martes, 30 de diciembre de 2014

El cuadro recesivo no se modificará y puede profundizarse

Claudio Lozano (ACTA)

Finaliza el año 2014 en condiciones más que evidentes de deterioro institucional, que se inscriben a la vez en un contexto de profundización de la recesión.

El deterioro institucional expresado en un Poder Ejecutivo atrapado en laberintos de corrupción que involucran a la familia presidencial, al vicepresidente y a varios ministros, pero que se agrava al quedar en evidencia el comportamiento de un Poder Judicial que en un contexto de retirada gubernamental, activa causas que hasta ayer estaban congeladas.

La singularidad del sistema político argentino es tal que en el marco de la actual ebullición judicial uno puede ver jueces que hasta ayer encabezaban operaciones político-judiciales junto a funcionarios gubernamentales, y que hoy promueven causas que impactan de lleno en la figura presidencial.

Puede verse también como avanzan sobre el vicepresidente causas que aluden a los datos falsos que éste diera en el marco de la compra de un auto, mientras siguen cajoneadas causas que implican una defraudación millonaria sobre los argentinos y que remiten al manejo de información privilegiada y al tráfico de influencias en el marco del canje de deuda 2010, o que refieren al uso de fondos de ANSeS para operaciones de carácter particular y/o para sostenimiento de la política económica, y que han implicado fuertes pérdidas para el sistema previsional.

La singularidad del sistema político argentino se observa también al constatar el comportamiento de una oposición conservadora que al mismo tiempo que reclama el avance judicial para determinar los vínculos entre la familia presidencial y el empresario Lázaro Báez, se abstiene o vota en contra de la "investigación parlamentaria" de las 4040 cuentas identificadas en Suiza por la AFIP y que reflejarían comportamientos de empresarios, ricos y famosos contrarios a las normas vigentes en materia fiscal y negativos desde el punto de vista de la actividad económica.

Resulta inentendible la estrategia de la oposición conservadora de cargar las tintas sobre el vínculo de la Presidenta y Lázaro Báez y tomar distancia respecto a las cuentas en Suiza.

El deterioro institucional del que estamos hablando no se restringe sólo al Poder Ejecutivo controlado por el oficialismo, sino que involucra también a un Poder Judicial distante de un verdadero comportamiento democrático, e incluye a una oposición conservadora y absolutamente comprometida con el status quo del poder actual.

El contexto recesivo implica una caída en la actividad económica del orden del 3% acompañada de un descenso en la inversión que supera el 11% con una destrucción de puestos de trabajo que hasta el tercer trimestre de este año ascendía a 407.000, y con una caída promedio del poder adquisitivo del orden del 10% para las distintas franjas de asalariados, cuentapropistas, dependientes de planes y jubilados.

En la Argentina de 2014 hay un millón y medio de pobres más y cerca de medio millón de indigentes más. Pero lo particular de este escenario es que no se observan señales de que esto pueda alterarse en 2015. La estrategia oficial incluye un menú de opciones (suba de tasas para Lebac, nuevo endeudamiento a tasas altísimas, bonos en pesos que actúan como seguro de cambio para bancos, aseguradoras y exportadores) con el objeto de anclar el tipo de cambio, en un contexto inflacionario que no baja del 30% anual, manteniendo el déficit fiscal vigente y congelando tarifas.

Lo expuesto en un contexto mundial donde se deterioran los precios de nuestras exportaciones, se revalúa el dólar respecto de otras monedas y devalúan los países vecinos, indica que el cuadro recesivo no sólo no se modificará sino que puede profundizarse. Panorama que además promueve condiciones de ajuste fiscal, cambiario y tarifario para luego de las elecciones de 2015. Cabe consignar que la recesión vigente es el resultado (esperado y esperable) de las definiciones tomadas por el Gobierno Nacional luego de las elecciones de 2013.

A partir de allí el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner adoptó buena parte de las propuestas que enarbolaba la oposición conservadora. Devaluación, suba de tasas, retraso de salarios y jubilaciones, arreglos en el marco del CIADI, reconocimiento y pago de la deuda con el Club de París, compensación millonaria e inaceptable a la "depredadora Repsol", maquillaje del índice de precios en línea con el FMI, todo con el objeto de retornar al mercado financiero internacional para reendeudar a la Argentina. En este marco, la recesión es un objetivo buscado como uno de los mecanismos que permite, vía descenso en las importaciones, defender el saldo comercial y el nivel de divisas en un contexto de escasez de dólares de la economía nacional.

La búsqueda de divisas es la única lógica que gobierna la estrategia gubernamental consentida por una oposición que piensa igual, y se expresa en el mantenimiento de la recesión, la búsqueda de nuevo endeudamiento y la apertura de negocios que hipotecan el futuro en materia petrolera (ley de Hidrocarburos), y de Comunicaciones (licitación 4G).

Los únicos capítulos de la receta conservadora que el gobierno no ha aplicado han sido el congelamiento salarial en el marco de una estrategia antiinflacionaria y el ajuste del gasto público. En ambos casos, permite que sea la inflación la que licúe en parte ambas variables, de modo de evitar un mayor desgaste político y social de su gestión.

Así las cosas, el escenario político, económico y social de la Argentina combina la existencia de dos tendencias en desarrollo, contradictorias y cuyo despliegue plantea dudas e interrogantes, respecto a la gobernabilidad futura del país. Por un lado, hay un agravamiento evidente del cuadro social que se expresa en un proceso de crecimiento de la conflictividad.

Vale la pena resaltar que en los últimos dos años hubo tres paros nacionales, mientras que en los años anteriores de la gestión Kirchner no había habido ninguno. Por otro, el cuadro recesivo se extiende hacia 2015 y las opciones políticas que dominan en el horizonte (Scioli, Massa, Macri, FAUNEN) profesan un ideario conservador que solo conoce un modo de ordenar los desequilibrios macroeconómicos: más ajuste.

No hay solución en el horizonte político-conservador hoy dominante, a las demandas y necesidades que los argentinos tenemos. Una vez más, el sistema político tradicional y dominante en la Argentina, atrasa el reloj de la historia. Una vez más los argentinos debiéramos esforzarnos por parir una nueva experiencia política. En eso seguiremos trabajando.

Claudio Lozano es Diputado Nacional de la CTA. Presidente del Bloque de Unidad Popular (UP).

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