jueves, 4 de diciembre de 2014

Los mil pedazos del niño del Agote

Claudia Silva (APE)

Estaba alojado en el Instituto Luis Agote, a disposición del Tribunal Oral de Menores N°1, institución que había ordenado al instituto cuidados especiales para el adolescente por encontrarse éste en alto estado de vulnerabilidad. Su psiquis, desde muy niño pedía alimento, sostenimiento, ternura. Su familia no pudo. Las instituciones del Estado, lo abandonaron. Nadie quiso abrigarlo, y cuando el abrigo falta, la psiquis suele partirse en mil pedazos.

El instituto Agote, dependiente de la Secretaría Nacional de Niñez Adolescencia y Familia de la Nación decidió que la mejor forma de garantizar al adolescente esos “cuidados especiales” era encerrarlo en una celda de aislamiento.

Todos los que trabajamos con niños vulnerados en sus derechos, solemos preguntarnos qué sucederá con sus vidas cuando algunos de ellos comienzan a rozarse con el sistema penal juvenil. Y solemos enojarnos cuando son derivados a las residencias “educativas”, al instituto San Martín, Roca o Agote. Porque sabemos que son depósitos de niños que no tienen siquiera un dispositivo terapéutico que pueda trabajar con él su historia, ni mucho menos un proceso en el que se pueda trabajar con él o con ella hacia la construcción de un proyecto de vida distinto, una derivación apropiada, deseada y acordada. Sana.

En ocasiones he tenido la posibilidad de crear esos espacios dentro de los institutos, sin que los institutos lo supieran – porque de otro modo resultaría imposible -, y al trabajar con los niños, al haber creado un vínculo basado en la confianza, al construir con ellos un espacio donde medie la palabra, los pibes hablan.

Dentro de los que aún llamados “institutos de menores” o “residencias educativas”, la Secretaría de Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, sostenga a personal dependiente de la institución policial, resulta ser nefasto para los niños. Un día, en esos encuentros dentro de estas instituciones, el niño refirió: Ves el cana que está ahí? Bueno, vos sabés bien que acá no se puede fumar nada, no? Bueno… éste si le das la guita o le hacés “algún favorcito” hasta te lo enciende. En otra ocasión, otro niño expresó: me tengo que portar bien, porque o te cagan a palos o te encierran en “el buzón”.

Cabe aclarar nuevamente, y para que no quede ni una duda, que estas instituciones dependen de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, creadas para abrigar y no para punir. Instituciones que deban – de deber - pensar a nuestras niñeces como vulneradas históricamente por todos los adultos que deberían haberlas protegido.

Enojo, hartazgo, angustia, ira, indignación. Ante el desapego, ante la desidia. Ante el asesinato. Porque el adolescente alojado en el Instituto Agote dentro de una celada de aislamiento tuvo que ser trasladado al hospital con el 80% de su cuerpo quemado. Porque murió horas después. Porque el colchón que tenía en la celda de aislamiento no era ignífugo. Porque tenía un encendedor o fósforos para encender el fuego. Porque no tenía NUNCA que haber entrado al Instituto Agote. Porque su psiquis pedía a gritos que lo miren, que lo escuchen, que lo abriguen.

En cambio encontró la muerte. Una muerte terrible. Encerrado, en soledad. Y sin una mísera mirada.

“(…) Niño, sueño, descalzo y sin sol, veo tu luna y alguna canción,
tal vez pueda abrazarte (…) Va a ser un paraíso, donde no existe el tiempo,
quizás pueda esperarte, te hago risas en el cuerpo, en tu voz, todo ese rato,
el otoño murió, adiós luz, adiós luz, adiós luz...” (Niño, El Pintor a la Luna)

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