lunes, 21 de julio de 2014

¿Qué es el neo-desarrollismo? III y última- Una visión crítica. Teoría y política

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

El neo-desarrollismo elogia a los empresarios con la misma naturalidad que reivindica al capitalismo. Observa contratos voluntarios donde impera la coerción y percibe conductas emprendedoras entre los demandantes de auxilio estatal. Se amolda a burguesías locales más internacionalizadas y prioriza el sometimiento de los oprimidos a la imposición de mayor disciplina estatal a los poderosos.

El subdesarrollo no deriva de la ausencia de un funcionariado eficaz, ni se corrige con burocracias eficientes. Esas capas actúan en consonancia con las clases dominantes y reflejan sus limitaciones. El neo-desarrollismo atenúa la ideología nacionalista, eliminando resabios antiimperialistas. La distinción entre identidad y densidad nacional no explica los resultados de cada economía. El nacionalismo burgués ha perdido funcionalidad y tiende a ser sustituido por el regionalismo capitalista.

Mientras las nuevas miradas institucionalistas aceptan ritmos más pausados de desenvolvimiento, la identificación del desarrollo con la modernidad elude el análisis del capitalismo y sintoniza con los planteos tradicionales del liberalismo.

Al atribuir el subdesarrollo a la ausencia de elites clarividentes se olvida el comportamiento de las clases dominantes. La evolución divergente de Latinoamérica y el Extremo Oriente no obedece a la conducta de esas minorías, ni tampoco al rol de la tecnocracia. Hasta ahora el neo-desarrollismo sólo despunta como un esbozo en un escenario con predominio neoliberal.

El neo-desarrollismo reivindica al empresariado industrial como sujeto protagónico del desenvolvimiento. Esta defensa sintoniza con su mirada elogiosa del capitalismo. Algunos consideran que este sistema optimiza la evolución de la sociedad y otros estiman que constituye un dato invariable de la realidad. Todos cuestionan las consecuencias nocivas de ciertos modelos, pero aceptan los criterios de eternidad capitalista que ha difundido el neoliberalismo.

Idealización y realidad

Los autores neo-desarrollistas repiten los mitos más corrientes sobre el funcionamiento armónico de las sociedades. Consideran que los individuos se organizan dentro de cierto territorio, en colectividades regidas por un destino que comparten todas las clases sociales. Suponen que existe un convenio implícito para mejorar el bienestar general, incrementando la competitividad internacional de cada conglomerado nacional. Ese acuerdo entre burguesías, burocracias y trabajadores funciona como un contrato social que permite el progreso de todos los involucrados. (1)

Pero no aclaran por qué razón este imaginario consagra tantas desigualdades y funciona sin la aprobación previa de todos los firmantes. Si los trabajadores pudieran actuar libremente en la fijación concertada de las reglas sociales, establecerían remuneraciones equivalentes a su actividad y vetarían todas las formas de explotación.

El capitalismo se reproduce generando beneficios surgidos de la extracción de plusvalía. Se asienta en esa confiscación y no en la imposición de un consenso sobre la forma de distribuir el excedente. Lejos de favorecer a todos los integrantes de la comunidad, apuntala las ganancias de los poderosos a costa de los oprimidos. Ese manejo del poder por parte de una minoría no está sujeto a consultas, ni aprobaciones.

Esta realidad es imperceptible para el neo-desarrollismo. Se encuentra fuera del campo visual de sus teóricos, que comparten los valores y razonamientos de los grupos dominantes. Por eso observan la coerción económica que sufren los asalariados por parte de los capitalistas, como un contrato voluntariamente suscripto por ambas partes.

Con esa misma mirada reivindican a las burguesías latinoamericanas. Elogian su papel histórico en la constitución de las naciones, remarcan su creación de industrias, exaltan su manejo de los negocios y ponderan su generación de empleo. (2)

Esta defensa contrasta con las visiones críticas que destacaron el comportamiento político pusilánime y la actitud económica improductiva de la burguesía industrial. Esos planteos contraponían la pujanza inicial de los capitalistas de las economías avanzadas con la ineptitud de sus equivalentes en la periferia. (2)

Bresser ensaya un revisionismo de esta visión, sin aportar pruebas del empuje que habría caracterizado a los industriales latinoamericanos. Olvida que las burguesías industriales no jugaron ningún papel significativo durante la formación de las naciones latinoamericanas. Tampoco fueron artífices de la limitada industrialización registrada durante el siglo XX. Los estados cargaron con la mayor parte de esa tarea, frente a empresarios que siempre fueron más activos en la recepción de subsidios que en la introducción de inversiones

El teórico del neo-desarrollismo resalta especialmente la progresividad de la burguesía brasileña. Subraya que el protagonismo de ese sector nunca se interrumpió y polemiza con los teóricos de la Dependencia que cuestionaron ese papel. Estos autores destacaron que la dictadura de 1964 representó un momento de viraje regresivo en la conducta de los capitalistas. (3)

Bresser rechaza esas caracterizaciones argumentando que la burguesía industrial nunca perdió vitalidad. Pero desconoce la principal discusión de ese período que estuvo centrada en el cambio de comportamiento de los capitalistas locales, como resultado de su creciente asociación con las firmas extranjeras. En su enfática defensa del empresariado omite la sustancial alteración del patrón de acumulación que introdujo ese giro.

Otro tipo de capitalistas

Bresser confronta duramente con el marxismo y la revolución cubana por su rechazo del padrinazgo burgués. Sostiene que la esforzada tarea de los desarrollistas para apuntalar la conducta progresista del empresariado, siempre fue obstruida por la “izquierda burocrático-populista”. (4)

Pero esta crítica reafirma su contradictoria caracterización de la burguesía nacional. Por un lado, realza la inclinación natural de este sector hacia la inversión productiva y por otra parte, señala que esa actitud exige auspicios externos por parte del estado. Si el espíritu emprendedor de los capitalistas fuera tan intenso, ese sostén estatal no sería indispensable. La pujanza del empresariado tampoco podría ser fácilmente neutralizada por las críticas de la izquierda.

Bresser convoca a los trabajadores a aceptar una alianza política conducida por la burguesía. Afirma que la constitución de un “frente poli-clasista” es decisiva para el desarrollo nacional. Nunca aclara cómo se distribuirían los réditos de ese acuerdo y oculta de qué forma han contribuido en el pasado a estabilizar la dominación de las clases opresoras.

Algunos analistas estiman que Bresser acentuó su hostilidad hacia la izquierda, al aproximarse al social-liberalismo de la Tercera Vía que encarnó Tony Blair. Pero su postura expresa también continuidades con la labor que desplegó durante los años 90, como mentor de las privatizaciones. (5)

Bresser se desempeñó como alto funcionario de la gestión neoliberal de F. H. Cardoso. Aunque se considera heredero del nacional-desarrollismo de Furtado, participó de una experiencia gubernamental explícitamente opuesta a ese legado.

Esa tradición incluye posturas de resguardo del empresariado nacional frente a la competencia externa, que sólo algunos autores neo-desarrollistas preservan formalmente. Estos planteos constituyen la sombra del pasado, puesto que la nueva prioridad es la promoción de las exportaciones. (6)

Bresser es más contundente. Considera que las economías intermedias ya no necesitan proteccionismo y sugiere erradicar el viejo pesimismo en el estancamiento manufacturero, la asfixia de la balanza de pagos o el agravamiento de la heterogeneidad estructural. Apuesta a la rápida conversión de las economías emergentes en potencias desarrolladas, rechaza las nacionalizaciones y propone acotar el gasto público. (7)

Su postura refleja qué tipo de burguesías predominan en la actualidad. Los capitalistas reciben con gusto los subsidios del estado, pero objetan la propiedad pública. Se consideran más poderosos y menos necesitados de los auxilios que aportaban las compañías estatales. Usufructúan del gasto público pero desconfían del estado empresario.

Este cambio ilustra el pasaje de la vieja burguesía nacional a la nueva burguesía local. Los grupos que priorizaban el mercado interno, las barrearas arancelarias y la inversión pública han sido sucedidos por sectores más volcados hacia la exportación. Forjan empresas “multilatinas” con socios internacionales y promueven conductas políticas más conservadoras. Techint y Oberbrecht retratan esta nueva modalidad de intervención, enlazada con empresas transnacionales y también guiada por una gestión globalizada de los negocios. (8)

La reivindicación de esta nueva burguesía exige argumentos más sofisticados. El desarrollismo clásico promovía la expansión de un empresariado industrial naciente en conflicto con la oligarquía exportadora. Esa tensión facilitaba la presentación de ese sector como un artífice del desarrollo nacional. (9)

Pero los conflictos de los años 40-50 han quedado atrás. La burguesía local reforzó su ligazón con el agro-negocio y promueve la perpetuación del status quo. Ha estrechado vínculos con el capital extranjero y se ha regionalizado para capturar mercados de mayor envergadura. El neo-desarrollismo se amolda a esta nueva fisonomía del capitalismo zonal. (10)

Mistificación del Estado

El neo-desarrollismo realza el papel de los estados nacionales como instrumentos transformadores de la economía. Subraya la gravitación de esa institución, no sólo por las garantías que aporta a la propiedad y a los contratos. Considera que cumple un papel irreemplazable en la organización del crecimiento y en la concertación de pacto sociales.

Este enfoque es contrapuesto a la teoría neoliberal del “estado mínimo” y a todos los discursos sobre el “retiro del estado”. Demuestra que esa retórica encubre la continuada expansión de un organismo, que acentúa su incidencia junto a la expansión de la acumulación. Lo que se modifica con el paso del tiempo son las funciones que ejerce el estado, para privilegiar ciertas actividades en desmedro de otras.

Pero el neo-desarrollismo no se limita a reconocer este protagonismo. Presenta la intervención del estado como una forma de asegurar el bienestar general, ocultando que esa institución es controlada por las clases dominantes. Basta observar cómo se recaudan los impuestos y se distribuyen los subsidios, para notar quiénes son los principales favorecidos por la administración estatal.

Al suponer que el secreto del crecimiento sostenido se encuentra en la fortaleza del estado, el neo-desarrollismo olvida que el subdesarrollo padecido por América Latina nunca obedeció a la debilidad de ese organismo. El estado siempre estuvo muy presente al servicio de los grupos sociales más obstructores del desenvolvimiento regional. El sostén brindado a esos sectores determinó el atraso histórico de la zona.

Algunas miradas neo-desarrollistas suelen destacar que la pujanza de cada economía depende de la capacidad exhibida por su estado para lidiar con las clases dominantes. Estiman que la diferencia entre América Latina y Asia, radica en la impotencia de la primera región para implementar las políticas, que disciplinaron a las elites de la segunda zona. Destacan que la intención latinoamericana de mantener satisfechos a los poderosos contrasta con la práctica asiática de someterlos al rigor de normas muy estrictas. Señalan que esta diferencia determinó resultados muy diferentes. El rentismo convalidado por los estados frágiles contrasta con la acumulación impulsada por los estados gravitantes. (11)

Pero esta caracterización ofrece un retrato y no una explicación del problema. Contrapone estados con autoridad que aseguraron el crecimiento, con instituciones débiles que se dejaron manejar por los poderosos, como si la primera fuerza emergiera de alguna voluntad supra-natural de ordenamiento de la sociedad.

Este enfoque olvida que históricamente el estado se fortaleció junto a los grupos dominantes. No cayó del cielo para que lo utilicen libremente todos los ciudadanos. El estado fue forjado por las clases capitalistas para apuntalar su propia consolidación como sector hegemónico de la sociedad.

Es cierto que en prolongados procesos de transformación emergieron distintas variedades de estados del mismo pasado pre-capitalista. Pero en todos los casos la principal función disciplinaria de ese organismo fue ejercida contra los desposeídos, con explícitas formas de brutalidad policial-militar o con implícitos mecanismos de coerción económica.

Los neo-desarrollistas olvidan esta sujeción social o la ubican en un mismo plano que la gestión de tensiones entre los grupos dominantes. De esta forma el “estado fuerte” es presentado como un rival o contendiente de los industriales con los latifundistas o los banqueros. Pero en los hechos ha operado como una estructura burocrática asociada con esos sectores, en la prioritaria opresión de las mayorías explotadas.

Si los estados de los países asiáticos son más sólidos que sus pares de América Latina, es porque lograron imponer un mayor sometimiento de los trabajadores. Es evidente que gran parte del milagro oriental obedece a la sujeción laboral que se instauró en los talleres mundializados de la región. El neo-desarrollismo silencia este dato o lo describe como una circunstancia menor.

También olvida que los conflictos entre estados y clases dominantes no han sido patrimonio exclusivo del Extremo Oriente. Constituyen una norma en todos los países que cuentan con burocracias consolidadas en el sector público y entidades representativas en el sector privado. El primer segmento debe arbitrar el cúmulo de intereses presentes en el segundo grupo y no puede dirigir al estado sin favorecer a ciertos sectores contra otros.

Conviene recordar que las burocracias estatales de los primeros tigres asiáticos eran más autónomas de sus burguesías, pero también más dependientes del imperialismo estadounidense y del capital extranjero. Por razones geopolíticas (guerra fría) y económicas (etapa de internacionalización del capital), ese status no obstruyó su conversión en exportadores industriales. Cualquier comparación con Latinoamérica debe considerar estas diferencias.

La existencia de procesos sostenidos de acumulación no depende primordialmente de los conflictos entre burocracias, elites y capitalistas. Sólo cuando esas tensiones convergen con ciertas condiciones objetivas favorables para el crecimiento capitalista, hay expansión económica. En otras circunstancias los mismos choques sólo recrean el estancamiento.

Rivalidades y burocracias

El neo-desarrollismo identifica el crecimiento sustentable con una gestión adecuada del estado. Por esta razón propone crear un funcionariado eficaz, mediante la selección “meritocrática” de las capas dirigentes. (12)

Pero la relación causal entre burocracias eficientes y elevados ritmos de acumulación que establece este enfoque weberiano es muy discutible. La eficacia en el manejo del estado surgió para consolidar crecimientos capitalistas ya preexistentes. Es un error invertir esa secuencia, suponiendo que el funcionariado óptimo ha sido la condición de la expansión burguesa.

Lejos de preceder y determinar el rumbo de los capitalistas, las burocracias se han reconfigurado junto a las clases dominantes. Por esta razón son espejos de las limitaciones que singularizan a cada segmento nacional de propietarios de los medios de producción.

El lugar de cada economía en la división internacional del trabajo ha condicionado por igual el comportamiento de ambos grupos. Pero la conducta de las clases dominantes define el patrón de evolución de las burocracias asociadas y no a la inversa. Esta primacía deriva de la naturaleza de una sociedad comandada por los capitalistas. Los estados son gestionados por capas reclutadas entre sectores afines a las clases opresoras.

Registrar esta jerarquía analítica de las relaciones entre los dominadores y sus burocracias es vital para comprender la dinámica contemporánea del estado. Con este enfoque se puede indagar el sustento de clase de esa institución (enfoque instrumentalista), sus mecanismos de reproducción (estructuralismo), las ligazones entre funcionarios y empresarios (visión asociativa) y las mistificaciones ideológicas que rodean a su desenvolvimiento (teorías de la comunidad imaginaria). (13)

Como el neo-desarrollismo rechaza este abordaje de clase, ignora de qué forma las burocracias actuales se amoldan a las prioridades de los capitalistas. Esa adaptación explica por qué razón ya no promueven en América Latina las formas estatales populistas, que en los años 50-60 facilitaban la alianza de la burguesía industrial con las elites modernizadoras. Esos pactos apuntalaban la sustitución de importaciones con un imaginario de mejoras sociales, que el esquema desarrollista posterior complementó fortaleciendo a las empresas públicas. El objetivo era potenciar el mercado interno y expandir el poder adquisitivo. (14)

El modelo estatal predominante en la actualidad es muy diferente. Al cabo de varias décadas de privatizaciones, se amolda al giro exportador y a la primacía agro-minera. Prioriza los intereses de grupos concentrados e internacionalizados, que sólo aceptan coberturas asistenciales para administrar la pobreza.

Algunos neo-desarrollistas retoman los estudios recientes sobre la persistencia del estado nacional en la mundialización. Esos enfoques cuestionan acertadamente todas las teorías que postulan la inminente disolución de esa entidad en las redes transnacionales de la globalización. (15)

Pero no alcanza con repetir que el estado nacional continúa cumpliendo funciones básicas para el funcionamiento del capitalismo, si no se explica cuáles son esas tareas. Los neo-desarrollistas suelen reiterar generalidades sobre la primacía de la regulación sobre el mercado, sin registrar que la principal razón de perdurabilidad del estado nacional radica en su papel en la explotación de los asalariados.

Sólo esa entidad cuenta con la autoridad histórico-política requerida para gestionar el manejo de la fuerza de trabajo. En las actuales condiciones de creciente internacionalización se necesita la mediación estatal, para lucrar con las diferencias salariales existentes entre los trabajadores de distintos países.

El neo-desarrollismo prioriza el estudio del rol jugado por el estado nacional en la competencia geopolítica mundial. Retoma especialmente las investigaciones que convocan a indagar esa función en el duro escenario de confrontaciones contemporáneas. (16)

Pero también aquí olvidan que el fundamento de esa rivalidad son conveniencias de los capitalistas contrapuestas a los intereses populares. En las batallas por la “competitividad”, el éxito de un empresario sobre otro no se traduce en beneficios equivalentes para los trabajadores. La propia competencia refuerza los mecanismos de dominación y socava tendencias potenciales a la cooperación, que permitirían procesos de desarrollo al servicio de las mayorías populares.

Nacionalismo atenuado

El viejo desarrollismo sintonizaba con el nacionalismo clásico y compartía su principio ideológico de plena identidad de intereses de los ciudadanos de cada país. Observaba a la nación como la entidad primordial de la sociedad y ponderaba la pertenencia a esa colectividad.

Esta concepción repudiaba las conductas antinacionales de las oligarquías subordinadas al capital extranjero. Recogía el fuerte rechazo de los oprimidos hacia esas minorías aristocráticas y logró una amplia adhesión popular prometiendo el desarrollo que surgiría de la derrota de esas elites.

En esta visión se asentó el nacionalismo burgués. Presentó su proyecto de industrialización, como una meta compartida por todos los excluidos de la dominación terrateniente. Con ese discurso facilitó el ascenso de los sectores modernizadores, que desplazaron del poder a las oligarquías agro-exportadoras. Esta mirada identificaba al libre-comercio con los intereses foráneos y al desarrollo fabril con las necesidades del pueblo.

Pero la lealtad a la nación fue colocada en los hechos al servicio de la burguesía industrial, ocultando que este sector se enriquece a costa de los asalariados. Las teorías nacionalistas nunca demostraron por qué razón los vínculos de un oprimido con el opresor del mismo territorio, deben prevalecer sobre la solidaridad internacional de los asalariados.

Las críticas de los marxistas resaltaron estas contradicciones. Postularon la progresividad histórica de los antagonismos entre clases sociales, frente a las rivalidades que oponen a las distintas naciones por el predominio regional o global. Cuestionaron además, los criterios románticos utilizados por las teorías nacionalistas para justificar la supremacía de la nación, como núcleo constitutivo de la sociedad y del estado. Des-mistificaron las narraciones y leyendas de las ideologías que enaltecían las trayectorias pasadas de las clases dominantes, ocultando los sufrimientos y resistencias de los oprimidos. (17)

Pero el viejo nacionalismo también incluía aristas antiimperialistas que han desaparecido en las vertientes actuales. Ningún eco de las objeciones al colonialismo inglés y al intervencionismo estadounidense persiste en el neo-desarrollismo. El rechazo patriótico al imperialismo ha quedado diluido. Estos cambios reflejan la consolidación de nuevas burguesías locales conectadas con negocios transnacionales.

A medida que aumenta su amoldamiento a la globalización, el neo-desarrollismo atenúa el antiguo nacionalismo. Sólo mantiene una reivindicación formal de esa ideología, exaltando viejas disputas con el liberalismo. (18)

Pero este tipo de reivindicación implica preservar los aspectos más conservadores del viejo nacionalismo, sin convergencias con programas sociales, ni con resistencias de los pueblos de la periferia. Para ganar espacios en el mercado mundial junto a los nuevos socios foráneos se remodelan las tradiciones conflictivas.

Identidad y densidad nacional

Otros teóricos neo-desarrollistas reivindican el nacionalismo como una modalidad soberana de adaptación al nuevo escenario mundial. Subrayan la existencia de “respuestas nacionales” a este contexto y postulan que “cada país tiene la globalización que se merece”. Distinguen la identidad de la densidad nacional. Mientras que el primer rasgo sólo determina la pertenencia a una misma nación, el segundo componente implica convicciones compartidas en torno a un proyecto productivo. (19)

Este enfoque resalta la insuficiencia de las identidades culturales inspiradas en los valores universales que asumieron algunos países como Argentina. Consideran que el pilar identitario ha carecido de la densidad complementaria, requerida para asegurar la expansión productiva. Señalan que Japón forjó esta última cualidad en el pasado y Corea, China e India la construyen en la actualidad. Remarcan que la ausencia de ese atributo explica la desigualdad, concentración económica, inestabilidad política y subordinación ideológica que ha padecido Latinoamérica. (20)

Con esta mirada retoman ciertos principios del viejo nacionalismo que resaltaba el nexo prioritario creado por el territorio, el idioma o el bagaje cultual común. Consideran que ese vínculo debe prevalecer por encima del posicionamiento social. La condición de acaudalado o empobrecido es vista como dato menor frente a la pertenencia a la nación. Pero el olvido de esas asimetrías oculta quiénes son los ganadores y perdedores de esa asociación.

Ferrer introduce su distinción entre la identidad y la densidad nacional, como factor determinante de los éxitos y fracasos de cada proceso de desarrollo. Pero no aclara cuál es la concatenación lógica de su razonamiento. Se limita a constatar que algunos países logran objetivos que otros no alcanzan, sugiriendo que las idiosincrasias definen la posición final de cada concurrente.

Pero como ese resultado sólo se conoce a posteriori, parecería inferirse que si una economía avanzó contenía un espíritu nacional sólido y si retrocedió, arrastraba un cimiento frágil. De este contraste no emerge ninguna explicación.

Al igual que Bresser, el acento nacionalista ya no es ubicado en el resguardo a una industria naciente, sino en las estrategias de incorporación al capitalismo internacionalizado. Por un lado, Ferrer relativiza el alcance de la mundialización -resaltando la continuada centralidad del mercado interno- y por otra parte convoca a encontrar caminos de inserción, en la “globalización que cada país merece”.

En ambos diagnósticos se jerarquiza el margen de acción autónomo de las naciones, moderando las adversidades estructurales que subrayaba la vieja CEPAL. Ahora todo depende de la capacidad para forjar “densidades nacionales”, más allá de los términos de intercambio o de la ubicación periférica en la división internacional del trabajo.

Ferrer mantiene la distinción entre países centrales y economías subordinadas que planteó Prebisch, pero reduce la gravitación de esas diferencias. Resalta la incidencia de las políticas nacionales en la ubicación de cada economía, reafirmando la primacía de las voluntades internas.

Todos los teóricos neo-desarrollistas registran, igualmente, el efecto desestabilizante de la mundialización sobre las identidades nacionales. Ese proceso redistribuye niveles de soberanía, desplaza funciones de los estados hacia organismos supranacionales, y erosiona la idea de nación como resguardo último de la ciudadanía.

Pero asumen una actitud pragmática frente a esa mutación. Toman distancia del viejo nacionalismo autárquico sin adscribir al globalismo neoliberal. Ya no postulan teorías del resurgimiento nacional, pero tampoco aceptan los presagios de declive de esa entidad. Buscan un punto intermedio que probablemente refleja las peculiaridades de América Latina.

Esta región no afronta, por ejemplo, los dilemas de los países involucrados en la construcción europea. Allí el nacionalismo reaparece frente a la brutal pérdida de derechos soberanos, que impone la gestación de un estado continental al servicio del gran capital. En América Latina tampoco se vislumbra el repunte de los nacionalismos con ambiciones subimperiales, que se verifica en Rusia, Turquía o India.

En los principales países sudamericanos el viejo nacionalismo burgués ha quedado sustituido por banderas más regionalistas. Este nuevo estandarte es afín a las necesidades que enfrentan las grandes firmas para ampliar mercados, fabricar bienes en forma conjunta o gestar uniones aduaneras en el molde del MERCOSUR.

Este regionalismo capitalista sintoniza con las empresas multinacionales de base local que operan en la región. Incentiva una ideología de la integración que gana influencia frente al viejo patriotismo. Hay pocas convocatorias a forjar una “Argentina Potencia” o una “Civilización Brasileña” y muchos llamados a reforzar un polo sudamericano, con agenda propia en la globalización.

Ritmos institucionales

El neo-desarrollismo introduce una visión más pausada del desenvolvimiento. La esperanza en la industrialización acelerada que predominaba en los años 50 o 60 ha sido sustituida por una expectativa menos impetuosa del avance capitalista. Este cambio no obedece sólo a las decepciones acumuladas durante varias décadas. Expresa, además, la influencia de los regímenes constitucionales.

Los teóricos neo-desarrollistas ya no divorcian su visión del crecimiento del modelo político vigente. Con la desaparición de las dictaduras se extinguieron las antiguas ilusiones en el ejército como principal artífice de la industrialización. El alto número de funcionarios desarrollistas que participaba en los gobiernos militares es un recuerdo del pasado.

La actual mirada gradualista se adapta a la lentitud de los ritmos institucionales y se nutre de visiones heterodoxas de la economía contemporánea. Estas concepciones suponen la vigencia de un sistema económico-político que distribuye los excedentes, en proporción a la influencia alcanzada por las distintas fuerzas sociales. Considera que la sociedad armoniza los conflictos entre estos grupos, seleccionando a través del voto las alternativas más convenientes para la mayoría. (21)

Pero con este enfoque se ignora la dominación que ejercen los capitalistas. Esa supremacía les permite acotar los márgenes de elección ciudadana, imponiendo límites muy estrictos a cualquier decisión que afecte sus intereses. Los acaudalados hacen valer siempre la “opinión de los mercados” para definir el curso de la producción y la finanzas. (22)

Una confirmación contundente de esta supremacía se verificó en América Latina, durante las regresivas décadas de constitucionalismo que sucedieron a las dictaduras. En ese período el ámbito institucional fue utilizado por el neoliberalismo para perpetrar cirugías sociales a favor de los capitalistas.

En lugar de evaluar esa experiencia, el neo-desarrollismo repite la ingenua presentación de la institucionalidad burguesa, como un ámbito neutral de administración de las tensiones sociales. Propaga, además, el mito del desarrollo como un premio a la calidad de esos organismos, estableciendo rigurosos paralelos entre el crecimiento y la eficiencia de los sistemas de votación, el aumento de la transparencia o la reducción de la corrupción. (23)

También aquí, parece olvidar que la erradicación del subdesarrollo siempre estuvo más obstruida en América Latina por los intereses e incapacidades de los grupos dominantes, que por el presidencialismo, el laberinto legislativo o el letargo judicial.

Pero lo más curioso del neo-desarrollismo son las contradicciones que rodean a su propio discurso de ensalzamiento de las instituciones. Mientras realza la gravitación de esas entidades elogia modelos asiáticos plagados de autoritarismo.

El apego a la moda constitucionalista conduce también a presentar la historia latinoamericana, como un proceso de desarrollo jalonado por logros institucionales. Los neo-desarrollistas suponen que esos hitos determinaron el curso de la región, desde la Independencia hasta las repúblicas conservadoras y los sistemas políticos actuales. (24)

Pero esos parámetros institucionales se ajustaron en realidad a otros determinantes más significativos del sendero seguido por el capitalismo regional. Las condiciones favorables o desventajosas para la acumulación, siempre operaron como el principal condicionante de esos procesos. Las transformaciones institucionales sólo incidieron sobre ese curso a través de confrontaciones políticas, a su vez influidas por la intensidad y el resultado de las luchas populares. El razonamiento puramente institucional ignora la incidencia de estas fuerzas económico-sociales subyacentes, que han determinado la evolución latinoamericana.

Modernidad y capitalismo

El institucionalismo neo-desarrollista apuesta al afianzamiento de la modernidad para expandir el progreso. Considera que ese estadio aproxima a la civilización a un orden superior de convivencia humana, abriendo senderos de armonía y bienestar social.

¿Pero esta utopía positiva del porvenir es compatible con el capitalismo? Sus promotores presuponen que sí y rechazan el proyecto rival del comunismo que pregona el marxismo. Sin embargo no explican cómo podría alcanzarse la gran meta de la equidad, bajo un sistema asentado en la explotación y la desigualdad. (25)

Los teóricos de la modernidad neo-desarrollista afirman que América Latina se encaminará hacia una sociedad promisoria, si consolida la heterogeneidad y el encuentro de culturas que ha singularizado su historia. (26)

Pero con esta visión repite la presentación idílica de la región como un ámbito de convergencias. Evitan recordar el terrible pasado de dominación que inicio el colonialismo con la importación de esclavos y la imposición de la servidumbre entre los pueblos originarios. Sólo afirma que esos vestigios han quedado superados, desde la generalización de normas modernas de consideración y respeto.

Como eluden definir cuál es la relación de ese concepto con el capitalismo, no se sabe de qué forma la consolidación de la modernidad corregiría las desgracias actuales de la región. Simplemente esperan la extinción de esas desventuras, junto a la desaparición de las rémoras pre-modernas que arrastra América Latina.

Este razonamiento tiene muchas similitudes con las teorías liberales, que atribuían el subdesarrollo a la persistencia de sociedades tradicionales adversas a la modernización. Sustituir este último término por su análogo de modernidad no modifica mucho el mensaje final.

La modernidad no es un concepto sustitutivo del capitalismo para estudiar el desarrollo. Es una vaga noción que no aporta criterios de indagación superadores de los enfoques centrados en la dinámica de las fuerzas productivas y la lucha de clases. Mientras que estos dos últimos parámetros clarifican el curso de la evolución social, la mera búsqueda de valores altruistas modernos no brinda pistas para entender el rumbo de la sociedad.

Las categorías del marxismo privilegian los estudios basados en las transformaciones de los modos de producción y los antagonismos entre las clases sociales. La óptica de la modernidad contrapone a este enfoque todo tipo de indefiniciones. Nunca se sabe si sus criterios aluden a metáforas, a formas de concebir los relatos históricos, a sensibilidades artísticas o a lógicas culturales. (27)

Estas ambigüedades son mucho mayores en el plano político. En este terreno la modernidad es habitualmente asociada con la consolidación de la ilustración, la primacía de la razón o la expansión de la secularidad. Pero también aquí el logro de esas metas es incompatible con la perpetuación del capitalismo. Aproximarse a la concreción de ese tipo de ideales exige erradicar el sistema social imperante.

Elites clarividentes

A pesar de su enfática reivindicación de la burguesía, el desarrollismo siempre intuyó la incapacidad de los capitalistas latinoamericanos para consumar el crecimiento auto-sostenido. Por esta razón sus alabanzas al empresariado fueron complementadas con la búsqueda de sustitutos para implementar ese proceso.

Desde los años 50 concibió el surgimiento de distinto tipo de elites como reemplazantes potenciales de la burguesía. Imaginó que ese grupo encabezaría el mismo proceso que condujo a la pujanza de Occidente

Algunos autores explicaron el despegue inicial de Inglaterra, el salto posterior de Estados Unidos y la expansión de Francia o Alemania por el liderazgo ejercido por ciertas minorías clarividentes. Atribuyeron esa capacidad a un legado de cultura europea urbana heredado del Renacimiento y la Reforma y estimaron que la ausencia de esos sectores esclarecidos frustró el desenvolvimiento de Rusia o China. Evaluaron que en América Latina las elites conservaron ideales aristocráticos, convalidaron la apropiación latifundista de la tierra y avalaron el bloqueo de la industrialización. (27)

Esta interpretación weberiana supone que ciertas minorías transmiten al resto de la sociedad, los valores requeridos para el desarrollo. Introducen flexibilidad política, tesón comercial, austeridad de las costumbres, prédica humanista y movilidad social.

Pero esta visión acepta todos los mitos euro-céntricos que idealizaron el debut capitalista en Occidente. Ignora interpretaciones más consistentes, centradas las condiciones que facilitaron los rápidos saltos de la acumulación primitiva a la acumulación del capital, que registró Europa Occidental.

Estas teorías subrayan la celeridad de la revolución agraria que precedió a la industrialización, el papel central de los estados absolutistas o las ventajas obtenidas con el colonialismo. Aportan caracterizaciones más sólidas de ese inicio capitalista, que las visiones focalizadas en la existencia de grupos iluminadores del rumbo a seguir.

La mirada marxista permite comprender los caminos elegidos por las clases capitalistas triunfantes, en función de las condiciones político-sociales en que actuaron. Por el contrario, la sociología convencional reduce ese proceso a los atributos peculiares de las elites. Las viejas simplificaciones que realzaban el rol de los reyes, los sabios o los generales son extendidas a un segmento más amplio. Pero en ambos casos la clave de la historia es situada en la existencia de núcleos capacitados (o destinados) a liderar el desarrollo.

La lucidez de estos sectores queda transformada en el principal motor de la evolución social. Pero este factor sólo incidió en procesos condicionados por la estructura socio-económica, la inserción internacional de cada región y el tipo de conflictos predominantes entre clases dominantes y dominadas. La simple contraposición de elites clarividentes que permiten el progreso con minorías incapaces de repetir ese rumbo, no aporta explicaciones del subdesarrollo.

En América Latina la teoría de las “elites fallidas” subraya la existencia de fracturas entre este sector y las masas. Remarca la reiterada predilección de esos grupos por servir a los poderosos. Considera que por esa razón no logró autoridad para transmitir los valores de esfuerzo, productividad y responsabilidad, que necesitaba el conjunto de la población. (28)

¿Pero las clases dominantes estuvieron exentas de esas falencias? Al eludir este análisis se omite indagar el anclaje social de las limitaciones observadas en las elites. Estas capas ejercen funciones estratégicas en la sociedad, sólo en consonancia con las clases dominantes. Ambos sectores actúan en forma autónoma, pero apuntalan los mismos intereses, refuerzan los mismos privilegios y defienden el mismo sistema social.

La tradicional expectativa desarrollista en las elites como sustitutos de los capitalistas ignora estas ligazones. Supone que si un grupo especializado evita las carencias de las clases dominantes el progreso estará asegurado.

Es cierto que en el caso latinoamericano las elites estuvieron más interesadas en servir a los poderosos, que en gestar procesos de desarrollo compartidos con las masas. Pero no se enemistaron con el pueblo por falta de lucidez, sino por su estrecho parentesco con procesos de acumulación manejados por la burguesía.

Contrastes y comparaciones

El neo-desarrollismo atribuye la bifurcación que actualmente se observa entre Asia y América Latina, al comportamiento de las elites de cada zona. Considera que las minorías orientales no están atadas al pasado europeo y actuaron con pautas de soberanía indígena, en lugar de repetir la actitud mestiza de subordinación que imperó en el Nuevo Mundo. Por eso lograron impulsar potentes proyectos nacionales primero en Japón, luego en Corea, Taiwán, Hong Kong, Singapur, posteriormente en Malasia y Tailandia y actualmente en China, India y Vietnam. (29)

De esta forma los países asiáticos son agrupados en un pelotón de exitosos, dotados de las mismas condiciones virtuosas que anteriormente se asignaba a Europa. El contraste con América Latina ya no se hace por la insuficiente asimilación de Occidente, sino por el exceso de esa influencia. Como la región estuvo más conectada que Asia al Viejo Continente, aquí se gestaron elites híbridas carentes de la autonomía que preservaron sus pares de Oriente.

Esta explicación sustituye los viejos prejuicios del Euro-centrismo por las nuevas arbitrariedades del Asia-centrismo. Todo lo que obstruía el desarrollo ahora es visto como un factor impulsor de ese progreso. El esquema es tan arbitrario que presenta a las sociedades orientales como paradigmas de soberanía, cuando la mayoría de sus grupos dirigentes mantuvo niveles de subordinación al capital extranjero muy superiores a Latinoamérica. En la misma época que esta región conquistaba su independencia formal, Asia iniciaba un largo proceso de sometimiento semicolonial, que perduró hasta mediados del siglo XX. Japón fue la excepción.

Este tipo de unilateralidades florece cuando se explica el crecimiento de una región frente a otra por ciertas cualidades de las elites, olvidando el comportamiento del mismo grupo en el período precedente. Como se busca enfatizar la continuidad de ciertos valores determinantes del desarrollo (tradiciones productivas, estabilidad institucional, consenso social) se supone que esos rasgos son de larga data. Este artificio exige ignorar todos los acontecimientos que desmienten ese presupuesto.

Las caracterizaciones del desarrollo basadas en la idiosincrasia de las elites fueron utilizadas en los años 80, para situar el secreto del auge japonés en una ética del trabajo recreada por la autoridad paternal. Pero se olvida que estos mismos rasgos eran considerados un lastre en el período precedente, cuando los teóricos de la modernización cuestionaban las barreras interpuestas por las tradiciones al despegue de cualquier economía. En esa época el localismo era sinónimo de provincialismo, la aversión a Europa era consideraba una rémora de pasados feudales y la continuidad de las costumbres era vista como un obstáculo a la iniciativa del empresario. Estos defectos se han transformado ahora en virtudes determinantes del milagro oriental.

El privilegio analítico asignado a las elites en desmedro de la dinámica objetiva de la acumulación y el comportamiento de las clases sociales obstruye el análisis. Sólo observando el comportamiento de las oligarquías, las burguesías nacionales y los capitalistas locales de América Latina resulta posible comprender conductas de las elites.

La ausencia de estas conexiones conduce a dos variantes simplificadas de interpretación del subdesarrollo latinoamericano. En un caso se afirma que las elites fallaron en el manejo del estado por su incapacidad para encauzar a la región en el “catch up”. En la otra vertiente se estima que las elites no lograron superar las carencias históricas de la sociedad civil (faltó Renacimiento, Ilustración y Revolución Industrial), de la estructura social (estrechez de la clase media) o del entramado institucional (legado de autoritarismo). (30)

En el primer caso se magnifica la autonomía del estado y en el segundo se idealiza la sociedad civil. Pero en las dos variantes se omite la complementariedad existente entre ambas esferas. La apropiación de trabajo ajeno que consuman los capitalistas en el ámbito privado es garantizada por los mecanismos legales de la estructura estatal.

La gran inestabilidad que ha padecido América Latina en los dos terrenos no obedece a la impotencia de las elites. Deriva de la inserción internacional periférica y la debilidad de las clases dominantes frente a la pujanza de los movimientos populares.

Otra modalidad de reivindicación de las elites exalta los segmentos más tecnocráticos de esos grupos. Considera que esas minorías detentan virtudes irreemplazables como organizadores del crecimiento. Estima, por ejemplo, que Chile ha logrado grandes éxitos en comparación a otros países por la eficiencia que demostraron esos sectores en la gestión del estado. (31)

Pero la economía trasandina ha sido un gran laboratorio de políticas neoliberales que generaron desigualdad social, precarización laboral y concentración del ingreso. Se apuntaló una clase capitalista, que lucra con la inserción primarizada del país como exportador de productos básicos.

Algunos neo-desarrollistas soslayan estos problemas retomando la reivindicación del modelo político chileno de la Concertación, que previamente ponderó el neo-estructuralismo. Esa corriente consideró factible morigerar el esquema neoliberal legado por la Constitución Pinochetista, mediante políticas de atenuación de la pobreza y mejora de la educación. (32)

Pero el resultado de esa experiencia está a la vista. En Chile se afianzaron los privilegios de los poderosos en un clima represivo, signado por el endeudamiento personal para acceder a la educación superior y un sistema de pensiones privadas que otorga jubilaciones ínfimas.

Conclusión

De todo lo expuesto se deduce que el neo-desarrollismo actual constituye apenas un esbozo de estrategias gubernamentales. Ha sido tomado por ciertos gobiernos, corrientes políticas y pensadores para inducir conductas industrializadoras de las burguesías locales. Buscan que ese sector emprenda procesos de inversión, para recomponer la gravitación manufacturera con nuevos perfiles exportadores.

Pero hasta ahora han obtenido pocos resultados en la ilustrativa experiencia de Argentina y en el tibio ensayo de Brasil. A la luz de estos intentos, el neo-desarrollismo emerge tan sólo como una tendencia del escenario regional.

Quienes le asignan gran futuro trazan comparaciones con el pre-desarrollismo de los años 30. Recuerdan que en esa época pocas voces intelectuales anticiparon el proyecto que se implementaría posteriormente. Pero las visiones más críticas también rememoran los numerosos proyectos de resurgimiento fallido, que sucedieron a la etapa clásica de los años 50-60.

En cualquier caso el neo-desarrollismo se encuentra en un estadio de inicio. No representa un proyecto significativo de las clases dominantes comparable a su clásico antecesor. El neoliberalismo persiste como el principal organizador de las concepciones y prácticas de los capitalistas. Por esta razón las vertientes neo-desarrollistas presentan tantos vasos comunicantes con la matriz neoliberal.

La caracterización de este fenómeno debe incorporar su dimensión política. No basta con observar cuál es el modelo macro-económico promovido o qué fracción del capital se beneficia con esa orientación. Hay que notar las afinidades de este proyecto con cierto tipo de gobiernos.

En el caso sudamericano ha sido muy visible su sintonía con los presidentes de centroizquierda, que buscan recuperar autonomía geopolítica a través del MERCOSUR o adoptan un perfil de conciliación de clases y pactos sociales. En este terreno se distancian de los gobiernos derechistas, alineados con Estados Unidos, que mantienen orientaciones explícitamente anti-desarrollistas. En los países donde esa hegemonía neoliberal ha sido más persistente (Colombia, México, Chile), los márgenes para el despunte neo-desarrollista han sido reducidos.

¿Pero qué ocurre en los gobiernos de Venezuela o Bolivia que presentan una fisonomía más radical? ¿Promueven también estrategias neo-desarrollistas? ¿Qué significado tienen los nuevos conceptos de social-desarrollismo y pos-desarrollismo? Abordamos estos temas en nuestros próximos textos.

Ver también:
- ¿Qué es el neo-desarrollismo? (Parte II): Una visión crítica. Argentina y Brasil
- ¿Qué es el neo-desarrollismo? (Parte I): Una visión crítica. Economía

Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:
1) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 105-108).
2) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011). “From the National- Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America”, Latin American Perspectives, May 2011 vol. 38 no. 3.
3) Bambirra, Vania, El capitalismo dependiente latinoamericano, (1986), México, Siglo XXI, (pag 57-68, 69-78, 96-106).
4) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011). “From the National- Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America”, Latin American Perspectives, May, vol. 38 no. 3.
5) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 99-102, 100-111).
6) Castelo Rodrigo, (2010). “O novo desenvolvimentismo e a decadencia ideológica”, Encruzilhadas da América Latina no seculo XXI, Rio de Janeiro, Pao e Rosas.
7) Sicsu Joao, De Paula Luiz, Renaut Michel, (2007). “¿Por qué novo desenvolvimentismo?”, Revista de Economía Política, vol 27, n 4, outubro-dezembro.
8) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 96-104, 118-126).
9) Katz Claudio, (2004), “Burguesías imaginarias y existentes”, Enfoques Alternativos, n 21, año 2, febrero.
10) Ver: Marini Ruy Mauro, (1994), “La crisis del desarrollismo”, Archivo de Ruy Mauro Marini, disponible en: Ruy Maurowww.marini-escritos.unam.mx
11) Fontes, Virginia, (2010), “Novas encruzilhadas e velhos fantasmas”, Encruzilhadas da América Latina no seculo XXI, Río de Janeiro, Pao e Rosas.
12) Palma Gabriel, (2012), “A rienda corta”, disponible en: www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash 6-5.
13) Portes Alejandro, (2004), El desarrollo futuro de América Latina: neoliberalismo, clases sociales y transnacionalismo, Bogotá, mayo, Ediciones Antropos (pag 113-149).
14) Ver: Gold David, Lo Clarence, Wright Eric Olin, (1977), “Recientes desarrollos en la teoría marxista del estado”. El estado en el capitalismo contemporáneo, México Siglo XXI.
15) Ver: Graciarena Jorge, (2000), El estado latinoamericano en perspectiva, Buenos Aires, EUDEBA.
16) Mann Michael, (2000), “Estados nacionais na Europa en outros continentes”, O Mapa Questao Nacional, Sao Paulo, Editorial Contrapunto, (pag 311-333).
17) Skocpol Theda, (1985), “Bringing the state back”, Bringing the state back, New York, Cambridge University Press.
18) Hobsbawm Eric, (2000), Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crítica, (pag 13-21, 14-52)
19) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011), “From the National-Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America, Latin American Perspectives, May 2011 vol. 38 no. 3
20) Ferrer Aldo, (2007), “Globalización, desarrollo nacional y densidad nacional”, en Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, Buenos Aires, CLACSO.
21) Ferrer Aldo, (2010), “Raúl Prebisch y el dilema del desarrollo en el mundo global”, Revista CEPAL, n 101, agosto
22) Bresser Pereira Luiz Carlos, (2012), “Five models of capitalism”, Revista de Economía Política, vol.32 no.1 São Paulo, Jan./Mar
23) Nuestro enfoque en: Katz Claudio, (2009), La economía marxista, hoy. Seis debates teóricos, Madrid, Maia Ediciones, (pag 13-29).
24) García Marco Aurelio, (2010), El nuevo desarrollismo, 10/31/2010, disponible en: www.revistasocialista
25) Domingues José Mauricio, (2009), Modernidad contemporánea en América Latina, Siglo XX, Buenos Aires, CLACSO, (pag 13, 23, 32-35, 80-87)
26) Domingues José Mauricio, (2009), Modernidad contemporánea en América Latina, Siglo XX, Buenos Aires, CLACSO, (pag 15, 20, 29-33).
27) Domingues José Mauricio, (2009) Modernidad contemporánea en América Latina, Siglo XX, Buenos Aires, CLACSO, (pag 226-231)
28) Anderson, Perry, (1984), "Modernidad y Revolución", Leviatán, n 16, Madrid. Callinicos, Alex, (1993), Contra el pos-modernismo, Bogotá, El áncora e¬ditores,
29) Jaguarible Helio, (1969), “Causas del subdesarrollo latinoamericano”, La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia, Buenos Aires, Amorrortu, (pp 173-177).
30) Jaguarible Helio, (1969), “Causas del subdesarrollo latinoamericano”, La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia, Buenos Aires, Amorrortu, (pp 173-176).
31) Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalización y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 77-81, 103)
32) Estos enfoques en: Jaguaribe Helio, (1995), “O estado na América Latina”, El estado en América Latina, Buenos Aires, Ciedla. O’Donnell Guillermo (1997), Contrapuntos, Buenos Aires, PAIDOS. Kaplan Marcos, (1995), “Teoría y realidad del estado en América Latina”, El estado en América Latina, Buenos Aires, Ciedla.
33) Portes Alejandro, (2004), El desarrollo futuro de América Latina: neoliberalismo, clases sociales y transnacionalismo, Bogotá, mayo, Ediciones Antropos (pag 71-112, 113-148).
34) Kay Cristobal, Gwynne Robert, (2000) “Relevance of Structuralist and Dependency, Theories in the Neoliberal Period: A Latin American Perspective”

Bibliografía:
- Anderson Benedict, (2000) “Introducao”, en O Mapa Questao Nacional, Sao Paulo, Editorial Contrapunto
- Bairoch Paul, (1999), Mythes et paradoxes de l´histoire economique, La découverte.
- Bensaid Daniel, (1991-1992), "Marx y la modernidad". El Cielo por asalto, n 3, verano, Buenos Aires
- Bensaid, Daniel, (1995), Les discordances des temps. Les editions de la passion, Paris.
- Portinaro Pier Paolo, (2003), Estado, léxico de política. Nueva Visión, Buenos Aires.
- Breuilly John, (2000), “Abordagens do nacionalismo”, O Mapa Questao Nacional, Sao Paulo, Editorial Contrapunto.
- Callinicos Alex, (1997), Theories and narratives, Polity Press.
- Castells Manuel, (2001), La era de la información, Siglo XXI. Tomo II México.
- Castelo Rodrigo, (2001), “O novo desenvolvimentismo e a decadencia ideológica”, Encruzilhadas da América Latina no seculo XXI, Pao e Rosas, Rio .
- Gellner, Ernest, (1991), Naciones y nacionalismo, Alianza, Madrid.
- Harvey David, (1998), La condición de la posmodernidad, Amorrortu, Buenos Aires.
- Katz Claudio, (2008), Integración o unidad latinoamericana”, Rediseño de América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
- Laurin Frenette Nicole, (1985), Las teorías funcionalistas de las clases sociales. Siglo XXI, Madrid
- Sicsu Joao, De Paula Luiz, Renaut Michel, “¿Por qué novo desenvolvimentismo? (2007), Revista de Economía Política, vol 27, n 4, outubro-dezembro.
- Zaiat, Alfredo, (2012), “Plan Fénix para América del Sur”, Página 12, 12-11.

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No es una guerra, es un genocidio

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Prácticamente desde su fundación como Estado auspiciado por las potencias occidentales luego de la Segunda Guerra Mundial, Israel se fijó como meta la expansión de su territorio y el exterminio de Palestina. Para lograr tal cometido nunca ha necesitado más razones o justificaciones que aquellas que le brinden la seguridad de no ser cuestionado o detenido en su actuación genocida por derecho internacional alguno, así se invoque la condena de la Organización de las Naciones Unidas en bloque, contando siempre con el apoyo irrestricto de Estados Unidos.

Al respecto, muchísimas personas en el mundo entero ignoran las raíces históricas del conflicto y lo simplifican como producto del fanatismo religioso, atribuyéndoles la peor parte a los palestinos quienes han cargado con el estigma de terroristas gracias al poder mediático y a la cinematografía maniquea de Hollywood. La agresión militar desproporcionada de la cual es víctima el pueblo de Palestina responde a la línea trazada desde siempre por el sionismo de despojar de sus tierras a quienes -históricamente- han vivido por generaciones en ellas y no como lo expresan las autoridades políticas y militares israelíes de acabar con “el terrorismo de Hamas”.

Como lo comenta Juan Francisco Coloane en reciente artículo publicado en ARGENPRESS.info, “el verdadero objetivo va más allá de Hamas y es donde el Sionismo comparte objetivos con la industria terrorista en la estrategia de dividir al mundo árabe e islámico y desestabilizar estados como Irak Siria e Irán que puedan significar una amenaza a dos aliados por conveniencia temporal, Arabia Saudí e Israel. Todo manejado con maestría por Estados Unidos que no cesa en su campaña de cambio de régimen en esos tres países que incomodan tanto a la industria petrolera como a Israel. Las corporaciones transnacionales de la industria del petróleo e Israel son aliados y en esa alianza, Arabia Saudí juega un papel central por su capacidad de aportar con recursos. Sus múltiples vínculos con la industria terrorista se han visto especialmente reflejados en el plan de derrocar al gobierno en Siria”. Tal situación ha sido ampliamente reseñada, sin embargo, no ha sido posible frenarla de un modo definitivo, aun con todas las garantías que se le pudiera ofrecer al Estado sionista de Israel para que exista lo mismo que un Estado palestino.

A pesar de la condena casi unánime del planeta, Israel prosigue su labor de limpieza étnica sin rubor alguno. Su propaganda y su poderoso lobby han neutralizado prácticamente toda acción humanitaria a favor del pueblo palestino. No obstante, aún debemos creer que el holocausto de Palestina tendrá que cesar algún día y se le permitirá a las familias árabes vivir en paz finalmente.

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Del modelo Auschwitz al modelo Gaza

Raúl Zibechi (ALAI)

En poco menos de una semana Israel desencadenó sobre la Franja de Gaza una lluvia de bombas que han matado ya a más de 200 personas, 80 por ciento de ellas civiles y una quinta parte niños.

La excusa para los ataques son los misilazos que del otro lado lanzan los milicianos de Hamas sobre Israel, que acaban de causar la primera víctima mortal en Israel. Pero la disparidad no es sólo en cuanto a víctimas: Gaza es un menguado territorio de poco más de 350 quilómetros cuadrados que vive bajo el acoso sistemático de la potencia militar de la zona. Cada tanto, sobre su millón y medio de habitantes caen las bombas, según una repetida lógica de larga data, ante la indiferencia de las potencias occidentales, que por menos de eso ya estarían preparando una “intervención militar humanitaria” para frenar al agresor. Al final de la Segunda Guerra Mundial, señala el filósofo español Santiago Alba Rico, se produjeron en Europa varios acontecimientos que marcaron la historia posterior. El primero, dice, es que durante los procesos de Nuremberg se registra el rechazo del abominable “modelo Auschwitz”, signado por “la deshumanización y exterminio horizontal del otro”; pero antes la principal potencia vencedora, Estados Unidos, había impuesto “la legalización de facto de los bombardeos aéreos” sobre población civil.

El “modelo Hiroshima” se vuelve entonces aceptable y “la deshumanización y exterminio vertical del otro se asume como rutinaria o como no penalizable” (1). El bombardeo a Dresde, semanas antes de la rendición de Alemania, en marzo de 1945, en el que las fuerzas aéreas estadounidense y británica provocaron la muerte de entre 25 y 35 mil personas, es considerado por Donald Bloxham, editor del Journal of Holocaust Education, como un “crimen de guerra”. Apenas derrotados los nazis, Francia bombardeaba Argelia y Siria, provocando masacres sin que los capitostes del nuevo orden mundial emitieran la menor protesta.

Los bombardeos aéreos desde entonces han sido cosa común, incluyendo el horror de Vietnam. “Ahora mismo los drones estadounidenses bombardean Pakistán o Yemen, los aviones de Bashar al Assad a su propio pueblo y los F-16 de Israel a los palestinos de Gaza. Todos esos bombardeos nos impresionan tanto como una tormenta de verano y, desde luego, mucho menos que una cuchillada en el metro”, remata Alba Rico.

Si de Gaza se trata, los ataques aéreos contra ese territorio palestino tienen una larga historia, con su secuela de miles de muertos, entre ellos cientos de niños, que representan entre el 25 y el 30 por ciento de las víctimas.

El periodista y analista británico Robert Fisk, especialista en los conflictos de Oriente Medio, reproduce en una columna que publicó esta semana en el diario The Independent de Londres un diálogo a propósito de los bombardeos de 2008 que mataron a más de 1.400 palestinos: “‘¿Y si Dublín fuera atacada con cohetes?’, preguntó entonces el embajador israelí. Pero en la década de 1970 la ciudad británica de Crossmaglen, en Irlanda del Norte, fue atacada con cohetes por la república de Irlanda, y sin embargo la Real Fuerza Aérea no bombardeó Dublín en venganza ni mató mujeres y niños irlandeses”.

El periodista israelí Gideon Levy insiste en que para Israel no se trata de combatir el terrorismo sino de matar árabes: “Desde la primera guerra del Líbano, hace más de 30 años, matar a los árabes se convirtió en el principal medio de la estrategia israelí. El ejército israelí ya no pelea contra otros ejércitos, el objetivo principal es la población civil” (Haaretz, domingo 13). Prueba de ello es la utilización de armas prohibidas en los bombardeos. “Doctores y personal médico han encontrado en los cuerpos de fallecidos o heridos restos de armas de destrucción masiva ilegales para el derecho internacional”, aseguran médicos desde el hospital Shifa, de Gaza. El cardiólogo noruego Erik Fosse, que lleva años trabajando en la Franja, dijo a la prensa que Israel estaría empleando armas que provocan cáncer. “Los médicos apuntan que podría tratarse de los denominados explosivos de metal inerte denso (dime, por su sigla en inglés), un arma de tipo experimental cuyo radio de acción es relativamente pequeño, pero cuya explosión resulta extremadamente potente” (Russia Today, lunes 13).

En contra de lo que asegura la propaganda israelí, los bombardeos no son una respuesta a los ataques de Hamas sino un cálculo político para bloquear cambios en la región, una obsesión del establishment de ese país: impedir la reconciliación entre Hamas y Fatah y evitar la toma de distancia de la Unión Europea respecto de Estados Unidos. Para cumplir sus objetivos políticos, los dirigentes israelíes no dudan en perpetrar masacres cada vez que lo consideran oportuno. Al hacerlo revelan un estilo “claramente fascista”, apunta el israelí Uri Avnery. Avnery es una de las personalidades israelíes más destacadas. A sus 90 años no pronuncia la palabra “fascista” a la ligera, menos aun tratándose de un judío. Repasando una realidad que le duele, llega al fondo del problema: al revés de lo que debería ser, su país es “un ejército dotado de Estado”, dice.

Nota:
1) Alba Rico no lo menciona, pero antes de la Segunda Guerra Mundial –probablemente como ensayo para el futuro–, durante la guerra civil española, la aviación nazi había lanzado operaciones de “exterminio vertical” de población civil en zonas resistentes del País Vasco, como en Guernica.

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¿Por qué permiten y callan ante la nueva masacre en Gaza?

Carlos Iaquinandi Castro (SERPAL)

Miles de octavillas lanzadas desde los aviones israelíes y llamadas telefónicas a móviles advirtieron a pobladores de los barrios de Shuyaiya y Zeitum que debían abandonar sus viviendas porque iban a ser bombardeadas. Teóricamente más de cien mil refugiados en esa zona de la franja de Gaza tenían que “evacuar” sus casas. Solo lo hicieron unos pocos centenares. El resto, decidió permanecer, entre otras cosas porque ya no tienen donde ir. La Franja de Gaza es una virtual prisión, cercada y controlada por las fuerzas militares del estado de Israel, tanques, aviones, “drones” y buques de guerra.

Allí se hacinan los 1,8 millones de habitantes de la franja encerrados en un pedazo de tierra de 40 kilómetros de largo y 9,5 kilómetros de ancho. Los accesos los bloquean los soldados israelíes, que solo permiten esporádicas entradas de suministros humanitarios. Más del 80 por ciento de los pobladores gazatíes viven en la pobreza. Apenas tienen suministro de agua y de alimentos, gran parte del dia carecen de energía eléctrica. Los que intentaron huir, ante la advertencia israelí, lo hicieron en carros, andando y los menos en algunos vehículos precarios. Consigo llevaban unos pocos enseres y si podían, algunos animales. Estas escenas patéticas se alternaron con la caída de misiles sobre viviendas. Un primer misil de aviso, y luego el siguiente, con la carga de destrucción. Esta sucesión de ataques ha provocado hasta ahora más de 200 muertos, muchos de ellos niños. Y entre niños y mujeres suman casi el 50% de las víctimas fatales. En la franja de Gaza, uno de cada dos habitantes tiene menos de 18 años. Hay más de un millar y medio de heridos. Muchos mutilados por los explosivos israelíes. Una gran mayoría reciben una precaria atención médica, porque el bloqueo ha impedido la llegada de medicamentos y de la reposición de elementos sanitarios indispensables.

Ante este horror, la comunidad internacional se limita a “lamentar”, exhortar a las partes” o sugerir “treguas humanitarias” en una reiteración de sus estériles comunicados. Como bien decía ayer Moratinos, el ex ministro español de exteriores, los diplomáticos aparecen, se sacan la foto, y vuelven a desaparecer. El estado de Israel sigue violando el derecho internacional, mantiene tropas en territorios ocupados en Cisjordania, instala asentamientos de colonos israelíes, y sigue asesinando civiles y sembrando el terror en Gaza con el pretexto de “defender” su territorio de los cohetes que lanza Hamás. Es una situación ante la que ningún ser humano puede permanecer impasible. Sin embargo, gobernantes, embajadores y organismos internacionales como las Naciones Unidas o el Parlamento Europeo no emitieron una sola condena o advertencia ante la canallesca “orden” del Ejército de Israel para que decenas de miles de indefensos palestinos abandonaran sus viviendas bajo la amenaza de bombardeos. Los palestinos están casi solos. Unicamente voluntarios sanitarios que han llegado desde diversos países y miembros de organizaciones de derechos humanos y solidaridad, arriesgan sus vidas para coordinar asistencia y algo de refugio. Los que podrían actuar, callan.

La imagen publicada por PODEMOS - el nuevo grupo político español- en su página web, muestra un Parlamento Europeo (recién “estrenado”) con apenas algunos de sus más de 700 miembros cuando se trataba con urgencia la tragedia de los palestinos.- Eso sí, horas antes muchos de estos diputados europeos habían estado muy activos discutiendo como repartirse las prebendas de cargos y privilegios en la renovada estructura parlamentaria.

¿Qué Guerra?

Los medios de comunicación occidentales, en particular los europeos y los de EEUU, manipulan sistemáticamente lo que llaman “conflicto” o “guerra”, pero suelen ocultar que Israel es ocupante por la fuerza de los territorios palestinos y que la política de los sucesivos gobiernos de Tel Aviv, ha sido la de seguir desalojando comunidades, en algunos casos destruyendo u ocupando sus viviendas y sus cultivos. Y a la vez, instalando nuevos asentamientos de colonos sobre las tierras ocupadas. Con el argumento de “protección”, Israel sigue construyendo muros de separación y aislamiento y reforzando militarmente las zonas ocupadas, estableciendo sus puestos de control. Los palestinos no pueden circular libremente en su propio territorio y en los “Chek Point” deben sufrir humillantes esperas para conseguir llegar a casa de un familiar o amigo, o incluso para acceder a otra parcela de su propiedad.

Los medios de comunicación mencionados, suelen mostrar imágenes de los impactos que los escasos cohetes de Hamás han provocado en territorio de Israel. Algunos tienen el tamaño de un hoyo de golf, y otros que caen sobre superficies de cemento o similares, provocan un destrozo que no llega al tamaño de una baldosa.

Esta simple mención, que no es más que trasladar lo que se nos muestra por los propios medios israelíes, puede ser descalificada como un “comentario antisemita”,
por quienes legitiman la ocupación, los muros, las invasiones, los robos de tierras, las bombas y los crímenes. No dejan espacio para una descripción de la realidad.

Solo se admite la manipulación y la mentira. Lo cierto es que más del 95 por ciento de los cohetes de Hamás son interceptados por el sistema “Iron Dome” ( Cúpula de Hierro) , que dispone de potentes radares capaces de calcular la trayectoria de los cohetes y establecer un punto de encuentro para derribarlo y que constituye un auténtico escudo para Israel. Los que finalmente han caído a tierra, son los pequeños cohetes Kasam 1 y 2, y disparos de mortero, que según las fuentes israelíes han provocado hasta ahora 1 muerto y una decena de heridos. La desproporción militar, es brutal. Los palestinos no tienen defensa alguna ante los misiles, las bombas, los drones ( aviones pequeños teleguiados desde los cuales realizan asesinatos supuestamente “selectivos”) los tanques y blindados. Esa desproporción no solo está en el número de víctimas. También en la destrucción total de cientos de viviendas, miles con daños graves o importantes, la demolición de las precarias infraestructuras palestinas, muchas de ellas construidas con dinero de la ayuda de países europeos. Portavoces de las Naciones Unidas indicaron que los
últimos ataques israelíes han dejado sin agua a una población de 300.000 gazatíes.

Llamar “operación defensiva”, o “guerra” no es un error, ni una distracción, es una canallada más con la que muchos medios se convierten en cómplices directos de las masacres.

El boicot permanente a la paz necesaria

Aunque la razón y la lógica apunten a que palestinos e israelíes tendrán que convivir, y en principio la teoría de los dos estados es la base para un definitivo acuerdo de paz, es evidente que Israel -con distintos gobiernos- ha mantenido la política de “estrangular” poco a poco a la población palestina. Sistemáticamente va ocupando territorio y somete a los palestinos a bloqueos por aire, tierra y mar, controlando el ingreso de alimentos, medicinas y todo tipo de insumos.

El gobierno de Tel Aviv argumenta para sus operaciones militares “de castigo”, que los palestinos no quieren reconocer la existencia del Estado de Israel. Pero en los hechos, tampoco admiten la existencia de los palestinos. Y su verdadera apuesta sigue siendo la de dominarlos o exterminarlos.

¿Hasta dónde es también esa la intención y la voluntad del pueblo israelí? No lo sabemos. Pero sí sabemos cuáles han sido las actitudes de sus gobiernos, y el peso cada vez mayor de los sectores de ultraderecha y de los ultrarreligiosos y de muchos de sus medios de comunicación. Y también sabemos que hay israelíes que consideran injusto el proceder de su gobierno y que sufren con el sufrimiento de los palestinos. Pero la realidad es que los “halcones” prevalecen y agitan las banderas del odio.

La matanza en la playa

Ismael, Zakaria, Ahed y Mohamed tenían entre nueve y diez años. Eran hermanos y primos, y junto con otros familiares y amigos jugaban al escondite y a la pelota en la playa de pescadores de Gaza. Eran las cuatro de la tarde del miércoles. Cielo despejado y sol pleno. De improviso, desde uno de los navíos de guerra israelíes, se disparó contra el grupo. Ante el impacto cercano los pequeños salieron corriendo en busca de un refugio. Su última y desesperada carrera fue filmada por periodistas franceses que casualmente se encontraban en el muelle. Segundos después, un segundo misil explotaba destrozando los cuerpos de los pequeños. Habían logrado alejarse unos 200 metros del punto del primer impacto. Todo indica que fueron “buscados” como objetivos por los atacantes israelíes. ¿Los confundieron con militantes de Hamás?... Parece imposible que con los medios y la tecnología que utiliza el ejército de Israel para actuar a distancia, incluso de noche, y dar de pleno en un vehículo que se desplaza en carretera, asesine “por error” a los cuatro pequeños que se alejaban corriendo por la arena de la costa a plena luz del dia. Hamad, de 13 años, hermano de dos de los muertos, y que sobrevivió a la masacre fue atendido por los periodistas. A su lado su hermano Yunis lloraba desconsolado y su madre Taghrid se preguntaba “como los palestinos no van a clamar venganza ante estos crímenes” de Israel. Dicen que el presidente israelí Shimon Peres pidió disculpas. Y que el mando militar afirma que “investigarán”. Es difícil suponer que esta acumulación de muertes, destrucción y crueldad, pueda dar lugar a una paz.

Invasión por tierra

Ayer, pocos minutos después de finalizar la tregua “humanitaria” de cinco horas para que los palestinos pudieran evacuar muertos y heridos, conseguir agua y algo de comida, otros tres niños, miembros de una misma familia fueron muertos al caer un misil israelí sobre el barrio de Zaitum. Una cuarta niña murió en otro ataque israelí sobre el campo de refugiados de Jan Yunis, una de las zonas más castigadas por los bombardeos.

Poco más tarde, los sectores más ultras del gobierno de Israel conseguían que el primer ministro Netanyahu se embarcara en una ofensiva terrestre. En términos militares esto implica que al menos cuatro brigadas de infantería, apoyadas por cientos de tanques y blindados comenzaron una incursión terrestre. El argumento principal es “destruir túneles de los terroristas”. Sin embargo, los primeros informes indican que el avance es de unos pocos cientos de metros y que los militares israelíes están utilizando fuego de artillería y tanques para “planchar” la zona y garantizar que no encontrarán resistencia. Un cable de la agencia alemana DPA indica que un hospital al sureste de la ciudad de Gaza quedó seriamente dañado tras ser atacado. Se deduce que no se trató de un error, porque la información indica que previamente hubo una llamada de advertencia del ejército israelí. Médicos y enfermeras pudieron evacuar a muchos pacientes, salvo un grupo de ellos afectados por parálisis. Otras avanzadas de infantería disparan contra edificios donde están situados medios de comunicación palestinos. Y desde helicópteros bombardearon la torre Al Dhauhara, en Gaza, resultando herido un fotógrafo. Las tropas israelíes también dispararon contra un edificio en el barrio de Rimal, hiriendo a varios trabajadores de una emisora de radio. Según medios independientes más de 20 civiles han resultado muertos en las últimas 12 horas, de los cuales 2 bebés y otros 7 menores. Con estas muertes, son ya 265 los palestinos fallecidos en los diez días de operación aérea israelí sobre Gaza, 58 de ellos niños y menores de edad. Y hay más de 2.000 heridos, muchos graves o con amputaciones. El mando militar israelí reconoció la muerte de un soldado, pero al parecer, según admitieron, alcanzado por “fuego amigo”.

Si todos los que debiendo hablar y actuar callan, será imposible detener esta lógica destructiva. Hay quienes se benefician alimentando esta espiral sin fin. “Plomo Fundido”, “Márgen Protector”, una sucesión inacabable de matanzas. La solidaridad de los pueblos es la única reserva para que estas injusticias no continúen repitiéndose. Porque esa es la dinámica. Seguir destruyendo y matando.

Pero si han llegado hasta aquí en esta crónica que ha pretendido informar sobre la nueva agresión, puede que coincidan en que podría resumirse en estas pocas palabras recientemente publicadas por Eduardo Galeano…

(…)

“Ya poca Palestina queda.
Paso a paso Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera.
Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva.
Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania.
Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo.
En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen.“

Cómplices del genocidio por etapas.

Lo que ocurre en Gaza no es una guerra, es una ocupación militar, es el genocidio por etapas de un pueblo que no tiene posibilidades de defenderse. Y eso sucede con la complicidad explícita de lo que pomposamente denominan “comunidad internacional”. Entre sus mejores representantes, el gobierno de Estados Unidos, que a través de John Kerry, secretario de estado, “aprobó la ofensiva terrestre”.

Y la canciller alemana, Angela Merkel, quien afirmó "ambas partes deben aceptar compromisos dolorosos pero estamos al lado de Israel en lo que afecta a la propia defensa". Ellos permiten y callan ante la matanza de Gaza como permitieron y callaron ante todas las anteriores. Estados Unidos salvando con su poder de veto en la ONU todas las resoluciones que en las últimas décadas han condenado al ocupante israelí. Lo demás, son cuentos…y como decía León Felipe “he visto que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre …ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos y sé todos los cuentos”.

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Dos Premios Nobel de la Paz latinoamericanos piden un embargo militar a Israel

SERPAJ

“Con el establecimiento de una relación de opresión, la violencia ya ha comenzado. Nunca en la historia los oprimidos han iniciado la violencia. … No habría oprimidos si antes no hubiera existido la violencia para establecer su sometimiento.” -Paulo Freire-.



Israel ha desatado una vez más toda la fuerza de su ejército contra la población palestina cautiva, sobre todo en la sitiada Franja de Gaza, en un acto inhumano e ilegal de agresión militar. El actual ataque de Israel contra Gaza hasta el momento ha matado a muchos civiles inocentes, ha causado cientos de heridos y devastado la infraestructura civil, incluido el sector de la salud, que ya estaba gravemente deteriorado.

La capacidad de Israel para poner en marcha este tipo de ataques devastadores con impunidad proviene en gran parte de la vasta cooperación militar internacional y del comercio de armas que Israel mantiene con gobiernos cómplices de todo el mundo.

Durante el periodo 2008-2019, EE.UU. proporcionará ayuda militar a Israel por valor de 30.000 millones de dólares, mientras que las ventas militares anuales israelíes al mundo llegan a miles de millones de dólares. En los últimos años los países europeos han exportado armas a Israel por valor de miles de millones de euros y la Unión Europea ha financiado a las empresas militares y a las universidades israelíes con becas de investigación en el ámbito militar por un valor de cientos de millones de euros.

Las economías emergentes, como India, Brasil y Chile, aumentan rápidamente su comercio y cooperación militar con Israel, a pesar de que afirman apoyar los derechos palestinos.

Al importar y exportar armas a Israel y facilitar el desarrollo de la tecnología militar israelí los gobiernos de hecho están enviando un claro mensaje de aprobación de la agresión militar de Israel, incluidos sus crímenes de guerra y posibles crímenes contra la humanidad.

Israel es uno de los principales productores y exportadores de aviones militares no tripulados del mundo. La tecnología militar de Israel, desarrollada para mantener décadas de opresión, se comercializa con la calificación de “probada sobre el terreno” y se exporta a todo el mundo.

El comercio militar con Israel y las relaciones de investigación conjunta en el ámbito militar alientan la impunidad israelí para cometer graves violaciones del derecho internacional y facilitan el afianzamiento del sistema israelí de ocupación, colonización y de negación sistemática de los derechos de los palestinos.

Hacemos un llamado a las Naciones Unidas y los gobiernos de todo el mundo a tomar medidas inmediatas para aplicar a Israel un embargo militar integral y legalmente vinculante, similar al impuesto a Sudáfrica durante el apartheid.

Los gobiernos que expresan su solidaridad con el pueblo palestino en Gaza, el más castigado por el militarismo, las atrocidades y la impunidad de Israel, deben comenzar por cortar relaciones militares con Israel. Los palestinos necesitan hoy una solidaridad eficaz y no caridad.

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China y Argentina con mayores vínculos económicos

Julio C. Gambina (especial para ARGENPRESS.info)

La presencia de Xi Jinping en Argentina apunta a consolidar las relaciones económicas que el país viene desarrollando con China y las aspiraciones de esta potencia por avanzar en el control de los recursos naturales en la región latinoamericana y caribeña.

En la visita se anunciaron inversiones por 7.000 millones de dólares en energía y transporte ferroviario y naval, junto un acuerdo financiero de contingencia por 11.000 millones de dólares, que podrán mejorar las reservas internacionales de ambos países, porque en teoría China apoyará a Argentina si lo necesitara, tanto como Argentina lo hará con China si esta lo requeriría, algo improbable por cierto.

Ocurre algo similar cuando la Argentina suscribe Tratados Bilaterales de Inversión con principales países capitalistas y se compromete a defender las inversiones extranjeras en la Argentina, tanto como que el otro país defenderá las inversiones llegadas a ese destino desde nuestro país.

Es cierto que existen empresas argentinas con inversiones en el extranjero, pero la corriente de flujo de inversiones es inversa, con mayor ingreso de capitales de riesgo o de préstamo. En todo caso, las salidas de capitales de la Argentina son por fuga, cancelaciones de intereses y capital por deudas y remesas de utilidades al exterior, tanto como inversiones inmobiliarias o en activos externos, no necesariamente productivos.

Resulta más corriente el flujo de inversiones desde el exterior hacia la Argentina, que desde nuestro país al exterior. La afirmación se ratifica también en la relación bilateral con China.

Los tratados bilaterales en defensa de las inversiones son la salvaguarda que exige todo capital externo para invertir en el país y asegurarse la fuente de valorización y rentabilidad, motor de las inversiones externas.

¿Por qué pensar que será diferente para el caso chino? ¿Acaso existe beneficencia con los inversores del gigante asiático?

El Senado argentino otorgó media sanción a la ley sobre inmunidad de los fondos de Bancos Centrales en Argentina y viceversa. La Cámara de Diputados transformará en ley en la primera reunión posible, pues se trata de una cuestión de Estado y en el oficialismo y la oposición sistémica existe acuerdo en atraer inversores foráneos al país para asegurar el ciclo de valorización y acumulación.

La aprobación de la legislación de inmunidad a fondos de bancas centrales ocurrió a muy pocos días de la presencia del líder chino en Argentina y anunciando cuantiosos proyectos de inversión en energía y transporte y el acuerdo de contingencia financiera.

Producción local o externa

En paralelo, los trabajadores en conflicto de la ferroviaria Enfer se preguntan por qué no producir locomotoras y vagones en la Argentina.

Del mismo modo, los trabajadores de astilleros se interrogan por la compra de navíos chinos en lugar de producirlos localmente.

Son comentarios inspirados en otros tiempos de diversificada producción fabril local, ahora transformada en sistema de armaduría.

Lo que está en discusión es el modelo productivo y de desarrollo en Argentina y en la región, con China en progreso como socio privilegiado de América Latina y el Caribe en lo comercial y financiero.

Es que China necesita para sostener su acelerado crecimiento económico con recursos naturales inexistentes en su territorio.

La modernización de base capitalista de China desde 1978 y su inserción en el sistema mundial, especialmente con el ingreso la OMC, fue motivo de la gira anterior de los gobernantes chinos por la región en 2004.

En aquella época se fantaseo con resolver el endeudamiento argentino con un aporte desde China por 20.000 millones de dólares que nunca se materializó.

En estas cuatro décadas transcurridas desde el inicio de la estrategia de expansión de relaciones capitalistas al interior de China y de su inserción internacional muchas cosas han cambiado en la economía mundial.

Una es el mayor peso de China en el PIB mundial, equiparando en la coyuntura a EEUU e incluso desplazando a este país del primer lugar del podio. Sin embargo, no debe perderse de vista que el logro se asocia a la recepción de cuantiosas inversiones provenientes del capitalismo desarrollado. Ahora intenta exportar capitales y sale a la conquista de territorios para sus inversiones, exportando su modelo productivo y de desarrollo para valorizar su activo construido en cuatro décadas.

Otra es la crisis mundial desatada entre 2007 y 2008 que orientó a los capitales a la búsqueda de rentabilidad fuera de los países más desarrollados que desde entonces mantienen una política de tasas de interés con tendencia a cero. Eso motivó la calificación de emergentes a países que se ofrecían como receptores de inversiones con rentabilidad asegurada por bajos salarios en divisas y enormes recursos naturales. Ahí puede encontrarse el antecedente de los BRICS y su proyecto de avanzar en cierta institucionalización que se manifestó en el anuncio de estos días por replicar organizaciones similares a las organizadas hace 70 años en Bretton Woods.

El intento es por conseguir nuevos mercados emergentes y desde los BRICS estimular la presencia de los capitales originarios de sus países en otros nuevos países con pretensión de emergentes. Argentina y otros vecinos asociados en UNASUR buscan ser receptores de inversiones, subordinando su modelo productivo y de desarrollo a la lógica del inversor.

En rigor, solo China mantiene la dinámica de crecimiento superior al promedio mundial, morigerado por los demás integrantes, especialmente Brasil en plena crisis con impacto directo sobre la Argentina.

¿Quién modela el modelo?

Argentina modeló su proyecto económico de país hacia 1880 bajo la dependencia británica y tuvo sus defensores entre las clases dominantes hasta el pacto Roca Runciman en los treinta.

Desde la década del 20, la penetración de los capitales estadounidenses fue desplazando la hegemonía externa británica sobre la Argentina hasta consolidarse desde entonces hasta nuestros días.

Las privatizaciones de la última década del Siglo XX hizo visible el ingreso de capitales europeos, principalmente españoles y algunos provenientes de países vecinos, diversificando la presencia externa en el capitalismo local.

Entre las principales inversiones externas en el país figuran las de EEUU, de España (crecieron mucho en los 90´) y de China, estas última con especial expansión en la última década.

La inserción de la Argentina en el capitalismo mundial nació dependiente a fines del Siglo XIX, cuando el capitalismo transitaba su expansión imperialista.

El proyecto en curso mantiene el carácter de inserción subordinada a la inversión externa para un modelo productivo que organizan las transnacionales de la alimentación y la biotecnología, de la mega minería a cielo abierto, los hidrocarburos no convencionales, y de un modelo fabril de armaduría, condicionado por la hipoteca del cáncer del endeudamiento eterno.

El debate necesario sigue siendo por la independencia, lo que supone definir el modelo productivo y de desarrollo pensando en la satisfacción de las necesidades sociales insatisfechas más que por las necesidades de acumulación del hegemón o candidato a serlo.

Más que emergentes interesa ser independientes y desde allí insertar a la Argentina en la región y en el mundo, en el camino del programa de las soberanías construidas por los pueblos de la región en el último tiempo: alimentaria, energética o financiera.

Es un programa que aparece postergado e influenciado por la ofensiva de las clases dominantes que pretenden frenar el cambio político presentado en este comienzo del Siglo XXI en Nuestramérica.

Fueron los pueblos en luchas los que generaron la condición de posibilidad del cambio político y son ahora los que están desafiados a profundizar el cambio desde la lucha por la modificación de las relaciones sociales de producción.

Una conclusión en boga en toda la región es que si no se avanza en el cambio político y económico, se retrocede.

Mientras en Argentina se generan condiciones para nuevos ciclos de promoción de inversiones capitalistas, emerge nuevamente y desde el conflicto el descontento por cesantías y despidos; la crítica al financiamiento del estado con impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores; y especialmente el rechazo al pago de la deuda que condiciona una política para la satisfacción de amplias necesidades sociales desde otro modelo productivo y de desarrollo.

Esa movilización y organización popular en el país y en la región es la nueva condición de posibilidad para profundizar los cambios, en la política y en el orden económico, para otra sociedad no capitalista, recreando el horizonte por el socialismo.

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Caso Lear: No sólo los buitres extorsionan

Eduardo Lucita (ANRED)

He señalado en varias notas anteriores que en el marco de la crisis actual muchas patronales hacen un “uso capitalista de la crisis”. Aprovechan la incertidumbre y el temor que se instala en las filas obreras para suspender y despedir, muchas veces más de lo que la propia crisis les exige y de paso sacarse de encima a los delegados y activistas más cuestionadores del orden establecido. Esto ha pasado en diversas ocasiones, siempre con el colaboracionismo sindical y la distracción del Ministerio. Pero el caso Lear Corp, la multinacional autopartista de capitales norteamericanos, trasvasó todos los límites.

Como es conocido, el conflicto se desenvuelve desde hace varias semanas, cuando la empresa sin presentar procedimiento de crisis ante el Ministerio de Trabajo, suspendió sin sueldo a 100 trabajadores y despidió a unos 130, entre ellos a los cinco miembros de la Comisión Interna, legítimos y legales representantes, elegidos democráticamente en elecciones en su momento avaladas por el sindicato. Los trabajadores levantaron una carpa frente a la empresa y organizaron una serie de actividades, marcha al Ministerio de Trabajo incluida, para hacer público el conflicto, ante la pasividad del sindicato. Finalmente el ministerio convocó a los representantes de la empresa y del SMATA, pero no a los delegados fabriles, para analizar el conflicto, mientras en paralelo intimaba a la empresa para que dejara ingresar a los delegados a la planta, también que se reincorporara a 20 de los despedidos, no se sabe con qué procedimiento selectivo.

A diferencia de lo que sucede con otras empresas del sector autopartista donde la caída en la producción en las terminales puede impactar en sus niveles de producción, no es este el caso. Lear Corp. produce cables exclusivamente para la automotriz FORD, que justamente es una de las terminales que no ha reducido su actividad. Los delegados han denunciado que en realidad está reemplazando producción local por importada. Esto es, está sorteando las restricciones para importar establecidas por la Secretaria de Comercio. Entonces o trae paquetes de cables de contrabando o tiene autorización para importar. ¿Dónde quedan entonces los programas de la Secretaria de Industria para sustituir importaciones?

Sorpresivamente, en un verdadero operativo conjunto, el conflicto tomó un cauce inesperado. Desde que se instalara la carpa, la empresa y el sindicato acordaron un sistema de transporte en micros para que los trabajadores pudieran sortear posibles piquetes en el ingreso a planta para sus tareas cotidianas. Estos micros salen de Panamericana y Av. Henry Ford y van hasta el Km.31 donde están las instalaciones de Lear Corp., pero el 18 de julio subieron también a los micros dirigentes del SMATA que alteraron el recorrido y llevaron a los trabajadores hasta la sede del sindicato nacional, porque según informaron en el momento allí se realizaría una asamblea.

Llegados al inesperado destino los recibió el Secretario General, Ricardo Pignanelli, uno de los interlocutores preferidos del gobierno y de CFK, quién les informó que se “realizaría una asamblea sin debate” y que este acto contaba “con la presencia del Ministerio de Trabajo”.

A continuación tomó la palabra el Secretario Adjunto, Mario Manrique, quién leyó una carta que habrían elevado al sindicato trabajadores de la fábrica con numerosas firmas en la que solicitaban a la directiva nacional que convocara a una asamblea para revocar el mandato de la Comisión Interna. Luego se conocería que cuatro trabajadores que se negaron a firmarla fueron despedidos por la empresa.

A continuación leyó una segunda carta, esta vez de la empresa. Allí se dice que la CI interna con sus permanentes reclamos había enrarecido el clima laboral en la planta, que la empresa no acataría la intimación del ministerio y que si se veía obligada a reincorporar a los cinco delegados despedidos cerraría la planta.

De inmediato se pasó a votación la moción de destituir a los delegados. No hubo espacio, como establece la Ley de Asociaciones Profesionales, para que los delegados cuestionados pudieran hacer sus descargos y defenderse de las acusaciones. El representante del Ministerio de Trabajo no intervino para exigir su cumplimiento. En ese clima como era de esperar no hubo votos en contra ni abstenciones sino unanimidad.

Como cierre el Secretario Adjunto pidió a los presentes que uno por uno, a la salida, pasaran a firmar el acta, y adelantó que más adelante se realizaría otra asamblea esta vez con debate.

Los trabajadores, aún los que firmaron el acta en el sindicato, niegan haber impulsado la carta pidiendo la revocatoria, dicen que la redacción fue del propio sindicato y que fueron coaccionados a firmarla bajo amenazas. La empresa chantajea a los trabajadores culpando de todo a la CI. El Ministerio de Trabajo se cubre conminando a reincorporar a los delegados y a 20 trabajadores, pero no reacciona cuando la empresa dicen que no acata sus disposiciones y hace la vista gorda cuando no se cumple la Ley de Contrato de Trabajo. La extorsión no es solo propiedad de los fondos buitres, también de las empresas, de los sindicatos y del Estado.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda

Nota: De lo aquí descripto he recibido testimonios personales, en relación a lo sucedido en el interior del sindicato he sintetizado dos audio grabados clandestinamente que están circulando por facebook y pueden consultarse en Plaza de Mayo.com.

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Un resabio autoritario

LA ARENA

Aún cuando ya se han recorrido más de tres décadas de gobiernos democráticos ininterrumpidos, persisten en la legislación y en las prácticas del Estado una serie de rémoras autoritarias, propias de las dictaduras militares que asolaron al país durante más de la mitad del siglo pasado.

Un ejemplo palmario de esta afirmación es la exigencia, en diversas reparticiones públicas, y para diversos trámites, de que los ciudadanos presenten un "certificado de antecedentes" expedido por el Registro Nacional de Reincidencia, para acreditar su falta de condenas o procesamientos por delitos penales.

Este requisito ya era inaceptable a la luz de la Constitución de 1853, que establece claramente el principio de inocencia, esto es, que toda persona debe ser considerada inocente hasta tanto se pruebe lo contrario. Una persona acusada de un delito no tiene la obligación de demostrar su inocencia: es al Estado -a través de los fiscales- a quien le cabe la obligación de probar su culpabilidad. Si este principio se aplica para un imputado en un proceso penal, tanto más debería serlo respecto de la generalidad de los ciudadanos que deben -a veces, por desgracia- iniciar trámites ante la administración pública.

Si esto era inadmisible ya desde el siglo XIX, tanto más lo es desde 1994, en que estas garantías penales se han visto amplificadas por la incorporación a nuestra Constitución Nacional de los tratados internacionales de derechos humanos, que no sólo amplían estos derechos, sino que además, en caso de ser violados, permiten el juzgamiento del Estado nacional ante tribunales internacionales.

La ironía se amplifica, además, por el hecho de que es el mismo Estado que demanda la presentación del desafortunado "certificado" el que se encuentra en posesión de los datos sobre los antecedentes de todos sus ciudadanos, por lo que exigir su demostración a los individuos implica poco menos que confesar su propia incapacidad de procesar la información en sus manos. Esto se vuelve especialmente cierto en los días que corren, en que la tecnología informática permite el rápido acceso a todas las bases de datos, sin necesidad de imponer a los ciudadanos el esfuerzo y el gasto de realizar trámites innecesarios deambulando por ignotas oficinas.

Por si estos argumentos no fueran suficientes, está también esa formidable herramienta incorporada en la reforma constitucional de 1994, denominada "hábeas data", que permite a los individuos la protección de sus datos personales. Este nuevo derecho permite no sólo tomar conocimiento de la información que terceros han acumulado sobre cada uno de los ciudadanos, sino que también habilita a demandar su corrección, actualización, supresión o su mantenimiento en confidencialidad.

El Estado es el principal acopiador y administrador de información sobre las personas. Esa actividad, que lo beneficia notoriamente -que lo digan, si no, los contribuyentes impositivos- le impone como contrapartida la obligación de mantener actualizados sus registros, y de instrumentar todas las medidas para que el manejo de esos datos no cause daños a terceros.

Pocos datos deben haber que puedan ser calificados de "sensibles" como aquellos que involucran el historial criminal de una persona. Y si hoy ya se habla de la tendencia en el ámbito de la criminología de eliminar el concepto de la "reincidencia" -por cuanto podría implicar un doble castigo por la misma falta- tanto más debería garantizarse ese derecho a quienes carecen por completo de antecedentes.

La simple eliminación de este requisito inútil e irritante, implicaría más libertad para los ciudadanos, y mayor calidad para la república.

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