miércoles, 17 de diciembre de 2014

La jefatura en el Pentágono y el problema Assad

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Al final, los problemas para la Casa Blanca se reducen al presidente Bashar al Assad y al objetivo de derrocar su gobierno. Es tiempo ya de que Estados Unidos acompañado por una acción decidida de Naciones Unidas, invierta el ejercicio con algunas medidas básicas: Primero, interrumpir la cadena de formación y traslado de terroristas desde Turquía, que atraviesan la frontera con Siria; segundo, cerrar las fuentes de financiamiento de los grupos terroristas que fueron llegando a Siria a partir de 2011, cómodamente establecidas en Arabia Saudí y Qatar como las más prominentes; tercero, que se haga uso efectivo de las resoluciones para controlar el financiamiento del terrorismo; y cuarto, detener el apoyo de Israel en diseño estratégico, adiestramiento y manejo logístico. Todo ello en función de ponerle fin al plan de derrocar el gobierno en Siria con la actividad terrorista.

Un político neo-pacifista como Chuck Hagel, con trayectoria de combate en Vietnam, resistido fuertemente por el poderoso lobby israelí de Estados Unidos, opositor a la invasión a Irak en 2003, contrario al desplazamiento de tropas estadounidenses en Siria, es reemplazado para dirigir el departamento de defensa por Ashton Carter, un tecnócrata y burócrata con trayectoria en temas de seguridad estratégica centrada en el control nuclear, partidario de atacar preventivamente las instalaciones nucleares de Irán y Corea del Norte.

El nuevo secretario de defensa, no es un especialista en política exterior y más bien se ha dedicado a los aspectos estratégicos de la defensa con un foco tecnológico. Aunque en la dimensión internacional de Estados Unidos, la línea divisoria entre política exterior y defensa es muy difusa. Físico de profesión, su trayectoria indica que se ha dedicado más bien a los aspectos administrativos y técnicos de la seguridad nacional, que a la conceptualización de ideas estratégicas en política exterior y defensa. No siendo un conocedor refinado del tema de Siria, Irak y Medio Oriente, aparece como un regreso a las posiciones más agresivas que caracterizaron a la administración de George W. Bush.

Esto consiste en la adopción de la acción preventiva en defensa como el eje en la política de seguridad nacional. En la estrategia de seguridad preventiva, hay tres principios básicos: desmantelar las amenazas cuando están emergiendo o asegurase de que no estallen; si fallara la prevención y la disuasión, enfrentar la amenaza con una fuerza militar moderna con capacidad de reacción inmediata para absorber dos escenarios de guerras importantes a nivel regional al mismo tiempo. Después del atentado a las torres gemelas fue lo que ocurrió en Afganistán e Irak.

Chuck Hagel, que desde su posición de senador siempre estuvo ligado a decisiones en política exterior, manifestó sus diferencias con el equipo de seguridad nacional del circuito más próximo a Obama, y que se hicieron públicas. Su reemplazante, si bien no es un advenedizo, es lejos de ser un experto en áreas sensibles de geopolítica y de concepción estratégica. En este sentido, deberá congeniar con un poderoso equipo de especialistas en donde Susan Rice, la consejera de seguridad nacional y uno de los miembros más antiguos del equipo cercano a Barack Obama, continuará siendo la figura central y de más peso en política exterior y defensa.

Susan Rice y Denis Mc Donough, el actual jefe de gabinete de Obama, son los únicos sobrevivientes del equipo de política exterior de la campaña presidencial de 2008 y que lo han acompañado desde un tiempo anterior a la primera campaña. Las decisiones de política exterior que se apartan de las definiciones tradicionales de contención y diplomacia proactiva, así como de dicotomías ortodoxas centradas en la rivalidad entre el realismo duro y el idealismo liberal, provienen de un trabajo en equipo en el cual Rice y Mc Donough han ocupado un papel fundamental. Son los que se han opuesto a la idea de bombardear la ciudad de Damasco y las instalaciones militares del ejército Sirio para derrocar al gobierno del presidente Assad. Sin embargo ambos han abogado por la salida de Assad y una transición política a través de impulsar a los rebeldes.

Esta estrategia centrada en derrocar a Assad, ha permitido alimentar el crecimiento de la actividad terrorista que se intenta combatir con una coalición y, es en esta doble agenda, donde se estrella la política de Estados Unidos hacia Siria. En la discusión generada a partir del cambio de secretario de defensa, se filtró la noticia de un memorándum de Hagel a Rice, recomendando una definición más clara respecto al gobierno Sirio en relación a la ofensiva contra el llamado ejército islámico o DAESH. El secretario de defensa saliente era partidario de ser más efectivos en el plan de eliminar al DAESH, aunque el fondo del asunto también consistía en anticipar el escenario inmediatamente posterior, si se cumplía el objetivo del derrocamiento de Assad. Esta ha sido ha sido una de las grandes incógnitas que quizás ha contribuido a prolongar el conflicto.

La entrevista que el presidente Bashar al Assad concedió recientemente a la revista francesa Paris- Match, hace una revisión bien completa del conflicto y lo que emerge con claridad es que Assad se ha mantenido porque ha combatido decididamente al terrorismo y como jefe de estado en una nación en guerra, ha sido el cohesionador, el aglutinador de importantes actores políticos dentro y fuera de Siria que ha permitido la sustentabilidad del estado sirio a pesar de la guerra.

El grupo de asesores más directos de Obama cerró filas en torno a una postura que se refleja en una inusual intervención pública de Anthony Blinken, el consejero adjunto de seguridad nacional: “Sabemos lo que sucede con la experiencia en Irak de la última década. Cuando se desbandan las instituciones del estado incluyendo el ejército, se produce un vacío y ese vacío se llena de cosas malas. Lo importante con Siria es llegar a una transición política en donde se preserven las instituciones del estado y que se haga claro a todos los actores, que sus bienes serán protegidos en un estado sirio que funcione. (Charla en el Carnegie Endowment for International Peace. Octubre. 2014).

A pesar de estas declaraciones, el centro del problema es la continuidad de Assad como jefe de ese estado que el consejero adjunto Blinken considera que no se debe destruir.

La pregunta del memorándum de Hagel a Rice sigue vigente, acerca de la permanencia de Assad en el poder. El ex militar y ex senador que es reemplazado como jefe del Pentágono, también debió renunciar a su ideario más bien racional y pacifista. Lo que se avecina es una reconfiguración de la política exterior de Estados Unidos, intentando recuperar el ímpetu por la supremacía que no se ha recuperado desde la debacle en Irak.

Los últimos informes del senado de Estados Unidos sobre torturas en la actividad de la CIA, moderarán nuevamente ese ímpetu. La política exterior de Estados Unidos se ha vuelto monótona y rudimentaria. El no haber impedido a tiempo la gestación y avance de una industria de actividad terrorista que se escuda bajo la fachada de un ejército islámico, es producto de una política de dominación mal concebida porque ha revertido como un boomerang, sea por defecto o acción deliberada.

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