viernes, 5 de diciembre de 2014

Cercados por los caranchos

A. Guerrero (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

La corrupción descontrolada del gobierno le da a la extorsión judicial un amplio campo de maniobras.

“Claudio (Bonadio) es para mí un ejemplo de juez independiente. Resuelve de acuerdo con sus convicciones siempre”. Esto lo dijo la diputada ultrakirchnerista Diana Conti en 2010 y quedó registrado en La Nación. Por eso Carlos Pagni, columnista de ese mismo diario, puede decir (1º/12) que “el de la Casa Rosada y los tribunales no es un conflicto. Es un divorcio”.



Esto es: no se trata de un problema entre Bonadio y el gobierno sino entre el Poder Judicial y el Ejecutivo, lo cual es en sí mismo una crisis política. La respuesta corporativa de los jueces a la reforma encubierta del sistema judicial, dispuesta mediante la reforma al Código Procesal Penal, es un acto de “golpismo activo” según Jorge Capitanich y un ataque sedicioso de “caranchos” según la Presidenta.

No obstante, la ofensiva de Bonadio, si bien apunta al punto más sensible del gobierno -la corrupción galopante de la familia presidencial- no se propone ni podría proponerse (al menos no todavía) el derrocamiento de la camarilla kirchnerista. El amplio respaldo que Bonadio encuentra en la corporación tribunalicia no tiene su equivalente en la oposición política, que acompaña las investigaciones muy tibiamente (salvo Margarita Stolbizer, que presentó la primera denuncia, el resto calla prudentemente, sobre todo Daniel Scioli). Por eso, los pasos del juez son espectaculares pero calculados.

Por ejemplo, Bonadio ordenó el allanamiento de un departamento vacío en el microcentro porteño, donde funcionaban oficinas de Hotesur, la empresa hotelera de los K. Fue un procedimiento de fuerte impacto mediático y político, pero de valor probatorio limitado. En cambio, el juez se abstuvo de allanar el domicilio fiscal de Hotesur, en Río Gallegos. Ese domicilio coincide con el de la inmobiliaria Sancho, desde donde Máximo Kirchner maneja toda la operatoria comercial de la familia. Se trata, por el momento, de un aviso extorsivo, que sólo anuncia la posibilidad de que el hijo presidencial termine esposado un día de èstos.

Amigo de los amigos

Ahora bien, ¿Bonadio es respaldado sólo por las camarillas judiciales? El gobierno dice que no, que el juez tiene vínculos políticos con Sergio Massa. En efecto los tiene, pero será mejor para los K no batir el parche sobre cómo comenzaron esos vínculos. Fue cuando los Eskenazi eran los petroleros favoritos de la familia Kirchner, y se vieron envueltos en algunas causas judiciales que involucraban también a Repsol. Fue entonces, y por pedido de “él”, que Massa hizo que los Eskenazi tomaran contacto con Bonadio para que les sacara las papas del fuego, y según indica el sitio Letra P Periodismo Político, el vínculo de los dueños de Petersen con el juez “terminó de fortalecerse luego de un encuentro en Madrid en el cual también aparecían ejecutivos de la petrolera española”. Ahora, los Eskenazi tienen sus fichas puestas en Massa, lo cual es revelador del cambio de frente de la burguesía.

Pero no son ésas las únicas relaciones políticas de Bonadio. El juez en cuestión tiene una larga amistad, personal y política, con Carlos Corach, ex ministro de Menem y actual miembro del círculo más íntimo de Scioli. Bonadio mantiene también vínculos aceitados con el senador Miguel Angel Pichetto, del Frente para la Victoria. Como se ve, hay “caranchos” afuera y “caranchos” adentro. Otro amigo de Bonadio es Jorge “Fino” Palacios, quien es hasta hoy el jefe en las sombras de trabajos sucios de Macri.

Y todavía no hablamos del encuentro que en junio de este año tuvo Bonadio, en Roma, con Jorge Bergoglio, con quien en tiempos juveniles compartió militancia en Guardia de Hierro, una organización de la derecha dura del peronismo.

Por su lado, el jefe del Ejército, el represor César Milani, tiene a la inteligencia militar muy ocupada en buscarles trapos sucios a jueces y políticos opositores. Pero se ve ante un problema serio: toda la mugre que encuentra enchastra al gobierno e incluso a él mismo. Eso le pasó, por ejemplo, cuando investigó andanzas de Bonadio por las entrañas del Partido Justicialista de Córdoba, donde el general responsable de la desaparición del soldado Ledo tiene uno de sus centros operacionales.

Basta con meter un dedo en cualquier costado de esta burguesía para que brote una pestilencia inaudita. Fortalecer a la izquierda revolucionaria para reorganizar la Argentina sobre otras bases sociales y políticas es, como puede verse, una cuestión urgente de salud pública.

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