miércoles, 10 de diciembre de 2014

La solidaridad latinoamericana con México por caso Ayotzinapa

Elisa Rosas Poblano (XINHUA)

La desaparición de 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, en el sur de México, generó una ola de solidaridad en América Latina, una región que posee capítulos amargos de violaciones a los derechos humanos en su historia contemporánea.

A las voces de las familias de los desaparecidos para exigir justicia se han unido la de grupos defensores de los derechos humanos, de la sociedad civil y de los mismos gobiernos latinoamericanos.

En esta época, en la que un acontecimiento traspasa fronteras gracias a las redes sociales como Twitter, Facebook e Instagram, los hechos de Ayotzinapa han tenido eco a lo largo y ancho de América Latina.

Para unos, el asesinato de seis aspirantes a maestros rurales y la desaparición de otros 43 en una zona pobre del sur mexicano son hechos similares a los ocurridos en las etapas más oscuras en la región latinoamericana.

Mientras unos sectores de la sociedad consideran a lo sucedido en Ayotzinapa, y la desaparición de miles de personas más en México durante las últimas décadas, como una señal significativa de la descomposición social y política de un país, otros más opinan que es un caso aislado que requiere, sí, de una aclaración oportuna por parte de los autoridades.

Durante los más de dos meses en que los jóvenes han permanecido desaparecidos, las demandas de "justicia" y de que los estudiantes "aparezcan vivos" han sido una constante. El "ya basta", "Vivos se los llevaron y vivos los queremos de regreso" han sido los lemas de diversas movilizaciones en México y otras naciones.

En México, los hechos de Ayotzinapa han sido comparados por grupos defensores de derechos humanos con los acontecimientos del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, México, donde decenas (cientos según la cifra no oficial) de estudiantes fueron asesinados por un grupo paramilitar y el ejército.

También han sido comparados con la Matanza del Jueves de Corpus en 1971, ocurrida en la capital mexicana, cuando decenas de estudiantes fueron asesinados por fuerzas del orden tras una manifestación estudiantil.

Los hechos

La noche del 26 de septiembre pasado, 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecieron y seis murieron presuntamente a manos de un grupo criminal denominado Guerreros Unidos, tras ser entregados por policías de Iguala.

Desde ese momento, las familias denunciaron las desapariciones y las autoridades, encabezadas por el entonces gobernador del estado de Guerrero, Angel Aguirre, iniciaron una investigación sobre los hechos, sin que hasta el momento se tenga información definitiva sobre el paradero de los jóvenes.

Diez días después de las desapariciones, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, expresó su "consternación" sobre los hechos y ordenó una investigación "completa y transparente".

Para el 27 de octubre, un mes y un día después de la desaparición, la Procuraduría General de la República anunció la detención de cuatro presuntos integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos, quienes confesaron haber participado en la desaparición de los jóvenes.

Tras las primeras investigaciones, las autoridades mexicanas detuvieron al entonces alcalde de la localidad de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, acusados de delincuencia organizada, secuestro y homicidio calificado.

El 7 de noviembre, la procuraduría señaló que los presuntos integrantes del grupo Guerreros Unidos confesaron que asesinaron y calcinaron a los estudiantes en un basurero cercano a la localidad de Iguala.

El gobierno federal aún considera como desaparecidos a los estudiantes, con excepción de uno, cuyos restos fueron identificados por un laboratorio en Austria, y mantiene abierta la investigación hasta que sean identificados los restos humanos encontrados en el basurero de Cocula (sur) que presuntamente serían de los estudiantes.

Pese a los avances en la investigación, las familias de los 43 desaparecidos siguen inconformes y exigen que sean encontrados los jóvenes. El grito de "Vivos se los llevaron, vivos los queremos de regreso" continúa.

Las voces en América Latina

Además de las reacciones en todo México sobre el caso Ayotzinapa para exigir justicia y expresar la indignación y rabia de los distintos sectores sociales por los acontecimientos, en América Latina se han levantado voces de apoyo y críticas a lo ocurrido.

En Bolivia, el presidente Evo Morales expresó el pasado 11 de noviembre su solidaridad con las familias de los 43 normalistas desaparecidos y con la Normal Rural de Ayotzinapa, al tiempo que lamentó lo que está pasando en México.

Por su parte, el presidente uruguayo, José Mujica, reconocido por su vida austera y por sus críticas a los políticos que sólo buscan el enriquecimiento en lugar de servir al pueblo, dijo a la revista Foreign Affairs que las instituciones de México daban la impresión de estar "carcomidas" y que existía un "Estado fallido".

Las declaraciones del jefe de Estado uruguayo causaron molestia al gobierno mexicano. Mujica declaró posteriormente que México no es un "Estado fallido" y que tiene "cimientos" que están "por encima de sus vicisitudes de hoy".

En varias naciones se han realizado manifestaciones pacíficas de apoyo a las familias de los 43 desaparecidos y en demanda de justicia, especialmente convocadas por organizaciones estudiantiles. El 20 de noviembre se llevaron a cabo protestas en otras naciones latinoamericanas de forma simultánea a las de México.

Estudiantes de la Universidad Central de Venezuela condenaron los hechos de Ayotzinapa y expresaron su "más profundo rechazo ante el vulgar asesinato de 43 estudiantes mexicanos... exigimos que se haga justicia", dijeron.

En Cuba, un grupo de estudiantes hizo un llamado "de justicia" y condenó las expresiones de "tortura" contra jóvenes mexicanos.

En un comunicado publicado por el diario oficial Juventud Rebelde, "los estudiantes de Cuba, fieles a nuestra historia de solidaridad e internacionalismo, inspirados en el ejemplo de José Martí y en las enseñanzas de Fidel, condenamos enérgicamente la tortura, el crimen y las desapariciones" en México.

Mexicanos residentes en Argentina se unieron a la manifestación semanal de las Madres de Plaza de Mayo para exigir la aparición de los normalistas. Los nombres de los 43 jóvenes fueron leídos en la emblemática plaza.

Nora Cortiñas, dirigente de las Madres de Plaza de Mayo, movimiento que exige a las autoridades argentinas el castigo para los culpables de secuestro, torturas y desapariciones forzadas durante el gobierno militar argentino, repudió lo ocurrido en México.

"Repudiamos la masacre, la gran represión a los estudiantes en México y expresamos nuestra solidaridad", afirmó.

En El Salvador decenas de jóvenes se manifestaron con pancartas y letreros con el número 43 frente a la Embajada de México en El Salvador para exigir justicia para las familias de los desaparecidos de Ayotzinapa.

Lo mismo ocurrió en Brasil, donde mexicanos residentes y estudiantes locales se manifestaron frente al Consulado Mexicano en Sao Paulo para exigir el esclarecimiento del caso y la aparición con vida de los estudiantes.

La sociedad en general dentro y fuera de México se ha pronunciado con solidaridad a los estudiantes desaparecidos y sus familias. El grito de "Todos somos Ayotzinapa" se ha dado entre artistas, intelectuales, políticos, grupos defensores de derechos humanos y sociedad en general.

Dos meses después de la desaparición, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, hizo suyo el grito "Todos somos Ayotzinapa" y dijo que la sociedad tiene razón porque México "no puede seguir así".

La preocupación del mandatario mexicano es compartida en América Latina. Las voces contra lo ocurrido en Ayotzinapa se multiplican desde la frontera sur de México hasta la Patagonia con el único objetivo de lograr "justicia" para unos jóvenes aspirantes a maestros rurales y sus familias.

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