martes, 23 de diciembre de 2014

Resaltan abandono de la población indígena de Paraguay

PL

La población indígena de Paraguay sigue hoy postergada y sufriendo un gran abandono de acuerdo con el resultado de un censo oficial cuyos datos fueron divulgados en Asunción.

En el país mediterráneo existen 117.150 indígenas con el 53,8 por ciento asentado teóricamente en la región oriental y el 46,2 por ciento en el extenso Chaco paraguayo, según los resultados del III Censo Nacional para Pueblos Indígenas hecho por la Dirección General de Estadísticas y Censos.

Es grande la vulnerabilidad de las familias pertenecientes a los pueblos originarios, tanto desde el punto de vista económico como social y una de las principales debilidades es la falta de atención en el campo de la educación.

La población indígena de 10 años o más de edad mantiene un pobre logro en lo referente a la educación formal, cursa apenas un promedio de tres años de estudio si es que logran su acceso en las áreas rurales mientras en las urbanas alcanza los cinco años de escuela con el principal obstáculo de la pobreza.

El censo plantea un 37,6 por ciento de analfabetos entre los integrantes de esos pueblos con 15 años o más de edad, cifra considerada aun mayor por algunos otros estudios, y cuatro personas de cada 10 no tienen concluido el segundo grado de la educación primaria.

En cuanto al idioma, el 49,3 por ciento de la población indígena de 5 años y más de edad, utiliza como primer idioma su respectiva lengua y el 48,9 por ciento habla el guaraní, segundo idioma oficial en el Paraguay, mientras el resto se comunica con otro autóctono diferente a los mencionados.

Apenas el 64 por ciento de ese sector poblacional cuenta con cédula de identidad mientras se presentan oficialmente como mejoras unas estadísticas tan demostrativas del abandono social como un pequeño 15,1 por ciento de viviendas con agua corriente y un calculado 31 por ciento a las cuales llega la electricidad.

A pesar de lo anteriormente señalado resulta evidente la presencia indígena, en condiciones casi infrahumanas, en los bolsones de pobreza extrema existentes en los alrededores de Asunción y otras ciudades y la presencia física, también en forma deplorable, en algunas zonas céntricas de Asunción.

La muerte de una mujer indígena que formaba parte de un grupo asentado hace muchos meses en plena calle de Asunción y cerca del Instituto de Desarrollo Rural y Reforma Agraria responsable, precisamente, de la atención a este sector, graficó dolorosamente la exclusión denunciada por organizaciones sociales de la nación.

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