martes, 30 de diciembre de 2014

Fuera Milani, fuera la Side. La crisis política saca a la luz un Estado de “servicios”

Marcelo Ramal (especial para ARGENPRESS.info)

El kirchnerismo ha concluido 2015 con una velada crisis de gabinete, en torno de la crucial cuestión de los aparatos de represión e inteligencia que él mismo prohijó a lo largo de una década. No es un secreto que la destitución de los jefes de la ex Side fueron la reacción oficial a la filtración de datos sobre las corruptelas K, desde los “servicios” hacia la justicia. Sin ir más lejos, la mayor de esas denuncias -la operación de lavado de dinero entre Lázaro Báez y los K- habría sido provista a los jueces desde las usinas de los “servicios” oficiales. El kirchnerismo montó un férreo sistema de espionaje y delación, que se expresó en el Proyecto X y otras operaciones de fisgoneo sobre el movimiento popular. Hace rato, sin embargo, que estos “servicios” iniciaron su pasaje al poskirchnerismo y a la oposición política, agregando otro episodio a la disgregación oficial. Pero la activación de denuncias en los estrados revela una cuestión de mayor alcance: el sistema judicial es una criatura de los “servicios”. La infiltración es mucho más vasta: por caso, un histórico de la Side, Darío Richarte, vicerrector de la UBA que cogobiernan los K con las camarillas radicales, es también el abogado de Boudou y, según algunos, propietario en las sombras de los medios del grupo Szpolski. La crisis de estos días, en definitiva, pone de manifiesto el carácter conspirativo de la llamada “democracia argentina”, movida en las sombras por elementos ligados a camarillas capitalistas y a los servicios de inteligencia internacionales.

Massa, Macri

Por eso mismo, la responsabilidad en el “régimen de servicios” se extiende a la oposición. Se ha revelado que uno de los capos del espionaje, Francisco Larcher, fue expulsado por Cristina a raíz de su afinidad política con Massa. Un columnista de La Nación ha señalado que “es sorprendente que Massa no desmienta que su frente, denominado “renovador” incluye una parte del aparato estatal de inteligencia” (22/12).

En todos estos años, las tareas de los servicios kirchneristas se desplegaron ante la completa impotencia del Congreso y, en particular, de su “bicameral de control de las actividades de inteligencia”. Las razones de esta inoperancia deben encontrarse en la complicidad de todas las fracciones opositoras. El mismo columnista señala que los “servicios” lograron la complacencia del PRO cuando, a cambio de la postulación de una diputada macrista ligada al espía Larcher en esa bicameral, le prometieron a Macri que “iban a aliviar su situación en la causa por espionaje clandestino del espía Ciro James” (ídem). Está muy claro que, a cambio de esta complacencia PRO, el kirchnerismo bajó los decibeles en el escándalo de Fino Palacios y los espías porteños, que debió haber terminado con la destitución de Mauricio Macri.

Milani

En este cuadro, la crisis intentó cerrarse con dos movidas que retratan la catadura de los “nacionales y populares”. Por un lado, Cristina colocó como jefe de gabinete de facto a Aníbal Fernández, un histórico provocador contra el movimiento popular. Del otro, ha reforzado las atribuciones del Ejército y del represor César Milani como jefe del espionaje interior. Esta decisión, sin embargo, ha llevado a la crisis a un plano superior, pues Milani acaba de ser citado a indagatoria en la causa que lo responsabiliza por la desaparición del conscripto Ledo. Nora Cortiñas, por su parte, ha reclamado que se lo investigue por el secuestro de su propio hijo. La designación de Milani -un hombre de la inteligencia militar- al frente del Ejército, delató la intención oficial de devolverle a las fuerzas armadas un protagonismo inédito en los últimos treinta años, con vistas a trasladarle a las masas el fardo de la crisis. Por eso mismo, una caída de Milani implicaría una victoria contra esa orientación represiva. Con esa comprensión, nuestros diputados presentaron muy tempranamente una iniciativa en el Congreso (ver recuadro). Ahora, la crisis abierta replantea con fuerza esta lucha, que debemos unir a la denuncia de todo el carácter conspirativo del Estado y de sus “servicios”. Señalamos la complicidad de los opositores tradicionales, que han gobernado y gobiernan con los espías, y llamamos a redoblar la movilización independiente para que se vaya Milani; por la apertura de todos los archivos de inteligencia y la disolución de los organismos de espionaje y delación del Estado.

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