viernes, 19 de diciembre de 2014

“Enfoque obsoleto” del imperio hacia Cuba

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Cuando muy poco o casi nada tiene que perder en Estados Unidos y mucho que ganar en la aldea global, Barack Obama anunció desde la Casa Blanca que instruyó al secretario de Estado “a que comience inmediatamente las discusiones con Cuba para restablecer las relaciones diplomáticas que han estado interrumpidas desde enero de 1961”.

El anuncio, sin hipérbole, es de naturaleza histórica, pues cambia las estrategias mas no los objetivos de Washington hacia La Habana, donde Raúl Castro hizo lo propio en forma simultánea, de lo que Barack Hussein denominó “un enfoque obsoleto que por décadas fracasó en promover nuestros intereses”. Éstos que son los que cuida y protege el gobierno de la Unión Americana, con independencia del nombre y del hombre que hasta hoy despacha en la Oficina Oval y del partido al que pertenezca. Siempre bajo el bello envoltorio de la libertad, la democracia y los derechos humanos, valores universales que terminan donde predominen los intereses estadunidenses.

Fracasada la estrategia que se aplicó a partir de 1961, con muy diversos medios incluida la invasión militar (Bahía de Cochinos), y acentos que llegaron a las acciones terroristas, hasta el punto de que dice el presidente estadunidense “ninguna otra nación se ha unido a nosotros para imponer estas sanciones”, anuncia que el bloqueo a la mayor de las Antillas será revisado dentro de las atribuciones presidenciales que tiene, pues la parte estructural compete al Congreso.

En consecuencia, como apuntó el presidente cubano sin abusar de la retórica “ideologizada” como su par estadunidense, “Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar.” Y subrayó que el “Presidente de los Estados Unidos puede modificar su aplicación en uso de sus facultades ejecutivas.”

En tal dirección, Raúl Castro reconoció “tenemos profundas diferencias, fundamentalmente en materia de soberanía nacional, democracia, derechos humanos y política exterior”, y reafirmó “nuestra voluntad de dialogar sobre todos esos temas.” En tanto que el estadunidense dejó claro que persistirá en sus fines imperiales por medios nuevos, aunque se curó en salud con la siguiente frase “tercerista”:

“Permítanos dejar atrás el legado de la colonización y el del comunismo, la tiranía de los cárteles de droga, de dictadores y farsas electorales (…) para promover los sueños de nuestros ciudadanos.” Sueños que acaso ni Michelle Obama le cree, pues las realidades las asume EU cuando no le queda de otra, como ahora que su hegemonía global está bajo generalizado cuestionamiento.

El esposo de la señora Michelle ilustró la naturaleza obsoleta de la política de sus antecesores, desde los tiempos de Richard M. Nixon: “Piensen que por más de 35 años hemos tenido relaciones con China, un país mucho más grande y también gobernado por el Partido Comunista. Hace casi dos décadas, restablecimos relaciones con Vietnam, donde luchamos una guerra en la que perecieron más estadounidenses que en ninguna confrontación de la Guerra Fría.”

Estados Unidos no acaba de superar los reflejos políticos y militares de aquellos tiempos, y en el caso del gigante asiático que en 17 aspectos ya rebasó al vecino del norte como la primera potencia económica del orbe (Michael Snyder dixit), Obama oculta u ignora que Nixon y Kissinger estimularon al máximo el distanciamiento de Beijing respecto de Moscú. Y esta formidable carta les permitió ser los vencedores en 1989, pero nunca imaginaron la desembocadura que tendría el proceso chino, al que hoy no saben cómo frenar.

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