viernes, 5 de diciembre de 2014

El gran problema de la revolución en Venezuela

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Si se abandona y no se le presta la debida atención a la brecha ideológica que debiera definir a quienes buscan precipitar la derrota total del proceso revolucionario bolivariano socialista y aquellos que, simplemente, se esfuerzan cada día por apuntalarlo -estableciendo una clara diferenciación entre unos y otros, sacando a la luz a los oportunistas y demagogos que se aprovechan vilmente de la confianza popular- será difícil que este proceso no sufra alguna alteración sustancial que lo desvíe de sus objetivos fundamentales. Esto (más allá de los discursos acostumbrados) servirá de fuerza centrífuga para determinar el grado de compromiso de los hombres y las mujeres que se dicen revolucionarios y revolucionarias, estimulando en aquellos/aquellas que sí lo son a emprender acciones que mantengan y/o aceleren el ritmo del avance del proceso revolucionario bolivariano socialista, tomando en cuenta que se ha de impulsar y afianzar en todo momento la transformación estructural del viejo Estado de estirpe burgués-liberal y, junto con ella, la garantía absoluta de la práctica de la democracia directa fórmula efectiva y constante que, dirigida por el pueblo consciente y organizado, permita producir entonces los cambios que aún hacen falta para la definitiva transición al socialismo.

Mediante tal cosa, podrá impedirse el estado de desaceleración y de desviación que presenta el proceso revolucionario bolivariano socialista, una vez sufrida la derrota electoral del 2 de diciembre de 2007, el cual -de no actuarse con verdadero espíritu patriótico y revolucionario- tendería a agravarse, sin una aparente solución inmediata. Esto exige, por otra parte, mayores esfuerzos y propósitos políticos, ideológicos, culturales, económicos, sociales y militares, encaminados a devolverle al proceso revolucionario bolivariano socialista el dinamismo y la espontaneidad de sus inicios. Esta vez, con el conocimiento suficiente del camino recorrido desde 1998 hasta el presente, lo cual contribuiría a visualizar mejor en qué se ha fallado y qué podría hacerse al respecto para que ello no vuelva a repetirse jamás en el futuro.

El gran problema que se presenta es, justamente, cómo profundizar el nivel de formación teórica de los sectores populares, de modo que éstos comprendan adecuadamente el escenario actual del país y abandonen toda manifestación de pragmatismo reformista, toda vez que no existe el mismo liderazgo carismático del Comandante Hugo Chávez que pueda auspiciar mayores acciones revolucionarias desde el alto gobierno. Más ahora cuando los sectores opositores amenazan la hegemonía chavista mediante la implementación de una agenda de caos y violencia política que tratan de imponer con la finalidad de reducir el respaldo popular al proceso revolucionario bolivariano socialista, aprovechándose de la escasez inducida de diversos productos indispensables para las familias venezolanas, sometiéndolas a una economía de guerra, prácticamente, desde hace más de un año, a pesar de las medidas conciliatorias del gobierno nacional. Resolver semejante problema supone, entre otras cosas, asumir un gran desafío de parte de los revolucionarios, incluso de aquellos chavistas que nada más aspiran a que todo marche bien en Venezuela, sin que existan las secuelas nefastas del pasado puntofijista, por lo que se tendría que iniciar, desde ya, la reivindicación y la repotenciación del proyecto revolucionario original y nutrirlo con las experiencias de lucha acumuladas por los sectores populares revolucionarios y chavistas.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.