martes, 30 de diciembre de 2014

Cuba, un año más de revolución bajo el signo de un gran triunfo antiimperialista y democrático

Olmedo Beluche (especial para ARGENPRESS.info)

A Celia Hart Santamaría,
quien con una sonrisa y
un sesudo artículo nos
hablaría de estos nuevos
motivos para estar optimistas.

Este 1 de enero de 2015 la Revolución Cubana alcanza sus 56 años de espléndida madurez. El pueblo cubano celebra este aniversario bajo los efectos de un reciente triunfo por partida doble: la liberación de los 5 héroes y el reconocimiento formal de parte del imperialismo yanqui, por boca del presidente Barack Obama, del fracaso de medio siglo de agresión, bloqueo y sabotaje económico y de todo tipo. De verdad que la cosa es para brindar con una botellita de Havana Club.

La Revolución Cubana (con mayúscula) cambió la historia del mundo y de este continente. Nada de lo importante que ha sucedido en Latinoamérica en este periodo se entiende sin el proceso cubano. En Panamá, por ejemplo, la fuerza de la Gesta del 9 de Enero del 64 tal vez no habría sido la misma de no tener como referencia la victoriosa revolución de los barbudos caribeños. Igual se podría decir de la valentía de los dominicanos que resistieron heroicamente la invasión de 1965.

Ni mi propia vida, que crecí escuchando Radio Habana Cuba puesta por mi padre, ni la de mi generación podría entenderse a cabalidad sin referirnos al influjo benéfico de Cuba y su revolución. ¿Habría habido un Hugo Chávez y un proceso bolivariano en Venezuela sin Cuba? Tal vez, pero habría sido distinta la historia. Así podríamos referirnos a cada país por separado a o de conjunto en este continente.

Cincuenta y seis años de revolución en un mundo donde ha pasado de todo: desde el boom económico de la posguerra hasta la globalización neoliberal; dos o tres crisis económicas profundas que han conmovido los cimientos del capitalismo; las luchas por la liberación nacional que barrieron el colonialismo en África y Asia; las sanguinarias dictaduras militares de América Latina y las falaces "democracias" neoliberales; la expulsión de Cuba de la OEA y el levantamiento de aquella resolución en una Asamblea promovida por el gobierno de Mel Zelaya de Honduras; un mundo que ha visto desde el fracaso norteamericano en la guerra contra Vietnam hasta los fracasos recientes en Afganistán e Irak; y, como no, desde un "bloque socialista" encabezado por la Unión Soviética hasta la Caída del Muro de Berlín, la desaparición de la URSS y el curso capitalista del "socialismo de mercado" chino.

En medio de todos esos vaivenes, y muchos más que se podrían agregar, de la política y la lucha de clases mundial, la Revolución Cubana ha perdurado hasta hoy, sobreviviendo a todos los embates que se han lanzado contra ella, incluso cuando en los años 90 quedó sola, aislada y bloqueada por los cuatro costados, defendiendo el único remanente de la transición al socialismo que construyeron la revoluciones del siglo XX que queda.

Cuba y su revolución, a pesar de los pesares, de los "periodos especiales" y no tan especiales, pese a las limitaciones y miserias, ha demostrado las grandes posibilidades de una economía no capitalista, de una economía en transición al socialismo para la especie humana.

En Cuba no se come carne todos los días, lamentablemente, pero nadie se muere de hambre; en Cuba, no cualquiera puede comprarse un automóvil nuevo, pero no hay ni niños de la calle, ni niños trabajando en condiciones de explotación. En Cuba hay un déficit habitacional enorme, pero no hay familias durmiendo con cartones en las aceras. En Cuba el salario no alcanza para llegar al final de mes, pero sus habitantes no se ven acosados por la delincuencia, las drogas o la inseguridad.

Claudio Katz ya lo ha dicho: "La principal enseñanza reciente de lo ocurrido en Cuba es la enorme capacidad de mejora popular que ofrece un esquema económico-social no capitalista. En medio de la penuria económica, el aislamiento diplomático, las provocaciones militares, las presiones financieras y la agresión mediática se lograron preservar parámetros de esperanza de vida, escolaridad o mortalidad infantil muy superiores al resto de la región.

Esta extraordinaria realización resulta incomprensible para los apologistas del capitalismo. Como no pueden presentar ejemplos equiparables, eluden cualquier mención de esos logros. Cuba demostró de qué forma se puede evitar el hambre, la delincuencia generalizada y la deserción escolar con escasos recursos." (La epopeya cubana).

Este gran triunfo doble que celebra Cuba, junto a todos los antiimperialistas, demócratas consecuentes y socialistas del mundo se debe: en primer lugar, a la resistencia de su pueblo, a su perseverancia y orgullo de no doblegarse ante la esclavitud y la dominación extranjera, es una herencia de sus próceres, José Martí principalmente; en segundo lugar, al apoyo solidario de millones de personas, en especial de hermanos latinoamericanos, que permanentemente nos hemos movilizado para defender a la Isla y su derecho a la libertad e independencia, en todas las circunstancias que pasaron durante medio siglo y poco más.

Con perdón de mi amigo personal, y referente del marxismo consecuente de este inicio de siglo XXI, Guillermo Almeyra, pero debo "boronear" un poco: también tiene su parte (y no poca) del mérito en este triunfo la dirección política cubana, en particular Fidel y Raúl Castro.

Por algún motivo, que algún sesudo historiador analizará algún día, la dirección política cubana, con sus metidas de pata y con sus aciertos, con sus burocratadas y sus apelaciones democráticas a las masas, con sus zigzagueos a la izquierda y a la derecha, parece reflejar un proceso revolucionario que se abrió hace 56 años y que no se ha cerrado, que sigue vivo y luchando. Por eso ha subsistido hasta hoy, por eso, hasta ahorita, no se ha anquilosado y revertido al capitalismo como en Europa Oriental, Rusia o China. Estos no son "burócratas" al estilo de los de Rusia. No sé qué, pero algo es distinto.

A mi me parece bien que las reflexiones en torno al reconocimiento de Obama del fracaso de 56 años de bloqueo y su cambio de política, se pregunten ¿qué motivaciones hay detrás? Porque el imperialismo ni está derrotado, ni vencido. ¿Qué relación hay entre el nuevo enfoque de la Casa Blanca hacia Cuba y las reformas económicas que implementa el gobierno de Raúl Castro? ¿Qué dice la nueva ley de inversiones cubana?

Y, dicho potencialmente, conviene advertir la posibilidad de que la acumulación de medidas económicas, de apertura comercial y de todo tipo, puedan terminar minando el proceso revolucionario cubano o llevándolo por una senda semejante a la restauración capitalista de China y que justamente ese es el objetivo de Obama.

Katz, que no sé que está comiendo pero lo veo cada vez más clarito, en su más reciente artículo (China, un socio para no imitar), explica que el proceso de restauración capitalista en China pasó por dos momentos, uno de 1978-92 y otro del 1992 hasta ahora. En la primera fase "se reintrodujo limitadamente el mercado dentro de un sistema de propiedad pública. Se buscaba fomentar el desarrollo agrícola, la expansión del consumo y la gravitación de la pequeña empresa en un marco de precios parcialmente libres".

¿Esta es la fase en la que están las reformas cubanas? Yo creo que hay limitaciones políticas que impiden a la dirección cubana comprometerse con la plena restauración, pero me parece bien advertir los peligros. Lo que no me parece son los esquemas sectarios que dicen reconocer el reciente "triunfo" y seguidamente se mandan una "catilinaria" que, bien leída, significa que no reconoces ningún triunfo. Algunas corrientes trotsquistas desde los años 90 dicen que Cuba es "capitalista" (???!!!), otros ya califican de "burócratas restauracionistas" a la dirección cubana.

Yo creo que el sentido común indica que hay que ser cuidadosos, y no dar por hechos posibles tendencias, en especial ante un triunfo político tan grande como el reciente, y ante 56 años de proceso revolucionario continuado, en que el que se han cometido algunas atrocidades, como las listadas por Almeyra (Notas a la epopeya cubana de Claudio Katz), pero también se han dirigido grandes victorias.

Hay que advertir los peligros de las reformas económicas y la creciente diferenciación social que promueven, pero también hay que estar claros en que la estatización completa fue un error (o una necesidad política superada) y que socialismo no es sinónimo de estatización. Con la crítica hay que decir, qué se haría distinto.

De todo lo leído yo destaco una medida política, más que económica: independencia de los sindicatos del estado (como defendió Lenin en la URSS) y la mayor democracia y consulta popular. Por supuesto, el futuro de Cuba, del socialismo y de la humanidad está en la lucha de la clase obrera contra la explotación capitalista y el triunfo de las revoluciones del siglo XXI.

Celebremos hoy este 56 aniversario de la Revolución Cubana, celebremos la liberación de los 5 héroes, celebremos la derrota política del imperialismo admitida por Obama, porque estas pequeñas victorias democráticas y antiimperialistas acercan el triunfo final de la Revolución Socialista en el mundo.

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