miércoles, 10 de diciembre de 2014

Televisa se desmarca y EPN la aplaude

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Mientras Televisa se desmarcó rudamente la noche del sábado 6 de Enrique Peña Nieto, por medio de Eugenio Derbez y de Carlos Loret de Mola durante el arranque del Teletón, el mexiquense llenó de elogios a la trasnacional número uno de habla hispana, en el Tercer Encuentro de la Comunicación, realizado en el marco de la 24 Cumbre Iberoamericana a la que no asistieron Dilma Rousseff y Cristina Kirschner, y Evo Morales la descalificó.

Dijo Peña Nieto, el criticado por el exitoso actor y comediante Derbez quien ni siquiera vive en México, sino en la comodidad de Miami, Florida, que “Para los mexicanos es motivo de orgullo tener una empresa mexicana como Televisa”.

Sabedor de la naturaleza polémica de su afirmación, se curó en salud el titular del Ejecutivo federal y en Boca del Río, Veracruz, retó:

“Para algunos, déjenme decir, pudiera –Emilio (Azcárraga) lo entenderá y quienes están aquí como miembros de Televisa– pensar que es equivocado hacer un reconocimiento a esta gran empresa mexicana. Pero para el presidente de la república es motivo de orgullo tener a una empresa mexicana productora del mayor número de contenidos de habla hispana, que proyecta a nuestro país no sólo en las naciones de habla hispana, sino en el mundo entero. Es un medio que proyecta a México en el mundo y esto a los mexicanos nos enorgullece”.

Aparte de la costumbre de hablar de sí mismo en tercera persona del singular –práctica que usaba Felipe Calderón para satisfacer la hambruna que tenía de que lo llamaran presidente después de aquella contienda electoral cuestionada como ninguna otra en la plaza pública–, lo que importa es dilucidar por qué después de que el imperio televisivo de 13 de los 40 dueños de México –como en el porfiriato hace más de un siglo– tomó distancia de la Casa Blanca en las Lomas, pero sin desmentir ni una coma de lo informado por Angélica Rivera, y de la barbarie en Iguala. Como si Ángel Aguirre no fue uno de sus clientes favoritos y con dinero público auspició el Festival Acapulco, que los amos de la frivolidad, la chabacanería y la basura televisiva transmitieron a los cuantos días de la tragedia que aún conmueve a muchos.

Cierto es que el deslinde del consorcio que preside Emilio Azcárraga III no es nuevo, hace semanas que el cuarteto de intelectuales que analiza todos los temas que le pongan enfrente en Forotv y el mejor cotizado, comenzó la tarea pero sin mediar, como allí es costumbre, los antecedentes del asunto y su contexto, mucho menos la autocrítica de una empresa que en buena medida construyó la imagen del gobernador del estado de México y precandidato presidencial, la candidatura a primer inquilino de Los Pinos, el triunfo y los impugnados resultados con un problema de legitimidad que ahora alcanza proporciones de crisis política, y que cobijó los primeros dos años de gobierno, impulsando las reformas estructurales, magnificando alcances y bondades hasta catapultar el descubrimiento estadunidense del “momento mexicano” y del que ahora nadie quiere hacerse cargo.

Si el deslinde de Televisa obedeció al ansia por cumplir la meta económica del sufrido Teletón que a duras penas la alcanzó, o más aún para lavar la imagen del cuasi monopolio porque Azteca no le hace ni sombra, pareciera una operación demasiado costosa para tan poco.

Si la excesiva caballerosidad hasta el elogio desbordado es producto de la debilidad presidencial, entonces resulta no sólo indicativa sino para preocupar que una parte de la plutocracia le pague así a quien hizo presidente, según presumían hasta que le marcaron un alto.

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