miércoles, 28 de mayo de 2014

Latinoamérica: ¿Va hacia la izquierda?

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

En prácticamente toda Latinoamérica, en las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, se vivieron procesos de radicalización política. Las luchas populares estuvieron en auge, y en ese marco aparecieron numerosos movimientos revolucionarios de vía armada. La década de los 80 marcó tremendos procesos de represión. La geoestrategia de Estados Unidos estuvo tras ellos. Luego vienen de la mano planes de achicamiento de los Estados con furiosas políticas neoliberales, que empobrecieron increíblemente a las poblaciones.

Ya entrado el siglo XXI van apareciendo: 1) por un lado, gobiernos con un talante socializante, que si bien siguen pagando las onerosas deudas externas y continúan con las políticas de ajuste estructural, al menos tienen cierta preocupación social; y 2) movimientos sociales con propuestas moderadamente antisistémicas, pero que nuevamente retoman banderas de lucha históricas. El panorama político-social no ha girado a la izquierda, pero hay un alejamiento de dictaduras fascistas y el discurso de derechos humanos se va imponiendo. Esto abre interrogantes sobre cuáles son los caminos actuales para plantearse transformaciones sociales, si es que aún se piensa que son posibles.

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El poder del país se basó ante todo en este hemisferio, a veces llamado Fortaleza América
Documento de Santa Fe IV: Latinoamérica hoy.

James P. Lucier, Director de Staff del Comité de Relaciones Extranjeras del Senado de Estados Unidos

Una historia de violencia

La región latinoamericana tiene características bastante peculiares en tanto bloque. Si bien hay diferencias, marcadas incluso, entre algunas zonas -el Cono Sur con Argentina, Chile y Uruguay es muy distinto a Centroamérica, por ejemplo; o sus países más industrializados, Brasil y México, difieren grandemente de las islas caribeñas-, en su composición hay más elementos estructurales en común que dispares.

Los rasgos comunes que unifican a toda la región son, al menos, dos: a) todos los países que la componen nacieron como Estado-nación modernos luego de tres siglos de dominación colonial europea (española fundamentalmente, o portuguesa); y b) todos se construyeron integrando a los pueblos originarios en forma forzosa a esos nuevos Estados por parte de las élites criollas. Estas características marcan a fuego la historia y la dinámica actual del área. En otros términos: la violencia estructural es una matriz para toda la región, que sin solución de continuidad se viene manteniendo hasta la actualidad desde hace cinco siglos.

En un sentido, toda la historia de Latinoamérica en su recorrido como unidad político-social y cultural, es una historia de monumental violencia, de profundas injusticias, de reacción y luchas populares. Siempre, desde las primeras épocas post colombinas cuando puede pasar a ser considerada una unidad en sí misma, el destino de Latinoamérica estuvo signado a una potencia externa: España (o Portugal) durante los primeros 300 años posteriores a la llegada del primer "hombre blanco"; Gran Bretaña luego, ya no como invasor militar sino a través de mecanismos de sujeción económica. Y desde mediados del siglo XIX, acrecentándose en forma exponencial en el XX, Estados Unidos de América.

Todo el siglo pasado fue, en realidad, una profundización de la doctrina del tristemente célebre presidente estadounidense James Monroe; es decir, con un país como Estados Unidos convertido en potencia, creciendo sin parar durante cien años, el subcontinente latinoamericano corrió la maldita suerte de pasar a ser su "patio trasero" sin que le quedaran muchas opciones.

En otros términos: desde el momento mismo del nacimiento de las aristocracias criollas, su proyecto de nación fue siempre muy débil. Estas aristocracias y "sus" países no nacieron -distintamente a las potencias europeas, o al propio Estados Unidos en tierra americana- al calor de un genuino proyecto de nación sostenible, con vida propia, con vocación expansionista; por el contrario, volcadas desde su génesis a la producción agroexportadora primaria para mercados externos (materias primas con muy poco o ningún valor agregado), su historia está marcada por la dependencia, incluso por el malinchismo.

Oligarquías con complejo de inferioridad, buscando siempre por fuera de sus países los puntos de referencia, racistas y discriminadoras con respecto a los pueblos originarios -de los que, claro está, nunca dejaron de valerse para su acumulación como clase explotadora-, toda su historia como segmento social, y por tanto la de los países donde ejercieron su poder, va de la mano de las potencias externas, y desde la doctrina Monroe en adelante, de Estados Unidos.

Para Latinoamérica todo el siglo XX estuvo marcado por la referencia al imperio estadounidense. "Los Estados Unidos [...] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad", decía ya en 1829 Simón Bolívar; palabras premonitorias, sin dudas. Los nuevos Estados latinoamericanos, más allá del sueño integracionista del Libertador, nacieron divididos, con clases dirigentes entregadas visceralmente a las potencias extrajeras. La Gran Patria Latinoamericana, popular, con acento indígena y sin complejo de inferioridad ante la "civilización de los blancos", de momento al menos, no ha pasado de ser una aspiración. Toda vez que se intentó algo así, fue brutalmente decapitado.

Las oligarquías nacionales fueron siempre portavoz del imperio del norte, su gerente, su socio menor. Se dio así una imbricada articulación entre Washington y aristocracias criollas, donde poder y ganancias fueron más o menos compartidas. Y para custodiar a ambos actores, ahí estuvieron las fuerzas armadas nacionales, muchas veces preparadas incluso en territorio norteamericano. Pero también estuvieron las tropas del norte. Europa, a regañadientes, debió replegarse de estas tierras, quedándose sólo con pequeñas posesiones en el Caribe que la despojaron de su papel de potencia dominante.

En términos generales esa fue la matriz que fijó la historia del subcontinente durante cien años. Pero no fue una historia pasiva, donde los dominadores impusieron sus condiciones sin resistencias; por el contrario, fue una historia de luchas feroces, de violencia extrema, de sufrimientos extremos. Historia que, por cierto, lejos está de haber terminado. Desde la suprema violencia inaugural que trajo la conquista europea (genocidio militar y cultural, con el agregado de la gripe como arma más mortífera que las espadas o los arcabuces), la violencia ha sido una constante en las relaciones sociales. Con los tiempos cambiaron sus formas, pero se mantuvo invariable como rasgo distintivo.

De las primeras rebeliones indígenas a la actual propuesta del ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América) como proyecto de integración (no salvajemente capitalista), las fuerzas progresistas han jugado siempre un importante papel. Las izquierdas políticas, entendidas en sentido moderno (con un talante socialista podríamos decir, marxistas incluso), han estado siempre presentes en los movimientos del pasado siglo.

De hecho, con diferencias en sus planteamientos pero con un mismo norte, en casi todas las sociedades latinoamericanas se dieron procesos populares de construcción de alternativas socialistas, o nacionalistas antiimperialistas, o reformistas al menos, pero siempre en búsqueda de mayores niveles de justicia. En algunas llegando a ocupar aparatos de Estado: en Guatemala con la "primavera democrática" entre los 40 y los 50 con su reforma agraria, en Chile en la década del 70 con Salvador Allende, Cuba con su heroica revolución, Nicaragua con los sandinistas, la actual Venezuela y su Revolución Bolivariana; en otras experiencias, peleando desde el llano: movimientos sindicales, reivindicaciones campesinas, insurgencias armadas.

Sin ánimo de hacer un pormenorizado estudio de esta historia, lo que vemos entrado ya el siglo XXI es que la izquierda no está en franco ascenso (de todas esas experiencias, sólo Cuba y Venezuela siguen con procesos revolucionarios instalados en el poder estatal). Pero en modo alguno ha muerto la lucha por mayores niveles de justicia, tal como el omnímodo discurso neoliberal actual pretende presentar. Es más: luego de la furiosa y sangrienta represión de los proyectos progresistas de las décadas de los 70/80 del siglo pasado y de la instauración de antipopulares políticas fondomonetaristas en los 90, después del derrumbe del campo socialista (con retroceso de la revolución sandinista en Nicaragua) y un período donde los movimientos por mayores cuotas de equidad parecían totalmente dormidos, en estos últimos años asistimos a un renacer de la reacción popular.

¿Estamos entonces realmente ante un resurgir de las izquierdas, de nuevos, viables y robustos proyectos de cambio social?

Las nuevas izquierdas

Suele hacerse la diferencia entre izquierdas políticas e izquierdas sociales. Hay, sin dudas, un cierto retraso de las primeras en relación a las segundas. Para decirlo de otro modo: los planteos políticos de fuerzas partidarias a veces han quedado cortos en relación a la dinámica que van adquiriendo los movimientos sociales. Muchas veces las reacciones, protestas, o simplemente la modalidad que, en forma espontánea, han tomado las mayorías, no se ven correspondidas por proyectos políticos articulados provenientes de las agrupaciones de izquierda. Con variaciones, con tiempos distintos, pero sin dudas como efecto generalizado apreciable en toda Latinoamérica, hay un desfase entre masas y vanguardias. Lo cierto es que desde hace algunos años (podríamos decir desde fines del siglo pasado) la reacción de distintos movimientos sociales ha abierto frentes contra el neoliberalismo rampante que se extiende sin límites por toda la región.

Vale destacar que esos movimientos, novedosos en muchos casos, no se corresponden totalmente con esquemas teóricos de tres o cuatro décadas atrás. Ahí está, por ejemplo, el despertar de los movimientos indígenas, o las reivindicaciones de las eternamente postergadas mujeres, que se constituyen en nuevos sujetos sociales de cambio, con tanto o más empuje que las reivindicaciones de clase. Lo cual lleva colateralmente (aspecto que no se abordará aquí) a la revisión crítica de los instrumentos tradicionales de la izquierda y su lectura de la realidad en términos exclusivos de lucha de clases. Sólo para dejarlo esbozado: no hay dudas que los conceptos fundamentales del marxismo, definitivamente válidos en su raíz (lucha de clases como motor de la historia, apropiación del trabajo de una clase por otra, plusvalía), necesitan una lectura circunstanciada para la coyuntura actual, globalizada, hiper informatizada, donde nuevos actores y eternas injusticias olvidadas (inequidad de género, diferencia Norte-Sur) plantean nuevos interrogantes.

Toda esta izquierda social ha tenido impactos diversos, con agendas igualmente diversas, o a veces sin agenda específica: frenar privatizaciones de empresas públicas, organización y movilización de campesinos sin tierra, o de habitantes de asentamientos urbanos precarios, derrocamiento de presidentes como en Argentina, en Bolivia o en Ecuador a partir de masivas protestas espontáneas, oposición a políticas dañinas a los intereses populares. Y algo fundamental desde donde empezar a considerar los nuevos tiempos post Guerra Fría: la suma de todas estas movilizaciones impidió la entrada en vigencia del Área de Libre Comercio para las Américas tal como lo tenía previsto Washington para enero de 2005.

El abanico de protestas y movilizaciones es amplio, y a veces, por tan amplio, difícil de vertebrar. Los piqueteros en Argentina o los movimientos campesinos con una importante reivindicación étnica en Bolivia, Ecuador, Perú o Guatemala, el zapatismo en el Sur de México o la movilización de los Sin Tierra en Brasil, son formas de reacción a un sistema injusto que, aunque haya proclamado que "la historia terminó", sigue sin dar respuesta efectiva a las grandes masas postergadas. ¿Hay un hilo conductor, algún elemento común entre todas estas expresiones?

Hoy por hoy, diversas expresiones de la izquierda política -la que en estos momentos es posible: moderada y de saco y corbata, izquierda que años atrás no sería considerada tal- tienen en sus manos el aparato de Estado en varios países: Brasil, Chile, Uruguay, Nicaragua, El Salvador, Argentina. ¿Son propuestas de izquierda? ¿Lo era la de la UNE en Guatemala, o la de Manuel Zelaya en Honduras? También sucede algo por el estilo en Bolivia, con la propuesta del Movimiento Al Socialismo y su líder Evo Morales (que, seguramente, está más en sintonía con Cuba que con el Brasil de Dilma Rousseff, por ejemplo), o en Ecuador, países estos que han osado dar pasos más comprometidos, pero que no hablan con un lenguaje marxista abierto, planteando expropiaciones y poder popular como se puede haber hecho algunas décadas atrás. A todo esto habría que sumar otras expresiones, definitivamente mucho más intragables para Washington: Cuba y Venezuela (de las que no caben dudas que abominan del "saco y corbata").

Las posibilidades de transformaciones profundas desde las estructuras estatales, tal como están las cosas (deudas externas abultadísimas, creciente presencia militar del imperio en la región), y dada la coyuntura con que arribaron a las administraciones gubernamentales (voto en elecciones de democracias representativas, que no es lo mismo que revoluciones políticas populares), esas expresiones de las izquierdas eleccionarias son limitadas. Más aún: son izquierdas que, en todo caso, pueden administrar con un rostro más humano situaciones de empobrecimiento y endeudamiento sin salida en el corto tiempo. Pero quizá no más que eso.

En modo alguno podría decirse que son "traidores", "vendidos al capitalismo", "tibios gatopardistas". Eso, más que análisis serio, es una consigna principista que no pasa de discurso emotivo falto de profundidad. La izquierda constitucional hace lo que puede; y hoy, en los marcos de la post Guerra Fría, con el triunfo de la gran empresa y el unipolarismo vigente -más aún en la región latinoamericana, histórico "patio trasero" de la superpotencia hegemónica- es poco lo que tiene por delante: si deja de pagar la ominosa deuda externa, si piensa en plataformas de expropiaciones y poder popular y si se atreve a armar a sus pueblos, sus días están contados.

Pero acaso Cristina Fernández viuda de Kirchner, Dilma Rousseff, Michelle Bachelet o José Mujica ¿hablaron en algún momento de revolución socialista en sus campañas proselitistas? ¿Levantó alguno de ellos recientemente las mismas consignas que, cuatro décadas atrás, proponían los movimientos armados que, sin ningún complejo ni temor, hablaban de comunismo y de confiscaciones, y a la que directa o indirectamente ellos pertenecían o apoyaban? Sin ningún lugar a dudas que no. Por eso es demasiado superficial quedarse con la idea de "traidores".

La feroz represión que vivió toda la región entre las décadas de los 70 y los 80 en el pasado siglo tuvo un efecto fríamente buscado por el imperio -en combinación con los factores de poder locales-, y sin dudas conseguido: amansó al movimiento popular, quebró su resistencia, lo llenó de terror.

Hoy, con los planes neoliberales que se padecen, aún se siguen pagando las consecuencias de esa estrategia de terror. Las guerras sucias que en mayor o menor grado vivieron todos los países latinoamericanos, con desapariciones de personas, centros clandestinos de detención y tortura, arrasamiento de aldeas rurales y un reconocido genocidio en Guatemala (180 mil indígenas mayas muertos, 83% del total de víctimas durante la guerra interna) por el que se condenó a un ex presidente -luego absuelto-, no pasaron en vano: lograron desmovilizar.

Si no, no hubiera sido posible implementar las políticas de ajuste estructural impuestas por los organismos financieros del gran capital internacional: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sobre esos miles de muertos, desaparecidos y torturados -en Guatemala y en toda Latinoamérica- se domesticó la protesta; de ahí que, en estos últimos años, aparece esta izquierda bien presentada, de saco y corbata, que prescinde del incendiario discurso de años atrás y que ve en la labor política en el marco de las democracias representativas el campo -a veces el único campo- de posible trabajo político.

¿Un nuevo escenario o más de lo mismo?

Luego de los años de dictadura y de terror que barrieron Latinoamérica, el retorno de las raquíticas democracias que tiene lugar para la década de los 80 puede ser sentido como un importante paso adelante. Aunque sean democracias de cartón, vigiladas, condicionadas absolutamente, sin la más mínima posibilidad de alterar la estructura real de poder de cada país, luego de la monstruosa tormenta vivida con las guerras civiles pueden ser consideradas como un momento de calma. Y muchas expresiones de la izquierda, por desconcierto, por agotamiento, por oportunismo o por considerarlas un paso táctico en una lucha que no se da por perdida, comenzaron a aprovechar esos resquicios de las democracias formales.

De todos modos debe quedar claro que los sistemas políticos que brindan esas democracias representativas constituyen un espacio más, uno de tantos, en una estrategia de construcción revolucionaria, pero no más que eso, y se debería ser muy precavido respecto a los resultados finales que las luchas en esos ámbitos pueden traer para una verdadera transformación estructural.

Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista con su actual nuevo perfil de "presentables bien portados con saco y corbata", no han logrado grandes transformaciones reales en las estructuras de poder contra las que luchaban armas en mano tiempo atrás (veamos el caso de las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el movimiento M-19 en Colombia. ¿Qué pasará ahí con la desmovilización de las FARC?: de revolución ya nadie ha vuelto a hablar).

¿Fueron "traidores" sus dirigentes? Insistamos una vez más (aunque no lo acometamos en este trabajo) con la necesidad de revisar conceptos básicos del marxismo: ¿qué significa "revolucionar" una sociedad? ¿Por qué pareciera que es tan fácil, o al menos se repite tanto la "traición" de las dirigencias? ¿No habrá que replantear -con un hondo sentido crítico constructivo, obviamente- el tema del sujeto humano y el poder? ¿Cómo es posible que se reitere tanto esto de las "traiciones"? Lo cual lleva a pensar que se debe abordar el análisis con nuevos instrumentos conceptuales; la categoría de "traición", quizá, sigue estando cargada de la antinomia "bueno-malo", probablemente desechable.

Lo que está claro es que en el escenario de esta post Guerra Fría luego del derrumbe del Muro de Berlín, con el papel hegemónico unipolar que ha ido cobrando Estados Unidos y su plan de profundización de poderío global, Latinoamérica es ratificada en su papel de reserva estratégica.

Ante la desaceleración de su empuje económico (el imperio no está muriéndose -al contrario: ¡está muy lejos de eso!- pero comienza a ver amenazado su lugar de intocable a partir de nuevos actores más pujantes como la República Popular China, la Unión Europea, una renovada Rusia capitalista), el área latinoamericana es una vez más un reaseguro para la potencia del Norte, apareciendo ahora como obligado mercado integrado donde generar negocios, proveedor de mano de obra barata y fuente de recursos naturales a buen precio (o robados), por supuesto bajo la absoluta supremacía y para conveniencia de Washington, y secundariamente de los pequeños socios locales, las tradiciones aristocracias criollas.

De esa lógica se deriva la nueva estrategia de recolonización lanzada en su momento como ALCA -Área de Libre Comercio para las Américas- que, al no funcionar de ese modo por la reacción de los pueblos latinoamericanos, se trocó en Tratados de Libre Comercio bilaterales, o en el CAFTA para el caso de Centroamérica.

En realidad la iniciativa del ALCA, reemplazada luego por estos tratados bilaterales, representa un proyecto geopolítico de Washington que, aunque comience con la creación de una zona de "libre" comercio para todos los países del continente americano, busca en realidad el establecimiento de un orden legal e institucional de carácter supranacional que permita al mercado y las trasnacionales estadounidenses una total libertad de acción en todo el continente americano, en cuenta Latinoamérica como su ya tradicional área de influencia donde nadie puede entrar ("América para los americanos" sentenciaba la doctrina Monroe. Del Norte, claro está). Los marines, por supuesto, son la garantía final para que eso no cambie.

Dicho en forma muy sintética, la iniciativa en juego apunta a los siguientes temas básicos: 1) Servicios: todos los servicios públicos deben abrirse a la inversión privada, 2) Inversiones: los gobiernos se comprometen a otorgar garantías absolutas para la inversión extranjera, 3) Compras del sector público: las compras del Estado se abren a las transnacionales, 4) Acceso a mercados: los gobiernos se comprometen a reducir, llegando a eliminar, los aranceles de protección a la producción nacional, 5) Agricultura: libre importación y eliminación de subsidios a la producción agrícola, 6) Derechos de propiedad intelectual: privatización y monopolio del conocimiento y las tecnologías, 7) Subsidios: compromiso de los gobiernos a la eliminación progresiva de barreras proteccionistas en cualquier ámbito, 8) Política de competencia: desmantelamiento de los monopolios nacionales, 9) Solución de controversias: derecho de las transnacionales de enjuiciar a los países en tribunales internacionales privados.

Según expresara con la más total naturalidad Colin Powell, ex Secretario de Estado de la administración Bush: "Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas americanas el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio." Llámese ALCA o como se llame, es innegable que el proyecto está puesto en marcha y está cumpliéndose a cabalidad.

Más claro: imposible. La política continental de los grandes capitales estadounidenses, sin importar quién ocupe circunstancialmente el Ejecutivo (ahora un afrodescendiente “¿medio socialista?”) es mantener a su histórico patio trasero como reserva estratégica.

Reserva en un sinnúmero de aspectos: mano de obra barata, mercado para sus propios bienes y servicios, fuente de recursos naturales (petróleo, minerales estratégicos, agua dulce, biodiversidad de las selvas tropicales). Para ello esa interminable cohorte de bases militares con tecnologías de punta que controlan la región. El supuesto combate al “flagelo” del narcotráfico puede servir como excusa perfecta. ¿O será cierto que la DEA está terminando con el problema del consumo de drogas? O, también, ¿será real que estamos a punto de caer en manos de fundamentalistas talibanes que invadirán el continente?

Pero ahí está justamente la fuerza de las izquierdas, políticas y sociales: unirse como bloque regional. Y esa unión, incipiente, le ha resultado un primer obstáculo al imperio. De hecho, los tibios movimientos integracionistas habidos a la fecha, pero más aún que eso: las movilizaciones populares anti ALCA, impidieron en su momento -2005- la entrada en vigencia de ese nuevo mecanismo de dominación continental.

Ante ello la estrategia del gobierno estadounidense se concentró en la búsqueda de acuerdos bilaterales, que en definitiva rinde los mismos frutos. En esa perspectiva de "divide y reinarás" se inscribe la aprobación, a toda costa y contra viento y marea, de este primer tratado regional con el área centroamericana, "un voto de seguridad nacional" según declarara el entonces Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld.

Lo que llevó a Washington a presionar fuertemente a los gobiernos centroamericanos y a efectuar un intenso cabildeo en su Poder Legislativo para garantizar la aprobación del RD-CAFTA consiste no en el volumen comercial en juego en este acuerdo específico (apenas el 1 % del comercio externo estadounidense) sino en la importancia política de establecer un freno a un modelo de integración solidaria propuesto por algunos gobiernos del área, impulsado en su momento básicamente por el ahora desaparecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Según publicara The Economist el 1 de agosto de 2005, tanta prisa radicaba "en los temores que Venezuela obtuviera utilidades del rechazo para aumentar su presencia en los países de la región, ya que las naciones centroamericanas podrían inclinarse, de no suscribirse el tratado, por la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) que propician Venezuela y Cuba", [hoy día rebautizada Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América].

Uno de los primeros movimientos del ALBA fue precisamente el proyecto Petrocaribe, que prevé el suministro de crudo venezolano a precios preferenciales y con facilidades financieras para la región centroamericana. Las luces de alarma se encendieron inmediatamente en Washington, cuando la Honduras de Manuel Zelaya empezó a pensar en su inclusión en esa iniciativa, de una vez recibió un golpe de Estado. Golpe de Estado soft se le llamó: suave. ¿Interesa si es suave o cruento para el caso? Cualquier cosa que huela a "popular", es ya motivo para alarmarse y actuar por parte del país del Norte, dueño indiscutido de la región. Algo similar con lo que acontece en Guatemala y su tradicional oligarquía terrateniente con la sola mención de la palabra "reforma agraria". Sin dudas, la Guerra Fría no ha terminado del todo.

Junto a este ariete que coloca el imperio para descartar cualquier iniciativa integracionista que le pudiera menguar sus posibilidades de rapiña, negoció igualmente con un grupo de países diferentes tratados bilaterales, al par que llena toda la región de bases militares. En otros términos: si no surgió victoriosa -al menos hasta ahora- la estrategia del ALCA a nivel continental, ahí están esos otros mecanismos alternos de desunión y nueva postración de cada país.

¿Puede acaso cada una de las débiles economías latinoamericanas, incluida la más grande del área, la brasileña, negociar en un pie de igualdad con el gigante del Norte? Sin dudas que no. ¿Pueden, o quieren, los gobiernos latinoamericanos y las oligarquías a quienes representan negociar con dignidad, como países autónomos, y rechazar las imposiciones de Washington? Sin dudas que no. ¿Pueden las actuales izquierdas en el poder fijar nuevas perspectivas? Eso es, justamente, lo que abre un nuevo escenario.

Nunca como hoy la estrategia militar hemisférica de la Casa Blanca ha tenido tan cercado al sub-continente latinoamericano. Si bien es muy difícil saber con exactitud la cantidad cabal de instalaciones castrenses de Washington en la región (muchas se ocultan, se disfrazan, no se dan datos precisos), estudios serios (Rojas Scherer, 2013) hablan de más de 70 bases.

Es obvio que la zona sigue siendo prioritaria para su política hemisférica. Una de las más grandes y bien equipadas, con 16 mil soldados, está en la triple frontera argentino-brasilero-paraguaya, donde "casualmente" se encuentra el Acuífero Guaraní, la segunda reserva subterránea de agua dulce más grande del mundo. La instalación de esa base en ese estratégico punto tiene como fundamento, según el discurso oficial de la gran potencia, "la preocupación del gobierno estadounidense por escuelas coránicas de Al Qaeda que se habrían detectado en el área". ¿Alguien en su sano juicio podrá creer ese dislate, o eso simplemente es una ofensa más a nuestra inteligencia, a nuestra dignidad? "Casualmente" también, se encuentra el gas boliviano. ¿Puras coincidencias?

A las imposiciones de "libre" comercio impulsadas por el gobierno de Estados Unidos se unen las iniciativas militares de la gran potencia y los nuevos demonios que circulan la región preparando el escenario para eventuales futuras intervenciones bélicas: la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional. A partir de estos nuevos fantasmas, las fuerzas armadas estadounidenses profundizan su presencia en el subcontinente. Ahí está el Plan Colombia/Patriota y su intento de extirpar al movimiento guerrillero colombiano FARC -nunca conseguido, pero que finalmente forzó la negociación de una salida concertada, llamada eufemísticamente "acuerdos de paz"-, y base de operaciones para una nada improbable intervención contra la Revolución Bolivariana en Venezuela (el Plan Balboa, ya listo y a la espera de ser efectivizado en algún momento).

Todo hace indicar que en la estrategia hemisférica de Washington se trata de "más de lo mismo".

¿Hacia una nueva relación Estados Unidos-Latinoamérica?

Latinoamérica es la región del orbe con mayor inequidad; sus diferencias entre ricos y pobres son mayores que en ninguna otra parte. Con los planes de achicamiento de los Estados y las recetas neoliberales que la atravesaron estas últimas décadas, la exclusión social creció en forma agigantada: en los inicios de la década del 80 había 120 millones de pobres, pero esta cifra aumentó a más de 250 millones en los últimos 30 años, y de ellos más de 100 millones son población en situación de miseria absoluta.

Así como creció la pobreza, igualmente creció la acumulación de riquezas en cada vez menos manos. La deuda externa de toda la región hipoteca eternamente el desarrollo de los países, y sólo algunos grandes grupos locales -en general unidos a capitales transnacionales- crecen; por el contrario, las grandes masas, urbanas y rurales, decrecen continuamente en su nivel de vida. Lo que no cesa es la transferencia de recursos hacia Estados Unidos, ya sea como pago por servicio de deuda externa o como remisión de utilidades a las casas matrices de las empresas que operan en la región. Las remesas que retornan son mínimas en relación a lo que se va.

Como contrapartida de este enriquecimiento de muy pocos, las masas trabajadoras han retrocedido en derechos mínimos: sus salarios son equivalentes a lo que recibían 30 años atrás al mismo tiempo que han perdido conquistas ganadas en décadas de lucha en el transcurso del siglo XX. Se han envilecido o perdido la estabilidad laboral, la negociación colectiva, los seguros sociales, el derecho a la sindicalización. Tener trabajo -aunque sea en condiciones deplorables- ya se considera una ganancia. En el campo se encuentran situaciones de tanta precariedad como a principios del siglo pasado y el éxodo hacia Estados Unidos como recurso último de salvación se agiganta día a día.

En ese marco de retroceso social han aparecido nuevos elementos, sin dudas ligados indirectamente a las políticas neoliberales: aumento de la narcoactividad y del crimen organizado, creciente delincuencia y clima de violencia urbana, explosión de niñez desprotegida que termina viviendo en la calle. No son infrecuentes los casos de esclavitud encubierta así como el turismo sexual, las adopciones ilegales de niños por familias del Norte, las pandillas juveniles armadas y violentas -en muchos casos, mano de obra del crimen organizado y virtuales "ejércitos de ocupación para las barriadas pobres"-, el aumento escandaloso del trabajo infantil, todos ellos síntomas de un deterioro social y humano explosivo.

Ante todo este desolador panorama -en algún sentido nada distinto en Latinoamérica de lo que la caída del socialismo soviético permitió por parte del gran capital transnacional en todas las latitudes del mundo, incluido el Norte desarrollado-, y después de unos primeros años de repliegue del campo popular producto del terror dejado por las guerras sucias, vemos en los últimos años del pasado siglo y en los primeros del presente nuevas oleadas de luchas. Independientemente que las llamemos "socialistas" o no, son luchas con un claro signo popular, reivindicatorio, antiimperialista. He ahí el ejemplo más vivaz de la izquierda social que, como decíamos, no siempre se ve correspondida por las izquierdas políticas.

El capitalismo actual, absolutamente globalizado y siempre conducido por la que sigue siendo su potencia hegemónica: Estados Unidos, necesita cada vez más de recursos energéticos y nuevos minerales para su aceleradísimo desarrollo tecnológico. De ahí que asistimos a un nuevo despertar de las industrias extractivas. Minerales estratégicos cada vez más sofisticados, amén del petróleo y de los recursos hídricos como fuentes generadoras de energía, constituyen el actual revalorizado nuevo botín en la mira. Y Latinoamérica, para su propia desgracia, tiene mucho de todo eso.

En relación a eso, una "piedra en el zapato" que aparece ante ese avance arrollador del nuevo extractivismo está dado por la defensa de sus territorios que en todo el continente americano están llevando a cabo grupos locales. De hecho, en el informe “Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global”, del consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse:

A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas. (Citado por Yepe, 2011).

Hoy, como dice el portugués Boaventura Sousa Santos refiriéndose al caso colombiano en particular y latinoamericano en general,

"la verdadera amenaza no son las FARC. Son las fuerzas progresistas y, en especial, los movimientos indígenas y campesinos. La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos, para el capitalismo como sistema] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas". (De Sousa Santos, 2008)

Anida allí, entonces, una cuota de esperanza. ¿Quién dijo que todo está perdido?

Pasadas las sangrientas dictaduras que asolaron la región hasta la década de los 80, hoy pareciera repetirse el mismo libreto en todos los países: fin de las dictaduras, imposición de planes de ajuste estructural y privatización de empresas públicas, democracias formales ("democraduras", como las llamó Eduardo Galeano, democracias de cartón). Y con algunas variaciones puntuales, más o menos en todos los países de la región se repiten los mismos fenómenos: falta de politización y de lucha ideológica por parte de las mayorías populares, cultura de la pura sobrevivencia (tener trabajo ya es un lujo que hay que cuidar a capa y espada), medios de comunicación frívolos y fútbol a granel, explosión de iglesias evangélicas fundamentalistas y (¡hay que remarcar fuertemente lo que sigue!):

a) Explosión de la delincuencia callejera.
b) Auge imparable de la narcoactividad.
c) Grupos asociales con fuerte presencia en la cotidianeidad (pandillas juveniles violentas, "maras" en Centroamérica, "barras bravas" en el Río de la Plata).
d) Linchamientos de civiles a manos de civiles.

Pareciera que hay un guión fríamente trazado para toda la región. Como dijo el Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel: "El único país que tiene un proyecto serio de integración para el continente es Estados Unidos. Aunque… claro que no es precisamente la más conveniente para los pueblos de la región". (Diario “Página 12” del 17/5/2002).

Aunque no hay en la actualidad una clara propuesta articulada de proyecto político transformador -como lo hubo décadas atrás, a partir del que se desatara la salvaje represión ya mencionada-, las luchas populares continúan. Es más: en estos últimos años se van viendo incrementadas. Ya son varios los presidentes -De la Rúa en Argentina, Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en Ecuador, Sánchez de Losada y Meza en Bolivia- removidos de sus cargos producto de esas movilizaciones al no dar respuestas a los acuciantes problemas sociales.

Y vuelve a hablarse sin temor de antiimperialismo, de la política exterior y del gobierno de Estados Unidos como "enemigos". De todos modos, toda esa efervescencia, por sí sola no constituye un proyecto revolucionario en sí mismo. Pero es un germen, sin dudas. De ahí que para la estrategia hemisférica de Washington este alza en las protestas constituye siempre un foco de preocupación.

Las actuales administraciones políticas con talante izquierdizante a que asistimos en Latinoamérica (todas las ya mencionadas), sin ser "traidoras" a la causa revolucionaria en sentido estricto (¿quién y desde dónde dice eso?), están en una situación ambigua. Llegaron al poder con el voto popular, pero su proyecto no es gobernar en función de un cambio profundo.

Ninguno de estos presidentes ha hablado, por ejemplo, de suprimir la propiedad privada de los medios de producción. ¡Ni lo va a hacer! Eso es sacrílego. De todos modos no son descarnados neoliberales sentados sobre las bayonetas de dictaduras militares: representan propuestas con una "tendencia social", con una "preocupación social" (digámoslo con ese neologismo), y por tanto tienen en el gran capital estadounidense, les guste o no, su gran enemigo.

Pero su misma ambigüedad no les permite ir abiertamente contra él. De hecho, en una relación de marchas y contramarchas no exenta de tensiones, la misma administración de la Casa Blanca ha alabado en más de un caso a estas izquierdas alineadas (y las seguirá alabando, siempre y cuando continúen pagando la deuda, no impidan seguir ganando cantidades siderales de dinero a las empresas estadounidenses y le abran sus puertas a las fuerzas armadas del Pentágono). Esas izquierdas, si no se quitan el "saco y la corbata", seguirán siendo bendecidas por el imperio.

Pero hay otras izquierdas que hacen gobierno desde otra perspectiva: Cuba por ejemplo, o recientemente Venezuela con su Revolución Bolivariana, en cuyo subsuelo se encuentra -no se sabe si para su beneficio o para su desgracia- la mayor reserva probada de petróleo, hoy manejada con un criterio nacionalista y no entregada a las multinacionales de hidrocarburos de cuño estadounidense.

Justamente por ello ambos países son el blanco de ataque del gran capital y de todas las administraciones estadounidenses. Jamás serán bendecidos; al contrario, están en la mira de los cañones imperiales. En el caso de Venezuela, principal reserva de petróleo del mundo, su situación podría llegar a resultar trágica incluso (¿un nuevo Irak, una nueva Ucrania?). El socialismo del siglo XXI y esas reservas son demasiada provocación para la élite de la gran potencia.

Lo que sí preocupa a Washington, ahora tanto como en todo el transcurso del siglo XX, es el movimiento popular, la organización de base. Como lo fueron en su momento las comunidades católicas de base, allá por los años 60 del pasado siglo, inspiradas en la Teología de la Liberación, y para las que fabricó como antídoto ese monumental proyecto de "iglesias" evangélicas fundamentalistas, fabuloso recurso distractor de los sectores más empobrecidos y excluidos. Las izquierdas que ocupan aparatos de gobiernos pueden ser más manejables; las masas, no tanto.

Valga como pequeño pero esclarecedor ejemplo: el tema de los derechos humanos, que no es precisamente de izquierda, hasta puede ser más digerible para los poderes. Por eso en Guatemala, más allá de una recalcitrante derecha que sigue pensando con cabeza de Guerra Fría y Doctrina de Seguridad Nacional, la embajada puede permitirse estar "más a la izquierda" y pedir, por ejemplo, un Fiscal General no corrupto (léase reelección de Claudia Paz y Paz), o levantar la voz por la cultura de impunidad galopante que aún continúa, por lo que se preocupa por la medida de castigo impuesta contra la juzgadora del general Efraín Ríos Montt, la jueza Yassmin Barrios. Esas cosas "políticamente correctas" sí las puede tolerar; las masas organizadas, no.

Por eso, como parte de una política que no ha cambiado en lo sustancial en los últimos cien años, la opción militar por si las cosas se ponen "demasiado calientes" nunca ha desaparecido. Si bien hoy por hoy en la estrategia hemisférica de Estados Unidos no son necesarias las dictaduras militares como lo fueron durante el auge de la Guerra Fría con la lógica del enemigo interno, en estos últimos años las frágiles democracias latinoamericanas han permanecido siempre vigiladas por la atenta mirada castrense. Pero no la de las fuerzas armadas vernáculas, sino directamente por militares del norte. ¿Será que realmente las bases militares estadounidenses están ayudando en algo a los pueblos de Latinoamérica?

Véase, por ejemplo, lo que sucede con la narcoactividad. En este par de décadas, desde la finalización de las guerras internas (cada país con su modalidad, con más o menos desaparecidos, con tierra arrasada en algún lado, con asesinatos selectivos en otros casos, etc.) la "explosión" del tráfico y consumo de drogas ilegales creció en forma exponencial. Y ahí está el gran país del Norte con sus planes continentales "ayudando" a combatir el flagelo. Dicho sea de paso, el consumo en Estados Unidos no baja nunca. ¿Qué combaten entonces estos planes de ejércitos super sofisticados, si el tránsito de la droga desde el Sur no se detiene?

Distintos documentos de la política exterior a largo plazo y planificación estratégica de Washington reafirman tanto su supuesto derecho a intervenir en la región (su eterno "patio trasero"), así como la apelación a la acción armada toda vez que lo estime necesario.

Tanto el Documento Santa Fe IV 'Latinoamérica hoy' -clave filosófica de los actuales halcones republicanos- como el Documento Estratégico para el año 2020 del Ejército de Estados Unidos o el Informe Tendencias Globales 2015, del Consejo Nacional de Inteligencia, organismo técnico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), presentan las hipótesis de conflicto social desde una óptica de conflicto militar, completamente.

La reducción de la pobreza y el combate contra la marginación recogidas en la ambiciosa (y quizá incumplible en los marcos del capitalismo) agenda de los Objetivos y Metas del Milenio de Naciones Unidas es algo que no entra en los planes geoestratégicos del imperio. Al que proteste, palo; no hay otra respuesta. Y los recursos naturales ubicados en Latinoamérica (petróleo, agua dulce, minerales estratégicos, biodiversidad de las selvas tropicales, entre los principales) son considerados como propios (la Amazonia, por ejemplo es enseñada en algunos textos escolares como "territorio internacional").

Por supuesto que a quien proteste: también palo. El Plan Colombia/Patriota, las estrategias de Tres Fronteras, Alcántara, Misiones, Cabañas 2000, la Iniciativa Regional Andina o las 70 bases militares diseminadas por la región, entre otras cosas, nos lo recuerdan. ¿Qué hacen tropas estadounidenses en territorio guatemalteco trabajando junto con la DEA -léase Operación Martillo-? ¿Nos están protegiendo de la nueva plaga bíblica del narcotráfico, de las organizaciones delictivas internacionales? ¿No suena esto como la "protección" contra los fundamentalistas musulmanes de Al Qaeda que, se nos informa, nos están invadiendo en toda Latinoamérica? (en la Isla Margarita, frente a las costas venezolanas, la CIA habría detectado grupos de adiestramiento de "terroristas". Y las maras centroamericanas tendrían vínculos con estos grupos, según sesudos informes de seguridad. ¿Será cierto?)

El principal enemigo de Washington siguen siendo los movimientos populares, lo que podríamos llamar la izquierda social y no tanto las izquierdas políticas (hoy, al ocupar posiciones de gobierno, fieles pagadoras de la deuda externa y preocupadas, más que nada, por salir en televisión).

Según el referido informe del gobierno estadounidense: "Tales movimientos se incrementarán, facilitados por redes transnacionales de activistas de derechos indígenas, apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y ecologistas". El "papel amenazante a la estabilidad regional" (léase: amenaza a los intereses de la oligarquía estadounidense), según esta lógica, está dado por "organizaciones sociales, pueblos indígenas y organismos no gubernamentales de derechos humanos y ambientalistas"; a lo que, como parte de una bien articulada propuesta de manipulación informativa, se suman el "narcotráfico" y el "terrorismo internacional" (¿pandillas juveniles ligadas a Al Qaeda?).

Las actuales izquierdas que gobiernan algunos países latinoamericanos no son la principal fuente de preocupación del imperio; pero sí la idea de unión que entre ellas se podría dar. El fantasma de la integración latinoamericana sí inquieta. Por eso el bombardeo continuo al ALBA, por ejemplo, que sin dudas representa una seria y sostenible iniciativa en la dirección de la integración hemisférica con un sentido social.

La misma fue presentada en sociedad por el extinto presidente venezolano Hugo Chávez en ocasión de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la isla Margarita en diciembre del 2001; se trazan ahí los principios rectores de una integración latinoamericana y caribeña basada en la justicia y en la solidaridad entre los pueblos. Tal como lo anuncia su nombre, el ALBA pretende ser un amanecer, un nuevo amanecer radiante.

La iniciativa se fundamenta en la creación de mecanismos para posibilitar ventajas cooperativas entre las naciones, que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basa en la creación de Fondos Compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a las naciones débiles frente a las principales potencias; otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques subregionales, buscando identificar no solo espacios de interés comercial sino también fortalezas y debilidades para construir alianzas sociales y culturales.

Como sintetizó el entonces presidente Chávez el corazón de la propuesta, citado por Javier De León:

Es hora de repensar y reinventar los debilitados y agonizantes procesos de integración subregional y regional, cuya crisis es la más clara manifestación de la carencia de un proyecto político compartido. Afortunadamente, en América Latina y el Caribe sopla viento a favor para lanzar el ALBA como un nuevo esquema integrador que no se limita al mero hecho comercial sino que sobre nuestras bases históricas y culturales comunes, apunta su mirada hacia la integración política, social, cultural, científica, tecnológica y física. (En De León: 2005)

"Hay una alianza izquierdista y populista en la mayor parte de América del Sur. Esta es una realidad que los políticos de Estados Unidos deben enfrentar, y nuestro mayor desafío es neutralizar el eje Cuba-Venezuela", escribió en su momento Otto Reich, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, en el artículo titulado "Los dos terribles de América Latina", en la revista derechista estadounidense National Review. (Revista National Review del 11 abril de 2005, versión en español de Carlos Ruiz)

No fue esa sólo la opinión en solitario de un funcionario de la administración Bush; por el contrario habla de la verdadera política de los halcones de la Casa Blanca hacia la considerada su natural zona de influencia, que se sigue manteniendo con independencia del partido político que esté circunstancialmente sentado en la silla presidencial. Esas políticas, dirigidas en definitiva por quienes realmente toman las decisiones, no tienen color partidario. Tienen color verde de los dólares, y nada más. Hoy día un afrodescendiente ocupa la presidencia: acaso podría decirse que ¿los negros al poder? ¡Ni remotamente! Los materiales y concretos intereses de las grandes corporaciones multinacionales fijan las líneas maestras que los presidentes de turno siguen. Y punto.

Y ahí están las claves de la relación del imperio con sus súbditos. Una nueva izquierda remozada, que dejó atrás las armas de la guerrilla, que no habla de confiscaciones y poder popular (porque no puede, porque se quebró, por ambas cosas, etc.) es tolerable. Incluso, como parte de las dinámicas del interjuego político, hasta deseable en la lógica de dominación; es una manera de demostrar que aquellos "sueños juveniles" del socialismo eran irrealizables, y ahora, sin barba y bien peinados, o maquilladas y con tacones, estos nuevos funcionarios ratifican "el fin de la historia".

Pero cuando las relaciones se plantean de igual a igual, cuando la dignidad no se negocia, vuelven a sonar los tambores de guerra por parte de la gran potencia. Esa matriz no ha cambiado. La historia tampoco ha terminado, y de lo que se trata es de ver cómo esa izquierda social (movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, insurgentes que no se han resignado, lo que para Washington continúan siendo las "amenazas a la estabilidad regional", y lo que quede de clase obrera organizada, movimientos de mujeres, intelectuales progresistas) puede articularse en una propuesta de integración regional, de Patria Grande.

En un mundo de globalización, de grandes bloques y políticas a escala planetaria, la izquierda social, la izquierda desde abajo, popular, sólo unida puede enfrentarse con posibilidades de éxito al todavía poderoso imperio estadounidense.

Publicado originalmente en “Revista Análisis de la Realidad Nacional”, Año 3, N° 49, Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala, mayo de 2014.

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Incinerando el Futuro

Juan Luis Berterretche (especial para ARGENPRESS.info)

A las incineradoras se les están cerrando las posibilidades de invertir en los países avanzados que en gran parte ya hicieron su experiencia con las consecuencias indeseables de la incineración. Y sus poblaciones resisten la instalación de nuevas plantas por la amenaza que esto significa para la naturaleza y la salud humana.

El 8 febrero de 2012 los intendentes Marcos Carámbula (Canelones) Carlos Enciso (Florida), Marne Osorio (Rivera) y Ana Olivera (Montevideo) viajaron a Italia invitados por la corporación A2A, nacida de la fusión de las empresas públicas AEM de Milán, ASM de Brescia y AMSA de Bérgamo, para visitar una planta en Brescia denominada “termovalorizador” que según sus defensores “procesa 2.500 toneladas de residuos al día y produce calefacción y electricidad para toda la ciudad”. Su “modelo de negocio” lo venden como “una combinación de actividades ‘verdes’ y la producción de electricidad de fuentes renovables (hidráulica, tratamiento térmico de residuos y biomasa)” /1. Como vemos no hablan de incinerar sino de “tratamiento térmico de residuos” como “fuente renovable” de producir energía. Con el desprestigio que tiene la incineración a escala internacional, la industria incineradora ha buscado despegarse de su pésima imagen vendiendo su tecnología bajo otros imaginativos nombres como “gasificación”, “pirolisis” o “arco de plasma”. La corporación italiana nos quiere vender por la friolera de U$S 500 millones una colosal quematuti encubierta bajo el apelativo de “termovalorizador”. Si no fuera por la grave amenaza económica, ambiental y de salud que significan los incineradores, la creatividad encubridora de los empresarios italianos nos provocaría una sonrisa.

Existe en el mundo una enorme acumulación de experiencia respecto a incineradores y los graves problemas que provocan tanto desde el punto de vista ambiental y económico, como respecto a la salud humana. Para nuestro continente es una cierta “novedad”, pero para EUA, Europa y parte de Asia -en especial Japón- es una tecnología ya experimentada por décadas y muchas de sus consecuencias negativas están identificadas al detalle. Varias ciudades están engrilladas a contratos saqueadores con corporaciones de la incineración. Por eso, si se lo quieren encajar a gobernantes latinoamericanos, lo primero de todo es no mencionar la palabra incinerador.

Por si hubiera dudas sobre la inconveniencia política de este viaje “de compras” a Italia de jerarcas municipales alcanzaría con mencionar un “desinteresado” acompañante de los Intendentes. Nos referimos al ex director de casinos y sucesor de Gamboa, ex presidente de OSE, ex directivo del BHU y ex director de limpieza de la Intendencia de Montevideo, el “socialista” Fernando Nopitsch, que según Ana Olivera hizo de “nexo” con la oferente firma A2A de Brescia. Lo que confirma que hay una nueva categoría de ex altos funcionarios del gobierno del Frente Amplio que podríamos denominar de “puntiglianismo malinche”. Para adjudicar denominaciones hay que hacer un justo reconocimiento a los precursores.

Otra forma de ajuste espacio/temporal

En una nota anterior sobre el enclave sojero sudamericano hablamos de una categoría definida por Harvey como arreglo o ajuste espacio/temporal del Capital en el intento de postergar las consecuencias negativas de la sobre-acumulación en las metrópolis. Y decíamos que el “arreglo espacial” busca un relanzamiento del proceso de acumulación mediante un nuevo conjunto de relaciones geográficas que generan nuevas escalas espaciales.

A las incineradoras se les están cerrando las posibilidades de invertir en los países avanzados que en gran parte ya hicieron su experiencia con las consecuencias no previstas e indeseables de la incineración. Y sus poblaciones resisten la instalación de nuevas plantas por la amenaza que esto significa para la naturaleza y la salud humana.

Los intentos de penetración en nuestro continente de las corporaciones de la incineración, en la medida, en que también inmovilizan en el tiempo enormes masas de capital fijo en la construcción de plantas de “procesamiento” de la basura, a la vez que garantizan contratos a largo plazo con los municipios, tienen la virtud de posponer la aparición de problemas de exceso de Capital, mientras continúan valorizándolo invertido a costa de las finanzas públicas de las ciudades.

El Incinerador se trata de un circuito secundario de acumulación respecto al arreglo espacio/temporal continental que incluye los monocultivos forestales o transgénicos, el fracking, el manejo de las cuencas hidrológicas por medio de represas e hidroeléctricas, las mineras a cielo abierto y la creación de nuevas fuentes de energía, a la vez que se desarrolla la construcción de la infraestructura necesaria de transporte y comunicaciones para todos esos proyectos.

Envenenando el medio ambiente y amenazando la salud.

La industria de los incineradores de residuos los presentan como la tecnología adecuada para resolver el creciente volumen de basura que generan las ciudades sin producir contaminación ni otras consecuencias indeseables. Sin embargo no se puede hacer desaparecer la materia como en un pase mágico, ésta “se transforma en gases, líquidos y cenizas tóxicos”.

El engaño más común de las empresas que promueven incineradores es que se ha logrado que éstos no emitan más que “vapor de agua”. Pero en verdad por más filtros que se pongan, los incineradores lanzan por sus chimeneas una mezcla de sustancias químicas nocivas: metales pesados como mercurio, cromo, cadmio, arsénico, plomo, berilio; gases provenientes de hidrocarburos como bencenos y naftalenos; gases ácidos como óxidos de azufre; dióxidos de nitrógeno y ácido clorhídrico; gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, entre muchas otras.

Pero además en la combustión se generan sustancias nuevas más tóxicas aún, como dioxinas y furanos, bifenilos policlorados y hexaclorobenceno. Se trata de los llamados compuestos orgánicos persistentes, sustancias que son tóxicas, tardan mucho en degradarse y se trasladan a grandes distancias de las fuentes de emisión. Se acumulan en las grasas de los organismos y podemos ingerirlos a través de los alimentos. Y lo peor de todo es que se transmiten de la madre al bebé a través de la placenta y la leche materna. Las dioxinas en particular son las sustancias más tóxicas conocidas y algunas de ellas probadamente cancerígenas.

Y todas estas sustancias no son detectables y controlables con facilidad ya que varias de ellas se mueven en el campo de las nanopartículas. Sus dimensiones son menores a un micrón (milésima de milímetro). “Las implicaciones ambientales en relación con tal toxicidad y con la biodegradabilidad de las nanopartículas y los efectos de éstas en la salud de la diversidad de especies (incluyendo la humana), en el corto y en el medio plazo, son de consideración puesto que se estima que podrían interferir en las funciones vitales por su capacidad de atravesar las membranas e ingresar en la corriente sanguínea de los mamíferos.” Los filtros de tela que se usan por lo común en los incineradores no las atrapan /2.

Todo este cóctel que nos brindan las chimeneas de los incineradores amenazan la salud humana de varias formas conocidas: el mercurio ataca al sistema nervioso central, al cardiovascular y al respiratorio; las dioxinas están asociadas malformaciones congénitas, retraso en el desarrollo, alteraciones en el sistema inmunológico y el hormonal; el arsénico y el cadmio son cancerígenos, el plomo provoca daños en el cerebro y en los riñones y produce malformaciones en el feto y la mayoría de estos tóxicos pueden crear problemas respiratorios. Pero como afirma Paul Connett todas estas sustancias “apenas hemos comenzado a medirlas, ni siquiera a comprender todas sus ramificaciones toxicológicas” /3.

Pero además están las cenizas de la combustión. Tema que las empresas incineradoras intentan soslayar. Por cada cuatro toneladas de residuos que se incineran se genera una tonelada de cenizas que tienen mercurio, plomo, cadmio, cromo y arsénico, además de dioxinas que se generan en el mismo proceso de combustión. ¿Qué hacer con las cenizas? Dinamarca las manda a Noruega: en una isla cerca de Oslo, las entierran y debe pagar al país receptor para que las reciba. Además de los gastos de transporte y manipulación de esos tóxicos. Alemania las embolsa en nylon y las entierra en minas de sal inactivas luego de la necesaria manipulación, embolsada, transporte, enterramiento. En Holanda esas cenizas se colocan debajo del pavimento en las rutas, con los mismos problemas. Ya se intentaron otras soluciones que terminaron en desastre como mezclarlas con el cemento en las construcciones (Inglaterra) o vitrificarlas (Japón).

Una tecnología anti-económica

Al parecer la empresa italiana invertiría en la planta y cobraría por el servicio de incinerar la basura con un contrato tipo de estas transnacionales que obligarían de varias formas a la ciudad de Montevideo. Se cobraría una cifra por tonelada incinerada y por la electricidad generada por la planta sobrante del proceso de incineración.

Una de las condiciones más perjudiciales para las ciudades que hacen un contrato con una empresa incineradora es el cumplimiento diario de un mínimo constante de materiales para quemar para que ésta sea rentable. A la vez que se estipulan multas al municipio si no cumple con ese requisito. Pequeños municipios en EUA quebraron financieramente por la aplicación repetitiva de multas por las empresas incineradoras. Otros como el municipio (Consell) de Mallorca ha tenido que importar este año 30.000 toneladas de basura de Irlanda para cumplir con la incineradora que se define como “planta de valorización energética” uno de los tantos eufemismos con que se disfrazan estas empresas. Ya se queman en la isla del Mediterráneo 60.000 toneladas de basura trasladadas de Molins de Rei y Sabadell en Cataluña. En 2013 programaron importar residuos de Italia y todo terminó en un gran escándalo cuando se destapó que los exportadores de basura italianos eran de la mafia. Los ciudadanos indignados de Mallorca dicen. “No queremos ser el vertedero de Europa”. Pero el contrato que los ata a la incineradora va hasta el 2041 /4.

Alemania paradigma de las corporaciones de incineración está teniendo que importar basura de otros países para alimentar sus incineradores. Lo mismo está haciendo Holanda, Suecia, Noruega. Todos construyeron incineradores apostando a que la gente no iba a reciclar y cuando la gente empezó a hacerlo, el abastecimiento de los incineradores empezó a mermar. Ahora el problema de muchos municipios es que necesitan seguir abasteciendo de basura a los incineradores y tienen que pagar para ello.

Los contratos con las empresas incineradoras coartan las posibilidades de aplicar un plan de reciclaje y reducción creciente de los residuos, ya que esto afectaría la rentabilidad de la incineradora. Un plan inspirado en el concepto Basura Cero, o un plan de Producción Limpia, que apunten a crear ciclos cerrados en que todos los materiales sean reinsertados de forma segura en la naturaleza o los circuitos productivos, es una amenaza para las incineradoras. Por eso ellos se aseguran con los contratos a larguísimo plazo.

En el mundo se expanden los movimientos contra los incineradores

En su publicidad de marketing, las empresas que construyen incineradores dan como ejemplo los países metropolitanos que los utilizan. Los “modelos” más mencionados son EUA y Alemania.

Pero desde la década de los ‘80 del siglo pasado la construcción de incineradores viene en caída libre: en Estados Unidos desde 1985, la gente ha rechazado más de 300 propuestas de instalación de incineradores de basura y no se ha construido ningún establecimiento nuevo de ningún tamaño. En abril de este año, un estudio difundido por el Instituto Geológico de Estados Unidos (USGS) informa que en un amplio muestreo de 16 especies de pesca deportiva en 21 parques nacionales que están en el oeste de EEUU y Alaska, se detectó una alta concentración de mercurio en peces de lagos y ríos, incluso en las zonas más vírgenes de los parques. “Más de 16 millones de hectáreas de lagos y un millón de millas de ríos están bajo advertencias sobre el consumo de pescado debido al mercurio en EEUU y el 81% de todas las advertencias sobre el consumo de pescado emitidos por la EPA son a causa de contaminación por mercurio” informó USGS. Los contaminadores identificados por la USGS incluyen, -además de termoeléctricas a carbón y mineras-, a los incineradores de basura /5.

“En Alemania, el 62 por ciento de los residuos se recuperan y no van a enterramiento. Sería interesante pensar qué hubiera pasado si hace 25 años, cuando decidieron instalar incineradores, hubieran adoptado una estrategia de basura cero. Quizás tendrían ya una reducción mayor de volumen. Lo mismo en Bélgica, donde se recupera el 75 por ciento y se quema un 25 por ciento de la basura. Aquí ustedes pueden darse el lujo de saber, en base a esas experiencias, que es posible reducir el enterramiento sin caer en la incineración, como hizo San Francisco, que redujo 80 por ciento los residuos que enterraba. En 1985 se intentó instalar allí un incinerador pero no se logró y eso permitió reducir el volumen que iba a rellenos” /6.

En Alemania, mencionada siempre como defensora de los incineradores: “a principios de los´90 había más de 500 grupos ciudadanos oponiéndose a la incineración en Bavaria, más de 1 millón de ciudadanos fueron a sus municipalidades en 1991 para pedir la votación de una nueva ley sobre basura (Das Bessere Mullkoncept) que en esencia hubiera prohibido los incineradores por completo.

Otro ejemplo muy repetido es el de Japón ya que tiene tres veces más incineradores que el resto del mundo sumado. Los incineradores son muy populares en Japón… entre las autoridades gubernamentales. La población los ve con menos entusiasmo especialmente cuando se entera que Japón es el emisor número 1 de dioxinas en el mundo. Después de Fukushima la responsabilidad ambiental de las autoridades japonesas ha quedado “algo deteriorada” y su credibilidad ecológica es nula.

Alternativa a los vertederos, el enterramiento o la incineración

Según el mayor especialista sobre manejo de residuos Paul Connett la solución es poner en marcha una estrategia de Basura Cero, que se basa en una serie de pasos. En primer lugar se ubica la separación en origen, es decir poner por separado la basura orgánica, del resto de los residuos. Esta es una tarea del ciudadano consciente que permite que la recolección se haga por separado. Desde hace pocos días Montevideo tiene contenedores diferenciados para materia orgánica. El material orgánico sirve para hacer compostaje y puede devolverse a la agricultura. En California, por ejemplo hay 200 viñedos que utilizan compost de la planta que recibe residuos orgánicos de la ciudad de San Francisco.

El papel, cartón, vidrio, plástico, aluminio, puede reunirse sin mezclarlo con la materia orgánica y trasladarlo para que los recicladores lo clasifiquen. Tanto el traslado como la clasificación son fuente de puestos de trabajo. Para eso son necesarias plantas de reciclaje con las mejores condiciones de trabajo y salarios dignos. Este es un trabajo que pueden realizar los antiguamente mal llamados “hurgadores” que ya tienen el conocimiento de cómo separar distintos tipos de papeles, cartones u otros materiales para ser reutilizados. Es una tarea esencial para la economía ya que ahorra gran cantidad de energía y materias primas extraídas de la naturaleza que serían necesarias para producir y restituir los materiales que las incineradoras pretenden quemar.

“Sólo con estos primeros pasos, San Francisco, con 850 mil habitantes, redujo en un 80 por ciento la basura que enterraba. En Italia, hay más de 200 municipios que lograron reducir más del 70 por ciento”…y no son los que utilizan incineradores…”y en la región de Flandes, en Bélgica, con seis millones de habitantes, se redujo un 70 por ciento de lo que iba a rellenos” nos informa Paul Connett /7.

El consumismo aturdido

István Mészáros formuló una ley tendencial de la tasa de utilización decreciente de la mercancía como algo específico y que rige rigurosamente todo el funcionamiento del Capital /8. Cuanto menos duren los objetos que uno necesita es mejor para el capitalismo. Los productos de larga duración, que pueden ser utilizados durante años, o reparados y vueltos a re-usar son contrarios a la dinámica del Capital

Más aún, cuanto menos un producto es realmente usado y vuelto a usar es decir dure menos tiempo como objeto útil, o lo que es lo mismo sea rápidamente consumido, algo perfectamente aceptable para el sistema, mejor es desde el punto de vista del capital: ya que tal subutilización torna vendible otra pieza de la misma mercancía. Dé una pasada por McDonald y observe la profusión de envases, vasos, platos, bandejas y cubiertos desechables que quedan en una mesa luego del lunch de una familia.

De hecho esa tendencia a reducir la tasa de utilización real ha sido precisamente uno de los principales medios por los cuales el capital consiguió alcanzar su crecimiento inconmensurable en el curso del desenvolvimiento histórico. Y también la razón del crecimiento exponencial de la basura.

La subutilización de los productos se impone por medio de varios mecanismos: la manipulación de la demanda a través de la publicidad, los imperativos de la moda, las fechas de vencimiento, la obsolescencia programada, etc. El capital define “útil” y “utilidad” no en términos de “necesidad” del consumidor sino en términos de vendible. Como Marx señaló, “el valor de cambio (es decir de venta) de una mercancía no aumenta si su valor de uso es más consumido y con mayor provecho” /9. Vivimos en un sistema absolutamente despilfarrador, y que tiene que continuar a serlo en proporciones siempre crecientes.

Una licitación que incinera el futuro

“La Intendenta Ana Olivera, la que dos días después de ser electa, declaro públicamente que no privatizaría la basura, a través del Decreto 34.205, basándose en una división anterior de los residuos en domiciliarios y no domiciliarios, para estos últimos los más ricos y concentrados, desde el 31 de diciembre (2013) pasado se decide que no pueden ser más recogidos por los tradicionales clasificadores”/10. Esto significa, que como hecho consumado se quedarán con estos residuos los empresarios que puedan adquirir camiones, que son los llamados “depositeros” que antes de este decreto los compraban de los clasificadores. Según la Unión de Clasificadores de Residuos Sólidos Urbanos (UCRUS) se trata de una privatización encubierta que los desplaza de su rol tradicional de reintroducirlos en la cadena productiva.

Según la Coordinadora Pro Clasificadores (CPC), el Poder Ejecutivo y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, están en la actualidad impulsando una licitación para seleccionar una empresa que instale una planta de generación de energía a partir de los residuos. Por lo que ya explicamos en esta nota nadie menciona la palabra Incinerador, pero el centro de la conspiración “progresista” es instalar en Uruguay la colosal quematuti que los intendentes fueron a “comprar” a Italia. Y que nos traerá todos los problemas ya descriptos y comprobados en las desastrosas experiencias de varios países a escala internacional.

La CPC, contraria a la licitación del incinerador disfrazado de “tratamiento térmico de residuos” o de “termovalorizador “ plantea: la elaboración de una política nacional para la gestión social de los residuos a gran escala y en todo el país, con destino al uso, reuso y reciclaje, así como la inclusión y formalización masiva de clasificadores, sustituyendo –entre otras cosas– la clasificación en vertederos públicos de basura existentes en varios departamentos –donde trabajan hombres y mujeres, muchos de ellos menores, incluido niños–, por puestos de trabajo dignos desde el punto de vista económico, social, ambiental y cultural /11.

Sin duda un planteo serio que superaría las repetidas torpezas e improvisaciones de los intendentes frenteamplistas en relación al manejo de los residuos domiciliarios. Y sobre todo impediría el ingreso de una onerosa amenaza al medio ambiente y la salud pública. Incinerando basura sumaríamos nuevos cancerígenos a los agro-tóxicos y los transgénicos que ya nos envenenan. ¿El gobierno pretende mantenernos como hasta ahora, entre los peores países del mundo en estadísticas de cáncer?

* Incinerando el futuro es un título que he tomado prestado del texto contra la incineración de la organización ecologista Gaia. http://www.no-burn.org/downloads/GAIA.incinerandoelfuturo.pdf

Notas:
1) Intendentes viajan a Italia por experiencia en tratamiento de residuos Portal de la IMM 10 02 2012
http://www.montevideo.gub.uy/noticias/intendentes-viajan-a-italia-por-experiencia-en-tratamiento-de-residuos
2) The Health Effects of Waste Incinerators, 4th Report of the British Society for Ecological Medicine (BSEM). 2006.
3) Respuesta de Paul Connett al Toronto Globe and mail. 25 10 2004. El Dr. Paul Connett es graduado de la Universidad de Cambridge y tiene un doctorado en química de la Facultad de Dartmouth. Ha enseñado química en la Universidad de St. Lawrence en Canton, NY, desde 1983, y se especializa en Química y Toxicología Ambiental. Sus investigaciones sobre manejo de residuos lo han llevado a 49 estados en EEUU, y a 47 otros países, en los últimos 20 años, en los que ha dado aproximadamente 2000 presentaciones públicas ad honorem.
http://www.noincineraciontenerife.com/noticias/663.htm
4) Mallorca importa 30.000 toneladas de basura de Irlanda para incinerarla. El País-etik hartua 19 05 2014.
http://www.gipuzkoazz.com/zerozabor/mallorca-importa-30-000-toneladas-de-basura-de-irlanda-para-incinerarla/
5) Anastasia Gubin. Detectan mercurio tóxico en peces de algunos lagos La Gran Época 18 04 2014.
http://www.lagranepoca.com/31556-detectan-mercurio-toxico-peces-algunos-lagos-usgs-apunta-mineras-plantas-energia
6) Marcela Valente. Paul Connett: “Ninguna gran ciudad logró la meta de basura cero” Ámbito Financiero, Buenos Aires 28 07 2013.
http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=699173
7) Marcela Valente. Paul Connett… Ibid.
8) István Mészáros. Para Além do Capital, Editorial Boitempo, São Paulo, 2002, p.660
9) Karl Marx O Capital, São Paulo, Abril Cultural, 1983 v. 1/1, p. 282.
10) Comunicado de la UCRUS de cara al 1ero. de mayo de 2014. Montevideo 29 04 2014.
http://retosalsur.org/comunicado-de-la-ucrus-de-cara-al-1-de-mayo/
11) Comunicado de la Coordinadora Pro Clasificadores (CPC), 15 de mayo de 2014. Por la CPC firman Asociación civil Retos al Sur; AVE FENIX –Cooperativa Social de Clasificadores de Canelones; Centro Uruguay Independiente- CUI; Grupo de Clasificadores de Pando de TU ENVASE NOS SIRVE; Organización San Vicente (OSV) – Padre Cacho: Unión de Clasificadores de Residuos Sólidos Urbanos – UCRUS y Personas: Jorge Meoni y Walter Rodríguez.
http://clasificadores-uruguay.blogspot.com.br/2014/05/comunicado-15-mayo-2014-ante-politica.html

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A la derecha de su pantalla...

Prof. Juan Carlos Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

El título de esta nota era un latiguillo muy utilizado en la televisión argentina de los años ' 60 y ' 70, el cual denotaba claramente la posición político - ideológica de los canales de aire -todavía no existía el cable- reflejando el mensaje de los sectores conservadores y derechistas de nuestro país. Pero nos sirve como metáfora a la hora del análisis de la actual coyuntura en este 25 de mayo.

Este mismo día, pero de 1965, nacía el Partido Revolucionario de los Trabajadores y en 1974, se nos iba Arturo Jauretche; tal vez, el mejor retratista de la sociedad argentina del siglo XX. La lucha de Santucho siguiendo los ideales del Che molestó a una oligarquía que nació en 1810 para perpetuarse en el poder tras la caída de Perón en el ' 55 y el golpe del ' 76. En aquellos años, la clase media era muy distinta a la actual pero conservó su eterno defecto: querer ser más de lo que es. Es decir, pretender ser clase alta cuando no le daba el piné.

Desde 2003, tras la debacle de 2001, el kirchnerismo asomó como una esperanza para algunos pero, muy pronto, indicaría que debíamos mirar a la derecha de nuestra pantalla. Nadie discute que se ha emparchado la situación socio - económica de muchas y muchos argentinos. Y lo definimos así porque, en rigor de verdad, la pobreza sigue existiendo en forma estructural pues si no estuvieran dichos parches, como los planes sociales (AUH y otros similares), estaríamos hablando de la "gran pobreza" a pesar de la disparidad de las cifras brindadas por diferentes organizaciones e instituciones (1).

Del neodesarrollismo al neoconservadurismo

En términos económicos, siempre en el mundo del capital, se podía optar por una política keynesiana que fue la que se adoptó desde la asunción de Néstor Kirchner. Se continuó con la profundización de los planes sociales y la estatización de las jubilaciones, esto último con la ley de movilidad jubilatoria, con la finalidad de incentivar el consumo e incrementar la producción privilegiando la sustitución de importaciones y aprovechando los recursos que provenían del boom sojero, a través de las retenciones que aún son resistidas por la Sociedad Rural y la Federación Agraria Argentina; ambas, adoradoras de todos los golpes de Estado en nuestro país.

Mariano Moreno planteaba que había que resolver la problemática del contrato social, como buen rousseniano, siendo algo que fue desdeñado por la oligarquía desde el Unicato de Roca y luego, con "Los golpes militares y las salidas electorales", como escribiera el fallecido historiador Félix Luna, desde 1930.

Sin embargo, el neodesarrollismo tuvo límites que comenzaron a evidenciarse con los saqueos en Bariloche y en otras localidades de nuestro país. Era el claro indicador acerca del "nuevo derrame" que no se produjo. Desde 2008, ya se advertía una escalada en los precios minoristas mientras el dólar iba flotando de acuerdo a las decisiones que tomaba el Banco Central. Pero el poder económico decidió que era hora de actuar para retomar la iniciativa política.

Por supuesto, el relato era parte de esa nueva mirada a la derecha de nuestra pantalla. Con la bandera de los Derechos Humanos, llegaron al corazón de muchas y muchos pero, más tarde, se vería que iban a responder con el bolsillo. Bajaron el cuadro de Videla, pero ensalzaron a Milani pese a las serias acusaciones que tiene por su accionar en la provincia de La Rioja. La sombra de Allende y Pinochet está a la vuelta de la esquina. Y ya lo advirtió la misma Nora Cortiñas...

Desde la mitad del año pasado, se fue profundizando la presión contra el dólar y los precios iban tomando un tono alcista, mientras las reservas caían como naipes en la pulseada con la verde moneda. El plan había comenzado a funcionar y solamente faltaba crear el clima social que permitiera facilitar una fuerte embestida al Estado de Derecho, tras la victoria pírrica del kirchnerismo en las elecciones parlamentarias de 2013.

Los sucesos acaecidos el pasado 10 de diciembre con la insurrección policial que comenzó en la provincia de Córdoba patentizaron la ausencia de controles de la actividad policial en todos sus niveles si tenemos en cuenta la estrecha vinculación entre el narcotráfico y unos cuantos integrantes de las policías provinciales, como acontece en las provincias de Córdoba y Santa Fé o entre empresarios y políticos, en la provincia de Río Negro, con la desaparición de Daniel Solano. Ni hablar de las cajas negras que provienen del juego o de la prostitución, las cuales van a seguir incrementándose pese al bochornoso aumento de salarios que desdibuja la pirámide salarial estatal, donde un docente va a cobrar la mitad, o menos, que un policía. Y no debemos olvidar que existe una cultura institucionalizada para que las y los policías sean el instrumento de control social en el capitalismo. Bien vale recordar el lema de CORREPI: "No es un policía, sino toda la institución".

El ascenso del Gral. César Milani, que proviene del área de Inteligencia, resulta ser una cuestión muy peligrosa para la democracia, por cuanto éste dispone de información sensible que puede llevarlo a ser el nuevo ejecutor del Proyecto X, con miras a una previsible represión a los reclamos actuales y futuros de las grandes mayorías por cuanto el modelo neodesarrollista llegó a su límite de redistribución de la renta.

Una nueva mirada a la derecha de nuestra pantalla se dió con la devaluación de fines de enero, forzada por las mismas integrantes del boom sojero al no liquidar sus divisas. Y hace poco se conoció que los bancos obtuvieron ganancias casi similares a las de todo el año pasado gracias a ella.

El mensaje presidencial del 1º de marzo fue el puntapié inicial de una política neoconservadora, la que solamente propone límites a los salarios y represión para la protesta social. Cristina Fernández de Kirchner había sido aplaudida hasta por la bancada del PRO, cuando afirmó que "Yo les ofrecí la Plaza de Mayo para que vengan a protestar. El otro día estaban protestando. Pero vamos a tener que sacar alguna normativa de respeto a la convivencia ciudadana, porque no puede ser... No puede ser que diez personas te corten una calle, por más razones atendibles que tengan. No puede ser. Y que no pase nada" y más tarde, agregó "¿Saben cómo es una manifestación en Estados Unidos? Estaba lleno de cámaras de televisión; por supuesto, otro tema que también se produce... Creo que también voy a hablar de la televisión en los cortes, por qué hay tanto corte. Pero ¿cómo manifiestan en Estados Unidos? En la vereda hacen como vallas hasta el cordón, de esquina a esquina, dejan un espacio entre el ingreso a los negocios y la valla y la gente va adentro de la valla y protesta adentro de la valla, pero no cortan la calle ni interrumpen". El lector puede ir mirando a la derecha de su pantalla, desde luego...

Ni nacional, ni popular

Barrick Gold, Yamana Gold, Monsanto, Chevron... Estas empresas transnacionales son las que hoy arrasan con nuestras riquezas, llevándoselas por dos pesos con cincuenta. Menem lo hizo y el kirchnerismo lo continúa. Las megamineras siguen gozando de los privilegios obtenidos tras la reforma del Código de Minería de la Nación. Apenas pagan el 3% de impuestos y regalías, como también gozan de amplias exenciones impositivas a nivel nacional y provincial. La semillera, junto con Syngenta y Nidera, es la que promueve el uso de agroquímicos y ahora pretende una ley de semillas a su medida, donde el agricultor tendrá que pagar para sembrar. Y la petrolera norteamericana, continuadora de la Standart Oil de California, va por el fracking en el sur de nuestro país y cubriéndose por anticipado para evitar resarcir los previsibles daños ambientales que producirá dicho método productivo.

Mire a la derecha de su pantalla... Nuestra presidenta con el CEO de Barrick Gold, junto a los gobernadores mineros. Solo le falta la foto con Grobocopatel para que los retratos sean completos.

Justamente esta transnacionalización de la economía, iniciada con la venta de las empresas de los capitalistas industriales de nuestro país durante la década menemista, constituye una clara pérdida de la soberanía nacional. A ello habría que sumarle las empresas que operan los servicios públicos privatizados.

Recursos naturales y comunicaciones constituyen las bases para una verdadera soberanía nacional, lo cual debe ser tenido en cuenta pero el capitalismo que supimos conseguir nos llevó a dejarlos en manos extranjeras. Pero también sus formas de explotación están matando. En las provincias de La Rioja, Catamarca, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe, entre otras, lo que está creciendo son las enfermedades y las discapacidades pero también sigue la lucha por una vida digna y por la efectiva vigencia del derecho al medio ambiente sano.

Lo que viene

La crisis económica viene avanzando. Julio Gambina, en su artículo "Desaceleración económica, tasas de interés y precio del dólar", afirma que "la desaceleración es un dato concreto, especialmente de la producción industrial", lo cual se evidencia en "los datos de las cuentas nacionales que remiten a una recesión productiva en el ámbito de la industria, con las automotrices a la cabeza y las suspensiones de trabajadores". La recesión llegó para quedarse por un buen tiempo, mientras que "la banca privada y transnacional hegemónica en el ámbito comercial de las entidades financieras" elevó "el costo del crédito a valores que oscilan entre el 85 y el 110%, en consumos con tarjetas, giros en descubiertos o créditos para consumo, o la producción". A la derecha de su pantalla, vea el regreso de la pulseada de las tasas versus el peso que supimos ver en las décadas pasadas.

Por otro lado, el cierre del Instituto Espacio para la Memoria y la transferencia de la ESMA y los Centros Clandestinos de Detención a la Nación son el fruto del pacto PRO - K que, desde la Legislatura porteña, se amplió al Congreso Nacional. Un verdadero atentado a la memoria se ha consumado pese a la oposición firme y consecuente de los organismos nucleados en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. Estamos pasando de la historia oficial mitrista a la kirchnerista, pero el gran peligro reside en la hipótesis de la asunción de un gobierno del Frente Renovador o del FAUNEN. Para ellos, la memoria es algo secundario pues lo importante es el dinero, el Dios Mercado.

Sin embargo, llama poderosamente la atención esta alianza particular a nivel legislativo, por cuanto ella supone estrechar lazos con quienes son los continuadores de la gestión del Brigadier Cacciatore y Guillermo Del Cioppo durante la dictadura cívico - militar en democracia. Otra vez el relato va a la derecha de su pantalla, estimado lector...

Esteche preso y Lescano, preso pero internado y en estado grave. Más allá de las diferencias que podemos tener a nivel político, resulta un verdadero exabrupto que se encuentren privados de su libertad mientras Sobisch, autor intelectual del asesinato de Carlos Fuentealba, sigue caminando por las calles de Neuquén y más de 6.000 compañeros siguen presos o procesados por luchar. ¿Dónde están los Derechos Humanos de los que tanto habla el relato? o son solamente los del pasado y nos olvidamos del presente...

Un sombrío panorama se aproxima. El relato se cae. Y estamos volviendo a mirar a la derecha de nuestra pantalla. Mientras tanto, la pobreza y la indigencia continúan aumentando geométricamente al igual que las enfermedades y las discapacidades producidas por el capital. La represión se intensifica. Volvimos a las requisas de colectivos en las calles y a la militarización de las fábricas como en los ' 70. Se van cayendo las caretas. Pero también se renueva la lucha como en la Carpa Villera en el Obelisco. Como en cada marcha contra la impunidad. Pero es hora de construir desde abajo y a la izquierda.

De otro modo, seguiremos mirando a la derecha de nuestra pantalla...

Notas:
1) Silvana Melo, en su artículo Los mal contados (APE), indicó que "el INDEC cuenta los pobres hasta 2 millones (4,7%). La Universidad Católica los sube a 10 (25%) y el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) de Claudio Lozano los dispara a 15 millones y medio (36,5%)" mientras que "los indigentes (es decir los que pasan hambre y frío) son 600.000 para el INDEC. 2.200.000 para la UCA. 5.000.000 para el IPyPP". Sin dudas, resulta una pequeña medida de la realidad social argentina pese a las diferencias aritméticas.

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Conversamos con Marcos Pastrana, referente de la Comunidad Indígena de Tafí del Valle

LA DEUDA ETERNA (especial para ARGENPRESS.info)

Tucumán: El viernes 16 de mayo se inauguró en un acto público la Estación Transformadora de electricidad que interconecta a Tafí del Valle con el Electroducto de Minera Alumbrera lo que no sólo afectará en términos ambientales y culturales sino provocará la dependencia del pueblo de la minera.

Marcos Pastrana quien fuera desalojado del acto de inauguración de la Estación Transformadora de electricidad, donde participaban funcionarios del gobierno tucumano, de la empresa eléctrica y por supuesto, de la minera.



FM 90.7 CaBA.

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¿Salud o empresa?

Augusto Andrés - Sofía Toccalino (OTRO VIENTO)

“Los intereses de la Industria Farmacéutica son contrarios a los de la población”
Miguel Jara

En los últimos años la palabra “automedicación” se hizo muy popular, y de alguna u otra manera, en cierto punto todos contribuimos con la causa. El dolor de cabeza se hace cada vez más fuerte, los dolores musculares después de un mal movimiento en el gimnasio se hacen insoportables o esos pequeños nervios pre-parcial que no sabemos con qué calmar, llevan al mismo fin. Tomarse una pastillita y saber que el dolor en un rato va a pasar. Pero, ¿qué hay detrás de “esa pastillita”? ¿Cómo es que nos hacemos tan dependientes y sustentamos ese negocio sin saber que lo estamos haciendo?

La ruta del medicamento

Existe un monopolio de medicamentos que está comandado por laboratorios y empresas farmacéuticas. Son éstas las encargadas tanto de la producción como de la comercialización de los fármacos, así como también de fijar su precio al mercado y varianzas en el mismo, siempre en aumento. Nosotros, desde nuestro puesto de consumidores, somos los que contribuimos a este mercado por su consumo necesario.

Nos levantamos con un resfrío muy fuerte, no podemos bajarnos la fiebre y ya se nos hace insostenible mantenernos en pie. Contamos con un amigo, familiar, novio que sin dudar nos acompaña al médico y es allí donde comienza la cadena. El profesional nos hace un diagnóstico y nos receta algo que nos ayude a sentirnos mejor. Vamos a esa farmacia que fuimos toda la vida. Pedimos el medicamento, nos asombramos del precio pero igual lo pagamos y nos vamos a casa a empezar con el tratamiento. Con el paso de los días y gracias a ese mágico remedio que nos recetaron, el resfrío como llegó se fue.

Ahora bien, detrás de toda esa escena descripta en la cual participamos siendo un eslabón, se esconde una cadena cíclica donde todos saldríamos beneficiados, pero en realidad no nos damos cuenta que este beneficio no es equitativo para todos. Cada vez que vamos a comprar un medicamento volvemos asombrados por su precio y agradecemos contar con alguna cobertura médica que nos cubre un porcentaje del mismo. ¿Acaso los laboratorios hacen la misma inversión que el usuario? Existen arreglos que realiza el gobierno con empresas farmacéuticas y droguerías para que se mantengan congelados los precios de los medicamentos.

Se sabe por estudios realizados que lo que se paga por las drogas en el mercado mayorista y lo que paga el usuario por el remedio elaborado, arroja una diferencia del 53 mil%. Este margen sobrepasa los límites y es algo casi increíble, pero real. El Estado no interviene sobre él, aunque delimita el acceso de la sociedad para su consumo y lleva consigo una ventaja para la industria que se basa en poder ofrecer promociones o descuentos.

Dentro de los laboratorios líderes de nuestro país, hoy en día se encuentran Bagó, Roemmers, Gador y el grupo Sielecki (laboratorios Elea y Phoenix), los cuales tienen alianzas con laboratorios multinacionales estableciendo relaciones claves para desarrollar una mejor estrategia de venta.

Analizando este porcentaje, se pusieron como ejemplos varios medicamentos que todos alguna vez hemos sentido nombrar. El Omeprazol, una droga antiulcerosa, se comercializa a $400 el kilo, es decir 0.0004 centavos los miligramos. Una de las presentaciones que ofrece el laboratorio AstraZeneca, contiene 14 unidades de 20 miligramos, lo que lleva a un costo de 11 centavos por caja. Sin embargo, el medicamento se vende a casi $60, lo que arroja una diferencia de un 55 mil %.

Así también el Diazepam, comercializado por el laboratorio Roche con la marca Valium, tiene un costo de $235 por kilo, 0.0002 centavos por miligramos y la presentación que se encuentra es de 10 miligramos por 50 unidades, lo que supone un precio de 12 centavos por la caja. En la farmacia se comercializa a $40.48.

Como si ese porcentaje fuera chico, hay que aclarar que los laboratorios líderes compran la droga por tonelada, por lo que se supone que el precio al cual la pagan es aún menor. Si bien el cálculo realizado no abarca el proceso de industrialización, la mano de obra calificada, los impuestos ni gastos de packaging y publicidad, la diferencia es tan grande que cuesta suponer que los gastos la compensen.

Ahora bien, analizada la cuestión ¿Quién sería el que sustenta todo esto? “EUREKA”. Nosotros mismos somos quienes contribuimos con este mercado. Nos sorprendemos de que los precios aumenten, pero como es necesario y creemos que el cuerpo lo requiere, lo pagamos igual. No obstante, cuando nos ofrecen una alternativa (por ejemplo plantas medicinales) al medicamento de “confianza”, desconfiamos de éste y de quien lo oferta, por ende no lo compramos.

Es así como recaemos en la habitual compra del de marca, sin considerar que hasta contiene las mismas propiedades farmacológicas que aquel que no es promocionado ni reconocido por los demás. En algunos casos, ni siquiera tenemos en cuenta las contraindicaciones del fármaco, no somos conscientes de los efectos secundarios que estos podrían ocasionar. Estamos inmersos en una cadena alimentaria jerarquizada, y en esa jerarquía estamos ubicados muy por debajo. Somos los consumidores consumidos de la ruta del medicamento.

La empresa y sus consumidores

Para que la ruta funcione con normalidad, es necesario que se encuentren, en cierta parte de la cadena, los consumidores que potencien este movimiento. Esto es sabido por las empresas y es así como tienen una gran variedad de herramientas para conseguir a sus fieles usuarios de compra, las cuales se desarrollan dentro de un medio social común a todos, al que la mayoría de la sociedad tiene alcance.

Sin dudas que el medio difusivo por excelencia de los medicamentos es la televisión. Pero la radio, los diarios, y los portales de internet también dan vía a su fácil acceso. Sobre todo a su propagación sin la información necesaria que debe conllevar, y apuntando siempre a una necesidad o una cura mágica para el sujeto.

La consigna es simple, se genera una situación cotidiana en la que la persona no está al 100% de su salud, y se ilusiona al consumidor que con una dosis de tal medicamento sus problemas serán resueltos (después estará muy feliz e irá a abrazar a toda su familia).

La creencia de que los problemas se solucionan como en las propagandas se encuentra muy instalado en las sociedades, pero al momento de tratarse de la salud debería encontrarse un límite, ya que nunca se tienen en cuenta los efectos contraproducentes de muchos medicamentos, y la mala información que se le brinda al público.

Pero estos no son los únicos medios. Es sabido que las empresas farmacéuticas poseen un inmenso poder mundial, y así también relaciones con casi todas las naciones del mundo. Tienen un alcance masivo, y la capacidad de instalar temas en las agendas cotidianas no sólo de un país sino de varios continentes.

De esta manera resulta necesario dudar de todas las campañas que se gestan desde las empresas en pos de la salud, sobre todo cuando éstas buscan infundir el miedo en la gente, y la creencia de epidemias letales en cada esquina de cada ciudad. La experiencia nos demuestra que siguen siendo estos métodos los que favorecen el mayor consumo de productos farmacéuticos, sin importar los impactos sociales que pueden generar.

Como es costumbre, los problemas más individuales de los consumidores no son solucionados. El estrés, el dolor de cabeza, las energías, no son sanadas por esas curas mercantilistas, sino que en muchos casos generan adicciones y efectos secundarios. Es necesario preguntarnos cuáles son verdaderamente las causas de estos padecimientos, y si es tarea real de las empresas farmacéuticas investigar en ellas y encontrar soluciones.

En la práctica no vemos más que una empresa que funciona bajo condicionamientos económicos, y que casualmente en el mercado muy mal no le va. Es hora que el sujeto entienda su rol esencial en este circuito, y por al menos un tiempo, se despoje de las adicciones cotidianas a las cuales nadie suele criticar.

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