martes, 23 de diciembre de 2014

¿Crisis terminal del modelo petrolero rentista?

Edgardo Lander (BRECHA - CEPRID)

En Venezuela, la enorme renta petrolera del país que ostenta las mayores reservas del mundo se dirige a mejorar la calidad de vida de los sectores populares. Pero la persistencia del modelo rentista y la parálisis del gobierno de Nicolás Maduro, pueden conducir el proceso bolivariano a una nueva crisis.

En los años del gobierno bolivariano en Venezuela se han producido significativas transformaciones en cultura política, en el tejido social y organizativo, así como en las condiciones materiales de vida de los sectores populares anteriormente excluidos. Mediante múltiples políticas sociales (las misiones) dirigidas a diferentes sectores de la población, se han reducido muy significativamente los niveles de pobreza y pobreza crítica. De acuerdo con la Cepal, ese país ha pasado a ser, junto con Uruguay, uno de los dos menos desiguales de toda América Latina.

En los años del gobierno bolivariano en Venezuela se han producido significativas transformaciones en cultura política, en el tejido social y organizativo, así como en las condiciones materiales de vida de los sectores populares anteriormente excluidos. Mediante múltiples políticas sociales (las misiones) dirigidas a diferentes sectores de la población, se han reducido muy significativamente los niveles de pobreza y pobreza crítica. De acuerdo con la Cepal, ese país ha pasado a ser, junto con Uruguay, uno de los dos menos desiguales de toda América Latina.

La población está mejor alimentada. Se realizaron efectivos programas de alfabetización. Con apoyo cubano, la misión Barrio Adentro llevó asistencia médica primaria a los sectores populares rurales y urbanos en todo el país. Se produjo una ampliación masiva del régimen de pensiones públicas que incorporó a millones de personas de la tercera edad. Se llevó a cabo igualmente una extraordinaria expansión de la matrícula universitaria. En los últimos años se ha impulsado un programa de viviendas populares. Se han mantenido bajos los niveles de desempleo y se ha reducido el empleo informal de 51 por ciento en el primer semestre del año 1999 a 41 por ciento en el primer semestre del año 2014. Se estima que el monto dedicado a la inversión social entre los años 1999 y 2013 fue de un total de 650.000 millones de dólares. De acuerdo al Pnud, el índice de desarrollo humano del país se elevó de 0,662 en el año 2000 a 0,748 en el año 2012, pasando de un desarrollo humano "medio", a un desarrollo humano "alto".

Estancamiento productivo

Sin embargo, las transformaciones sociales que se han dado no han sido el resultado de modificaciones en la estructura productiva del país. Por el contrario, lo que ha ocurrido en estos tres lustros ha sido una profundización del modelo rentista, incrementándose la dependencia de los ingresos provenientes de las exportaciones petroleras. El petróleo, en el valor total de las exportaciones, pasó de representar un 68,7 por ciento en el año 1998 a 96 por ciento en los últimos años. En términos absolutos se ha dado durante este tiempo una reducción del valor de las exportaciones no petroleras y de las exportaciones privadas. La contribución de la industria al Pib bajó de 17 por ciento en 2000 a 13 por ciento en el año 2013.

Los avances importantes que han ocurrido en el área social son consecuencia de un muy importante redireccionamiento en el reparto de la renta petrolera, en el cual se le ha dado una clara prioridad a responder a carencias y demandas de los sectores populares. Esto hace que estas políticas no sólo sean extraordinariamente vulnerables a las variaciones del ingreso petrolero, sino que igualmente generan crecientes expectativas que sólo sería posible satisfacer sobre la base de ingresos petroleros en sostenido ascenso.

En ausencia de reflexiones y búsquedas más sistemáticas o estratégicas sobre las alternativas poscapitalistas, en estos años, desde el gobierno venezolano han predominado dos tipos de propuestas. La primera consiste en el automatismo que identifica socialismo con estatismo (propiedad estatal y/o control estatal). En el momento en que alguna empresa es estatizada, pasa inmediatamente a ser denominada "empresa socialista". La segunda es la que identifica al poscapitalismo con el "Estado comunal".

Buena parte de las empresas industriales y agrícolas que han pasado a control estatal pasan a ser gestionadas con menor eficiencia y menores niveles de producción. Esto ha sido el resultado de la expansión de la fuerza laboral, burocratismo, continuos conflictos laborales, precios de venta de sus productos que no corresponden a los costos de producción, y falta de inversión, no sólo para mantenimiento, sino igualmente para actualización tecnológica de plantas que -como en la producción de acero y aluminio- presentan extraordinarios niveles de deterioro y obsolescencia. A todo esto se agrega la corrupción. En consecuencia, una elevada proporción de estas empresas está produciendo pérdidas y sólo sobrevive gracias a la inyección de recursos provenientes de la renta petrolera.

A pesar de estos obstáculos, existen muchas experiencias de base que, si bien son minoritarias, han logrado hacer propios estos impulsos organizativos y financieros, pero sobre todo se han nutrido de la politización y activismo que ha atravesado a la sociedad venezolana en estos años, para llevar a cabo procesos comunitarios de extraordinarias riqueza y autonomía. Son, en este sentido, ejemplos vivientes de lo posible en el campo popular.

En el ámbito petrolero, contando el país con las mayores reservas en hidrocarburos del planeta, durante estos años se han anunciado una y otra vez grandes planes de expansión de la actividad, especialmente en la Faja del Orinoco. Para ello se ha promovido una muy amplia participación de corporaciones internacionales públicas y privadas, con un gran peso de empresas chinas. Igualmente se han negociado créditos en gran escala (especialmente de China), tanto para sostener el gasto corriente como para proyectos de infraestructura y de expansión de la actividad petrolera. El "Plan de la patria", presentado originalmente por Hugo Chávez en las elecciones del año 2012 y que ha sido aprobado formalmente por la Asamblea Nacional como programa de gestión del presente gobierno, contempla como una de sus metas la transformación de Venezuela en una gran potencia energética y la duplicación de la producción petrolera hasta llevarla a 6 millones de barriles diarios en el año 2019. Sin embargo, y afortunadamente para el planeta, hoy, a pesar de esas extraordinarias inversiones realizadas, la producción petrolera es algo menor que la del año 1998.

Uno de los problemas más severos que confronta la economía venezolana es la continuidad de la sobrevaluación histórica de la moneda. El componente importado de la economía es tan elevado que devaluar la moneda hasta llevarla a una paridad más razonable inevitablemente produciría un aumento aun mayor de la inflación. En consecuencia, en Venezuela prácticamente todo, menos el petróleo, es más barato importarlo que producirlo en el país.

Malestar en la población

La inflación ha deteriorado la capacidad adquisitiva e incluso ha revertido parte de los avances en la capacidad de consumo logrados en estos años. La escasez generalizada de productos de uso cotidiano exige dedicarle muchas horas (y muchas colas) a la búsqueda de estos bienes. A esto se agrega la permanente preocupación por el tema de la inseguridad. De acuerdo a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en el año 2012 la tasa de homicidios en Venezuela fue de 53,7 cada 100 mil habitantes, la segunda más elevada del mundo después de Honduras. Esta situación económica coincide en el tiempo con un conjunto de nuevas condiciones en el terreno político.

El chavismo no ha sido capaz en estos largos años de extender su base de apoyo electoral, por el contrario la ha ido perdiendo poco a poco con políticas y discursos que han le han dado prioridad a la confrontación y la exclusión político-ideológica sobre el diálogo y la inclusión. Con frecuencia desde el gobierno se ha denunciado a la totalidad de la oposición como fascista y golpista. Esta lógica de amigo-enemigo fue muy útil al chavismo en los primeros años, ya que le permitió movilizar a los sectores populares y crear y consolidar una base de apoyo sólida, comprometida. Una identidad popular chavista.

Sin embargo, ha contribuido igualmente a conformar y consolidar un denso bloque de oposición, no sólo al gobierno, sino a la idea misma de socialismo. El proyecto de cambio no ha sido capaz de tender puentes hacia otros sectores de la sociedad que de modo alguno pueden ser considerados como oligarcas o fascistas. Difícilmente puede avanzar y consolidarse en el tiempo un proceso de transformación profunda de la sociedad si la mitad de ésta (tal como se comprueba electoralmente) no sólo no comparte sino que tiene con relación a este proyecto de cambio fuertes desacuerdos y, por las razones que sea, profundos temores.

La muerte de Hugo Chávez dejó un gobierno debilitado y sin el carisma y capacidad de liderazgo que lo caracterizaron. El presidente Maduro fue electo por una diferencia de menos de 2 por ciento. En las elecciones municipales del año 2013 el gobierno ganó la mayoría de las alcaldías y ganó en la votación popular, pero perdió en las principales ciudades del país, incluida el área metropolitana de Caracas, ámbitos privilegiados de la política en el país.

Después de "la salida”

Las confrontaciones violentas de febrero y marzo de 2014 terminaron debilitando tanto a la oposición como al gobierno. El fracaso de "la salida", el intento de derrocar al gobierno, condujo a un quiebre profundo del bloque político de la oposición. Todas las encuestas de opinión, aun las que registraban altos niveles de apoyo a las protestas callejeras, encontraron un muy mayoritario rechazo a las acciones violentas. Dejando a un lado la ambigüedad con la cual habían reaccionado durante las semanas de las confrontaciones más violentas, los sectores mayoritarios de la alianza opositora, especialmente Acción Democrática, Primero Justicia y Copei, se distanciaron pública y reiteradamente de estas políticas, afirmando que la alternativa al gobierno de Nicolás Maduro tenía que ser pacífica, electoral y constitucional.

Ante la imposibilidad de acordar posturas políticas compartidas, la Mesa de la Unidad Democrática entró en crisis y su secretario general, Ramón Guillermo Aveledo, renunció. En este momento continúan las negociaciones para reestructurar la alianza opositora.

Tanto las encuestas de opinión como la limitada respuesta de la población a algunas iniciativas y convocatorias de la oposición en estos meses sugieren que, a pesar de que las razones del malestar, especialmente la escasez, la inflación y la inseguridad, siguen presentes, esta nueva derrota política de la oposición le ha restado mucha credibilidad entre quienes la apoyaban, y es poca la capacidad que tiene en el presente para darle cauce a las extendidas insatisfacciones de la población con la situación del país.

El gobierno, a pesar de haber derrotado a la llamada "salida", también salió debilitado. Quizás su principal fortaleza en la actual coyuntura resida en la debilidad y el fraccionamiento de la oposición.

Un sistema electoral confiable, con múltiples mecanismos de auditoría, y las sucesivas victorias electorales, contribuyeron a que, en años anteriores, el gobierno venezolano contase con suficiente legitimidad internacional que lo protegiera de las agresivas políticas desestabilizadoras del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, producto del frecuente uso arbitrario del poder y de la interpretación elástica de la Constitución, y con un poder judicial que carece de un mínimo de autonomía, ha perdido parte de esa legitimidad internacional y le ha dado armas a quienes argumentan que la actual institucionalidad no permite cambios por la vía electoral. En estas condiciones, la ofensiva de los medios corporativos globales se ha acentuado.

El gobierno carece tanto de los recursos políticos como económicos que hicieron posible en el pasado responder a coyunturas críticas con nuevos programas o misiones de alto impacto social. La ausencia de Hugo Chávez dejó al gobierno y a su partido con fuertes tensiones internas, sin un liderazgo suficientemente fuerte como para articular las diferentes fracciones en una dirección común.

Un gobierno paralizado

Existe mucho descontento en las bases chavistas. La crisis económica se ha profundizado. Durante los años 2013-2014 la lógica expansiva del gasto público con base rentista ha entrado en crisis. Hay un déficit fiscal difícil de estimar sobre la base de las cifras oficiales, pero según algunos analistas está próximo al 15 por ciento del producto. Se ha dado una baja sostenida de las reservas internacionales, que para el primer semestre del año 2014 habían descendido a 21.604 millones de dólares, menos de la mitad de las existentes en el primer semestre de 2008.

Entre los años 2008 y 2013 la deuda externa prácticamente se duplicó. Sólo de China se han obtenido créditos por un monto total de 50.600 millones de dólares, a ser pagados con petróleo. Para la obtención de créditos externos el país encuentra condiciones crecientemente desfavorables, con tasas de interés cada vez mayores. Dado el elevado y sostenido ingreso de divisas provenientes de la exportación petrolera, es poco probable que el país llegue a una situación de suspensión de pagos, pero todo apunta a que las dificultades del sector externo tiendan a acentuarse.

El incremento sostenido de la masa monetaria sin un aumento correspondiente de la oferta de bienes y servicios contribuye a acentuar las presiones inflacionarias. La muy elevada inflación del año 2013 (56,2 por ciento) no sólo no se ha frenado en 2014, sino que se ha acelerado. La variación interanual de precios entre agosto 2013 y agosto 2014 fue de 63,4 por ciento. Esta ha sido mayor en el caso de los alimentos.

La escasez de divisas y las trabas y retardos burocráticos para su tramitación, el retraso en el pago a los proveedores externos, el contrabando de extracción, la venta en la economía informal -a precios muy superiores- de los productos regulados que no se encuentran en los supermercados, el acaparamiento y la especulación, se han combinado para crear un estado de falta sostenida de alimentos y demás productos básicos, de higiene personal, del hogar, y medicamentos. De acuerdo al Banco Central de Venezuela, la escasez promedio de productos básicos en el país fue de 29,4 por ciento en marzo de 2014. En ese mes, particularmente crítico como consecuencia de la violencia callejera, en algunos rubros, como el aceite comestible, el azúcar, el café molido, la leche en polvo entera, el papel higiénico y la harina de maíz precocida, la escasez fue de más de 85 por ciento. La falta de medicamentos y de instrumental médico amenaza con generar una crisis en la salud pública.

Ante esta situación el gobierno responde como si estuviera frente a una "guerra económica" (especulación, acaparamiento, contrabando de extracción) e impone nuevas normas para la tramitación de divisas, más controles -como la inspección en los depósitos y en el transporte de mercancías-, el cierre de la frontera con Colombia y la introducción de un mecanismo de registro de huellas dactilares para impedir que cada individuo compre más de un volumen determinado de productos subsidiados a la semana y evitar así su reventa especulativa y el contrabando de extracción. No aparecen en el horizonte, sin embargo, políticas concretas destinadas al aumento de la producción y a limitar los múltiples cuellos de botella que la afectan.

En el calendario político nacional, después de las tensiones de los meses de febrero y marzo, el año 2014 aparecía como un año particularmente propicio para tomar algunas medidas consideradas como necesarias, aunque pudiesen tener un costo político-electoral. En un país donde ha habido elecciones o referendos prácticamente todos los años, monopolizando en muchos sentidos la agenda política, hay un período inusualmente largo (dos años) entre las elecciones municipales de 2013 y las parlamentarias de 2015 sin la presión electoral. Sin embargo, el gobierno parece paralizado.

Edgardo Lander es sociólogo venezolano, profesor de la Universidad Central de Venezuela y uno de los principales organizadores del Foro Social Mundial 2006.

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