jueves, 17 de julio de 2014

¿Qué es el neo-desarrollismo? (Parte I): Una visión crítica. Economía

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

El neo-desarrollismo propone mayor intervención estatal, políticas económicas heterodoxas, retomar la industrialización, reducir la brecha tecnológica e imitar al Sudeste Asiático. A diferencia del desarrollismo clásico promueve alianzas con el agro-negocio, relativiza el deterioro de los términos de intercambio, se aleja del enfoque centro-periferia y prioriza el manejo del tipo de cambio.

Disimula con pragmatismo su favoritismo hacia los capitalistas. Su modelo exportador afecta al salario y la convergencia que propone con empresas transnacionales no atenúa las brechas tecnológicas. La expectativa de igualar el avance asiático olvida la existencia de adaptaciones diferenciadas en la mundialización. La explotación de los trabajadores es más rentable en el Extremo Oriente y la imitación de ese esquema es poco factible.

Es un artificio suponer que la globalización entraña beneficios comerciales y peligros financieros o que todos pueden mejorar su lugar en ese escenario. La teoría del catch up no explica la existencia de situaciones internacionales disímiles. Desconoce que continúa imperando una inserción dependiente, que no se corrige con la disponibilidad tecnológica. El desarrollo desigual y combinado agrava las contradicciones de los retrasados.

La mirada endogenista que atribuye el subdesarrollo a causas internas desconsidera el marco objetivo y magnifica las voluntades nacionales. No hay trayectorias despejadas para la acumulación. El neo-desarrollismo es más afín a la CEPAL tecnocrática que al pensamiento crítico y presenta más continuidades que rupturas con el neoliberalismo.

En los últimos años aumentó la influencia del neo-desarrollismo. El término se volvió usual en numerosos ámbitos de América Latina y se multiplicaron los encuentros para discutir su contenido.

Dos conocidas figuras de Brasil y Argentina reivindican esta concepción (Luiz Carlos Bresser Pereira y Aldo Ferrer). Pero un amplío grupo de economistas trabaja en la misma dirección (Robert Boyer, Osvaldo Sunkel, Gabriel Palma, Cristóbal Kay, Alejandro Portes, Joao Sicsu, Luiz De Paula, Michel Renaut, José Luis da Costa Oreiro). Estos pensadores actúan en importantes organismos (Fundación Getulio Vargas, Plan Fénix), han ganado terreno en las universidades y difunden planteos recogidos por los medios de comunicación. (1)

¿Cuáles son las principales tesis económicas del nuevo desarrollismo? ¿En qué se diferencian de sus antecesores? ¿Qué indica la aplicación reciente de sus propuestas? ¿Cuál es el correlato político de sus caracterizaciones?

Cinco planteos

Dada la variedad de enfoques que reúne el neo-desarrollismo no es sencillo precisar sus tesis centrales. Remarcan el carácter singular e imprevisible del crecimiento sostenido y la consiguiente dificultad para conceptualizarlo. Pero también estiman que el éxito de esos procesos transita por cinco carriles. (2)

En primer lugar postulan la necesidad de intensificar la intervención estatal para emerger del subdesarrollo. Adscriben a las teorías que rehabilitan esta incidencia, señalando que no hay mercados fuertes sin estados fuertes. (3)

Esta revalorización del intervencionismo no implica retomar el viejo keynesianismo, ni promover la reconstrucción del estado de bienestar. Alientan un nuevo equilibrio entre matrices “estado-céntricas” y “mercado-céntricas”, para superar las viejas dicotomías y encontrar modelos capitalistas adecuados para cada país. Subrayan que la presencia estatal no debe obstruir la inversión privada y consideran que la gestión pública debe reproducir la eficiencia del gerenciamiento privado. (4)

El segundo pilar del enfoque neo-desarrollista es la política económica no sólo para actuar en la coyuntura, sino como instrumento central del crecimiento. Analizan detenidamente las distintas opciones monetarias, fiscales y cambiarias que permitirían reducir la dependencia financiera de los bruscos ciclos de ingreso y salida de capital.

Su prioridad es mantener acotado el déficit fiscal, para alentar la competitividad con tasas de interés decrecientes y elevados tipos de cambio. Enfatizan la importancia de evitar el “mal holandés”, es decir la sobrevaluación cambiaria que genera la afluencia de divisas receptadas por los países exportadores de materias primas. (5)

El tercer objetivo del neo-desarrollismo es retomar la industrialización para multiplicar el empleo urbano. Cuestionan la regresión fabril generada por la apertura comercial de los años 90 y estiman que la expansión industrial debe ser la prioridad de las economías intermedias. Piensan que los países avanzados ya agotaron esa etapa y que las naciones pobres no cuentan aún, con el acervo requerido para encarar esta tarea. (6)

Reducir la brecha tecnológica es la cuarta meta del proyecto. El neo-desarrollismo propicia incrementar la innovación local, mediante acuerdos con las empresas transnacionales para lograr una fuerte absorción de conocimientos. Alientan un camino schumpeteriano de intensa modernización productiva, para superar las insuficiencias de la vieja industrialización. Remarcan la existencia de varias trayectorias tecnológicas posibles y promueven su amoldamiento al formato de cada economía. (7)

Imitar el avance exportador del Sudeste Asiático es la quinta propuesta neo-desarrollista. Proponen subsidiar a los industriales que faciliten la expansión de las ventas manufactureras, mediante estrategias estatales que “enseñen a competir”. Por esa vía esperan emular la lucidez de los dirigentes asiáticos y dejar atrás el conformismo latinoamericano. Advierten que un modelo de este tipo exigirá moderación salarial, estabilidad social y fuerte compromiso de los trabajadores con la productividad. (8)

Diferencias con el desarrollismo clásico

Con estas cinco ideas el neo-desarrollismo retoma ciertos principios de sus antecesores y reivindica la misma denominación, con un aditamento (neo) que sugiere actualizaciones. Revisan más los conceptos de esa tradición que sus expresiones puntuales. (9)

El enfoque desarrollista tradicional postulaba superar las consecuencias de la heterogeneidad estructural, en economías afectadas por el modelo agro-exportador y el deterioro de los términos de intercambio. Prebisch, Pinto y Furtado proponían corregir esas deficiencias mediante procesos de industrialización, a fin de contrarrestar la baja productividad del agro y la estrechez general del poder adquisitivo. Confiaban en la eficacia de las políticas económicas y en la fuerza del estado para mejorar la posición de la región en el capitalismo mundial. Esperaban inducir un salto desde el estadio periférico hacia algún escalón más avanzado.

Bresser y Ferrer mantienen la misma expectativa pero promueven el remedio industrialista en otros términos, como consecuencia de las grandes transformaciones registradas en el agro. Un acelerado proceso de capitalización en este sector ha tornado obsoleta la vieja crítica al latifundio y al estancamiento de la actividad primaria. También ha perdido actualidad la propuesta de utilizar los recursos inmovilizados en el agro para la inversión fabril.

En el nuevo escenario los neo-desarrollistas auspician procesos de crecimiento en coalición con el agro-negocio. El viejo conflicto con la oligarquía exportadora se ha diluido y los antiguos adversarios son convocados a forjar un bloque común. La conversión de los terratenientes en nuevos empresarios ha recreado la solidaridad capitalista entre los adinerados del campo y la ciudad. La tradicional contraposición entre el liberalismo agrario y el proteccionismo urbano ha disminuido y el neo-desarrollismo visualiza a la agro-exportación como una potencial proveedora de divisas para la reindustrialización.

Pero este cambio implica aceptar la remodelación neoliberal del agro y la consiguiente concentración de tierras, especialización en exportaciones básicas, pérdida de cultivos diversificados y acentuado deterioro del medio ambiente.

Al igual que sus antecesores los nuevos desarrollistas estiman que el crecimiento industrial aumentará el empleo, expandirá el mercado interno y mejorará el consumo. Pero a diferencia del pasado se han generalizado tecnologías que reducen la utilización de la mano de obra y la creación de trabajo ya no acompaña el ritmo de inversión. Que la expansión de la economía sea incentivada por el mercado o la regulación estatal no modifica esta carencia de empleo. En ambos casos el capitalismo latinoamericano genera insuficientes puestos de trabajo y estabiliza la precarización en labores informales, descalificadas y mal remuneradas. El neo-desarrollismo no ofrece respuestas a esta seria adversidad.

Esa concepción estima que el deterioro de los términos de intercambio y la relación centro-periferia, ya no constituyen obstáculos significativos para el despegue regional. Considera que la reversión del primer parámetro registrada en la última década es perdurable y que la segunda polaridad tiende a diluirse con el crecimiento de las economías emergentes. En este terreno se verifica otra diferencia sustancial con la vieja CEPAL.

También asignan menor gravedad y periodicidad a las crisis económicas latinoamericanas. Con esta evaluación apuestan a superar los desajustes actuales mediante un buen manejo de las políticas macroeconómicas. Le quitan dramatismo a las tensiones estructurales que preocupaban a Prebisch y Furtado.

El neo-desarrollismo reconoce formalmente la continuidad de las viejas contradicciones expuestas por la heterodoxia, pero espera atenuarlas mediante un acertado manejo de las variables cambiarias, financieras y presupuestarias. Concentra el grueso de su artillería en la administración del tipo de cambio. (10)

Sus teóricos advierten contra las desventuras que entraña para la industria cualquier apreciación cambiaria. Pero no analizan el efecto opuesto que genera la depreciación de esa variable sobre el salario. Ese impacto se ha verificado tradicionalmente en ciclos devaluatorios que incrementan los precios internos y empobrecen a los trabajadores. El viejo desarrollismo era más cauto en este terreno y sólo postulaba un manejo cuidadoso de la cotización de las divisas parar acotar las ganancias de los exportadores.

Indefiniciones e inconsistencias

Los teóricos neo-desarrollistas esperan liderar un intenso proceso de crecimiento, pero no definen como alcanzarlo. La regulación estatal que promueven tiene incontables modalidades y efectos. La contraposición entre neo-desarrollistas proclives a la intervención del estado y neoliberales adversos a esa injerencia es una simplificación. Todos recurren a una fuerte presencia del sector público cuando les toca administrar la economía.

Ese comportamiento es consecuencia de la gravitación alcanzada por los grandes bancos y empresas en el capitalismo contemporáneo. Resulta imposible gestionar este sistema, sin protagonismo de la burocracia estatal y los gerentes del sector privado. Lo que está siempre en juego es el tipo de intervención estatal predominante en cada período y no la existencia o intensidad de esa presencia.

El neo-desarrollismo sugiere que su acción serviría para eliminar las distorsiones que genera el mercado. Contrapone este objetivo con la actitud ortodoxa de esperar espontáneas correcciones de la oferta y la demanda.

Pero también aquí la diferencia pierde contenido cuando se comanda la marcha cotidiana de la economía, en situaciones de alta tensión. La crisis global reciente, brindó una contundente evidencia de la forma en que ortodoxos y heterodoxos actúan en común, cuando se impone el socorro a los bancos. En esos momentos las divergencias sólo giran en torno a la modalidad de esos auxilios.

Los neo-desarrollistas propician una adaptación pragmática a las exigencias de la coyuntura y por eso incorporan fórmulas que contienen múltiples elementos, sin definir nítidas primacías. Suelen convocar a fortalecer el mercado y el estado, a reforzar la centralización y la descentralización, a potenciar lo público y lo privado y a desenvolver políticas austeras y activas. (11)

Pero esta variedad de orientaciones no abandona nunca el principio de favorecer a los grandes grupos capitalistas. La prioridad asignada al tipo de cambio competitivo con baja inflación y reducido déficit fiscal ilustra el sostén a los poderosos. En ese modelo los costos del impulso exportador son solventados por los trabajadores a través de devaluaciones, restricciones al gasto social o un corset a los salarios.

Muchos neo-desarrollistas sugieren que estos esfuerzos constituyen el precio a pagar por la reindustrialización. Pero no registran la contradicción existente entre esa meta y la convalidación de la primacía agro-exportadora. Mientras los recursos que requiere la expansión fabril continúen localizados prioritariamente en el agro-negocio, una industria latinoamericana de cierto valor agregado continuará languideciendo.

Los neo-desarrollistas suponen que la recuperación manufacturera será impulsada significativamente por las empresas transnacionales. Consideran que estas firmas garantizan la expansión continuada del producto, si el estado evita una apertura indiscriminada al capital extranjero y orienta las inversiones hacia los sectores estratégicos.

Pero la experiencia indica que las grandes compañías extranjeras definen su colocación de fondos en función de planes globales, que rara vez coinciden con las prioridades de las naciones receptoras de esos capitales. Esta discordancia dio lugar a la denominada “industrialización trunca” de América Latina. (12)

Esa deformación incluye un déficit comercial crónico del sector manufacturero, provocado por la baja integración nacional de partes y una alta dependencia de insumos importados. Este desequilibrio determina ciclos de acumulación afectados por desbalances externos, que no desaparecen con ingenierías cambiarias, fiscales o monetarias.

Frente a este crítico escenario el neo-desarrollismo navega en un mar de contradicciones. Por un lado despotrica contra la “destrucción de los tejidos fabriles nacionales” perpetrada por la competencia importadora durante las últimas décadas. Y por otra parte cuestiona el “proteccionismo excesivo” del pasado y la improductividad legada por el encierro arancelario.

Aunque buscan un punto intermedio entre ambos extremos, en los hechos se amoldan a las demandas actuales de las empresas transnacionales, que exigen libre movilidad de capitales y mercancías entre sus filiales. Con esta actitud convalidan los desajustes que pretenden corregir.

Los mismos contrasentidos se verifican en el plano tecnológico. El neo-desarrollismo apuesta a reducir la enorme brecha que separa a Latinoamérica de las economías centrales. Pero supone que esa disminución surgirá de una mayor presencia económica de las firmas que generan esa fractura. Por eso convoca a absorber las tecnologías disponibles en el mundo, mediante la intermediación de compañías transnacionales.

Esas empresas no derraman conocimientos hacia la periferia. Transfieren a sus filiales un manejo estrictamente acotado de las prácticas requeridas para asegurar sus líneas de fabricación. Mantienen localizados los laboratorios de investigación y desarrollo en los países de origen.

El neo-desarrollismo considera que esos obstáculos pueden remontarse, forjando “sistemas nacionales de innovación” patrocinados por el estado y las empresas transnacionales. Pero la experiencia indica que esa iniciativa choca en la práctica con el dilema de privilegiar la inversión pública o subsidiar a las compañías extranjeras. Esas subvenciones obstruyen el ansiado despliegue de las innovaciones.

La visión neo-desarrollista realza las convergencias del estado con el sector privado. Pondera especialmente el rol de la empresa como un ámbito de cooperación y selección de las nuevas tecnologías, siguiendo los parámetros de productividad, competitividad y rentabilidad.

Pero esta idílica mirada desconoce que esos patrones se asientan en la explotación laboral y sólo definen las porciones de plusvalía extraída a los trabajadores, que captura por cada concurrente. Entre tantos elogios al talento, la creatividad y la disposición al riesgo del capitalista, no queda espacio para recordar su rol cotidiano en la apropiación de trabajo ajeno.

¿Copiar al sudeste asiático?

El neo-desarrollismo enfrenta todos estos problemas con el ejemplo práctico del Sudeste Asiático. Si ellos lo han logrado: ¿qué impide a Latinoamérica repetir la misma trayectoria?

Esta imitación es postulada como la gran solución por los autores que ubican a ambas zonas, en un estadio semejante de desarrollo intermedio. Estiman que un buen aprendizaje del sendero transitado por las economías orientales permitirá desenvolver un camino semejante. Sólo se requiere aplicar las mismas políticas de déficit público, tipo de cambio competitivo y promoción del superávit comercial. (13)

Pero el presupuesto de este razonamiento es la convergencia potencial de todas las economías emergentes en un escalón superior que las aproximará a los países centrales. Aquí retoman la vieja idea neoclásica de un ascenso general hacia situaciones de prosperidad, a medida que la modernización se expande por todo el planeta. Sólo este imaginario liberal permite suponer que la copia del Sudeste Asiático asegura el desarrollo de América Latina.

Si se rechaza ese presupuesto del capitalismo -como un sistema abierto a sucesivas incorporaciones de las regiones relegadas- la idea de emular el camino oriental se torna más conflictiva. La propia afirmación de que “Asia lo está logrando y América Latina no”, implica reconocer la existencia de inserciones diferenciadas en el mercado mundial.

Todo el razonamiento falla al ponderar al Sudeste asiático por su expansión, culpando a Latinoamérica por su retroceso. En los hechos ambas regiones quedaron situadas en distintas trayectorias en la nueva etapa de la mundialización y soportan desequilibrios de distinto tipo. La primera región no creció sostenidamente por sus méritos frente a los desaciertos del resto, sino que reiteró la pauta de desenvolvimiento desigual que ha predominado en toda la historia del capitalismo.

Este sistema se rige por principios de competencia despiadada y no suele dar cabida a progresos colectivos. Siempre induce situaciones de gran desigualdad. Lo que cambia en cada etapa son los protagonistas de la prosperidad y la regresión, como resultado de las asimetrías que generan las ganancias diferenciales de las distintas economías. Si todos pudieran desenvolverse siguiendo la misma norma de aproximación al bienestar, desaparecerían las brechas de competitividad en que se asienta el sistema. Nunca irrumpe un escenario virtuoso al alcance de todos.

Reconociendo esta dinámica se puede entender por qué razón América Latina se retrasó frente al Sudeste Asiático. En la estructura jerarquizada del capitalismo global, los países del Extremo Oriente presentaron gran adaptabilidad a un esquema de mundialización que premia la disciplina, el adiestramiento y la baratura de la fuerza de trabajo.

Los autores neo-desarrollistas suelen omitir que el secreto de esa región radica en la superexplotación de los trabajadores. Ese tormento ha sido la condición del milagro exportador. Es cierto que América Latina también cuenta con una gran reserva laboral, pero no reúne las condiciones que optimizan la extracción de plusvalía. En esta región el proceso de industrialización fue previo a los requerimientos de la mundialización actual.

Existen, por ejemplo, numerosas maquilas en Centroamérica que se desenvuelven con patrones semejantes al Sudeste Asiático. Pero nunca alcanzaron el nivel de productividad impuesto por los regímenes autoritarios de Oriente.

La propia dinámica acumulativa del capital consolidó las brechas entre ambas regiones. Una vez iniciado el vuelco de la industria mundial hacia el continente asiático ha resultado difícil contrarrestar esa tendencia con ofrecimientos de mayor baratura salarial. Un modelo de producción globalizada -basado en rivalidades por reducir los costos laborales- no deja mucho margen para la imitación. Todos deben descargar sus productos en un mismo mercado mundial, que no crece a la misma velocidad que el ritmo de fabricación.

Algunos autores neo-desarrollistas eluden estos problemas postulando que la imitación del Sudeste Asiático debe incluir mejoras en los salarios. Pero el contrasentido de esta propuesta salta a la vista. El despunte capitalista de Oriente no se consumó incorporando a esa zona el estado de bienestar europeo, los servicios sociales de Escandinavia o el mercado de consumo de Estados Unidos. Las empresas transnacionales se afincaron con estrategias de explotación extrema de los trabajadores.

Otros pensadores consideran que en el Sudeste Asiático siempre existió una conciencia industrialista que facilitó su expansión fabril. Estiman que esa convicción permitió optar por un modelo exportador que evitó las fragilidades del mercado interno. (14)

Pero lo cierto es que Asia Oriental se industrializó más tarde que América Latina y empalmó con una etapa de mundialización afín a la “producción hacia afuera”. Por esta razón existieron programas disímiles en ambas zonas, que se adaptaron a momentos diferenciados del capitalismo. En las condiciones precedentes de los años 60 nadie hablaba de Corea o Taiwán y las economías intermedias de Latinoamérica eran vistas como la gran promesa del desarrollo.

Suponer que el secreto del crecimiento oriental ha radicado en una inteligente elección de políticas exportadoras que América Latina desconoció, implica confundir las causas con los efectos. El nuevo escenario de la mundialización favoreció a un grupo de países y penalizó a otros, tornando más efectivos los instrumentos crediticios y cambiarios utilizados en Asia para apuntalar el esquema exportador. La existencia de tasas de inversión privadas que duplican en esa región los porcentuales de América Latina es también una consecuencia y no una causa de las diferencias existentes entre ambas zonas.

También se suele atribuir la expansión asiática a la vigencia de niveles inferiores de desigualdad. Mientras que el 10% más rico de la población latinoamericana acapara el 45% del ingreso, en Corea o Taiwán ese porcentaje se reduce al 22-23%. (15)

Pero en África la brecha social ha sido tradicionalmente inferior al promedio latinoamericano y esta diferencia no favoreció su desarrollo. La desigualdad es un rasgo intrínseco del capitalismo que no mantiene relaciones unívocas con las tasas de crecimiento. En algunas economías centrales (como el Norte del Europa) las brechas sociales fueron tradicionalmente bajas y en otros países (Inglaterra, Estados Unidos) fueron elevadas. Esas fracturas no definen las normas de la acumulación capitalista.

La globalización electiva

El neo-desarrollismo vislumbra a la globalización como una gran oportunidad para los países medianos. Estima que ese proceso apuntalará el desenvolvimiento latinoamericano, si se aprovechan las ventajas comerciales evitando los peligros financieros. (16)

Pero nunca aclaran cómo se podría usufructuar de esas conveniencias soslayando sus efectos nocivos. Es evidente que las modalidades comerciales y financieras de la internacionalización están íntimamente conectadas entre sí. Los bancos intermedian en todas las transacciones manejadas por las empresas transnacionales.

La gran “oportunidad comercial” que se realza es la convalidación de la inserción dependiente de América Latina como proveedora de productos básicos. Y lo que se cuestiona como un “peligro financiero” es el endeudamiento descontrolado. Sin embargo, la experiencia histórica indica que a largo plazo esa primarización exportadora recrea la hipoteca de la deuda.

La mirada condescendiente hacia la globalización presupone que esa transformación genera crecientes beneficios para múltiples ganadores. Pero con ese enfoque se olvida a las víctimas del mismo proceso. En el caso latinoamericano, por ejemplo, se reconoce que sólo las economías medianas parcialmente industrializadas podrían participar del cambio en curso. El resto de la región quedaría marginada hasta concluir un camino previo de maduración. De esta forma, la oportunidad de la globalización queda reducida a un grupo de economías y no ofrece mejoras para los demás. (17)

Toda la caracterización es formulada con razonamientos semejantes al viejo liberalismo. Al igual que Rostow se imagina un proceso futuro de creciente aproximación, entre países contagiados por la expansión capitalista. Los participantes elevan paulatinamente su status saltando de la pobreza a escalones intermedios, para converger posteriormente en la modernización. En ese momento todas las naciones alcanzan un nivel satisfactorio de bienestar.

Contra este tipo de fantasías reaccionaba la vieja CEPAL de los años 50-60. Objetaba esa ilusión de convergencias, destacando las polaridades entre el centro y la periferia que genera el propio proceso de acumulación mundial.

Los teóricos neo-desarrollistas mantienen una diplomática adhesión a esa concepción, pero en los hechos estiman que las fracturas tienden a desaparecer en el capitalismo global. Por esta razón diluyen el análisis estructural de las relaciones centro-periferia en miradas benévolas de la mundialización. Suelen postular que “cada país tiene la globalización que quiere y se merece”. (18)

El mercado mundial es visto como un amplio espacio de libertad para lograr las metas ambicionadas por cada integrante. Ya no representa el obstáculo para el desarrollo que subrayaba la CEPAL. Con lenguaje heterodoxo se disimula esta aproximación a la tesis neoclásica.

Los misterios del catch up

El neo-desarrollismo retoma la idea de crecer a través de un proceso de catch up, que permita copiar tecnologías elaboradas por los países desarrollados. Proponen realizar esa absorción a través del estado nacional, para acortar el proceso de maduración de las economías ascendentes.

Esta visión fue inicialmente planteada por Gerschenkron en su estudio de la industrialización, como un proceso de asimilación de tecnologías por parte de los países que se aproximan al capitalismo. Señaló que Inglaterra comenzó esa evolución con la revolución del vapor (1780). Francia utilizó posteriormente ese legado para financiar su expansión fabril con el auxilio de los bancos (1830) y Alemania repitió ese desenvolvimiento mediante una fuerte intervención del estado (1870). Finalmente Rusia aprovechó esta secuencia para apuntalar su crecimiento industrial con gastos militares (1880).

Este proceso era visto como una concatenación de distintas modalidades de industrialización según el origen, las prioridades, el contexto y las motivaciones de sus artífices. Pero en todos los casos se estimaba que las economías retrasadas podían apropiarse de la herencia de sus antecesores. Ninguna fórmula previa aseguraba esta absorción, pero las condiciones institucionales favorables a la acción del empresario y a la integración de los trabajadores facilitaban esa asimilación. Gerschenkron coincidió en 1940-50 con muchos autores impactados por la industrialización soviética y polemizó con los economistas liberales, que promovían la adaptación pasiva de los países subdesarrollados al mercado mundial. (19)

El pensamiento neo-desarrollista retoma esa concepción para postular la utilización de las tecnologías disponibles. Distingue a las economías retrasadas por su capacidad o impotencia para concretar esa captura. Comparte, además, la crítica al pensamiento neoclásico y al espejismo de un avance espontáneo de las economías relegadas siguiendo el faro del mercado.

Pero también supone que basta con elegir una estrategia correcta para ingresar en el círculo virtuoso de la acumulación. Con esta genérica fórmula no explica cuáles son los caminos concretos para concretar ese crecimiento.

El planteo de Gerschenkron es muy contradictorio. Por un lado exalta las enormes posibilidades de copia que tienen los recién llegados, pero al mismo tiempo señala la inexistencia de una norma para usufructuar de esa ventaja. Es una gran oportunidad carente de senderos nítidos para su aprovechamiento. (20)

Afirma que ciertas políticas permiten capturar las tecnologías disponibles, pero no se sabe cuáles son esas orientaciones. Su cronología histórica demuestra que el camino seguido por Francia fue muy distinto al transitado por Alemania o por Rusia. Si cada uno hizo su catch up con una fórmula propia: ¿cuál es la lógica general del acelerado avance de las economías que llegaron tarde?

Los propios ejemplos de esta concepción sugieren que pocos países pueden absorber las técnicas más avanzadas. Hay que estar en carrera para alcanzar al que se ubicó en la punta. Sólo una minoría de potencias coloniales durante el surgimiento del capitalismo y un puñado posterior de ascendentes semiperiferias participaron de ese certamen. El grueso de la periferia no tuvo cabida en el catch up. Cualquiera sea la política asumida por el estado de los países marginados, no se entiende cómo podrían instrumentar esa copia de tecnologías.

Esta misma restricción aparece en el enfoque actual de Bresser, cuando afirma que la globalización es una “oportunidad” para las economías medianas, que ya consumaron su “revolución capitalista”. Señala que el éxito industrial no se alcanza imitando un modelo precedente, sino buscando un camino particular. El catch up parecería brotar de ciertas singularidades que nadie logra explicar de antemano.

Pero con ese razonamiento sólo se sabe lo obvio, es decir que hubo países exitosos y fracasados en el intento de rápida industrialización. Que la tecnología se encuentre disponible no modifica mucho ese contraste, ni aporta explicaciones de lo sucedido. La existencia de esos recursos técnicos no define esos resultados.

La teoría del catch up reconoce la existencia de muchos casos fallidos, que demuestran la insuficiencia de cierta política industrial para garantizar el crecimiento sostenido. Gerschenkron estudió los ejemplos de Dinamarca (que se mantuvo como proveedor pasivo de exportaciones agrícolas), México (que no logró el financiamiento bancario para su industrialización) o Bulgaria (que sólo introdujo cambios en ciertas ramas, sin generar una expansión auto-sostenida). Atribuye el fracaso italiano del siglo XIX a la aplicación de políticas arancelarias desacertadas. (21)

Pero esta evaluación comparada no esclarece si la norma ha sido la preeminencia de economías consagradas o frustradas. Simplemente señala que en un gran pelotón de concurrentes tuvieron posibilidades de llegar a la meta. Aunque la causa del fracaso es situada a veces en el predominio de circunstancias adversas, en general se postula la responsabilidad primaria de políticas económica erróneas.

Desarrollo desigual y combinado

Las comparaciones basadas el catch up pueden esclarecer obstáculos particulares al crecimiento, pero no clarifican la dinámica de la acumulación a escala global. Tampoco ilustran cuáles son las restricciones objetivas que afrontan las economías subdesarrolladas. Como se ignora estas limitaciones parecería que todos pueden aproximarse a una meta, que en los hechos alcanzan muy pocos.

Es el mismo problema que rodea al contraste de América Latina con el Sudeste Asiático. Se supone que la primera región no reproduce por sus propios errores lo que obtuvo la segunda, como si este horizonte estuviera siempre al alcance de los frustrados. La teoría del catch up realza potencialidades que ofrece la tecnología, pero no registra los obstáculos para materializar esa posibilidad. Relativiza, por ejemplo, las restricciones que imponen las patentes o las empresas transnacionales a la utilización de esos recursos.

Ese enfoque divorcia, además, la disponibilidad de las tecnologías de los principios de rentabilidad y explotación que rigen su difusión. Olvida que bajo el capitalismo el “aventajado por llegar tarde” es un competidor que sólo usufructuará de ese atributo, si logra instalarse en el mercado mundial extrayendo una alta tasa de plusvalía a los trabajadores. (22)

La “oportunidad” de esa economía constituye por lo tanto una posibilidad, para las clases dominantes con mayores aptitudes para someter a los asalariados. Como la tradición heterodoxa elude este problema, concentra toda su atención en los estudios comparativos.

El neo-desarrollismo comparte estos problemas al desconocer la vigencia de un orden global estratificado, que obstruye el desenvolvimiento de las economías subdesarrolladas. Omite que las ventajas derivadas de la disponibilidad tecnológica suelen ser inferiores, a las desventajas generadas por la inserción dependiente en la división internacional del trabajo. Aunque la periferia pueda acceder con más facilidad a los nuevos inventos, carece de recursos para utilizarlos provechosamente.

Al razonar desconociendo la subordinación comercial, financiera o productiva de las economías periféricas, se termina imaginando al desarrollo como un proceso resultante de la voluntad exhibida por cada país. El mundo queda dividido entre quienes detentan y carecen de esa facultad, cualquiera sea su ubicación objetiva en la estructura mundial.

Es cierto que en varios momentos de la historia, el ascenso de un grupo de la semiperiferia se registró siguiendo la dinámica del que llegó tarde. Arribaron al mercado mundial con renovadas capacidades para desplazar a las viejas potencias en declive. Trotsky analizó ese ascenso de Alemania frente a Inglaterra a principios del siglo XX, así como el despegue posterior de Estados Unidos frente a Europa. (23)

Pero su enfoque se basaba en una teoría marxista del desarrollo desigual y combinado muy diferente al catch up. Señalaba la imposibilidad de una aproximación de todos los concurrentes a la primacía de las grandes potencias. En contraposición al imaginario liberal (de un progreso al alcance de todos) y de la mirada heterodoxa (de sucesivas ventajas para los retrasados), destacaba que el capitalismo impide el bienestar colectivo por uno otro camino. Consideraba que las desigualdades generadas por la acumulación mundial agravaban las contradicciones de todo el sistema, provocando situaciones más adversas que al inicio del proceso. (24)

Trotsky reconocía las bruscas desarmonías que estudia el catch up. Pero resaltaba los costos padecidos por los retrasados para forzar la expansión de sus economías. Estimaba que los desequilibrios creados por esa aceleración salían a flote en las fases siguientes de la concurrencia global. Este límite -que enfrentaron Alemania y Japón a mitad del siglo XX- podría reaparecer entre los “emergentes” que prosperan al comienzo del siglo XXI.

El deslumbramiento neo-desarrollista con los países asiáticos desconoce estos antecedentes. En el pasado muchas economías no pudieron sostener su salto inicial, cuando debieron confrontar con potencias más afirmadas en la órbita mundial. La fascinación actual con la globalización impide comprender esta contradicción, que habitualmente aflora en las grandes crisis.

De la misma forma que la conformación inicial del capitalismo a favor de las grandes potencias coloniales se consumó a costa de la periferia, el avance industrial contemporáneo de ciertas economías exige el retroceso de su competidor. El país que llegó tarde puede desplazar al que estaba primero, pero alguien debe costear los logros de los exitosos.

El mito liberal de un avance contagiado es tan inconsistente como la creencia heterodoxa de sucesivas imitaciones. Al suponer que el camino abierto por una economía puede ser transitado por todos sus pares se recrea la falacia de la composición.

El curso real del capitalismo está regido por un patrón de desigualdad muy distante de las fantasías de expansión ilimitada. La analogía biológica que se utiliza para graficar esa prosperidad -con imágenes de pasaje de la adolescencia a la madurez económica- omite que también existe la senilidad. No es cierto que el catch up tiende a renovarse una y otra vez con la apertura de nuevas fronteras. El propio capitalismo impone serias restricciones económicas, sociales y ambientales a ese ensanchamiento. (25)

El viraje endogenista

El neo-desarrollismo es afín a las concepciones endogenistas que sitúan todos los obstáculos al desenvolvimiento en el plano interno. También aquí se distancia de Prebisch, que atribuía el subdesarrollo al deterioro secular de los términos de intercambio.

Los sucesores del pensador heterodoxo son cautos en la reconsideración conceptual de este último problema. Simplemente se apoyan en la valorización reciente de las commoditties para justificar su creciente atención a la temática interna. Nadie se atreve a evaluar cuánto durará la apreciación actual de los productos primarios. Esta valorización no impide, además, la continuada transferencia de recursos hacia las economías centrales, a través de mecanismos situados en la órbita financiera o productiva.

El viraje hacia concepciones endogenistas se remonta a la evolución seguida por la CEPAL desde los años 80. Los economistas de ese organismo sintonizaron con los críticos de la teoría de la dependencia, que resaltaban la primacía de los factores internos en el retraso latinoamericano. Consideraban que esa falencia obedecía al manejo irracional de los recursos.

El giro endogenista se consumó en un clima de frustración con la industrialización. Posteriormente el neo-estructuralismo reforzó esa mirada centrada en las flaquezas internas. En los años 90 utilizaron múltiples adjetivos para caracterizar estas fallas y cuestionaron las caracterizaciones del subdesarrollo centradas en la salida de capital, la fragilidad comercial, la vulnerabilidad financiera o la sumisión tecnológica. (26)

En este enfoque el status de cada país queda definido por elecciones internas de progreso o estancamiento. El marco objetivo es desconsiderado y se magnifica la incidencia de las voluntades nacionales. Parecería que África decidió ser esquilmada y América Latina optó el atraso, en contraposición al rumbo de prosperidad adoptado por Europa o Estados Unidos.

Esta simplificación desconoce que el mercado mundial es un ámbito de inequidad. La interdependencia formal entre todos países encubre relaciones de supremacía y sometimiento. Es evidente que Estados Unidos utiliza patrones muy diferentes en sus relaciones con Alemania y Haití.

El endogenismo diluye las diferencias que separan a los países periféricos y centrales. De un cuestionamiento inicial a las visiones que exageraban la transferencia de ingresos padecida por el primer grupo, pasó al desconocimiento de esas hemorragias. No sólo relativiza el impacto del endeudamiento, la remisión de utilidades o el drenaje de la renta. También ignora que la desigualdad es un dato intrínseco de la acumulación a escala mundial.

El capitalismo se desenvuelve recreando las brechas entre economías disímiles. Estas fracturas son proporcionales a la escala alcanzada por la reproducción del capital. Cuánto más elevada es la inversión y la productividad, mayor intensidad tienen la competencia y los desequilibrios que segmentan al mercado mundial.

En la última década la tradición endogenista empalmó con el neo-desarrollismo, en el nuevo marco sudamericano de revalorización de las materias primas, alivio de la deuda externa y ampliación de los márgenes de autonomía geopolítica. Este escenario induce a postular que la inserción internacional primaria ya no representa un obstáculo al desarrollo, si se implementan políticas adecuadas para afianzar el crecimiento.

¿Primacía mundial o local?

El giro endogenista ha sido también el principal cimiento de la esperanza neo-desarrollista en lograr una copia del avance asiático. Atribuye explícitamente el ascenso oriental a la oportuna selección de modelos industrializadores.

Pero no observa que este caso refuta la gravitación asignada a los determinantes internos. Sólo la vigencia de una nueva etapa de capitalismo internacionalizado permitió aprovechar la mano de obra barata asiática para fabricar a escala global. Y ese mismo condicionante externo impide la reproducción internacional del mismo modelo. Esa recreación generaría excedentes que no podrían colocarse en ningún mercado.

El neo-desarrollismo no registra este límite porque supone que el capitalismo regenera inagotables espacios de crecimiento ulterior. Esta complaciente mirada determina un punto de encuentro con sus adversarios neoliberales. Ambos comparten la misma confianza en la existencia de trayectorias despejadas para la acumulación, si se aplican acertadas estrategias de crecimiento. Esta expectativa también supone la vigencia de un tablero internacional de alta movilidad, mutación de hegemonías y multipolaridad. (27)

Pero no existe ningún indicio que estas modificaciones geopolíticas favorezcan en bloque a la periferia. Podrían mejorar en forma acotada la situación internacional de algunas semiperiferias a costa de otras y en desmedro general de los oprimidos. Conviene recordar que todos los participantes en el escenario de la mundialización neoliberal, aceptan los cimientos sociales de un estadio basado en el atropello del capital al trabajo.

Las miradas neo-desarrollistas actuales refuerzan su proximidad con los pensadores endogenistas -que siguiendo las tesis de la sociología histórico-comparativa- realzan la gravitación conceptual del estado nacional. Este enfoque se contrapone con la teoría del sistema-mundo que remarca la primacía analítica del orden global, incorporando parte del enfoque centro-periferia.

Las visiones del sistema-mundo y las miradas de la sociología histórico-comparativa confrontaron tradicionalmente en los debates historiográficos sobre el origen del capitalismo. Mientras que la primera vertiente estimó que la inserción de cada economía en el orden internacional definió el curso de su economía, la segunda concepción atribuyó mayor incidencia a las condiciones internas. Con abordajes metodológicos centrados en el capitalismo global o en el estado nacional, esas controversias buscaron dilucidar enigmas sobre el origen del capitalismo. (28)

Pero los debates actuales indagan fenómenos derivados de la madurez de ese sistema que exigen fundamentos de otro tipo. Las explicaciones sobre los mecanismos que facilitaron el surgimiento del capitalismo, no resuelven las incógnitas contemporáneas sobre el devenir de este sistema. La influencia predominante del mercado mundial o de las estructuras pre-capitalistas locales en el ocaso del feudalismo plantean problemas muy diferentes, a la primacía de la mundialización económica frente a la multipolaridad política en el comienzo del siglo XXI.

El legado conservador

El neo-desarrollismo se ha distanciado del espíritu crítico que signó a la heterodoxia de los años 60 y 70. También abjura del espíritu radical creado por la revolución cubana, que indujo a esta corriente a incorporar propuestas de distribución del ingreso.

Esa apertura de la CEPAL al pensamiento progresista quedó abruptamente anulada con el predominio posterior de concepciones neo-estructuralistas. En los años 80 archivaron las alusiones a la desigualdad centro-periferia y sepultaron las propuestas de reforma social. Propagaron, además, sus propias recetas de privatización, apertura comercial y flexibilidad laboral, con actitudes de resignación y cuestionamientos al desarrollismo tradicional. (29)

Ese giro incluyó la participación directa de los discípulos de la CEPAL, en la implementación de programas de ajuste adornados con retórica heterodoxa, como el Plan Austral en Argentina o el Plan Cruzado en Brasil.

El neo-desarrollismo actual es un ahijado de esa trayectoria conservadora. Por eso refuerza la extinción de la CEPAL como referencia del pensamiento crítico. Esa institución se ha transformado en un organismo técnico de seguimiento de la coyuntura, que evita cualquier comentario molesto para el establishment.

Los teóricos neo-desarrollistas exhiben ambiciones más acotadas que sus antecesores, convalidan la especialización primario-exportadora y abandonan el léxico antiimperialista. Es cierto que intentan recomponer la alicaída gravitación de la industria, pero sólo introduciendo leves ajustes al interior del mismo bloque dominante. Promueven subsidios a los capitalistas manufactureros, en desmedro de la enorme porción apropiada por los sectores financieros y buscan un nuevo equilibrio con el agro-negocio.

El neo-desarrollismo estima que su moderado industrialismo puede prosperar en el marco geopolítico actual de cierto distanciamiento sudamericano de Washington. Pero sobrevalora el alcance de ese alejamiento y parece desconocer la enorme incidencia que tiene la continuidad del patrón económico agro-exportador.

Sus teóricos alientan políticas económicas distintas a la ortodoxia neoclásica. Pero no aceptan rupturas significativas con el neoliberalismo y comparten más terrenos con esta vertiente que con su precedente desarrollista. (30)

El neo-desarrollismo converge con las propuestas de incorporar mayor regulación estatal al capitalismo neoliberal para estabilizar su funcionamiento. Al cabo de varias décadas de privatizaciones, desorden financiero y descontrol de los negocios, el sistema imperante necesita reintroducir mayor control público, para acotar los desequilibrios que genera el reinado de la ganancia.

Las teorías neo-desarrollistas suelen describir futuros promisorios para América Latina, si se adoptan modelos de competitividad cambiaria, fiscalidad responsable y moderación salarial. Pero conviene analizar estas propuestas a la luz de experiencias ya ensayadas en la región. La economía argentina de la última década ofrece el principal ejemplo para esa evaluación.

- Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:
1) Una descripción de este impacto en: Azcurra, Fernando Hugo, (2011), “Las diez tesis sobre el Nuevo Desarrollismo elaboradas por economistas heterodoxos”, disponible en: www.pctargentina.org/ febrero.
2) Una síntesis en: Sicsu Joao, De Paula Luiz, Renaut Michel, (2007), “¿Por qué novo desenvolvimentismo?”, Revista de Economía Política, n 4, vol 27, outubro-dezembro.
3) Es la tesis que expone: Stiglitz, Joseph (2010). Caída libre, Buenos Aires, Taurus (pag 12-16, 31-59).
4) Sunkel, Osvaldo, (2007), “En busca del desarrollo perdido”, en Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, Buenos Aires, CLACSO.
5) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag. 117-130, 173-180).
6) Ferrer Aldo, (1996), ¨Raul Prebisch y los problemas actuales de América Latina¨, Ciclos, n 10, 1er semestre. Ferrer, Aldo, (2010), “El nuevo desarrollismo”, Miradas al Sur, 6-11-2010. Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag. 109).
7) Rodríguez, Octavio, (2007), “La agenda del desarrollo”, en Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, Buenos Aires, CLACSO.
8) Costa Oreiro José Luis da, (2012), “Novo-desenvolvimentismo, crescimento econômico e regimes de política macroeconómica”, Estudos Avancados, vol.26, no.75, São Paulo, May/Aug.
9) La enorme inestabilidad política que rodeaba a las experiencias desarrollistas del pasado dificulta su balance. Es lo que como ocurrió, por ejemplo, con el emblemático caso del gobierno argentino de Frondizi en los años 60.
10) Es la prioridad que resalta Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011), “From the National-Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America”, Latin American Perspectives, May, vol. 38, no. 3.
11) Esta crítica en: Fiori José Luis, (2011), “La miseria del nuevo desarrollismo”, disponible en www.laondadigital.com
12) Fajnzylber, Fernando, (1983) La industrialización trunca de América Latina, México, Editorial Nueva Imagen.
13) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 119-143).
14) Palma Gabriel (2006) “Diferenciarse de China, India y Brasil”, disponible en www.pagina12.com.ar/diario/suplementos, 14-7.
15) Palma Gabriel (2006) “Diferenciarse de China, India y Brasil”, disponible en www.pagina12.com.ar/diario/suplementos, 14-7.
16) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 27-60).
17) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 57-60).
18) Ferrer Aldo, (1996), ¨Raul Prebisch y los problemas actuales de América Latina¨, Ciclos, n 10, 1er semestre.
19) Gerschenkron Alexander, (1970), Atraso económico e industrialización, Barcelona, Ariel (pag 7-9, 46-48, 51-52, 87, 142,170-185)
20) Esta crítica en: Selwyn Ben, (2010), “Trotsky, Gerschenkron and the political economy of late capitalist development”, Economy and Society, vol 40, n 3.
21) Gerschenkron Alexander, (1970), Atraso económico e industrialización, Barcelona, Ariel (pp 25-26, 45, 182, 93-94, 100-136)
22) Burkett, P, Hart-Landsberg, M, (2003), “A critique of ‘catch-up’ theories of development”, Journal of Contemporary Asia, 33(3).
23) Trotsky León, “Europa y América”, en ¿Adónde va Inglaterra? (1925-1926), disponible en: grupgerminal.org.
24) Davidson Neil, (2006) “From uneven to combined development” in Permanent Revolution: Results and Prospects 100 Years, Pluto Press. Trotsky, León (1972) Resultados y perspectivas, Buenos Aires, CEPE.
25) Ver: Wallerstein Immanuel, (1982), “Who wants still more development? Fernand Braudel Center, Annual Meeting of American Sociology Associaton, 6-10. Wallerstein Immanuel, “Development: Lodestar or illusion?” (1987), Fernand Braudel Center, 22.october.
26) Ver crítica en: Osorio Jaime, (2009) Explotación redoblada y actualidad de la revolución, México, ITACA, UAM, (pag 74-78, 169-192).
27) Dos críticas en: Amin Samir, (1988), La desconexión, Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional. Castelo Rodrigo, (2012), “O novo desenvolventismo e a decadencia ideológica do pensamento económico brasileño”, Serviço Social e Sociedade, n 112, outubro-dezembre, Sao Paulo.
28) Ver: Theda Skocpol, (1977) “Wallerstein's World Capitalist System: A Theoretical and Historical Critique”, The American Journal of Sociology, vol 82, n 5. Wallerstein Inmanuel, (2005) Análisis de sistemas-mundo, una introducción, México, Siglo XXI, (pag 1-35 ).
29) Ver: Kay Cristóbal, (1998). “Estructuralismo y teoría de la dependencia en el período neoliberal”. Nueva Sociedad, n 158, diciembre.
30) Tres cuestionamientos de este tipo en Fontes Virginia, (2010), “Novas encruzilhadas e velhos fantasmas”, Carcaghnolo Marcelo, (2010) “Neoconservatismo com roupagem alternativa”, Encruzilhadas da América Latina no seculo XXI, Rio de Janeiro, Pao e Rosas. Goncalves Reinaldo,(2012), “Novo desenvolvimentismo e liberalismo enraizado”, Serviço Social e Sociedade, n 112, outubro-dezembre , Sao Paulo.

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Entrevista a Adriana Carrillo (Samantha), trabajadora sexual de Guatemala: “Todo lo que se salga de la llamada moral sexual normal es mal visto”

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Intentar denigrar a alguien diciéndole que es un “¡hijo de trabajadora sexual!”, insulto por lo demás raro (¿quién lo proferiría así?), puede resultar hilarante, disparatado incluso. Por el contrario, ser un “¡hijo de puta!” tiene un peso categórico, lapidario. Ser “puta” en nuestra occidental y cristiana sociedad, conlleva una carga de discriminación muy difícil de soportar. El cuerpo femenino, desde toda una historia milenaria, es el lugar del goce… y de la indecencia. Vender servicios sexuales está estigmatizado, aborrecido.

Pero, ¿qué dice de ello alguien que por años se dedicó a ese oficio? Adriana Carrillo (Samantha), 33 años, es hoy la Coordinadora Nacional de la Red Latinoamericana y del Caribe de Mujeres Trabajadores Sexuales -REDTRASEX- Capítulo Guatemala (con sede central en Buenos Aires, Argentina) y Coordinadora de la guatemalteca Asociación Mujeres en Superación -OMES-. Definitivamente la cuestión es mucho más compleja (¡infinitamente más compleja!) que una cuestión de “dudosa moralidad”, que “mujeres de vida fácil”, que “vicios” o “pecados”. En todo caso, se presentifican allí ancestrales mitos y prejuicios, hipocresías y dobles discursos que, si bien están aún muy lejos de desaparecer, al menos comienzan a cuestionarse. “Desde tiempos inmemoriales el poder masculino utilizó a la mujer como objeto sexual, y los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos. Pero luego se marginaliza a la mujer que hace eso, se la tilda de pecadora. ¿No es una injusticia eso?”, reflexiona Samantha. Para contribuir a ese cuestionamiento, a esa radical y necesaria crítica de la moral conservadora que sigue pesando sobre la amplia mayoría de la sociedad, Argenpress dialogó con ella por medio de su corresponsal en Centroamérica, Marcelo Colussi, en la ciudad de Guatemala. Producto de ello presentamos aquí la siguiente entrevista.


_________

Pregunta: En nuestro contexto latinoamericano un varón que tiene muchas mujeres, un “puto” en el lenguaje popular centroamericano en Argentina “puto” es sinónimo de homosexual; deberíamos decir un “mujeriego”, un “Don Juan” es tolerado, o incluso alabado en círculos masculinos; por el contrario ser una mujer con muchos hombres, una “puta”, es una ignominia, una deshonra. ¿Qué decir de esto?

Samantha: Eso no sólo es latinoamericano: es mundial. Tiene que ver con el machismo, con el sistema patriarcal que nos domina, que siempre engrandece al hombre y pone a la mujer por el piso. Tener muchas mujeres denota hombría, pero de ese modo la mujer sigue estando muy estigmatizada. Si tiene la misma libertad sexual que tiene un varón, la sociedad machista la ve mal, la juzga, la discrimina. Dice de ella que no tiene principios ni valores, que es algo malo, incluso despreciable. Ser “puta” tiene la característica de algo decadente, terrible. Pero también puede tener un sentido de halago, de felicitación: si alguien hizo algo muy bueno es un cabrón, un ¡hijo de puta! “¡Qué hijo de puta, mirá lo que consiguió!”, por ejemplo. O sea que la palabra puede tener los dos significados, aunque se usa mucho más para herir que para halagar. Hoy por hoy en nuestra cultura la mujer que tiene relación con varios hombres está tan desvalorizada que es un insulto. Es sólo un objeto sexual al que no se valora como ser humano. ¿Pero por qué eso tiene que ser así? ¿Por qué no es igual con los varones? Hoy día ya hay mujeres que hemos decidido usar nuestro cuerpo como queremos, y en muchos casos optamos por trabajar con él. En ese sentido, somos como cualquier trabajador, con nuestros propios derechos, con nuestros propios pensamientos. Una trabajadora sexual, es decir: aquella mujer que decidió trabajar sexualmente con su cuerpo cobrando por el servicio que ofrece, trata de reivindicar lo que hace, y por ende, reivindicar el cuerpo de la mujer, que es otra forma de decir que intenta reivindicar a todas las mujeres en el medio de una sociedad terriblemente machista y patriarcal. Una trabajadora sexual es alguien que vende un servicio, que hace una transacción comercial. Hay muchas mujeres que sin llamarse trabajadoras sexuales tienen este comercio, esta transacción comercial con varones: es un negocio, un intercambio económico: te doy algo a cambio de algo, así de simple. Quien desarrolla ese trabajo no está reivindicada como trabajadora, porque nuestra sociedad sigue siendo muy prejuiciosa, y cuando se habla de sexo continuamos moviéndonos con patrones sumamente machistas. De ahí que se diga que esto es malo. Pero no hay bueno y malo en sí mismo; eso lo decide la sociedad. ¿Quién dice que ejercer este trabajo es malo? ¿Quién lo decide?

Pregunta: ¿Qué hace que una mujer pueda dedicarse a este oficio?

Samantha: La sociedad machista desde tiempos inmemoriales puso en menos a la mujer, la prostituyó, la rebajó, la convirtió en simple objeto para el uso masculino. Las mujeres desde toda la historia venimos sufriendo esta violencia patriarcal, que en definitiva es una violencia política. La mujer nunca podía decidir, no tenía voz y voto. Ahora, si bien hay mucho que cambiar todavía, ya empezamos a hacernos escuchar, nuestra voz comienza a escucharse. Las mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales lo hacemos porque vemos que es un negocio rentable. Aclaro que no cualquier mujer, por razones psicológicas muy personales, puede ser una trabajadora sexual, puede tener relaciones sexuales con cualquier hombre y cobrando. En cambio una trabajadora sexual es eso mismo ante todo: una trabajadora. O sea que tomamos nuestra actividad como un trabajo, no como una relación sentimental. Es como una profesión: se hace con seriedad profesional, porque cobramos por el servicio, por tanto hay que hacerlo bien, sin involucrarse afectivamente. Para la sociedad machista puede parecer muy grotesco lo que hacemos, pero para nosotras no: es un trabajo bien remunerado, y punto.

Pregunta: Una trabajadora sexual ¿quiere salir de la vida que lleva? ¿Se puede arrepentir en algún momento del trabajo que realiza?

Samantha: Las trabajadoras sexuales no nos arrepentimos del trabajo que hacemos. Y aquí hay que hacer una diferencia muy importante: hay mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales por propia decisión, y hay otras mujeres explotadas en el contexto de la prostitución, la trata, el proxenetismo y la esclavitud sexual. Ellas sí son explotadas; ellas no eligieron esa vida de martirio. Ellas sí quieren salir de ese contexto de explotación, abuso y violación de sus derechos. Esas mujeres no se arrepienten de su acto propiamente dicho: en todo caso se arrepienten y quieren salir del mundo de explotación y violencia en que se encuentran. Ellas sí son violentadas, violadas en sus derechos, marginalizadas. Ellas sí tienen mucho de que arrepentirse, porque su vida es un verdadero martirio, porque viven explotadas. Pero una trabajadora sexual no, porque estamos empoderadas, somos luchadoras, tenemos claro qué queremos. En definitiva, porque tenemos una posición política clara en la vida. No nos arrepentimos sino que estamos orgullosas de ser lo que somos. Por ejemplo, compañeras mías que se dedican a este trabajo, en unos años, tomando conciencia de sus derechos, sabiendo hacerse valer, han tenido un cambio fabuloso. Asombra verlas ahora, empoderadas, luchadoras, tan distintas a cómo eran 10 o 15 años atrás. Estas mujeres, entre las que me incluyo, ahora sabemos a dónde queremos ir, tenemos metas claras, tenemos un proyecto. Eso es muy distinto de las compañeras que son víctimas de la prostitución, porque ellas aún no han pasado por este proceso de empoderamiento. Son víctimas, están bajo el mando de quien las regentea, sufren todos los acosos de proxenetas, a veces también de la policía, del Estado, y además de los prejuicios sociales que las excluyen. El mundo masculino las usa -¿qué varón no ha ido con prostitutas?- pero al mismo tiempo, con la doble moral que reina, las discrimina, las criminaliza. Una trabajadora sexual, por el contrario, es como una cuentapropista: vende un servicio y se pone de acuerdo con su precio. Se establece el contrato con el cliente: ¿qué querés: sexo anal, oral, poses, masaje sensual, querés acompañamiento afectivo, querés hablar, querés que te escuche, querés ir a cenar? Es una transacción comercial, y ahí nosotras, como trabajadoras por cuenta propia, no perdemos.

Pregunta: Una prostituta, una mujer prostituida, por el contrario, no gana lo que quiere. Es decir: es una trabajadora explotada, alguien más se queda con parte, con buena parte de la ganancia que ella produce con el, por así decirlo, sudor de su frente.

Samantha: Exacto. La trabajadora no tiene la retribución económica justa por su trabajo, porque se lo roban, porque tiene un proxeneta que la explota. Si la mujer no ha decidido por voluntad propia estar donde está, lo suyo deja de ser un trabajo independiente, como es el caso de las trabajadoras sexuales, que trabajamos con pasión, con orgullo de lo que hacemos, con entusiasmo. Para la mujer prostituida su trabajo sexual es una carga pesada, una obligación, además de todo juzgado despreciativamente por la sociedad. Vivimos una moral horrible, porque la sociedad utiliza a las prostitutas, pero luego las desprecia, y todo lo que se salga de la llamada moral sexual normal es mal visto. La religión oficial ayuda a ese desprecio, pues una prostituta, al igual que un homosexual o un travesti, dice que no heredará el reino de los cielos, pues supuestamente somos pecadores. Si es cierto que Dios existe, en todo caso ¿por qué cuestionaría a una mujer que vendiendo su cuerpo dio de comer a sus hijos y los crió? ¿Quién dice que eso es un pecado?

Pregunta: Un empresario que no paga impuestos, ¿es un pecador también? Y los que deciden las guerras, que no somos la gran mayoría silenciosa de la gente, ¿no son pecadores?

Samantha: ¡Por supuesto! Aquí hay demasiada hipocresía. ¿Quién decide qué es pecado y quién no? ¿Dios lo mandó decir acaso? Es una sociedad hipócrita, con doble moral la que pone esos parámetros. Desde tiempos inmemoriales el poder masculino utilizó a la mujer como objeto sexual, y los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos. Pero luego se marginaliza a la mujer que hace eso, se la tilda de pecadora. ¿No es una injusticia eso? Para una trabajadora sexual es gratificante saber que nadie la explota, que hace valer sus derechos y que con su trabajo, elegido libremente, puede mantener a su familia, tal como es mi caso por ejemplo. Lo que sucede es que las sociedades siguen siendo terriblemente machistas y patriarcales, por eso la mujer que tiene varios hombres es mal considerada, denigrada, deshonrada. ¿Pero quién es el justo y quién el injusto? ¿Quién es verdaderamente el pecador en todo esto?

Pregunta: En Guatemala específicamente, o en toda Latinoamérica ¿qué hay más: mujeres prostituidas manejadas por redes de trata y proxenetismo, o trabajadoras sexuales independientes?

Samantha: No disponemos de los datos exactos, pero te diría que en toda Latinoamérica y el Caribe aproximadamente un 70% de mujeres que venden sus servicios sexuales lo hacemos por propia elección. Es decir: somos trabajadoras sexuales independientes. Pero ahí habría que incluir una enorme cantidad de mujeres que, sin decirse explícitamente trabajadoras sexuales, tienen transacciones sexuales con un hombre. Puede incluirse ahí al ama de casa monogámica que mantiene una relación extramatrimonial, por ejemplo. Ahora bien: saber con exactitud cuántas mujeres son víctimas de la trata, de la esclavitud sexual, de la explotación por parte de redes criminales de proxenetismo, eso es un dato muy difícil de tener, porque se mueve muy en las sombras. Nosotras, las trabajadoras sexuales asociadas, organizadas en nuestras asociaciones y debidamente empoderadas, no queremos que se nos asimile con las mujeres violentadas y manejadas por estas redes, porque eso nos pone en un pie de igualdad con aquellas mujeres a las que no se les respetan sus derechos. Si nos encajonan en ese mismo paquete y nos ponen como mujeres en prostitución, nos ponen en una situación de indefensión, siendo justamente todo lo contrario lo que buscamos con nuestras organizaciones. Es decir: queremos dar el mensaje de empoderamiento, de hacer valer nuestros derechos, de que nosotras decidimos sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. Pero hay que decir que lamentablemente hay una enorme cantidad de mujeres jóvenes, menores de edad en muchos casos, víctimas de estos negocios ilegales, de la trata, del turismo sexual, de la esclavitud. Y eso claramente es un problema político. Por eso los gobiernos deben tomar cartas en el asunto y desarrollar acciones fuertes, contundentes.

Pregunta: ¿Los diferentes Estados de la región latinoamericana tienen políticas específicas sobre estos temas?

Samantha: No hay políticas públicas como tales. Existen leyes contra la violencia sexual y la trata de personas. La prostitución está penalizada por la ley, y en realidad no hay un reconocimiento del trabajo sexual independiente. Para arreglar un poco toda esta terrible situación de mujeres en prostitución, en trata y en dependencia de redes de proxenetismo, los Estados deben partir por reconocer de una vez el trabajo sexual independiente, que es la única manera de comenzar a combatir en serio la explotación y la esclavitud sexual. Las mujeres que estamos en este negocio no tenemos que llevar la culpa a cuesta, la infamia, la marginación. Las mujeres que están prostituidas deben ser vistas como víctimas y reivindicárselas, no excluirlas y estigmatizarlas.

Pregunta: La prostitución está prohibida, es cierto. Pero ¿por qué? Si lo vemos desde el punto de vista sanitario, es sabido que las mujeres que venden sus servicios sexuales son las que más se cuidan de enfermedades de transmisión sexual siendo un grupo muy poco contagiado con el VIH, justamente a raíz de esos cuidados. De hecho, por diversas cuestiones que hablan de la doble moral reinante, hay muchas más amas de casa monogámicas y heterosexuales portadoras de VIH que mujeres de la comunidad de trabajadores sexuales o prostituidas. ¿Por qué se prohíbe la prostitución entonces, y por qué la “mala de la película” es la mujer parada en la esquina que ofrece su cuerpo?

Samantha: En realidad la mujer prostituida es una víctima. Se la penaliza a ella y se la lleva presa, pero ella es el eslabón más débil de la cadena, la que paga las consecuencias. Ella es víctima de una explotación brutal, económica, moral, social. Ella no elige estar ahí: la ponen a la fuerza. La ley dice que hay que llevar preso al proxeneta, al que está en el negocio de la trata, al que obliga a las mujeres, en muchos casos menores de edad, a desarrollar ese negocio. Pero así como se aplican las leyes, lo que menos se combate es la explotación, la trata y la esclavitud. La que sale más perjudicada es la mujer prostituida. La sociedad machista hace caer su peso sobre la mujer, y mete en el mismo saco también a la trabajadora sexual, como si fuera una víctima de la prostitución; pero así no se arregla nada. Nosotras no somos un problema. Por el contrario, somos parte de la solución

Pregunta: ¿Algo más para agregar, ya sobre el final de la entrevista?

Samantha: Las trabajadoras sexuales a nivel de toda Latinoamérica exigimos a los Estados y a la sociedad, a nivel general, que pongan mucha atención a lo que estamos haciendo. La legitimidad la tenemos, pero ahora exigimos la legalidad. Somos legítimas trabajadores independientes, pero ahora queremos una legalidad que afiance nuestros derechos, que nos dé un lugar social reconocido como solución y no como foco de problemas, que somos seres humanos que queremos aportar alternativas de solución.

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Argentina: Salarios, AUH y jubilaciones: al ritmo del candombe del "siempre menos"

Gastón Ramírez - Esteban Mercatante (PUNTO DE DESEQUILIBRIO)

Cada vez que se anuncia un nuevo dato de la inflación, vuelve la polémica entre los valores que anunciarán los funcionarios y aquellos que surgen de las mediciones privadas. No podía ser de otra manera, ya que las cifras del IPC-Nu presentado en febrero, en reemplazo del IPC destruido por el ex Secretario de Comercio Guillermo Moreno, que amagaron con devolverle algo de credibilidad a las estadísticas oficiales aunque con numerosos puntos oscuros, vuelven a atravesar el mismo sendero de falta de credibilidad que las de su predecesor, ya que mes a mes presentan datos de inflación que se van alejando más y más de los que indican otros índices, reproduciendo las dudas sobre la solvencia del nuevo índice oficial. Según el Ministerio de Economía la inflación acumulada a junio es del 15%, cuando para las mediciones privadas o la que elabora el Congreso arrojan más de 21,5%.

Lo que está en discusión es cuánto pierden los trabajadores, ya que invariablemente, aún con los benevolentes datos oficiales, el resultado en negativo para los salarios en la carrera con los precios. Según estudios publicados recientemente el poder de compra de la masa salarial cayó un 5,2% en el primer trimestre, respecto de un año atrás. Si contamos el conjunto de los ingresos de la población (salarios, jubilaciones, planes sociales) estos se redujeron un 4,8% respecto del primer trimestre de 2013. Ud. se preguntará, pero ¿Cómo? ¿No hubo paritarias, actualizaciones de las jubilaciones y de la asistencia social? Si, claro, pero las subas están por detrás de la inflación. Lo que a un desprevenido podría parecerle más, es sencillamente, menos. Veamos.

En el caso de las jubilaciones pese a la ley de movilidad, el incremento del 11,3% de Marzo, con una inflación acumulada del 13,5 (según el Indec) entre Enero y Mayo, estaría agotado a partir de Julio. Si tomamos el IPC Congreso para el mismo período la inflación acumulada es del 18.5%, con lo cual ya se licuó en Junio el aumento de Marzo. En el caso de las prestaciones sociales como la Asignación por Hijo o el programa PROGRESAR, éstas habrían subido en una cifra cercana al 31% en el primer trimestre. Pero la asignación por hijo, que se ajustó en junio, no variaba desde igual mes del año pasado. Es decir que con el aumento que rige desde julio, comparado con una inflación que ronda entre el 36% y el 40% anual (y mayor aún en los alimentos y otras partidas de consumo básico), en términos reales habría perdido un 3,1% en su poder de compra, respecto al primer trimestre de 2013 (ver acá).

Aquellos trabajadores que se encuentran registrados tuvieron una reducción de su poder de compra cercano al 5% en el primer trimestre del año respecto a igual período del año pasado. Sin embargo, si analizamos por sectores existe una gran disparidad. En el caso de los empleados de comercio la suba del 27% anual significa una baja del 9% y en el caso de los trabajadores de la construcción la paritaria del 30% anual se traduce en una baja del 5% en su poder de compra.

Para el sector de salarios más elevados, al efecto poda de la inflación, se suma la quita del impuesto a las ganancias que arbitrariamente aplican sobre el salario (que no es ganancia). Un empleado bancario con dos hijos luego de una paritaria del 29% descontando el pago de ganancias y por efecto de la inflación tiene una reducción del 16% de su poder de compra. En el caso de los metalúrgicos con un aumento del 30% la caída por ambos efectos es del 17%. No es una sorpresa, ni algo que ocurre recién este año. Según publica el Observatorio del Derecho Social de la CTA, desde 2006 hasta hoy, los agremiados en la UOM acumulan una pérdida de 7,69% en comparación con la inflación acumulada en el mismo período. Otro gremio que también muestra un fuerte retroceso es la UTA, que muestra una evolución salarial que perdió 3,13% respecto de la inflación. En el caso de los estatales, el salario de convenio se encontrará a comienzos de 2015, según la misma fuente, un 28,2% por debajo del nivel de comienzos de 2007.

Los aumentos de los salarios por debajo de la inflación no son una casualidad o el resultado fortuito de la marcha de los mercados. Por el contrario, es una decisión del gobierno y las patronales (con el apoyo de la burocracia sindical). Para el gobierno y las patronales, los aumentos presuntamente “desdemedidos” de los salarios son el gran culpable de la inflación. Por eso, más aún después de la devaluación de enero, redoblaron la presión para moderar las subas, con colaboración de la mayor parte de las conducciones sindicales. Al pactar paritarias que no alcancen la suba de precios, se aseguran que no baje (sino más bien que suba) su rentabilidad. Lo que pierden los trabajadores se lo llevan los empresarios. Por ejemplo, el caso de Quickfood (Paty) acaba de dejar en la calle a 250 familias, sin embargo, como parte de este proceso de ajuste espera mejorar sus ganancias que para el primer trimestre del año ya acumulan $12 millones. En los gremios afiliados en la CGT Balcarce, sólo donde está la izquierda como en alimentación se perforó los techos que buscaba imponer el gobierno.

Con la caída del poder adquisitivo de los salarios, se cae también uno de los presuntos logros del modelo: “la recuperación del salario”. Recuperación que, lejos de ser un resultado de la política oficial, como explicamos acá lo es del cambio en las condiciones de empleo, y que por el contrario la política kirchnerista buscó contener desde 2006 con los techos para las paritarias, subordinado completamente la recomposición salarial al mantenimiento de altos márgenes de ganancia. El resultado está a la vista: Según el propio Indec el 40% de las familias perciben ingresos por menos de 6.700 pesos por mes, cuando la canasta familiar para no ser pobres ronda los pesos 10.000.Si los empresarios se la llevaron (y siguen llevando con pala), los trabajadores (en blanco) que tuvieron que esperar recién a 2007 para recuperar el poder de compra del salario previo a la devaluación del 2001-2002, con enormes disparidades entre gremios; y con la inflación y los techos más bajos que imponen los tiempos de ajuste, ahora pierden junto a los trabajadores en negro (los que más pierden) los jubilados, y quienes cobran planes sociales. Este deterioro vuelve a acrecentar la brecha de ingresos. Y esta situación de mayor desigualdad se corrobora en el deterioro en la distribución del ingreso familiar (a favor de los que más ganan) con una suba del Coeficiente de Gini de 0.09 (mayor suba significa más desigualdad en la distribución del ingreso), comparando el primer trimestre del año respecto al último trimestre del año pasado.

Aunque el gobierno se esfuerce en negarlo, con ayuda de los medios oficialistas, estamos ante un año de caída de los salarios, a lo que se suma, en un marco de creciente desmejora de la actividad económica y con patronales que suspenden y despiden, un panorama del empleo tampoco es nada alentador. Hoy, para fortalecer la pelea de los trabajadores por defender sus condiciones de vida frente a los ataques del gobierno y las patronales, con colaboración de la burocracia sindical, es necesario jugarse con todo al triunfo de luchas “testigo” como la de los trabajadores de Lear, EMFER-ATSA. Es un punto fundamental para desbaratar el ajuste en marcha.

http://puntoddesequilibrio.blogspot.com.ar

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Entrevista a Nora Cortiñas: "La juventud es el presente"

Trinidad Mele Helguera, Martín Drago, Florencia Abelleira (OTRO VIENTO)

Con 84 años Nora Morales de Cortiñas está presente en cualquier evento donde se reclame por los Derechos Humanos y la liberación del pueblo. Es una de las catorce madres que en abril de 1977 se juntaron por primera vez en Plaza de Mayo para reclamar por la aparición de sus hijos desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.

Carlos Gustavo Cortiñas, fue secuestrado en inmediaciones de la estación de trenes de la ciudad de Castelar, el 15 de abril de 1977, cuando tenía 24 años. Militaba en la Juventud Peronista, junto al Padre Mugica en la villa 31.Desde ese entonces Nora nunca dejó la plaza de las mujeres con pañuelos blancos. Todos los jueves a las 15:30 se encuentran allí para reclamar por verdad y justicia.

Es psicóloga social y profesora en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Además, forma parte junto a Adolfo Pérez Esquivel de la iniciativa en defensa e integración de los pueblos de nuestra América, Diálogo 2000.

Entre medio de charlas en universidades, apoyo a la Carpa Villera y viaje a Las Heras en reclamo de justicia para los petroleros procesados, esta Madre con mayúscula se hizo un tiempo para recibir a Otro Viento.

¿Por qué quiso estudiar psicología social?

Alumnas de una escuela de Pichón Riviere venían a hacernos notas a nosotras, las Madres, para sus exámenes. Un día, una de las chicas que venía a hacer su trabajo me dijo: "Nora, por qué no estudias Psicología Social si ustedes (por las Madres) llevan adelante todos los días la práctica de Pichón Riviere. Se juntaron, formaron un grupo, luego repartieron roles". Me dijo que sólo tenía que estudiar la teoría porque la práctica la implementaba a diario.

Entonces así fue como me decidí a ir a la escuela. Empecé en una escuela en Castellar que era una derivada de la central donde hice tres años. El tercer año no había leído nada porque fue el año del Juicio a las Juntas, entonces no me metía en la trama por eso pedí repetir el año ese, recursarlo.

Pero finalmente se recibió...

Tiempo después fui a un congreso de psicólogos y me encontré con Lucía de Macialino, una mujer casada con un cura del tercer mundo que me propuso seguir en su escuela para terminar la carrera y me pareció bien. Era otro sistema parecido, pero no igual. Hice dos años más y me recibí.

Reconozco que la psicología social habría que implementarla en los colegios desde el primer grado porque es el mejor método de convivencia para entenderse entre los compañeros, maestros y padres. No sé por qué no se implementa en los colegios porque ayuda a entenderse un poco mejor. La educación hoy es tan individualista. Siempre la educación está muy relegada en nuestro país. Siempre se lucha mucho para equiparar la dedicación de los docentes con su trabajo mientras estudian la docencia y mientras la ejercen. Cuando yo era chica no escuchaba más que “era un sacerdocio” y ¡minga!, no es un sacerdocio, es un trabajo con obligaciones y compromiso muy serio.

Usted también tiene una cátedra en la UBA.

Sí, soy titular honoraria -por la edad- de la cátedra de Poder Económico y Derechos Humanos desde el año 1994. Los alumnos se inscriben por esa curiosidad de qué tiene que ver la economía con los derechos humanos y en realidad los derechos humanos tienen que ver con todas las carreras. El ingeniero tiene que saber que lo que construye es para los seres humanos, el médico estudia para curar a seres humanos, cada uno en cada profesión trabaja para seres humanos. La economía tiene muchísimo que ver, un ministro de economía quizás no robaría tanto... ¡bah! digamos que no se equivocaría tanto.

¿Se considera feminista?

Mirá, cuando era joven me crié en un hogar machista, me casé con un hombre súper patriarcal. Y casi había empezado a criar a mis hijos, dos varones, con ese criterio, hasta que me fui dando cuenta, cuando empecé a salir a la calle, que yo tenía, además de obligaciones, derechos. Pero para eso tuve que tener mucha calle porque adentro de las cuatro paredes del hogar no se aprende eso, porque vivís en un país machista y autoritario, esos son los márgenes y los códigos que tenés. Luego un día te das cuenta de que las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, porque a veces nos hacen creer que tenemos más obligaciones y menos derechos. Ahora no es como antes. Antes el ama de casa vivía con la propaganda del trapo de piso o la lustradora, eso sí, si tenías la suerte de tener lustradora. Yo fui muy ama de casa.

¿Cómo definiría al feminismo?

Yo considero que las denominaciones feminismo y machismo no tendrían que existir porque el hombre y la mujer tienen que nacer libres para opinar, para pensar, para sentir. Acá están los códigos de Pichón Riviere: pensar, sentir, actuar. Siempre con esa libertad. Si todos los respetáramos se podría convivir mejor.

¿Cuáles son las prioridades en la actualidad de Madres?

Seguir haciendo. Siempre con nuestra política para conseguir la verdad y la justicia, toda la verdad y toda la justicia. No hacer partidismo político porque te debilita en la lucha y dejás de ser solidaria. Las denuncias que nos traen de violaciones de derechos humanos, que las hay en la Argentina, nunca se viabilizan porque cualquier denuncia por violación de los derechos humanos molesta al gobierno que dice: "No acá no se violan los derechos humanos". Hay muchos acontecimientos con los que tenemos que estar solidarias: los petroleros de Las Heras que están procesados injustamente, los presos de Quebracho que están acusados por escrachar a un responsable del asesinato del maestro Fuentealba. Entonces si nosotras nos hacemos partidistas, esto no se lo podemos llevar al gobierno porque te dice que en eso no se meten.

Yo creo que los organismos de derechos humanos debemos retomar lo que tenemos desde hace cuarenta años y seguir con la defensa de los Derechos Humanos con ética y con respeto para no desviarnos de nuestro objetivo.

¿Esta es la razón por la que se separaron en aquel entonces con Madres de Plaza de Mayo?

Sí, hace casi treinta años. Pero bueno, nos separamos y somos dos grupos, cada grupo trabaja de manera independiente. Además, cada organismo es independiente del resto. Las Madres línea fundadora podemos llevarnos bien con Abuelas de Plaza de Mayo, pero Abuelas tiene otra metodología y otra búsqueda. Y otros organismos tienen su metodología y desarrollo como institución totalmente independiente.

Esto se relaciona con la reciente disolución del Instituto Espacio para la Memoria que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le cedió a Nación.

Eso fue una falta de criterio, de ética del gobierno nacional. Tiene que ver con que el gobierno deseaba tener ese instituto que era independiente, autónomo y autárquico. Seguramente le molestaba tanta independencia y era algo que querían controlar.

Igual, no lo van a poder controlar porque lo disolvieron y pasaron los sitios de la Memoria a la Esma. El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires aceptó el trámite de entrega de este instituto porque no tiene mucho interés en los Derechos Humanos, y el Gobierno nacional tenía la intención de disolverlo, para formar otra cosa. Esta institución funcionaba con ética, respeto, transparencia y además era totalmente independiente. Se hizo mucho: se hizo bibliografía de lo mejor, se siguieron los juicios de cerca, asistiendo a los testigos y se fueron a dar charlas a los colegios e instituciones. Es reconocido también en el exterior.

Yo voy a criticar más que nada la metodología que empleó el Gobierno para llegar a disolverlo. Solapada, sigilosa, por atrás, sin reunirse con la gente que forma ese directorio, sin informar cuáles eran los planes que tenían. No se puede concebir que un gobierno que logró avanzar en los Derechos Humanos, como son los juicios y otras cosas que hemos logrado, haya procedido como procedió, lamentable.

La Ciudad quería desprenderse y no le importó porque recibió plata a cambio, hizo un negocio. Es decir, los Derechos Humanos para la ciudad de Buenos Aires fueron un negocio y para el Gobierno nacional fue disolver algo que seguramente le molesta. Además con la complicidad de personas integrantes de otros organismos con los cuales hemos caminado todos juntos, casi cuarenta años. Es decir, caminas con gente casi cuarenta años y un día se sacan una máscara, por negocios, por idearios, lo que sea, cambian y deforman una trayectoria.

¿Qué opina sobre el traslado del Banco Nacional de Datos Genéticos desde el Hospital Durand, perteneciente al sistema de salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a una dependencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación Productiva de la Nación?

Sobre el traslado del Banco Nacional de Datos Genéticos yo tengo una opinión que no es la opinión de la institución sino que hay opiniones diversas. Acá hay algunas madres que buscan a sus nietitos o nietitas desde todos estos años que estamos juntas y estamos compartiendo con ellas el día a día de esa búsqueda.
Yo no estoy de acuerdo en que la ley esté acotada a los nacidos entre 1976 y 1983. La ley tiene que ser universal, tiene que abarcar a todos, porque si no se hace una discriminación, es decir, tenés que tener el “privilegio” de ser hijo de desaparecidos. No se puede hacer eso en la Argentina dolida y herida como estamos.

También está el peligro en este traslado de que se pierdan muestras. Hay muchas personas que dieron la muestra de sangre y están muy preocupados por la pérdida que pudiera haber. En mi opinión, tiene que haber un serio debate público y abierto que le permita a la gente hacer su propio análisis. Además, al parecer favorecería a los laboratorios privados, que es el punto fundamental.

¿Qué consecuencias políticas y sociales trae el último acuerdo con el Club de París?

Yo hace muchos años estoy integrando el grupo Dialogo 2000 con Adolfo Pérez Esquivel y estamos trabajando el tema de la deuda externa.

Para la deuda externa hay una solución que es formar auditorías. La deuda externa que están pagando, lo reconoció el ministro de Economía en estos días, no es de este gobierno. La deuda la hizo el gobierno militar con los civiles.

Primero fue de 6 mil millones de dólares, cuando empieza el sistema de represión brutal, cuando se empieza a pedir plata para armar los campos de concentración, para comprar las armas con los que mataron y torturaron a nuestros hijos y a nuestras hijas, para pagarle a los genocidas para que torturen, asesinen y se roben bebes, para hacer esa parafernalia del horror fueron pidiendo plata. De paso también pedían plata los gobernantes porque total el FMI no tiene escrúpulos ni moral, tenía mucha plata y daba, daba y daba, aunque fueran gobiernos asesinos.

Cuando termina la historia del terrorismo de estado, asume el gobierno de Alfonsín y lo primero que hace es investigar la deuda a través de un ministro pero recibe órdenes de que tiene que sacar al ministro que quería averiguar quién hizo esa deuda. Sigue entonces el megacanje, con sus intereses, con sus pactos y seguimos aumentando la deuda. Y así cada gobierno va manejando esa deuda a su modo. Este gobierno hace ver que pagamos todo y no es así. Nunca pagamos esa deuda. Además no es la deuda del pueblo, no se puede pagar con el hambre del pueblo.

¿Qué está pasando hoy en Haití con la ocupación militar de Naciones Unidas a través de la Operación MINUSTAH?

Es gravísimo, nosotros estamos muy en contacto,estamos muy ligados con la gente de Haití. Yo fui tres veces en comisiones de solidaridad. Esa excusa que se da de que si se retiran las tropas se matarían entre ellos es una hipótesis nefasta y que menosprecia al pueblo de Haití. El pueblo no quiere dominación, no quieren que los controlen. Quiere realmente ser libre como lucharon hace 200 años para ser libres. Ahora esta invasión de tropas extranjeras le priva de esa libertad que como cualquier pueblo quiere disfrutar.
Hay un abuso de autoridad por parte de las tropas que violan los derechos de hombres, mujeres y niños y además con el gasto que genera su permanencia le quitan alimentos al pueblo. Desde que tuvieron los desastres de la naturaleza, a Haití no la ayudaron a reponerse. Hoy todavía viven miles y miles de familias en las calles. Es decir, los países que la tienen intervenida no sirvieron para solucionar el problema gravísimo que es el respeto a los Derechos Humanos de esa población. Ya hay voluntad de algunos países de retirar las tropas como Uruguay, por ejemplo.

¿De parte de Argentina qué ocurre?

De parte de Argentina no hay ninguna voluntad diciendo que ellos están sujetos a lo que las Naciones Unidas deciden. A mi entender, y personalmente lo digo, hay tres países que tienen en el ojo de la tormenta a Haití: Estados Unidos, Francia e Inglaterra por la situación geopolítica de este país. Y recalco que es a título personal porque son temas que no se llegan a discutir en los organismos de derechos humanos en estos momentos.

¿Por qué considera que sucede esto?

Las decisiones políticas que son de envergadura todavía están manejadas por el poder del norte y todavía hay una conveniencia de acatar estas decisiones que vienen de los poderes que hay en el mundo. Yo creo que de a poco, las tropas tienen que ir retirándose con un debido respeto por las decisiones del pueblo. Al gobierno de Haití le conviene esta situación, porque lo manejan desde afuera porque es un gobierno que está impuesto por Estados Unidos.

¿Cuál cree que es el rol que cumplen los medios alternativos en este contexto político?

A mí me parece que los medios alternativos son la salida más democrática. Brindan un poco de aire fresco a toda la parte comercial de la comunicación que viene siempre distorsionada de acuerdo a los intereses de los empresarios. Una cosa es la empresa y otra es la prensa. Siempre las madres la separamos desde que salimos a la calle.

¿Se sintieron acompañadas por estos medios?

Sí, por la prensa alternativa e independiente, por muchos periodistas que vinieron a acompañarnos en los grandes eventos sin haber sido designados por la empresa en la que trabajaban sino que estaban allí por los compañeros desaparecidos.

¿Nota alguna similitud entre la juventud de hoy y la de los ‘70?

No son las mismas circunstancias, en los ’70 había una situación que se venía como un volcán desde el 1955 con los vaivenes de golpes y gobiernos civiles, que además no era civiles del todo, entre medio siempre estuvo Estados Unidos con sus apetitos sobre Argentina. Ya desde la frase famosa: “América para los americanos”. Ellos fueron los que programaron los golpes militares de América Latina y especialmente en el cono sur de América Latina, el bocadito de oro fue cuando mandaron a Kissinger para organizar el Plan Cóndor.

En este momento veo una parte de la juventud que milita en partidos políticos de la izquierda que todavía tienen que ponerse de acuerdo pero son los que siguen con la voluntad de cambio que quedó de la época de los ’70, cuando nuestros hijos y nuestras hijas luchaban por ese cambio contra la catarata de neoliberalismo que venía.

Pero no veo en la juventud militante la entrega total que había en esa generación que fue abatida tan terriblemente. El sacrificio que hacían, yo lo viví en mi casa, con mi hijo. Tengo confianza en la juventud no es el futuro del país, es el presente, es ahora y en este momento que tienen que ser claros y no tienen que venderse jamás, tienen que seguir una ruta de honestidad, de claridad y de entrega para que la Argentina pueda ser totalmente independiente. Todavía no lo somos. Pese a todo lo que se dice nos siguen dando órdenes desde afuera. Pero creo que la juventud tiene que saber defender su tierra, para que haya educación, salud, vivienda, para que la persona que viva en la Argentina tenga asegurado su bienestar.

¿Qué representa para usted ser una Madre?

Madre como somos nosotras, Madres con mayúscula por el hecho de formar un colectivo de lucha, no nos da privilegios para llevarnos por delante a nadie. Creo que cada día tenemos que ser más centradas dando el ejemplo que dimos por muchos años saliendo a la calle sin miramientos por la historia de nuestros hijos e hijas, de una manera espontánea, de una manera visceral, porque fue y sigue siendo visceral.

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Contra la criminalización de la protesta y por el triunfo de las luchas

PRENSA OBRERA (especial para ARGENPRESS.info)

La jornada de lucha convocada por el Encuentro Memoria Verdad y Justicia cobró una actualidad enorme durante los últimos quince días.


Autor foto: Ignacio Smith

En primer lugar, porque movilizará un frente único de organizaciones de derechos humanos, sociales, gremiales, políticas y estudiantiles al centro político del país en defensa de las luchas obreras contra los despidos y suspensiones, como las de los trabajadores de Gestamp, Kromberg, Calsa, Emfer y Cables Lear. El gobierno ha decidido enfrentar los conflictos con la Gendarmería y la Policía Federal al mando de Berni. Ya no cuenta con recursos económicos para socorrer a las patronales, subsidiar salarios y financiar suspensiones, como ocurrió en 2009. Hoy cada peso está sometido, principalmente, al pago de la deuda externa. En su debacle, los “nacionales y populares” ponen la represión al servicio de los vaciadores ferroviarios como Cirigliano (Emfer) y de pulpos multinacionales como Lear. La resistencia de los trabajadores y los atropellos de Berni desautorizan definitivamente a la burocracia sindical de los Caló y Pignanelli, cómplices del ajuste.

La tribuna que levantaremos en Plaza de Mayo llamará a enfrentar este giro represivo y a movilizar al pueblo por el triunfo de las luchas obreras.

La iniciativa contrasta con la parálisis de la oposición capitalista, que ni siquiera se ha pronunciado al respecto porque acompaña fervorosamente la “negociación” con los buitres y el pago de la deuda. Solamente los diputados y legisladores de la izquierda se colocaron en el terreno de la defensa de estos conflictos. Esto ha valido una ofensiva política contra los diputados del Frente de Izquierda, especialmente en Córdoba y Salta, donde los partidarios de De la Sota y Urtubey pidieron sanciones contra Cintia Frencia y Claudio del Plá por su papel en la lucha contra la Ley Monsanto y en la gran huelga docentes, respectivamente.

En el Congreso Nacional, la oposición de los Massa, Macri, Carrió y Aguad negocia con el Frente para la Victoria un proyecto de “ley antipiquete”. La abrumadora mayoría de los bloques de la UCR y del PS se negaron a acompañar el proyecto de ley impulsado por las organizaciones del Encuentro Memoria Verdad y Justicia, que plantea el cese de toda acción penal iniciada a raíz de protestas sociales y la anulación de las condenas dictadas contra los luchadores populares. El 24 estarán presentes también el reclamo de absolución para los compañeros de Las Heras y por la derogación de la “ley antiterrorista”.

Movilicémonos a Plaza de Mayo y a las plazas de todo el país en defensa del derecho a luchar contra el ajuste y por el triunfo de todas las luchas obreras y populares.

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