jueves, 11 de diciembre de 2014

Estados Unidos muestra su hipocresía como policía de los derechos humanos

XINHUA

La hegemonía que ha ejercido, los interrogatorios con tortura que ha practicado y las profundas desigualdades raciales muestran la verdadera hipocresía de Estados Unidos como defensor de los derechos humanos.

Un día antes del Día Mundial de los Derechos Humanos, un informe que detalla las torturas y abusos cometidos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en contra de prisioneros en Guantánamo y Afganistán ha provocado fuertes críticas en todo el mundo.

El gobierno de Estados Unidos ama erigirse como un vigilante vehemente de los derechos humanos en el escenario mundial. En muchas ocasiones, las tropas estadounidenses, enarbolando sus orgullosas banderas estadounidenses, invadieron países que no tenían ninguna oportunidad en contra de su armamento moderno, sólo para llevar "la luz de la civilización" a cada rincón del mundo.

No se necesita siquiera un ojo perspicaz para ver a través de ese camuflaje y darse cuenta de que es la hegemonía, y no la defensa de los derechos humanos, es el código de operación de Estados Unidos.

La Bahía de Guantánamo se ha vuelto famosa por las violaciones a los derechos humanos desde 2004, pero ni el ex presidente George W. Bush ni el presidente Barack Obama han hecho nada para cambiar la situación.

El simple hecho de mirar los detalles de ahogamiento simulado, privación del sueño y abusos sexuales en el informe puede convertirse en una experiencia traumática.

Ben Emmerson, relator especial de derechos humanos de la ONU, señala que el informe revela una "política clara orquestada a un alto nivel con la administración Bush" y que algunos funcionarios de alto nivel de Estados Unidos deben ser presentados ante la justicia.

Aunque el gobierno de Estados Unidos siempre ha presentado al país como una sociedad diversa e igualitaria que puede ofrecer oportunidades equitativas para la gente de distintos contextos, la dista mucho de eso.

Una de las causas principales es la disparidad racial que sigue siendo un problema notorio que desestabiliza la estructura de la sociedad estadounidense.

Muchas barreras -- estereotipos, prácticas de vivienda discriminatorias y racismo institucional-- siguen ahí, despojando a los afroestadounidenses de las oportunidades decentes disfrutadas por los blancos.

Un estudio revelador del Instituto de Activos y Política Social descubrió que aun los logros igualitarios, como las ganancias en ingresos, pueden ofrecer riqueza desigual a los blancos y negros estadounidenses. Los desempleados negros siguen siendo el doble que los desempleados blancos.

Además de las disparidades raciales, el pueblo estadounidense también está dividido drásticamente a nivel económico, pues los pobres se hacen más pobres y los ricos más ricos.

El ayuntamiento de Nueva York aprobó en julio que un magnate de bienes raíces instalara una "puerta pobre" en una de sus mansiones, para que los residentes que viven en condominios caros puedan entrar al edificio mediante una puerta elegante con un vestíbulo al frente y quienes rentan departamento económicos usen otra entrada.

El sistema democrático de Estados Unidos, que se supone protege los derechos humanos de sus ciudadanos, no evita que los ricos usen su influencia sobre las autoridades para violar los derechos de la gente pobre.

Y lo que es peor, no evita que un oficial de policía blanco dispare al menos seis balas contra un joven negro desarmado en la calle.

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