martes, 16 de septiembre de 2014

Neoliberales en América Latina (II): Pensamiento socio-liberal

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

El social-liberalismo adoptó los postulados de la Tercera Vía y motorizó las transiciones pactadas con las dictaduras, siguiendo el modelo de la Concertación chilena. FH Cardoso fue un artífice de estos procesos. Comenzó en el progresismo y concluyó como abanderado del ajuste. Transparentó su visión del desarrollo como un proceso de asociación con el capital extranjero y eliminó todos los resabios de la Teoría de Dependencia.

Castañeda abandonó la izquierda para sumarse a un gobierno derechista, convalidando el orden capitalista y cuestionando la rebeldía popular. Sustituyó caracterizaciones dogmáticas de la plusvalía por elogios a la uniformidad globalista. Transformó su crítica al economicismo en una idealización de la política y convirtió su tesis de múltiples imperialismos en aprobaciones del status quo.

También Sebreli reemplazó su defensa inicial de un socialismo puro por adscripciones al neoliberalismo. Sus viejos cuestionamientos a la subsistencia de brechas entre el centro y la periferia devinieron en una aceptación de la globalización. Enalteció el desarrollo de las fuerzas productivas estableciendo una falsa identificación del progreso con el capitalismo. Desconoció que el motor la historia es la búsqueda de la emancipación social, a partir de legados de resistencia aportados por todos los sectores oprimidos.

El social-liberalismo repite los mitos del eurocentrismo. Avala la destrucción de las civilizaciones pre-capitalistas, desvaloriza las culturas autóctonas y justifica la expansión colonial. Ha incorporado las simplificaciones de la teoría neoclásica, relativiza las desigualdades internacionales e imagina que los países atrasados reproducirán el desarrollo de los avanzados.

El neoliberalismo de los años 80-90 sumó a varios mandatarios de la denominada Tercera Vía como Tony Blair o Felipe González. Provenían del keynesianismo de posguerra y del reformismo socialdemócrata, pero asumieron el discurso conformista que proclamó el ocaso de la ideología, la extinción de la era industrial y la obsolescencia de la lucha de clases. Postularon una mirada socio-liberal y repitieron los mensajes privatistas, silenciando los monumentales desequilibrios creados por la desregulación de la economía.

Los teóricos de este giro asumieron una reivindicación pragmática del capitalismo. Presentaron la globalización como un rumbo inexorable que exigía mayor apertura, eficiencia y competitividad. Pero ocultaron el atropello a las conquistas sociales que introducía este curso. (1)

El escenario de la involución

En gran parte de América Latina este período correspondió a la transición de las dictaduras a los regímenes constitucionales. Este pasaje fue negociado por las cúpulas militares y los partidos políticos tradicionales. Los autores que se aproximaron al social-liberalismo justificaron esos pactos, realzando su conveniencia para gestar procesos de soberanía y democratización. Eludieron analizar cómo esos compromisos generaban sistemas políticos maniatados y subordinados a los acreedores externos. (2)

Esos condicionamientos afloraron en los años 80-90 cuando la crisis de la deuda masificó la miseria y pulverizó la estabilidad del constitucionalismo. Allí se verificó el carácter opresivo de las “democracias excluyentes” forjadas en los años previos. Esos regímenes convalidaron el empobrecimiento popular y consumaron una gran transferencia de ingresos a favor de los banqueros.

Estos regresivos efectos fueron minimizados por los autores que promovieron los acuerdos de transición pos-dictatorial. Suponían que el constitucionalismo abriría las compuertas del bienestar, desconociendo las consecuencias de perpetuar estructuras económico-sociales inequitativas y adversas al desarrollo. Concentraron sus estudios en la temática institucionalista evitando cualquier referencia a la desigualdad, a los intereses de clase o a la explotación capitalista. Sólo difundieron miradas conservadoras para apuntalar el orden vigente. (3)

Inspirados en el modelo de la transición española, los dirigentes del Partido Socialista de Chile implementaron el esquema más acabado de esa estrategia. Pactaron el sostenimiento de la Constitución pinochetista y compartieron el gobierno de la Concertación. Ese curso se convirtió en el arquetipo de una administración socio-liberal. Promovieron el libre-comercio, la flexibilización laboral y la privatización de la educación.

El social-liberalismo fue también auspiciado por algunas versiones de origen euro-comunista. Recurrieron a la autoridad de Gramsci para destacar la conveniencia de forjar sociedades civiles cimentadas en la influencia cultural de los trabajadores. Sostuvieron que este proceso permitiría suavizar las normas coercitivas del estado y contrarrestar la preeminencia del mercado, a través de un consenso de largo plazo entre el proletariado y la burguesía.

Pero la experiencia posterior demostró que las clases dominantes no comparten el poder. Sólo cooptan a ciertas capas de origen popular utilizando las prebendas del estado. Se demostró que los espacios gestionados por los asalariados distan mucho de reproducir la paulatina conquista del poder que consumó la burguesía bajo el feudalismo. Los trabajadores no acumulan riquezas, no controlan empresas, ni administran bancos. Por estas razones tienen obstruida la reiteración del camino que históricamente transitaron los capitalistas. Antes de asumir el control del estado esa clase se convirtió en acreedora de los gobernantes y dueña del poder económico. (4)

El socio-liberalismo hizo suyos todos los conceptos de la Tercera Vía, la transición pactada y el gramscismo social-demócrata. Con ese arsenal teórico escaló posiciones en los estados, la academia y los círculos de poder de América Latina. Varios autores provenientes del marxismo se transformaron en voceros de un enfoque complementario del neoliberalismo tradicional.

La defensa del modelo derechista ya no quedó restringida sólo a Mario Vargas Llosa, Carlos Rangel o Alberto Montaner. Tres figuras de la izquierda intelectual como Fernando Henrique Cardoso, Jorge Castañeda y Juan José Sebreli sumaron su voz a este campo.

Estos tres autores se embarcaron en el giro derechista fascinados por la globalización. Elogiaron las ventajas del mercado y exaltaron las virtudes del capitalismo. Cuestionaron frontalmente la Teoría de la Dependencia y rechazaron todos los resabios culturales del “setentismo”. Esta involución sintonizó con una concepción afín a las tradiciones librecambistas de las elites latinoamericanas.

El itinerario de Cardoso

Fernando Henrique Cardoso ha sido el principal exponente de las mutaciones socio-liberales en América Latina. Se consagró como inspirador de la Teoría de la Dependencia y terminó como instrumentador de las grandes reformas reaccionarias de las últimas décadas.

Comenzó su gestión presidencial (1995-2002) anunciando que “olvidaba todo lo escrito en el pasado”. Posteriormente argumentó que un “político no puede actuar como intelectual”. Con este viraje el afamado crítico a la dependencia puso en marcha el mayor proceso de desnacionalización económica de Brasil. (5)

Cardoso fue un importante artífice de la transición pos-dictatorial. Durante ese período anticipó el pragmatismo que signaría su gestión neoliberal. La concertación con los gobiernos militares preparó su resignación frente al capitalismo globalizado. Difundió la creencia que ese tipo de amoldamientos conducía al bienestar social.

Este intelectual trabajó en un conocido centro de estudios (CEPBRAP) y en el partido político que negoció los pactos con la dictadura (MDB). En esa época postuló que el desarrollo de Brasil requería una estrecha asociación con grandes empresas extranjeras. Propiciaba “internacionalizar el mercado interno” mediante la apertura comercial al mundo. Fue muy hostil al proteccionismo y al modelo de CEPAL de industrialización basada en el intervencionismo estatal. Encabezó una escuela sociológica en Sao Paulo con raíces cosmopolitas muy próximas al liberalismo. (6)

Posteriormente Cardoso coronó su regresión adoptando posiciones explícitamente derechistas. Encubrió esta conducta con argumentos de defensa de las administraciones “republicanas” frente a los gobiernos “populistas”. Ubicó en el primer campo a los mandatarios conservadores y en el segundo a los presidentes en conflicto con el establishment.

Esta actitud actualmente incluye un giro pro-norteamericano y una furibunda oposición a cualquier manifestación de lucha popular. Cardoso participa en todas las campañas regionales “contra el autoritarismo”. Advierte especialmente esta desgracia en Venezuela, Bolivia o Cuba y enaltece el rumbo opuesto de Colombia o México.

Este contraste ilustra hasta qué punto asimila el denostado populismo con las reformas sociales, la participación popular o la resistencia antiimperialista. También confirma que su ideal republicano presupone la represión de la protesta.

Su mensaje es propagado por los medios de comunicación dominantes que propician acciones golpistas contra Venezuela, embargos contra Cuba o provocaciones contra Bolivia. Cardoso es un promotor activo de esas medidas desde el lobby belicista que comparte con otros 55 ex jefes de estado (“Club de Madrid”). Un intelectual que inició su carrera analizando la dependencia cierra su ciclo vital en un reducto de la reacción. (7)

Una dependencia invertida

Cardoso abjuró de todas la visiones críticas que expuso en un difundido libro sobre la dependencia. En su viraje neoliberal reinterpretó ese texto como una polémica con las teorías del subdesarrollo, que sobre-dimensionan los efectos de la inserción periférica de América Latina. Señaló que esa restricción no impedía el crecimiento y pulió su viejo texto de cualquier connotación antiimperialista. (8)

En los años 80 divulgó una versión más conservadora de esa teoría en frontal oposición a las vertientes marxistas de la dependencia (Marini, Frank, Dos Santos). Esta mirada se amoldó al liderazgo que asumió en los procesos de transición pactada con las dictaduras. (9)

Mediante la revisión de su propia teoría Cardoso edificó el puente con el neoliberalismo. Estimó que su versión inicial de la dependencia sólo implicaba caracterizaciones del desarrollo, como sucesivos procesos de asociación de los capitalistas locales con las empresas foráneas. Contrapuso ese enfoque con las visiones más corrientes, que resaltaban los obstáculos al desenvolvimiento latinoamericano generados por esos acuerdos.

En esta reelaboración Cardoso transformó su descripción inicial de un modelo burgués asociativo en una reivindicación de ese curso. Ya no se limitó a trazar un retrato histórico del desarrollo regional impulsado por el capital extranjero, sino que tomó partido por ese camino. Una interpretación confusamente afín al ideario liberal se transformó en un proyecto favorable a ese rumbo.

En el clima contestatario de los años 60 Cardoso había quedado erróneamente identificado como un crítico de la dependencia, cuando en realidad ya exponía una tesis opuesta a esa visión. No sólo rechazaba la interpretación del atraso regional como resultado de la dominación colonial-imperialista, sino que sugería exactamente lo contrario.

Cardoso destacaba la existencia de un desarrollo resultante de esa dependencia, como consecuencia del ingreso de empresas foráneas a los mercados latinoamericanos. En la década del 80 dejó atrás el tono confuso de sus postulados y explicitó la conveniencia de profundizar la extranjerización de la economía mediante políticas neoliberales.

La ambigüedad inicial de Cardoso sintonizaba con su resistencia a explicitar alguna teoría de la dependencia. Prefería encarar un análisis acotado a “situaciones concretas de dependencia”. También objetaba los diagnósticos de CEPAL que proponían emerger del subdesarrollo mediante modelos de sustitución de importaciones.

Cardoso realzaba la existencia de una vía opuesta hacia el crecimiento, basada en entrelazamientos con inversores externos y en la gestación de una clase media con creciente poder de compra. Presentaba el despunte el Sudeste Asiático como un ejemplo de ese sendero. (10)

Estas ideas fueron ponderadas por muchos analistas como correctivos del enfoque estructuralista sin advertir su estrecha conexión con el credo neoliberal. Ese vínculo estaba opacado por el léxico crítico que utilizaba Cardoso, para presentar una teoría de la no dependencia bajo el rótulo de la dependencia.

Sus planteos iniciales tampoco quedaron esclarecidos en la polémica que encaró contra las vertientes marxistas. Se enredó en una maraña de acusaciones contra un “estancacionismo” económico que jamás exhibieron sus adversarios. En este flanco la real discrepancia giraba en torno a la definición de la dependencia, como una condición estructural de la jerarquía imperialista mundial o como una situación meramente pasajera, en el fluido escenario del capitalismo global. Cardoso postulaba este segundo enfoque anticipando su posterior deslumbramiento por la globalización. (11)

La trayectoria de este personaje es un ejemplo extremo de las paradojas que han rodeado a muchos intelectuales latinoamericanos. Un adversario acérrimo de la soberanía nacional y de las luchas sociales mantuvo durante décadas una aureola de pensador crítico y sorprendió a muchos con su opción por el neoliberalismo.

Pero esta involución no expresó sólo una adaptación a las vientos regresivos de la era thatcherista. Las teorías de Cardoso siempre estuvieron imbuidas de razonamientos próximos al liberalismo. Esta familiaridad quedó explicitada cuando el contexto externo permitió transparentar esos vínculos.

La mutación de Castañeda

El mexicano Castañeda ingresó en la vida política como militante comunista, postulando una estricta defensa de los puntos de vista de clase en las discusiones teóricas sobre la dependencia. Esa trayectoria quedó abruptamente modificada por un viraje conservador que lo condujo al gobierno derechista de Fox. Como secretario de Relaciones Exteriores asumió una fanática defensa del libre-comercio y reivindicó las virtudes de una alianza con Estados Unidos. (12)

Esta involución se consumó con furibundos cuestionamientos a toda la izquierda. Abjuró de la revolución y propuso abandonar el proyecto socialista. Auguró el éxito del capitalismo, previó el declive de la rebelión popular, pronosticó un “futuro sin marxistas” y consideró agotada la trayectoria de la revolución cubana. (13)

Este réquiem a la rebeldía social fue curiosamente expuesto al comienzo de la crisis del neoliberalismo, en pleno retroceso de los gobiernos conservadores y en el debut de grandes levantamientos. Sus elogios al libre-comercio contrastaron con el fracaso del ALCA y su fascinación por Estados Unidos chocó con la pérdida de iniciativa del Departamento de Estado.

Castañeda anunció el fin de la protesta popular en coincidencia con el “caracazo” y poco antes de la sublevación zapatista. Detectó gran pasividad entre los oprimidos cuando se preparaban las grandes rebeliones de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina. También su celebración de las ideas conservadoras chocó con la reactivación del pensamiento de izquierda.

El intelectual mexicano no sólo postuló el carácter inmutable del modelo neoliberal en contraposición a los horizontes anticapitalistas. Rechazó toda posibilidad de cambio del orden vigente y concentró sus expectativas de desarrollo latinoamericano en los Tratados de Libre Comercio. Por eso propuso perfeccionar esos convenios mediante una diplomacia de presión, en el universo de lobbies que rodean al Congreso estadounidense. (14)

Castañeda se desempeñó como ministro del gobierno más pro-imperialista de la historia mexicana reciente. Al igual que Cardoso arremetió contra la influencia del “populismo nacionalista” (Venezuela) y ponderó la benéfica acción de la “izquierda moderada, globalizada y pragmática” (Chile). (15)

Este contrapunto ha sido un repetido argumento de la prensa conservadora. Castañeda retomó la misma prédica subrayando el carácter intrascendente de la ideología contemporánea. Estimó que un voto de izquierda carece de significado distintivo frente a su equivalente de derecha. Señaló que ambas posturas han perdido relevancia ante las conductas prácticas que asumen los individuos. (16)

Pero esta visión es incompatible con su continuada actividad como escritor y propagandista de los valores del status quo. Si esos mensajes ya no cuentan; ¿Por qué tanto empeño en su difusión? Declarando el fin de las ideologías, Castañeda postuló la muerte del pensamiento crítico y la vigencia de las teorías que convalidan el orden vigente. Supuso que su propia involución política era un rasgo compartido por toda la sociedad.

Por eso imaginó un futuro contemplativo de clases medias ascendentes y satisfechas con el escenario latinoamericano. Esta mirada refleja su distanciamiento de los padecimientos populares que periódicamente desatan rebeliones sociales. Esos levantamientos sorprenden y desmienten al ex marxista.

Uniformidad global continuada

Al igual que Cardoso, Castañeda afianzó su concepción neoliberal a través de una dura polémica con la Teoría de la Dependencia. Primero expuso su rechazo con severos argumentos marxistas de preeminencia del razonamiento de clase. Posteriormente mantuvo la misma objeción con fundamentos neoliberales. En ambos períodos recurrió a planteos muy simplificados.

Castañeda cuestionó inicialmente la familiaridad de la Teoría de la Dependencia con la ideología burguesa y la problemática desarrollista. Criticó su alejamiento de la temática de la explotación y consideró que el dependentismo divorciaba el análisis de las sociedades latinoamericanas de la extracción de plusvalía, mediante estudios altamente concentrados en las deformaciones del capitalismo periférico. Destacó que los mecanismos de expropiación del trabajo debían ser realzados como los únicos patrones explicativos de la dinámica socio-económica. Señaló que al enfatizar la sujeción externa de la región, el dependentismo perdía de vista la primacía analítica de la explotación. (17)

Pero estos planteos ya indicaron una mirada reductiva, que en cierta medida explica la atracción posterior que ejerció el reduccionismo neoliberal sobre su pensamiento. El capitalismo no se limita a operar como un sistema de extracción de plusvalía. Esa confiscación es el eje de numerosas contradicciones, que enlazan la explotación económica con mecanismos de dominación política, racial o nacional. Para comprender este complejo funcionamiento del sistema es necesario jerarquizar el análisis de esta variedad de desequilibrios sin oponerlos entre sí.

Castañeda no sólo optó por esa contraposición. Objetó cualquier indagación complementaria de la apropiación general de plusvalía y criticó a los teóricos como Marini, que estudiaban las formas específicas de superexplotación en la periferia. Los acusó de omitir la centralidad de la confrontación clasista. (18)

Pero desconoció que las investigaciones impugnadas apuntaban a clarificar la complejidad que asumen las formas de explotación en las regiones subdesarrolladas. Los teóricos marxistas de la dependencia percibían la existencia de modalidades de sujeción diferenciadas entre economías centrales y periféricas, en oposición al principio de uniformidad postulado por su crítico. Posteriormente Castañeda transformó esta idea de equivalencia entre los distintos países en una justificación de la globalización.

En su etapa inicial de ultra-marxismo el intelectual mexicano también cuestionó el “economicismo” de la Teoría de la Dependencia. Consideró que ese defecto conducía a desvalorizar las caracterizaciones políticas y la intervención en la lucha de clases.

Con el paso del tiempo Castañeda eliminó esta significación de las batallas clasistas, pero mantuvo la primacía asignada a la esfera política, como excluyente instrumento para mejorar el funcionamiento de la sociedad. Consideró que esa órbita de acción es auto-suficiente y permite prescindir de complementos radicales en el plano económico-social. Dedujo que el mantenimiento del sistema capitalista no obstruye los cambios progresistas, si se acierta en el camino político para lograr esos avances.

Al igual que Cardoso, Castañeda objetó un inexistente “estancacionismo” económico entre sus adversarios (Marini, Dos Santos) y a partir de esa crítica resaltó las grandes potencialidades del capitalismo. Aunque inicialmente pretendía destacar las múltiples contradicciones de este sistema, en los hechos desatendió esos desequilibrios para ponderar la pujanza de este modo de producción. Siguiendo esa pista se deslizó hacia el elogio de la mundialización neoliberal. (19)

Castañeda desechó todas las obstrucciones al desarrollo latinoamericano que la Teoría de la Dependencia observaba en la sujeción financiera, tecnológica o comercial. Remarcó la irrelevancia de esos lazos de subordinación.

También relativizó las diferencias entre potencias y países periféricos e incluso postuló que el imperialismo es un rasgo compartido por múltiples países. Supuso que opera por igual en economías centrales (Estados Unidos, Francia, Inglaterra) y en formaciones intermedias (como México, Brasil, Irán o Corea del Sur). (20)

Partiendo de esta equivalencia objetó cualquier demanda antiimperialista, planteo de soberanía o crítica a la expoliación de los recursos latinoamericanos por parte de las empresas transnacionales. Esta descalificación expuesta en nombre de un socialismo planetario se transformó luego en globalismo neoliberal.

La reconversión de Sebreli

A diferencia de Cardoso y Castañeda, el argentino Sebreli adoptó el neoliberalismo como proyecto exclusivamente intelectual. Absorbió paulatinamente este planteo junto a otros ex marxistas, que redescubrieron las virtudes de la democracia burguesa durante la transición pos-dictatorial que lideró Alfonsín. Su visión se distingue por la descarnada exposición de las tesis socio-liberales. No ensaya ningún atenuante para justificar su adscripción a estas propuestas.

Sebreli nunca alcanzó la influencia lograda por el ex presidente brasileño o el ex ministro mexicano. Pero expuso la concepción socio-liberal con mayor amplitud que sus colegas. Incursionó en todas las esferas de ese pensamiento e intentó una ambiciosa exposición de sus fundamentos. Por esta razón conviene evaluar con atención todas las aristas de su enfoque.

Al igual que Castañeda, el escritor argentino sustituyó la defensa inicial de formas incontaminadas de socialismo por un crudo extremismo liberal. Reemplazó sus críticas a las desviaciones populistas de la izquierda por una reivindicación del mercado y un apasionado elogio de Occidente. (20)

El rechazo de Sebreli a la insuficiente radicalidad del tercermundismo se convirtió en explícita defensa de la mundialización neoliberal. Este giro cuenta con numerosos antecedentes en la historia latinoamericana. Ha sido una regresión repetida por distintos intelectuales desde la revolución mexicana hasta la actualidad. (21)

Ese tránsito fue particularmente intenso entre los dirigentes socialistas afines a la tradición librecambista que inauguró el argentino Juan B. Justo. Se distanciaron de la protesta popular y sólo conservaron las referencias al socialismo en el campo de la cultura. Esta evolución estuvo signada por la adopción de una extraña variedad del marxismo, tan reacia a la beligerancia popular como hostil a cualquier convergencia con el nacionalismo revolucionario.

El devenir de Sebreli se inscribe en este legado y actualmente incluye intensas cruzadas a favor de los gobiernos derechistas. Ha transformado su disgusto con el caudillismo en una diatriba contra el populismo. Identifica ese tipo de acción política con el fascismo de masas. Mediante ese paralelo reaviva la vieja idealización de la democracia (equivalente a Estados Unidos) y de la república (equiparada con gobiernos conservadores). (21)

Pero esa mirada invierte la realidad de América Latina al detectar fascismo en Chávez o en Evo y no en Uribe o en los golpistas de Honduras y Paraguay. Los militantes que resisten las provocaciones mafiosas son acusados de promover la violencia y los causantes de repetidas sangrías son exculpados de sus crímenes.

Sebreli ya no logra distinguir lo más básico del posicionamiento político. Confunde al agresor con el agredido y al fascista con el antiimperialista. Padece una fuerte alergia a cualquier indicio de intervención popular. Se irrita especialmente con las “multitudes”, olvidando que las masas son protagonistas centrales de cualquier transformación social.

El pensador argentino ha dejado atrás el socialismo de salón para expresar su enemistad con el populacho, desde los diarios tradicionales de la oligarquía. Al igual que Cardoso y Castañeda recuperó su matriz liberal, sepultó su incursión por el marxismo y retomó los valores de la intelectualidad conformista.

Dependencias diluidas

El recorrido seguido por Sebreli desde el purismo marxista hasta el social-liberalismo extremo incluyó una crítica virulenta a la Teoría de la Dependencia. Consideró que esa concepción carecía de sustento político por su estrecha ligazón con planteos emotivos. Estimó que todas las demandas de liberación nacional habían perdido sentido en un escenario de países con independencia política ya consumada. (22)

Pero ese cambio de status derivado de victorias anticoloniales nunca fue desconocido por el marxismo antiimperialista. Esta visión simplemente evitó la fantasía de colocar en un mismo plano a todos los países que comparten el atributo de la soberanía formal.

Esta igualdad es cotidianamente violada por las potencias imperialistas que dominan el tablero mundial. Basta observar como la independencia de Grecia es mancillada por los acreedores alemanes o de qué forma la soberanía de Honduras ha sido desconocida por los golpistas de la embajada estadounidense. La misma violación instrumentan las tropas francesas que se despliegan por Costa de Marfil. Este desconocimiento de soberanías se verifica justamente en países que ya dejaron atrás su condición colonial.

Ignorando estas realidades Sebreli estimó que el propio concepto de subdesarrollo había perdido sentido en un mundo diversificado y signado por distintas situaciones de crecimiento en la periferia o estancamiento en el centro. (23)

Con esta mirada tendió a uniformar al planeta por la simple complejidad de contextos, sugiriendo que en la intrincada red de conexiones actuales “todos dependen de todos”. Como no aportó ningún criterio para definir jerarquías, tampoco introdujo conceptos para explicar por qué razón Estados Unidos goza de un status tan diferente a Honduras. Simplemente retomó la mitología de la equivalencia que difunde el neoliberalismo contemporáneo.

Sebreli invalidó también la dependencia con argumentos históricos, afirmando que el desarrollo desigual nunca obedeció a la explotación de las colonias. Destacó que hubo imperios que decayeron (España, Portugal, Turquía) y países que se desarrollaron luego de haber sido colonias (Estados Unidos, Australia, Canadá). Señaló que otras naciones no tuvieron posesiones externas (Suiza) y muchas se desarrollaron con sujeción política (Noruega, Nueva Zelandia). (24)

Con esta presentación de especificidades históricas sugirió que el crecimiento de las distintas economías, siempre estuvo divorciado de su relación con otros países y dependió por completo de méritos o desaciertos internos.

Pero esa interpretación confunde trayectorias iniciales específicas de cada país con el devenir del sistema mundial. Lo ocurrido en las etapas de menor desarrollo del capitalismo resulta insuficiente para entender el entrelazamiento internacional posterior de todas las economías. La variedad de cursos seguidos por los distintos países no desmiente la consolidación contemporánea de una estructura imperial polarizada.

Las fuerzas productivas como justificación

La hostilidad de Sebreli hacia la Teoría de la Dependencia se basa en una concepción del desarrollo histórico muy afín al positivismo de la vieja socialdemocracia. Los teóricos de la II Internacional identificaban el progreso de la sociedad con la maduración de las fuerzas productivas. Suponían que ese desarrollo conduciría a cierto bienestar bajo el impulso de la competencia capitalista. Observaban esa pujanza como una condición insoslayable para el futuro socialista. (25)

Sebreli compartió plenamente ese enfoque, remarcando que los países subdesarrollados debían alcanzar un desenvolvimiento equiparable a los avanzados, antes de embarcarse en proyectos de igualdad social. Estimó que las economías centrales precedían a las periféricas, definiendo el curso a seguir durante un largo período previo al intento socialista. (26)

Esa mirada utilizaba la terminología del materialismo histórico para exponer una teoría del progreso muy semejante a la visión liberal. Afirmaba que ciertos motores económico-sociales empujan a la sociedad hacia estadios más provechosos, siguiendo una direccionalidad preestablecida.

Ese enfoque sólo actualizaba el generador del impulso progresista. En lugar del espíritu hegeliano, la clarividencia de la razón o la mano invisible de Adam Smith subrayaba el impulso de las fuerzas productivas. Esta categoría era observada como un instrumento de gran potencialidad autónoma para modernizar los modos de producción.

Frecuentemente esta visión objetivista era presentada con una norma auto-evidente, que no que requería mayores evaluaciones. Se soslayaba la inconsistencia de un planteo que reduce todo el movimiento histórico al comportamiento de cierta variable. Omitía la enorme complejidad de la evolución social y su estrecha dependencia de acciones humanas. Desconocía que los antagonismos sociales y las luchas políticas han jalonado el curso efectivo de la historia.

La fascinación con las fuerzas productivas retrató el deslumbramiento del marxismo liberal con el desarrollo capitalista. Elogiaba el crecimiento y evaluaba los sufrimientos de los oprimidos como un precio a pagar por las mejoras del futuro. La explotación era vista como una desventura que el propio sistema tendía a morigerar, a través de reformas sociales.

Este razonamiento fatalista conducía a propiciar modelos de crecimiento acelerado, para permitir la aproximación de América Latina a los países avanzadas. Convergía con la teoría metropolitana del desarrollo y con sus recetas para afianzar la maduración del capitalismo regional.

El principal corolario de este esquema era la desvalorización o el explícito rechazo de la lucha social. Sebreli oscilaba entre cuestionar la irrelevancia y la nocividad de esa acción. Consideraba inútiles las luchas zapatistas durante la revolución mexicana, señalando la inviabilidad de sus metas agrario-comunales. Con el mismo razonamiento descalificaba a todos los movimientos guerrilleros posteriores de la región, objetando su afinidad con utopías ruralistas. (27)

Esta mirada era el calco de las posturas conservadoras que siempre despreciaron la intervención de las masas, identificándolas con la ignorancia o la obstrucción del progreso. En las visiones más benévolas, esas resistencias sociales eran observadas como actos motivados por creencias primitivas.

Pero este enfoque implícitamente supone que la historia se desenvuelve mediante un proceso dual de avance de las fuerzas productivas y sometimiento de los pueblos. No registra que este patrón de opresión contradice cualquier esperanza de emancipación. Si se progresa con desgracias para las mayorías y beneficios para las minorías: ¿Cuál es el saldo positivo del pasaje hacia estadios sociales más avanzados?

La respuesta del marxismo liberal era muy semejante a un comodín repetido por todos los opresores: los sufrimientos de hoy permitirán gozar de los beneficios del mañana. Pero en la mirada del positivismo socialdemócrata ese porvenir tampoco era imaginable, puesto que el mandato de las fuerzas productivas exigía siglos de capitalismo antes de cualquier desemboque igualitarista. Estos irresolubles enredos condujeron a un abandono de todas las referencias al socialismo y a una explícita reivindicación del capitalismo liberal.

El enfoque de Sebreli desconoce que la progresividad de los acontecimientos históricos no debe evaluarse con parámetros de crecimiento, inversión o innovación tecnológica. Este avance radica en la experiencia de lucha acumulada por los oprimidos. Ese legado sedimenta la memoria de sucesivas generaciones que heredan tradiciones de resistencia, afianzando los niveles de conciencia requeridos para los proyectos de emancipación. (28)

Sólo este proceso permite generar idearios pos-capitalistas. El motor de la historia es una búsqueda de caminos para erradicar los sufrimientos de los explotados y se ubica en las batallas encaradas por todos los artífices de la acción popular: plebeyos, campesinos, desamparados, obreros.

Es cierto que la efectividad inmediata de esta resistencia es superior cuando es asumida por sectores con mayor gravitación económico-social (como la clase obrera). Pero las esperanzas de emancipación son comunes y la gestación de ideas para alcanzar ese objetivo es un proceso nutrido por todas las experiencias de lucha.

Por estas razones los socialistas consecuentes siempre se han ubicado junto a los desposeídos. Optaron por ese lugar antes de elucubrar cualquier razonamiento sobre el rol de las fuerzas productivas. Sólo esta actitud es congruente con un proyecto anticapitalista. Al desechar este terreno Sebreli sembró las semillas de su propia evolución hacia el derechismo neoliberal.

Tradiciones de resistencia

Con sus tesis fatalistas de las fuerzas productivas Sebreli definió cuales eran las sociedades que merecían sobrevivir y desaparecer en el curso de la historia. Sitúo a las sociedades pre-colombinas en el destino de extinción y estimó que las rebeliones indígenas del siglo XVI estaban condenadas al fracaso. (29)

Con esta caracterización repitió las leyendas difundidas por todos los vencedores, para presentar sus victorias como desemboques inexorables. Ese argumento fue utilizado para justificar las masacres perpetradas de los pueblos originarios. Siempre se resaltó la inviabilidad de los sistemas caídos y la progresividad de sus reemplazantes. Pero este planteo contradice igualmente las centurias de estancamiento que sufrió la región. La destrucción de sociedades pre-colombinas nunca fue sinónimo de despegue económico.

Como el social-liberalismo se ubica en un campo adverso a los oprimidos, no puede registrar el legado que dejaron las batallas de los pueblos originarios por su supervivencia. Esa resistencia perduró, forjó una tradición y terminó pavimentado, por ejemplo, las conquistas democráticas actualmente logradas en Bolivia.

La valoración de la historia con el patrón objetivista de las fuerzas productivas, simplemente supone que el ganador estaba predestinado a vencer. Con ese criterio de finales predefinidos, Sebreli presenta a las civilizaciones precolombinas como un terreno baldío y administrado por teocracias sanguinarias. Afirma que su declive era inevitable frente a la superioridad de los conquistadores. Considera que en el conflicto entre dos sistemas sociales siempre triunfa el más avanzado. (30)

Pero esta mirada no aporta interpretaciones sino simples convalidaciones de lo ocurrido. Cortes era mejor que Moctezuma, los piratas británicos dejaron atrás a los virreyes españoles, los terratenientes criollos superaban a los gauchos y los financistas estadounidenses eran más virtuosos que los campesinos centroamericanos.

En función de resultados conocidos a posteriori se supone que los triunfadores eran los portadores del progreso. Este esquema olvida los incontables ejemplos históricos de causas avanzadas que fueron derrotadas por regímenes más regresivos de esclavistas, oligarcas o colonialistas. Un ejemplo clásico de ese resultado fue la destrucción del Paraguay durante la guerra de la Triple Alianza.

El social-liberalismo desconoce estas evidencias porque reproduce los mitos del capitalismo europeo. Ensalza la modernidad y supone que el avance de Occidente permitió el triunfo del cambio sobre la tradición, del trabajo sobre el reposo, de la razón sobre la emoción y de la ciencia sobre la magia. (31)

Este mismo contraste difundió el liberalismo para contraponer la inferioridad de las culturas autóctonas con la superioridad del legado europeo. Sebreli retoma esa mitología para burlarse de todas las herencias culturales inspiradas en realismos mágicos, serpientes emplumadas y divinidades telúricas. (32)

Postula una burda contraposición que desconoce el enriquecimiento generado por el contacto entre tradiciones disimiles. La tradición latinoamericanista contribuyó a la cultura universal con conocimientos y prácticas originales que sus descalificadores elitistas nunca comprendieron.

Los mitos del euro-centrismo

Sebreli enaltece el patrón unívoco de Europa exaltando la modernidad y el racionalismo frente al relativismo cultural y la primacía de lo particular. Supone que el occidentalismo enriquece a todos los individuos con la difusión de reglas universales, en una batalla contra los particularismos étnicos, regionales y nacionales. (33)

Con estos términos retoma el clásico antagonismo entre civilización y barbarie, que postularon las elites librecambistas para descalificar las tradiciones autóctonas de América Latina. Mediante una distinción entre iluministas y retrógrados presuponían la total primacía cultural de una civilización frente a otra.

El escritor argentino recrea esas polaridades sin notar que sólo pueden contrastarse con cierta lógica en el terreno político y social, en función de posicionamientos favorables u opuestos al colonialismo, el imperialismo o el capitalismo. Y en este plano el liberalismo conservador siempre se ubicó en el campo adverso a la emancipación. El abanderado de la modernidad sustituye este análisis político por consideraciones filosóficas.

Su mirada reproduce todos los defectos de los enfoques euro-centristas de las ciencias sociales. Esa tradición recurrió inicialmente a criterios de la antropología convencional, para observar el comportamiento de los pueblos primitivos y evaluar su grado de lejanía con la sociedad occidental. El mismo parámetro era aplicado para descifrar los textos de las civilizaciones orientales y para indagar su nivel de distanciamiento de la modernidad.

Este abordaje forjó un esquema de interpretación de la historia que colocaba a Europa en un status prominente de modelo a seguir y pensamiento a copiar. El Viejo Continente era presentado como el rostro general de la sociedad futura. En este razonamiento se basó la idea de progreso, asociada a un devenir inevitable o una cualidad de la civilización occidental. (34)

En su estadio marxista Sebreli asumió esos presupuestos contradiciendo los principios básicos del materialismo histórico. Olvidó que Marx forjó su concepción en una crítica a la exaltación del capitalismo europeo. El pensador alemán destacó la incompatibilidad de este sistema con la realización del individuo y subrayó la transitoriedad histórica de un modo de producción basado en la explotación.

En su madurez intelectual, Marx polemizó también con el mito smithiano de Europa como transmisora de un modelo comercial de desarrollo. Remarcó que el epicentro de este sistema no se ubica en el intercambio, sino en las relaciones sociales de propiedad. Explicó cómo el propio surgimiento del capitalismo se consumó mediante la expropiación de los campesinos y la creación del trabajo asalariado. (35)

Las mitologías euro-centristas sustituyeron estas caracterizaciones por alabanzas al origen del capitalismo en el viejo continente. Atribuyeron ese nacimiento a ciertas virtudes de la civilización occidental como la liberad del comercio, los incentivos a la propiedad, la austeridad de los inversores o el rigor en el trabajo. Postularon que esos méritos permitieron la expansión de las ciudades y el avance de la ciencia.

Pero esas idealizaciones no registran que Europa fue agraciada por una dinámica de desarrollo desigual, que premió más su retraso que su anticipada modernidad. Las flaquezas de una estructura feudal frente a los sistemas tributarios más avanzados de otras regiones, aportaron la flexibilidad requerida para el despegue de los procesos de acumulación originaria. En otras zonas estados centralizados y más poderosos se apropiaban de todo el excedente bloqueando esa gestación inicial del capital. (36)

La comprensión de estos procesos exige indagar la historia sin los presupuestos de superioridad previa que inspiran al euro-centrismo.

Convergencias con los neoclásicos

Al incorporarse al universo teórico del liberalismo, Cardoso, Castañeda y Sebreli terminaron repitiendo las banalidades de la ortodoxia económica. Estos lugares comunes incluyeron la vigencia de un mundo inter-dependiente, el aporte del capital extranjero al desarrollo y la responsabilidad de las economías atrasadas en su propio estancamiento.

Con descalificaciones al pensamiento crítico latinoamericano, el social-liberalismo retomó todos los cuestionamientos neoclásicos a la Teoría de la Dependencia. Recogió especialmente las visiones económicas ortodoxas de los años 70, que presentaban la dependencia como un rasgo compartido por el centro y la periferia. Esas miradas descartaban cualquier influencia de esa subordinación en el subdesarrollo latinoamericano. Afirmaban que ningún país es pobre por ser dependiente y rechazaban la existencia de jerarquías imperiales. Además, exaltaban al capitalismo como un sistema global flexible que siempre mejora la situación de sus integrantes. (37)

Los social-liberales reflotaron estos enfoques. También recogieron los cuestionamientos que planteó el economista ortodoxo Lall al concepto de dependencia. Esta noción fue objetada por su incapacidad para aportar criterios de distinción entre las distintas economías del planeta. Lall afirmó que todos los países mantienen entre sí relaciones de dependencia, en un contexto de inserciones centrales, subordinadas o hegemónicas en el mercado mundial. (38)

Con este diagnóstico objetó y al mismo tiempo aceptó la existencia de relaciones internacionales diferenciadas. Su postura ilustró la actitud del pensamiento económico convencional frente a las desigualdades internacionales. Este enfoque siempre ha oscilado entre la negación abstracta y el reconocimiento pragmático de esos desniveles. Por un lado desconoce esas brechas, recurriendo a un imaginario de mercado global perfecto. Por otra parte constata esas asimetrías, a la hora de abordar el problema con alguna pizca de realismo.

En oposición a esas inconsistencias la Teoría de la Dependencia resaltó la existencia de una gran fractura mundial y ensayó ciertas explicaciones de esa brecha. Cualquiera sean las insuficiencias de su respuesta, buscó interpretaciones para un problema clave del capitalismo contemporáneo. Los neoclásicos nunca pudieron siquiera ubicarse en la discusión de este tema.

Lall impugnó la vigencia de relaciones de dependencia, señalando que los capitales extranjeros no generan mecanismos de subordinación. También cuestionó la inconveniencia de exportar sólo materias primas y rechazó la existencia de tendencias al deterioro de los términos de intercambio.

Pero si ninguno de estos procesos induce a la polarización económica global: ¿A qué obedece la estabilización de enormes desigualdades entre el centro y la periferia en la historia del capitalismo? Si todos compiten en condiciones semejantes: ¿Por qué razón Francia o Inglaterra siempre mantuvieron un lugar estable como países desarrollados? ¿Cómo se explica el afianzamiento del retraso estructural de Nicaragua o Somalia?

Lall simplemente sugirió que la respuesta debía ser investigada en terrenos opuestos a la Teoría de la Dependencia, pero no aportó ninguna pista para esa indagación. Como atribuyó un carácter pasajero a las desigualdades mundiales se limitó a postular que la expansión del capitalismo resolvería en algún momento esas asimetrías. En esta cancelación del enigma fue acompañado por todos los teóricos del social-liberalismo.

Con la misma actitud negadora Lall evaluó los bloqueos a la acumulación en la periferia o los cuellos de botella a la industrialización. Estimó que esas obstrucciones desaparecerían una vez superados los obstáculos naturales que enfrenta cualquier despegue económico.

También aquí fue seguido por los social-liberales. Actualizaron la vieja caracterización del desarrollo como un recorrido transitado por todos los países. Postularon la existencia de una secuencia biológica de maduración anticipada por las economías adelantadas.

Pero esta trayectoria no se ha verificado en ningún lado. El capitalismo global reproduce las polaridades entre economías prósperas y relegadas, sin universalizar las ventajas del crecimiento. Abre ciertos campos de acumulación obstruyendo otros y multiplica los sufrimientos de las víctimas en que se apoya el avance de los ganadores.

Es cierto que estas fracturas presentan una diversidad y complejidad muy superior a la simple dualización centro-periferia, que concibieron los primeros teóricos de la dependencia. Pero estas insuficiencias fueron corregidas por otros estudios que incorporaron conceptos suplementarios al enfoque inicial. Esta nueva secuencia de nociones (semiperiferia, sub-imperialismo, variedad de centros, situaciones de suma cero) contribuyó a esclarecer la dinámica de las desigualdades nacionales y regionales.

El social-liberalismo quedó al margen de esta clarificación porque profundizó su afinidad con la visión neoclásica, hasta converger plenamente con sus ilusiones de prosperidad capitalista global. Estas fantasías también incluyen insólitos supuestos de cosmopolitismo que abordamos en el próximo texto.

Ver también:
- Neoliberales en América Latina (I): Ortodoxos y convencionales

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:
1) Una justificación de ese enfoque en: Giddens, Anthony. La tercera vía, Taurus, Buenos Aires, 2000, (pag 39-80, 85-107, 119-140).
2) Varios ejemplos en: O’Donnell, Guillermo y Schmitter, Philippe 1988 Transiciones desde un gobierno autoritario: conclusiones tentativas, tomo 4, Buenos Aires, Paidós.
3) Una crítica en: Osorio, Jaime. Explotación redoblada y actualidad de la revolución. ITACA- UAM, México, 2009, (pag 145-168, 237-239, 197-209).
4) Nuestro enfoque en: Katz Claudio, “Las disyuntivas de la izquierda en América Latina”, Edición cubana: Editorial Ciencias Sociales La Habana, 2010, (pag 135-136).
5) Ver: Kay, Cristóbal. “Teorías estructuralistas e teoría da dependencia na era da globalizacao neoliberal”, A América Latina e os desafíos da globalizacao, Boitempo, Rio, 2009. López Hernández, Roberto. “La dependencia a debate”, Latinoamérica 40, enero 2005, México.
6) Ver: Martins Carlos Eduardo, Globalizacao, Dependencia e Neoliberalismo na América Latina, Boitempo, Sao Paulo, 2011, (pag 249-250, 253). Bresser Pereira, Luiz Carlos. “From the National-Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America”, Latin American Perspectives, May 2011 vol. 38 n 3.
7) Cardoso Fernando, Henrique. A Suma e o resto, Editorial Civilización Brasileira, 2012, Rio de Janeiro, (pag 120-133, 154-156).
8) Cardoso Fernando, Henrique; Faletto, Enzo. Desarrollo y dependencia en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica, Siglo XXI, Buenos Aires, 1969. Cardoso Fernando, Henrique. A Suma e o resto, Editorial Civilización Brasileira, 2012, Rio de Janeiro, (pag 31).
9) Ver: Correa Prado, Fernando. “História de um não-debate: a trajetória da teoria marxista da dependência no Brasil”, Comunicao Politica, vol 29, n 2, maio-agosto 2011.
10) Ver: Vernengo, Matías. “Technology, Finance and Dependency: Latin American Radical Political Economy in Retrospect”, Review of Radical Political Economics, vol 38, n 4, fall 2006. Palma, Gabriel. “Dependencia y desarrollo: una visión crítica”, en Dudley Seers, La teoría de la dependencia: una evaluación crítica, FCE, México, 1987.
11) Ver: Sotelo Valencia, Adrián. “Dependencia y sistema mundial: ¿convergencia o divergencia?”, Rebelión,www.rebelion.org/noticia, 4-9-2005.
12) Castañeda, Jorge; Morales Marco. Lo que queda de la izquierda, Taurus, 2010, México, (pag 33).
13) Castañeda, Jorge G. La utopía desarmada, Ariel, Buenos Aires, 1993, (pag 7-29, 145-195). Nuestra crítica en Katz, Claudio. Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, Edición cubana, Editorial Ciencias Sociales La Habana, 2010, (pag 195-196).
14) Castañeda, Jorge; Morales Marco. Lo que queda de la izquierda, Taurus, 2010, México, (pag 294-298). Castañeda, Jorge G, La utopía desarmada, Buenos Aires, Ariel,1993, (pag 331-361).
15) Castañeda, Jorge; Morales, Marco. Lo que queda de la izquierda, Taurus, 2010, México, (pag 287-292).
16) Op. Cit. (pag 30-31).
17) Castañeda, Jorge; Hett, Enrique. El economicismo dependentista, Siglo XXI, 1991, (pag 10-11, 28-44, 85, 95, 187, 191).
18) Op. Cit. (pag 14-27, 51-66, 105, 131).
19) Op. Cit. (pag 75, 79, 135).
20) Op. Cit. (pag 14-27, 28-44, 44-50, 67, 188-191).
21) Sebreli, Juan José. Tercer Mundo mito burgués, Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1975, (pag 11-19, 33-34, 197). Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 321).
22) Ver: Fernández Retamar, Roberto. Pensamiento de Nuestra América, CLACSO, Buenos Aires, 2006.
23) Sebreli, Juan José. “El populismo rechaza la democracia”, La Nación, 4-11-2012.
24) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 318-320).
25) Op. Cit. (pag 320-321).
26) Op. Cit. (pag 321-323).
27) Ver: Day, Richard B; Gaido, Daniel. Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I, Brill, 2011.
28) Sebreli, Juan José. Tercer Mundo mito burgués, Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1975, (pag 215-242).
29) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 130-139).
30) Hemos expuesto varios lineamientos de este enfoque en Katz Claudio, “Necesitamos pensar la unidad de América Latina desde abajo y desde la lucha social”, 3/12/2013, www.rebelion.org/noticia
31) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 263-266, 276-278, 287).
32) Op. Cit. (pag 263-266, 276-278, 287).
33) Op. Cit. (pag 205-239).
34) Op. Cit. (pag 291-312).
35) Op. Cit. (pag13-18, 25-40).
36) Una crítica en: Wallerstein. Immanuel Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos: un análisis de sistemas- mundo, 2004, Akal, Madrid, (pag 11-20, 326-345).
37) Ver: Wood, Ellen Meiskins, “Eurocentric anti-eurocentrism”, Against the current, 92, may-june 2001.
38) Ver: Amin, Samir. Modernité, religion et démocratie, Critique de l´eurocentrisme, Parangon, Lyon, 2008, (pag 198-213, 216-217, 218-222).
39) Una descripción en: Blomstrom, Magnus; Hettne Bjorn. La teoría del desarrollo económico en transición, México, Fondo de Cultura Económica, 1990, (pag 105-108).
40) Lall, Sanya. Is dependence a useful concept in analysing underdevelopment?, World Development, 1975, Vol. 3, n 11-12, Pergamon Press.

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Fundamentalismo islámico: Una creación mediática

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

I

"Miente, miente, miente, que siempre algo queda", decía el Ministro de Comunicación del régimen nazi Joseph Goebbels. La lección la aprendieron a la perfección los estrategas estadounidenses. Hoy por hoy asistimos a una monumental maquinaria mediática que ha entronizado el siempre impreciso y mal definido "fundamentalismo islámico" como una nueva plaga bíblica. Pero rápidamente, antes de entrar en el análisis de ese fenómeno, tomemos la indicación que hace Noam Chomsky al analizar las estrategias de manipulación propagandística en boga. Entre alguna de ellas comenta la siguiente: "Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado "problema-reacción-solución".

Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes .de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad". Con esto queremos significar que mucho, una gran parte de lo que actualmente pensamos en términos de cosmovisión político-ideológica, nuestra visión de la sociedad global, tiene que ver con las mentiras pergeñadas por grandes poderes. La manipulación mediática tiene un papel decisivo en esto. Se ven como "problemas" cosas que, en realidad, han sido fabricadas como tales.

Entrando ahora a considerar el tema del supuesto "fundamentalismo islámico", ante todo es necesario hacer dos precisiones preliminares: por un lado debe aclararse que el presente escrito está hecho por un occidental y dirigido, fundamentalmente, a occidentales. Es importante decirlo porque el fenómeno a estudiar está lejos de nuestra cotidianeidad, de nuestro ámbito de intereses inmediato, y por tanto -es obligado reconocerlo- guardamos con él una cierta distancia, lo cual puede ser "científicamente sano", pero también nos coloca en la situación de estar ante algo bastante desconocido: hablaremos desde nuestra cosmovisión sobre otra cosmovisión que no nos es familiar. Por otro lado, lo que aquí presentamos pretende ser, básicamente, una lectura política de un fenómeno que comporta diversas e intrincadas facetas: políticas y también sociales, psicológicas, históricas, lo que nos alerta, desde el primer momento, de lo puntual del análisis propuesto: estamos hablando de una cara de un problema infinitamente complicado. Es decir: hablamos en términos políticos y como occidentales de un proceso no occidental y más complejo que lo sólo político. Queda claro entonces: intentaremos hacer una lectura del fenómeno en tanto producto semiótico salido de usinas ideológicas (occidentales, de más está decir).

Hechas estas consideraciones -necesarias tanto en nombre de la corrección académica como de la equidad en términos éticos- debemos dejar claro que el objeto de estudio en cuestión es, hoy por hoy, uno de los temas más popularizados, por tanto más banalizados, y por ello mismo más sujeto a equívocos. En realidad no hay un gran esfuerzo académico por circunscribirlo sino, curiosamente, su tratamiento es más bien mediático: es un tema-idea-problema impuesto por los medios de comunicación de masas, sin dudas con una agenda política por detrás. Aunque no se sepa bien qué significa, el término "fundamentalismo" ha pasado a ser de uso común. Y más aún el de "fundamentalismo islámico". Para adelantarlo de una vez: según el imaginario colectivo que los medios han ido generando en Occidente, el mismo es sinónimo de atraso, barbarie, primitivismo, y se une indisolublemente a la noción de terrorismo sanguinario.

Como primera aproximación podríamos decir que, de un modo quizá difuso, está ligado a fanatismo, ortodoxia, sectarismo. De alguna manera está en la antípoda de un espíritu tolerante y abierto. En general suele asociárselo -lo cual es correcto- con el ámbito religioso. En sentido estricto, el término "fundamentalismo" tiene su origen en una serie de panfletos publicados entre 1910 y 1915 en Estados Unidos; con el título "Los Fundamentos: un testimonio de la Verdad", los documentos escritos por pastores protestantes se repartían gratuitamente entre las iglesias y los seminarios en contra de la pérdida de influencia de los principios evangélicos en ese país durante las primeras décadas del siglo XX. Era la declaración cristiana de la verdad literal de la Biblia, y las personas encargadas de su divulgación se consideraban guardianes de la verdad. De tal modo, entonces, fundamentalismo implicaría: "retorno a las fuentes, a los fundamentos".

Existen distintas definiciones y sinónimos para el fundamentalismo religioso. Para tomar alguna, por ejemplo, podríamos citar la que propone Ernest Gellner: "la idea fundamental es que una fe determinada debe sostenerse firmemente en su forma completa y literal, sin concesiones, matizaciones, reinterpretaciones ni reducciones. Presupone que el núcleo de la religión es la doctrina y no el ritual, y también que esta doctrina puede establecerse con precisión y de modo terminante, lo cual, por lo demás, presupone la escritura".

II

Todas las religiones, en mayor o menor medida, pueden comportar rasgos fundamentalistas. En Occidente, por ejemplo, el cristianismo ha conocido momentos de fanatismo e intolerancia increíbles; la Santa Inquisición abrasó en la hoguera a quinientas mil personas en nombre de la lucha contra el demonio, y si bien eso no sucede en la actualidad, la ortodoxia llevada a extremos delirantes persiste. Sólo para muestra: durante la guerra en Bosnia el Papa Juan Pablo II mandó una carta abierta a las mujeres que habían quedado embarazadas después de ser violadas, en la que les pedía que no se practicaran un aborto y que cambiaran la violación en un acto de amor haciendo a ese niño carne de su carne. Una primera hipótesis que esto nos plantea es que el "salvajismo" fundamentalista, en todo caso, no es patrimonio islámico como la verdad mediática nos lo presenta cotidianamente. Llamar al no uso del preservativo porque supuestamente eso es un "atentado a la vida", tal como preconiza el Vaticano, en medio de una extendida pandemia de VIH como la que actualmente tenemos, ¿no es un fundamentalismo irresponsable y criminal acaso?

Pero más aún: el fundamentalismo no es sólo religioso. Cualquier idea, principio o valor que se defiende a ultranza, sin consideraciones ni mediaciones, puede terminar siendo una posición absolutamente fundamentalista, fanática. Bombardear población civil no combatiente para demostrar "quién manda", tal como hizo el gobierno de Estados Unidos en innumerables ocasiones (dos bombas atómicas en Japón, miles de toneladas de napalm y agente naranja en Vietnam, más un largo, interminable etcétera a lo largo del planeta durante el siglo XX y lo que va del XXI) sólo para defender la "libertad" (léase: libre mercado), ¿no es una forma extrema de sangriento fundamentalismo?

Ahora bien: el Islam (palabra árabe que significa "entrega a Dios, sumisión a su voluntad") no es sólo una religión; es, más precisamente, un proyecto sociopolítico de base religiosa. El Islam se define a sí mismo como una ideología que engloba religión, sociedad y política y que se basa en un texto sagrado: el Corán. Por tanto, el Corán no es un libro exclusivamente religioso. El profeta Mahoma, entre los años 622 y 632, organizó la sociedad musulmana con numerosas reglas sociales. La tarea de un gobierno musulmán es organizar toda la vida social según esas normas y expandir el Islam lo máximo posible. Todo debe ser islamizado: desde lo que se habla por los altavoces de las mezquitas hasta los periódicos, la televisión, la escuela, las relaciones interpersonales.

Para el presente análisis es imprescindible partir de la base que la actual y difundida hasta el hartazgo caracterización de la cultura musulmana como intrínsecamente "atrasada", "bárbara" -visión sesgada y ahistórica por cierto- borra tiempos de grandeza inconmensurable, hoy ya idos. El Islam desplegó por siglos un poderoso potencial creativo, filosófico y científico-artístico, superior en su época al del Occidente cristiano; ahí están su colosal arquitectura, el álgebra, los avances médicos, su arte, como testigos de un gran momento de esplendor. Sin embargo la moderna revolución científico-técnica de la era industrial no surgió en suelo islámico sino que ha irrumpido en éste desde fuera, la mayoría de las veces bajo el signo del colonialismo. Hoy por hoy -es la cruda realidad- el mundo árabe no marca la delantera cultural del planeta; su lugar en el concierto mundial se ve relegado, al menos para la lógica que imponen los centros internacionales de poder, a ser productores de materia prima, petróleo fundamentalmente. Riquezas naturales que sólo contribuyen a mantener dinámicas sociales pre-industriales, con corruptas monarquías feudales enquistadas en estados muchas veces dictatoriales, que usufructúan la explotación de esos recursos y a cuya sombra vegetan mayorías empobrecidas, desesperadas en muchos casos.

En este contexto surge el fundamentalismo islámico, en tanto movimiento político-religioso que preconiza la vuelta a la estricta observancia de las leyes coránicas en el ámbito de la sociedad civil. Deriva su nombre de la aspiración de volver sobre las fuentes, es decir, el Corán, la Sunna (la tradición del Profeta, los dichos y hechos de Mahoma) y la Ley Revelada. Dentro de sus planes están el rescate de los valores propios e intrínsecos al Islam, la restauración del Estado Islámico y la oposición a todo lo que haya entrado en la sociedad musulmana como innovación. En el seno de este amplio movimiento se encuentran tendencias diversas, antagónicas incluso: sunnitas, chiitas, wahabitas, el Yihad islámico, los Hermanos musulmanes de tendencia sunni, surgidos a finales de los años veinte e implantados fundamentalmente en Egipto pero también en otros países del occidente musulmán (Sudán, Yemen, Siria,), el movimiento Hamas, la red Al Qaeda, la secta nigeriana Maitatzine, etc.

III

Si bien está extendido en modo difuso por buena parte de África y Asia contando entre sus seguidores a millones de personas, es muy difícil encontrar un hilo conductor único que reúna a todo este movimiento. No obstante, a pesar de la amplísima pluralidad, existen varios aspectos inmutables del derecho islámico que podemos ver transversalmente en todo el amplio arco del fundamentalismo: el rechazo a admitir el matrimonio de la mujer musulmana con el no musulmán, el rechazo a la posibilidad de que un musulmán pueda cambiar de religión reconociendo su derecho a la libertad de conciencia, el rechazo a admitir la legalidad de los sindicatos para los trabajadores, la pena capital por apostasía, la aceptación de los castigos corporales, y tres desigualdades inmodificables: la superioridad del amo sobre el esclavo, del musulmán sobre el no-musulmán y del varón sobre la mujer, la que es sometida al proceso de ablación clitoridiana a partir del supuesto que no debe gozar sexualmente (el placer debe ser sólo varonil).

El fundamentalismo apegado al Islam primigenio no establece distinción entre política y religión. Por ello en algunos casos, como en Irán, los líderes islamistas suponen que la dirección política de la sociedad debe recaer en los ulemas o líderes religiosos. Para el fundamentalismo la restauración del Islam originario es la única alternativa viable, la respuesta religiosa frente a los fracasos, las crisis y el secularismo en el que Occidente es el principal causante de los males.

En esta línea, para los fundamentalistas muchos problemas del mundo árabe actual son achacables al abandono de la fe islámica. Por tanto, lo esencial es volver a las fuentes de la fe, depurar todas las escorias y deformaciones provenientes y resultantes de siglos de decadencia (entienden que la pobreza, el atraso económico, la dominación extranjera, se deberían al abandono del Islam), y recuperar así una edad de oro vista hoy como paraíso perdido.

Este fundamentalismo se ha difundido principalmente entre los estratos más pobres y explotados de las sociedades donde se arraiga, tales como asalariados, campesinos expropiados y empujados a emigrar a la ciudad, trabajadores y pequeña burguesía que gira alrededor de la economía de los bazares, y una parte del clero islámico; pero muy especialmente: en la juventud. Dato importante: el 60 % de la población musulmana de menores de 20 años está desocupada y con un porvenir incierto.

Difundido entre los estratos más pobres de la sociedad, entonces, el fundamentalismo es un movimiento interclasista que, incluso mediante acciones violentas y de terrorismo, se opone a la "modernidad laica" en vez de oponerse a la explotación capitalista y al injusto sistema de comercio internacional (hoy en su versión neoliberal globalizada), verdaderas causas de los actuales sufrimientos de las masas oprimidas. Como en el Corán está escrito que quienes mueran en la defensa de su fe tendrán bienaventuranza eterna, los feligreses-ciudadanos se ven inducidos a los mayores sacrificios para alcanzar las ambiciones terrenales de sus líderes, hábilmente parapetadas detrás de los textos sagrados y de los ideales religiosos. Esto explica el terrorismo autoinmolatorio de los fundamentalistas, tan difícil de entender desde la cosmovisión occidental. Cuando un joven islámico se lanza cargado de explosivos contra un objetivo tiene la convicción de que lo hace porque esa es la "voluntad de Dios" y que después de su muerte irá directamente al paraíso para estar junto a Alá.

En el contexto de miseria económica, desempleo y pobreza, las masas de los países musulmanes se encuentran en un callejón sin salida. La arrogancia y desprecio de los monarcas y dictadores en el mundo islámico y árabe añade más combustible al odio y la cólera de las masas. Visto entonces el fenómeno en esta dimensión sociopolítica, la razón principal para entenderlo está dada por el enorme vacío creado por la falta de propuestas alternativas que se da en estas sociedades, y por la manipulación de las poblaciones apelando a un fanatismo fácil de exacerbar. Es ahí donde deben empezar a vislumbrarse las respuestas a las preguntas: ¿a quién beneficia este fundamentalismo? ¿Es realmente un camino de liberación para las grandes masas? La religión, entonces, ¿es el opio de los pueblos?

IV

Como dijera el politólogo pakistaní Lal Khan: "este virulento fundamentalismo es la culminación reaccionaria de las tendencias que en la época moderna, caracterizada por la política y la economía mundiales, intentan recuperar el islamismo. En los años cincuenta, sesenta y setenta en el mundo musulmán existían corrientes de izquierda bastante importantes. En Siria, Yemen, Somalia, Etiopía y otos países islámicos, se produjeron golpes de estado de izquierdas, y el derrocamiento de los regímenes capitalistas-feudales corruptos llevó a la creación del bonapartismo proletario o estados obreros deformados. En los demás países también hubo movimientos de masas importantes encabezados por dirigentes populistas de izquierda. En el clima de la Guerra Fría algunos de estos dirigentes, como Gamal Abdel Nasser, incluso desafiaron al imperialismo occidental y llevaron a cabo nacionalizaciones y reformas radicales. A partir de ese momento, una de las piedras angulares de la política exterior estadounidense fue organizar, armar y fomentar el fundamentalismo islámico moderno como un arma reaccionaria contra la insurrección de las masas y las revoluciones sociales." (...) "Después de la derrota de Suez los imperialistas dieron prioridad a esta política. Gastaron ingentes sumas de dinero en operaciones especiales dirigidas por la CIA y el Pentágono. Suministraron ayuda, estrategia y entrenamiento a estos fanáticos religiosos. La mayor operación encubierta de la CIA en la que ha estado implicado el fundamentalismo islámico ha sido en Afganistán."

La principal fuente de finanzas del fundamentalismo islámico procede del tráfico de drogas ilegales. Este proceso fue iniciado por el imperialismo estadounidense, pero ahora esta economía negra está interrumpiendo el funcionamiento del propio capitalismo. Se ha convertido en parte de la política de la CIA el uso de las drogas y otras formas de crimen para financiar la mayoría de las operaciones contrarrevolucionarias en las que participa. Esta política de drogas en Afganistán ha tenido un impacto desastroso en la juventud de todo el mundo. Hoy el 70 % de la heroína mundial procede de la mafia afgano-pakistaní. Los modernos laboratorios en la frontera de Afganistán y Pakistán (donde se transforma el opio en heroína) fueron instalados con la ayuda de la CIA. De hecho, denuncias al respecto sobre

En sociedades donde los Estados son incapaces de proporcionar los servicios básicos a su población (salud, educación y empleo), el fundamentalismo islámico ha utilizado estas privaciones para construir sus propias fuerzas. Con grandes cantidades de dinero la propuesta fundamentalista ha creado escuelas religiosas (madrassas o escuelas coránicas) para entrenar y desarrollar fanáticos desde muy temprana edad, que después se convertirán en materia prima de la locura religiosa.

Según el economista egipcio Samir Amin este resurgimiento del fundamentalismo no es casual. "Imperialismo y fundamentalismo cultural marchan juntos. El fundamentalismo de mercado requiere del fundamentalismo religioso. El fundamentalismo de mercado dice: 'subviertan el Estado y dejen que el mercado en la escala internacional maneje el sistema'. Esto se hace cuando los estados han sido desmantelados completamente. Sin estados nacionales, las clases populares son minadas por la carencia de su identidad de clase. El sistema puede gobernarse si el Sur está dividido, con naciones y nacionalidades peleando entre sí. El fundamentalismo étnico y el religioso son instrumentos perfectos para propiciar y dirigir el sistema político. Estados Unidos, como muestra el caso de Arabia Saudita y Pakistán, siempre ha apoyado el fundamentalismo islámico".

Definitivamente en el clima de desesperación de grandes masas de musulmanes -y más aún de su juventud- la salida violenta puede aparecer siempre como una tentación. En ese complejo caldo de cultivo, entonces, hunden sus raíces los movimientos integristas, y la muerte no tarde en campear: estamos así en el campo de la acción armada, en la estrategia terrorista. Pero ante ello se repite la pregunta: ¿a quién beneficia este fundamentalismo con visos violentos? ¿Es realmente ése un camino de liberación para las empobrecidas y postergadas masas musulmanas?

V

Retomando lo dicho al principio del presente artículo, la idea generada por las usinas mediáticas del poder en Occidente -con Washington a la cabeza- une fundamentalismo islámico con terrorismo, insistiendo tanto en esta prédica que, hoy por hoy, el mensaje ha terminado por instalarse. El nuevo peligro que acecha al mundo, según esta ingeniería comunicacional, ya no es el comunismo ni el narcotráfico: es el terrorismo internacional, más aún aquél de cuño islámico. Ahí aparecerá entonces la diabólica figura del nuevo ícono con ribetes hollywoodenses: Osama Bin Laden, quien en realidad fue siempre un agente de la geoestrategia de Estados Unidos, vivo o aún muerto.

En términos que no dejaron duda, quien fuera asesor de Seguridad Nacional durante la presidencia de James Carter y coautor de los ultra derechistas documentos de Santa Fe, el polaco nacionalizado estadounidense Zbigniew Brzezinski, describió la política de su país en una entrevista con el periódico francés Le Nouvel Observateur, en 1998, admitiendo que Washington deliberadamente había fomentado el fundamentalismo islámico para tenderle una trampa a la Unión Soviética buscando que ésta entrara en guerra. "Ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su propia guerra de Vietnam", aseguró. "Llenarle su patio trasero de mierda", en realidad dijo explícitamente. Cuando se le preguntó si lamentaba haber ayudado a crear un movimiento que cometía actos de terrorismo por todo el mundo, desestimó la pregunta y declaró: "¿Qué es lo más importante para la historia mundial, los talibanes o el colapso del imperio soviético? ¿Varios musulmanes fanáticos o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?".

En realidad no estamos ante un "choque de civilizaciones" Islam-Occidente como cínicamente ha presentado en su análisis de la situación mundial el catedrático Samuel Huntington, con lo que, en definitiva, se pavimenta el camino para la supremacía militarista de Washington, autoerigido como campeón en la defensa de la paz mundial. Si hoy día el "terrorismo islámico" es el nuevo demonio (con Bin Laden, Al Qaeda o ahora el Estado Islámico como sus estrellas principales -el reparto de estrellas va variando, por supuesto-), eso no es sino un maquiavélico montaje mediático. La relación entre el imperialismo estadounidense y el terrorismo del fundamentalismo islámico es simbiótica. La llamada "guerra antiterrorista" no es más que una cubierta para la violencia militar para lograr los objetivos estratégicos mundiales de los Estados Unidos; y sólo creará más reclutas para los movimientos fundamentalistas islámicos. Y nuevos actos de terror contra objetivos estadounidenses y occidentales serán la excusa para mayor agresión por parte de los Estados Unidos en todo el mundo. Empezó con los avionazos sobre las Torres Gemelas en New York y el ataque al Pentágono en Washington, en 1991. Luego Madrid con los bombazos en la estación de Atocha, después cualquier ciudad europea... luego cualquier ciudad del mundo. El clima de terror que se va creando es exactamente un montaje cinematográfico al mejor estilo de Hitchcock. La paranoia ha invadido Occidente, y una población aterrada es lo más fácilmente manejable. Hoy día, instalado ya el terror, cualquier cosa que suene a musulmán o árabe -que no son lo mismo, por cierto- ya puede ser excusa para invadir.

VI

En la agenda de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden o cualquiera de estos productos mediáticos obedecen a dos tipos de construcciones. Una verdadera, asociada con las redes secretas del terrorismo, y otra fabricada para consumo mediático. En la primera, se indica que su formación de soldado terrorista proviene de los sótanos de entrenamiento de la CIA. Y en la segunda, las evidencias lo señalan como un espectro fantasmal sobre el cual se montan innumerables campañas de prensa internacional. Los resultados son siempre funcionales a los intereses estratégicos de Washington. De la misma manera que lo utilizó para sus operaciones encubiertas en Asia y en Los Balcanes, ahora la CIA se vale de su imagen para fabricar psicosis terroristas que le sirven a los Estados Unidos para justificar sus nuevas invasiones militares en el rediseño planetario que está poniendo en marcha con los halcones de la Casa Blanca. La simple emisión de un documental donde aparece su figura dos días antes de las últimas elecciones en Estados Unidos, sin dudas terminó de inclinar la balanza en los aterrados ciudadanos estadounidenses a favor de una propuesta de "mano dura antiterrorista"; y el plan de los republicanos y el complejo militar-industrial-petrolero pudo seguir adelante sin contratiempos.

Una vez más entonces: ¿a quién beneficia este "fundamentalismo terrorista sanguinario"? ¿Es realmente un camino de liberación para las grandes masas? ¿Apuntan a producir algún cambio real en la estructura del poder los bombazos y avionazos habidos y por venir? (porque todo hace prever que vendrán más. Ahora se decapitan periodistas ante una cámara de video. ¿Qué seguirá mañana?).

Una de las actuales super-estrellas de la función (del nuevo demonio llamado terrorismo islámico) es la red Al Qaeda, y su ahora desaparecido líder, el -según se dice- ex agente del servicio secreto de los Estados Unidos Osama Bin Laden. Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado Financial Crimes Enforcement Network, determinaron las conexiones del clan Bush con Salem Bin Laden (el padre de Bin Laden) y el Bank of Credit & Commerce (BBCI). La investigación reveló que los sauditas estaban utilizando al BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas y canalización de los fondos para las operaciones encubiertas de la CIA en Asia y Centroamérica, además de manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los fondos de varios grupos terroristas islámicos. El ahora desaparecido jefe de Al Qaeda (de quien, curiosamente, no se sabe dónde fue a parar su cadáver) es un ejemplo arquetípico de ese proceso de laboratorio de las nuevas puestas en escena mediáticas. Hijo de millonarios, educado en el selecto colegio Le Rosey, en Suiza, su juventud fue la de un play-boy del jet set, en medio de lujos y escándalos en las capitales occidentales y en Arabia Saudita, pasando a ser posteriormente el referente de Washington en la nueva estrategia de manipulación de los fundamentalismos, jugando luego un papel clave en la avanzada anticomunista en Afganistán. Evidentemente el engendro dio resultado: la Unión Soviética encontró su Vietnam. Y hoy día el papel que sigue jugando es absolutamente funcional a la nueva estrategia del completo militar-industrial y las petroleras estadounidenses: un monstruo feroz y ávido de sangre amenaza Occidente (¿puede haber sido posible que con miles de soldados buscándolo por todos lados no apareciera?), amenazaba a la civilización humana, a la especie toda. Ahí está Bin Laden, Al Qaeda o cualquier grupo islámico fundamentalista poniendo bombas por todos lados, ahí están esos fanáticos fundamentalistas musulmanes constituyéndose en enemigos de la humanidad, y ahí están las fuerzas armadas del gran país teniendo la justificación universal para su proyecto de defensa planetaria. El miedo está instalado; ahora hay que perpetuarlo.

Enrique Muñoz Gamarra lo pinta de cuerpo entero: "Uno de los objetivos de la nueva ofensiva fascista estadounidense iniciada a finales de 2010 llamada como “Primavera Árabe” habría sido la imposición de un líder que ya en el caso de la ofensiva iraquí se ha hecho muy claro, es decir, el sobre-dimensionamiento del agente de la CIA, Abu Bakr al-Baghdadi, como jefe del grupo terrorista llamada Emirato Islámico en Irak y Siria (EIIS) ahora denominado Estado Islámico. Y junto a esta organización criminal están también las siguientes organizaciones paramilitares fascistas: el llamado Muyahidín Jalq (MKO) (Organización paramilitar de Irán que luego estuvo asentado en Iraq), al-Nusra, Brigadas de Abdulá Azzam (Líbano), Muyahidines del Pueblo (organización paramilitar iraní de oposición), etc. En la actualidad la ofensiva militarista fascista estadounidense en Siria y Ucrania es muy fuerte. Ciertamente los grupos paramilitares son muy protagónicos. En concreto se puede decir, hasta cierto punto, que son determinantes en esta ofensiva. En concreto, como hemos dicho en un artículo anterior (Irak y la patraña estadounidense contra Siria) el operativo en Irak es para intervenir en Siria. Esto se hizo muy claro al oír las declaraciones del general estadounidense, Martin Dempsey, jefe del Estado mayor Conjunto, que afirmó, que es imposible derrotar al Estado Islámico (EI) sin atacar su bastión en Siria. Entonces estas maquiavélicas acciones, además, los montajes de decapitaciones de seudo-periodistas estadounidenses, James Wright Foley".

Continuando con esta bien montada campaña de atemorización universal, puede leerse que "Debemos ser honestos con nosotros mismos y con el pueblo norteamericano acerca del mundo en que vivimos", según dijo George Tenet, ex director de la CIA. "Un éxito completo contra esa amenaza es imposible. Algunos atacantes alcanzarán sus fines, a pesar de nuestros decididos esfuerzos y las defensas que establezcamos". Vivimos en alerta, asustados. El único camino, entonces, es terminar con esta fiera feroz que acecha de continuo. ¡Gracias Estados Unidos por defendernos!

Valga agregar que con la estructura económico-social que presenta nuestra aldea global -no muy justa, por cierto- actualmente se dan a nivel planetario 6.000 muertes diarias por diarrea, 11.000 muertes diarias por hambre, 3.800 personas mueren a diario por la infección de VIH/SIDA, mientras que cada día 150 fallecen por consumo de drogas y otros 720 seres humanos mueren por accidentes automovilísticos, en tanto que el siempre mal definido "terrorismo" produce, en promedio, 11 muertos diarios. Aún a riesgo de ser reiterativos: ¿quién se beneficia de este despertar fundamentalista musulmán? ¿Algún musulmán quizá? ¿Algún ciudadano de a pie de alguna parte del mundo?

Todo indicaría, así las cosas, que esta "religiosidad" en juego en el mundo musulmán, lo que menos tiene es, justamente, religión. Y para terminar, un dato curioso, nada desdeñable: "casualmente" este despertar fundamentalista que hay que reprimir antes que ataque con la estrategia de "guerras preventivas" que inauguró el Pentágono durante la administración de Bush hijo, se da en países donde -¡vaya coincidencia!- hay petróleo y gas.

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Los polémicos convenios con multinacionales como Monsanto

Emilio Marín (LA ARENA)

Es un debate no saldado. ¿Es bueno, regular o malo que las universidades y gobiernos provinciales y el nacional firmen convenios con multinacionales? Uno que levantó polvareda es de una facultad de la UNC con Monsanto.

El 8 de agosto se celebra el día del Ingeniero Agrónomo y en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba se lo celebró con un asado. La curiosidad fue que en medio de chinchulines se coló una víscera que no fue bien digerida por la mayoría de los estudiantes y docentes, que no participaban de la comilona. El flamante decano de la facultad, Marcelo Conrero, y su secretario académico Jorge Dutto, aprovecharon el festejo para firmar acuerdos, entre ellos uno muy polémico con Monsanto.

La mayoría de los comensales, atareada en menesteres más gastronómicos y recreativos, no reparó en ese detalle. Después de la digestión empezaron las críticas contra el acuerdo. Era lógico. La semillera transgénica y acusada de contaminante en el mundo es muy resistida en Córdoba.

Lo suscripto por Conrero estipulaba una cooperación entre la casa de estudios y la empresa para una "transferencia tecnológica" de ésta hacia aquélla. Y una devolución de la facultad hacia la firma estadounidense en supervisar el nuevo informe de impacto ambiental que quiere presentar para su planta de tratamiento de semillas en Malvinas Argentinas, a 16 km de La Docta.

Los dos términos del convenio están impugnados por muchísima gente entendida en la materia y cordobeses de a pie. En primer término, hay que reflexionar qué de positivo les puede aportar a los futuros agrónomos la tecnología de semillas transgénicas y plantas que sudan copiosamente agroquímicos.

Y el segundo aspecto de lo firmado es tan o más cuestionable. Es que el demorado informe de impacto ambiental de Monsanto fue rechazado por la secretaría de Ambiente de la provincia. Y posteriormente se aprobó una nueva ley de Ambiente que sostuvo que una vez rechazado un informe no hay posibilidad legal de presentar otro. Tal "colaboración" de la facultad con Monsanto estaría legalizando una gestión que todavía se discute legalmente si podrá ser intentada. Además esa ley ahora prevé que para estos casos debe realizarse una Consulta Popular a solicitud de un 10 por ciento de firmas de los vecinos.

Para atrás

Los críticos del convenio con Monsanto acudieron a una sesión del Consejo Superior de la UNC, el 2 de septiembre. Allí se aprobó una declaración del rector Francisco Tamarit y la vicerrectora Silvia Barei, contraria al convenio de Ciencias Agropecuarias.

"Por todo ello, creemos que este convenio no expresa la posición vigente del Consejo Superior, no aporta soluciones integrales a la complejidad del problema y compromete a nuestra comunidad educativa con las actividades que dicha empresa pretende desarrollar en Malvinas Argentinas, fuertemente cuestionadas por amplios sectores de la población", expresó la resolución del CS.

Eso obligó al decano Conrero (ex dirigente de la agrupación Franja Morada) a dejar en suspenso su convenio. Lo había tramitado su mano derecha, Dutto, coautor del primer informe de impacto ambiental presentado por Monsanto para justificar su planta semillera. El mismo fue rechazado por Ambiente por no resolver el problema de qué hacer con los desechos contaminados en Malvinas Argentinas.

Demostrando cuál ancho es el arco de alianzas de la multinacional, el suplemento Campo de La Voz del Interior y con otros artículos firmados por Sergio Suppo y Alejandro Rollán, se tomó postura favorable al decano y el acuerdo con Monsanto.

Con un estilo mucho más directo y empresario, tronó el vozarrón de la Mesa de Enlace de Córdoba, que apoyó el convenio de Agropecuarias y calificó de "inadmisible" el rechazo de la UNC. El comunicado sojero afirmaba: "la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias Regional Córdoba manifiesta su profunda preocupación por el escenario pleno de bombos, pancartas y cánticos ideológicos en el que se propicia el debate de ideas referidas a la evolución del modelo productivo agropecuario".

En un alarde de cinismo, esa entidad, ligada a las épocas más siniestras de la historia argentina, agregó que "estas acciones (de la UNC) son típicas de oscuras etapas de nuestra historia, que no contribuyen a la pluralidad de pensamiento y atentan contra la apertura que toda entidad educativa debiera plantearse para solucionar problemáticas de la comunidad". Los amigos del general Luciano B. Menéndez pontificando sobre la pluralidad del pensamiento...

Para saber, mejor votar

El citado matutino debió hacerse eco de una encuesta realizada por el Conicet a solicitud de la organización Avaaz. Fue realizada en la localidad de Malvinas Argentinas, a mediados de julio pasado, y arrojó que nueve de cada 10 ciudadanos creen que debe realizarse una consulta popular para decidir si se instala o no la planta de semillas transgénicas. Sobresale un dato concreto: "si dicha consulta se realizara hoy, un 64,86% votaría en contra del proyecto del gigante biotecnológico".

Conociendo esos niveles de impopularidad debe ser que la firma norteamericana nunca quiso la consulta popular, considerando que ese método "politizaba" un asunto económico. Prefirió una audiencia pública, nunca realizada. En realidad optó por el lobby sobre autoridades gubernamentales (presidencia, gobernador e intendente), cámaras patronales, medios de comunicación, partidos, legisladores, agencias y universidades.

Pero viene perdiendo la partida. La encuesta del Conicet remataba: "los niveles de aceptación a Monsanto siguen tan bajos como el año pasado, a pesar de la intensa campaña de relaciones públicas que Monsanto ha desplegado desde febrero pasado para ganar popularidad prometiendo puestos de trabajo u ofreciendo capacitaciones a los pobladores de esta localidad cordobesa".

La duda sobre si esos niveles de rechazo son tan altos o están "politizados" y agrandados ex profeso tienen una manera de resolverse: una votación democrática en Malvinas Argentinas, sin que intervenga el capital y lobby de la empresa.

Muchos otros casos

El convenio de Ciencias Agropecuarias de la UNC con Monsanto, ahora suspendido, lamentablemente no es único en su tipo.

También en agosto los diarios informaron que AmCham "Argentina" y la Universidad Empresarial Siglo XXI habían lanzado una Jornada de Capacitación. Su título exime de mayores comentarios: "Internacionalización y desarrollo de negocios en los Estados Unidos". AmCham es la Cámara de Comercio Americana que aglutina a Monsanto, Citibank, Ford, Cargill, Microsoft y otros pesos pesados con casas matrices en el Norte.

Al aliarse para esa jornada, la UES21 mostraba cuál era su verdadera posición. Quince días más tarde hacía una simulación con la conferencia "El comienzo de una era sustentable", para celebrar el 15 de septiembre como día de la Conciencia Ambiental.

Otro monopolio hábil para colarse en las aulas y presentarse como un sinónimo del progreso científico y tecnológico es Microsoft. Actúa en el Programa Educador Experto, que forma parte del plan Argentina Avanza. Así la firma de Bill Gates, con un marco facilitado por las autoridades nacionales, se orienta a los maestros de primaria y secundaria. Premiará con viajes al Foro Global de los EEUU a aquellos que usen tecnología y lleven "nuevas ideas a sus alumnos".

Microsoft no lo aclaró pero es obvio. Los maestros que pregonen y usen el Linux y otros programas de software libre, si fuera por la compañía, serían enviados a Guantánamo.

Con grupo Rockefeller

La costumbre de ligarse a empresas privadas se está extendiendo por Argentina, aun cuando se precie de nak&pop.

Algunos sindicatos están colonizados casi por completo, caso de la Asociación Obrera Minera de Argentina (AOMA), que firmó un convenio con la Universidad Kennedy para la capacitación de los trabajadores en la "formación industrial". En rigor esos cursos debe pagarlos el mayor patrón de ese gremio, o sea la Barrick Gold, cuyo emprendimiento en San Juan supone más del 30 por ciento del producto bruto provincial.

El ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, estuvo anunciado como orador en el panel principal del XXI Congreso anual de la Aapresid (Asociación Argentina de productores de Siembra Directa) realizado en agosto de 2013 en Rosario. En esa entidad participan Dupont, John Deere, Nidera, HSBC, Basf, Banco Santander y obviamente Monsanto. Con esa participación Barañao confirmó que es un funcionario ligado al agrobusiness y no sólo ahora que es ministro sino también desde sus tiempos como responsable del Conicet. Por eso en esa gestión anterior le hizo la vida muy áspera al doctor Andrés Carrasco, ya fallecido, denunciante del impacto de los agroquímicos y especialmente el glifosato sobre el medio ambiente y la salud.

Por momentos y en el tema de la relación con empresas y bancos norteamericanos se esfuman las diferencias entre gobierno y oposición. Es lo que pasó el 28 de agosto en la 11 edición del Council of Americas que deliberó en Buenos Aires. A ese grupo Rockefeller fueron a rendirles pleitesía Mauricio Macri y Jorge Capitanich. El primero para recordar que quiere pagarles a los "fondos buitres", y el segundo para darles la noticia del acuerdo con la multi Petronas para sumarla a Chevron en Vaca Muerta.

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Crecer fumigados, la nociva realidad de los alumnos rurales

AMBIENTE COMARCA - ANRED

Las continuas exposiciones de las escuelas de campo a los agroquímicos revelan profundas debilidades en los aspectos legislativos y ejecutivos que finalmente priorizan los aspectos productivos sobre los sanitarios. Otra vez, al igual que en el año 2011, le tocó a la escuela rural EES N° 6 del Distrito de Cnel. Suárez, ubicada sobre la ruta provincial N° 76 a unos 55 km de la ciudad cabecera.



El viernes 12 de septiembre de 2014 los alumnos y el personal docente del turno mañana de la Escuela Rural EES Nº 6 del Paraje El Relincho, distrito de Coronel Suárez, fueron expuestos a una aplicación de pesticida que estaba siendo realizada en un campo frente al establecimiento.



En ese momento, 9:45 horas aproximadamente, los alumnos estaban en pleno recreo, jugando al metegol afuera del edificio escolar, respirando el producto agrotóxico que era arrastrado por la deriva producida por la intensidad y dirección del viento.

Alertadas de tal situación, las autoridades y el personal de la escuela, procedieron a proteger a los alumnos haciéndolos ingresar dentro del edificio y a comunicar la situación a la Jefatura Educativa Distrital, la que en forma inmediata denunció el hecho al organismo municipal correspondiente. Posteriormente se hicieron presentes en el lugar y detuvieron la aplicación, tomando el recaudo de suspender las clases en el turno tarde debido a la gran cantidad de agrotóxico disperso en el lugar.

Este tema no es nuevo en el distrito, ya que su Director de Medio Ambiente, el Sr. Emanuel Garrido, viene trabajando en busca de una solución a esta problemática desde hace tiempo, denunciando -luego de un detallado relevamiento- que las escuelas rurales son expuestas regularmente a los agrotóxicos.

Esta situación es común a la mayoría de las escuelas de campo. Con solo observar alrededor de ellas, se pueden ver que los campos en producción son linderos con los patios donde los niños y niñas se hamacan o juegan a la pelota, recibiendo la deriva directa en el momento de la aplicación o en forma posterior, cuando se fumiga un sábado o domingo, y el lunes todavía permanece la toxicidad en el lugar, dependiendo del período de carencia del agrotóxico.

El ingreso al organismo de de estos productos nocivos puede ocasionar diferentes enfermedades, especialmente en los organismos más vulnerables, como ser niños y jóvenes, mujeres embarazadas y ancianos.



Algunas patologías se manifiestan en forma inmediata, como ser alergias, asma, problemas respiratorios, etc. Otras tardarán varios años en aparecer en el individuo expuesto o en su descendencia, debido a que estos químicos poseen la peligrosa característica de ser disruptores endócrinos, por lo cual afectan los procesos hormonales necesarios para el correcto funcionamiento del organismo.

A pesar de la tóxica realidad, las autoridades y funcionarios de todos los niveles de gobierno aún no dan solución a este grave problema, por lo cual es cada vez mas frecuente que las escuelas y comunidades rurales, como así también las zonas periurbanas de los centros poblacionales, convivan con los venenos que se dispersan frente a ellos.

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Soeme Esquel: “Estamos en contra de la megaminería”

RED ECO

“Nosotros queremos expresarle al ciudadano de Esquel que nuestra postura no tiene nada que ver con la minería”, sostuvo Antonio Osorio, secretario general del gremio de los municipales, en el marco de una nueva jornada de protesta y retención de servicios por reclamos de sueldos dignos, pases a planta y el cumplimiento de la legislación laboral vigente. “Nos preocupa y nos molesta que cada vez que el empleado municipal se manifiesta, hay sectores políticos que quieren sacar un rédito político de esto”, agregó.

Los trabajadores municipales de Esquel cumplieron ayer una nueva jornada de protesta y retención de servicios en el marco del reclamo por sueldos dignos, pases a planta y el cumplimiento de la legislación laboral vigente. Con una masiva participación del personal de todas las áreas del Municipio, durante la mañana se realizó una movilización por las calles de la ciudad. La marcha, totalmente pacífica, ocupaba por lo menos unas tres cuadras. En asamblea, convocada por el SOEME, se decidió continuar con la medida de fuerza por tiempo indeterminado, hasta que el Ejecutivo retome el diálogo y mejore su oferta salarial.

Durante la marcha la primera parada fue en Tribunales, donde duerme la causa por la denuncia de irregularidades en la venta de material reciclado de la Planta de Residuos y en la cual hay funcionarios municipales involucrados. También hubo una concentración en 25 de Mayo y Rivadavia. Luego volvieron al Municipio.

El reclamo

Los trabajadores municipales exigen al Ejecutivo Municipal: SUELDOS DIGNOS (neto garantizado de 6.000 pesos a todo ingresante).
Pases a planta (también de aquellos compañeros que hace años se encuentran “a prueba”, algunos incluso a punto de jubilarse).
Que el embarazo no sea causal de despido y que se reincorpore al personal despedido por tal causa.
Que el Estado Municipal respete y cumpla con la legislación laboral vigente.
Que el Estado Municipal no sea indiferente a las necesidades de sus empleados.
Que cesen los “aprietes” y amenazas a aquellos compañeros que acompañan la lucha obrera municipal.
Que cese el intento de confundir a la comunidad con nuestra lucha. LOS TRABAJADORES MUNICIPALES NO SOMOS MINEROS.
Que la administración de los recursos de todos sea transparente.

“No somos mineros”

El SOEME repudia los dichos del secretario de gobierno municipal, Pablo Durán, queriendo relacionar la lucha de los trabajadores municipales con la mega minería. “Nosotros queremos expresarle al ciudadano de Esquel que nuestra postura no tiene nada que ver con la minería”, sostuvo el secretario general del gremio, Antonio Osorio.

Del mismo modo lo dejaron en claro los trabajadores que participaron de la movilización cuando, en plena 25 de Mayo y Rivadavia comenzaron a cantar “NO A LA MINA, NO A LA MINA”, acompañados incluso por algunos referentes del movimiento de vecinos auto convocados por el no a la mega minería.

Planteó Osorio que como ciudadanos de Esquel “en su momento ya hemos decidido al respecto, prácticamente toda una comunidad le dijo NO a la mega minería en esta ciudad y en la región”.

Los planteos de Durán “tienen que ver con embarrar la cancha y tratar de deslegitimar nuestra lucha que es totalmente legítima. Por eso queríamos también aprovechar la manifestación para dejar en claro nuestra postura. Estamos en contra de la mega minería”.

“Nos preocupa y nos molesta que cada vez que el empleado municipal se manifiesta, hay sectores políticos que quieren sacar un rédito político de esto. esto nos indigna bastante pero, menos mal que no nos divide porque cada vez se suman más compañeros con la conciencia de que nuestro reclamo es legítimo”, subrayó Osorio.

En contra de la precariedad laboral

Los funcionarios municipales “están tratando de embarrar la cancha cuando y deslegitimar nuestra lucha, cuando nosotros lo único que estamos pidiendo es que se cumpla con una decisión del gobierno nacional y es que nadie cobre por debajo de lo que se establece como salario mínimo, vital y móvil”.

“Estamos en contra de la precariedad laboral, en contra de que a muchos compañeros hoy se les cierre las puertas para entrar a planta porque les dicen que pertenecen a la provincia cuando en realidad, ni el gobierno provincial ni el Municipio se hacen cargo. Tenemos compañeros que hace diez, quince y hasta veinte años que están prestando un servicio en el Municipio, primero con un plan, luego con una beca, y después con un contrato de locación. Compañeros que cuando cumplan la edad de jubilarse seguramente tendrán que recibir alguna pensión o alguna ayuda nada más. Debemos ser solidarios y decidir que estas cosas cambien”, manifestó Osorio.

Por último agregó, “no vamos a permitir que nos ensucien diciendo que en nuestra lucha hay una cuestión política o que los trabajadores municipales salen a hacer una lucha pro minera. Lamentablemente hay quienes quieren engancharse en esta lucha porque como políticos no consiguen que ni diez gatos locos los sigan. Entonces cuando ven que cómo los empleados municipales nos hemos unido en esta lucha, quieren encontrar su momento protagonico. A ellos les decimos, que se dediquen a otra cosa porque ya nadie les cree. No vamos a permitir que vengan sectores a sacar rédito de nuestra lucha que, solo tiene que ver con la preocupación por la situación en la que están nuestros trabajadores”.

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