viernes, 26 de diciembre de 2014

Las relaciones económicas que deben venir

Manuel E. Yepe (especial para AREGNPRESS.info)

Los acuerdos al máximo nivel estatal entre Cuba y Estados Unidos y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, anunciados el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, presagian una nueva etapa en las relaciones bilaterales, que obviamente debe comenzar por el cese del bloqueo económico, comercial y financiero y otras absurdas “sanciones” contra Cuba para abrir paso al desarrollo de vínculos entre naciones independientes que, por ser vecinas, están llamadas a ser intensas.

En los frecuentes encuentros que he sostenido en La Habana en la última década con académicos visitantes de Estados Unidos interesados en conocer mi opinión acerca de las perspectivas que veo en las relaciones entre Cuba y su país, una de las preguntas más reiteradas ha sido si los cubanos no temen que la entrada en el escenario cubano de las corporaciones estadounidenses pueda distorsionar el curso de los logros sociales de la revolución.

Siempre les he recordado que hace muchos años que Cuba mantiene nexos comerciales con empresas capitalistas de países de todo el mundo, con la excepción casi única de Estados Unidos, y no me parece que los capitalistas de Canadá, Europa, Asia, Latinoamérica y el Caribe, sean mejores ni peores que los de Estados Unidos. Sólo que a estos últimos les ha estado vedado por su gobierno comerciar con Cuba.

He pretendido hacerles comprender que Cuba ha sido capaz de relacionarse comercialmente con el mundo a partir del absoluto respeto al derecho internacional y el acatamiento recíproco de las leyes y regulaciones de las dos partes contratantes para beneficio mutuo, y que no pienso que las circunstancias en los vínculos con socios estadounidenses serían diferentes.

Es obvio que el aislamiento a que se han sometido las firmas exportadoras estadounidenses en función de la política de aislar a Cuba impuesta por su gobierno por más de medio siglo habrá de perjudicarles en el futuro, porque los socios cubanos, y los usuarios o consumidores de la isla, se han familiarizado con otros mercados más lejanos a causa de la práctica de esa irracional política.

Desgraciadamente, Washington sigue hablando a diestra y siniestra de boicots y bloqueos contra Rusia, Venezuela y cuanto gobierno en todo el mundo no se pliegue a sus políticas de guerra y su hegemonía global. El público estadounidense debía exigir el cese de esos boomerangs, no solo porque puede repercutir contra ellos, sino porque, casi siempre, perjudican a los sectores más humildes de los pueblos, cuya seguridad y derechos humanos resultan ser los principales afectados.

Contra Venezuela se desarrolla ahora, a raíz de las buenas nuevas respecto a la rectificación por Washington de su estéril política hostil contra Cuba, una campaña construida a base del supuesto de que el esperado deshielo político a través del Estrecho de la Florida afectará la solidaridad de La Habana con Caracas. “¿Cómo justificará Venezuela su política antiimperialista cuando su principal amigo se ha convertido en un aliado del imperio?” pregunta un plumífero al servicio de las campañas mediáticas de Washington contra Caracas. ¡Nada más absurdo!

Es obvio que las fuerzas más reaccionarias de la superpotencia acosan así a los países que no reconocen el derecho de Estados Unidos a manipular las relaciones internacionales, para que no saquen ventajas del fracaso de la política de hostilidad contra Cuba que ha resultado de crecientes presiones de su propio pueblo y de la comunidad mundial, que ahora han sido respaldadas por el gesto de valentía del presidente Obama, asediado por las fuerzas neoconservadoras que la han propugnado.

Un reciente sondeo realizado por el diario The Washington Post y la cadena mediática ABC revela que el 64 por ciento de los estadounidenses apoya la decisión del presidente Barack Obama de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba. Entre los que votan por el partido demócrata el porcentaje llega al 77% y al 49% entre los republicanos.

El 85% de los demócratas y el 64 % de los republicanos se manifiestan favorables a la eliminación de las prohibiciones que tienen los estadounidenses para viajar a Cuba.

Pese a haber estado sometidos a una carga de propaganda hostil solo comparable a la que los medios estadounidense han utilizado contra sus más poderosos enemigos durante la II guerra mundial y la parte más álgida de Guerra Fría, son numerosas las personalidades políticas, religiosas, intelectuales, científica y de los negocios que han aplaudido la decisión de Washington y La Habana de normalizar sus relaciones diplomáticas, rotas desde los primeros días del triunfo de la revolución cubana en 1959.

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