viernes, 12 de diciembre de 2014

Economía: ¿Solo una tregua veraniega o pasa algo más?

Eduardo Lucita (LA ARENA)

Llegó fin de año y no hubo estampida del tipo de cambio ni un estallido financiero como muchos economistas y dirigentes opositores pronosticaban. Tampoco parece haber conflictividad social. Qué queda para 2015.

Los pronósticos que auguraban una estampida del tipo de cambio y un estallido financiero en las proximidades de fin de año se han desdibujado. La esperada conflictividad social por el impuesto a las ganancias no pasó de meros juegos dialécticos. Mientras que la economía parece haberse estabilizado, dentro de un cuadro general inestable.

Quiénes hacían estos presagios, como los gurúes de la city porteña, los políticos que se prestan a la farandulización de la política por TV o los grandes medios de comunicación, lo hacían intencionalmente pero no en el vacío, sino en un marco de gran incertidumbre exacerbada porque ya comenzó la cuenta regresiva a las elecciones del 2015. Así los desequilibrios macroeconómicos se agudizaron en tanto que el mercado mundial ya no es tan favorable, a lo que se le sumó la ofensiva de los fondos buitre y el juez norteamericano Thomas Griesa.

La escasez de dólares y las presiones devaluatorias; el aumento de los precios y una emisión que se decía descontrolada; la demora de los sojeros para liquidar su cosecha; y las presiones gubernamentales, hegemonizaban el debate político a menos de un año de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). No faltaba el neoliberal que ponía el acento en la incapacidad e inexperiencia del equipo económico. Así alertaban (¿tal vez alentaban?) sobre el advenimiento de una crisis solo evitable volviendo a las recetas neoliberales.

Hay equipo

A inicios de enero de este año con la abrupta devaluación, el aumento de las tasas y la absorción de más de 80.000 millones de pesos por el Banco Central (BCRA) -todas medidas vistas con beneplácito por los adoradores del mercado- la economía acentuó su caída y entró en recesión. En las disputas internas que generó esta situación el ministro Axel Kicillof logró desplazar de la titularidad del BCRA a Juan Carlos Fábrega y reemplazarlo por Alejandro Vanoli, un hombre de su entera confianza, al mismo tiempo que logró afianzar a su secretario de Comercio, Augusto Costa, con la sanción de la Ley de Defensa del Consumidor -vulgarizada como "de Abastecimiento"-.

Desde entonces el gabinete económico tiene una homogeneidad nunca antes conocida en la administración kirchnerista, respondiendo a una dirección centralizada.

Cambio de paradigma

No deja de ser paradojal que cuando todo el discurso oficialista se centraba en el llamado "modelo de matriz diversificada con inclusión social" el equipo económico no tenía ninguna centralidad, por el contrario eran todas personalidades, muchas veces contrapuestas -llegaron a ser cinco referentes: Lorenzino, Kicillof, Marcó del Pont, Moreno y Etchegaray-, por el contrario ahora, que se trata de un "proyecto político que toma decisiones económicas", el equipo está unificado y responde a un solo comando, no obstante que no hay un programa definido sino una sucesión de medidas focalizadas para atacar los problemas de la coyuntura inmediata.

Descomprimiendo tensiones

El ministerio de Economía puso en práctica una batería de medidas que si bien no resuelven los desequilibrios macroeconómicos han aliviado momentáneamente las presiones y las tendencias a una nueva crisis cambiaria. Conviene repasar las principale.

-Frenar la caída de reservas. Se hizo operativo el swap con China -ya ingresaron unos 1.600 millones de dólares y se está hablando de otros 1.000-; se acordó con el Banco de Francia un préstamo por 650 millones; con las cerealeras un adelanto por 1.500 millones, en tanto que las presiones sobre los sojeros más un repunte del precio internacional hicieron que estos aumentaran el ritmo de sus liquidaciones y se espera que completen unos 4.500 millones a fin de año; ingresaron 2.200 millones por el canon de la licitación del 4G. Adicionalmente se esperan nuevas inversiones para Vaca Muerta -veremos qué pasa con los nuevos precios del petróleo en el mercado mundial- y una menor factura energética, precisamente por ese desplome de los precios internacionales. El resultado es un nivel de reservas que a fin de año puede ser del orden de los 29.000 millones, una reducción de la brecha cambiaria -dólar oficial versus paralelo- y desinfle de las expectativas devaluacionistas.

-Atacar la inflación. Mantener el tipo de cambio -a los sumo devaluaciones por debajo de la inflación- y el retraso tarifario; profundizar la política de Precios Cuidados y amenazar con aplicar la llamada Ley de Abastecimiento para intervenir en la disputa intermonopólica por la apropiación del excedente.

El resultado ha sido una desaceleración del alza de los precios -se estima que puede ser del 35 por ciento en el año- y una mejora en las expectativas para el 2015. En esto influye que tanto la devaluación de enero, como algunos ajustes de precios y tarifas ya han sido asimilados. Que la recesión no permite seguir remarcando sin tener en cuenta el comportamiento de la demanda, mientras que la caída de los precios internacionales le pone un techo a cualquier suba futura de los combustibles.

-El BCRA modificó su estrategia de intervención en el mercado monetario. Comenzó a colocar deuda indexada -bonos en pesos ajustables por el tipo de cambio oficial- con lo que ha conseguido bajar la emisión y un menor esfuerzo financiero para esterilizar los pesos que lanza al mercado por la compra de dólares de exportación.

-La decisión de volver a los mercados de crédito, que parecía bloqueada por el fallo del juez Griesa, puede concretarse. La reciente decisión de pagar por adelantado el vencimiento del Boden 2015 (unos 6.700 millones de dólares), poder canjearlos por Bonar 2024 y ampliar la emisión de este bono en 3.000 millones es un primer y fundamental paso. Los tenedores del primer bono pueden canjearlos por el segundo -con lo que se daría inicio a una nueva reestructuración de la deuda que aliviaría el pago con reservas- en tanto que otros inversores pueden suscribir el nuevo bono -con lo que se consolida la tendencia a un nuevo ciclo de endeudamiento-. Si esto se cumple se fortalecería la posición del ministro de Economía, que ha insistido una y otra vez que salvo condiciones muy favorables respecto de las exigencias originales, no habrá ningún acuerdo con los fondos buitre.

-Las medidas anticíclicas y pro consumo decididas por el gobierno -Ahora 12, ProAuto, ampliación del ProCrear- no alcanzaron para frenar la caída de la economía pero sí la desaceleraron, lo que es un dato luego de tres trimestres largos de recesión. Los pronósticos que hablaban de una caída del PBI del 3 o 4 por ciento, están ahora en los 2 puntos.

Medidas hacia adelante

En el tránsito hasta las elecciones se dilucidarán varias cuestiones: ¿Cuánta apreciación cambiaria soporta la competitividad de las exportaciones? ¿Cómo pueden impactar el ajuste pendiente de las tarifas eléctricas y las próximas paritarias en el proceso inflacionario? ¿Cuánta emisión monetaria es sostenible? ¿Llegarán las inversiones financieras y productivas?

Ninguna de las medidas descriptas resuelve, tampoco se lo propone, los desequilibrios estructurales del capitalismo argentino, tampoco su fragilidad. Sí han desplazado la inminencia de un ajuste clásico pero no han eliminado su necesidad desde el punto de vista de los intereses del capital. Las tensiones en la coyuntura inmediata se han aliviado, está por verse si se trata solo de una tregua veraniega o esta suerte de calma chicha se extenderá hasta los tiempos electorales, conformando así a la presidenta, que ya ha manifestado sus deseos de llegar tranquila al 2015.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.

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