miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Es inevitable una nueva guerra inter-imperialista?

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)



Obnubilados porque Vladimir Putin, para contrarrestar el cerco militar que le ha extendido la OTAN y las sanciones económicas impuestas por el gobierno de Obama a la economía global rusa, está haciendo acuerdos y grandes negocios con algunas de las más importantes economías latinoamericanas como Chile, Argentina, Brasil, Méjico, Venezuela, Ecuador y hasta con Cuba, o porque defiende los intereses de gran potencia adquiridos durante la época soviética, en Irak, Libia, Siria, Irán, Asia Central y la India, Asia del Pacifico, la península de Corea, la isla japonesa de Sajalín y China, o en los contornos de las fronteras rusas como en el Cáucaso, el Mar Negro incluidas Crimea, Moldavia-Transitria y el suroriente de Ucrania; una parte de la llamada “intelectualidad latinoamericana”, no se sabe si por nostalgia con la revolución bolchevique o inercia política “internacionalista” que viene del siglo pasado, continúan viendo al presidente Putin como una figura progresista incluso democrática y hasta antimperialista.

Enfrentado radicalmente al Imperialismo nor- atlántico cual si fuese un James Bond al revés, con una muy publicitada “sagacidad y astucia” de súper espía adquirida en los largos años de trabajo para el complejo militar- industrial-soviético, durante la llamada guerra fría iniciada en 1945 y concluida con la implosión soviética en 1991, cuando Rusia, toda Europa oriental y la república popular China pasaron a formar parte esencial y de una manera formal del sistema económico del imperialismo mundial en francés, o global en Inglés.

Con la desaparición de la superpotencia soviética en 1991 y concluida la guerra fría que enfrentó únicamente por razones ideológicas a las dos superpotencias antagónicas; Estados Unidos emergió triunfante como potencia hegemónica mundial y se dispuso a ejercer en medio de una gran euforia su dominación a una escala planetaria sin adversarios a la vista. Era el fin de la Historia y la expansión del neoliberalismo trasnacional convertido en la teología universal de lo “post”.

Sin embargo, como lo han demostrado fehacientemente varios historiadores y economistas, la economía imperialista hegemonizada por los Estados Unidos hacía dos décadas (desde la crisis del petróleo de 1973) había entrado en una profunda crisis económica y financiera (fase B del largo ciclo de kondratiev) y hasta civilizatoria con características de ser irreversible y posiblemente terminal, dependiente de las respuestas de lucha de los explotados y oprimidos del mundo. También, por esa paradojas del viejo topo de la Historia, el mundo abierto y apabullado puesto bajo los pies de los Estados Unidos resultó más difícil de controlar que en los años anteriores regidos por los pactos de Yalta de 1945, con los cuales se repartieron el mundo las 4 potencias ganadoras de la guerra contra el nazismo: el eje anglo-americano- francés y la URSS.

La disminución de las tasas de ganancia y acumulación capitalista motivada por la fase B contractiva de la crisis, llevó a los capitalistas del centro desarrollado a buscar países periféricos donde reinstalar sus industrias con fuerza de trabajo muy barata o semi esclava, a buscar ganancias express en la especulación financiera, a jugar con las cifras del desempleo y la “gobernanza” de la polarización social.

Entonces, varios países periféricos aprovechando los vacíos dejados por una imposible “omnipresencia” estadounidense y aliada, ofrecieron esa fuerza de trabajo casi regalada; los capitalistas globalizados respondieron a la lógica del capital desindustrializando varias zonas del centro desarrollado para buscar en la periferia todas las formas posibles de plusvalía con la cual especular, seguir ganando y acumulando capital. Así “emergieron” aceleradamente y se consolidaron economías como la de China, India, Pakistán, Brasil, Méjico y Suráfrica, entre las más destacadas por su densidad demográfica.

El caso de la economía rusa que siguió también el camino emergente, amerita un comentario adicional, pues además de la fuerza de trabajo altamente calificada y disciplinada durante la época soviética ofrecida a precios irrisorios a los capitalistas globales en lo que quedó del parque industrial socialista, el Estado nacional surgido de las ruinas soviéticas ingresó de lleno al mercado especulativo financiero con el saqueo de las “gigantescas privatizaciones generalizadas” realizadas por Yeltsin, desde el gobierno ruso, a favor de sus compinches de la nomenclatura partidista y la mafia de administradores burocráticos enriquecidos de un día para otro, como por ejemplo el fallecido Anatoly Sobchak coautor de la constitución neoliberal rusa y Anatoli Chubais “padre” de las privatizaciones y responsable de la nueva economía rusa, quienes (valga la aclaración) introdujeron a Putin de la mano en el círculo ultra conservador, reaccionario y corrupto del borracho Yeltsin; circulo conocido como los magnates y “oligarchs” de la mafia rusa, dominantes desde entonces de la sociedad post-soviética como Boris Berezovsky, Vladimir Gusinsky, Mikhail Khodorkovsky, Alexander Smolensky, Vladimir Potanin, Vladimir Vinogradov , Mikhail Friedman y algunos otros tantos más.

De manera que las economías de esos países llamados emergentes hoy agrupados en una sigla cómica de “brics”, donde China ocupa el primer lugar porque al parecer, debido a una combinación pavorosa de “precios comunistas y salarios capitalistas”, denominada por el gobierno chino (con el fin de engatusar incautos y post maoístas) como “socialismo de mercado”; ha superado a la economía capitalista estadounidense acelerando su crisis de hegemonía, y convirtiendo a China no solo en la parte fundamental de la economía imperialista global, sino en su principal reserva de dólares.

Si China “quisiera” derrotar a los Estados Unidos, simplemente le bastaría con convertir sus reservas de dólares y la deuda de los Estados Unidos en lingotes de oro, sin necesidad de ponerse a jugar con una supuesta guerra fría, donde la ideología explotadora y acumuladora de capital es la misma. Igual podríamos decir de la economía rusa o de la economía de Brasil o de India o de Sur África ect, que son así mismo parte integrante esencial del circuito de la economía capitalista e imperialista mundial.

Las respuestas de la economía rusa a las sanciones económicas y financieras que está implementando el gobierno estadounidense, así como las escaramuzas armamentistas (o mejor para vender armas) de rusos, anglosajones y europeos a lo largo del mundo, no van a conducir a ninguna nueva guerra fría (cuyo mayor éxito fue precisamente evitar una guerra inter-imperialista en caliente) sino a un reacomodo a codazos de la hegemonía imperialista que se está definiendo en África del norte; en el cercano oriente con el Califato Islámico post-talibán, Palestina, Israel, Siria del norte, Kurdistán e Irán; en Asia central con los talibanes y post-talibanes de Afganistán y Pakistán y que está rediseñando con una violencia armada extrema las fronteras de los Estados nacionales periféricos allí ubicados, fronteras estatales que fueron diseñados precisamente por las grandes potencias triunfadoras contra el nazismo durante la llamada “descolonización” , bajo la sombrilla de los pactos de Yalta entre Roosevelt, Churchill y Stalin.

En breve:

1) El sistema mundial del imperialismo está en una crisis irreversible (de todo tipo) pero fundamentalmente económica y financiera, posiblemente terminal (dependiendo de la lucha de clases a nivel mundial) y cuya característica principal es la perdida de la hegemonía de los Estados Unidos que solo conserva su superioridad tecnológica militar, mientras desapaciblemente ve disminuir su supremacía política y económica como por ejemplo en Ucrania, Siria o en Irán, donde USA con sus aliados político-militares de la OTAN no ha podido imponer su voluntad otrora omnímoda.

2) China, Rusia, la India, Brasil, sur África, o cualquiera de las llamadas economías “emergentes o brics”, forman parte inseparable de este sistema económico capitalista mundial actual y están sometidas a los avatares del sistema imperialista global, que como todo el mundo lo sabe, incluidos los jefes de aquellos Estados nacionales y sus camarillas corruptas de negocios, no tienen ninguna opción en un enfrentamiento militar directo o guerra inter-imperialista en caliente por un nuevo reparto del mundo en mercados o áreas de influencia.

3) Entonces, lo que se está viendo actualmente No son los preparativos de una inminente guerra inter-imperialista por el reparto del mundo, sino una lucha política violenta armada entre diversos países del sistema capitalista del imperialismo global, por conservar o de ser posible ampliar sus respectivas áreas de influencia económica (valga decir sus países y mercados dependientes) redefiniendo las fronteras de diversos Estados nacionales, en los escenarios donde la confrontación directa se está dando, es decir en la periferia del centro global, con resultados hasta ahora inciertos o abiertos.

4) Por último el jefe del Estado ruso definitivamente NO es un progresista sino todo lo contrario, y, el oponerse a los ataques de su rival Estados Unidos con discursos calificados como históricos, tampoco lo convierten en un antimperialista post -soviético. Tampoco en China hay socialismo de mercado post-marxista o cosa parecida, sino un régimen de oprobiosa explotación capitalista de millones y millones de trabajadores productores masivos de plusvalía, como tampoco, el faquir que gobierna a nombre del partido conservador y neoliberal en la India es un luchador contra la explotación capitalista.

Estos cuatro elementos de análisis y discusión general son propuestos con el fin de que sean tenidos en cuenta por los luchadores sociales de nuestra América a la hora de comprender la lucha de clases a nivel macro o global, y poder enmarcar y orientar las luchas locales de sus respectivos pueblos trabajadores latinoamericanos y caribeños en la superación de la crisis global civilizatoria en la que nos debatimos. Es decir para saber combinar adecuadamente el uso del telescopio con el microscopio. Para nada más.

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