lunes, 29 de diciembre de 2014

Papá Noel dejó un feo regalito a los borbones españoles

Emilio Marín (LA ARENA)

La sexta heredera en la sucesión del trono español, Cristina, irá a juicio por fraude fiscal. Este proceso deterioró el mal ganado prestigio del rey Juan Carlos e influyó en su abdicación. Monarcas vagos y mal entretenidos, y encima ladrones.

No sólo la justicia argentina sino también la española es algo retardada para dictar justicia. Es que los delitos que se les imputan a la "infanta" Cristina (comillas por sus 49 años) y su esposo Iñaki Urdangarin habrían sido cometidos entre 2004 y 2007, según el auto de elevación de la causa a juicio.

Se refiere a la desviación hacia empresas de fachada propias del matrimonio, como Aizoon, donde eran propietarios en un 50 por ciento cada uno, de unos 6.1 millones de euros de fondos públicos captados por la Fundación Nóos, que supuestamente era una fundación sin ánimo de lucro que organizaba eventos deportivos.

Urdangarin había sido un jugador profesional de Handball que tuvo intervenciones en Juegos Olímpicos. Y de ese alto, rubio y jugador se enamoró la borbón. Obviamente, con el recato que caracteriza a la mayoría de la prensa, sobre todo en ese tiempo, ningún medio se atrevió a llamarla "botinera", o sea una enamorada de un atlético con botines de oro, como una vulgar Wanda Nara de Argentina (claro que la plata no la tenía Iñaki).

Vaya si Nóos tenía fines de lucro. Como sus directivos eran parte de la familia real, muchas dependencias oficiales y presupuestos del reino les daban generosos contratos para organizar eventos, pero los goles eran siempre de Urdangarin y sus socios.

El juez José Castro, de Palma de Mallorca, descubrió en 2010 la punta del ovillo, dicen que por casualidad, investigando posibles "retornos" en la ampliación de un aeropuerto en la isla. Así cayeron en su poder ciertos documentos propios del otro affaire, el que comprometía al ex jugador y su esposa, junto al socio del primero, Diego Torres.

La labor judicial parece haber sido muy buena y eficaz, pero las chicanas jurídicas y apelaciones de la defensa de los 17 imputados hizo que todo se demorara. De allí el comentario sobre el retardo de justicia: delitos concretados en 2004, proceso iniciado seis años más tarde y elevación a juicio a fines de diciembre de 2014, casi con la llegada de Papá Noel. El juicio propiamente dicho se celebraría en la segunda mitad de 2015 en la Audiencia de Palma, aunque otros cálculos más realistas dicen que recién se haría en 2016 si es que el sistema judicial, político y financiero ibérico no halla alguna salida "legal" de último momento para salvar a la princesa. Luego habrá que ver cuándo se dicta sentencia y cuándo ésta será confirmada, con otras apelaciones de por medio.

En el mejor de los casos, habrán transcurridos más de doce años desde que los supuestos delitos fueron cometidos. Eso es justicia, bastante demorada...

¿Sólo amor?

Cuando a fines de 2011 las pruebas empezaron a comprometer seriamente a la integrante de la casa real, la monarquía puso todo el aparato judicial para tratar de salvarla, que era también una forma de conservar el prestigio restante del rey Juan Carlos.

Así, la única vez que Cristina declaró ante el juzgado de Castro, dijo que el manejo de Aizoon corría completamente por cuenta de su esposo, al que confiaba todo en base "al amor".

En ese momento al principal imputado en la causa le reprochaban nueve cargos, de los más graves, y a la propia infanta al menos dos: lavado de dinero y fraude fiscal. Entre el fiscal del caso y una Cámara de Apelación lograron disminuir la carga que amenazaba doblegar a la imputada con muchos años de cárcel y le quitaron la imputación más grave, de lavado de dinero. Quedó la de defraudación al fisco, por haber desviado junto con Urdangarin aquellos fondos públicos, que el matrimonio gastaba en sus menesteres: arreglos del Palacete de Barcelona, gastos en viajes alrededor del mundo, fiestas y otros eventos familiares.

El juez Castro dijo que la infanta no podía no saber que esos fondos de la empresa de la que era copropietaria no eran legítimamente ganados. Puede que Cristina amara a Iñaki, pero también amaba usar la tarjeta de Aizoon y hacer gastos que en el período investigado sumaron 700.000 euros. Su abogado defensor dijo que por supuesto su clienta estaba dispuesta a pagarlos de inmediato con tal de evitar un desenlace judicial. Los borbones hacían una "vaquita" y listo, saldaban esa suma muy pequeña para ellos.

Hay que tener en cuenta que la casa real recibe una partida de 7 millones de euros anuales para su manutención. Con sus ahorros e intereses, sin contar con negocios especiales como los destapados por Nóos, podían afrontar esa demanda judicial.

Sin embargo, el magistrado se mantuvo firme en que Cristina debía ir a juicio por dos casos de fraude fiscal. Le fijó una fianza como responsabilidad civil de 2.6 millones de euros, que para su esposo ascendieron a casi 15 millones. La señora podría recibir una pena de 4 años de prisión, en tanto Urdangarin, acusado de malversación de fondos públicos, estafa y blanqueo de capitales, entre otros graves cargos, podría estar 20 años en la cárcel.

Se reitera: son máximos posibles. De allí a que se cumplan, habrá que verlo. Por ahora lo que hay es el anuncio de elevación de la causa a juicio, que se difundió el 22 de diciembre pasado. Y tuvo el mérito de constituirse en el primer caso conocido -puede haber otros soterrados- en que un miembro de una casa real vaya a juicio.

Uno de los abogados de la infanta, Miquel Roca, trató hasta último momento de evitar el juicio apelando a la denominada "Doctrina Botín". Hace años el banquero Emilio Botín, recientemente fallecido y dueño del banco Santander, logró evitar un juicio porque la fiscalía y la abogacía del Estado lo pidieron. Esa doctrina empresarial hasta la coronilla, aceptada por la Corte Suprema de España, establece que el criterio de la fiscalía y los representantes del Estado son determinantes para mandar o no alguien a juicio.

Claro está, para beneficiarse de tal enfoque, hay que tener coronita. El banquero Botín la tuvo, labrada en millones de euros. La corona de Cristina está venida a menos...

Haraganes y algo más

Desde que estalló el escándalo Nóos, a fines de 2011 con el primer procesamiento del yerno del rey, la relativa popularidad de la casa real fue cuesta abajo. Sería injusto atribuirle toda esa decadencia a los negocios sucios que se ventilan en este juicio. Hay muchas razones de gran peso que explican el creciente aislamiento social de los borbones. Entre otros un desempleo que en el primer trimestre de 2014 ascendió al 25,6 por ciento de la población económicamente activa y el número absoluto de desempleados a casi 6 millones de personas, con medio millón más que dejó de buscar trabajo, desahuciado de no hallarlo.

Esa crisis económica y social se debe básicamente a cuatro actores españoles, más los roles de primer importancia de Estados Unidos y Alemania, por citar a dos potencias económicas que tanto tuvieron que ver con la crisis iniciada en 2008.

Los cuatro actores ibéricos son los borbones como monarquía, Botín y sus colegas banqueros y dueños de poderosos grupos económicos, y los dos partidos políticos del sistema (Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español; ni uno ni otro son lo que sus nombres de fantasía dicen).

Ese cuarteto de responsables están entrelazados en el poder y en general actúan como un bloque, cuando se trata de salvar el sistema capitalista atrasado de la Península. Una ocasión más en que formaron una banda fue el 2 de junio pasado cuando Juan Carlos anunció que abdicaba. El PP y el Psoe se coludieron para dar un rápido tratamiento en las Cortes a la ley que aprobaba esa renuncia y la entronización de su hijo Felipe VI, el 19 de junio.

Una pequeña muestra de ese contubernio lo da el empleo formal de la infanta Cristina, que hace años dizque trabaja en la Fundación La Caixa, la banca de Barcelona que es controlante de Repsol, la misma que supo desfinanciar y vaciar YPF. La Caixa le conservó el puesto y favoreció su traslado a vivir en Ginebra, para sacarla un poco del medio español, donde estaba algo atosigada por las noticias de su procesamiento.

Se sabía que Suiza era plaza financiera mundial de plata no registrada, pero ahora ve que también lo es de personajes que necesitan cambiar de aires. "La raza de relojeros", según Ernesto Sábato, también tiene otros oficios mucho menos nobles y puntuales, pero más rentables.

Como se hacen comparaciones entre argentinos y españoles, al cronista le gustaría saber si la clase media venida a menos por la crisis en la Península también hace centro en criticar a "los delincuentes" como el gran mal de su barrio y la humanidad. Así razonan muchos vecinos de la Capital Federal y Buenos Aires para quienes la inseguridad es el principal motivo de queja (bancos como Río-Santander y Francés-BBVA, monopolios como Telefónica y vaciadores como Repsol no tendrían nada que ver con las vicisitudes argentinas).

La pregunta es si aquellos españoles y argentinos de centro-derecha incluyen o no a la infanta Cristina entre los mayores delincuentes, esos que tienen que recibir duras penas de prisión, o si siguen creyendo en las historias menudas de reyes y princesas, leyendo el diario monárquico ABC y la cholula y farandulera revista Hola.

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