para ocupar las primeras planas de los diarios y de los noticieros de radio y televisión.

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