viernes, 26 de diciembre de 2014

Ecuador: Error y absurdo. A propósito de la reelección

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

El debate sobre la reelección que se produce en este momento en el Ecuador, similar al que se registró o registra en otros países de América Latina, contiende dos posiciones aparentemente similares, pero que responden a niveles de abstracción totalmente distintos. Mientras quienes se oponen a la reelección razonan a un nivel teórico, subjetivo, puesto que obvian demostrar que la aplicación de la alternabilidad, en conjunción con el sufragio universal y la democracia representativa, propios de la democracia liberal, genera efectos positivos sobre la realidad social, principalmente en favor de los estratos sociales más desposeídos; en el lado opuesto, quienes apoyan la reelección anteponen las realizaciones concretas, los logros materiales alcanzados, principalmente en favor de los más desvalidos, ilustrados mediante la reducción del desempleo, los niveles salariales, la capacidad de compra, la prestación de servicios públicos gratuitos, etc. como variables determinantes para la reelección de quienes lideran el proceso político en el cual se han materializado los avances mencionados. Estrictamente, en tanto los defensores de la alternabilidad acuden a un simple enunciado retórico que pretende que ésta es sinónimo de democracia, quienes defienden la reelección, sustentan su posición en realizaciones económicas, políticas y sociales concretas que sostienen fortalece la democracia.

En términos de Hobbes, los argumentos que exhiben quienes asumen las posiciones políticas se alternan entre aquellas que recurren a un "discurso insignificante" , palabras que no significan nada, destinadas deliberadamente a engañar, y las que plantean sucesiones de hechos materiales en favor de sus planteamientos. Dualidad que en el actual debate se percibe claramente cuando se constata que quienes abrogan por la reelección, respaldan la bondad de su posición en una sucesión de hechos concretos que les permite conjeturar que estos continuarán en el futuro si se mantiene el liderazgo actual, conjetura lógica que puede concretarse, pero que de no producirse, obedecerá a un error de apreciación, en tanto que, quienes optan por la alternabilidad, al argumentar solamente a nivel de las palabras inevitablemente conducen a una inferencia falsa, comúnmente calificada como un error, cuando en realidad es un absurdo, un "lenguaje sin sentido" que no puede derivar en la pretendida verdad de que conduce a un robustecimiento de la democracia, ya que, la historia del desarrollo de todos los países capitalistas en que impera la democracia liberal, señala exactamente lo contrario, si aceptamos reconocemos que la democracia debe manifestarse en la reducción de las desigualdades y no en la profundización de la brecha entre quienes poseen los medios de producción y los trabajadores que generan la riqueza social. Así planteado el problema, la alternabilidad es una entelequia, una cosa irreal, un recurso político de engaño.

Desde otra perspectiva, con la alternabilidad tampoco concurre, por si y ante sí, a fortalecer o consolidar la democracia como lo sostienen quienes la defienden, ya que, como bien lo plantea Wladimir Turiansky: "Democratizar la sociedad significa democratizar la gestión social, esto es, poner al alcance de cada ciudadano la posibilidad de intervenir, opinar y decidir acerca de la gestión social en todos los aspectos de ella, en la economía, en la producción y distribución de la riqueza generada por el trabajo social, en la seguridad social y ciudadana, en la educación y en la vida cultural, y por supuesto, en la gestión de los organismos del Estado" . Y no concurre, por cuanto la democracia liberal, modelo del cual forma parte inseparable la alternabilidad, se caracteriza por la gestión social a través de representantes, esto es supuestos intermediarios de la voluntad popular, los cuales, como se ha demostrado históricamente en forma fehaciente, tan pronto son elegidos abandonan los programas sobre la base de los cuales fueron electos, lo que si bien les resta legitimidad, no les compele a renunciar al poder del cual fueron investidos, por lo que continúan beneficiándose personalmente de esa "representación" y del cumplimiento de las tareas que impone la oligarquía o la plutocracia que controla el poder político y económico.

Para que no quepa duda alguna respecto a el tipo de democracia que defienden quienes se alinean con la "alternabilidad", valga mencionar que en el Ecuador uno de los defensores más efusivos de ese tipo de democracia es el doctor Oswaldo Hurtado, como lo confirman sus convicciones contenidas en su libro "Dictaduras del siglo XXI. El caso ecuatoriano", de reciente data. Efectivamente en la página 15 de su libro antes mencionado, Hurtado reconoce en forma explícita que la democracia que le es cara, a la que otorga el carácter de universal y obligatoria es la democracia representativa, y que los "ocho elementos de un sistema democrático" a los que hace referencia, son los contenidos en la Carta Democrática Interamericana suscrita en Lima en el año 2001. Para que nos haya duda al respecto, el doctor Hurtado, luego de citar los artículos 4, 5, 6 y 7 de la Carta , afirma: "Aquellos principios y estos elementos de la democracia liberal, también llamada representativa están presentes en todos los gobiernos del mundo" . Posición de la que se infiere que el doctor Hurtado reitera la tesis de Fukuyama sobre el "fin de la historia", que, por corresponder a la utopía hegeliana, sostenía que el fin estaba determinado por la democracia representativa y el neoliberalismo. Tesis de la cual, por cierto, Fukuyama abjuró años atrás.

En consecuencia con lo antes dicho es posible concluir que quienes defienden la alternabilidad, son aquellos que aspiran al retorno a la democracia representativa, como medio para restituir los privilegios que ella deparaba a la dominación, que le permitió profundizar la desigualdad y la injusticia social, el neoliberalismo económico y el servilismo ante el capital transnacional y el imperio de los Estados Unidos, a pesar de su manifiesta decadencia.

No obstante las vulnerabilidades de quienes defienden la alternabilidad, es ineludible señalar que quienes defienden la reelección desde las filas de Alianza País, no perciben la existencia de la contradicción presente, en el imaginario de los ciudadanos ecuatorianos que hemos transitado en la larga historia de la democracia representativa, entre las ideas arraigadas por la larga reiteración de las mismas, como es la alternabilidad, con la apreciación positiva derivada de los cambios ejecutados en el ámbito de lo material por el gobierno del presidente Correa. Parecen desconocer la fuerza de esas ideas en la subjetividad de una gran parte de la sociedad ecuatoriana, por lo que se limitan a esgrimir los logros materiales, como único argumento, obviando la imperiosa necesidad de actuar sobre la conciencia social, transfiriendo la acción comunicacional de confrontación permanente hacia una pedagógica, formativa, instructiva, esclarecedora. Si a ello agregamos que igualmente, subestiman o desestiman la imperiosa necesidad de acumular fuerzas -factor determinante para triunfar en esta contienda política-, como lo indica la propensión a profundizar contradicciones con los trabajadores y el movimiento indígena y de su organización la CONAIE. En el caso de ésta, le consideran una organización corporativa, soslayando las formas organizativas y de decisión desde las bases, por lo que aquellas son producto colectivo y no de los dirigentes hoy incluso afrentados. Ignorancia que les induce a los responsables políticos de Alianza País -seguramente por su ninguna participación en la constitución de un "Frentes Único" en la concepción de Carlos Mariátegui ; o, de un Frente Amplio en la perspectiva uruguaya , a propiciar alianzas, estas sí corporativistas, acorde con su experiencia ONGeista -, a aliarse con ex dirigentes indígenas espurios como es el caso de Miguel Lluco, calificado así por su posición servil a los designios del banquero Fernando Aspiazu Seminario, y, en el caso de los trabajadores, con oportunistas sin ninguna base social, con la sola excepción de los representantes de los trabajadores eléctricos. Posiciones erróneas que, de mantenerse, podrían coadyuvar a la constitución, incluso de un escenario adverso, en la eventualidad, altamente probable, de que la oposición logre viabilizar la consulta popular sobre el tema en debate, máxime si se considera que entre el primer debate y el segundo debate en el seno de la Asamblea Nacional para aprobar las enmiendas propuestas por los asambleístas de Alianza País, entre éstas la reelección, debe transcurrir un año, período en el que quienes optan por la alternabilidad seguramente desatarán una campaña de gran envergadura. Ante ello y por ello, vale advertir que estamos a tiempo de corregir esas desviaciones triunfalistas, prepotentes, inadecuadas; que estamos a tiempo de entender que, simultáneamente al desarrollo material, a la modernización del país, es ineludible desarrollar la conciencia social, conciencia que no surge espontáneamente del reconocimiento del desarrollo material, sino del esfuerzo político que despleguemos para ello; que es imperativo reconocer que para conformar una amplia base social que defienda la reelección, requerimos de todos los movimientos, partidos y organizaciones de izquierda, incluso de los críticos a nuestras posiciones y decisiones. Procesos que deberíamos emprender en el muy corto plazo, para no sucumbir ante la presencia de una oposición derechista que se arma y exhibe ya parte del arsenal que dispone y que utilizará en esta confrontación, con el apoyo irrestricto, constante, militante y reiterativo de los medios de comunicación social, autodenominados "independientes".

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