viernes, 12 de diciembre de 2014

¡Que no nos duerman, vamos a la calle!

José Rigane (ACTA)

La CTA vuelve a la calle el 18 de diciembre. Sale para pelear por el bolsillo de los trabajadores, que este 2014 se vio fuertemente afectado por la inflación, que más allá de cuánto sea, afecta directamente al bolsillo de los sectores populares.

Marchamos por un Bono de Fin de Año de 4 mil pesos para todos los trabajadores y para los integrantes de las cooperativas y planes sociales y por el aumento de emergencia para los jubilados, ya que el 85% de ellos están por debajo de los $5.000 y nadie puede vivir así. Como dijo Marcos Wollman (Mesa de Jubilados - CTA): “El 18 vamos a brindar con pan y agua porque todavía seguimos con jubilaciones de hambre”.

La CTA sale a la calle porque es autónoma de los partidos y los gobiernos y no tiene pactos de silencio con el poder. Nuestro compromiso cuando dimos el paso para fundar la CTA en 1991 fue estar siempre con los trabajadores y hoy es lo que estamos haciendo. No hay motivos para irnos de la calle y sobran los motivos para la lucha. Hay un fuerte compromiso histórico y una legitimidad en la clase trabajadora ganada con los años y coherencia por parte de nuestra central.

El proceso inflacionario es real y las familias de los trabajadores son las que pierden poder adquisitivo mes a mes y, así, los salarios compran cada vez menos. Mientras las multinacionales y los grandes operadores políticos amasan fortunas, los argentinos (la inmensa mayoría) deben mirar mansamente como su situación empeora.

Por eso es importante no dejarse llevar por los discursos que llaman a no protestar, ni reclamar ni organizarse. Son discursos que llaman a no hacer nada.

Es importante seguir movilizados porque así lo demuestra la realidad económica del país. Pero también para construir una agenda propia del movimiento obrero, que tiene que pasar por el Bono de Fin de Año de 4 mil pesos en lo coyuntural, pero que desde una visión estratégica se suman otras demandas igual de importantes, como la lucha contra la precarización laboral, las tercerizaciones y el trabajo en negro que afectan a una masa de trabajadores muy grande (alrededor de un 34%) y que este gobierno no modificó en sus 11 años al frente del ejecutivo.

Pero también, los trabajadores debemos instalar una agenda de ofensiva por mejoras en las condiciones laborales en cada puesto de trabajo en toda la Argentina y por la libertad y democracia sindical. Es decir, si bien es importante la lucha contra el Impuesto a las Ganancias (que en realidad es un impuesto al salario), la agenda de los trabajadores debe también contener otras demandas fundamentales.

En la calle nadie lo duda, los economistas le ponen números a esa realidad. Si usamos las cifras oficiales en los últimos informes para el 2014 se destaca una caída de entre el 2 y 5% del salario real para el sector privado y el público (en comparación al 2013). Seguramente con estadísticas confiables la caída sería más abrupta (entre un 10 y 12%), más cercana a lo que vemos todos cada día.

La novedad es que algunos dirigentes sindicales han comenzado a reconocer la pérdida del poder adquisitivo del salario. Ellos, negadores seriales, lo hacen –quizá- por amor propio para no quedar en ridículo, pero la estructura de poder que han creado no les permite tan fácilmente salir a la calle y luchar por la defensa del bolsillo de los argentinos. La cercanía y los favores a la Casa Rosada y el Ministerio de Trabajo (con el actual o próximo gobierno) “no se negocia”, parecen querer decir algunos de esos dirigentes sindicales. Pero lo que realmente importa son los trabajadores y no tanto sus dirigentes, y es ahí donde la agenda propia del movimiento obrero toma relevancia.

Como decíamos más arriba, la precarización laboral es un eje que atraviesa a la clase trabajadora en su conjunto. Preocupa la extensión de este resabio de la década de los ’90 que es la flexibilización y precarización laboral, que actúan como formas de control de los trabajadores y como una nueva embestida del sector empresario. Pero después de 11 años, el gobierno nacional no modificó los niveles de precarización, lo que da la clara pauta de que no es un fenómeno exclusivo de los 90 y forma parte como base estructural donde también se apoyó el modelo kirchnerista.

Salimos a la calle el próximo 18 de diciembre también para exigir otro modelo productivo. Debemos frenar a tiempo la reprimarización de la economía y las estructuras de negocios para las multinacionales extranjeras y sus socios locales. Junto a la extranjerización de los sectores sensibles de la economía, estos fenómenos actuales afectan directamente a la vida cotidiana de los trabajadores y los sectores populares.

Que no nos duerman, la pelea sigue y la CTA Autónoma continúa convocando a construir una Argentina nueva donde el bienestar sea, por una buena vez y para siempre, de los trabajadores y el pueblo.

José Rigane es Secretario Adjunto de la CTA; Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA-CTA).

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