viernes, 9 de mayo de 2014

Noticias censuradas: A Obama 2012 lo bancaron el Gran Hermano y el Gran Dinero de la Vigilancia, mientras NNUU reclama por el fin del espionaje global

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

Un estudio conducido por AlterNet encontró vínculos financieros entre la Administración Obama y la industria de vigilancia, mientras la Asamblea General de Naciones aprobó -con el voto de los 193 estados miembros- una resolución que rechaza la vigilancia global de Estados Unidos.

Contrariamente a su creencia inicial, a partir de datos crudos proporcionados por la Comisión Federal Electoral y el Servicio de Rentas Internas, los investigadores de AlterNet encontraron que industrias esenciales de la vigilancia fueron firmes partidarias de Barack Obama en la campaña electoral 2012. Estas empresas contribuyeron con Obama en porcentajes iguales o superiores a los de su competidor republicano Mitt Romney.

El estudio, difundido en octubre 2013, evaluó las contribuciones de las empresas y sus ejecutivos mediante la integración de sus aportes como gastos "independientes" y Súper PACs (Political Action Committee, modalidad impositiva que registra donaciones superiores a 1.000 dólares). En la muestra más grande, llamada "de negocio total", que cubre firmas de todos los tamaños, Romney recibió apoyo del 41 % y Obama aceptó aportes del 24 %.

En la muestra concentrada de grandes empresas -aquellas 350 clasificadas en la lista de la revista Fortune, así como las que figuran entre los 400 Estadounidenses Más Ricos de la revista Forbes- donaron 76% a Romney y 56% a Obama. Estas cifras resultan alarmantes al mostrar que las grandes empresas suelen estar vinculada con el Partido Republicano, sin embargo Obama recibió una cantidad sustancial de ayuda de corporaciones que lo encuentran "sospechoso".

Según la naturaleza de sus donantes, Obama estuvo por encima de sus niveles medios de apoyo financiero en seis sectores: telecomunicaciones, software, manufacturas web, electrónica, informática y defensa, industrias esenciales para la transformación de la seguridad nacional del Estado y su actual política de vigilancia extensiva.

El fuerte apoyo a Obama proveniente de esas industrias implica que tiene toda la intención de mantener o ampliar las medidas de seguridad nacional y, posiblemente, las de vigilancia. Su administración también tiene un historial de malos tratos de los denunciantes, como el caso de Chelsea Elizabeth Manning (hasta agosto de 2013 Bradley Edward Manning, quien sufrió un trato de prisión ignominioso y fue condenado a 35 años por filtrar a WikiLeaks miles de documentos clasificados sobre las guerras de Afganistán -los Diarios de la Guerra de Afganistán- y de Irak, numerosos cables diplomáticos de diversas embajadas de Estados Unidos y el video del ejército conocido como Collateral Murder [Asesinato Colateral]).

Esta progresión de la seguridad nacional se asocia a menudo con el Partido Republicano y la administración de George W. Bush con la creación de la Ley Patriotica, que extendió las herramientas disponibles para hacer cumplir la ley en los esfuerzos por frustrar terroristas y sus planes, y la doctrina del "ejecutivo unitario” de Dick Cheney, que pone al Presidente en el control de todo el poder ejecutivo. Sin embargo, las contribuciones de las industrias particulares a la campaña de Obama sugieren que la vigilancia es uno de los pocos esfuerzos bipartidistas.

Naciones Unidas desafió a la NSA y a Estados Unidos

Triunfó en Naciones Unidas el primer esfuerzo colectivo internacional por restringir los programas de vigilancia de Estados Unidos y sus agencias de espionaje contra otras naciones. Las actividades de espionaje global de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) condujeron a 21 países -liderados por Brasil y Alemania- a impulsar una resolución que condena esta práctica global de Estados Unidos, finalmente aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 18 de diciembre 2013.

Después de varios meses de “tira y afloja” y negociaciones con el propio Estados Unidos -apoyado por el Reino Unido- la resolución contra el espionaje masivo a los ciudadanos y a favor de la privacidad en la era digital recibió el voto unánime de los 193 estados que integran la Asamblea General. En otras palabras, en una nueva muestra de la hipocresía del gobierno de Obama en política exterior, la resolución también fue aprobada por Estados Unidos, el causante de todo el revuelo mundial destapado por Edward Snowden.

Brasil y Alemania presentaron el proyecto de esta resolución después que Snowden revelara que los teléfonos celulares de los jefes (as) de Estado de 35 países fueron espiados por la NSA, entre ellos los móviles de algunos aliados incondicionales como Angela Merkel, de Alemania, y otros más distantes, como Dilma Rousseff, de Brasil.

La resolución contra el espionaje masivo a los ciudadanos y a favor de la privacidad en la era digital invocó el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que recogen el derecho de los ciudadanos a protegerse de esas prácticas.

Los países miembros de la ONU estuvieron profundamente preocupados por las violaciones de los derechos humanos y los abusos que podrían resultar de la conducta de vigilancia o interceptación de las comunicaciones en jurisdicciones extranjeras. La vigilancia ilegal de conversaciones privadas viola también los derechos a la libertad de expresión y la privacidad.

"Reafirmamos el derecho a la privacidad, según el cual nadie debe ser objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia", dijo la resolución aprobada por unanimidad en el pleno de la Asamblea General.

El texto definitivo de la resolución se estuvo negociando varios meses para obtener la aprobación del propio Estados Unidos. La resolución exhorta a los países a respetar y proteger el derecho a la privacidad, incluso en el contexto de las comunicaciones digitales, tras recordar que los derechos de las personas también deben estar protegidos en internet, incluida la privacidad.

También instó a los Estados a adoptar medidas para acabar con esas violaciones y a crear las condiciones necesarias para impedirlas, cerciorándose de que la legislación nacional se ajusta a sus obligaciones contraídas con el derecho internacional.

La resolución pide a los países examinar sus procedimientos, prácticas y legislación sobre vigilancia e interceptación de las comunicaciones y la recopilación de datos personales, incluidas la vigilancia, interceptación y recopilación a gran escala.

El texto expresa "profunda preocupación" por los efectos negativos que pueden tener para el ejercicio y goce de los derechos humanos la vigilancia y la interceptación de las comunicaciones, incluidas la vigilancia y la interceptación extraterritoriales.

Durante las prolongadas negociaciones se hicieron "algunas concesiones" para acomodar las "preocupaciones" expresadas por varios países, entre otros Estados Unidos y Reino Unido, según dijeron fuentes diplomáticas a la prensa internacional.

El gobierno de Estados Unidos se vio forzado a dar su voto de aprobación para guardar las apariencias, mientras Obama prometía de mala gana algunas reformas a las prácticas de la NSA, criticadas inmediatamente como lesivas para la “seguridad nacional” en la tribuna de los grandes medios informativos que tienen a su disposición los empresarios de la próspera industria de la vigilancia, casi todos ex jefes de la NSA, la CIA, la Dirección Nacional de Inteligencia y otros miembros de la “comunidad de inteligencia”.

La resolución aprobada tiene una gran importancia política mundial, excepto para Estados Unidos. Muestra fisuras en el bloque de los países más ricos del mundo, pero lamentablemente las decisiones de la Asamblea General de Naciones Unidas sólo tienen un valor declarativo, en este caso bastante aportillado por el sabotaje de los grandes medios que ocultaron la noticia. Las resoluciones no tienen fuerza jurídica vinculante, sólo fuerza ética y política, aunque tampoco puedan ser vetadas por ningún país y representan el sentir mayoritario -en este caso unánime- de la comunidad internacional.

El gobierno de Brasil manifestó al día siguiente su "gran satisfacción" por la aprobación de esta resolución contra el espionaje masivo a los ciudadanos y a favor de la privacidad adoptada por la Asamblea General de la ONU.

Un comunicado difundido por la cancillería brasileña aseguró que el consenso de los 193 Estados miembros de la ONU "demuestra el reconocimiento de la comunidad internacional de los principios universales defendidos por Brasil".

Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno, jurado internacional del Proyecto Censurado

Fuentes de Obama, el Gran Hermano y el Gran Dinero:
-Thomas Ferguson, Paul Jorgenson, and Jie Chen, “Who Buys the Spies? The Hidden Corporate Cash Behind America’s Out-of-Control National Surveillance State,” AlterNet, October 21, 2013, http://www.alternet.org/economy/surveillance-state-and-democrats?paging=off&current_page=1#bookmark.
-Proyecto Censurado: http://www.projectcensored.org/obama-supported-surveillance-industries-2012-election/
Student Researcher: Aziza Maqsudi (DePauw University)
Faculty Evaluators: Smita Rahman and Kevin Howley (DePauw University)

Fuentes Resolución ONU:
-Colum Lynch, Shane Harris, John Hudson, “Exclusive: Germany, Brazil Turn to U.N. to Restrain American Spies,” Foreign Policy, October 24, 2013, http://thecable.foreignpolicy.com/posts/2013/10/24/exclusive_germany_brazil_turn_to_un_to_restrain_american_spies.
-“21 Nations United Nations Resolution Against the US for Spying on World Leaders,” Press TV, October 27, 2013, http://www.presstv.ir/detail/2013/10/27/331519/nations-after-resolution-against-us-spying/.
-TelesurTV: http://www.telesurtv.net/articulos/2013/12/19/onu-aprueba-resolucion-contra-el-espionaje-promovida-por-brasil-y-alemania-6022.html

Student Researcher: Olivia Moir (Sonoma State University)
Faculty Evaluator: Debora Paterniti (Sonoma State University)

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Mutaciones del capitalismo en la etapa neoliberal (Parte III - Final): Controversias

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Las transformaciones regresivas del neoliberalismo persisten. La internacionalización productiva se amplía con más localizaciones y nuevas tecnologías. Hay nuevos tratados de mundialización comercial y la globalización financiera impide restaurar las viejas regulaciones.
El estancamiento del centro coexiste con el crecimiento asiático en una etapa que no sigue los parámetros de las Ondas Largas. El neoliberalismo cerró una crisis pero abrió nuevas contradicciones que los marxistas explican con tesis compatibles y centradas en el consumo, la tasa de ganancia y el capital financiero.
Los conflictos entre potencias se desenvuelven resguardando la solidaridad entre opresores en un marco común del capitalismo neoliberal. La multipolaridad reordena las relaciones de fuerzas dentro de ese esquema. No anticipa la resurrección nacional, ni el retorno al proteccionismo.
El capitalismo actual recrea la estratificación entre el centro, la semiperiferia y la periferia con avances de una economía a costa de otra. Es erróneo suponer que funciona bien en los BRICS. El fin del período actual depende de la acción de los sujetos sociales y no puede ser fechado.
La destrucción del medio ambiente se acentuó con la recesión. La competencia impide frenar una auto-destrucción y concertar los costos de la reconversión verde. Las consecuencias son mayores que en las guerras del pasado.
El neoliberalismo se mantiene expandiendo el desempleo y la pobreza. No impuso aplastamientos físicos, pero si el repliegue de los trabajadores, el debilitamiento de los sindicatos y el cuestionamiento del ideal socialista. Estos ciclos siempre fueron revertidos, pero las nuevas luchas no lograron aún modificarlo. Las batallas centrales se dirimen hoy en Europa.

Las características de la crisis reciente se explican por las transformaciones ocurridas durante la etapa neoliberal de las últimas tres décadas. Ese período comenzó con el Thatcherismo, se reforzó con el desplome de la URSS y persiste en la actualidad atropellando las conquistas sociales.

Mediante privatizaciones, apertura comercial y flexibilización laboral el neoliberalismo modificó el funcionamiento del capitalismo. Amplió el radio sectorial y territorial de la acumulación, sometiendo nuevas actividades (educación, salud, jubilaciones) y espacios geográficos (ex países socialistas) al reinado del lucro. Ha incentivado formas de consumo más segmentadas y modalidades de producción flexible, que potencian el desempleo, la feminización del trabajo y la polarización de las calificaciones.

El modelo actual se apoya en el repliegue de los sindicatos y en el reflujo de las ideas anticapitalistas. Propicia una competencia global basada en aumentos de la productividad desgajados del salario. Ha facilitado la recomposición de la tasa de ganancia incrementando la explotación de los trabajadores.

Las grandes empresas aprovechan las diferencias internacionales de sueldos para ampliar sus beneficios. Emigran hacia los países que ofrecen mayor baratura salarial -o utilizan la amenaza de ese traslado- para acentuar el control patronal del proceso de trabajo. Esta orientación confirma que las ganancias provienen de la extracción de plusvalía y que no se avecina el “fin del trabajo”, teorizado por tantos autores.

El neoliberalismo acentuó la precarización de todas las categorías profesionales, creando un duro escenario de informalidad laboral. El aumento de la desigualdad social es una consecuencia de esta regresión.

Polarización social

La enorme expansión de las brechas sociales retrata la ofensiva del capital. Con sus denuncias de enriquecimiento del 1 % de los acaudalados, el movimiento de ocupantes de Wall Street puso de relieve esta fractura. Un documentado libro reciente confirma la magnitud de esta polarización. Ese trabajo aporta detalladas estimaciones del aumento de la desigualdad social en 30 países y establece comparaciones históricas de esta brecha. (1)

El texto destaca que el 1% de la minoría más enriquecida de la población (equivalente a la crema de la clase capitalista) es poseedora del 25% del patrimonio total en Europa (2010) y del 35% en Estados Unidos (2010). El 9% siguiente (que corresponde a los sectores privilegiados, gerenciales o directivos) detenta el 35% de ese acervo en ambas zonas. Un 10% de habitantes maneja, por lo tanto, el 60% y 70% del patrimonio en las dos principales regiones económicas del planeta. En el otro polo de la sociedad, el 50% más pobre sólo tiene el 5% de ese total y el 40% restante conforma un sector intermedio, que controla el 35% (Europa) y el 25% (Estados Unidos) de esa suma.

El estudio también señala que este enriquecimiento se amplió dos o tres veces más que el PBI durante los últimos 20-30 años, a un ritmo desconocido desde 1910. Por esta razón algunos super-billonarios, como la heredera de la empresa francesa L´Oreal incrementaron su fortuna de 2000 a 25.000 millones de dólares en 1990-2010. Lo mismo ocurrió con Bill Gates.

Estas cifras confirman otras evaluaciones que circularon en los últimos años para ilustrar esta explosión de desigualdades. Por ejemplo, una minúscula elite de billonarios detenta el 46% de los activos mundiales y un puñado de 200.000 “ultra-ricos” aumentó el año pasado su patrimonio en un monto equivalente al PBI de la India. (2)

Estos datos demuelen todas las justificaciones neoliberales de la brecha social, como “un precio a pagar por el progreso” o como un “mal transitorio hasta que finalice el derrame”. También refutan la fantasía de “erradicar la pobreza mediante el crecimiento”. Los cálculos que habitualmente presenta el Banco Mundial para demostrar esa reducción se basan en una burda identificación de las necesidades básicas con la subsistencia fisiológica. Como miden la pobreza omitiendo su evolución comparativa frente a la riqueza, registran disminuciones porcentuales de la miseria que sólo existen en su imaginación. (3)

El aumento de la desigualdad en las economías emergentes se desenvuelve a un ritmo semejante a los países centrales, confirmando que estas fracturas no se acortan con el simple crecimiento. En China el 1% más rico pasó de 4-5% del patrimonio (1980) a 19-11% (2010) y en India del 4% a 12%. La riqueza se ha expandido más rápido que el PBI en las economías asiáticas ascendentes y en las regiones estancadas de Occidente. (4)

La estrecha relación entre desigualdad y neoliberalismo se verifica en la evolución histórica de los desniveles sociales. El pico máximo de la brecha social se registró a principio del siglo XX, luego descendió en la posguerra hasta alcanzar a su punto más bajo en 1975 y posteriormente ha retomado una imparable curva ascendente. Dos contrapesos tradicionales de esta polarización -la existencia de una clase media y de estados involucrados en la problemática social- no atenuaron la fractura creada por el capitalismo neoliberal. (5)

Es muy significativo que los datos más contundentes sobre el incremento de la desigualdad contemporánea hayan sido aportados por un economista convencional, crítico de Marx y partidario de mejorar al capitalismo con tenues reformas en los impuestos y la educación. (6)

Mundialización productiva

La desigualdad se expande junto al salto registrado en la internacionalización de la economía. Esta mundialización se ha convertido en un nuevo eje articulador del capitalismo. En la esfera productiva los protagonistas de este cambio han sido las empresas transnacionales, que ampliaron la diversificación internacional de los procesos de fabricación.

Estas firmas aumentaron la elaboración de mercancías “hechas en el mundo” mediante “cadenas globales de valor”. Desenvuelven su producción en función de las ventajas que ofrece cada localidad en materia de salarios, subsidios o disponibilidad de recursos. De esta forma un Ipod se fabrica actualmente con microcircuitos japoneses, diseño norteamericano, pantallas planas coreanas y ensamblado chino. (7)

La industria se desplaza al continente asiático para lucrar con salarios bajos, aprovechando el abaratamiento del transporte y las comunicaciones. Esta extensión geográfica condujo a una duplicación de la fuerza de trabajo involucrada en la producción global (1990- 2010). El porcentaje de asalariados comprometidos en esta actividad mundializada aumentó un 190% en las economías intermedias y un 46% en los países desarrollados. (8)

La industria automotriz -que con el fordismo o toyotismo siempre marcó la tónica de nuevos modelos productivos- ha incrementado su internacionalización. Fracciona la fabricación de vehículos en incontables países y ya existen tres casos importantes de entrelazamiento global de la propiedad (FIAT-Chrysler, Renault-Nissan y Peugeot-Dongfeng).

La evolución de FIAT es muy ilustrativa de esta tendencia, puesto que ingresó en Chrysler en 2009 bajo la dirección de un italo-canadiense, manteniendo la propiedad de la familia Agnelli. La compañía se despegó posteriormente del mercado italiano y dio lugar a una nueva empresa internacionalizada (FCA) con sede legal en Holanda y domicilio fiscal en Inglaterra

La revolución digital es el soporte tecnológico de esta mundialización productiva. La velocidad de las innovaciones en la informática torna obsoletos los nuevos productos, antes de agotar su comercialización. La crisis no atenuó el vertiginoso ritmo de estos cambios. La expansión de Internet con redes sociales ha generado, por ejemplo, una nueva interconexión entre 1000 millones de usuarios. Los debates sobre la propiedad intelectual y la nueva cultura audiovisual ilustran la magnitud de la revolución tecnológica en curso.

El impacto de estas innovaciones sobre la productividad suscita un intenso debate, que opone a los tecno-eufóricos con los tecno-escépticos. La apología neoliberal del universo virtual que despliega el primer grupo es impugnada por los heterodoxos del segundo alineamiento, con argumentos que relativizan el impacto de los nuevos mecanismos de producción flexible. (9)

Pero conviene recordar que el capitalismo siempre ha funcionado introduciendo innovaciones que incrementan la tasa de explotación. Este mecanismo se encuentra en el ADN de un sistema basado en la extracción de plusvalía.

La revolución informática actual repite esa norma, pero generando recortes mayores en el nivel de empleo. Esta pérdida de puestos de trabajo se verifica en las fases de prosperidad y recesión, a medida que se acelera la rotación del capital y se reducen los gastos de administración.

Algunos críticos marxistas reconocen la presencia de esta revolución tecnológica, pero objetan su alcance industrial. Estiman que la productividad no se expande, ni genera mutaciones comparables a la máquina del vapor o el automóvil. (10)

Pero esta caracterización reitera los diagnósticos keynesianos que añoran el viejo capitalismo. Acepta sus cálculos de productividad para las economías avanzadas y aprueba la omisión de estas estimaciones para las economías asiáticas. Es evidente que la gigantesca expansión del PBI chino se consumó junto a los grandes cambios de la informática, que utilizan las empresas transnacionales para fabricar globalmente.

Es erróneo suponer que el capitalismo eliminó las revoluciones tecnológicas luego de la era del automóvil. Este sistema no puede prescindir de estas mutaciones periódicas, desde el momento que funciona compitiendo por beneficios surgidos de la explotación. Esta concurrencia obliga a los concurrentes a incrementar la productividad para sustraer mercados a sus rivales. La informática simplemente repite lo ocurrido con el vapor, los ferrocarriles, la electricidad, el automóvil o los plásticos. (11)

Mundialización comercial-financiera

La fuerte expansión que han registrado los convenios de libre-comercio se amolda al avance de la mundialización productiva. Las compañías necesitan aranceles bajos y libertad de movimientos entre países para concretar sus transacciones intrafirma.

La gravitación actual de esas empresas es enorme. Sólo 737 firmas transnacionales controlan el 80% del valor accionario de las mayores compañías del mundo y una crema de 147 maneja el 40% de esos títulos. (12)

Como el comercio mundial no se interrumpió en el reciente sexenio de crisis, estas tendencias han persistido. La caída registrada en el volumen de transacciones durante el 2009 se recompuso, sin afectar el eslabonamiento forjado por las empresas globalizadas.

La mundialización comercial continúa extendiéndose con los nuevos mega-tratados que Estados Unidos negocia con la Unión Europea (Transatlántico) y con los países asiáticos (Transpacífico). Obama retomó las tratativas iniciadas durante la administración de Clinton, bajo la presión de los sectores más interesados en ampliar la escala de sus mercados (productos agro-genéticos, informática, automotrices, bancos).

Estas negociaciones corroboran que la crisis no introdujo el giro hacia el proteccionismo que pronosticaron algunos economistas. Al contrario, persistieron los grandes bloques regionales (Unión Europea, Alianza del Pacífico, ASEAN) y los convenios que mantienen entre sí los países miembros de las distintas alianzas. Aquí radica la gran diferencia con los años 30. La economía se encuentra más internacionalizada y se estrechó el margen para recrear áreas monetarias resguardadas con elevados aranceles.

Por estas razones tampoco hubo reversión de la globalización financiera. En este campo se concentra la mayor escala de internacionalización del capital. La desregulación de las operaciones, la integración de los mercados y la gestión accionaria de las firmas que introdujo el neoliberalismo ha persistido. Los capitales continúan fluyendo de un país a otro con la misma velocidad y libertad de circulación que exhibían antes del 2008. Estos movimientos siguen generando la explosión de liquidez, el descontrol crediticio, la inestabilidad cambiaria y la volatilidad bursátil, que sacuden periódicamente a todos los mercados.

Bajo el impacto inicial de la crisis abundaron las convocatorias a reintroducir regulaciones, controles a los bancos y penalidades a las ganancias especulativas. Pero no ocurrió nada. Todas las iniciativas chocaron con la resistencia de los financistas, que volvieron a demostrar capacidad de veto y creciente entrelazamiento con el capital productivo.

Dos situaciones en la misma etapa

El avance de la mundialización no es sinónimo de sincronización del ciclo económico. Al contrario, cada vez resulta más nítida la coexistencia de situaciones diferenciadas. El crecimiento bajo o nulo de Estados Unidos, Europa y Japón empalma con el continuado ascenso de China y ciertas economías intermedias.

Este segundo bloque no tiene la pujanza suficiente para actuar como consumidor global, ni para generar una desconexión compensatoria del estancamiento en el centro. Pero su continuado crecimiento limitó el alcance de la crisis.

Como resultado de esa combinación coexisten dos tipos de escenarios dentro de la misma economía internacionalizada. Las empresas transnacionales neutralizan la caída de un mercado con el desarrollo de otro. Contrarrestan las pérdidas afrontadas en ciertos países con las ganancias obtenidas en las localidades más prósperas. Este heterogéneo contexto explica las modalidades diferenciadas que presenta en la actualidad el neoliberalismo agobiado por las finanzas en el Centro y basado en el productivismo en Oriente.

En ambas regiones se corrobora el mismo comportamiento turbulento de la acumulación. No rige la expansión auto-sostenida que imaginan los neoliberales, ni el estancamiento generalizado que suponen muchos heterodoxos.

Frente a esta situación conviene ser cuidadosos con los contrapuntos históricos. El período neoliberal no repite la depresión de entre-guerra, ni la pujanza de posguerra. Conforma una nueva etapa que perdura en la coyuntura pos-2008.

Este período incluye un funcionamiento cualitativamente diferenciado del capitalismo. Este sistema tuvo una primera etapa de libre-comercio en el siglo XIX, una segunda de imperialismo clásico a principio del XX y una tercera de pos-guerra con mayor regulación estatal. El neoliberalismo constituye la cuarta etapa del capitalismo.

Esta caracterización permite abordar los problemas actuales mejorando la aplicación de la teoría de las Ondas Largas, para captar la coexistencia de situaciones de recesión y crecimiento. Indagar sólo la preeminencia de un ciclo Kondratieff descendente o de un período contrapuesto ascendente genera múltiples problemas.

Los teóricos marxistas que postulan la perdurabilidad de un ciclo descendente suelen remarcar la anemia de la acumulación. Reconocen que el neoliberalismo restauró la tasa de ganancia, pero consideran que esa recomposición no incrementó la inversión y la productividad. Explican esa limitación por la dominación de los monopolios, la pérdida de pujanza tecnológica o la gravitación parasitaria del capital financiero. (13)

Pero esta mirada omite el fenomenal crecimiento de China y la expansión cualitativa de la mundialización. Razona como si estos datos constituyeran episodios menores o pasajeros, sin notar que modifican el funcionamiento del capitalismo. Reitera imágenes de estancamiento recogidas de los años 30 o 70, olvidando que este sistema no se caracteriza por parálisis sin fin. Se desenvuelve ampliando la explotación de los trabajadores para acumular beneficios.

Otros autores vislumbran la proximidad de una fase ascendente (en el 2018), al concluir un ciclo Kondratieff descendente que prolongó su duración tradicional. (14)

Pero esta determinación cronológica exacta de los períodos largos es más familiar al razonamiento schumpeteriano que a la tradición de Marx. Los seguidores de esa concepción (que aceptan la problemática de los ciclos largos) siempre objetaron las periodicidades fijas. Cuestionaron las justificaciones basadas en la renovación del capital fijo o la maduración de revoluciones tecnológicas, considerando que el dato central de estos procesos es el imprevisible desenlace social de la confrontación clasista.

Más allá de estas controversias, no existe hasta ahora ningún indicio de reversión del bajísimo crecimiento de Europa, Japón o Estados Unidos, que se requeriría para el debut de esa onda ascendente.

La atención puesta en dilucidar la primacía de un ciclo de regresión o prosperidad de largo plazo obstruye el registro de la dualidad actual. En esta etapa no perdura la homogeneidad, ni las fracturas de pos-guerra. El centro ya no determina tan directamente la evolución económica mundial y ha desaparecido el movimiento económico específico que caracterizaba al bloque socialista. Probablemente los nuevos movimientos de largo plazo se están amoldando al perfil de un capitalismo más globalizado y de-sincronizado.

En cualquier caso es más productivo desentrañar las transformaciones cualitativas en curso, que discutir la periodicidad cuantitativa de las Ondas. El concepto de etapa contribuye a esta indagación. Permite afinar los instrumentos conceptuales requeridos para captar la dinámica de un período tan complejo. La evolución en curso no se esclarece con preguntas simplificadas. No basta definir “si la crisis se profundiza o atenúa” para comprender lo que está ocurriendo. Resulta indispensable contextualizar esta convulsión en la nueva etapa que han estudiado varios autores. (15)

Una crisis específica

El neoliberalismo cerró el período de convulsión predominante durante el ocaso del boom de posguerra (temblores de 1974-75 y 1981-82). Pero como siempre ocurre bajo el capitalismo el fin de ciertos desequilibrios abrió nuevas contradicciones, que desembocaron en los estallidos financieros y en la recesión de los últimos años. Dos décadas de privatización, apertura comercial y flexibilización laboral generaron esos torbellinos.

Las crisis de la mundialización neoliberal han sido muy frecuentes en distintos puntos del planeta. Salieron a flote con la burbuja japonesa (1993), la eclosión del Sudeste Asiático (1997), el desplome de Rusia (1998), el desmoronamiento de las Punto.Com (2000) y el descalabro de Argentina (2001).

El temblor global del 2008 tuvo una magnitud y un alcance geográfico muy superior a estos precedentes, pero forma parte de la misma secuencia. No ha sido una prolongación de crisis irresueltas de los años 70, sino un resultado de contradicciones específicas de la nueva fase. Las caracterizaciones que subrayan esta peculiaridad han clarificado mucho más el contexto actual, que las interpretaciones centradas en explicar el temblor reciente como una continuidad de la crisis iniciada hace 40-50 años. (16)

Las convulsiones de los últimos años no constituyen sólo desequilibrios genéricos del capitalismo, ni efectos exclusivos de las políticas neoliberales. Obedecen a ambas causas. Son productos combinados del capitalismo neoliberal.

Esta síntesis ha sido acertadamente analizada por distintas interpretaciones marxistas, que explican como la crisis emergió de un sistema de competencia por beneficios surgidos de la explotación (capitalismo) y de un modelo de ofensiva del capital contra el trabajo (neoliberalismo). (17)

Estas caracterizaciones se ubican en las antípodas de la visión neoclásica, que atribuye las crisis recientes a desaciertos de los gobiernos o irresponsabilidades de los deudores. No sólo reducen todos los problemas a comportamientos individuales, sino que culpabilizan a las víctimas y apañan a los responsables.

La ortodoxia neoclásica presentó el temblor del 2008 como un episodio pasajero y justificó con pragmatismo todos los socorros estatales a los bancos. No registró que este auxilio contraría sus prédicas a favor de la competencia y el riesgo. Pondera, además, a los países que presentan menor resistencia al ajuste (Letonia, Irlanda) y despotrica contra las poblaciones que enfrentan esa agresión (Grecia). (18)

Las interpretaciones marxistas también discrepan con las teorías keynesianas, que explican la crisis por ausencia de regulaciones y descontrol del riesgo. Estas visiones postulan resolver estos desajustes con mayor supervisión bancaria. (19)

Pero suelen olvidar que los controles ya existen y son periódicamente socavados por las rivalidades que oponen a los propios bancos. En su idealización de las regulaciones desconocen que esas normas están destinadas a proteger los negocios de las clases dominantes.

La heterodoxia convencional denuncia acertadamente el descaro de Wall Street, la estafa de los ahorristas y el chantaje de las calificadoras. Pero omite que la especulación es una actividad constitutiva y no opcional del capitalismo.

Los keynesianos que buscan raíces más estructurales de la crisis actual remarcan el deterioro del poder de compra que introdujo el neoliberalismo (20). Pero no tienen en cuenta que el capitalismo actual funciona incentivando el consumo y fragilizando los ingresos, mediante la competencia laboral y la degradación del trabajo. El propio sistema propicia metas contradictorias de ampliación de las ventas y reducción de los costos salariales.

Tres explicaciones marxistas

En polémica frontal con estas visiones los economistas marxistas han presentado en los últimos años tres explicaciones principales de la crisis.

Una primera visión destaca que el neoliberalismo creó un problema de realización del valor de las mercancías al contraer los salarios. Alentó el consumo sin permitir su disfrute y amplió la producción estrechando los ingresos. Estas incongruencias derivan en última instancia de la estratificación clasista de la sociedad, pero fueron potenciadas por el deterioro del poder de compra popular que introdujo el neoliberalismo. (21)

Pero también conviene subrayar que ese desequilibrio no afectó a todos los países con la misma intensidad. El modelo actual incluye una gran expansión del consumismo y la riqueza patrimonial financiados con endeudamiento.

Un segundo enfoque marxista pone el acento en los problemas de valorización. Destaca que el neoliberalismo incrementó la tasa de plusvalía y redujo los salarios, sin consumar una recuperación suficiente de la tasa de ganancia. (22)

Pero como ese porcentual no es un número fijo, lo que debe evaluarse es si esa recomposición alumbró un nuevo esquema de funcionamiento capitalista. Dos décadas y media de neoliberalismo ilustran esa concreción. Los desequilibrios actuales de valorización son resultado del impacto que genera la tasa de inversión sobre un nivel restaurado del beneficio.

La tercera caracterización marxista resalta la existencia de capitales sobre-acumulados en la esfera financiera. Remarca las tensiones que generan esos fondos a través de mecanismos de titularización, derivados y apalancamientos. La internacionalización de las finanzas, la desregulación bancaria y la gestión bursátil de las grandes firmas agigantan esos desequilibrios. (23)

Pero es importante vincular estas transformaciones a sus determinantes productivos, para evitar lecturas simplistas. Ciertamente el neoliberalismo abrió las compuertas para un festival de especulación, pero las mutaciones que introdujo con la multiplicación de títulos y la gestión del riesgo han sido funcionales a la mundialización productiva y comercial.

Las tres visiones marxistas ilustran cómo el neoliberalismo erosionó los diques que morigeraban los desequilibrios del capitalismo. Por esta razón el sistema opera con un grado de inestabilidad muy superior al pasado.

Las coincidencias entre esos enfoques son mucho mayores que sus diferencias. Divergen en la identificación de los mecanismos últimos de una crisis que todos atribuyen al funcionamiento intrínseco del capitalismo. El debate concierne a explicaciones teóricas y no entraña divergencias políticas significativas. La vieja identificación del sub-consumismo con el reformismo socialdemócrata y de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia con la revolución social ha perdido relevancia. En ningún lugar existen alineamientos orientados por esos parámetros.

Esas compatibilidades pueden desarrollarse profundizando un abordaje metodológico multicausal de la crisis, que indague como el capitalismo se reproduce potenciando una amplia gama de contradicciones.

La heterogeneidad de la mundialización neoliberal es una manifestación de esta combinación de desequilibrios. El modelo incentivó en las economías centrales problemas de demanda, al contraer los ingresos populares y aumentar la desigualdad. En las economías de alto crecimiento introdujo, en cambio, desajustes de sobre-inversión y potencial caída de la tasa de ganancia.

Por estas razones las crisis de realización que prevalecen en el primer bloque, coexisten con los desequilibrios de valorización que despuntan en el segundo. Los temblores financieros que sacuden a todo el sistema expresan esta variedad de contradicciones estructurales.

Conflictos dentro del orden neoliberal

Ningún proceso económico esclarece por sí mismo el rumbo contemporáneo del capitalismo. Si se omiten los cambios geopolíticos o se postula su estudio en forma separada, resulta muy difícil comprender las transformaciones en curso.

El rol de Estados Unidos, las reacciones de China y las actitudes de las sub-potencias intermedias no operan como simples reflejos de exigencias económicas. Se desenvuelven siguiendo tensiones geopolíticas autónomas, en un escenario mundial estratificado por la dominación imperialista.

En este orden global las guerras inter-imperialistas por el reparto del mundo colonial -que predominaban hasta la primera mitad del siglo XX- fueron sucedidas por una gestión imperial asociada, bajo el liderazgo de Estados Unidos. En ese escenario se registraron los choques con Rusia y China y las permanentes agresiones a los países periféricos.

La interpretación de las nuevas situaciones que irrumpieron bajo el neoliberalismo está dificultada por la variedad de coyunturas que ha caracterizado a esta etapa. Basta contrastar la sensación de triunfalismo imperial que prevaleció durante era Bush, con el reajuste estadounidense de los últimos años para calibrar la magnitud de estas modificaciones.

Habitualmente se distinguen tres momentos diferenciados de este período. La fase de predominio bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética (1985-89), el escenario unipolar de supremacía de la primera potencia (1989-2008) y el contexto multipolar en curso (2008-2014). El colapso de la URSS, la ofensiva belicista estadounidense y la conversión de China en país central han sido los acontecimientos más determinantes del pasaje de una fase a otra.

También en el período previo de posguerra se registraban mutaciones de este tipo. Los momentos de ímpetu imperial eran sucedidos por etapas de mayor gravitación del bloque socialista o del núcleo de países No Alineados. Pero la relativa solidez de la divisoria planetaria durante la guerra fría atenuaba el alcance de esas modificaciones. Por esta razón los virajes actuales son más desconcertantes y generan abruptos cambios de opinión entre los analistas. Un día describen la invencibilidad de Estados Unidos y al otro retratan el fulminante declive de esa potencia.

Para evitar estos vaivenes conviene recordar que el período neoliberal se consolidó cuando fue aceptado por los principales actores del orden internacional. Esta convalidación sucedió a la restauración del capitalismo en el ex bloque socialista. Partiendo de esta coincidencia en torno al sistema socio-económico mundial se desenvuelven los conflictos comerciales, financieros y productivos. La competencia económica y la búsqueda de mayor poder geopolítico operan al interior de esa estructura.

Estas oposiciones se sitúan por debajo de un umbral de antagonismo y se desarrollan sin quebrar la solidaridad de clases dominantes que existe entre los rivales. Todos se alinean en la misma orbita de la opresión social, acompañan la mundialización y aceptan con distinto grado de entusiasmo la modalidad neoliberal prevaleciente. Las empresas transnacionales operan como el gran conector entre los capitalistas nacionales y los nuevos enriquecidos del Este y Oriente, que aspiran a alcanzar la riqueza de sus pares de Occidente.

Esta coexistencia de intereses no elimina la disparidad de intereses en juego, ni reduce la virulencia de la concurrencia, pero define el marco en que se negocian las disputas. En el G 7, el Consejo de Seguridad o últimamente el G 20 se determina cuál es el grado de consenso o disenso que existe en torno a cada controversia.

Estas tratativas siempre penalizan a la periferia y ratifican la supremacía del circuito imperial. También disimulan la asimetría militar que mantiene Estados Unidos con el resto y consagran el status ascendente o descendente de las sub-potencias y las economías intermedias. Este escenario de choques en un ámbito acotado ha sido comparado con el contexto histórico de “Concierto de las Naciones” que sucedió al fin de las guerras napoleónicas. (24)

Este marco geopolítico del período neoliberal ha persistido luego de la crisis del 2008. La convulsión económica no modificó el consenso en torno a la mundialización. Estados Unidos reorganiza su intervención imperial definiendo la agenda que asumen Europa y Japón. China asciende con grandes vacilaciones sobre la forma de amoldar su escasa incidencia política a su enorme gravitación económica. Las ambiciones sub-imperiales de varias potencias emergentes chocan con su vulnerabilidad económica y sus frágiles alianzas externas. La periferia continúa padeciendo los mayores daños de este reacomodamiento.

Este nuevo escenario es también registrado por las visiones que destacan la sustitución del viejo fordismo nacional por un nuevo post-fordismo global. Pero este reconocimiento choca con su expectativa de gestar una globalización progresista, basada en la competitividad compartida y la redistribución internacional de los ingresos. (25)

No cabe duda que la geografía industrial del mundo se aleja del viejo fordismo. Pero esta transformación se consuma con el activo protagonismo de empresas transnacionales que rivalizan entre sí explotando a los trabajadores. Este modelo de concurrencia por la extracción de plusvalía impide el surgimiento de una globalización cooperativa. Imaginar la forma que eventualmente asumiría un esquema sustitutivo antiliberal no aporta clarifica el contexto actual.

¿Resurgimiento multipolar de las naciones?

Otra caracterización del escenario actual diagnóstica un declive del neoliberalismo, frente al pujante avance de los estados nacionales que priorizan el mercado interno y el proteccionismo. Pondera el desarrollo industrial autónomo de China, Rusia e India que aprovechan los avances ya alcanzados por sus antecesores (“catch up”). También pronostica el inicio de un “siglo de naciones”, en un mundo multipolar con alta fragmentación regional. (26)

Estos enfoques convergen con las expectativas de constitución de un bloque contra-hegemónico en torno a los BRICS. El estado nacional es visto como el principal artífice de esa posibilidad si afianza su resistencia al neoliberalismo.

Pero estas miradas presentan la multipolaridad como un dato de la etapa olvidando su carácter reciente. Tampoco notan el conflicto que existe entre una variedad de centros políticos operando en torno a la internacionalización de la economía. Suponen que existe plena compatibilidad entre ambos procesos, sin notar cuántas restricciones introduce la segunda tendencia sobre la primera.

La presentación de la mundialización como un escenario de oportunidades es ingenua. Este marco no ofrece simples ventajas a los recién llegados. Implica un protagonismo de empresas transnacionales que se expanden seleccionando sus localizaciones, para garantizar los movimientos financieros y el libre comercio.

La multipolaridad política no revierte la mundialización neoliberal. Sólo modifica las relaciones de fuerza al interior de ese esquema. No cambia la etapa prevaleciente, ni induce un retorno al capitalismo de posguerra. Incorpora otra faceta al mismo orden global de las últimas tres décadas.

Este sistema ha funcionado con poca flexibilidad en torno a estamentos muy definidos. Los poderosos negocian acuerdos en el Consejo de Seguridad y la OTAN a costa del resto. Este modelo no decae a favor de otro basado en el resurgimiento de las naciones, por las mismas razones que ha quedado atrás el capitalismo del siglo XVIII. La secuencia histórica de mercados locales que forjan estados nacionales y luego potencias mundiales es una norma del pasado.

Las esperanzas en un esquema multipolar antiliberal están actualmente centradas en la evolución de China, Rusia o los BRICS. Pero estas expectativas no suelen considerar la elevada conexión de esos modelos con la mundialización neoliberal. Por eso sobreestiman sus diferencias con las potencias imperiales y subestiman la aplicación de políticas internas regresivas. Es falso, que el capitalismo funciona bien en los BRICS y mal en las economías desarrolladas. Los desequilibrios del sistema se extienden a todas partes.

Los teóricos del resurgimiento nacional estiman que el inexorable declive de Estados Unidos abre espacios para ese renacimiento. Pero también reconocen la continuada gravitación militar de la primera potencia, cuando retratan el empantanamiento de proyectos alternativos a esa primacía. Los fracasos del eje Rusia-Europa, del rearme autónomo de Francia o del replanteo de la política exterior japonesa confirman ese impasse.

Los propios previsores de un curso de este tipo resaltan la primacía de las alianzas regionales, sin notar que esas tendencias difieren del renacimiento nacional. Si los países emergen aglutinados en bloques lo que repunta es el regionalismo, como lo prueban la Unión Europea, el Tratado del Pacífico o el ASEAN. Pero esos bloques no desmienten, ni contradicen la mundialización neoliberal.

Ciertamente existen muchas manifestaciones de renacimiento nacional. Pero incluyen fenómenos muy contradictorios. A veces expresan la resistencia popular a la cirugía neoliberal y en otros casos maniobras derechistas y xenófobas para canalizar regresivamente ese descontento. Sólo excepcionalmente estos procesos reflejan proyectos burgueses de acumulación nacional, contrapuestos o divorciados de la mundialización. Además, la utilización del disfraz nacional es muy frecuente en otros casos, para justificar políticas sub-imperiales de opresión de los pueblos fronterizos.

Es cierto que los estados nacionales continuarán cumpliendo un rol insustituible. Pero ese papel deriva de la función medidora que cumplen entre la internacionalización económica ascendente y la vieja estructuración nacional del capitalismo. Del primer proceso no emerge automáticamente un organismo estatal mundializado y el segundo conglomerado no resucita el pasado. Los estados son utilizados por las clases dominantes para desenvolver formas de acumulación más internacionalizadas a costa de los trabajadores.

Los teóricos del renacimiento nacional conciben un desenvolvimiento flexible del capitalismo que afianzaría múltiples polos de acumulación, disolviendo las polaridades que emergen de la propia expansión del capitalismo. Pero estas fracturas impiden un avance equivalente de todas las economías. El ascenso de una debe consumarse a costa de otra, puesto que el capitalismo enfrenta límites a su ampliación global, que se manifiestan en las grandes crisis. Los rezagados deben cargar con la cuenta de las expansiones que consuman los más avanzados, imposibilitando a largo plazo la simple coexistencia de múltiples procesos de acumulación.

El significado de la amenaza ambiental

Cualquiera sea la evolución predominante en el plano económico o geopolítico la acelerada destrucción del medio ambiente afecta a todas las alternativas. Este peligro acecha en los distintos escenarios. El desastre ecológico tiende a acelerarse con el crecimiento débil en el centro y acelerado en Oriente. Se agrava con los desacuerdos y con las concertaciones entre potencias. Se profundiza con la unipolaridad y con la multipolaridad.

Los últimos seis años han demostrado que el deterioro ambiental no depende del ciclo. Ha persistido con la misma intensidad en la recesión y en la prosperidad. Las crisis enfrían el crecimiento sin alterar el elevadísimo consumo energético. Las emisiones de gas contaminante a la atmósfera ya superan en un 70% los promedios de los años 90.

El sobreuso de combustibles fósiles ha creado un nivel de CO 2 superior a cualquier otro momento de la historia humana. Las posibilidades de un ingobernable aumento del nivel del agua de 5 a10 metros se multiplican, a medida que la temperatura del planeta llega a los temidos niveles de incremento de 2, 4 o 6 grados. En este último caso el impacto sería catastrófico y podría retrotraer al planeta a la era de la glaciación. (27)

Los anticipos más preocupantes de ese peligro ya están a la vista en la dislocación de los glaciares o en el deshielo de Groenlandia y la Antártida. Con su decisión de extraer shale oil e intensificar la extracción de petróleo del Ártico, Estados Unidos continúa encabezando la demolición del medio ambiente. Pero China le sigue muy cerca y Europa no está lejos.

La reiteración de fenómenos climáticos extremos en los cuatro puntos cardinales indica el grado de extensión alcanzado por el calentamiento global. Las sequías son sucedidas por tormentosas inundaciones y las oleadas de frío polar coexisten con agobiantes períodos de calor tropical.

Durante el 2010 se registraron las temperaturas más altas de la historia en 18 países. Rusia sufrió una marea de calor y gran parte de Pakistán quedó sumergido en el agua. La falta y exceso de lluvia deterioró el suelo de incontables países generando millones de víctimas. Ya nadie duda del impacto de cambio climático, ni observa estas catástrofes como episodios pasajeros. Los accidentes adicionales –como el gran derrame de petróleo en el Golfo de México o el accidente de Fukushima- sólo agravan un deterioro ambiental, que confirma las advertencias formuladas por todos los especialistas.

Las alertas más recientes resaltan el impacto del cambio climático sobre los rindes de la producción agrícola, como resultado del bloqueo a la expansión natural de los cultivos que genera la acumulación dióxido de carbono. Si la demanda de alimentos sigue aumentando y la productividad agrícola queda afectada, las consecuencias serían muy graves para los desnutridos. (28)

Este desastre también amenaza cortar el ascenso de China, que se desenvuelve consumiendo la mitad del cemento, un tercio del acero y más de un cuarto del aluminio total. Algunos expertos estiman que los costos ambientales se asemejan a su tasa de crecimiento. Siete de las 10 ciudades con mayor contaminación atmosférica del mundo se encuentran allí y el 75% del agua en las regiones próximas a las ciudades ha perdido condiciones de potabilidad. (29)

Las grandes potencias han desaprovechado la recesión para disminuir el calentamiento global. El socorro que otorgaron a los bancos contrasta con la carencia de cronogramas para alcanzar algún acuerdo de protección de la naturaleza. El impasse de la Cumbre Rio (junio 2012) volvió a ratificar ese empantanamiento. No hubo coincidencias mínimas para detener el calentamiento.

Mientras las inversiones en energías limpias han caído un 11% en el 2013, la próxima cita para lograr un acuerdo será la cumbre de Paris (2015). Los científicos de la Naciones Unidas exigen ir más allá de un Protocolo de Kyoto que nunca se aplicó, señalando la probable irrupción de un nuevo drama de los refugiados climáticos. (30)

La propuesta de crear un fondo de 30.000 millones de dólares para reducir la emisión de gases es totalmente rechazada por los países desarrollados, que a su vez confrontan entre sí a la hora de precisar el aporte de cada uno a cualquier iniciativa. Siguen buscando formas de traslado del problema a la periferia, para posponer las restricciones al uso de los combustibles fósiles. Seguramente mantendrán esta actitud hasta que algún descalabro mayor irrumpa brutalmente en los centros.

Los límites de un sistema

El desastre ecológico tiene un alcance comparable a las guerras mundiales e ilustra como el capitalismo funciona generando cataclismos periódicos, que desvalorizan o destruyen el capital sobrante. Pero el potencial de la nueva demolición supera todo lo conocido.

La ausencia de conflagraciones inter-imperialistas ha dejado un vacío en el aniquilamiento de recursos que tradicionalmente utilizó el capital para oxigenar su reproducción. La reorganización destructiva del medio ambiente no aporta un remedio equivalente a la depuración de capitales sobrantes, mercancías excedentes y tecnologías obsoletas. Es un proceso que amenaza la continuidad del género humano. Este peligro es conocido y al mismo tiempo ignorado por las clases opresoras.

Esta dinámica del sistema puede conducir a la sepultura de toda la sociedad. La irracionalidad del modo de producción vigente radica en esta ceguera. La presión competitiva impide a las grandes empresas frenar la alocada carrera contaminante en que están inmersas. Es evidente que esa rivalidad conduce a la destrucción del entorno físico en que se desarrolla la acumulación. Sin embargo, nadie logra detener la rueda que empuja hacia el descalabro.

Lo mismo ocurre con los gobernantes que advierten contra un potencial suicidio colectivo que no detienen. La presión competitiva que enceguece a los capitalistas también afecta a los funcionarios que dirigen los estados.

La reconversión global hacia un sistema energético basado en fuentes eólicas o solares renovables se demora, a pesar de constituir el único dique efectivo frente al colapso ambiental. Como los capitalistas se benefician con la continuidad inmediata del status quo, resisten una transformación que no puede postergarse. En el modelo energético actual el 60% de las emisiones favorecen al 1,5% de la población de los países más ricos.

Por esta razón los economistas ortodoxos cierran los ojos ante el problema, esperando que el mercado defina espontáneamente los costos de la corrección que asumirían los agentes. Sus adversarios heterodoxos confían en un maná de remedios tecnológicos o en un brote de economía verde que generaría negocios más rentables que la propia contaminación. Mientras tanto todos juegan con fuego, esperando que las respuestas del capitalismo aparezcan antes de la concreción de una situación irreversible.

El desastre ambiental retrata los límites de un sistema que emergió en cierto período y deberá desaparecer antes de arrasar a un desplome a toda la civilización. La crisis actual puede ser vista en términos históricos como un fenómeno múltiple que involucra la economía, la alimentación o la energía. Pero la dimensión climática sintetiza los contornos más dramáticos de esa convulsión. Retrata el principal aspecto de senilidad del capitalismo, que ha quedado desfasado del tipo de organización que requiere la sociedad.

Este divorcio es un resultado de las transformaciones generadas por el capitalismo neoliberal. Algunos autores van más allá de este diagnóstico y prevén un escenario de confrontaciones y estancamiento económico hasta la disipación del caos (años 2040-2050), al cabo de un largo y turbulento periodo. (31)

Pero la catástrofe climática confirma el carácter turbulento de la acumulación y no el inmovilismo del sistema. El capitalismo está más corroído por su inmanejable desenvolvimiento que por su estancamiento productivo o desborde financiero. Este descontrol de la acumulación conduce a torbellinos que presentan aristas caóticas. ¿Pero se puede fechar la conclusión de estos temblores en cierto momento del futuro?

Al establecer esa cronología se supone que los procesos históricos están sujetos a una rigurosa periodicidad interna, determinada por fuerzas ajenas a los sujetos sociales. Sólo con ese criterio se puede concebir, que el desastre ambiental (o el agotamiento tecnológico, la estrechez de los mercados y la caída de la tasa de ganancia) definirá un punto final del ciclo sistémico, más allá del descontento o la resignación popular.

La experiencia indica que los momentos de giro de la historia siempre han seguido otro patrón. Estuvieron determinados por la irrupción de procesos revolucionarios y por enfrentamientos entre las principales clases sociales. El comportamiento de líderes políticos y el peso de las ideologías incidieron en forma decisiva en esta evolución. Ninguno de estos procesos puede anticiparse con un calendario en la mano.

Las relaciones sociales de fuerza

El neoliberalismo se gestó con la derrota que impusieron el thatcherismo y el reaganismo a los trabajadores en los países centrales. Se consolidó con el posterior declive sindical y se acentuó junto al cansancio político, que genera la alternancia de conservadores y socialdemócratas en la gestión del mismo modelo. Este esquema se reforzó con la desmoralización que produjo en la izquierda la restauración del capitalismo en Rusia y China.

El modelo actual no perdura desde los 80 por sus éxitos económicos. Ha incentivado crisis mucho más severas que en los años de pos-guerra. Desencadenó temblores políticos y rediseños de fronteras, que contrastan con el congelado del mapa mundial de la guerra fría. Introdujo un inédito grado de erosión en los partidos y un desprestigio sin precedentes del sistema político. Si en estas condiciones el neoliberalismo perdura es por el retroceso social, político e ideológico que ha impuesto a los trabajadores.

Este sector social continúa siendo el único antagonista del capitalismo con capacidad para desafiar, derrotar y sustituir la dominación de la burguesía. Por esta razón su repliegue le ha brindado tanto oxigeno al sistema.

Esta pérdida de protagonismo de los asalariados explica el peso de las nuevas ilusiones en el renacimiento de las naciones, en la potencialidad de los estados o en la multipolaridad. La expectativa de introducir transformaciones progresistas transitando estos tres caminos deriva del vacío dejado por la menor centralidad de las luchas obreras, la fragilidad de los sindicatos y los cuestionamientos al ideal socialista.

Este declive se revertirá al calor de triunfos populares que permitan recobrar la confianza en la lucha. Pero hasta el momento el repliegue impuesto por el neoliberalismo en la mayor parte del planeta se recicla con la enorme mutación que está registrando el capitalismo. Estas transformaciones incrementan los atropellos y generan nuevas resistencias entre los oprimidos.

Las agresiones del neoliberalismo no han sido mayoritariamente impuestas a través de confrontaciones sanguinarias. Las principales armas del capital han sido la angustia del desempleo, la humillación de la flexibilidad laboral, la desgracia de la pobreza y las bofetadas de la desigualdad. En los países del centro utilizaron más la fractura social que la virulencia física. De esta forma debilitaron pero no demolieron a la clase obrera. Los trabajadores no han sufrido las heridas que dejaban en el pasado los aplastamientos brutales de las rebeliones sociales. Este dato permite la recomposición de la acción popular.

Siguiendo la misma dinámica de su aparición el cierre de esta etapa neoliberal tendrá lugar con un desenlace impuesto desde abajo. Sólo con triunfos populares se podrá revertir un período tan oscuro para los trabajadores. Así ocurrió en el pasado y volverá a suceder en el futuro. Las etapas de atropello nunca se eternizan y siempre son revertidas por la resistencia social.

Las oleadas de movilización conforman ciclos relativamente autónomos del contexto económico y geopolítico. Son procesos más dependientes de las experiencias sindicales, las tradiciones políticas y las ideologías predominantes que del comportamiento del PBI o del grado de cohesión de las clases dominantes.

Esta dinámica prevaleció en la etapa de crisis que antecedió al neoliberalismo. Los avatares políticos que rodearon a la oleada revolucionaria del 68 fueron más definitorios de ese periodo que el agotamiento del keynesianismo o el equilibrio del poder entre Estados Unidos y la URSS. Esta centralidad de la lucha social determinará cuándo y cómo decaerá el neoliberalismo.

Las nuevas confrontaciones

Desde el estallido de la crisis reciente despuntaron numerosas luchas en distintos puntos del planeta. Gran parte de estas acciones se localizaron en los últimos dos años en las economías que mantuvieron cierto crecimiento, sin padecer la degradación social que acosa a Europa. Pero estas movilizaciones forman parte de un mismo proceso de resistencia y se caracterizan por un gran protagonismo de la juventud trabajadora, precarizada y desempleada.

Con las anteojeras del liberalismo, algunos autores han interpretado la irrupción callejera de jóvenes en Turquía o Brasil como una expresión de la nueva clase media satisfecha con el consumo, que ahora busca transparencia política y promoción social. (32)

Pero esa relación es una construcción totalmente artificial que desconoce el sentido de las resistencias contra el ajuste y la represión. Supone que la utilización de facebook determina la pertenencia de los manifestantes a las clases medias, como si una nueva forma de comunicación definiera posicionamientos de clase. Reduce las batallas sociales a meros pronunciamientos contra la corrupción e ignora como el desempleo y la informalidad laboral alimentan el descontento de los indignados.

Otras caracterizaciones sensatas y ubicadas en el campo popular contrastan estos movimientos con la oleada de manifestaciones altermundialistas, que se registraron hace diez años. Remarcan sus perfiles más nacionales y asocian la nueva irrupción a la crisis iniciada en el 2008 (33). Ciertos planteos subrayan la pérdida de atracción y capacidad de movilización de los Foros Sociales y convocan a sustituir las banderas “altermundialistas” por proyecto de “des-mundialización”. (34)

Pero estos contrapuntos son prematuros. El neoliberalismo es un atropello mundial y percibido por sus víctimas como una fuerza reaccionaria que opera a escala global. Es cierto que las tendencias de movimientos sociales están cambiando pero sin un norte claro. Por el momento impera una gran diversidad de focos de lucha sin primacía de referentes nítidos.

Es importante notar que las movilizaciones han comenzado a emerger en el interior de la primera potencia. El movimiento de “Ocupar Wall Street” irrumpió sin generalizarse, como un síntoma de esa reacción.

Otro gran gigante que comienza a despertar se localiza en China. La clase obrera protagoniza una ascendente oleada de protestas que tiende a revertir el reflujo post- Tian An Men (1989). Estas resistencias involucran a millones de trabajadores, en decenas de miles de huelgas, que desde el 2009 han impuesto la actitud contemporizadora que prevalece entre los funcionarios.

Los sectores dominantes buscan negociar concesiones con un proletariado que ha crecido y asume una conducta muy diferente a la pasividad que sepultó a la Unión Soviética. Esta intervención no determina aún el rumbo de la sociedad china, pero ya anticipa la gravitación de un próximo protagonista.

Otro foco de lucha se ha localizado en el mundo árabe desde la gran primavera que sorprendió al mundo e inicialmente impuso el derrocamiento de mandatarios neoliberales en Egipto y Túnez. Posteriormente este despertar derivó en un duro otoño y puede desembocar en un terrible invierno, si se afianza la contraofensiva que despliegan el imperio y el islamismo reaccionario.

Estas fuerzas están desangrando a la población en guerras sectarias que facilitan la reconstitución del poder de los dictadores, los jeques y los clérigos. Luego de lo ocurrido en Libia y Siria, nadie sabe si el empuje democrático recobrará vitalidad o quedará enterrado por esa agresión.

Pero el gran test de la pulseada entre el neoliberalismo y los trabajadores se procesa en Europa. Esta región ha sido escenario de grandes movilizaciones durante el último sexenio. En España las marchas de resistencia contra los desalojos y el desempleo convergen con demandas nacionales, debilitando a una monarquía que ha perdido el consenso que mantuvo durante la transición.

Las manifestaciones de lucha en el Viejo Continente son numerosas del Oeste (Portugal, Islandia) y en el Este (Rumania, Hungría, Eslovaquia). Pero ningún país ha logrado actuar como catalizador del resto. El lugar que tradicionalmente ocupaba Francia, como centro la acción callejera continental no ha sido reemplazado. Esa gravitación se mantuvo incluso bajo el neoliberalismo con las movilizaciones de 1984, 1986, 1995 y 1998.

La principal expectativa de modificación de las relaciones de fuerza se ha trasladado a Grecia. Las protestas alcanzaron gran intensidad y traducción política, en construcciones de izquierda que mantienen en vilo al establishment. Pero la gravedad de la crisis confirma la necesidad de acciones y programas radicales. Es la única respuesta progresiva frente al despiadado ajuste que continúan imponiendo los acreedores.

La radicalidad se ha tornado decisiva en el Viejo Continente frente al cansancio que exhibe una población defraudada con la Unión Europea. Los votantes emiten reiterados mensajes de oposición. Si estos rechazos no encuentran una canalización radical en la izquierda, continuarán alimentando la despolitización o el crecimiento de las corrientes derechistas.

El voto castigo ya sepultó a 17 gobiernos europeos en la geografía cambiante de la protesta. Pero ese descontento también genera el ascenso de la extrema derecha, que maquilla su defensa del capital con banderas de identidad nacional. Victorias populares en la calle son indispensables para neutralizar esa amenaza y colocar a la izquierda en un escenario favorable.

Pero las nuevas relaciones de fuerza que están emergiendo a escala global se perfilan con mayor nitidez en América Latina. Lo que allí sucede tiene actualmente gran incidencia y el análisis de esta región nos conduce a nuestro próximo texto.

Ver también:
- Mutaciones del capitalismo en la etapa neoliberal (Parte II): Ascendentes, intermedios y periferia
- Mutaciones del capitalismo en la etapa neoliberal (Parte I): Economías centrales

Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz

Notas:
1) Piketty Thomas, “En ciertos aspectos las desigualdades son actualmente mayores que en 1913”, 11/3/2014, encampoabierto.wordpress.com. Piketty, Thomas. Le capital au XXIe siècle, Seuil, 2013.
2) Kliksberg, Bernardo. “La explosión de las desigualdades”, 8/1/2014, www.pagina12.com.ar
3) Un ejemplo de este abordaje en: Llach, Juan. El desafío de la desigualdad, 15/04/2014, www.lanacion.com.ar
4) Toussaint, Eric. “Que faire de ce que nous apprend Thomas Piketty sur Le capital au XXIe siècle” 10/4/2014 www.pressegauche.org
5) Piketty, Thomas. “Nunca ha habido tanta riqueza privada en el último siglo”, 13/4/2014, economia.elpais.com
6) Pettit, Jean Paul. A propos du Capital au XXI siecle de Thomas Piketty, 10/2/2014 www.contretemps
7) Rubinzal, Diego. “Mundialización de la producción cadenas globales”, 30/3/2014 www.pagina12. Ver: Andreff Wladimir. Les multinationales globales. La decouverte, Paris, 1996.
8) Husson, Michel. “La formación de clase obrera mundial”, 8/1/2014, www.kaosenlared.net.
9) La primera visión Alex Tabarrok y la segunda en Robert J Gordon, La Nación, 12/1/2014. Nuestra revisión de ese debate en: Katz Claudio. “La concepción marxista del cambio tecnológico”, Revista Buenos Aires. Pensamiento Económico, n 1, Bs As otoño 1996.
10) Sáenz, Roberto. “Perspectivas del capitalismo a comienzos del siglo XXI”, Socialismo o Barbarie n 20, febrero 2012,
11) Nuestro enfoque en Katz Claudio, Bajo el imperio del capital. Edición argentina, Luxemburg, diciembre de 2011 (cap 8).
12) Basterra, Juanjo. “737 multinacionales monopolizan” 1/2/2013 www.rebelion.org.
13) Foster John Bellamy, Chesney Robert, “Monopoly-finance capital and the paradox of accumulation”, Monthly Review n 5, vol 61, october 2009
14) Roberts, Michael. “Tendencies, triggers and tulips”, Third IIRE Seminar on the Economic Crisis. Amsterdam, 15-2-2014.
15) Un abordaje de este tipo en: Harvey David, A brief history of Neoliberalism, Oxford University Press, New York, 2005. Harvey David, “El neoliberalismo como proyecto de clase” vientosur.info/ 08/04/2013.
16) El primer enfoque: Panitch Leo, Gindin Sam. “Capitalismo global e imperio norteamericano”. El nuevo desafío imperial, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires 2005. El segundo en: Brenner Robert, “The economics of global turbulence”, New Left Review 229, May-June 1998
17) Nuestra visión en polémica con los autores neoclásicos y keynesianos en: Katz Claudio “Interpretaciones de la crisis”, La crisis capitalista mundial y América Latina”, CLACSO, Buenos Aires, 2012.
18) Greenspan Alan 2010 “The Crisis Greenspan Associates LLC” en www.brookings.edu, Ocampo Emilio, “Cuando el remedio es peor que la enfermedad”, ambito.com/diario 11/01/2013. Raghuram Rajam, “El boom commodities crea problemas”, www.ambito.com/noticia 23/08/2012.
19) Stiglitz Joseph 2010. Caída libre. (Buenos Aires: Taurus). Wyplosz Charles, “En Europa habrá una enorme reestructuración de la deuda”, www.ambito.com/noticia. 27/07/2012.
20) Aglietta Michel, Berrebi Laurent 2007. Desordres dans le capitalisme mondial (Paris : Odile Jacob). Bhaduri Amit, Cesaratto Sergio, Palma Gabriel, “Economistas heterodoxos”, www.pagina12.com. 19/11/2012.
21) Husson Michel, Capitalismo puro, Maia Ediciones, Madrid, 2009, -Bhir Alain, “Le triomphe catastrophique du neoliberalisme”, 10-11-2008, Presse toi a Gauche, Canadá.
22) Harman, Chris Zombie Capitalism, Bookmarks, 2009. Kliman, Andrew. “The destruction of capital and the current crisis”, January 15, 2009, http://www.permanentrevolution.net/entry/2760
23) Chesnais, Francois. “La recesión mundial: el momento, las interpretaciones y lo que se juega en la crisis, Herramienta 37, marzo 2008, Buenos Aires.
24) Anderson, Perry. “Algunas observaciones históricas sobre la hegemonía”, C y E, año II, n 3, primer semestre 2010. Anderson, Perry. “Apuntes sobre la coyuntura actual”, New Left Review, n 48, 2008.
25) Lipietz, Alain. El mundo del Post-Fordismo, Ensayos de Economía n°12, vol.7, Julio 1997. Strange, Gerard “Globalisation, structural dependecy theory and regionalism, 2002, citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/
26) Sapir, Jacques. El nuevo siglo XXI, El Viejo Topo, 2008, Madrid, (pag 33-34, 149, 162, 92, 258-259).
27) Tanuro, Daniel. “Energy transition and anticapitalist alternative”, Third IIRE Seminar on the Economic Crisis. Amsterdam, 15-2-2014.
28) La Nación, Un viejo pronóstico de hambruna podría hacerse realidad, 6/4/20,www.lanacion
29) The Economist, China, “Special Report”, 2008
30) El País No queda margen, 15/4/2014, elpais.com
31) Wallerstein, Immanuel. The Modern World-System IV: Centrist Liberalism Triumphant, 1789-1914, University of California Press, 2011, Preface. Wallerstein, Immanuel, “E se nao houver saida alguma”? www.outraspalavras.net, 17/08/2012.
32) Es la nueva tesis de Fukuyama, Francis en. La Nación, Rebelión mundial: los nuevos dueños de las calles 7/7/2013, www.lanacion.com.ar
33) Gerbaudo, Paolo. “Son movimientos nacionales”, 8/7/2013, www.pagina12.com.ar
34) Cassen, Bernard. “Ha llegado la hora de la "desmundialización",17/9/2011, www.rebelion.org

Bibliografía:
- Anderson Perry, “Fuerza y consentimiento”, New Left Review, n 17, septiembre-octubre 2002.
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Brasil acoge el Tercer campeonato mundial (alternativo) de fútbol de la calle: “La pasión por el fútbol no puede adormecer la conciencia ciudadana”

Sergio Ferrari (especial para ARGENPRESS.info)

De la pelota de trapo, al poder del deporte mediatizado. Los valores alternativos que cuestionan el deporte mercantilizado.

Con el pitazo inicial de Brasil-Croacia se abrirá el próximo 12 de junio en San Pablo uno de los grandes eventos deportivos mundiales. Desde junio del 2013, Brasil entero ha sido escenario de movilizaciones sociales que en torno al Mundial expresan facetas de descontento popular. “Las protestas no son contra el fútbol, sino contra ciertas políticas de Estado y problemas que se derivan de la realización de Mundial”, enfatiza Sergio Haddad, educador popular brasilero y desde su juventud militante-dirigente de muy diversas organizaciones sociales. Haddad fue en el 2001 uno de los co-fundadores del Foro Social Mundial y es hoy, junto con la ONG “Acción Educativa” (Ação Educativa) que dirige, uno de los promotores más activos del 3er Campeonato Mundial de Fútbol de la Calle que se realizará en San Pablo entre el 1ro y el 12 de julio próximos. “Reunirá delegaciones de 30 de los 64 países que practican esa modalidad deportiva”, subraya Haddad iniciando esta entrevista exclusiva. Sergio Haddad junto con Celia Alldridge, militante de la Marcha Mundial de Mujeres en el país sudamericano, animan la primera quincena de mayo en Suiza la Campaña “Goles contra la injusticia” promovida por E-CHANGER, organización helvética de cooperación solidaria presente en Brasil.

P: ¿Qué significa el fútbol en la realidad brasilera, latinoamericana, de hoy?

Sergio Haddad (SH): El fútbol es una pasión. Es parte de la cultura de nuestros pueblos. Una reacreación, en particular para los niños y jóvenes de todas las clases sociales. Desde pequeños comienzan a pegarle a la pelota, sea de trapo o de cuero, en potreros de la perifieria de las ciudadas o en clubles para clases medias. El fútbol, como todo en nuestra sociedad, vive un proceso muy fuerte de mercantilización. Que incluye los partidos, los campeonatos y los jugadores. Al mismo tiempo que los intereses económicos dominan este deporte, se da también un proceso fuerte de elitismo y desigualdad en la profesión de jugador. Con pocos que ganan fortunas y muchos que apenas logran sobrevivir. Es, sin duda, un reflejo directo de lo que vive la sociedad mundial en general, y nuestros países en América Latina, en particular. Somos campeones de la concentración del ingreso, producto de las políticas neoliberales de los últimos años. Unos pocos jugadores son presentados como “héroes” del mercado, de la juventud y de gran parte de la población. Y proyectan la falsa ilusión del ascenso social por medio del fútbol, cuando sabemos fehacientemente que son muy escasos los que participan de esta promoción social si tenemos los millones que práctican este deporte en el mundo entero.

Un útil para contrarrestar la violencia social

P: ¿A pesar de esos condicionantes económicos, sociales y hasta culturales…es posible imaginar otra concepción del fútbol?

SH: La pregunta clave es si el fútbol, como cualquiera otra práctica social, deportiva o cultural puede servir a otros valores en una sociedad marcada por el mercado y el consumo... Este es, sin duda, el gran desafío de aquéllos que pensamos que es posible contruir otro mundo, basado en valores de justicia social, solidaridad, democracia verdadera. El Fútbol de la Calle nació en los años noventa en el barrio Chaco Chico , en la ciudad argentina de Moreno, en el gran Buenos Aires. Venía de la mano de una propuesta de recuperar el protagonismo y el diálogo entre jóvenes en un barrio – y una realidad social- en el que la violencia atravesaba todas las relaciones: familiares, escolares, comunitarias. Pensado como una práctica socio-pedagógica, el Fútbol de la Calle tiene reglas que varían de acuerdo con cada predio y lugar en el quese practica , pero que tiene también algunos pricipios básicos.

P: ¿En que consiste concretamente el Fútbol Callejero?

SH: Un partido es organizado en tres tiempos y obligatoriamente integra niños y niñas. En el primer período, se definen las reglas de juego, basadas en ciertos valores como respeto, solidaridad, cooperación, tolerancia. Y según las mismas se definen los puntos.
En el segundo momento, el partido se realiza según dichas reglas. Y en el tercero los dos equipos evalúan si los acuerdos iniciales fueron cumplidos y a partir de entonces se decide quien es el vencedor. No hay un árbitro sino un mediador que tiene un papel fundamental en derimir conflictos y en tanto que educador, promueve los valores acordados por los dos equipos.

600 mil futbolistas de la calle

P: ¿Es posible que los jóvenes entiendan y se apropien realmente de esta otra forma de percibir el fútbol, cuando los referentes mediáticos reproducen la visión tradicional y comercializada de este deporte?

SH: Sin duda, es difícil ir en contra del sistema, pero no imposible. Desde su nacimiento hasta ahora cerca de 600 mil jóvenes en el mundo entero practican el Fútbol Callejero, promoviendo ciudadanía, participación, diálogo y respeto de las diferencias.

P: En esta doble perspectiva de deporte mercantilizado y, por otra parte, instrumento creador de conciencia, ¿qué significado tiene para ustedes en Brasil el Campeonato Mundial de julio próximo?

SH: Tiene varias implicaciones. El Mundial es un riesgo en tanto que puede inducir a violaciones de derechos humanos esenciales y a actitudes xenofóbicas y discriminatorias. También es una oportunidad en la medida en que pueda mostrar que es posible, a partir del fútbol, pensar el mundo de otra manera, valorizando al ser humano, respetando las diferencias y promoviendo la paz. E implica también el desafío de promover esa otra faceta, esa otra perspectiva, sobre la base de la participación social y la creación de ciudadanía.

P: ¿Cómo se puede entender el fútbol como pasión popular y al mismo tiempo las grandes movilizaciones sociales que desde junio del año pasado han atravesado Brasil en torno a hechos ligados al Mundial?

SH: Las movilizaciones no son contra el fútbol. Son contra los gastos efectuados por los gobernantes para organizar el Mundial frente a los precarios servicios públicos ofrecidos en educación, salud, transporte etc. Esas protestas también van dirigidas contra la violación de los derechos esenciales, como por ejemplo la expulsión de familias de sus viviendas para liberar los terrenos donde se construyeron los estudios. O contra el aumento de la prostitución que viene de la mano del turismo futbolístico. No puedo negar que también parte de las protestas son dirigidas contra la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), no solo por las condiciones que impone junto con sus grandes sponsors para realizar el Campeonato y que son aceptadas por el Gobierno, sino también y sobre todo por lo que representa en términos de mercantilización del deporte y la corrupción que viene de la mano.

“Alternativa simbólica al Mundial”

P: ¿En ese contexto, el Mundial de la Calle que se realizará en julio en San Pablo es concebido como una alternativa al Mundial oficial?

S.H: Una alternativa simbólica a los valores actuales dominantes, para los cuales el mercado es más importante que el ser humano. Es una pequeña semilla que se junta con otras iniciativas que promueven otros valores. No pienso que pueda ser un contrapunto al Mundial y tampoco tiene esa intención. Lo que queremos es ir construyendo un movimiento que pueda ser una alternativa a largo plazo. Que junto con otros movimientos y acciones ayude a pensar en construir otro futuro para la humanidad basado en valores diferente y el respeto de los valores esenciales de la persona.

P: ¿Qué esperan desde Brasil de la sociedad civil suiza, europea, internacional, en esta coyuntura del Mundial?

SH: Europa vive una crisis económica que integra además otras facetas: ambiental, social, de valores. Los movimientos sociales tradicionales parecen estar debilitados y los gobiernos pierden legitimidad al aplicar recetas tradicionales y antisociales para hacer frente a dicha crisis. Aumenta el desempleo, se debilita el Estado social, crece la desigualdad social y explota la xenofobia y la discriminación. Este Mundial, con una prensa enfocada en Brasil, puede ser también una oportunidad para que la sociedad civil europea adhiera, informe, sensibilice y busque caminos diferentes. Desde Brasil, cuna del Foro Social Mundial y de fuertes movimientos sociales rurales y urbanos, en plena América Latina, continente de esperanza, trataremos de mostrar algo diferente a partir de nuestras experiencias y de nuestra pasión por el fútbol. Queda abierto el desafío a la sociedad civil del norte de intentar también mostrar facetas alternativas...

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Trabajo y pobreza son parte de la ecuación social en Argentina

Fabiana Arencibia (RED ECO)

Tamara Seiffer es doctora en Ciencias Sociales, Licenciada en Trabajo Social, docente e investigadora del CONICET. Integra además el Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales. Como parte de su tarea viene observando la evolución en Argentina del empleo/desempleo, la precarización laboral, el poder adquisitivo de los salarios, el gasto social y la pobreza. Este miércoles fue entrevistada en el programa Los Locos de Buenos Aires donde compartió su visión de las causas que convierten en estructurales a estos problemas.

“No necesariamente tener empleo garantiza salir de la pobreza”, afirma Tamara Seiffer. Y para sustentar esta aseveración explica cómo los bajos salarios, la desocupación y la pobreza se han constituido desde la década de los ‘70 en la segunda fuente de compensación (luego de la renta agraria) que tiene el capitalismo en nuestro país para sostener al conjunto de la Economía.

Sus estudios aportan elementos que demuestran lo que venimos sosteniendo desde nuestros artículos: no se han modificado las estructuras económicas de un modelo que comenzó a instalarse luego del golpe cívico militar del ‘76, se profundizó en los ‘90 y es el mismo que sigue vigente.

Según reflexiona Seiffer, la renta agraria sigue siendo uno de los motores de la economía capitalista argentina. Y si bien el Estado ha retornado luego de su “retiro” en el neoliberalismo, el papel que despliega no es para realizar cambios de fondo sino fundamentalmente para el desarrollo de políticas de asistencia social. Sin embargo, según sus investigaciones, el aumento del gasto social y en especial en asistencia social para los sectores mas carenciados viene creciendo ininterrumpidamente (salvo las crisis de 1982, 1989 y 2001) desde hacer cuatro décadas. El incremento permanente del gasto para asistencia social (actualmente casi 23 por ciento de los hogares reciben dinero de planes sociales) y la asignación universal por hijo son necesarios porque, a pesar de una década de crecimiento casi constante, existe un mercado de trabajo precario, con bajos salarios y desocupación.

El gobierno nacional asegura que no puede dar las cifras de pobreza e indigencia por problemas técnicos y por la imposibilidad de hacer “ensambles” metodológicos, según explicó el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en el Congreso. Sin embargo, son varios los datos que surgen, incluso desde sectores del oficialismo que han dado sus estadísticas.

Durante la entrevista en Los Locos de Buenos Aires, Seiffer compartió los datos de las investigaciones que realiza junto a su equipo: “Tenemos un estimado de pobreza que ronda el 26 por ciento a febrero y que en diciembre era alrededor del 20. Hay también otras estimaciones de espacios privados, por ejemplo de ex técnicos del INDEC que hablan del 36 por ciento, el Observatorio Social de la UCA con un relevamiento propio habla del 27,5 a fines de 2013, y el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz - que es cercano al gobierno - habla de 13,2 por ciento. Esto da cuenta de la dispersión que existe, pero las cifras son lejanas al 6 por ciento que decía el gobierno”.

Sin embargo, Seiffer afirma que “los índices dicen poco sobre las condiciones de vida de la clase obrera en este momento” y comenta dos ejemplos de cómo están distorsionados los indicadores: el gasto en vivienda, que aparece sub representado en esos índices, y una canasta de alimentos empobrecida como parámetro para definir el límite debajo del cual una persona se considera pobre en Argentina.

Consultada sobre otros elementos que deberían considerarse para definir qué es la pobreza, Seiffer señala que “lo que hace falta es avanzar en estudios cualitativos que permitan dar cuenta de la calidad de vida de la clase obrera hoy y tener un concepto de pobreza que no se puede sintetizar en un único indicador: “En el análisis a más largo plazo lo que se ve es un proceso general de empobreciendo de la clase obrera argentina que no es exclusivo de esta década en la que hubo un mejoramiento relativo en relación a la crisis de 2001. Pero si miramos mas atrás vemos un deterioro generalizado que se expresa en el aumento de la violencia, de la violencia escolar, el avance en el consumo de drogas baratas, la degradación educativa, etc.”.

Según afirma el gobierno, entre los años 2003 y 2013 se crearon 6 millones de puestos de trabajo y, a diferencia de los ‘90 donde de cada 100 puestos 90 eran no registrados, en los últimos diez años de cada 100, 92 son trabajadores registrados. Sin embargo esto se da en un contexto de altos índices de pobreza que además han ido en aumento.

Seiffer explica este fenómeno de mayor ocupación y aumento de pobreza, en apariencia contradictorio: “Efectivamente hubo creación de empleo y aumento de empleo registrado. Pero en la última década acceder a un empleo y luego a uno registrado, no es garantía de salir de la pobreza. Si bien los salarios (en cuanto a su poder adquisitivo) crecieron desde la última crisis de 2001, aun no llegan a los valores de la década del ‘90 y están a la mitad de 1975. Pensemos además que cuando elaboramos una canasta básica de alimentos, ésta se ubica muy por encima del Salario Mínimo Vital y Móvil que es una referencia en las negociaciones salariales. Además, en las ramas donde se ha creado empleo registrado han sido en las de más bajos salarios: personal doméstico, construcción y el empleo estatal. Los salarios de los empleados públicos estuvieron por debajo de los que cobran los trabajadores registrados del sector privado”.

Los datos que elabora el Centro de Estudios del cual Seiffer es parte, marcan una tendencia desde mediados de los ‘70 que refleja el empobrecimiento general y concluyen además que tanto los salarios como la pobreza son hoy similares a los de la década de los noventa.

“No es válido el argumento que utiliza el gobierno de que es imposible el aumento de la pobreza si hubo creación de empleo porque el capitalismo argentino encuentra en esta forma de empleo de bajos salarios una fuente de compensación, de riqueza extraordinaria. Se avanza sobre una parte del salario que es la necesaria para la reproducción adecuada de los trabajadores y eso se expresa en un empobrecimiento de la población”, dice.

“Claramente las condiciones en que fuimos viviendo a lo largo de esta década son mejores que las que teníamos en el peor momento de la crisis de 2001 pero eso no es decir mucho, fue la peor crisis por la que atravesó la sociedad argentina con lo cual utilizar eso como parámetro es bastante pobre”, agrega.

Sobre la afirmación de que existen dos modelos, uno neoliberal y el actual nacional y popular y que la única opción es este modelo o la vuelta al neoliberalismo, Seiffer y su equipo opinan que ésta idea “es parte de una caracterización que plantea que hubo un cambio radical en la sociedad y que están contrapuestas estas dos formas de funcionamiento. Pero cuando uno mira las variables generales en realidad ve una constante en términos de cómo se acumula en el país, del papel que cumplen los bajos salarios, de lo que pasó con la asistencia a los más pobres a través de las políticas sociales y las asistenciales. Hay todo un planteo del retorno del Estado. Mirando la década se ve un aumento importante en el gasto social, del gasto en asistencia, a través de diferentes políticas asistenciales y de transferencias de ingresos. Pero esto no es exclusivo de esta década, se observa también en los ochenta y los noventa, y no solo en Argentina sino en varios países de la región e incluso en Estados Unidos que mal podrían ser caracterizados de modelo ‘nacional y populares’”.

Si bien comparte la visión de que la asistencia por parte del Estado hacia los sectores mas carenciados a través de planes sociales podría pensarse como un mecanismo de “redistribución de la riqueza”, Seiffer opina que “el tema es ver de dónde el Estado obtiene los fondos: “Por ejemplo, nosotros tenemos un análisis acerca de la Asignación Universal por Hijo donde miramos lo que pasa con las transferencias para pagarla y vemos que el Estado se ahorró los aumentos para esta asignación con los topes en las asignaciones familiares de los trabajadores en relación de dependencia registrados. O sea, hay una redistribución de los trabajadores en ‘mejores’ condiciones hacia los trabajadores más empobrecidos. No se afectan las ganancias capitalistas de ninguna manera”.
asignacion_universal_por_hijo.jpgRespecto a la permanencia de los planes sociales, existen opiniones que plantean que ante un cambio de gobierno, los planes sociales serían recortados o desaparecerían. Para Seiffer nada indica que haya intención de atacar los planes sociales que hoy son condición sine qua non del funcionamiento económico. “Cuando en 2009 la presidenta lanza la Asignación Universal por Hijo había ya siete proyectos similares, o sea que había un consenso general en las fuerzas políticas. Hoy la asistencia es parte del funcionamiento general de la sociedad. Si bien se necesitan los fondos siempre hay una organización, como por ejemplo el Banco Mundial, que esta dispuesto a aportar para que la crisis no estalle”.

Los estudios del Centro de Investigación reflejan que en términos históricos, en los peores momentos de las crisis hay una contracción del gasto social y en asistencia, pero después de la salida inmediata de la crisis se ubica siempre un piso por encima previo a las crisis. Además, respecto al esfuerzo económico que podría significar sostener estos planes, Seiffer, en base a datos elaborados por el grupo de investigación, comenta: “Si bien el gasto asistencial se expandió mucho y también ocupa una mayor proporción del gasto total y del gasto social total (se gasta proporcionalmente más en asistencia que en otros rubros como educación o vivienda, en términos relativos a lo que se gastaba antes) todavía ocupa una proporción menor. Y no es un esfuerzo tan grande para el presupuesto total del Estado. La AUH abarca alrededor de entre un 3 y un 3,5 por ciento del gasto total. O sea que puede ajustarse por otro lado”.

Mirando el modelo que se ha desarrollado en la última década, podemos afirmar que tenemos un modelo dependiente de la producción y exportación de soja y automóviles. ¿Qué hacer en el mientras tanto? ¿Es posible hacer una reconversión dentro de este esquema de producción para reconvertir mínimamente esta estructura?

Para Seiffer esto no es viable: “El proceso de centralización que requiere esta industria para funcionar solo puede hacerse con un proceso de centralización de la propiedad privada. El ‘mientras tanto’ pasa entonces por otro lado: por reivindicaciones parciales, económicas (...), por la lucha salarial, para conseguir que los salarios estén indexados a una inflación real y no la del INDEC intervenido y que lo mismo se haga con la asistencia social que hoy se ubica en cifras irrisorias. Una familia que recibe actualmente la Asignación Universal por dos hijos (que es el promedio) cobra 742 pesos y estamos hablando de una canasta básica de alimentos de 4.000 pesos”.

Contundente en sus conclusiones sobre las causas de fondo de la pobreza, Seiffer afirma: “En Argentina hay pobreza porque hay capitalismo. Y porque al capitalismo argentino le sobra gente. Entonces ¿no sobrará el capitalismo?”.

Audio completo de la entrevista

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Entrevista a Jorge Altamira, dirigente del Partido Obrero y el FIT: El peronismo está concluido, el movimiento obrero no tiene salida con el peronismo

Mario Hernandez (especial para ARGENPRESS.info)
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Mario Hernandez (MH): El invitado de hoy es Jorge Altamira luego del XXII Congreso del Partido Obrero que se realizó en Buenos Aires los días 18, 19 y 20 de abril. Hoy me acompaña Matías Eskenazi quien habitualmente participa en “Fe de erratas” los miércoles de 9:00 a 10:00. El Congreso fue abierto en un clásico local, Unione e Benevolenza, donde en los ’70 solíamos reunirnos distintas organizaciones de izquierda. Recuerdo haber participado de un acto del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) un 1º de mayo. También solía usarlo Política Obrera.

Jorge Altamira (JA): Lo recordé en el acto. Pasaron 40 años que no pisaba Unione e Benevolenza. Fue muy emotivo.

MH: Quería arrancar con algunas cuestiones que planteaste en el discurso inaugural del Congreso porque allí hablaste de un proceso de unión/fusión de la clase obrera y la izquierda. Le diste una vuelta de tuerca señalando que “había que cambiar de identidad para abrir una etapa en la que el movimiento obrero y el socialismo pasen a ser una misma palabra, una misma organización”. Me quedé pensando en esta idea, ambiciosa o tal vez no, pero quería aprovechar la oportunidad para que desarrolles este planteo.

JA: Fue el núcleo de una intervención relativamente larga dado que las circunstancias del Congreso ameritaban cierta extensión. La expresión identidad yo no la utilicé, el que lo hizo fue un dirigente sindical del peronismo que actualmente milita en el Partido Obrero (PO), él planteó que tenemos que cambiar de identidad. Eso me golpeó a mí, fue un impacto que se expresara de ese modo tan brutal. También porque yo tengo una tendencia a rechazar todo lo que tiene que ver con la identidad. Me parece que es un concepto antropológico. Como miembro de una familia fanáticamente peronista nunca lo viví como un tema de identidad, además lo veía en mi barrio, entre los compañeros de mi viejo que luchaban y decían las cosas que yo mismo sentía y que luego, con el curso de la vida, desarrollé como una expresión socialista.
Me acuerdo haber asistido a una asamblea gráfica con mi papá y debajo del barniz peronista todo el mundo era antipatronal, eran clasistas. No usaban esa palabra, pero ese era el comportamiento. Entonces, no veo a la clase obrera con un problema de identidad. Yo digo lo siguiente, y este análisis lo he desarrollado desde múltiples aspectos: el período del peronismo está concluido, el movimiento obrero no tiene salida con el peronismo. Scioli, Massa y De la Sota, si se llegaran a presentar a elecciones, recibirían por partes iguales votos peronistas y antiperonistas, es decir, como expresión de una oposición al kirchnerismo, recibirían esa mezcla. El peronismo ha quedado totalmente desvirtuado después de experiencias tan graves como la de Isabelita, la Triple A, Menem y ahora, que esto concluye en un fracaso.
Al mismo tiempo hay un avance importante, no digo decisivo ni mucho menos, de la izquierda en el movimiento obrero que retoma un hilo, que en mi opinión ya viene de la época del Cordobazo (1969) y que fue sesgado por los 30.000 desaparecidos y la dictadura militar. Luego, dolorosamente, se comienza a reestructurar. Yo lo viví cuando fui legislador de la CABA e impulsé el proyecto de jornada de seis horas para los trabajadores del subte sin tocar el salario, que fue aprobado. Efectivamente, el movimiento del activismo, de lucha, que luego se iba a concretar en ese fenómeno, que creo va a tener una larga influencia, que es un sindicato independiente dentro del transporte, en el caso de los subterráneos de Buenos Aires.
Hay toda una configuración de transición y creo que la izquierda debe apuntar en esa dirección y no convertirse en la pata sindical de un proceso político del cual es ajena, protagonizado por las corrientes tradicionales peronistas y no peronistas. Tiene que pasar al centro del protagonismo político, porque es lo que va a asegurar que la clase obrera vea en la izquierda una perspectiva.

La izquierda tiene que pasar al centro del protagonismo político

Matías Eskenazi (ME): Siguiendo con esta línea, revisando en las resoluciones del Congreso del 2012, estaba la misma consigna: por la fusión del movimiento obrero con la izquierda revolucionaria. ¿Qué ha pasado en estos dos años? ¿Cuánto se ha avanzado? ¿Han cambiado las tareas? ¿Son las mismas?

JA: Muchos de los delegados del Congreso lo señalaban, incluso con el mismo espíritu crítico que creo interpretarte, en el buen sentido, diciendo, bueno lo dijeron hace dos años.
En estos dos años el progreso es considerable, por ejemplo, si quisiéramos tomar una experiencia política específica de lo que digo sería Salta. Le ganamos al peronismo con el 30% y 13 puntos de diferencia. Hace dos años cuando se planteó era una perspectiva, no una realidad. Hoy tenemos una gigantesca huelga docente y la izquierda en Salta y todo lo que representa en el noroeste argentino empuja ese movimiento.
Lo que no hemos avanzado en estos dos años es en la comprensión común de esta perspectiva dentro del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT). Todavía se sigue hablando de la identidad peronista de los compañeros. El problema es que ésta es como la identidad izquierdista de mi viejo antes de Perón. Vino Perón y se hizo peronista.
Si vos no tenés una perspectiva de solución social no hay identidades y ¿quién da hoy esa salida a los trabajadores? No se la da nadie, no solo eso, la centroizquierda, que ha desaparecido del escenario, nos da una gran mano con esto de que van a votar a Macri en el turno que sea. Carlos Pagni de La Nación dice: si siguen por acá, la mitad del electorado centroizquierdista votará a la izquierda.
Aunque esto no tiene que ver con el peronismo forma parte del mismo proceso de descomposición política porque todo este frente centroizquierdista, sobre aglomeraciones sin peso que creen que porque se juntan van a adquirir relevancia política, es parte de un proceso de disgregación más general.
El análisis que nos lleva a esta consideración es complejo y creo que es un planteamiento audaz, pero lo digo desde la comodidad de haberme criado en el peronismo desde chiquito, de haber pasado por bastantes crisis con motivo de esa condición peronista. Me perseguían hasta en la primaria. Un hecho completamente inaudito que molestaba a los maestros y la directora. Entonces, lo viví muy tempranamente, en esa edad que se va formando la sensibilidad de una persona. Tengo la certeza que interpreto la aspiración de la misma clase social que en una época éramos todos peronistas, íbamos a la plaza del 17 de octubre, el 1º de mayo, etc.

MH: Voy a retomar algo que planteaste sobre el FIT. En otra oportunidad que visitaste FM La Boca, en este mismo programa, me obsequiaste El ascenso de la izquierda en el marco de la bancarrota capitalista, un libro editado hace dos o tres años, que en uno de tus artículos sostiene “la necesidad de hacer frente a normas proscriptivas de las internas abiertas fue un factor importante en la formación del FIT. Este hecho destaca los aspectos oportunistas del FIT, o sea, la unidad por conveniencia pero, la acción por conveniencia no está reñida con el principismo si viene por el progreso político de las masas y la revolución”. ¿Cuál es el balance político que hace el PO del FIT?

JA: En primer lugar tengo un lenguaje medio brutal porque eso de construir un frente, en el cual tengo una participación destacada, y decir que es oportunista y en seguida explicar las ventajas que en ciertas condiciones y con ciertas características tiene el oportunismo, es medio brutal. Acá hay dos fenómenos. Como fenómeno político objetivo ha abierto un camino total. Hasta el establishment político cuando discute, no puede dejar de incluirnos en el lenguaje ‘bueno acá tendrán que discutir desde el kirchnerismo, el PRO y… el FIT’, que es una forma dicha por el adversario que reconoce ‘éstos se han establecido’.
La elección en Mendoza son muchos votos. Es un vuelco muy importante, particularmente de la juventud. Hay un canal que hemos logrado establecer por medio del cual se puede transitar. Vos sabés que formalmente las ondas, vemos TV, por ejemplo, por medio de ondas, si no hay un onda no se puede transmitir, no hay transmisión de energía. Se ha desarrollado un canal que es una circunstancia muy interesante.
En el 2006 hubo un seminario de la izquierda y debatimos alrededor de ocho organizaciones, que concluyó dividido en dos grupos: los que decían que había que ir con la centroizquierda, plural, que el mundo había cambiado, había que distenderse, etc., y una minoría que decíamos acá tenemos que defender la fisonomía de clase de la izquierda. Aquello sonaba mayoritario, lo nuestro a un sectarismo berreta. Hoy nosotros hicimos el FIT, ahora los otros quieren ver cómo pueden integrarse. Ese canal objetivo se dio. Ahora, en el FIT, ¿hay conciencia de eso? Tanto en el debate de si este es un canal objetivo o no, como en las relaciones recíprocas, está ausente esa conciencia y eso opera como un factor de freno.
Por eso en el Congreso les insistí a los compañeros en la idea que el PO estaba funcionando como una especie de protector del FIT. Por ejemplo, no entramos en discusiones bizantinas. No nos enganchamos de cualquier motivo para mostrar una discrepancia. En todas las circunstancias pretendemos abrir un canal de salida y ver si podemos desenvolver una experiencia posterior, es decir, lo que está faltando es una revolución política en la conciencia de los partidos que forman el FIT.
Esto mismo que caractericé sobre esta transición histórica, política, hacia la izquierda, no estoy seguro si la comparten los otros partidos del FIT, lo cual no es ningún crimen, es perfectamente legítimo, pero a esta altura del desarrollo de esta experiencia ya tendría que haber una tendencia definida y no que insistamos en un sindicalismo que nos coloca políticamente como subordinados a las fuerzas tradicionalmente dominantes.
Por eso, la fusión que planteo es que todo el activismo asume definiciones políticas. Eso está ocurriendo. Hay plenarios obreros en numerosos lugares convocados por la izquierda donde se discute abiertamente el programa político y la pertinencia o no del FIT.

Soy un profundo adversario de la multiplicación de grupitos

ME: Podríamos ir relacionando lo que planteaba Jorge con otros elementos porque ligado al fenómeno que es el FIT no se nos escapa que ha constituido un polo de reagrupamiento desde el punto de vista político-electoral y como una aspiración. Lo integran tres partidos (Partido Obrero, Izquierda Socialista y Partido de los Trabajadores Socialista), pero en las últimas elecciones han participado algunos otros agrupamientos que han formado parte de las listas aportando candidatos. ¿Cuál sería la forma en la cual otros agrupamientos políticos, sindicales, que no forman parte de los tres partidos que integran el FIT, pueden tener un canal de participación directa? Lo ligo un poco a la propuesta que anunciaste en el Congreso del PO llamando a discutir en un Congreso político, socialista, de la clase obrera y la izquierda.

JA: Un Congreso como el que nos proponemos no es excluyente, pero no tiene en la mira agrupar o reagrupar a distintos grupos sino a una gran masa proletaria. ¿Por qué participo intensamente de esto? Lo voy a explicar con un ejemplo. Hay un obrero que porque no es muy politizado u otras razones vota a la burocracia sindical en su fábrica, quizá en ella no existe un activismo de izquierda, pero la familia y él, por presión familiar, votó al FIT. Esta es la revolución, consiste en el valor agregado que la acción política le ha dado al movimiento de activistas que pelea cotidianamente. Esto lo compartí con otros compañeros del FIT. Tenemos una coincidencia en eso, se ve, este es el valor de la acción política por eso como vos dijiste, más allá de lo electoral, por supuesto, nosotros queremos un gobierno de los trabajadores, no queremos estar en el circo de banalidades políticas del sistema capitalista con sus medios de comunicación, etc., pero nos tomamos muy a pecho la pelea electoral porque es la más difícil. Si nosotros quebramos o metemos brechas ahí, la clase obrera va a decir entonces todo es posible, porque logramos penetrar en el punto más difícil.
Los diferentes grupos, en general, no han querido integrar el FIT, no han visto el proceso electoral, algunos estaban en el FIT y en un momento determinado por una candidatura en la provincia de Buenos Aires se alejaron. Yo me hubiera pasado por encima el problema pero ellos se fueron.
Primero, que hagan un balance crítico, porque ahora quieren venir hasta los que estaban con Pino Solanas y estaban dispuestos a irse con Binner, y los que creían que la revolución era una acción de un grupo iluminado y no querían estar con el FIT. Pero el camino se ha abierto por nosotros. Frente a esto le digo a todo el mundo, incluso a la gente del Partido Socialista de Binner, que un día se me acercaron para decirme que querían integrar el FIT y les contesté lo mismo que le voy a contestar a todo el mundo: ponelo por escrito y lo discutimos. Es clave. Ponelo por escrito, porque al hacerlo, van a tener que explicar por qué y se va a poder evaluar incluso en un intercambio público si contribuye, si un agregado no exacerba la heterogeneidad o incluso el faccionalismo. Entonces, en lugar de proteger esta vía de desarrollo político, la estamos poniendo en vulnerabilidad. Eso es lo que hay que hacer y no tirar ondas críticas. Todo el mundo puede hacerlo respetuosamente. Hay grupos que nos atacan con una ferocidad descomunal y argumentos que son insostenibles. Después vienen y dicen que quieren estar en el FIT. Primero ponete de acuerdo, porque cuando nosotros tenemos discusiones políticas dentro del FIT, al menos desde el punto de vista del PO, apuntamos a problemas políticos precisos que nos parecen que podrían trabar el desarrollo del FIT. Los problemas políticos secundarios los dejamos de lado, como lo haría cualquier esposo o esposa en su matrimonio, porque no se puede construir sobre cosas de ese tipo.
Probablemente, por la familia que me ha criado, y moverme siempre en ambientes mayoritarios de trabajadores, soy un profundo adversario de la multiplicación de grupitos. Soy partidario que los luchadores tienen que ingresar a las organizaciones políticas que existen y probar trabajando en ellas si los criterios son válidos o no y si son efectivamente democráticas. Hay que sumar. No puede ser que cualquiera que aparezca en este mundo diga voy a hacer mi propio grupo. Por eso, en la historia de nuestra organización, el primer punto que siempre quise aclarar, y ahora que se cumple el 50º aniversario del PO va a aparecer, es que nosotros dificultosamente decidimos crear la organización que se llamó Política Obrera.
Nosotros teníamos grandes divergencias con el morenismo pero no había problema en ingresar pero, en esa época, el morenismo se declaraba peronista y ponía en su prensa “bajo la jefatura de Perón”, entonces nos pareció absolutamente inviable porque había llegado a un extremo. Pero hubiera actuado como cualquier corriente normal, con sus defectos y virtudes, Política Obrera no hubiera existido, yo hubiera ingresado a un partido político de izquierda existente. Esa conducta del obrero que la unidad hace la fuerza, de que en el debate entre nosotros mismos tenemos que encontrar las soluciones, para mí es un principio radical. Lo otro tiene que ver con los elementos pequeño-burgueses, intermedios, estudiantiles que no deja de haber.
Pero en la historia de las grandísimas organizaciones obreras, no del FIT, ahora estoy hablando de las re-grandísimas, siempre en su periferia hubo grupos. Quiere decir que es congénito, la diversidad del movimiento obrero, sus contradicciones, las presiones del Estado siempre crean algún tipo de dispersión. Bueno, hay que superarlas, la vida es una lucha, hay que discutirlo.

MH: Algo habías advertido en “El ascenso de la izquierda” editado en 2012 pero con muchos artículos del año anterior, por ejemplo, un editorial del 14/4/2011 que dice: “que la experiencia frentista en el pasado señala que la formación de frentes lleva más que a la acción común al tabicamiento, es la expresión de una naturaleza sectaria que resulta de un largo proceso previo que se torna faccional cuando asume un carácter agresivo”.

JA: Te das cuenta. Repito. Una vez un tipo me hizo una prueba. Con un grabador me pasaba cosas que había dicho cuatro años antes. Me hacía una pregunta, ¿vos que opinás de esto? Y me ponía después un grabador para que viera cómo había respondido cuatro años antes. Lo que quiero señalar es que nos jugamos en ese libro publicando artículos del 2011 porque teníamos un pronóstico político que se verificó. Quiere decir que el análisis tenía sustento, en cambio, simultáneamente, recuerdo en el mismo período libros que hablaban de que el kirchnerismo había ganado la batalla cultural.
Es muy fuerte. Solo recuerdo tres o cuatro casos. El de la socialdemocracia alemana cuando la gente se casaba dentro de ella, tenía coros, era un mundo entero, en cierto momento el Partido Comunista Italiano (PCI), durante un período el peronismo y en su momento heroico, el bolchevismo, aunque vivía en un ambiente muy atrasado para ganar batallas culturales. Cuando se decía que el kirchnerismo lo había hecho yo escribí un libro titulado “Ascenso de la izquierda, en el contexto histórico de la bancarrota capitalista”, porque vos ves que en determinado momento ocurre algo, pero es una impresión, capaz esa paloma que está volando de golpe deja de hacerlo, el hecho que esté volando no significa que vaya a subir, entonces yo digo, hay un contexto que tenemos que entender.
Yo he hecho un gran esfuerzo personal por explicar la crisis capitalista en la TV. Ir desmantelando las teorías de los neoliberales e ir mostrando cómo es el sistema capitalista. Nos hemos ganado una autoridad en esos medios, en esas polémicas, tratando de explicar el alcance que tiene la crisis. En el Congreso hice un chiste porque nos llaman catastrofistas, porque creemos que el capitalismo tiende a eso y no hay solución. Marx tiene una frase que es la más catastrofista del mundo y, al mismo tiempo, un giro poético inolvidable: todo lo sólido se desvanece en el aire.
Estamos remando Mario, no hay triunfalismo, por eso el Congreso fue muy laborioso. Es el Congreso más hereje del mundo porque siempre se hace en Semana Santa.

MH: ¿Querés agregar algo? Habitualmente hablamos poco del PO y el FIT. Hoy hicimos al revés porque cada 15 días pretendemos, con la participación de Matías, abrir un ámbito de debate de la izquierda.

JA: Creo que nos va a ayudar a nosotros.

MH: Hoy la presencia de Jorge Altamira tuvo que ver con la realización del Congreso del PO. Voy a decir algo que por ahí me trae algún problema con algunos amigos: la fuerza más importante dentro del FIT.

JA: Me diste la posibilidad de un agregado. La lucha villera es muy importante. Uno de los puntos fundamentales de un programa revolucionario es pelearle el control de la ciudad a la burguesía. Cuando era legislador estaba en la Comisión de la Vivienda y había numerosos cuerpos de delegados con los que nos reuníamos, algo que no se hace más según me comentó Marcelo Ramal quien los está trayendo nuevamente a debatir en la Legislatura. Ahora este acampe villero, a quienes no conozco personalmente, en medio de esta ofensiva brutal contra los piquetes, meter una carpa en el Obelisco, habla de una necesidad.
En mi familia si no comíamos vaya y pase, pero vivíamos en un conventillo, en una pieza, era una pesadilla. Yo salí a los 19 años para un lugar un poco mejor, nada extraordinario, pero por primera vez tenía más de una pieza.

MH: Se nos fue el programa, ¿Matías querés agregar algo?

ME: Queda para seguir desarrollando el planteo que hizo Jorge del llamado al Congreso que puede ser interesante en la perspectiva que el FIT plantee una vía de superación y, al mismo tiempo, que generará expectativas en escuchar la propuesta concreta del PO.

JA: En estos días sacamos un folleto para difundir nuestro planteo. Ya hay un primer esbozo. No quisimos avanzar más para que el FIT colectivamente determine lo que quiere hacer en relación a esto.

MH: También nosotros haremos nuestra contribución desgravando esta conversación.

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