miércoles, 10 de diciembre de 2014

Argentina, Mendoza: La chica de Uspallata, otro caso más de violencia sexista

Clarisa Ercolano (MDZOL)

Una chica de 16 años ocultó su embarazo, parió sola y su hijo murió cuando lo escondió en un morral. Otra historia más de pobreza, exclusión y violencia de género.

Hace cinco días apenas, la localidad de Uspallata se conmovió ante la noticia de una adolescente de 16 años que había quedado embarazada, tuvo un parto en secreto en su propia casa y escondió finalmente al bebé en un bolso, quien finalmente murió.

La joven había ocultado su estado, por lo que en la noche anterior a dar a luz dijo sentirse descompuesta y se fue a su habitación, en una humilde vivienda del barrio La Fundición. Allí, soportó las fuertes contracciones y durante la mañana parió, luego mantener en secreto su embarazo durante 9 meses.

La información oficial dice que cuando nació el bebé, la madre cortó el cordón umbilical con un cutter y guardó el cuerpo de la criatura en un morral, lo que originó la muerte horas más tarde.

Fin de la historia al menos para los medios. Claro que nadie reparó demasiado en algunas cifras que en un contexto de violencia y opresión contra la mujer que vive una escalada hasta ahora irrefrenable, no son datos menores.

Primeramente hay que aclarar que en la historia hay dos víctimas. La madre y el bebé. Nunca se supo si la joven fue embarazada víctima de un abuso, si recibe por estas horas asistencia psicológica, qué nivel de escolarización tenía y cuál es el grado de instrucción de sus padres.

Las estadísticas oficiales indican que al año casi 115 mil adolescentes se convierten en mamá en la Argentina: una cada 5 minutos. Estas mamás son chicas que tienen menos de 19 años y sus bebés representan el 15,40% del total de los recién nacidos en todo el país según datos del ministerio de Salud.

El informe "Maternidad en la niñez" del Fondo de Población de las Naciones Unidas señala entre las causas "la falta de acceso a la educación y a la salud sexual y reproductiva, que incluye métodos anticonceptivos e información". En el caso argentino, una investigación de varias organizaciones (entre ellas la Asociación por los Derechos Civiles y el Centro EDES) muestra que aunque la ley de Salud Sexual y Procreación Responsable promulgada en 2002 prevé la entrega de anticonceptivos gratuitos e información, su implementación es dispar: "Existen dificultades para garantizar espacios confidenciales, seguros y de calidad para adolescentes que buscan asesoramiento y atención. Se constató que, como resultado de estas políticas erráticas, las adolescentes, en su mayoría, llegan a los servicios de salud reproductiva sólo cuando ya están embarazadas".

Sin prevención suficiente la ausencia del estado una vez más muestra su peor cara. Me pregunto miles de veces cómo la familia no notó el embarazo. Me trato de poner en ese cuerpo durante nueve meses cargados de miedo culpa y de incertidumbre. Me pregunto cómo es posible. Y no puedo evitar encontrar similitudes con el caso de Romina Tejerina, la joven jujeña que durante 9 meses ocultó su embarazo y que finalmente mató a su hijo a parirlo cuando asegura, vio en el recién nacido la cara del hombre que la había violado.

De Romina sabemos que sigue presa, mientras que el hombre que la violó ya está en libertad hace tiempo. De la chica de Uspallata sabemos poco. ¿Cuántos son en la casa? ¿Qué relación tenía con los padres? ¿Iba a la escuela? ¿Había recibido instrucción sobre educación sexual? Y aunque parezca menor, ¿de qué manera se encontró con su sexualidad? ¿Fue consciente, deseante o fue algo forzado física o psicológicamente?

En la actualidad, los especialistas entienden como violencia no sólo la física, sino también la psicológica, la verbal y hasta la económica. En el caso de una pareja de adolescentes, los primeros síntomas pueden verificarse en controles excesivos, en una constante vigilancia y en la necesidad de dominación, dio cuenta uno de los primeros trabajos de concientización sobre relaciones y noviazgos violentos en la adolescencia.

La violencia, deja marcas profundas en cualquiera de nosotros pero más aún en una adolescente que está apenas descubriendo el mundo. Las mujeres jóvenes, de extracciones sociales pobres, padecen violencia de género y discriminación sexista y poseen menos herramientas para defenderse que otras con mayor grado de instrucción.

Porque ocultar un embarazo nueve meses, que en tu casa no lo noten, parir sola, cortarte el cordón con un cutter y que tu hijo muera; también, sin lugar a dudas, es una forma de violencia.

Clarisa Ercolano es periodista, editora senior de MDZ On Line.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.