viernes, 12 de diciembre de 2014

México: ¡No me defiendas compadre!

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Tranquilamente y acaso sin margen para el error, es la frase que encabeza estas líneas de cristal o de papel, lo que el titular del Ejecutivo federal podría exclamar ante las declaraciones vertidas en una conferencia de prensa de fin de año, inaugurando así, muy temprano, el almirante secretario de Marina el enorme puente de Guadalupe Reyes.

El muy madrugador Vidal Francisco Soberón declaró a los colegas de la fuente lo que sigue: “Me llama la atención que, independientemente de todos los esfuerzos que ha hecho el gobierno federal para identificar los restos, detener y castigar a los culpables de lo ocurrido en Iguala en septiembre pasado, hay muchos actores tratando de desacreditar lo hecho por la Procuraduría General de la República, con dichos que no son ciertos, y esto no se vale, no se vale lucrar con estos padres de familia. Y me enoja más que manipulen a los padres de familia y se levanten demandas que responden a fines de personas y grupos ajenos a ellos”.

No sé a quién le pueda interesar los “enojos” de Soberón Sanz, más allá de su familia y de los marinos de México, pues no se manda solo por fortuna y al que lo comanda junto al Ejército y la Fuerza (débil) Aérea por mandato constitucional, dudo mucho que le angustie el estado de ánimo del lisonjero almirante, cuando la compleja realidad política apremia a Enrique Peña a tener la cabeza fría y el corazón caliente para encontrar las decisiones que le permitan en las decisivas próximas semanas promover el punto de inflexión para frenar lo que Enrique Krauze denominó –en el español El País, ahora con multimillonario accionista mexiquense–, “restablecer su credibilidad política y limitar los daños a su integridad moral. La crisis actual lo requiere”.

Para lograr lo anterior el historiador tan cercano al príncipe de hoy y de ayer, le sugiere “actuar con rapidez” y que “Esta es tal vez la petición más difícil que me gustaría hacer: que el Presidente comparezca ante la nación, reconozca sus errores y ofrezca una disculpa al pueblo de México. Nada da más nobleza a una persona en el poder que reconocer su propia humanidad”. De la exigida renuncia simplemente la descalifica con ese tono doctoral tan propio: “la mayoría de los mexicanos no pueden apoyar una demanda tan extrema”.

Pero hablamos del almirante no del accionista minoritario de Televisa.

La estrecha visión del marino Vidal Soberón generó, como es normal, la respuesta del vocero de los padres de Los 43 de Ayotzinapa. Y Felipe de la Cruz, con el verbo que acostumbra e ignoro si refleja la opinión de sus representados, reviró: “Los títeres son ellos, nosotros no somos tontos, ellos están bajo las órdenes de un presidente corrupto y asesino”.

Entre títeres y titiriteros la compleja realidad que vivimos se reduce a la muy socorrida “teoría de la conspiración”, en la que Carlos Slim y Emilio Azcárraga disputan y mueven múltiples fichas, condición a la que son reducidos los actores políticos y los agentes económicos, además del vasto, diverso y contradictorio movimiento social que pese a los serios problemas de que padece en cuanto insuficiencia programática, articulación y rumbo, se abre paso con éxito hasta hoy, aunque difícilmente perdurará con el mismo vigor y amplitud los próximo 26 días.

Dirigencia del movimiento que dio lecciones el sábado 29 al presentar a una docena de provocadores a sueldo durante la marcha masiva y pacífica del Ángel al Monumento a la Revolución, pero acaba de mostrar intolerancia al exponer sus demandas en la Cámara de Senadores hasta regañarlos, y a renglón seguido negarse a escuchar al presidente Miguel Barbosa.

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