miércoles, 10 de diciembre de 2014

El huevo de la serpiente

Profesora Elsa M. Bruzzone

“Pase lo que pase, nosotros los Sirios, nunca permitiremos que nuestro país se convierta en una marioneta en manos de Occidente. Es un principio fundamental para nosotros”.
Presidente Bashar Al Assad

Durante el mes de mayo del año 1999 con mi esposo recorrimos Turquía. Dos hechos marcaron nuestra visita: la celebración el 29 de mayo de la caída de Constantinopla, ex Bizancio, actualmente Estambul, en manos del Imperio Otomano aquel día de 1453; y el miedo reflejado en los rostros y miradas del pueblo que se acentuaba a medida que nos acercábamos a la frontera con Siria, en plena Anatolia. Recuerdo mi entrada a la Basílica de Santa Sofía, justamente un día antes de la celebración de la conquista. Se me erizó la piel, sentí un nudo en mi corazón y se me llenaron los ojos de lágrimas. Pensé en aquel 29 de mayo de 1453 cuando niños, mujeres, ancianos, heridos, se refugiaron en ella pensando que como era un lugar sagrado sería respetado. ¡Qué equivocados estaban! Su sangre tiñó las paredes y los pisos, nadie sobrevivió, todos fueron masacrados. No hubo piedad ni misericordia. No podía haberlas. El sultán Mehmet II, que tomó la ciudad, había establecido que los sultanes reinantes matarían a sus hermanos para impedir la posibilidad de luchas por el poder en el interior de las familias. Eso es lo que él había hecho. Y esta tradición perduró durante dos siglos. (Uno de los casos más atroces fue el del sultán Selim quien, en 1512, asesinó a sus hermanos Ahmed y Korkud, a los siete hijos de ellos y a cuatro de sus cinco hijos, dejando sólo al que consideró más capaz, Solimán o Suleimán, como único heredero al trono). Luego, como acto final, refundó la ciudad, la repobló con habitantes que habían logrado huir antes de la conquista, a quienes invitó a regresar, y con población conquistada de otras regiones del Imperio que fue desplazada al lugar. (Seguramente habrá quienes al leer estas líneas murmurarán que en Europa pasaba lo mismo. Y sí, tendrán razón. No hay diferencias. Pensemos en las conquistas de Nuestro Continente, especialmente de Nuestra América, donde el genocidio se llevó la vida de 100.000.000 de integrantes de Pueblos Originarios, de África y de Asia. La vieja Europa, imperialista y colonialista, arribó a los Siglos XIX y XX masacrando pueblos. Y lo peor de todo es que hoy, en pleno Siglo XXI, lo sigue haciendo a través de su brazo armado, la OTAN, en alianza estrecha con EE UU. No olvidemos que ella perdió la guerra, pues como todos sabemos fueron la ex URSS, sobre todo ésta, y EE UU quienes derrotaron al nazismo y sus aliados. Tampoco que la sede principal de la OTAN, es decir el cuartel general, se encuentra en EE UU, aunque de esto no se hable. No puede hacer otra cosa, no puede rebelarse, es territorio conquistado y ocupado, especialmente Alemania e Italia, está plagada de bases militares norteamericanas, además sin su Amo, es nada. Y para colmo de males cada día que pasa la decrepitud más la consume. ¡Qué lejanas quedaron aquellas consignas de Libertad, Igualdad y Fraternidad levantadas un día por la Revolución Francesa, que al poco tiempo fueron traicionadas!). Allí, en Constantinopla, aquel 29 de mayo de 1453 el huevo de la serpiente se manifestó con total claridad y preanunció el futuro para varios pueblos. El Imperio Otomano tuvo un trato colonial - militarista con las minorías. Las deportaciones y masacres de pueblos no fueron desconocidas para ellas. En 1891 el sultán Abdul Hamid estableció un sistema de regimientos tribales de caballería kurda para utilizarlos, cuando llegara el momento, contra los armenios. Y así lo hizo, entre los años 1894 y 1896. Seguramente los huesos del Gran Kurdo SALADINO el que rescató a Jerusalén de las garras de los cruzados, el que respetó la vida de sus habitantes, se revolvieron inquietos y asqueados en su tumba.

La Historia seguiría su curso. Con el tiempo el estado turco adquirió un carácter cada vez más musulmán y nacionalista. Ello ocasionó la represión de otras nacionalidades y religiones en el Imperio: de los árabes que habían comenzado a despertar una conciencia propia, de los cristianos; y alcanzaría su punto culminante con la discriminación, persecución, expulsión y exterminio masivo, en realidad Genocidio, del pueblo armenio durante los años 1914 - 1915. En 1908 se produjo la Revolución de los llamados “Jóvenes Turcos”. Comenzó a instalarse la idea que el Islam prescribía la dominación y que los no musulmanes no podían volverse iguales a los musulmanes a menos que se convirtieran al Islam. Con la Revolución de Enero de 1913 terminó de imponerse el ala radical y xenófoba. El objetivo fue purgar al Imperio de los elementos no musulmanes; y el exterminio de los armenios, a la primera oportunidad propicia, fue parte central de esta meta. El 30 de junio de 1916 el embajador alemán Wolff Metternich, que fue destituido por protestar, denunciaba: “La turquificación equivale a la licencia para expulsar, matar o destruir todo lo que no sea turco, y de tomar posesión de los bienes ajenos por la violencia.” En palabras del Vice Cónsul alemán en Erzurur, Max Erwin Von Scheubner - Ritcher, en el Informe elaborado para su Canciller el 4 de diciembre de 1916 : “El plan de los dirigentes unionistas consiste en rehacer el Imperio sobre una base estrictamente islámica y panturca. Una gran parte de estos dirigentes opina que los habitantes no musulmanes del Imperio deben islamizarse y turquificarse por la fuerza y cuando esto no es posible, deben destruirse…. La liquidación de los armenios, para lo cual estos caballeros consideran el presente (la Primera Guerra Mundial) como el momento más propicio es la primera parte del programa”. Por su parte el coronel Stange, que revistaba en las filas del ejército otomano y que observó en persona el exterminio, informó el 23 de agosto de 1915 a la Misión Alemana en Turquía “estas medidas de expulsión y aniquilamiento son el resultado de una decisión tomada por el Comité de los Jóvenes Turcos en Estambul y se han puesto en práctica según un plan de larga data”. Documentos oficiales de Alemania y Austria - Hungría, el testimonio, entre otros del General Mehmet Vepik, Comandante del III Ejército, que ordenó una investigación, corte marcial y ejecutó a dos de los responsables de la masacre de un batallón de trabajo armenio en su jurisdicción, que vio los restos carbonizados de mujeres, niños y hombres armenios en distintos lugares, que no participó de las masacres, y que declaró “Difícilmente se encuentre en el Islam un paralelo a semejante atrocidad y salvajismo”, el relato de los sobrevivientes, dan cuenta del Primer Gran Genocidio del Siglo XX. A ellos debemos sumarle los relatos recogidos por el historiador británico Arnold Toynbee, las narraciones de los médicos y enfermeras de la Cruz Roja Internacional, especialmente del médico norteamericano George B. Hyde, de misioneros europeos, del cónsul norteamericano en Jarput, Leslie Davis, de testigos europeos y judíos, del Embajador estadounidense Henry Morgenthau…. Para llevar a cabo este Genocidio fueron liberados miles de criminales de las cárceles del Imperio a los cuales se unieron miles de kurdos y chechenos del Cáucaso y de la Península Balcánica. Una página especial merecen los niños y niñas. Su destino fue ser ahogados en mares, ríos y lagos; mutilados; torturados hasta morir; enterrados vivos; quemados vivos; degollados; muertos a bayonetazos; violados. En las provincias de Diarbekir, Jarpur, Bitlís y Alepo, se aplicó el quemar vivos a los niños encerrándolos en edificios y enterrarlos vivos en grandes zanjas. El 25 de agosto de 1916, día del Festival del Sacrificio Musulmán, 5.000 niños/as fueron rociados con nafta y quemados vivos. Lo mismo ocurrió con las mujeres y hombres. Y en Bitlís ciertos grupos tribales kurdos tuvieron activa participación. Allí, el holocausto fue iniciado por el gobernador Mustafá Abdulhalik que ordenó quemar a 1000 niños ante la presencia de notables y de una multitud de turcos que festejaban y gozaban con la agonía de los que morían. Luego, todos, incluso los que aún permanecían vivos, fueron arrojados a zanjas preparadas de antemano y los gemidos de los que no fueron completamente consumidos se pudieron oír durante días. Multitudes de niñas fueron transportadas a Constantinopla para satisfacer deseos sexuales de los que mandaban y sus subordinados. Las iglesias armenias fueron usadas como burdeles. El teniente Hasán Marif reconoció a sus captores británicos que “Los casos de violación de mujeres y niñas, incluso en público, eran muy comunes. Se las mataba sistemáticamente después del ultraje”. Igual suerte corrieron los niños. A los que no morían enseguida, se los torturaba hasta la muerte. Cuentan los testigos que los gritos de ¡Mami! Mami! estremecieron el aire; pero no conmovieron ni el corazón ni el alma de los asesinos. El término “Solución Final” aparece la Acusación Clave en los juicios de Yozgat llevados a cabo por la Corte Marcial turca en 1918 que afirmó que el objetivo oculto de la deportación en masa de los armenios fue su destrucción. Pero al final, nada pasó. La Justicia continuó con sus ojos vendados. Los funcionarios civiles y militares de alto rango que se opusieron a este plan y los resistieron, fueron perseguidos, encarcelados, cesanteados, cambiados de destino, y muchos de ellos asesinados. Un ejemplo claro fue el del Gobernador de Alepo Mehmet Dehelâl que se negó a masacrar a los restos de las columnas de deportados armenios que sobrevivieron a la odisea y llegaron a Alepo en condiciones tristísimas. Fue transferido a Konia y luego quedó cesante. Tiempo después declararía: “Yo parecía un hombre que, imposibilitado, sin medios de rescate, estaba parado en la orilla de un río por el que, en lugar de agua, fluía sangre. Miles de niños inocentes, ancianos sin culpa, mujeres desahuciadas, fuertes jóvenes se hallaban impulsados por el vórtice de esta corriente de sangre a su extinción”. Conmueve la historia de un Mullah, un juez religioso, turco de Mush, que murió tratando de salvar a mujeres y niños armenios. El jefe bandido kurdo Mussa Beg, se preparaba para quemar vivos a los habitantes de la aldea de Avzud. Por supuesto que antes había apartado para su placer sexual y el de sus hombres a las armenias más jóvenes y bellas. El mullah sostuvo que ninguna religión, musulmana o cristiana permite quemar vivos a mujeres y niños, permite asesinar, e intervino protestando enérgicamente. Tratando de impedir el holocausto, se introdujo en el mismo edificio atestado de víctimas. Los asesinos simplemente se burlaron de él e incendiaron el lugar. El Mullah murió junto con las víctimas que intentó salvar. ¿Qué nombre recibe aquel que da su vida por sus hermanos/as? ¿Habrá rescatado o rescatará su nombre la Historia? Entre 1914 y 1918 más de 1.500.000 armenios, 200.000 asirios y cristianos ortodoxos griegos y 50.000 asirios en Irán, fueron masacrados. A ellos se sumaron, entre 1919 y 1928, 800.000 armenios y griegos. No ha habido ni reconocimiento del Genocidio, ni pedido de perdón, ni menos aún reparación y justicia por parte de los sucesivos gobiernos turcos. Esta impunidad, vigente aún hoy, es la que permitió el Genocidio llevado a cabo por el nazismo . Recordemos la declaración de Hitler “Al final ¿quién habla hoy de la destrucción de los armenios? A la luz de todos estos hechos ¿Se puede pensar o creer que el gobierno turco ayudará a los pueblos y gobiernos elegidos por sus pueblos que luchan contra las fuerzas terroristas del DAESH llamado por Occidente Estado Islámico (EI)? ¿Hay alguna diferencia entre Turquía y el DAESH?

El pasado nos sirve para comprender el presente. Parece que algunas mentes calenturientas sueñan en Turquía con reeditar el Imperio Otomano, al menos en Asia. El DAESH es más ambicioso: anhela ser el Imperio Romano del Siglo XXI, superando incluso a la expansión del Islam a partir del Siglo VII. En aras de su ambición el gobierno turco no ha vacilado en aliarse a EE UU y a la OTAN, y en procurar la destrucción de Palestina, El Líbano, Iraq y Siria, en este tiempo, especialmente de esta última. Con el apoyo de Francia insiste en desmembrar a Siria creando una zona de amortiguación en la frontera. Pretexto ideal para lanzar una invasión cuando sea oportuno. Por su parte EE UU y la OTAN sueñan con el desmembramiento de Iraq. Conviene recordar que EE UU, la OTAN, Israel, Arabia Saudita, Bahrein, Turquía y Qatar, crearon, entrenaron y apoyaron a los terroristas del DAESH, del Frente Al Nusra y del Ejército “Libre” Sirio. Sin contar a otros grupos terroristas menores como Yund al - Aqsa, Ahrar al Shaam, Brigadas de Yeroud Horan, Brigadas de al - Sabirin, Movimiento de al Mogana, y Brigada de los Mártires de Bader (afiliados a Al Nusra). Y los siguen apoyando a pesar de las declaraciones rimbombantes de algunos. Conviene recordar que los terroristas del Frente al Nusra, cuando quedan heridos en sus enfrentamientos con el Ejército Sirio y alcanzan a huir o son rescatados por sus compinches, son atendidos en hospitales israelíes y protegidos por las fuerzas armadas de Israel. Esta coordinación fue denunciada por el Secretario de la ONU, Ban Ki Moon y se da en la zona de separación de los Altos del Golán, territorio sirio usurpado y ocupado por Israel. Informes de INTERPOL señalan la connivencia entre el gobierno turco y el DAESH. El presidente norteamericano Obama acaba de reconocer que las fuerzas jordanas proporcionan ayuda a los terroristas (el los llama oposición moderada) en el interior de Siria. Informes de distintas fuentes, incluidas las de inteligencia de varios países, confirman que Jordania, Turquía y Arabia Saudita han establecido campos de entrenamiento para los terroristas sirios y extranjeros bajo supervisión de la CIA. Se ha denunciado además que en Jordania terroristas iraníes son entrenados por Israel. El genocidio, el exterminio y la limpieza religiosa y étnica están a la orden del día. Turquía espera que el DAESH masacre a la población kurda hasta exterminarla y cree que es posible apoderarse de Siria y de Iraq. No olvidemos los recursos naturales con que ambas naciones cuentan. Es vergonzoso ver a todos estos países, verdaderos patrocinadores del Terrorismo, hablar de Derechos Humanos en las Naciones Unidas acusando a Siria ¡porque se defiende! Son las mismas acusaciones contra la Resistencia Palestina. Ni una palabra sobre los crímenes de los terroristas del DAESH, del Ejército “Libre “ Sirio, del Frente Al Nusra y de los otros grupos armados; que por ser pequeños no son menos peligrosos. Y como si con esto no alcanzara, falsas organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, todas financiadas por las agencias gubernamentales europeas y norteamericana y con sede en esos países, como el “Observatorio Sirio de los Derechos Humanos”, con sede en Londres ¿lo financiará también la UKAID, prima hermana de la USAID?, echan aún más leña al fuego. Y los grandes medios de comunicación de Occidente guardan silencio, son cómplices o mienten. Esos países, que practican Terrorismo de Estado contra sus propios pueblos y en el caso de Israel sobre Palestina ocupada. Ellos que torturan, reprimen, asesinan, les recuerdo que la pena de muerte que algunos de ellos aplican es un crimen, vejan, humillan a sus ciudadanos. Ellos que violando los nombres de Dios, de la Libertad, de la Paz, de la Justicia, de los Derechos Humanos, masacran pueblos, destruyen países, les roban sus recursos naturales, los esquilman y saquean. Ellos que han violado y violan la Carta de la ONU; y las Resoluciones del Consejo de Seguridad que llaman a unificar los esfuerzos de la comunidad internacional contra el Terrorismo, a perseguir a los combatientes extranjeros e impedir su infiltración por la frontera en Siria. Ellos, el Amo y sus Esclavos, han perdido la dignidad, el valor, la ética, la moral y el honor.

Resiste la ciudad kurda - siria de Kobane. Resiste el León Sirio de la mano del Presidente Bashar al Assad abroquelado con su pueblo, las milicias patriotas, los comités populares, y las Fuerzas Armadas, al mando del General Suhail Hassan “El Tigre”. Su pecado: ser socio y aliado de Rusia e Irán y mantener su independencia. Resiste Iraq, que tomado de sorpresa por el DAESH perdió parte de su territorio a manos de aquél. Hoy, de la mano solidaria del General iraní Qassem Soleimani que brindó su asesoramiento y experiencia a nivel de organización y táctica a las Fuerzas Armadas iraquíes y a los kurdos peshmergas, va recuperando lo perdido. Resiste El Líbano, de la mano de sus Fuerzas Armadas y de Hezbollah. Y la victoria les sonríe y el DAESH, el Frente Al Nusra, el Ejército “Libre” Sirio y los otros grupos terroristas son derrotados una y otra vez. Como también resisten Palestina, Irán y Yemen.

Posiblemente más temprano que tarde llegará el día en que los pueblos árabes de Oriente Medio logren formar, tal como lo hicimos en Nuestra América a través de UNASUR y la CELAC, la unidad en la diversidad. Posiblemente el elemento unificador sea el ISLAM si logra superar las diferencias de interpretación, las divisiones y retomar su esencia. No descarto a la cultura. Esta unidad tendrá que comprender también a Irán y Afganistán, que también se hermanan a través del ISLAM, al igual que Pakistán. Deberá ser superadora de la actual Liga Árabe. La lucha por la libertad y la independencia de las potencias imperiales de turno requiere de la unidad, respetando las diferencias y la diversidad. La unidad hace la fuerza. El camino será arduo. No faltarán traidores de adentro ni las presiones externas. Pero si se persevera en el camino, si la solidaridad vence al egoísmo, si el respeto por el otro se hace carne, al final el triunfo les sonreirá.

Y mientras ese día llega, para Ustedes, los que resisten al Terrorismo, patrocinado por el Imperialismo y el Colonialismo, las páginas brillantes y luminosas de la Historia; mi solidaridad y mi respeto porque también para mí la Patria y la Nación no son pasiones inútiles. Los saludo con un ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.