lunes, 6 de enero de 2014

Luces y sombras de la sociedad de la información

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Hoy por hoy las tecnologías de la información y la comunicación (TICs)* parecen haber llegado para quedarse. No hay marcha atrás. Ya constituyen un hecho cultural, civilizatorio en el sentido más amplio. Según lo que vamos empezando a ver, una considerable cantidad de jóvenes –fenómeno que se da en mayor o menor medida en todo el mundo, con variaciones según los distintos países pero todos, en general, con notas bastante comunes– ya no concibe la vida sin estas tecnologías. Sin dudas, están cambiando el modo de relacionarnos, de resolver las cosas de la cotidianeidad, de pensar, ¡de vivir! La pregunta inmediata es: ¿en qué medida contribuyen al genuino mejoramiento de las cosas? ¿Traen desarrollo?

Algunos años atrás decía Delia Crovi (2002) refiriéndose a este proceso en curso: “En 2001, el Observatorio Mundial de Sistemas de Comunicación dio a conocer en París los resultados de un estudio sobre el equipamiento tecnológico en la SIC [sociedad de la información y la comunicación]. Este estudio afirma que en el año 2006 una de cada cinco personas tendrá un teléfono móvil o celular, el doble de los disponibles ahora que tenemos un aparato por cada diez habitantes. El mismo estudio señala que en 2003 habrá más de mil millones de celulares en el mundo, y en los próximos cinco años se registrarán 423.000.000 de nuevos usuarios (Tele Comunicación, 27/6/2001). Sin duda, estos datos podrían alimentar la idea de que estamos construyendo a pasos apresurados y a escala planetaria, una sociedad de la información, idea que sobre todo promueven los fabricantes de hardware y software, así como buena parte de los gobiernos del mundo.”

En Guatemala, Manuel Ayau –“oligarca latinoamericano arquetípico de la extrema derecha”, según lo describiera Lawrence Harrison, de la Universidad de Harvard–, fundador del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES) y de la Universidad Marroquín, ambas instituciones baluartes del pensamiento liberal en Centroamérica, dijo unos años atrás que “el día en que cada indio [sic] tenga su teléfono celular, ahí entraremos en el desarrollo”. Hoy día, con alrededor de 15 millones de habitantes, hay en el país más de 20 millones de teléfonos legales (más una cantidad desconocida de equipos robados que se siguen utilizando), es decir, más de un aparato por persona en promedio, 1.2 para ser precisos, pero la nación (típica banana country) está lejos de entrar en la senda del desarrollo.

En estos momentos –esto con fuerza creciente– nadie puede escapar de la marea de las TICs que pareciera cubrirlo todo. Podría afirmarse, sin temor a equivocarse en la apreciación, que “para estar en la modernidad, en el avance, en el mundo integrado (¿globalizado y triunfador?), hay que estar conectado”. Si no se siguen esos parámetros, se pierde el tren del desarrollo. O, al menos, eso es lo que dice la insistente prédica dominante.

¿Comunican más estas tecnologías de la comunicación? ¿En qué medida son un factor al servicio de un verdadero desarrollo equilibrado, sostenible y con equidad?

Las TICs llenan una necesidad (necesidad de comunicarse, de expresarse)

No cabe la menor duda que la comunicación es una arista definitoria de lo humano. Si bien es cierto que en el reino animal existe el fenómeno de la comunicación, en lo que concierne al ámbito específicamente humano hay características propias tan peculiares que pueden llevar a decir, sin más, que si algo define a nuestra especie es la capacidad de comunicarnos, que no es sino otra forma de decir: de interactuar con los otros. El sujeto humano se constituye en lo que es sólo a partir de la interacción con otros. La comunicación, en ese sentido, es el horizonte básico en que el circuito de la socialización se despliega.

Nos comunicamos de distintas maneras; eso no es nuevo. A través de la historia se encuentran las más diversas modalidades de hacerlo, desde la oralidad o las pinturas rupestres hasta las más sofisticadas tecnologías comunicacionales actuales gracias a la inteligencia artificial y la navegación espacial. Pero sin dudas es un hecho destacable que con los fenómenos ocurridos en la modernidad, con el surgimiento de la producción industrial destinada a grandes mercados y con la acelerada urbanización de estos últimos dos siglos que se va dando en toda la faz del planeta, sucedieron cambios particulares en la forma de comunicarnos. En esa perspectiva surge la comunicación de masas, es decir: el proceso donde lo distintivo es la cantidad enorme de receptores que recibe mensajes de un emisor único. El siglo XX ha estado marcado básicamente por ese hecho, novedoso en la historia, y con características propias que van definiendo en términos de civilización las modalidades de la modernidad. Lo masivo entra triunfalmente en escena para ya no retirarse más.

En este mundo moderno que va surgiendo desde Europa y su novedosa industria, la masividad hace su aparición con la invención de la imprenta, que permite una difusión más allá del pequeño grupo selecto que tenía el monopolio cultural. De allí rápidamente se llega a la difusión masiva con los periódicos así como con nuevas formas de comunicación que rompen barreras espaciales y permiten el acercamiento de grupos cada vez mayores. Surgen entonces el telégrafo, el teléfono, y ya en pleno siglo XX aparecen modalidades basadas en adelantos tecnológicos que llevan esa masividad a niveles nunca antes conocidos en la historia. Encontramos así la radio, el fonógrafo, el cine, la televisión.

En las últimas décadas del siglo XX, ya en plena explosión científico-técnica con una industria que definitivamente ha cambiado el mundo extendiéndose por prácticamente todos los rincones del planeta, las tecnologías comunicacionales van marcando el ritmo de la sociedad global. Es a partir de ese momento que efectivamente se puede hablar, retomando la idea de Marshall McLuhan, de una verdadera “aldea global”, un mundo absolutamente interconectado, intercomunicado, un mundo donde las distancias físicas ya no constituyen un obstáculo para la aproximación de todos con todos.

Las nuevas tecnologías de la comunicación, cada vez más rápidas y eficientes, borran distancias y acercan a inmensas cantidades planetarias de población. Las pautas que marcan el ritmo de la sociedad mundial se van volcando definitivamente hacia estas nuevas tecnologías digitales. Es decir, procesos técnicos en que un “sistema de transmisión o procesamiento de información [donde] la información se encuentra representada por medio de cantidades físicas (señales) que se hayan tan restringidas que sólo pueden asumir valores discretos. En contraposición a los sistemas digitales están los sistemas analógicos en los cuales las señales tanto de entrada como de salida no poseen ningún tipo de restricción y pueden asumir todo un continuo de valores (es decir, infinitos). La principal ventaja de los sistemas digitales respecto a los analógicos es que son más fáciles de diseñar, de implementar y de depurar, ya que las técnicas utilizadas en cada una de esas fases están bien establecidas. […] El mejor argumento a favor de la mayor flexibilidad de los sistemas digitales se encuentra en los actuales ordenadores o computadoras digitales, basados íntegramente en diseños y circuitos digitales”.

Si la comunicación siempre ha estado presente en la dinámica humana como un factor clave, las formas de las actuales tecnologías digitales sirven para, literalmente, inundar el mundo de comunicación, entronizándola. Ello asienta en nuevas formas de conocimiento, cada vez más sofisticadas y complejas. Todo ese proceso de ampliación de las fronteras comunicacionales y del conocimiento técnico en el que asientan es lo que ha llevado a pensar en una sociedad “de la información y del conocimiento”. La clave de la nueva sociedad, también llamada “sociedad digital”, está en una acumulación fabulosa de información. La “aldea global” se construye sobre estos cimientos. El principal recurso pasa a ser el manejo de información –cuanto más y más rápidamente manejada, mejor–, el capital humano capacitado, lo que se conoce como el know how.

“Desde el auge de la computación, el concepto de información ha pasado a tener un protagonismo sobredimensionado en la economía, la educación, la política, en la sociedad en su conjunto. La información ha desbancado de sus lugares de privilegio a conceptos como sabiduría, conocimiento, inteligencia; términos todos éstos que hoy se ven reducidos al primero. Una lógica según la cual procesar muchísimos datos a velocidad infinitesimal, equivale a ser inteligente, desestimando así cualidades como la creatividad, la imaginación, el raciocinio; pero también la ética y la moral”.

En esa perspectiva, la nueva sociedad que se perfila con la globalización, y por tanto sus herramientas por excelencia, las llamadas TICs –la telefonía celular, la computadora, el internet–, abren esas preguntas: ¿más información disponible produce por fuerza una mejor calidad de vida y un mejor desarrollo personal y social? Esas tecnologías, ¿ayudan a la inclusión social, o refuerzan la exclusión? O, por el contrario ¿sólo generan beneficios a las multinacionales que se dedican a su comercialización, contribuyendo a un mayor y más sofisticado control social por parte de los grandes poderes globales? ¿Tal vez una cosa no riñe con la otra?

La respuesta no está en las tecnologías propiamente dichas, por supuesto. Las tecnologías, como siempre ha sido a través de la historia, no dejan de tener un valor puramente instrumental. Lo importante es el proyecto humano en que se inscriben, el objetivo al servicio del que actúan. En ese sentido, para romper un planteo simplista y maniqueo: no hay técnicas “buenas” y técnicas “malas” en términos éticos. “Más allá de las conexiones, son los usos concretos y efectivos los que pueden llevar o no a mantener o profundizar las brechas que de hecho existen en el mundo real. Con lo cual la apertura infinita que supone el mero acceso formal a la red no necesariamente alcanza para hablar de una democratización de la sociedad o incluso del acceso a la información. Mucho menos si se trata de información de relevancia para el proceso de toma de decisiones o de participación en el ingreso socialmente producido. Con internet se abren ciertos accesos, pero no se democratiza la sociedad ni la cultura”.

Por supuesto que el acceso a tecnologías que permiten el manejo de información de un modo como nunca antes en la historia se había dado brinda la posibilidad de un salto cualitativo para el desarrollo. Sucede, sin embargo, que esas tecnologías, más allá de una cierta ilusión de absoluta democratización, no producen por sí mismos los cambios necesarios para terminar con los problemas crónicos de asimetrías que pueblan el mundo. Las tecnologías, si bien pueden mejorar las condiciones de vida haciéndolas más cómodas y confortables, no modifican las relaciones político-sociales a partir de las que se decide su uso.

Hoy días estas nuevas tecnologías las encontramos cada vez más omnipresentes en todas las facetas de la vida: sirven para la comercialización de bienes y servicios, para la banca en línea, para la administración pública (pago de impuestos, gestión de documentación, presentación de denuncias), para la búsqueda de la más variada información (académica, periodística, de solaz), para el ocio y esparcimiento (siendo los videojuegos una de las instancias que más crece en el mundo de las TICs), para la práctica de deportes, para el desarrollo del arte, en la gestión pública (algunos gobiernos están incorporando el uso de redes sociales como Twitter, Facebook, Youtube y otras cuando las autoridades dan a conocer su posición sobre acontecimientos relevantes), se usan en la guerra y en la paz, y desde las profundidades de la selva Lacandona, por ejemplo, un movimiento armado lleva adelante su lucha, con un personaje mediático que es más conocido por el uso de estos medios electrónicos que por su fusil, habiendo incluso todo un campo relacionado al sexo cibernético, el cual da para todo, desde la búsqueda de pareja hasta la pornografía infantil. En definitiva: estas tecnologías sirven para todo, absolutamente: para estudiar, para salvar una vida, para extorsionar.

Definitivamente, comienzan a ser omnímodas. Están en todos lados, y la tendencia es que seguirán estándolo cada vez más. Como un dato muy instructivo en ese sentido puede mencionarse que hoy día las TICs ya constituyen un medio de prueba en los procesos judiciales. Aún no están ampliamente difundidas y todavía encuentran muchas restricciones, pero sin dudas dentro de un futuro nada lejano serán pruebas contundentes.

“Las tecnologías de la información y la comunicación no son ninguna panacea ni fórmula mágica, pero pueden mejorar la vida de todos los habitantes del planeta. Se disponen de herramientas para llegar a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de instrumentos que harán avanzar la causa de la libertad y la democracia, y de los medios necesarios para propagar los conocimientos y facilitar la comprensión mutua” , dijo acertadamente Kofi Annan como Secretario general de la Organización de las Naciones Unidas refiriéndose a estos temas.

La actual globalización va indisolublemente de la mano de las TICs

Se entiende por globalización el proceso económico, político y sociocultural que está teniendo lugar actualmente a nivel mundial por el que cada vez existe una mayor interrelación económica entre todos los rincones del planeta, por alejados que estén, gracias a tecnologías que han borrado prácticamente las distancias permitiendo comunicaciones en tiempo real, siempre bajo el control de las grandes corporaciones multinacionales.

La globalización que vivimos (económica y cultural) es el caldo de cultivo donde las TICs son el sistema circulatorio que la sostiene, haciendo parte vital de la nueva economía global centrada básicamente en la comunicación virtual, en la inteligencia artificial y en el conocimiento como principal recurso. Eso puede abrir grandes oportunidades para los sectores históricamente postergados, dado que posibilita acceder a instrumentos que permiten dar un salto adelante verdaderamente grande en orden al desarrollo; pero puede también contribuir a mantener la distancia entre los que producen esas tecnologías de vanguardia (unos pocos países del Norte), y quienes la adquieren (la gran mayoría de los países del Sur), dependiendo así más aún tanto comercial como tecnológicamente.

Si acceder a las TICs es un puente al desarrollo, la “brecha digital” que crea esta sociedad de la información, contraria a la “inclusión digital” global, indica que los sectores más desarrollados aumentan su distancia respecto de los excluidos. A nivel internacional es elocuente:

La tendencia en marcha refuerza la duda apuntada más arriba: las nuevas tecnologías digitales, más allá de la explosión con que han entrado en escena y su consumo masivo siempre creciente, no parecieran beneficiar por igual a todos los sectores. “En América Latina la presencia o el desarrollo de una SIC [sociedad de la información y la comunicación] está más ligada a la consolidación de grandes consorcios multinacionales del audiovisual, que a la incorporación de la convergencia a los procesos productivos. Esto último se ha polarizado en un sector capaz de desmaterializar la economía, en tanto que sobrevive otro gran sector que permanece al margen de los cambios tecnológicos y continúa trabajando dentro de un esquema de producción clásico, ayudado de herramientas que también podríamos definir como clásicas. En nuestros países sólo un sector de la población (muy probablemente el que acumula el consumo tecnológico de distintas generaciones), es la que se ha incorporado efectivamente al proceso de producción ligado a la información y el conocimiento”.

Valga agregar aquí lo apuntado por Beatriz Busaniche: “el hecho de que las TICs en sí mismas mejoren la calidad de vida de las personas no está comprobado de ninguna manera en tanto no se saneen previamente las brechas sociales fundamentales: la pobreza, el hambre, el analfabetismo, las pandemias”. En relación a esto, retomemos lo expresado más arriba: en Guatemala hay más teléfonos celulares (muchos de ellos con acceso a Internet) que población: ¿se generó entonces el desarrollo sostenible? Los mitos desarrollistas del progreso técnico siguen estando presentes.

No está demostrado que por el hecho de utilizar alguna de las TICs se elimine automáticamente la exclusión social o se termine con la pobreza crónica. De todos modos, sabiendo que estas herramientas encierran un enorme potencial para el desarrollo, es válido pensar que no disponer de ellas propicia la exclusión, o la puede profundizar. Visto que la red de redes, el internet, es la suma más enorme nunca antes vista de información que pone al servicio de la humanidad toda una potente herramienta de comunicación, no acceder a él crea desde ya una desventaja comparativa con quien sí puede acceder. De todos modos, el desarrollo propiamente dicho, el aprovechamiento efectivo de las potencialidades que abren las TICs, no se da por el sólo hecho de disponer de una computadora, de hacer uso de las redes sociales o de un teléfono celular inteligente de última generación. Lo que hace la diferencia es la capacidad que una población pueda tener para aprovechar creativamente estas nuevas formas culturales. Si el internet “ha transformado la vida”, como tan insistentemente dice cierto pensamiento dominante (quizá desde una perspectiva más mercadológica que crítica, terminando por constituirse en “mito”, en manipulación mediática), ello lleva a pensar el porqué de esa tenaz repetición.

Lo que está claro es que alimenta muy generosamente a quienes lucran con su comercialización (empresas globales dedicadas a la producción y distribución de estos servicios). Google, por ejemplo, el motor de búsqueda más potente y con la mayor cantidad de consultas diarias en la red en todo el mundo, ha facturado 150.000 millones de euros en 10 años.

De todos modos, más allá de la manipulación que pueda haber en ese mito (visto que, por sí mismas, las TICs no terminan con la exclusión) algo hay que les ha permitido erigirse en el nuevo ícono cultural de la así llamada postmodernidad.

¿Por qué se imponen de esa manera las TICs?

Las TIC son especialmente atractivas, y con mucha facilidad pueden pasar a ser adictivas (de la necesidad de comunicación fácilmente se puede pasar a la “adicción”, más aún si ello está inducido, tal como sucede efectivamente).

De todos modos, más allá de la interesada prédica que las identifica con una panacea universal –no siéndolo, por supuesto– no hay dudas que tienen algo especial que las va tornando imprescindibles. En una encuesta sobre uso de estas tecnologías con aproximadamente 2.500 jóvenes en la que participé recientemente, un 49% de los encuestados reconoce que “no podría vivir sin las TICs”, mientras que un 63% puede “estar dejando de hacer cosas por estar conectado”, en tanto que un 35% “ha disminuido sus horas de sueño por estar conectado a internet”. Todo ello marca una tendencia que no se puede desconocer: las TICs atrapan, son adictivas. En esa misma investigación, en grupos focales se preguntó a los jóvenes (de entre 17 y 25 años): “si estás haciendo el amor y suena el teléfono celular, ¿contestarías?”, a lo que aproximadamente un 50% respondió que sí, incluso justificándolo: “es probable que sea algo importante; además, si no contesto me desconcentro porque me quedo pensando en quién podría haber llamado. Por eso es mejor contestar siempre”. Una respuesta, hilarante sin dudas, y única en toda la muestra (“una golondrina no hace verano”), pero que de todos modos no puede dejar de considerarse fue: “¡Por supuesto que contesto! ¡Podría ser mi novio!”

Estar “conectado”, estar todo el tiempo con el teléfono celular en la mano, estar pendiente eternamente del mensaje que puede llegar, de las llamadas redes sociales, del chat, constituye un hecho culturalmente novedoso.

La definición más ajustada para un teléfono celular (lo mismo se podría decir de las TICs en general) es que, poseyendo el equipo en cuestión –teléfono, computadora–, se está “conectado”, que es como decir: “estar vivo”. “Estoy conectado, luego existo”, podría afirmarse como síntesis de los tiempos, parafraseando a Descartes. Definitivamente todas estas tecnologías van mucho más allá de una circunstancial moda: constituyen un cambio cultural profundo, un hecho civilizatorio, una modificación en la conformación misma del sujeto y, por tanto, de los colectivos, de los imaginarios sociales con que se recrea el mundo.

Lo importante a destacar es que esa penetración que tienen las TICs no es casual. Si gustan de esa manera, por algo es. Como mínimo se podrían señalar dos características que le confieren ese grado de atracción: a) están ligadas a la imagen, y b) permiten la interactividad en forma perpetua.

La imagen juega un papel muy importante en las TICs. Lo visual, cada vez más, pasa a ser definitorio. La imagen es masiva e inmediata, dice todo en un golpe de vista. Eso fascina, atrapa; pero al mismo tiempo no da mayores posibilidades de reflexión. “La lectura cansa. Se prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Esta fascina y seduce. Se renuncia así al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo”, se quejaba amargamente Giovanni Sartori . Lo cierto es que el discurso y la lógica del relato por imágenes están modificando la forma de percibir y el procesamiento de los conocimientos que tenemos de la realidad. Hoy por hoy la tendencia es ir suplantando lo racional-intelectual –dado en buena medida por la lectura– por esta nueva dimensión de la imagen como nueva deidad.

“Es lindo estar frente a tu pantalla. Te resuelve la vida. Uno ya no estudia, no tiene que pensar. La tecnología te lo hace todo. Aunque uno quede embobado frente a lo que ve, aunque nos demos cuenta de eso, que nos volvemos cada vez más haraganes, no deja de ser cómodo”, expresaba sin ambages un joven entrevistado en esta investigación a la que aludíamos.

Junto a eso cobra una similar importancia la fascinación con la respuesta inmediata que permite el estar conectado en forma perpetua y la interactividad, la respuesta siempre posible en ambas vías, recibiendo y enviando todo tipo de mensajes. La sensación de ubicuidad está así presente, con la promesa de una comunicación continua, amparada en el anonimato que confieren en buena medida las TICs. “Me gustan las redes sociales porque puedo tener muchos amigos. Yo, por ejemplo, tengo más de 500”, agregaba otro.

La llegada de estas tecnologías abre una nueva manera de pensar, de sentir, de relacionarse con los otros, de organizarse; en otros términos: cambia las identidades, las subjetividades. ¿Quién hubiera respondido algunas décadas atrás que prefería contestar el teléfono fijo a seguir haciendo el amor?

Hoy día la sociedad de la información, por medio de estas herramientas, nos sobrecarga de referencias. La suma de conocimiento, o más específicamente: de datos, de que se dispone es fabulosa. Pero tanta información acumulada, para el ciudadano de a pie y sin mayores criterios con que procesarla, también puede resultar contraproducente. Puede afirmarse que existe una sobreoferta informativa. Toda esta saturación y sobreabundancia de ¿información?, y su posible banalización, se ha trasladado a la red, a las TICs en general, inundando todo. De una cultura del conocimiento y su posible apropiación se puede pasar sin mayor solución de continuidad a una cultura del divertimento, de la superficialidad. Las TICs permiten ambas vías.

Las TIC se adecuan especialmente a la cultura juvenil

Si bien las TICs se están difundiendo por toda la sociedad global, quienes más se contactan con ellas, las utilizan, las aprovechan en su vida diaria dedicándole más tiempo y energía, y concomitantemente viéndose especialmente influenciados por ellas, son los jóvenes.

Cuando nos referimos al universo juvenil, es imposible hablar de “la” juventud. En todo caso, la sociedad global está marcada por profundas diferencias socioeconómicas y culturales que dejan ver, ante todo, un complejo mosaico de grupos e identidades. En contextos rurales del Sur a los 25 años ya se es todo un adulto/a, con varios hijos, cercano ya a la posibilidad de ser abuelos. En ciertos niveles del Norte, a esa edad todavía se vive lo que hoy denominamos “adolescencia tardía”. Pero pese a ello, más allá de esas por lo general infranqueables diferencias, hay una nota común entre los distintos jóvenes: en mayor o menor medida, son usuarios de las TICs.

Es evidente que la globalización en curso uniforma criterios sin borrar las diferencias estructurales; de ahí que, diferencias mediantes, las generaciones actuales de jóvenes son todas “hijas de las TICs”, o “nativos digitales”, como se les ha llamado. “Aquello que para las generaciones anteriores es novedad, imposición externa, obstáculo, presión para adaptarse –en el trabajo, en la gestión, en el entretenimiento– y en muchos casos temor reverencial, para las generaciones más jóvenes es un dato más de su existencia cotidiana, una realidad tan naturalizada y aceptada que no merece siquiera la interrogación y menos aún la crítica. Se trata en efecto de una condición constitutiva de la experiencia de las generaciones jóvenes, más instalada e inadvertida a medida que se baja en la edad”

Los jóvenes encuentran en las nuevas tecnologías un recurso para diferenciarse de la era de los adultos, simbolizada por el reino de la radio o de la televisión. Hasta se podría extremar esto hoy día, dado el aceleramiento vertiginoso de los cambios tecnológicos, a la diferencia entre usuarios de correo electrónico (¿ya envejecido?) y las llamadas redes sociales. Cuando se calibra el atractivo de estas nuevas tecnologías digitales, puede entenderse el encanto que encuentra gran parte de la juventud en ellas. Dicho esto, en esta utopía de la red lo más importante no es la fascinación técnica, porque toda persona joven en los países ricos vive ya desde los años 70 del pasado siglo envuelta en un universo técnico. Lo más importante es que la red se ha convertido en el soporte de los sueños eternos para una nueva solidaridad. Sin embargo se escapa la esencial diferencia en la comunicación de las TICs. Todavía se piensa que quien dice “comunicación” dice tener en cuenta el emisor, el mensaje y el receptor. Sin embargo, la gran diferencia está en que las TICs permiten como ningún otro medio masivo la interactividad, la comunicación de dos vías. Quien usa las TICs no es un mero receptor; su mensaje le llega de regreso a la presentadora de CNN que lee el mensaje que alguien acaba de mandar, así como todos los cientos de amigos que también lo reciben y que reaccionan a su vez. En el ámbito juvenil ese dinamismo echa sus raíces como en ningún otro segmento de población.

La identidad joven debe entenderse como ese momento de la vida en que se está experimentando, conociendo, abriéndose a experiencias nuevas. El mundo adulto hizo eso en su momento, y construyó lo que pudo: ya tiene una identidad y un proyecto. Los jóvenes, por el contrario, lo están elaborando. La posibilidad de estar contactando perpetuamente, abiertos de par en par a la comunicación, dispuestos todo el tiempo a intercambiar mensajes del tipo que sean con un (o varios) interlocutor(es), incluso al mismo tiempo, encuentra su campo más fértil en los jóvenes. De ahí que las TICs se amalgamen tan bien a ellos. Valga para graficar esto, lo que en estos momentos pasó a ser parte de la normalidad entre los jóvenes (de distinto estrato socioeconómico incluso): la realización simultánea de muchas tareas, todas ligadas a las TICs (cosa que para muchos adultos sería imposible): escuchar música, chatear, hacer las tareas usando internet (dicho sea de paso: cultura del copia y pega), contestar el teléfono y mirar televisión. Todo rápido, con urgencia, quizá cada vez menos analíticamente, cada vez más centrados en la imagen instantánea. Cultura de la inmediatez, podríamos decir. ¿Cultura de la liviandad?

En esa dimensión, lo importante, lo definitorio, es estar conectado y siempre disponible para la comunicación. De esa lógica surgen las llamadas redes sociales, espacios interactivos donde se puede navegar todo el tiempo a la búsqueda de lo que sea: novedades, entretenimiento, información, aventura, etc., etc. En las redes sociales, usadas fundamentalmente por jóvenes, alguien puede tener infinitos amigos. O, al menos, la ilusión de una correspondencia infinita de amistades. Ilusión, por supuesto, porque los cientos, miles en algunos casos, de “amigos”, desaparecen automáticamente cuando se apaga el equipo.

La superficialidad no es ajena a la cultura que va de la mano de las TICs. Pero hay que apurarse a aclarar que “superficialidad” puede haber en todo, también en la lectura de un libro o en una discusión filosófica. Nos son estos nuevos instrumentos los que la crean. En todo caso, lo cual puede abrir una discusión, la modalidad de estas tecnologías, su rapidez a veces vertiginosa, la entronización de lo multimedial con acento en la imagen por sobre la lectura reflexiva, podría dejar abierto un interrogante; por tanto debe verse muy en detalle cómo estas tecnologías comportan, al mismo tiempo que grandes posibilidades, también riesgos que no pueden menospreciarse. La cultura de la ligereza, de lo superficial y falta de profundidad crítica puede venir de la mano de las TICs, siendo los jóvenes –sus principales usuarios– quienes repitan esas pautas. Sin caer en preocupaciones extremistas, no hay que dejar de tener en vista que esa entronización de la imagen y la inmediatez, en muchos casos compartida con la multifunción simultánea, puede dar como resultado productos a revisar con aire crítico: “en términos mayoritarios [los jóvenes usuarios de TICs] adquieren información mecánicamente, desconectada de la realidad diaria, tienden a dedicar el mínimo esfuerzo al estudio, necesario para la promoción, adoptan una actitud pasiva frente al conocimiento, tienen dificultades para manejar conceptos abstractos, no pueden establecer relaciones que articulen teoría y práctica”.

Pero si bien es cierto que esta cibercultura abre la posibilidad de esta cierta liviandad, también da la posibilidad de acceder a un cúmulo de información y a nuevas formas de procesar la misma como nunca antes se había dado, por lo que estamos allí ante un fenomenal reto. Los jóvenes contemporáneos, sabiendo que en esto se marcan diferencias de acuerdo a su nivel socioeconómico, de todos modos “cuentan con una ventaja en la sociedad de la información impulsada por las nuevas tecnologías. A menudo son ellos los principales innovadores en el uso y difusión de las tecnologías de la información y la comunicación”.

Además, y como siempre ha pasado en la historia, son jóvenes los que ponen en marcha procesos de cambio. Las revoluciones, aunque se nutran de ideas de “viejos con espíritu de joven”, son siempre vehiculizadas por la sangre joven, por jóvenes de carne y hueso. También puede verse eso con el uso alternativo, crítico si se quiere, no light, que jóvenes le pueden dar a las TICs. Piénsese, por ejemplo, en la Primavera Árabe en el 2010 (más allá de haber sido luego cooptada por la derecha o por los mecanismos de inteligencia del sistema), los Indignados en España, el movimiento Yo soy 132 en México. Aunque ninguna de esas explosiones de ira y reacción ante situaciones de injusticia prosperó como proyecto revolucionario de transformación social –y por cierto no se reducen sólo a redes de personas comunicadas por estas tecnologías digitales–, es importante mencionarlas en tanto ejemplo del uso de esas tecnologías yendo más allá del pasatiempo banal, del distractor. Eso reafirma que las TICs son herramientas, ni “buenas” ni “malas”. Pueden servir para el mantenimiento del sistema… o para su crítica radical y la promoción de valores anti-sistema.

Luces y sombras con las TICs

Como todo proceso humano, el surgimiento de las TICs, en tanto fenómeno complejo con aristas tanto económicas como político-sociales, puede ser considerado desde distintos puntos. En cuanto tecnología, ninguna TIC –valga enfatizarlo– es “positiva” ni “negativa”. Es el proyecto en el que se dinamiza el que decidirá su uso, su utilidad social. Está claro que ninguna nueva tecnología puede pensarse con esa maniquea división: un cuchillo, por ejemplo, puede servir para trozar la comida, o para matar a alguien. Del mismo modo, la energía nuclear puede servir para iluminar toda una ciudad, o para hacerla volar por el aire. Es el uso, el proyecto humano (ético y político) el que define la “utilidad” de una herramienta, de un instrumento.

De todos modos hoy, tan recientes como son, las TICs no dejan de abrir algunos interrogantes que no se pueden soslayar en un análisis equilibrado. Sólo como recurso académico permítase diferenciar efectos “positivos” y “negativos”, en el sentido de “las cosas buenas que posibilita” y “las dudas que se abren”:

Efectos positivos Efectos “negativos” (o cuestionables)

Amplía las posibilidades del desarrollo humano integral Son adictivas
Facilita la comunicación con familia extensa que esté fuera del alcance físico directo o en el extranjero Afecta la socialización en el entorno familiar
Abre grandes posibilidades en el ámbito educativo Pueden servir como distractores (“perder el tiempo”)
Ayuda a disminuir aislamiento Se las puede utilizar para fines criminales, como extorsión, redes de tráfico de personas, fomento de la pornografía infantil
Se desarrollan nuevas habilidades de manejo electrónico y motricidad Los videojuegos puedan contribuir a crear climas culturales de violencia
Conecta con enorme cantidad de gente Pueden contribuir al aislamiento y la retracción, pues obligan a pasar horas y horas en soledad

En definitiva, nada de lo encomiable ni de lo despreciable que conoce el ser humano nace específicamente con las TICs . En todo caso, como tecnologías que se mueven a una velocidad vertiginosa, potencian todo, lo “bueno” y lo “malo”, lo hacen más evidente, lo sacan a la luz con una facilidad antes desconocida. Pero debe quedar claro que ni las diferencias económico-sociales existentes en la estructura social se deben a ellas –así como no se deben a ninguna tecnología específicamente, sino que responden al modo en que se ejercen los poderes–, ni la violencia es su “culpa” (haciendo entrar allí todo lo que se desee, desde el bullyng a las masacres que cada vez más regularmente producen “normales” ciudadanos sin explicación aparente). ¿Somos más violentos porque hay una enorme cantidad de videojuegos violentos en el mercado? La respuesta debe ir más allá de un mecanicismo simplista.

Una visión alarmista en torno a ellas puede contribuir a no ver su enorme potencial, que por cierto lo tienen. Ni “diosas” ni “demonios”. De hecho, estas reflexiones llegan a tu persona por medio de este tipo de medios, y esperamos fervientemente con esto no contribuir al mantenimiento acrítico de un sistema injusto sino, todo lo contrario, a cuestionarlo llamando a su transformación. ¿Sirven a ese cometido las TICs entonces?

A modo de conclusión

• Desde hace unas tres décadas se vive un proceso de globalización económica, tecnológica, política y cultural que achicó distancias convirtiendo a todo el globo terráqueo en un mercado único. Esa sociedad global está basada, cada vez más, en la acumulación y procesamiento de información y en las nuevas tecnologías de comunicación, cada vez más rápidas y eficientes.
• En ese proceso en curso, las modernas tecnologías digitales de la información y la comunicación (TICs) juegan un papel especialmente importante, en tanto son el soporte de la nueva economía, una nueva política, una nueva cultura de las relaciones sociales y científicas.
• Estas nuevas tecnologías (consistentes, entre otras cosas, en la telefonía celular móvil, el uso de la computadora personal y la conexión a la red de internet) permiten a los usuarios una serie de procedimientos que cambian de un modo especialmente profundo su modo de vida, teniendo así un valor especial, pues permiten hablar sin duda de un antes y un después de su aparición en la historia. El mundo que se está edificando a partir de su implementación implica un cambio trascendente, del que ya se ven las consecuencias, las cuales se acrecentarán en forma exponencial en un futuro del que no se pueden precisar lapsos cronológicos, pero que seguramente será muy pronto, dada la velocidad vertiginosa con que todo ello se está produciendo.
• El desarrollo portentoso de estas tecnologías, de momento al menos, no ha servido para aminorar –mucho menos borrar– asimetrías en orden a la equidad entre los países más y menos desarrollados en el concierto internacional, así como entre los grupos socialmente privilegiados y las capas más postergadas a lo interno de las distintas naciones. Por el contrario, ha estado al servicio de proyectos políticos que remarcaron las históricas exclusiones socioeconómicas en que se fundamentan las sociedades, ayudando a concentrar más la riqueza y el poder.
• Al mismo tiempo, aunque no contribuyeron hasta ahora a terminar con problemas históricos de la humanidad en orden a las inequidades de base, abren una serie de posibilidades nuevas desconocidas hasta hace muy poco tiempo, poniendo al servicio de toda la población herramientas novedosas que, directa o indirectamente, pueden servir para democratizar los saberes, y consecuentemente, a la participación ciudadana y al acceso a la toma de decisiones.
• El hecho de contar con herramientas que sirven para ampliar el campo de la comunicación interactiva y el acceso a información útil y valiosa constituye, en sí mismo, una buena noticia para las grandes mayorías. De todos modos, por sí mismo la aparición de nuevas tecnologías no cambian las relaciones estructurales, pero sí pueden ayudar a nuevos niveles de participación y de acceso a bienes culturales.
• Si bien hoy día estas tecnologías están incorporadas en numerosos procesos que tienen que ver con el mundo de la producción, la administración pública y el comercio en términos generales, en su aplicación masiva en toda la sociedad son los grupos jóvenes quienes más rápidamente y mejor se han adaptado a ellas, haciéndose sus principales usuarios.
• En términos generales son los jóvenes los principales consumidores de estas tecnologías, estando más familiarizados que nadie con ellas, siendo ellos mismos capacitadores de sus propios padres y generaciones adultas en general.
• En estos momentos, reconociendo que hay grandes diferencias entre jóvenes del Sur y del Norte del mundo, y que además se dan marcadas diferencias entre jóvenes ricos y pobres dentro de esas categorías Norte-Sur, las tecnologías de información y comunicación marcan a todos los jóvenes de la actual “aldea global”; la identidad “ser joven”, hoy por hoy tiene mucho que ver con el uso de estas herramientas. Sin embargo, hay marcadas diferencias en el modo de uso, y por tanto, las consecuencias que de ese uso se deriven. Las marcadas exclusiones sociales que definen la sociedad mundial se siguen haciendo presente en el aprovechamiento de las TICs. La brecha urbano-rural sigue crudamente presente, y los sectores históricamente postergados no han cambiado en lo sustancial con el advenimiento de estas nuevas tecnologías.
• Aunque las TICs no constituyen por sí mismas una panacea universal, ni una herramienta milagrosa para el progreso humano, en un mundo globalizado cada vez más regido por las pautas de la información y la comunicación, pueden ser importantes instrumentos que contribuyan al mismo. No apropiárselas y aprovecharlas debidamente coloca a cada individuo y al colectivo social en una situación de desventaja comparativa en relación a quien sí lo hace. De ahí que, considerando que son herramientas, pueden servir –y mucho– a un proyecto transformador.


Bibliografía:
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Chile: La reforma educacional de Michelle ¿propone realmente un cambio de modelo?

Miguel Caro R. (especial para ARGENPRESS.info)

El programa de Michelle Bachelet (MB) en educación tiene un mérito inicial, nos ofrece el reconocimiento implícito de lo que nunca se aceptó por parte de los gobiernos de la Concertación: el fracaso de la llamada reforma educacional. El documento señala, en el ámbito de la educación escolar, que “Chile ha conseguido importantes logros en materia educativa: cobertura, alta inversión en infraestructura, equipamiento y programas focalizados. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, la desigualdad educacional y la segregación continúan en niveles alarmantes y la Educación Pública se ha visto especialmente reducida y fragilizada” (1). Luego agrega que “debido al uso y consecuencias de los resultados del SIMCE, hemos empobrecido el concepto de calidad y educación y promovido prácticas como la selección, la exclusión y el entrenamiento de pruebas. Debemos superar esta definición e impulsar una comprensión más compleja e integral de calidad para recuperar el sentido de la labor educativa”.



A confesión de partes relevo de pruebas, dicta el aforismo jurídico. En síntesis, en menos de una página el Programa de Gobierno de MB asume que la política educativa impulsada durante cuatro gobiernos consecutivos, en lo fundamental, estuvo errada y que, al no tener una concepción “compleja e integral”, se profundizaron los efectos nocivos propios de un modelo de mercado: desigualdad, segregación, selección-exclusión, reducción del concepto de calidad y deterioro de la educación pública, entre otros. Aunque no se reconozca de manera explícita, la conclusión es bastante brutal y categórica; por cierto, la consecuencia lógica de tamaña confesión no podría ser otra entonces que la de plantear un cambio de modelo. Lo que habría que preguntarse, por tanto, es si el programa de MB contiene tal cambio, si efectivamente supone modificar las bases que sustentan el modelo neoliberal en educación.

En un primer nivel de análisis podríamos decir que el Programa recoge ideas y principios que han sido planteados por el movimiento estudiantil -y también por numerosos especialistas- respecto de los rasgos más notorios de la crisis del sistema, aunque con distintos niveles de precisión y concreción. En esa línea, se plantean nociones generales como la de derecho social, gratuidad, fin al lucro, inclusión, etc. Al examinar en detalle cada planteamiento aparecen ciertas propuestas relevantes de cambio, como también un conjunto no menor de indefiniciones, reafirmaciones de rasgos del modelo actual y ausencias en algunos temas fundamentales. Veamos algunos ejemplos.

Desde un inicio se plantea recuperar la noción de derecho social fundamental, cuestionando el predominio de la noción de bien de consumo; pero no aparece el concepto de derecho universal, lo que sigue dejando un espacio importante para la reinstalación de una política de focalización, propia del modelo vigente. Junto con lo anterior, se establece, también, el compromiso de garantizar el derecho a una educación de calidad y el término del lucro con fondos públicos en educación, agregando que ello obliga poner fin al financiamiento compartido; esto, en el caso de los colegios particulares subvencionados implicaría la eliminación gradual de toda forma de copago de las familias y su reemplazo por financiamiento público. Este es probablemente uno de los cambios de mayor profundidad que plantea el Programa. No obstante, nada se dice respecto de otras formas de obtención de utilidades en el sector particular subvencionado y municipal, como son las lógicas de externalización asociadas a la Ley SEP, que permite generar cuantiosas ganancias en organismos de asistencia técnica educativa (ATE), con fondos públicos y cuyo real impacto en el mejoramiento del sistema escolar está lejos de comprobarse.

Respecto de la selección de alumnos, existe el compromiso de eliminación de tal mecanismo a nivel de las escuelas, pero se excluye de esta medida a los liceos, lo que hace que la competencia por alumnos y su consecuencia segregadora se mantenga en parte importante del sistema. Por otro lado, no se establece con claridad de qué manera se evitaría la selección en las escuelas, considerando que dicha medida prohibitiva ya existe y que a pesar de ello el problema se sigue produciendo.

La idea de fortalecer la educación pública es otra de las declaraciones relevantes y estratégica para una nueva política pública. Aquí el problema es que se trata de una declaración que no tiene mayores respaldos concretos en iniciativas legales o de política gubernamental; es más bien la manifestación de un deseo de quienes redactaron el Programa, pero que en los hechos podría quedar en nada o toparse con grandes obstáculos, frente a los cuales, de no existir una voluntad generalizada e iniciativas concretas, se puede quedar simplemente en buenas intenciones.

De hecho, el llamado “plan de apoyo técnico y de recuperación de la matrícula” no establece sus fundamentos o ideas fuerza, tampoco la modalidad de implementación ni los objetivos, pudiendo ser una más de muchas iniciativas de focalización que han fracasado estrepitosamente. Igual situación ocurre con la declarada participación al interior de los establecimientos, tema sensible y determinante para los cambios, pues en las anquilosadas estructuras autoritarias y clientelares que caracterizan las direcciones intermedias y de escuelas, están parte importante de los obstáculos para producir transformaciones en el sistema. Salvo una voluntad genérica, no hay nada concreto tras esta idea del programa.

En cuanto a la formación escolar propiamente tal, se habla de calidad e introduce la noción de estándares, pero nuevamente no se indica el carácter de éstos y en qué grado o ámbito serán vinculantes para el conjunto del sistema. A su vez, si estos requisitos y orientaciones sobre calidad incorporarán finalidades formativas trascendentes, como la democracia o la inclusión, no se registra un conjunto de planteamientos articulados sobre un aspecto tan importante como este. No hay un ideario educativo público, basado en principios que recojan la tradición republicana democrática, la necesidad de justicia social y la pertinencia e identidad cultural, tanto latinoamericana, como nacional y local. Queda en la interrogante cómo se enfrentarán, en tal sentido, los discursos hegemónicos de la modernización y la globalización, que marcaron la producción discursiva en las décadas anteriores. Tampoco hay, por cierto, un planteamiento respecto del tema curricular, sobre el cuál no se ha hecho una evaluación global con los actores educativos involucrados y aún no se ha caído en cuenta que allí hay problemas estructurales que dificultan un adecuado desarrollo educativo, por lo que se trata de un tema central para abordar los cambios al modelo.

Adicionalmente se abren otros temas de no menor importancia, que tienen que ver con la arquitectura del sistema, con las condiciones de funcionamiento y con los procesos propiamente tal, respecto de los cuales se reitera la combinación de grandes titulares con ambigüedades y ausencias. Se plantea, por ejemplo, la desmunicipalización del sistema, anunciando la creación de un servicio nacional y servicios locales dependientes del Mineduc. Estos últimos, apoyados en consejos consultivos que incluirían a la comunidad; todo lo cual aparece como un avance. El problema es que no se establece el carácter de los servicios locales, tampoco la composición del consejo consultivo y no se otorgan facultades resolutivas a dicha instancia comunitaria, lo que puede convertirla en un elemento decorativo, tal como ocurre hoy con los consejos escolares al interior de los establecimientos; porque cuando no hay deliberación no existe real democratización.

La formación inicial y continua es otro de los flancos no cubiertos adecuadamente. En formación inicial, por ejemplo, se habla de “promoción” de políticas, lo que a estas alturas es insostenible, porque todo el modelo actual se ha basado en la lógica de “promoción”, lo que justamente es contrario a una política nacional de educación, vinculante para todas las instituciones y no sólo para aquellas que, en el marco de la libertad de enseñanza, opten por desarrollar o no tales lineamientos. De igual modo, no se establece en qué sentido se planteará el aumento de las exigencias de acreditación para las pedagogías; tampoco se hace mención al carácter privado de dicho proceso. Es sintomático, por otra parte, que no se plantee cambiar la lógica de la prueba inicia, hoy centrada en contenidos y no en capacidades, careciendo completamente de valor predictivo respecto del futuro desempeño profesional. Este conjunto de medidas sólo reafirman una lógica de mercado, en el sentido de permitir que la “oferta” tenga libertad de iniciativa y que la promoción y regulación supuestamente fuercen a las instituciones a cumplir con un buen servicio. Está más que demostrado que esto no ocurre, que siempre hay ajustes e interpretaciones y que mientras tanto los beneficiarios de los derechos se ven siempre perjudicados.

En formación continua no se establece el tipo ni la duración de los perfeccionamientos para cada actor en particular; tampoco se deja claro si estos son universales o para segmentos focalizados. En el ámbito de la carrera docente y condiciones de desempeño profesional, el mejoramiento de remuneraciones no establece porcentaje, tampoco las variables y magnitudes de los incentivos. Así mismo, el aumento de horas no lectivas no se precisa, e igual situación ocurre con la reducción de alumnos por curso. Y podríamos seguir.

Finalmente, en materia de apoyos institucionales se extraña la implementación, para la educación pública, de un plan de apoyo integral, asociado a un equipo ministerial amplio, competente y con presencia descentralizada, con apoyo de docentes destacados y colaboración de universidades con vocación pública; pero no bajo la clásica fórmula neoliberal de la licitación, en la que cada institución hace lo que le da la gana y obtiene utilidades económicas propias de cualquier negocio. Se requiere un apoyo bajo otro paradigma, sostenido, colaborativo, que mejore las condiciones de gestión de los establecimientos, que desarrolle un modelo educativo con la comunidad, que defina y construya perfiles docentes adecuados a dicho proyecto. Un apoyo que establezca estrategias de uso del currículum basadas en la pertinencia cultural, en el desarrollo de capacidades fundamentales de los estudiantes (más que en la cobertura formal de contenidos) y desplegadas a través de estrategias de contextualización y problematización de la propia realidad de la escuela y que establezca una relación de sentido con el conocimiento ofrecido.

En síntesis, no se ve por ningún lado el proyecto país; aparece, más bien, una suma de medidas que intentan recoger parte de la sensibilidad social sobre el tema, pero que no alcanzan para configurar un proyecto educativo nacional; no logran precisar el modo en que se implementarán ciertas declaraciones generales y no dan respuesta a aspectos clave de un proyecto educativo que efectivamente apunte hacia el cambio de modelo.

Un optimista confiado podría pensar que se trata de una estrategia, en la que las definiciones concretas se van a implementar en los hechos más que declarar previamente. El tema es que los cambios verdaderos no se hacen así, se hacen de cara a la ciudadanía, con la participación de los actores involucrados, con los costos y beneficios que ello implica; nunca son sin conflicto, nunca deja de haber adversarios, a veces antagónicos a lo que se pretende; eso es construir una cultura democrática. Por ello, queda la sensación de un programa que se construyó desde los intersticios de la política instrumental, buscando relegitimar una opción desgastada ofreciendo voluntades genéricas, pero que luego sucumbirán -de no mediar una sostenida presión desde el movimiento social- ante el frío escrutinio de los intereses creados y del consenso binominal.

Miguel Caro R. es Profesor. Director de Educación Universidad ARCIS.

Nota:
1) Programa de gobierno de Michelle Bachelet, 2014, pag. 16

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Paraguay: ¡¡Armen líos!!… para masacrarlos

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

De tanto en tanto, personajes con resonancia, pronuncian frases que rápidamente se convierten en palabra de orden para muchos que las aprovechan para ocultar su limitación lingüística o para darse lustre con el pensamiento ajeno y, entre muchas, hay dos que se ventilan a menudo, sin que nada garantice que aporten algún beneficio a la sociedad.

“Nuestra hoja de ruta”, tiene más de treinta años, y su autor es Ariel Sharon, el genocida Ministro de Defensa del Estado Terrorista de Israel, quien la utilizó ante la prensa para explicar que la masacre de miles de inocentes en los campos palestinos de Sabra y Chatila, que comandó en persona, era el método que el gobierno sionista había decidido aplicar en la ocupación del territorio vecino.

Desde entonces, esas cuatro palabras son utilizadas como martillete por los políticos mediocres, incluso de izquierda, olvidando que representan la horrible decisión de un Estado miembro de Naciones Unidas, cuyo fin confesado por sus máximas autoridades es el de sepultar hasta el último palestino bajo los escombros de las ciudades que continúan destruyendo sus buldozer, consolidando uno de los mayores crímenes masivos que se producen en tiempos modernos, aprovechando la insensibilidad y cobardía colectiva.

La otra frase y más nueva, casi fresquita, es la de “Armen líos”, obra del Papa Francisco que aquí, en Paraguay, la acuñó como propia el Presidente Horacio Cartes, llamando a la ciudadanía a protestar contra los errores o desaciertos de su gobierno, el que está basado en su promesa de aplicar un “Nuevo Rumbo” en la política nacional.

Observando la sonrisa y la aparente calma que Cartes utiliza en sus apariciones públicas, y cuando se mira la superficie sin analizar contenidos y efectos, la demagogia pasa solapada, pero si el ciudadano se detiene un poco a estudiar los hechos, entonces se van develando lentamente, como al replegarse el cortinado de un teatro, las imágenes de una política ultraconservadora, asentada en la represión de las fuerzas conjuntas Ejército-Policía que, además de la brutalidad, se expresa con mensajes claros.

El Embajador de Estados Unidos, James Tessin celebró las vísperas de navidad visitando a Cartes y, sin que nadie le preguntara nada al respecto, anunció que su gobierno tiene expertos permanentes en Paraguay capacitando a la policía. Oficiosamente se habla de que lo estarían haciendo junto con especialistas de Israel, cuyo gobierno ha enviado agentes para ocuparse de la seguridad personal y familiar del mandatario.

En medio del jolgorio del nuevo año, la gente salió a la calle, pero no para armar líos, sino para reclamar un transporte urbano aceptable, y la respuesta de la policía y sus cascos azules fue la burla, la provocación, el apaleamiento, el manoseo de muchachas, la represión de periodistas seleccionados, el ordenar cuerpo a tierra a todos y llevar a 16, incluso un menor, a empujones e insultos hasta los calabozos.

Doce fueron autorizados a regresar a sus domicilios, cuatro salieron con libertad vigilada, un periodista del digital analítico E’A, lúcido espacio crítico, fue despojado de su cámara y de otros útiles de trabajo y, dos días después le habrían entregado otra filmadora por orden de la fiscalía, legalizando, al menos hasta ese momento, la usurpación de las imágenes.

Nadie podía esperar una reacción tan grosera de parte del gobierno, cuyo Presidente hacía difundir, en esas mismas horas, saludos de paz y armonía entre los compatriotas, a pocas semanas de repicar al Papa con el llamado a “armar líos”, lo cual estimuló a más de una persona bien pensante que, ingenuamente, había creído eso del “Nuevo Rumbo”, aunque sin detenerse a mirar hacia dónde apunta.

Cierto es que esa ingenuidad no se da en los campos de la patria paraguaya, donde la represión y desalojo de los campesinos pobres que reclaman tierra para trabajar es comida diaria, con una saña que, según víctimas, testigos personales y abogados defensores, recuerda los peores años de la tiranía del General Alfredo Stroessner (1954/89), cuando los “agentes del orden” baleaban y macheteaban a cualquier persona que no fuera incondicional y las enterraban en los campos, con la complicidad de los propios estancieros, muchos de los cuales aún no han pagado la tierra que ocupan.

Este nuevo atropello del gobierno de Cartes podría acumular nuevos elementos para expandir el creciente malestar ciudadano, alimentando un boomerang del que están surgiendo indicios, como es el escrache público que se viene dando contra personajes del parlamento o del Poder Judicial, en una clara demostración de que al interior del pueblo se está gestando un nuevo pensamiento que, por ahora, se expresa en una repulsa parcial, pero que, si el mandatario no rectifica y persiste en “su” línea, puede adquirir una dimensión superior que sí podría armar líos.

Mujeres y hombres de todas las edades salieron a las calles a manifestar su indignación frente al aumento del boleto de los buses, en un nuevo abuso de los que cometen, día tras día y desde hace años, los empresarios del transporte público, con unidades sin mantenimiento mecánico que a menudo quedan a mitad del recorrido, abarrotadas bajo 40 grados de calor, sucias desde el piso al techo, muchos herrumbrados, por donde cae la lluvia sobre las víctimas de pie, porque los asientos están desvencijados, las ventanas no cierran y en ocasiones no abren, los posa manos están grasientos y el chofer irascible, triste fruto de una despiadada explotación, con doble horario para ni siquiera llegar al salario mínimo.

Desde hace años, el Estado paraguayo subvenciona a las empresas privadas del transporte público, en una componenda que sacrifica olímpicamente a los usuarios, ignorados en su derecho a la comodidad durante el viaje, en una perversa complicidad que desemboca en la actividad política de los dos viejos partidos, el Colorado y el Liberal que, en contrapartida, se sirven de los buses para arrear a sus votantes en cada elección municipal o nacional e incluso de las grandes cooperativas, mayoría conducidas por ese nefasto binomio partidario.

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Grotesca réplica de Estados Unidos a oferta cubana

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

“Estados Unidos está abierto a dialogar con Cuba si garantiza la protección de los derechos humanos” es el título que dio el diario El Nuevo Herald, vocero de la extrema derecha cubano-americana de Miami, a un despacho de la agencia de prensa francesa (AFP) de diciembre 24 de 2013. “El gobierno de Estados Unidos está abierto a forjar una nueva relación con Cuba cuando el pueblo cubano disfrute de las protecciones a los derechos humanos fundamentales y la habilidad de determinar libremente su propio futuro político”.

Tal fue la respuesta poco seria de Washington, formulada por “un funcionario de alto rango de la diplomacia estadounidense que pidió el anonimato” a una oferta de diálogo reiterada por el Presidente Raúl Castro al inquilino de la Casa Blanca en el discurso de clausura del Segundo Período Ordinario de Sesiones de la 8ª Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento cubano) el 21 de diciembre último.

En aquella ocasión, el Primer Mandatario de Cuba expresó que “si en los últimos tiempos hemos sido capaces de sostener algunos intercambios sobre temas de beneficio mutuo entre Cuba y los Estados Unidos, consideramos que podemos resolver otros asuntos de interés y establecer una relación civilizada entre ambos países como desea nuestro pueblo y la amplia mayoría de los ciudadanos estadounidenses y la emigración cubana.

“En lo que a nosotros respecta, -enfatizó el Presidente Raúl Castro- hemos expresado en múltiples ocasiones la disposición para sostener con Estados Unidos un diálogo respetuoso, en igualdad y sin comprometer la independencia, soberanía y autodeterminación de la nación. No reclamamos a Estados Unidos que cambie su sistema político y social ni aceptamos negociar el nuestro. Si realmente deseamos avanzar en las relaciones bilaterales, tendremos que aprender a respetar mutuamente nuestras diferencias y acostumbrarnos a convivir pacíficamente con ellas. Solo así; de lo contrario, estamos dispuestos a soportar otros 55 años en la misma situación”.

En la clausura del X Período Ordinario de la 7ª Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en diciembre 13 de 2012 el Presidente cubano había dicho, a pocas semanas de que se iniciara el segundo periodo de mandato del presidente Barack Obama, que “de la misma forma que Cuba jamás renunciará a la defensa de la independencia y la autodeterminación, reitera una vez más a las autoridades norteamericanas la disposición al diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, sobre todos los problemas bilaterales, a la vez que continúan sobre la mesa nuestras ofertas de cooperación en cuestiones de interés común, sin precondiciones o gestos previos”.

La oferta de diálogo de parte del gobierno cubano no es nueva. De hecho puede decirse que esa ha sido una disposición invariable de La Habana desde que surgieron las primeras objeciones oficiales estadounidenses al proceso político cubano tras el triunfo de la revolución en 1959 y su líder, Fidel Castro, viajó a Washington para sostener conversaciones llamadas a dejar claras la disposición cubana de sostener una relación respetuosa, sin injerencias en los asuntos internos de las partes.

Lo que sí ha variado una u otra vez ha sido el pretexto para rechazar la oferta. Inicialmente fue el tema de la nacionalización de propiedades extranjeras en Cuba, un programa básico de la revolución que afectó a varios países con nacionales que poseían importantes industrias o grandes fincas en la Isla. Todos estos inversionistas - excepto los de Estados Unidos, a quienes les fue vedado por su gobierno negociar con el gobierno cubano una compensación mutuamente aceptable acorde con las normas del derecho internacional- arribaron a acuerdos satisfactorios de indemnización, hecho que demostró que Washington no buscaba arreglo sino confrontación.

Luego surgieron otros efugios en forma de objeciones de Estados Unidos que impedían el dialogo negociador entre las dos partes: las relaciones de Cuba con la Unión Soviética, la presencia militar soviética en Cuba, el apoyo cubano a los movimientos de liberación nacional en América Latina (varios de los cuales hoy son gobiernos), la presencia militar cubana en África en apoyo a los movimientos de liberación nacional y a la lucha contra el execrable apartheid. Y, en los últimos tiempos, el gobierno de Estados Unidos ha recurrido al pretexto de una presunta violación de los derechos humanos en Cuba. Tan desatinada acusación promovida por el país que más sistemáticamente viola los derechos humanos en el mundo de hoy y que incluso opera un centro de tortura de detenidos sin condena en una base militar que opera ilegítimamente hace un siglo en territorio de la provincia cubana de Guantánamo es, cuando menos, grotesca.

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Primeros anuncios económicos del 2014

Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)

Empezó el 2014 con algunas novedades anunciadas por el gobierno en materia de política económica.

Una de ellas remite a un nuevo acuerdo transitorio de precios. Otra a sanciones a las empresas distribuidoras de energía. Finalmente se anunciaron centenares de objetivos y metas para el presente año.

Aumentos y acuerdos de precios

Sobre los precios, vale registrar que el anuncio solo involucra un conjunto de productos y aplicables a la zona metropolitana. El interior profundo del país deberá esperar mejor ocasión.

La antesala del anuncio se presentó con incrementos del boleto del transporte de pasajeros en el Gran Buenos Aires, del precio de boletos de avión, los aumentos de las naftas y los peajes. Todos en cifras muy por encima de los registros oficiales de evolución de los precios, e incluso de lo que indican fuentes privadas, en general opositoras al gobierno.

Más allá del acuerdo de precios, queda claro que el año comienza con aumentos que inciden en la capacidad de gasto de la mayoría de la población, especialmente los perceptores de ingresos fijos. Es una situación que anticipa importantes debates salariales en cuanto se habiliten las negociaciones colectivas, y entre ellas destaca la paritaria docente con la incertidumbre de todos los comienzos de año relativa al inicio de las clases.

El estado y las empresas eléctricas

Respecto de las eléctricas, y aun persistiendo el problema de los cortes de luz y agua para algunos usuarios, el Ministerio de Planificación anunció un conjunto de multas a las empresas y resarcimientos a usuarios afectados, incluyendo sanciones retroactivas a similares episodios de años anteriores.

El anuncio incluye la posibilidad de rescisión de los contratos. Las medidas expresan una clara intención de hacer responsables de los cortes a las empresas.

Lo que se omite es hacer un balance crítico del accionar del ENRE, el ente de control, con escasa capacidad de incidir en la prevención de la crisis.

Pero aún más, se requiere apuntar al conjunto de la política energética, lo que requiere discutir desde la producción a la distribución de la energía. Ello no solo es electricidad, sino también petróleo o gas.

Ese fue precisamente el colofón de la exposición de De Vido, resaltando la potencia del yacimiento Vaca Muerta, especialmente en materia de gas. Aun resolviendo el abastecimiento energético del verano y los picos de demanda, la realidad es que la crisis energética ocupará buena parte de las discusiones del presente año.

Objetivos y metas 2014

En cuestión de objetivos y metas resaltan el fuerte crecimiento esperado para la economía, como la consolidación de un importante saldo comercial estimado en 10.124 millones de dólares, con exportaciones por más de 94.000 millones de dólares.

Los anuncios trascienden la economía, pero entre ellos resalta la afirmación de un modelo productivo que tiene epicentro en el extractivismo. En efecto, en materia agrícola se anuncia el objetivo de lograr un incremento del 20% en la producción de trigo con una meta a lograr a 11 millones de toneladas, al mismo tiempo que se sostiene una meta de 115 millones de toneladas para cereales y oleaginosas en la perspectiva del 2015.

Queda clara la continuidad en la soja y sus derivados como producto central del complejo agrícola del país, base esencial de la expansión de las exportaciones. Pero no solo agro en los anuncios, también la minería se presenta con una expectativa de inversiones externas por 3.800 millones de dólares.

La primarización y el extractivismo aparecen en el primer plano. Los anuncios relativos a política social expresa los límites estructurales de la economía argentina.

Entre otros, se aspira a un desempleo del 6,3% muy lejos de los valores históricos.

En materia de trabajo no registrado se aspira a que sea menor a 32,5%, dando cuenta de las dificultades para regularizar el empleo y terminar con la impunidad empresaria en la contratación irregular de la fuerza de trabajo.

La Asignación Universal por Hijo se incrementará para llegar a 4.501.939 beneficiarios, consolidándose como la principal política social y el mantenimiento del problema estructural de la pobreza.

Todos los anuncios denotan preocupación gubernamental ante las protestas y reclamos del fin de año, sea por la carestía de la canasta de consumo cotidiana o los cortes de electricidad y su impacto en zonas urbanas.

Se pretende incidir en la prevención del conflicto social que tiene eje en la disputa por el ingreso. Insistamos, un tema que aparece en el centro de la agenda de política económica a comienzo del 2014.

Julio C. Gambina es Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

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La corrupción detrás de los apagones

Fernando Pino Solanas (INFOSUR)

El Gobierno responsabiliza a las distribuidoras, pero ha sido plenamente cómplice de la desinversión y el incumplimiento permanente de las empresas concesionarias. Cada verano, ante picos de temperatura, los vecinos, comerciantes y productores deben soportar fuertes pérdidas y semanas de sufrimiento debido a los cortes: alimentos y mercaderías que se pudren, ancianos que quedan encerrados al no poder bajar las escaleras, la falta de agua y los trastornos en el cuidado de los enfermos son algunas de las secuelas de la imprevisión y la desidia del Gobierno. En medio del caos, Julio De Vido aparece cada año con la misma cantinela: “Una suba extraordinaria de la demanda ha provocado cortes en el suministro eléctrico”.

Si las temperaturas no superan los 40 grados, no son excepcionales. El Gobierno no previó un crecimiento del 58% en la demanda, ni planificó inversiones en la red de distribución para acompañar el crecimiento del PBI en diez años. Las distribuidoras dicen que han diferido su plan de inversiones por el congelamiento tarifario que les ha impedido obtener créditos, siendo esto también responsabilidad del Gobierno ya que hasta noviembre de 2011 los subsidios eran no sólo para clientes residenciales, sino que bancos, mineras, petroleras, telefónicas y casinos también gozaban del congelamiento.

Ante este cuadro crítico, el gobierno nacional amenazó con hacerse cargo de Edenor y Edesur. Sin embargo, analizando la situación se deduce que una hipotética estatización sólo beneficiaría a los grupos controlantes de dichas empresas (Mindlin y la italiana Enel, respectivamente) ya que ambas son deficitarias, ineficientes, tienen un alto grado de desinversión y un fuerte endeudamiento a corto plazo.

Situación plenamente aceptada por el gobierno K

En los primeros nueve meses de 2013, las pérdidas de Edenor fueron de $ 1.110 millones y las de Edesur de $ 909 millones, dando un margen operativo negativo del 43% para Edenor, y de 40% para Edesur. El 9 de mayo de 2013, la Secretaría de Energía (Resolución 250) les reconoció mayores costos incurridos entre mayo de 2007 y febrero de 2013, por $ 2.238 millones a Edenor y por $ 2.143 millones a Edesur. Con la acreditación de estos montos, las empresas pudieron cancelar sus deudas con el Estado por el Puree (Programa de Uso Racional de la Energía Eléctrica) y compras de energía eléctrica a Cammesa.

Pero los niveles de desinversión e incumplimiento eran manifiestos mucho antes de mayo de este año, siendo éstas las razones ahora esgrimidas para rescindir las concesiones.

Entonces, ¿por qué otorgarles a empresas altamente deficitarias, ineficientes e incumplidoras estas condonaciones de deuda con el Estado nacional para luego pretender estatizarlas? La historia se repite: el Estado se hace cargo de las deudas de las prestadoras de servicios. ¿Hasta cuándo seguirán los beneficios millonarios a la “patria subsidiada”? La corrupción, como vemos, también se lleva nuestra energía.

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Jorge Etchenique: Un intelectual comprometido

Andrés Sarlengo (CONTRAPUNTOS, especial para ARGENPRESS.info)

El pasado viernes 13 de diciembre falleció en Santa Rosa (La Pampa) el escritor, investigador y docente Jorge Etchenique. Con Silvio Tejada lo recordamos y simultáneamente coincidimos con Osvaldo Bayer: "Gracias por tu vida, Jorge".



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Entrevista a Natalia Vinelli: Comunicación alternativa y construcción de poder popular

Carlos Saglul (ACTA - PRENSA RED)

Natalia Vinelli es licenciada de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Recientemente fue candidata a para el rectorado de esa Facultad, autora de “ANCLA, una experiencia de comunicación clandestina orientada”, es una de las comunicadoras más activas desde la experiencia de “Barricada TV”.

Mientras se dispone a publicar “La televisión alternativa, popular, comunitaria (1987-2012)”, Vinelli continúa defendiendo la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aunque enfatiza: “Ya no hay excusa para aplicarla de verdad, especialmente en lo que hace a la legalización del 33 por ciento por ciento de los medios sin fines de lucro”. Señaló asimismo la necesidad de que los medios en manos del Estado sean “públicos y no voceros de los gobiernos de turno”.

- Hablemos de la experiencia de Barricada TV. ¿Hasta dónde las organizaciones populares tienen conciencia de la necesidad del desarrollo de medios propios?

- Yo creo que la importancia de la construcción de medios propios fue ganando terreno en los últimos años. Hay mayor conciencia acerca del papel de la prensa; y también hay más preocupación por las políticas de medios diseñadas alrededor de la organización de las voces propias. Pero al mismo tiempo se mantiene una seducción por los medios comerciales: aparecen como atajo para “instalarse”, para llegar a sectores de masas mientras que la comunicación popular todavía no puede garantizarlo. En este sentido creo que hay que destacar dos cosas: Una, que es necesario y posible articular ambas intervenciones en una política integral. Los medios propios organizan el discurso y en este sentido tienen que tener otro lugar en la estrategia, incluso pensando que también funcionan como fuentes. Dos, que la comunicación popular tiene que profundizar la discusión sobre la masividad, esto es algo que en Barricada debatimos permanentemente, y asumirla. Esto implica apostar a una agenda de temas amplia, no solamente la agenda de la protesta y la vida cotidiana de nuestras organizaciones sino también la investigación periodística de más largo aliento, e incluso la cobertura de los actos oficiales o las conferencias de prensa: creo que ningún otro medio va a realizar las preguntas que podemos realizar nosotros, y eso también tiene que ver con la subjetividad.

- ¿Puede haber organización y poder popular sin comunicación popular?

- Recuerdo por ejemplo la importancia que se daba a la comunicación en los setenta, se hacían ejemplares en miniaturas de las revistas para que entraran en las cárceles. Documentos, etc… Yo pienso que la comunicación es estratégica en la construcción de poder popular. Nuestros medios son espacios arrebatados a la hegemonía, cuanto más fuertes, más importante es la construcción. Creo que los diarios El Mundo y Noticias, en los 70, son buenos ejemplos de esto. Medios de masas para una política de masas de las dos organizaciones político-militares más grandes de la época, que sin decirse partidarios apuntaban a llegar a los sectores más amplios del pueblo. Las experiencias del cine militante, o el papel de la radio en América Latina, también enseñan que la comunicación popular no sólo tiene que ver con la representación sino también con la acción, con la organización y con la movilización popular. Ahí está el ejemplo de las radios mineras bolivianas y el papel que cumplieron en la defensa de los distritos mineros durante las sucesivas dictaduras militares, o la Radio Rebelde cubana.

- ¿Puede sobrevivir la socialización de los medios en una sociedad que se caracteriza por la concentración de la riqueza?

- Es la misma pregunta que se le puede hacer a una cooperativa del movimiento de trabajadores desocupados, o a una fábrica recuperada. Barricada TV está en IMPA, una metalúrgica que es la primera recuperada en el país, y que sigue funcionando bajo autogestión de sus trabajadores y trabajadoras. Que es una tarea difícil, no tengo la menor duda. Pero no creo que sea lo correcto esperar a que se den otras condiciones para montar nuestros medios: al contrario, estos aportan en un camino de transformación social estructural. Por eso insisto con que estas experiencias son espacios arrebatados a la hegemonía: colaboran en la construcción de la fuerza propia y a la vez nos permiten adelantar en el presente el tipo de relaciones sociales (solidarias, igualitarias, cooperativas) que nos imaginamos para la sociedad futura.

- ¿De que sirvió hasta ahora la Ley de Medios? ¿Crees que va a terminar con los monopolios?

- Creo que lo más importante de la Ley de Medios fue el debate que suscitó. Sacó a la comunicación de los escenarios dominados por especialistas o técnicos y la puso al alcance de cualquiera. Quiero decir, en las casas, en los almuerzos familiares, en los lugares de trabajo se empezó a hablar de manipulación o del papel de los medios ahí cuando hasta hace poco dominaba el “el cierto, lo vi en la tele”. Esto es un paso adelante. Además no es lo mismo una ley que reserva el 33 por ciento del espectro para medios sin fines que lucro que perseguirlos, como sucedía con la ley anterior, que directamente los prohibía.

Pero al mismo tiempo hay que decir que su aplicación es demasiado lenta para los años que lleva aprobada, y ni que hablar para las expectativas que despertó. Hoy nos encontramos con un mapa de medios que está cambiando pero sin que cambie el paradigma de la comunicación, que sigue asociado a las ganancias. Es decir que hay más actores, pero son comerciales. Por eso decimos que para ir a fondo contra los monopolios es necesario avanzar paralelamente en la democratización de la comunicación. Y para cumplir con la ley, el Estado debe garantizar el 33 por ciento del espectro para los sin fines de lucro. En esa pelea estamos.

- ¿Qué pasa con la publicidad oficial, crees que es posible que se utilice para el financiamiento de los medios alternativos, no solo de los oficiales?

- El tema de la pauta es clave, de hecho estamos por arrancar con una campaña que democratice el reparto de la pauta. Si me preguntás por la sustentabilidad, te diría que cuál es la sustentabilidad de CN23 o de Página 12 sino a través de la plata que entra a través de la publicidad oficial. Lo importante ahí es trabajar porque el reparto sea transparente, y sin condicionamientos.

- ¿Qué posibilidades concretas tiene el desarrollo de la prensa del campo popular en la Argentina y qué rol crees le correspondería en este sentido a una organización como la CTA?

- Creo que hay un escenario más que interesante, con muchas prácticas que vienen creciendo y experiencia acumulada. Hay un marco regulatorio que en un punto nos da la razón, y que tenemos que exigir que se cumpla a fondo. Hay una nueva tanda de canales de televisión en el aire, y cantidades de radios. En este marco las organizaciones de trabajadores tienen una doble tarea: la de apostar a los medios propios que demuestren la factibilidad de esas apuestas en comunicación, y la de colaborar con los medios que ya existen o van naciendo y que tienen un marco de apoyo más débil pero mucha capacidad de laburo y militancia.

- Escribiste un ensayo sobre ANCLA, que lección dejan experiencias tan “fuertes” como Noticias, El Mundo, la Evita Montonera, Estrella Roja y tantas otras….

- Bueno, lo decía al principio, creo que demuestran la importancia de contar con medios propios según la etapa y los objetivos que nos demos desde las organizaciones. Y además creo que demuestran que es posible sacar los pies del plato y apostar por otro discurso, en definitiva, por la disputa sobre la subjetividad. Porque lo que hacemos desde la comunicación popular es eso: generar acciones, trabajar para generar consenso alrededor de los proyectos populares, circular otras formas de ver el mundo, otros valores que puedan enfrentar el sentido común dominante. Hoy el escenario es otro, pero la necesidad sigue siendo la misma y creo que como pueblo estamos sentando las bases para transitar con éxito este desafío.

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Jere, Mono y Patom, dos años después

Carlos del Frade (APE)

Si la sangre derramada de nuestros hijos sirvió para iluminar algo de la vida de esta ciudad de Rosario tan oscura, que viva la sangre derramada de Jere, Mono y Patom – dijo el pastor Eduardo Trasante, papá de Jeremías, uno de los tres fusilados en las primeras horas del año 2012 en la canchita del Club Deportivo Oroño, en Dorrego y Presidente Quintana, al sur de la ex ciudad obrera. Fue en las escalinatas de los tribunales provinciales donde más de un millar de personas, de distintas generaciones, caminaron más de una hora para encender la noche con antorchas pidiendo justicia y acompañar la pelea de las familias y del Frente Popular Darío Santillán – Movimiento 26 de Junio que supo transformar el dolor en bandera y conciencia social y política: “Basta de asesinatos de la narcopolicía”.

Bebés en cochecitos o a upa de jóvenes y fuertes mamás iniciaron la movilización desde el lugar donde la banda del Quemado Rodríguez, una de las tantas que trabajaban para los Cantero, los tristemente célebres Monos, asesinaron a Jeremías “Jere” Trasante, de 17 años; Claudio “Mono” Suárez, de 19 años y Adrián “Patom” Rodríguez, de veinte.

“Siempre que me peguen me levantaré. En la calle yo estaré, desde abajo lucharé…Esta banda quiere, el cambio social”, gritaban abuelos, papás y chicos, mientras el sol extrañamente benigno del jueves 2 de enero iba ocultándose tras los árboles del Parque Independencia.

Las banderas del FPDS – M26 eran seguidas por el Frente Ciudad Futura, Giros, el Movimiento Evita, a las que luego se agregaron las del PTS, PTP, FUR, ALDE y las siempre presentes pecheras de ATE y CTA. Distintas organizaciones sociales de militancia a favor de los pibes también estuvieron presentes desde hora temprana.

-Gracias por acompañarnos siempre. Este año será muy importante y vamos a lograr la justicia por la que venimos peleando desde hace dos años – dijo a su turno, Ignacio “Killer” Rodríguez, papá de Adrián.

La luminosa Lita, Stella Maris Gómez, mamá de Claudio “Mono” Suárez, dijo que: “Muchas veces nos tocó marchar con viento, frío y un sol terrible. Y muchas veces no tenía fuerza pero en seguida me decía que tenía que salir, tenía que venir y seguir militando para que esto no le vuelva a pasar a otros hijos como era el mío”, mientras una lluvia de aplausos cargados de emoción y admiración intentaban abrazar tanta dignidad.

Una serie de carteles multicolores iniciaron una procesión por detrás de los padres con leyendas que cuestionaban el lugar común con que el sistema quiso cerrar el caso: “No fue un ajuste de cuentas”, “Soldaditos de nadie”, “no estaban en el lugar equivocado”, “Eran luchadores por la justicia social”, “Será justicia”, decían las palabras escritas con fibrones y sostenidas por las manos niñas de chiquitas y chiquitos, la mayoría familiares directos de los tres asesinados el primero de enero de 2012.

-Mientras doblamos por Moreno pasó una camioneta del Dakar. Ese Dakar que ofende y que muestra la síntesis de un proyecto que es soja y merca. Nosotros expresamos otra cosa, una justicia que se construye con ustedes acá en la calle, movilizados – dijo el abogado Norberto “Beto” Olivares, histórico referente en las luchas por los derechos humanos.

Los fuegos artificiales señalaban que a pesar del dolor infinito también las memorias de Jere, Mono y Patom servirán para la construcción de una sociedad mejor.

Pedro “Pitu” Salinas, uno de los principales voceros del FPDS – M26 de Junio, sostuvo: “Recibimos con dolor, pero también con gran convicción y esperanza, un 2014 en el que indudablemente será justicia. Manifestamos la seria voluntad de que las causas por los homicidios, como así también la del encubrimiento policial, tramiten juntas en la etapa de enjuiciamiento. Esta posición obedece a una razón muy sencilla: lo que se ventilará en el juicio son los asesinatos de nuestros compañeros, producidos en el marco de una trama densa y compleja, donde el encubrimiento policial es un elemento constitutivo, inescindible. Es imposible analizar una cosa sin la otra. Sabemos que esto nos expone a la posibilidad de encaminarnos hacia un escenario de juicio escrito, al que iremos convencidos y resueltos, atendiendo a que nos sobra voluntad por profundizar la instancias de lucha que le otorguen visibilidad a este proceso judicial que, entendemos, también debe constituirse en un punto de inflexión sustantivo”, apuntó el militante.

A dos años del triple crimen de Villa Moreno, la memoria y el amor por Mono, Jere y Patom, siguen produciendo conciencia, voluntad de cambio y construcción de justicia popular.

Para que, de una buena vez, la vida sea una fiesta para cada pibe y cada piba que nazcan en estos arrabales del mundo. Para que el amor, en definitiva, le gane a la muerte y al poder.

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La Semana Trágica de enero de 1919: Huelga, lucha y represión

Leónidas Ceruti (ANRED)

Debemos ver a la huelga de los metalúrgicos de los Talleres Vasena, la posterior represión y resistencia, que pasó a la historia como la “Semana Trágica”, como uno de esos heroicos hitos de la clase obrera, que nos ha dejado muchas enseñanzas. No sólo se reclamó y se luchó por los derechos de los trabajadores, sino que no se dudó en enfrentar a las fuerzas policiales, al Ejército y a la Liga Patriótica, en una clara muestra de autodefensa de clase.

"Contra los indiferentes, los anormales, los envidiosos y haraganes; contra los inmorales, los agitadores sin oficio y los energúmenos sin ideas. Contra toda esa runfla sin Dios, Patria, ni Ley, la Liga Patriótica Argentina levanta su lábaro de Patria y Orden... No pertenecen a la Liga los cobardes y los tristes."

Sumario:
- Panorama internacional y nacional
- El conflicto en la empresa Vasena
- Represión y resistencia
- La Liga Patriótica
- La Plaza “Martín Fierro”
- Perón en la represión: el debate
- Antisemitismo
- Donaciones de las familias patricias
- El tango: “Se viene la maroma!”
- A modo de conclusión

Panorama internacional y nacional

La situación internacional hacia fines de 1917 se distinguió por su conflictividad. Europa se vio envuelta en distintos conflagraciones como la Primer Guerra Mundial, la Revolución Bolchevique, la agresión imperialista de catorce países al naciente estado obrero ruso, los movimientos sociales en Alemania con el alzamiento espartaquista entre 1918 y 1919, la República Soviética de Bela Kun en Hungría, y la agitación obrera en Italia, España y Francia. En América Latina llegaba a su fin la Revolución Mejicana, y en Nicaragua Augusto Cesar Sandino encabezaba la lucha antiimperialista.

En el país, producto de la guerra del 14, la economía agroexportadora se vio afectada cuando los precios internacionales comenzaron a bajar y prácticamente se cerraron los mercados europeos. Por otra parte se redujo drásticamente el flujo de los productos manufacturados que el país importaba. La situación empeoró al aumentar la inflación y la desocupación.

El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen enfrentó un panorama económico signado por la depresión entre 1914 y 1917, con la interrupción de inversiones extranjeras, una baja del valor de las tierras, menores importaciones y desempleo. A partir de 1917 hasta 1921 hubo un incremento de las exportaciones, más alimentos para Europa y desde 1922 hasta 1929 se produjo una prolongada fase de recuperación, en donde las importaciones superaron a las exportaciones. En la industria frigorífica se agudizaron las disputas entre los capitales de EEUU y los británicos. Los primeros llegaron principalmente a través de Standar Oil, General Motor y Duperial.

Desde 1918 crecieron los puestos de trabajo en los puertos, ferrocarriles, en las industrias metalúrgicas, frigoríficos, construcción, etc. Antes de 1915, la sindicalización era baja, y en la segunda década se produjeron cambios estructurales, como el surgimiento de varias federaciones de industria, concentración de fuerzas, extensión de las organizaciones, sindicalización de sectores medios, mientras que el sindicato continuó siendo el lugar de participación de los inmigrantes.

La política que llevó adelante Yrigoyen hacia el movimiento obrero estuvo caracterizada por un intento de establecer una nueva relación entre el Estado y los trabajadores. Incluía en su proyecto la integración política de la clase obrera urbana, cambiando apoyo por votos, procurando limitar la influencia del Partido Socialista entre los trabajadores. A la vez el poder de policía se ejerció favoreciendo a unos y otros, intentando una conciliación entre el capital y el trabajo, con una política destinada a que los sindicatos tuvieran “acceso y comunicación con el gobierno”, con claras actitudes de “paternalismo obrero”. Las posiciones del gobierno radical oscilaron entre el arbitraje, las negociaciones y la represión.

Los arbitrajes se dieron en la huelga de los obreros marítimos en 1916 por mejores salarios, donde peligraban las exportaciones de las cosechas de cereales, y el gobierno se mantuvo neutral; posteriormente, durante la huelga de los municipales de Buenos Aires, el gobierno accedió al reclamo de la reincorporación de los obreros de origen español; la misma metodología se aplicó durante 1917-18 en el conflicto de los ferroviarios. Mientras que la represión apareció abiertamente en la disputa en los frigoríficos en 1917-18, en los Talleres Vasena, en enero de 1919, durante la masacre de la Semana Trágica. Los sucesos continuaron con la represión y las muertes proletarias durante 1921 en la Patagonia y en el norte santafesino en territorios de La Forestal.

Desde 1916 hubo huelgas de obreros portuarios, municipales, agrarios, frigoríficos, ferroviarios. En 1917 hubo 136.000 trabajadores en huelga; al año siguiente fueron 138.000, pero en 1919 la cifra subió a más de 300.000. El 70 por ciento de los huelguistas pertenecía al sector de los transportes, lo que también marcó una diferencia con los movimientos de la primera década del siglo, que en su mayoría se daban en pequeñas empresas.

El conflicto en la empresa Vasena

La firma “Pedro Vasena e Hijos”, convertida poco después en los “Establecimientos Metalúrgicos San Martín-Tamet”, poseía un gran establecimiento metalúrgico que empleaba a 2500 trabajadores. La fábrica estaba ubicada en Cochabamba y Rioja (donde hoy está la Plaza Martín Fierro). Su titular era descripto como un “burgués próspero y despiadado”, y en 1919 estaba necesitado de proteger sus ganancias de las causas que la primera guerra mundial había engendrado: suba de precios de las materias primas y del petróleo.

El 2 de diciembre de 1918, los operarios se declararon en huelga. Sus reclamos eran: aumentos de salarios, jornadas de ocho horas, premios para el trabajo los domingos y horas extras, abolición del trabajo a destajo y reincorporación de los compañeros despedidos a causa de las actividades gremiales.

El Departamento Nacional del Trabajo había hecho lugar a los reclamos y dispuso satisfacer las demandas que fueron desoídas por la patronal. La empresa intentaba seguir funcionando con obreros rompehuelgas provistos por la Asociación Nacional del Trabajo, una asociación de empresarios que junto con el embajador inglés quiso entrevistarse con Yrigoyen, quien no los recibió y los hizo echar de la casa de gobierno (1).

Los directivos no recibieron a la comisión de huelga, rechazaron el petitorio, y en cambio contrataron a carneros y rompehuelgas, con los que lograron mantener cierta actividad en los talleres. Inmediatamente se instalaron piquetes obreros en las inmediaciones de la fábrica. La patronal respondió reclutando a numerosos matones para “proteger los bienes de la empresa” y les proveyeron armas.

Los huelguistas enfrentaron a los “guardias blancos” de Vasena y se sucedieron incidentes, cada vez más frecuentes y violentos, sobre todo en el trayecto recorrido por los carros que transportaban materiales desde los depósitos ubicados en Santo Domingo y Pepirí hasta los talleres de Cochabamba y Rioja. Presionado por la empresa, el gobierno nacional ordenó que fuerzas policiales custodiaran esos convoyes. El conflicto entró en una espiral de violencia y el 24 de diciembre se incendió el auto del propio Jefe de policía.

Luego, se conoció la clásica declaración de un funcionario policial: “La restricciones y prohibiciones a la policía para proceder con energía aun en el caso de ser injuriada o atacada a pedradas, y la conducta insolentemente provocativa de los especulativos turiferarios del obrerismo, fueron engendrando un fuerte encono y una cólera sorda en los hombres de la repartición, que se desbordó en forma implacable, inexorable, vengativa”. La dirección de Vasena despidió a los huelguistas.

Represión y resistencia

El 7 de enero de 1919, por la tarde, 6 chatas que salían de los depósitos eran seguidas por gran número de huelguistas, quienes acompañados de sus mujeres y de sus hijos reclamaban a los carreros que abandonaron su papel de rompehuelgas. “La caravana pasó frente a la escuela situada en la esquina de Alcorta y Pepirí, donde desde algunos días antes habían quedado acantonados veinte bomberos armados y diez ‘cosacos’ de la guardia de seguridad. Se inició entonces un violento tiroteo, de origen incierto -ya que huelguistas y uniformados se achacaron mutuamente la agresión-, que duró más de una hora. La llegada de tropas de refuerzo que establecieron una línea de tiradores de seis cuadras y patrullaron intensamente toda la zona puso fin al incidente. Un obrero apareció muerto a sablazos en medio de la calle y otros cuatro fueron víctimas de los disparos -algunos en el interior de su propia casa-; entre veinte y cuarenta heridos escaparon con vida y no hubo detenciones. Las fuerzas armadas no registraron más que un herido leve”. (2)

Estos hechos provocaron en los medios obreros una enorme indignación, que la prensa anarquista de La Protesta se encargó de divulgar haciendo un llamado a los trabajadores "Sin falta, trabajadores, vengad este crimen. Dinamita hace falta ahora más que nunca. Esto no puede quedar en silencio. No! Y mil veces No! El pueblo no se ha de dejar matar como mansa bestia. Incendiad, destruid sin miramientos obreros; Vengaos, hermanos! El crimen de las fuerzas policiales embriagadas por el gobierno y por Vasena clama el estallido revolucionario. Espantemos las gallinas, camaradas, y manos a la obra . . .". (3)

Alfredo Vasena “se dignó a reunirse con los delegados gremiales en el Departamento de Policía y les ofreció la reducción de la jornada laboral a 9 horas, un 12 % de aumento de jornales y admisión de cuantos quisieran trabajar. Como la reunión se hizo larga, se decidió continuarla al día siguiente en la propia fábrica. Los obreros llegaron puntualmente a las diez, pero don Vasena se negó a reunirse argumentando que entre los delegados había activistas que no pertenecían a su plantel”. (4)

Los obreros armados de cierta paciencia conformaron otra delegación que presentó el pliego de condiciones de los huelguistas. Vasena prometió contestar al día siguiente y, a pedido de los obreros, ordenó que dejaran de circular las chatas de transportes. Pero los hechos se iban a precipitar.

Parte de la jornada del 9 de enero quedó reflejada en La Prensa, en una crónica que planteaba que “todas las organizaciones obreras manifestaron su protesta. La Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos fue más lejos, proclamando la huelga general, y lo mismo hicieron al otro día la FORA (5º C.) y muchas federaciones de oficio. Los piquetes que recorrieron las calles en la mañana del 9 terminaron por imponerla a toda la ciudad. Los comercios y las fábricas cerraron sus puertas, el tráfico fue suspendido totalmente, y en medio de la curiosidad y la sorpresa del vecindario recorrieron las calles, enarbolando banderas rojas y negras, las comisiones de huelguistas". (5)

Según las crónicas periodísticas, “las delegaciones gremiales y una enorme multitud, en la que abundaban las mujeres y los niños, se iba reuniendo alrededor de los locales donde eran veladas las víctimas: el de los metalúrgicos, en Avda. Alcorta, y el centro socialista de la calle Loria. Hacia la una de la tarde, el enorme cortejo -estimado por fuentes obreras en 200.000 personas- se puso lentamente en movimiento tras los ataúdes, conducidos a pulso y cubiertos por banderas rojas. Una vanguardia de 150 hombres, formaban la ‘autodefensa obrera’, iban armados con revólveres y carabinas.

“Al acercarse a los talleres de Vasena los disparos que desde allí se realizaban provocaron corridas y escenas de pánico entre los manifestantes, exacerbando la excitación general. Mientras algunos grupos se desprendían, otros se sumaban a los que desde la mañana sitiaban los talleres y se tiroteaban con sus ocupantes. El resto siguió la marcha, uniéndose con los que esperaban el paso de la columna de la calle Loria. La creciente agitación de los manifestantes se iba transmitiendo a los barrios que atravesaban en su largo trayecto hacia la Chacarita. Numerosos incidentes, tiros, alarmas y corridas, mantenían la tensión y fragmentaban la marcha. Los grupos más exaltados se armaban saqueando las armerías, otros prendían fuego a los tranvías abandonados en las calles.

“Al pasar por Corrientes y Yatay estalló un nuevo tiroteo: algunos señalaron que los disparos provenían del colegio anexo a la iglesia ubicada en esa cuadra. Entonces la muchedumbre, dando muestras en sus exteriorizaciones de gritos y ademanes de gran irritación, prendía fuego a un colegio y parte de la capilla. Otros que habían conseguido penetrar en el interior, arrojaban al aire hechas pedazos las imágenes y cuantos objetos de uso religioso o privado encontraban a su paso Los sacerdotes que ocupaban el establecimiento se defendían entretanto del asalto y, parapetados adonde aún no habían llegado los asaltantes, hacían fuego contra estos y contra los que pretendían continuar perpetrando en el local". (6)

La llegada de una dotación de bomberos, que desde las ventanas del edificio hicieron cerradas descargas sobre la multitud, terminó por dispersarla produciendo numerosas víctimas.

El resto de la columna -que ocupaba aún tres cuadras- continuaba su accidentado recorrido desbordante de furia, incendiando coches y tranvías, un camión de bomberos y los vagones de un tren que intentó cortar su paso.

Aproximadamente a las 17 horas, la interminable columna obrera llegó a la Chacarita, la gente se fue acomodando como pudo entre las tumbas. Y se encontraron con un destacamento del Ejército y gran cantidad de policías. Comenzaron los discursos. En primera fila estaban los familiares de los asesinados. Madres, padres, hijos, hermanos desconsolados. Mientras hablaba el dirigente Luis Bernard, surgieron abruptamente detrás de los muros del cementerio miembros de la policía y del ejército que comenzaron a disparar sobre la multitud. Era una emboscada. La gente buscó refugio donde pudo, pero fueron muchos los muertos y los heridos. Los sobrevivientes fueron empujados a sablazos y culatazos hacia la salida del cementerio. Según los diarios, hubo 12 muertos y casi doscientos heridos. La prensa obrera habló de cientos de muertos y más de cuatrocientos heridos. Ambas versiones coinciden en que entre las fuerzas militares y policiales no hubo bajas. La impunidad iba en aumento. No había antecedentes de semejante matanza de obreros. (7)

Otro foco de graves disturbios se dio alrededor de los talleres Vasena. Desde la mañana habían sido rodeados por nutridos grupos de obreros, y sus pedradas -contestadas por armas de fuego- iniciaron un combate que duró todo el día, los sitiadores trataron de voltear los portones de la fábrica y al no lograrlo comenzaron a prenderles fuego. En el interior del edificio se encontraba el director-gerente Alfredo Vasena con otros miembros del directorio y una delegación de la Asociación Nacional del Trabajo, encabezada por el presidente de la Bolsa de Comercio. Los empresarios encerrados pidieron protección al ministro del Interior y al de Guerra, y uno de ellos, súbdito británico, solicitó la intervención del embajador de su país.

Hacia las tres de la tarde llegó el recién designado jefe de policía, Elpidio González, figura prominente del radicalismo. Este intentó arengar a los huelguistas, que reaccionaron violentamente, incendiando incluso el coche en que viajaba. La llegada de más de 100 bomberos armados, reforzados por policías y "cosacos" y de un piquete de soldados de infantería con una ametralladora, desencadenó finalmente una batalla campal que se prolongó hasta la noche, dejando -según fuentes policiales- un saldo de 24 muertos y 60 heridos. Como episodios semejantes se multiplicaban por todas partes, ante la imposibilidad de controlar la situación y temiendo que los hechos respondieran a un complot revolucionario, el gobierno dispuso el acuartelamiento de todas las fuerzas represivas, dejando prácticamente las calles en poder de los obreros. Un diario de esa tarde llegaba "al triste convencimiento de que no tenemos gobierno" y de que "el poder, pues, está en la huelga, no en el gobierno". (8)

Tras haber recibido la noticia de que la huelga se había extendido a Rosario, Santa Fe, Mar del Plata, Bahía Blanca, hacia el noroeste de la provincia de Buenos Aires y de que la Capital Federal estaba aislada del resto del país a causa del paro de los ferroviarios y de la Asociación Obrera Marítima, el presidente, Hipólito Yrigoyen, citó al día siguiente en su despacho a don Pedro Vasena (su correligionario Leopoldo Melo era abogado .de la empresa) y lo instó a aceptar los reclamos sindicales. El conflicto se resuelvió por la rendición incondicional del empresario. Así lo entiende la FORA del IX Congreso, que da por terminado el movimiento. La FORA V, en cambio, cree que ha sonado la hora de la revolución social y deciden continuar la huelga.

El general Luis J. Dellepiane, comandante de la división con asiento en Campo de Mayo, se había constituido en la ciudad, y procedió a ocupar con sus tropas distintos puntos estratégicos. Los enemigos a combatir eran los trabajadores en huelga y aquellos que se solidarizaban. Convoca a la prensa. “Es seco y categórico. Amenaza ‘emplazar la artillería en la plaza del Congreso y atronar con los cañones toda la ciudad’.” La Nación de esa fecha subraya en su crónica otra advertencia del jefe militar: "Hacer un escarmiento que se recordará durante 50 años".

Finalmente el 11 de enero el gobierno radical llegó a un acuerdo con la FORA IX basado en la libertad de los presos que sumaban más de 2.000, un aumento salarial de entre un 20 y un 40 %, según las categorías, el establecimiento de una jornada laboral de nueve horas y la reincorporación de todos los huelguistas despedidos. Poco después las autoridades de la FORA y del Partido Socialista resolvieron la vuelta al trabajo.

El vespertino La Razón titulaba: “Se terminó la huelga, ahora los poderes públicos deben buscar los promotores de la rebelión, de esa rebelión cuya responsabilidad rechazan la FORA y el PS”. Pero el dolor y la conmoción popular continúan. Los trabajadores se muestran renuentes a volver a sus trabajos. En las asambleas sindicales las mociones por continuar la huelga general se suceden. Por su parte, la FORA V se opone terminantemente a levantar la medida de fuerza y decide “continuar el movimiento como forma de protesta contra los crímenes de Estado”.

Finalmente, el general Luis Dellepiane, recibió el martes 14 de enero por separado a las conducciones de las dos FORA y aceptó sus coincidentes condiciones para volver al trabajo que incluían “la supresión de la ostentación de fuerza por las autoridades” y el “respeto del derecho de reunión”. Pero pasando por encima del general, la policía y miembros de la Liga Patriótica se dieron un gusto que venían postergando: saquearon y destruyeron la sede de La Protesta.

La rebelión social duró exactamente una semana, del 7 al 14 de enero de 1919. La huelga había triunfado. No hubo sanciones para las fuerzas represivas. Dellepiane, el jefe de la represión, dictó la siguiente orden: “Quiero llevar al digno y valiente personal que ha cooperado con las fuerzas del ejército y armada en la sofocación del brutal e inicuo estallido, mi palabra más sentida de agradecimiento, al mismo tiempo que el deseo de que los componentes de toda jerarquía de tan nobles instituciones, encargadas de salvaguardar los más sagrados intereses de esta gran metrópoli, sientan palpitar sus pechos únicamente por el impulso de nobles ideales, presentándolos como coraza invulnerable a la incitación malsana con que se quiere disfrazar propósitos inconfesables y cobardes apetitos”.

El embajador de Yrigoyen en Gran Bretaña, Álvarez de Toledo, tranquilizaba a los inversores extranjeros en un reportaje concedido al Times de Londres y reproducido por La Nación: “Los recientes conflictos obreros en la República Argentina no fueron más que simple reflejo de una situación común a todos los países y que la aplicación enérgica de la ley de residencia y la deportación de más de doscientos cabecillas bastaron para detener el avance del movimiento, que actualmente está dominado. [Agregó que] la República Argentina reconoce plenamente la deuda de gratitud hacia los capitales extranjeros, y muy especialmente hacia los británicos por la participación que han tenido en el desarrollo del país, y que está dispuesto a ofrecer toda clase de facilidades para otro desarrollo de su actividad” (9).

¿Cuántas fueron las víctimas de la represión? El escritor Diego Abad de Santillán computa 1.500 muertos y 5 mil heridos Hubo, además, 55.000 prontuariados, con la accesoria, para muchos, de una quincena de confinamiento en la isla Martín García.

En su libro "La Semana Trágica", el comisario A. Romariz (oficial de la seccional 34a. de la Boca, durante los sucesos), agrega detalles escalofriantes: los cadáveres eran rápidamente incinerados conforme a indicaciones del general Dellepiane. El mismo pudo comprobarlo en la Morgue, cuando acudió a reclamar el cuerpo de un suboficial. "Entretenga a la viuda hasta que se olvide", le dijo el funcionario que lo atendió, escudándose en esa orden.

La Liga Patriótica

Las huelgas del año 1918 a los miembros “más destacados de la sociedad” les dio un fuerte ataque de desesperación. La Revolución Bolchevique se había producido hacía menos de dos años y el simple recuerdo de los soviets de obreros y campesinos decidiendo el destino de un país hacía temblar a los dueños de todo en la Argentina. Había que frenar el torrente revolucionario. Comenzaron a reunirse para presionar al gobierno radical, al que veían como incapaz de llevar adelante una represión como la que ellos deseaban y necesitaban.

Según el empresariado, se hacía necesario terminar con la ola de huelgas, recuperar el “orden” y la “paz social”. Había que emplear “mano dura” y disciplinar a los huelguistas. Un grupo de jóvenes de las familias “patricias” se reunieron en la Confitería París y decidieron “patrióticamente” armarse en “defensa propia”. Las reuniones continuaron en los salones del “Centro Naval” de Florida y Córdoba, donde fueron recibidos por los contralmirantes Manuel Domecq García y Eduardo O’Connor, quienes se comprometieron a darles armas e instrucción militar. O’Connor dijo aquel 10 de enero de 1919 “que Buenos Aires no sería otro Petrogrado e invitaba a la “valiente muchachada” a atacar a los “rusos y catalanes en sus propios barrios si no se atreven a venir al centro”. Partieron del centro naval con armas y dispuestos a “romper cabezas de agitadores anarquistas”.

Ese grupo se conformó como Liga Patriótica Argentina el 16 de enero de 1919. Domecq García ocupó la presidencia en forma provisional hasta abril de 1919, cuando las brigadas eligieron como presidente al abogado rosarino Manuel Carlés. (10)

Eran jóvenes, impregnados por una combinación de nacionalismo y catolicismo, que habían formaron dos organismos civiles terroristas: "Orden Social" y "Guardia Blanca", transformados posteriormente en "Liga Patriótica Argentina" y "Comité Pro Argentinidad", que crearon brigadas armadas con el visto bueno de la policía y el Ejército y el apoyo financiero de la "Asociación Nacional del Trabajo", entidad patronal presidida por Joaquín S. Anchorena. Los integrantes provenían de la Asociación de la Juventud, Asociación del Trabajo, Jockey Club, Círculo de Armas, Asociación Damas Patricias y la Iglesia.

Durante la “Semana Trágica” sembraron el terror en las calles. Atacaron sedes sindicales, locales anarquistas, incendiando bibliotecas, imprentas, apaleando militantes.

La "Liga Patriótica" se "cubrió de gloria", según La Prensa, en numerosos ataques a centros y reuniones obreras. Una de esas "proezas" fue el asalto a un local de la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), cerca de Plaza Once, donde resultaron dos muertos, uno de ellos el chofer Bruno Canovi. Con el tiempo, también atacó una pacífica manifestación obrera en Gualeguaychú (Entre Ríos), con diversos muertos y heridos como saldo. Por otra parte, en 1928, asesinó en Rosario a la obrera anarquista Luisa Lallana, y en el puerto de Buenos Aires fue muerto de manera similar el trabajador Ángeles Améndola.

La burguesía luego de esas jornadas, hasta nuestros días siguió creando grupos parapoliciales para reprimir a los trabajadores. En la década del 30, los nacionalistas se organizaron en cuerpos armados, como la “Legión Cívica Argentina”, inspirados en el ejemplo de la Italia Fascista de Mussolini, a la cual se le concedió por decreto carácter oficial. Ese cuerpo paramilitar, tuvo corta vida, pero entre otras manifestaciones, desfilaron en la celebración del 25 de mayo de 1931. Vendrían luego los “Comandos Civiles” tras el golpe del 55, asaltando sindicatos y apaleando gremialistas. En los años 70, parieron la “Triple A”, que sembró de muerte y terror las calles del país. Y hoy se terceriza la represión, y es así como asesinaron a Mariano Ferreyra.

La Plaza “Martín Fierro”

Una vez demolidos los establecimientos de la metalúrgica Vasena, se levantó en esos terrenos una plaza, que se propuso llamar "Parque Mártires de la Semana Trágica", y el dirigente metalúrgico Augusto Vandor se opuso y decidió que se llamara "Plaza Martín Fierro". Nombre que hoy lleva.

Para el 1° de mayo de 1952, en Buenos Aires, el presidente Perón participó de un acto organizado por la UOM en dicha plaza para colocar una placa en honor a los caídos en enero de 1919. En la ocasión, pronunció un discurso en el cual expresó: “Es este un episodio de la vida argentina que representa una época de oprobio y de injusticia para los trabajadores argentinos. La semana de enero no fue sino la culminación de una lucha entre el capital y el trabajo cuando los obreros metalúrgicos se lanzaron a la calle después de aguantar muchos años de vergüenza y esclavitud. Se ha dicho en la campaña electoral que yo tuve intervención en esta zona en la semana de enero. Yo era teniente y estaba en el arsenal de guerra. Hice guardia acá precisamente, al día siguiente de los sucesos. Pude ver entonces la miseria de los hombres, de esos hombres que fingen y de los otros que combaten a la clase trabajadora. Allí una vez más reafirme el pensamiento de que un soldado argentino, a menos que sea un criminal no podría jamás tirar contra su pueblo”. (11)

Perón en la represión: el debate

Por suerte, son muchos los que han escrito y lo siguen haciendo sobre la Semana Trágica. Pero son varios los que no dicen ni una palabra de que Perón participó de la represión, cuando el mismo lo cuenta y lo confirma. ¿Por qué ese silencio? Denuncian a todos los responsables de la represión, y eso está muy bien, pero ¿por qué ocultan ese dato, tan importante? Mientras que otros historiadores, ensayistas y actores de esas jornadas dan cuenta de ese detalle que no es menor en la vida de nada menos que el Gral. Perón.

Roberto C. Neira escribió: “Pero, el que mejor puede relatar estos hechos y sus implicancias fue un teniente de apellido Perón (Juan Domingo) que había ingresado en el Ejército Argentino en 1911 y los vivió estando a cargo del arsenal militar Esteban de Luca. Los siguientes párrafos pertenecen a "La novela de Perón" del escritor Tomás Eloy Martínez: "En 1918, cuando me destinaron al arsenal Esteban de Luca, el capitán Bartolomé Descalzo, uno de los mejores jefes que ha tenido nuestro ejército dijo al despedirme: "estamos entrando en la oscuridad, teniente Perón. A las puertas de nuestra casa golpea la más atroz de las tormentas, y el presidente (Yrigoyen) no quiere o no sabe oírla. En Europa, la guerra ha terminado con la derrota del mejor ejército del mundo. Los anarquistas vuelven ahora sus ojos hacia nosotros.

"Sus palabras me emocionaron. "Voy a pedirle un favor personal", dijo Perón. "Cuando llegue la hora de hacerle frente a ese enemigo, llámeme. Quiero pelear a su lado, mi capitán." La profecía del capitán Descalzo se cumplió antes de lo pensado. Los anarquistas volvieron sus ojos hacia nosotros, 1918 había terminado con unas escaramuzas de huelga en los talleres metalúrgicos de Pedro Vasena. Algunos operarios, alentados por los ácratas, exigieron salarios más altos y condiciones de trabajo más relajadas. Hubo muchos que no quisieron plegarse y el movimiento fracasó, pero ya estaba sembrado el descontento. El 3 de enero de 1919 se armó la maroma.

Luego Perón relató las jornadas de represión y concluyó: “Mi función en el arsenal consistía en asegurar la provisión de municiones para la tropa. Tuve muchísimo trabajo porque solo en la ciudad de Buenos Aires estaban acuartelados entre ocho y diez regimientos. Tal como se esperaba los funerales degeneraron en combates callejeros. Murieron más de 600 personas. El general Luis J. Dellepiane convocó el 11 de enero a Sebastián Marotta, uno de los jefes anarquistas, y aplacó los ánimos. Los obreros de la fábrica Vasena consiguieron algún beneficio de aquella tragedia: la empresa redujo la jornada de trabajo a 8 horas y aumentó los salarios en un 30 por ciento.

“Pero las heridas, cuando son profundas, no cicatrizan de un día para otro. Hay que estar vigilándolas. Mi antiguo profesor Manuel Carlés, apoyado por el vicealmirante Domecq García, fundó la "Liga Patriótica Argentina", en la que se inscribieron muchos jóvenes católicos y nacionalistas. Disponían de una tropa de choque cuya misión principal era poner en vereda a los agitadores extranjeros. A veces usaban métodos violentos, pero eran bien intencionados....". (12)

Por su parte, Milciades Peña en su obra “Masas, Caudillos y Elites. La dependencia Argentina de Yrigoyen a Perón” escribió que “frente a la fábrica donde se había iniciado la huelga (los Talleres Vasena), un destacamento del ejército ametralla a los obreros. Lo comanda un joven teniente, llamado Juan Domingo Perón”. (13)

Según el testimonio de Diego Abad de Santillán, dirigente de la FORA del V Congreso, en un reportaje de la revista Panorama, al evocar los acontecimientos, expresó: “entre los oficiales del ejército que reprimieron a las manifestaciones en esa sangrienta jornada, se encontraba un joven teniente: Juan Domingo Perón. Quizás ahí afirmó su política demagógica, al ver que la represión sólo produce el divorcio del gobierno con el pueblo". (14)

Norberto Galasso en su libro “Perón, Formación, ascenso y caída (1893-1955)” se pregunta cuál fue la participación de Perón en esos acontecimientos. Cita a la obra colectiva “El hombre del destino” dirigida por Enrique Pavón Pereyra, luego a Fermín Chávez, la opinión de Tomas Eloy Martínez en la novela mencionada y en “Las Memorias del General”, y la opinión del mayor Vicenta Aloe. Finalmente concluye que “aunque no es posible asegurar la veracidad de una u otra de las distintas versiones parece más creible el relato que el propio Martínez adjudica a Perón -colaborando en la entrega de material en el Arsenal de Guerra- que la opinión de Aloe, así como más probable que las otras conjeturas de Pavón Pereyra. Es decir, se trataría de un teniente, sometido a la disciplina castrense, en su tarea de aprovisionamiento de material bélico. Por otro lado, su evidente animadversión hacía los anarquistas -en aquellos tiempos,”los anarquistas tirabombas” en el lenguaje común- no sorprende en un hombre del Ejercito, habida cuenta de que el anarquismo profesa la abolición del Estado y de la Fuera Armada....”. (15)

Por su parte, Luis Alberto Romero, en su libro “Breve historia contemporánea de la Argentina”, se explaya sobre esta temática.

La versión peronista, en cambio, sostiene “que Perón no tiró contra los obreros, por el contrario, habría dialogado con ellos, en el tono paternal que caracterizaría treinta años más tarde su relación con el movimiento sindical”.

Por lo que hemos investigado, luego de conocer la opinión del propio Perón y de distintos investigadores, y como surge de estos relatos, Perón no sólo participó de la represión a los trabajadores en aquellas jornadas de 1919, sino que elogió a su profesor “Manuel Carlés, apoyado por el vicealmirante Domecq García, fundadores de la "Liga Patriótica Argentina".

Antisimetismo

Herman Schiller nos comenta que “El antisemitismo estaba muy arraigado en las clases altas de entonces. Algunos ejemplos: en 1890 apareció en La Nación, en forma de folletín, una furiosa novela antisemita llamada La bolsa de Julián Martel; en enero de 1888 (apenas ocho meses antes de morirse), el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento publicó varios artículos antijudíos en El Nacional; el diario La Prensa, en distintas oportunidades, manifestó su oposición a que los judíos formen comunas agrarias en Entre Ríos y Santa Fe; y, sobre todo, la "acción" del 15 de mayo de 1910, diez días antes del Centenario, cuando jóvenes de clase alta, salidos de la muy exclusiva "Sociedad Sportiva Argentina" bajo la conducción del barón Demarchi, asaltaron las sedes del Avangard, órgano del "Bund", agrupación obrera socialista judía, y la denominada "Biblioteca Rusa", para quemar luego sus libros en Plaza Congreso.

“El ensañamiento de esos sectores vinculados con el poder contra los trabajadores judíos durante la "Semana Trágica" produjo en América latina el primer "pogrom" (vocablo ruso de antigua data que significa matanza de judíos). Muchos lo consideraron una suerte de venganza por la acción del joven judío Simon Radowitzky diez años antes, aunque el régimen, ya en ese entonces, inmediatamente después de producirse la ejecución del coronel Falcón el 14 de noviembre de 1909, se había cobrado una buena dosis de revancha al encarcelar a más de 3000 obreros y deportar a Europa a centenares de anarquistas y socialistas.

“En aquellos días fue detenido un joven periodista judío -Pedro Wald- que también ejercía el oficio de carpintero. La acusación, tan burda que parecía tragicómica, fue aceptada durante bastante tiempo por los voceros del régimen: Wald estaba destinado por los maximalistas a convertirse en el primer presidente del Soviet argentino. Wald fue salvajemente torturado en la 7ª (ubicada en el mismo lugar donde está hoy: Lavalle, entre Paso y Pueyrredón), pero se negó a "confesar". La intensa movilización popular logró que se lo dejara en libertad y, diez años después, en el libro titulado Koshmar (Pesadilla), relató algunos episodios de la represión durante la Semana Trágica. Uno de ellos decía: "Salvajes eran las manifestaciones de los ’niños bien’ de la Liga Patriótica, que marchaban pidiendo la muerte de los maximalistas, los judíos y demás extranjeros. Refinados, sádicos, torturaban y programaban orgías. Un judío fue detenido y luego de los primeros golpes comenzó a brotar un chorro de sangre de su boca. Acto seguido le ordenaron cantar el Himno Nacional y, como no lo sabía porque recién había llegado al país, lo liquidaron en el acto. No seleccionaban: pegaban y mataban a todos los barbudos que parecían judíos y encontraban a mano. Así pescaron un transeúnte: ’Gritá que sos un maximalista’. ’No lo soy’ suplicó. Un minuto después yacía tendido en el suelo en el charco de su propia sangre". (16)

Donaciones de las familias patricias

Los miembros de la burguesía se mostraron muy agradecidos con los miembros de las fuerzas represivas y quisieron premiarlas con lo único que a ambas partes les interesa a la hora de los homenajes: dinero. Las empresas beneficiadas con la “disciplina social”, las “damas de beneficencia y otras entidades “de bien público” iniciaron colectas “pro defensores del orden”. Así lo detalla La Nación: “En el local de la Asociación del Trabajo se reunió ayer la Junta Directiva de la Comisión pro defensores del orden, que preside el contralmirante Domecq García, adoptándose diversas resoluciones de importancia. Se resolvió designar comisiones especiales que tendrán a su cargo la recolección de fondos en la banca, el comercio, la industria, el foro, etc., y se adoptaron diversas disposiciones tendientes a hacer que el óbolo llegue en forma equitativa a todos los hogares de los defensores del orden. [...] Un grupo de jóvenes radicados en la sección 15 de la policía ha iniciado una colecta entre los vecinos con objeto de entregar una suma de dinero a los agentes pertenecientes a la citada comisaría, con motivo de su actuación en los últimos sucesos”.

“La comisión central pro defensores del orden recibió ayer las siguientes cantidades: Frigorífico Swift $ 1.000, Club Francais 500, Eugenio Mattaldi 500, Escalada y Cía. 100, Leng Roberts y Cía. 500, Juan Angel López 200, Matías Errázuriz 500, Horacio Sánchez y Elía 7.000, Jockey Club 5.000, Cía. Alemana de electricidad 1.000, Arable King y Cía 100, Elena S. de Gómez. 200, Las Palmas Produce Cía. 1.000, Mac Donald 300, Frigorífico Armour 1.000.” (17)

El tango: “Se viene la maroma!”

Los hechos de la Semana Trágica fueron y siguen siendo investigados, se han publicado varios libros, documentales y películas. Además, varios años después se conoció el tango “Se viene la maroma!”, con música de Enrique Delfino y letra de Manuel Romero. Testimonios de esos días dicen que el mismo se refiere a aquellas jornadas de huelgas, luchas y una terrible represión.

“Cachorro de bacán,
anda achicando el tren;
los ricos hoy están
al borde del sartén.
El vento del cobán,
el auto y la mansión,
bien pronto rajarán
por un escotillón.
Parece que está lista y ha rumbiao
la bronca comunista pa’ este lao;
tendrás que laburar pa’ morfar...
¡Lo que te van a gozar!
Pedazo de haragán,
bacán sin profesión;
bien pronto te verán
chivudo y sin colchón.

¡Ya está! ¡Llegó!
¡No hay más que hablar!
Se viene la maroma sovietista.
Los orres ya están hartos de morfar salame y pan
y hoy quieren morfar ostras con sauternes y champán.

Aquí ni Dios se va a piantar
el día del reparto a la romana
y hasta tendrás que entregar a tu hermana
para la comunidad...
Y vos que amarrocás
vintén sobre vintén,
la plata que ganás
robando en tu almacén.
Y vos que la gozás
y hacés el parisién,
y sólo te tragás
el morfi de otros cien...

¡Pa’ todos habrá goma, no hay cuidao...!
Se viene la maroma pa’ este lao:
el pato empezará a dominar...
¡cómo lo vamo’ a gozar!

Pedazo de haragán,
bacán sin profesión;
bien pronto te verán
mangando pa’l buyón.

A modo de conclusión

Desde su origen en las últimas décadas del Siglo XIX, la clase obrera de nuestro país fue protagonista de las más variadas experiencias, con derrotas y triunfos, con luchas en la legalidad y la clandestinidad, años de negociaciones y enfrentamientos, con poder creciente como clase y de sus organizaciones sindicales, sufriendo fuertes represiones y persecuciones. Pablo Pozzi en su libro “Oposición obrera a la dictadura” puntualizó que “este peso del movimiento obrero sobre la evolución socio-política y económica de la Argentina ha originado numerosas polémicas, análisis y discusiones. La clase obrera como factor de desestabilización y crisis social, como gestora de un futuro mejor; base del autoritarismo fascistoide o combativa y latentemente revolucionaria; una clase consciente y madura o poco desarrollada y aburguesada; estas son todas interpretaciones parciales del pasado social argentino”.

Debemos ver a la huelga de los metalúrgicos de los Talleres Vasena, la posterior represión y resistencia, que pasó a la historia como la “Semana Trágica”, como uno de esos heroicos hitos de la clase obrera, que nos ha dejado muchas enseñanzas.

Se reclamó por sus derechos, se fue a la huelga, se realizaron asambleas, se recibió la solidaridad de todos los trabajadores, se resistió, se luchó en las calles y no se dudó en enfrentar a las fuerzas policiales, al Ejército y a la Liga Patriótica, en una clara muestra de autodefensa de clase.

Y lo que quedó en claro fue la decisión de la clase dominante de recurrir a la represión, que fue despiadada y cruel, para solucionar un conflicto entre el capital y el trabajo. Esas jornadas forman parte de la larga lista de “Esa Maldita Costumbre de Matar”.

Esta nota es un homenaje a todos los que lucharon y perdieron su vida en esas jornadas heroicas de la clase obrera del país.

Leónidas Ceruti es historiador.

Citas:
1) La Semana Trágica. Edgardo Bilsky. Ed. CEAL 1985.
2) Godio, Julio, "La Semana Trágica de Enero de 1919"
3) La Protesta 8/1/1919, 9/1/1919.
4) Godio, Julio, opo. cit.
5) La Prensa, 10/1/1919.
6) La Prensa 10/01/1919.
7) Babini, Nicolás, “La Semana Trágica”
8) El Diario 9/1/1919. Historia Integral Argentina Tomo 6 La clase media en el poder. Pág. 72 a 76 Centro Editor de América Latina S.A. Buenos Aires. 1971.
9) Babini, Nicolás, op. cit.
10) Revista Primera Plana, 29 de abril de 1969. Tomado de Mágicas Ruinas
11) La Capital, 2 de mayo de 1952, pág. 4.
12) Roberto C. Neira, cita a "La novela de Perón" del escritor Tomás Eloy Martínez (Legasa - 1985),
13) Milciades Peña, “Masas, Caudillos y Elites. La dependencia Argentina de Yrigoyen a Perón”, Pagina 8, Ediciones Fichas, Bs.As 1973
14) Diego Abad de Santillán
15) Norberto Galasso, “Perón, Formación, ascenso y caída (1893-1955)”. Tomo I, paginas 56, 57,58. Ediciones Colihue)
16) Herman Schiller, “El primer "pogrom" en la argentina”.
17) Agencia Walsh de "La Semana Trágica de Enero de 1919", Julio Godio.

Fuentes consultadas:
- Luchas obreras y represiones sangrientas, de Diego Abad de Santillán.
- La Semana Trágica, de Hugo del Campo.
- La Semana Trágica de Nicolás Babini.
- La Semana Trágica y los judíos, de Nahum Solomisky.
- La clase media en el poder. Centro Editor de América Latina S.A. Buenos Aires. 1971.
- El primer "pogrom" en la Argentina, Herman Schiller.
- Agencia Walsh de "La Semana Trágica de Enero de 1919", Julio Godio.
- "La novela de Perón", Tomás Eloy Martínez, Legasa - 1985.
- “Breve historia contemporánea de la Argentina”, Luis Alberto Romero. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 1994.

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