martes, 9 de diciembre de 2014

Reformas chocan con la sociedad chilena

Margarita Bastías (ANSA)

El proceso de reformas de la presidenta Michelle Bachelet choca con la conservadora sociedad chilena y una clase media emergente que no quiere es perder su estándar de vida nunca antes soñado.

Los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) y Adimark, (vinculadas al empresariado) encendieron las alarmas del oficialismo luego que la mandataria redujera su respaldo en 12 puntos llegando al 38 por ciento luego que en marzo fuera elegida por segunda vez con el 67 por ciento de los votos.

La oposición pide cambio de gabinete y fin a las reformas, mientras el ex ministro de Hacienda y ex senador demócrata cristiano (DC), Alejandro Foxley, llamó la atención sobre una nueva clase emergente que tiene poder y que "quiere seguir siendo feliz en los grandes centros comerciales, que no pare el consumo y por ningún motivo volver a ser pobre". El senador del derechista partido Renovación Nacional, Manuel José Ossandon (el político de derecha mejor evaluado en las encuestas y que se define de una derecha con rostro social) señaló que ha escuchado a sus amigos del barrio alto "que viven en grandes casas, decir que se sienten quebrados porque han bajado el consumo". Las reformas tributarias y educacionales han encontrado una alta resistencia en los sectores medios y altos que ven afectados sus intereses, incluso al interior de la propia coalición de la presidenta, la Nueva Mayoría que agrupa a DC, socialdemócratas, socialistas y, por primera vez, comunistas. Aunque la DC encabezó en 1964 las más grandes transformaciones sociales, con el presidente Eduardo Frei Montalva, hoy juega a ser un dique de contención. Sus propios socios la acusan de haberse derechizado y haber "cocinado" con los sectores más conservadores la reforma tributaria que aminora los controles sobre la evasión y elusión, aunque mantiene el propósito de recaudar 8.200 millones de dólares para los programas sociales.

En educación, la DC ve afectado, al igual que la jerarquía de la Iglesia Católica, su poder en los colegios particulares subvencionados que reciben dineros públicos y además les cobran a los apoderados. La propuesta de Bachelet de poner fin al lucro, a la selección y al copago no ha caído bien en estos sectores y menos en la oposición, que ven que le están cambando el modelo heredado de la dictadura. El Ejecutivo tampoco ha hecho bien las cosas y se ha enredado con mensajes comunicacionales que han confundido a la población restándole apoyo a las reformas y a la presidenta en la base popular. Por primera vez, las encuestas muestran que ha perdido en sus principales atributos: credibilidad y cercanía, y en la clase media y las mujeres es donde más baja. Por primera vez también su porcentaje de mejor político evaluado es igualado por el otrora outsider y díscolo ex diputado que renunció al partido Socialista para formar el Progresismo (PRO), Marco Enríquez Ominami. Ya dos veces candidato presidencial, apuesta a que la tercera será su oportunidad en 2017 y para ello tiende puentes con sus ex aliados, que aún se resisten a contestarle el teléfono. "Hay que ayudar a empujar la micro (ómnibus) que conduce Bachelet que está estancada en el barro", declaró Enríquez-Ominami tras el 50 por ciento de aprobación en las encuestas. El líder del PRO rechaza "decir que son muchas las reformas, todo lo contrario: faltan reformas. El sistema de jubilación de AFP fracasó. Sólo en educación faltan 30 reformas, como profesores, selección de ingreso a la universidad, medición de calidad educacional, sacar los colegios públicos de la administración municipal, educación superior, primaria. La estrategia será empujar a que avancemos más".

"La presidenta eligió un camino complejo, lleno de barro, donde las reformas se están enredando y no podemos echar marcha atrás. Me propongo ayudar al impulso transformador en el que está ella. Voy a poner todo mi capital político pequeño que uno tenga al servicio de que salgamos del pantano", dijo.

Precisó que no se sumará al coro de los que intentan bloquear las reformas, sino que cooperará en profundizarlas.

Aunque la mandataria no lo ha recibido, su idea es seguir proponiendo un camino distinto "en educación pública, un esfuerzo legislativo y administrativo inmediato; en educación superior: no hay que abandonar el tema de la gratuidad. E insistir en el tema de la Constitución. Lo que está en juego es que alguien del Gobierno podría sentir que hay que retroceder. Eso sería un tremendo error", expresó a El Mercurio.

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