martes, 30 de diciembre de 2014

Osuna - Casco: Genocidio por goteo

Daniel Papalardo (especial para ARGENPRESS.info)

La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada.

La vida no vale nada
si se sorprende a otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.

La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.
(Pablo Milanes)

Pasaron los feriados y los puentes, nos preparamos para enfrentar una nueva semana “corta”. Sin embargo, la realidad nos exige un recuento necesario y una reflexión, no solo para interpretar los hechos, sino también para buscar un cambio cualitativo.

Hay tres situaciones interconectadas:

1) Poco antes del mediodía un joven de 19 años de edad que estaba detenido en la Cría 14 del barrio A. Gutiérrez en Venado Tuerto (Santa Fe) se habría quitado la vida colgándose con los cordones de las zapatillas. Lo extraño es que por esas horas ya le habían otorgado la libertad y estaba a la espera de que lo registraran.

2) En un nuevo homicidio con el sello de la mafia en la ciudad más grande de Santa Fe, el hermano de un testigo clave del triple crimen de Rosario fue asesinado y un joven que estaba con él resultó herido, tras un ataque frente a un kiosco del barrio Matheu.

3) “Hay que saltar, hay que saltar, que la Justicia es popular. ” Con cánticos como ése, militantes del Movimiento 26 de Junio se agolparon ayer en la carpa roja, montada afuera de Tribunales, para celebrar las duras condenas que esperaban por el triple crimen de Villa Moreno. Luego de veinte días de juicio oral y público por los crímenes de Jeremías Trasante, Claudio “Mono” Suárez y Adrián “Patom” Rodríguez, y 35 meses de lucha de la barriada y los militantes, los jueces Gustavo Salvador, Ismael Manfrín y José Luis Mascali sentenciaron “por unanimidad” a Sergio “el Quemado” Rodríguez, Brian “Pescadito” Sprio, Daniel “Teletubbie” Delgado y Mauricio Palavecino a penas que van de los 24 a los 33 años de cárcel, por haber provocado la matanza de los tres militantes sociales, el 1º de enero de 2012

Lo primero, nos marca una continuidad en los métodos, de forma tal que nada parece ser un hecho aislado, sino por el contrario, una larga cadena de intervenciones del poder punitivo sobre los jóvenes, a quienes se sustrae de la vía pública con una legalidad viciada, y luego en dependencias del Estado su surte se vuelve aleatoria, de modo tal de terminar con la muerte, sea por “suicidio no consentido” o por “desaparición forzada” como Franco Casco.

En un segundo orden quedan por ver los extremos que se entrecruzan entre las noticias 2 y 3 en tanto hay un festejo de condena y una muerte de por medio. Sobre ambos, habrá que recordar que las sensibilidades sociales y las pautas culturales adquieren un papel vital en la conformación de la reacción penal, ya que el castigo enmarcado en una fiesta con consignas, no ha sido otro que la consecuencia necesaria de un procedimiento legal que sanciona y condena a los transgresores del derecho penal, de acuerdo con categorías y procedimientos legales específicos.

Cuando se festeja la imposición de una pena, y se canta loas al castigo, se está olvidando lo primario, es decir, que en lo que se celebra están involucrados, no sólo la administración de las sanciones, sino también el proceso legislativo, y también el de condena y sentencia, todos factores constitutivos del poder burgués concentrado básicamente en el Estado de esa clase social.

La penalidad, el castigo, es un complejo campo de instituciones, prácticas y relaciones más que un singular y esencial tipo de evento social. Significa el más claro y más extremo ejemplo de la rutina del poder coercitivo estatal que permite su legitimación y que representa una ilustración viva de una ideología que enérgicamente sanciona sus propias categorías y que simboliza uno de los más poderosos tipos de ideología en la sociedad moderna

No tener en cuenta una visión en conjunto de cada una de las instituciones que conforman el castigo legal, es lo que nos confunde y nos lleva a celebrar lo que no es pasible de celebración. Entiéndase bien, no es que no sea legítima la pretensión del esclarecimiento de la verdad y la determinación e identificación de los responsables, lo que no se ajusta a una construcción ideológica que promueve el cambio social y político, es festejar la sanción penal en sí, porque básicamente con ello, estamos legitimando esa fase del poder punitivo que los operadores Estatales, hacen funcional a los intereses ideológicos de la clase dominante y ejecutan todos los días mayoritariamente contra los jóvenes, como si se tratasen de un ente regulador de un área económica, o del comercio de mercancías.

Sin embargo, más temprano que tarde la realidad se filtra en el discurso y lo atomiza en partículas que ubican su sentido ideológico en términos concretos, revelando su sentido ontológico de falsa conciencia. El hermano de uno de los testigos del caso, resulta acribillado, a metros del lugar del triple crimen. También en los alrededores de un festejo de fin de año. La pregunta es ¿Pudo el juicio y la condena evitar esta zaga? ¿Puede la forma jurídica ser instrumento por el cual se soluciona un conflicto social y material? ¿Puede el derecho evitar el llamado “genocidio por goteo”? No hay que hacer mucho recorrido para responden en forma negativa a todos estos interrogantes.

La respuesta negativa involucra también una consecuencia necesaria. No alcanza con la puteada, o las consignas. No alcanza con el “dejen de matar pibes”, porque esos ladridos, se dirigen hacia quienes todos los días legitimamos e inclusive aplaudimos cuando imponen condenan y por esa vía nos venden su propia mercancía, que no es otra que el castigo penal, remedio inocuo e insuficiente para la violencia de calle, la concentración de la riqueza en pocas manos, la marginalidad que le corresponde como lógica consecuencia, y una sociedad culturalmente subsumida en los desvalores decadentes del capitalismo.

Cuál será la respuesta ¿Otra marcha? ¿Otra radio abierta? ¿Días en la puerta del palacio de la injusticia pidiendo castigo a los responsables directos del disparo y nunca a quienes en última instancia los generan desde la gestión de los intereses económicos dominantes a través del ejercicio legitimado por el voto del poder formal de la “democracia?

Ganar las calles, movilizarse en sentido amplio es necesario e ineludible, pero esto resulta vacío y a la larga frustrante, sino se tiene una comprensión cercana a la realidad del problema, despejada de toda falsa conciencia que la penetre enturbiando el entendimiento.

Hay que decir basta en la confianza a los partidos patronales, y a los políticos gestores de esos intereses. Un solo camino parece posible. Unidad de los trabajadores y proyecto político de esa clase social acaudillando al conjunto de los oprimidos y marginados por el sistema, que entre sus muy variadas expresiones de explotación y opresión, no trepida en el ejercicio de la violencia y su resultante necesaria, la pérdida de vidas.

El discurso abstracto y reformista, que apunta a la amplitud por encima de las clases sociales y sus intereses específicos, que diluye la lucha de clases con intervenciones presuntamente integradores, cede a diario ante la realidad y se tiñe macabramente, día a día, con la sangre de los jóvenes que pierden su vida por goteo premeditado del poder, en mal llamados “enfrentamientos territoriales”.

No hay lugar para todo ese discurso carente de toda realidad, si lo que se busca es la superación de esta situación. La tarea es despejar la espesa niebla del diversionismo ideológico esparcido por la burguesía y la pequeñoburguesía. Llamar a las cosas por su nombre: Asistimos, vivimos, en la emergente creciente de crímenes sociales gestados por el sistema capitalista y amparados por el poder formal en todas sus variantes; violencia gestada desde el poder estatal que termina con los jóvenes a los que previamente ubica en el estereotipo del peligroso social. Con esa realidad en nuestro existir, no hay otra instancia que el cambio cualitativo desde abajo, la conformación de nuevos nexos y nuevas relaciones con valores culturales diversos a los que impone el poder burgués, y revolucionariamente terminar con éste.

Presagiando la guerra y los demonios del fascismo, alguien nos dejó un mensaje concreto, entregando su propia existencia por ese anhelo: “La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente”. (L. Trotsky. Testamento)

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