martes, 9 de diciembre de 2014

¿Qué entender por progreso?

Darío Machado Rodríguez (ACTA)

El importante volumen de necesidades insatisfechas que tiene hoy la sociedad cubana como resultado principalmente del período especial y del bloqueo norteamericano hace que avanzar económicamente sea indispensable para satisfacerlas y para que no haya un incremento de la pobreza, y no solo para mantener las conquistas sociales de la revolución socialista.

Pero en el mediano y largo plazo, sin un compromiso consciente de las grandes mayorías ciudadanas con un ideal compartido acerca de qué entender por “progreso”, “prosperidad” y “desarrollo”, sin un consenso suficientemente estructurado y arraigado que fundamente las convicciones y la educación ciudadana acerca del futuro deseado, es previsible que la influencia del mercado, tanto interna como externamente, termine desarticulando la sociedad cubana y dominándola,…

En una ciertamente interesante conferencia organizada hace algunos años por el Instituto de Filosofía del CITMA, impartida por la filósofa belga Dra. Isabelle Stengers quien fuera colaboradora del reconocido científico Ilia Prigogine, le pregunté sobre el debate en los medios académicos europeos del concepto de progreso y me contestó lisa y llanamente que eso no se discutía en Europa, respuesta que me inhibió de continuar un intercambio sobre el tema.

Pensar acerca de cualquier concepto requiere como premisa considerar que es importante hacerlo, de manera que lo primero es responder la pregunta ¿Es importante para la sociedad cubana actual esclarecer lo que significa progreso?

El concepto de progreso se asocia con los de prosperidad y desarrollo. Cuando se dice que una sociedad “progresa” generalmente se entiende que es “próspera”, que mejora, que se desarrolla, aseveraciones que nos remiten de inmediato a nuevas preguntas ¿Cuándo se está mejor? ¿Puede garantizarse el progreso y la prosperidad sin tener en cuenta las consecuencias del desarrollo en una u otra dirección y magnitud? Lo anterior significa, que el progreso de algo, de alguien, de una comunidad, de una sociedad está en relación directa con los objetivos que se proponen.

Dado que la sociedad es un fenómeno extraordinariamente complejo y contradictorio, “progresar” tiene dimensiones y calidades diferentes, lo que significa que se puede estar “progresando” en un sentido y en situación regresiva en otro, lo que nuevamente corrobora la importancia de los objetivos compartidos que están en relación directa con los valores que se reconocen y sustentan.

Restar importancia a estas preguntas o simplemente no tenerlas en cuenta sustrae a la sociedad de un pensamiento acerca del futuro. Hablar de “progreso”, “prosperidad” y “desarrollo” sin explicar a qué nos referimos, no solo es repetir generalidades, sino que deja fuera lo principal.

Los esfuerzos actuales de la sociedad cubana en función de avanzar hacia un socialismo próspero y sustentable implican direcciones importantes de las funciones económicas metabólicas, tales como un mayor espacio a las relaciones mercantiles, apertura al capital inversionista extranjero, mayor inserción en el mercado mundial, incremento de los intercambios personales de ciudadanos cubanos con los de otras realidades, con otros puntos de vista acerca de la vida y la sociedad.

El importante volumen de necesidades insatisfechas que tiene hoy la sociedad cubana como resultado principalmente del período especial y del bloqueo norteamericano hace que avanzar económicamente sea indispensable para satisfacerlas y para que no haya un incremento de la pobreza, y no solo para mantener las conquistas sociales de la revolución socialista. Pero en el mediano y largo plazo, sin un compromiso consciente de las grandes mayorías ciudadanas con un ideal compartido acerca de qué entender por “progreso”, “prosperidad” y “desarrollo”, sin un consenso suficientemente estructurado y arraigado que fundamente las convicciones y la educación ciudadana acerca del futuro deseado, es previsible que la influencia del mercado, tanto interna como externamente, termine desarticulando la sociedad cubana y dominándola, por más que persistan estructuras estatales, gobierno constituido, constitución, leyes, etc. que para entonces estarían sustancialmente transformados. En consecuencia, si se acepta que existe tal amenaza, cabe poner en un primer plano la explicación de lo que significa progreso y prosperidad y el logro de un consenso mayoritario que debe quedar reflejado en el programa.

Hace algún tiempo leí una nota breve de un economista que veía como paradigma del desarrollo los modelos asiáticos que han logrado notables incrementos de sus fuerzas productivas. Hay quien se forma la imagen de progreso por la que proyectan los seriales y películas norteamericanos. Hay quien ve el progreso, la prosperidad y el desarrollo en el incremento del PIB y hay quien lo mide por lo que se puede poner en las vidrieras: progreso y prosperidad para estos últimos es “más cosas, más consumo”. Nuestro paradigma de prosperidad debe parecerse a nuestra idiosincrasia y a nuestra cultura.

Es cierto que hoy las urgentes necesidades de la sociedad cubana están pautando el rigor de las medidas económicas y sociales en curso, pero una cosa es la proyección estratégica y otra la superación de las coyunturas, por más que están indisolublemente vinculadas y las preguntas siguen siendo: ¿puede tener alguna oportunidad de avanzar social y económicamente una sociedad subdesarrollada y con escasos recursos naturales como la cubana abandonando el propósito socialista al “libre desarrollo de las fuerzas productivas” cuyo avance si bien es fundamental es solo uno de los criterios de progreso? ¿Es dable pensar que abonar “a como de lugar” el incremento de las fuerzas productivas es el camino para asegurar el futuro socialista dejando que las fuerzas productivas “hagan lo suyo”? ¿Se lograrán en Cuba sin un papel activo de la ideología socialista y la orientación revolucionaria los efectos beneficiosos del desarrollo de las fuerzas productivas evitando así que el mercado capitalista pueda dominarla?

La búsqueda de respuestas a las anteriores preguntas nos conduce a evaluar los fundamentos de la asimilación mayor del mercado en la sociedad cubana, junto con la necesidad de construir en sus rasgos generales el concepto de progreso y de prosperidad que compartiremos.

Obviamente el concepto de “progreso” como el de “prosperidad” y el de “desarrollo” no están dados de una vez y para siempre cual dogma invariable; no obstante, los elementos básicos que lo conformarían (a la vez que marcarían las diferencias con otras construcciones) determinarán en las consecuencias de adoptarlo como modelo.

La preocupación por el futuro

La preocupación por el futuro es una premisa fundamental para elaborar un concepto de lo que significa “progreso”. Elaborar un concepto de progreso orientado desde una perspectiva humanista, solidaria y justa, amigable con la naturaleza y signada por la cooperación implica compartir la necesidad de pensar en el futuro. Solamente un egoísmo insensible tipo “después de mi el diluvio” puede persistir en un concepto de progreso explicado por la idea de “tener más”, sin límites, sin jerarquías de intereses, sin calidades, que terminarían imponiendo a la sociedad las estructuras jerárquicas que genera el mercado capitalista.

El reconocimiento de que durante mucho tiempo se sobredimensionó el papel de la ideología y de la política desatendiendo el de la economía, y que la economía tiene sus especificidades que regulan el metabolismo socioeconómico, no puede conducir a debilitar la incidencia de la sociedad en la economía, lo que en la más urgente actualidad significa garantizar desde el vamos que la sociedad no se subordine al mercado, sino que sea a la inversa, propósito para el cual es indispensable precisamente el modelo futuro del progreso, de la prosperidad, del bienestar, del desarrollo, que se puede construir y enriquecer a partir de los fundamentos de la ideología socialista cubana, modelo que si bien no puede construirse en detalle, sino solamente en sus rasgos generales, estos no pueden ser tan gruesos que no permitan distinguir diferencias básicas que le den identidad.

Y ello genera entonces nuevas preguntas que la teoría de la construcción socialista debe encarar y responder. Es preciso recalcar la necesidad de la teoría de la construcción social, factor que todavía muchos desdeñan o minimizan. No es posible hablar de construcción socialista evadiendo la perspectiva científica, si se desestima no es difícil caer en soluciones economicistas contraproducentes e infuncionales. El socialismo es una sociedad que se construye y debe ser pensada y repensada lo que será un ejercicio exitoso si esa proyección se fundamenta científicamente.

Entre las muchas interrogantes que produce la intencionalidad de elaborar sobre la base de la experiencia acumulada y de la que se acumula en la aplicación de los Lineamientos, una teoría de la construcción socialista en Cuba que fundamente la elaboración del Programa o de la Plataforma Programática de la sociedad cubana, estarían las siguientes: ¿Hasta dónde propiciar la inversión extranjera? ¿Hasta dónde propiciar la propiedad privada? ¿Cómo organizar a lo interno las diferentes formas de propiedad de los medios de producción de bienes y servicios? ¿Cuáles los límites del enriquecimiento grupal e individual? ¿Cómo debe ser la orientación del consumo en el socialismo cubano? ¿Cuáles serán las funciones laborales jerarquizadas por el país, cómo se expresará material y espiritualmente esa jerarquización? ¿Cómo se descentralizará el poder, cómo se distribuirá en los colectivos laborales, las comunidades? ¿Cómo se redistribuirá el producto social? ¿Cómo debe ser la educación para contribuir a la construcción de una ciudadanía activa, creativa y responsable, de un ciudadano consciente y libre? ¿Cuál debe ser el papel del desarrollo científico y tecnológico? ¿Cómo debe continuar la construcción del sistema político de la sociedad socialista cubana? y muchas otras, cuyas respuestas consensuadas expresarán los rasgos del progreso al que se aspira.

La producción y la distribución forman parte de la misma cadena reproductiva y puede entenderse que primero hay que producir para después distribuir, como también que la distribución es premisa de la continuidad del proceso productivo. Pero en esta relación, es preciso preocuparse no solo por cómo se distribuye lo que se produce, sino también por cómo se produce lo que se distribuye, porque el modo de producir y realizar la producción en el mercado puede abonar cualidades diferentes en las personas y tener una importante incidencia en la fortaleza del consenso ciudadano, indispensable para avanzar en el programa. Hay mucho para pensar.

Darío Machado Rodríguez es Presidente de la Cátedra de Periodismo de Investigación y Vicepresidente de la Cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

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