miércoles, 17 de septiembre de 2014

La separación de Escocia y el derrumbe del imperialismo británico

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)

El trabajo de demolición política que desarrolla la crisis mundial a veces resulta lento pero siempre es implacable. El jueves 18 podría poner fin a la unidad política del Reino Unido, al cabo de 307 años. La unión de los parlamentos de Escocia y de Inglaterra, en 1707, fue un paso político de magnitud en el desarrollo de lo que sería el primer imperialismo moderno de la historia. Resultó de un pacto estatal entre los colonizadores terratenientes de las Planicies Altas, que se apropiarían de Irlanda, y el capital comercial inglés, lanzado a la conquista del mercado mundial. Retirada de todas sus colonias y semicolonias, replegada sobre si misma en la City de Londres - ella misma dominada desde hace tiempo por el capital norteamericano -, el cetro de Gran Bretaña quedaría encogido a Inglaterra, lo cual representa un golpe fuerte al capital bancario.

Terror en la City

La posibilidad de una victoria del separatismo ha provocado un principio de pánico en el capital financiero internacional, que tiene como una de sus residencias a Edimburgo, la capital escocesa. El pulpo Lloyds y el Royal Bank of Scotland, con residencia en Escocia y activos equivalentes al 1.500% del PBI del territorio, se han apresurado a anunciar su eventual retiro, porque la independencia los privaría del socorro financiero del Banco de Inglaterra. Durante la crisis que comenzó en 2007, fueron varias veces rescatados por la entidad que maneja la libra esterlina. Una advertencia similar ha hecho la Shell, aunque nada amenaza sus explotaciones petroleras en el mar del Norte. Para Rupert Murdoch, el siniestro magnate de las comunicaciones, australiano, la separación de Escocia representa una deliciosa venganza contra sus pares ingleses, que lo tuvieron que castigar por su sistema de espionaje privado.

La tendencia independentista en Escocia tiene su punto de arranque en el gobierno de Margaret Thatcher, aunque el nacionalismo político escocés (SNP) data de 1934. La enorme austeridad impuesta por el thatcherismo cobró caracteres nacionalistas, en la misma medida en que era derrotada la resistencia social de los sindicatos y el partido Laborista de Gran Bretaña pasaba a colaborar con el ajuste. El descubrimiento del petróleo agravó la situación, porque promovió la desindustrialización del conjunto del Reino, mientras enriquecía a la elite financiera. Esta oligarquía procuró contener el movimiento nacionalista con concesiones autonomistas sucesivas.

Ahora, sin embargo, enfrenta la secesión de Escocia, cuando las rivalidades de la City de Londres con la banca de Francfort amenazan con provocar el retiro de Gran Bretaña de la Unión Europea. La City reclama privilegios especiales frente a la presión de Alemania para unificar a la banca europea con una legislación común de rescate frente a las quiebras. Para 2017, un año después de que se concrete una separación eventual de Escocia, está previsto un referendo para determinar la continuidad del Reino Unido (que para entonces ya no sería tal) en la UE. Para complicar aún más la crisis política, Escocia tendría derecho a votar en las elecciones británicas del año que viene, porque su separación no se hará efectiva hasta un año más tarde. La sobrevivencia del partido conservador (los Torys) se encuentra amenazada, incluso por la aparición de un rival derechista - la Ukip.

Cuestión nacional

No debe confundirse, sin embargo, la desintegración de la vieja Albion con un progresismo del nacionalismo escocés o de la separación. A diferencia del nacionalismo chovinista de la Lega Nord, en Italia, el SNP ha asumido colores centroizquierdistas, pero esto no determina su contenido progresista, ya que el centroizquierdismo se transforma rápidamente en su contrario. El campo independentista reclama la continuidad de la monarquía de los Windsor, el mantenimiento de la libra y la tutela del Banco de Inglaterra, la pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN. Bajo la presión del nacionalismo, los sindicatos han perdido su unidad en todo el territorio de Gran Bretaña, salvo excepciones, lo cual constituye una expresión del debilitamiento del movimiento obrero. La división del proletariado de Escocia y de Inglaterra es una ofrenda preciosa del nacionalismo al capital mundial. En estas condiciones el frente único por el Si desarrollado por la mayor parte de la izquierda en Escocia, es contrarrevolucionario.

Las aspiraciones nacionales no pueden ser caracterizadas a partir de criterios abstractos o arbitrarios sino del lugar que ocupan y de la función que cumplen en el desarrollo histórico. La agenda del Si a la separación excluye la reivindicación democrática fundamental de las Islas - ¡la República! Como ocurría en las vísperas de la unión de 1707, plantea compartir el rey y separar los parlamentos. Si esto tiene algún sentido, significa otorgar a la monarquía poder de veto sobre cuestiones fundamentales, tanto domésticas como relativas a la guerra. En los últimos diez años, Elizabeth ejerció el veto real doscientas veces. La separación de Escocia tampoco resulta una necesidad para un desarrollo de las fuerzas productivas - emerge como una disputa en torno al reparto del ingreso nacional del Reino Unido. Si el nacionalismo no consigue una unión monetaria entre Escocia e Inglaterra, Escocia se verá obligada a construir su propia moneda por medio de una enorme deuda pública. Esto implicará enormes sacrificios para los trabajadores y el cambio de relato del SNP, del centroizquierdismo al derechismo. Fiel a su historia, el nacionalismo escocés no reivindica, ni aun cuando busca la separación de Inglaterra, la unidad e independencia de Irlanda.

Si o No, dos variantes del derrumbe

Escocia no es una colonia interior histórica del Reino Unido - no tiene nada que ver en esto con Irlanda -, sino que ha formado parte, históricamente, del entramado del imperialismo británico. La crisis del capital inglés no es provocado por el independentismo escocés sino al revés - éste ha sido exacerbado por la crisis mundial de ese capital. El epicentro de la crisis no está al norte de la frontera sino al interior de la City. Una victoria del No a la separación atenuaría en lo inmediato, por cierto, los golpes de la crisis, apenas los aplazaría y los haría más intensos.

En oposición al Si, reivindicamos la unidad del proletariado de Gran Bretaña; en oposición al No (y también al Si), la destitución de la monarquía y del régimen de lores, y una República Socialista de Gran Bretaña, bajo la forma unitaria o federativa que establezcan los trabajadores.

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Entrevista a Guillermo Almeyra: El independentismo está empujando en Escocia, pero también en Cataluña y otras regiones

Mario Hernandez (especial para ARGENRESS.info)
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Mario Hernandez (MH): Continuando con “Metrópolis” nos vamos al panorama internacional con la participación de Guillermo Almeyra. Voy a empezar con una pregunta como si estuviéramos en Edimburgo el próximo jueves 18 de setiembre: ¿Debería Escocia ser un país independiente?

Guillermo Almeyra (GA): El gran problema es que el independentismo está empujando fuertemente en Escocia, pero también en el País Vasco, en Cataluña, en Córcega (Francia), tuvo su momento en el Piamonte, en Italia, con la Liga Norte, es decir, la descomposición de los estados y la crisis general, la cesión de soberanía a la Unión Europea, hace que cada sector local de la burguesía desarrolle sus propios intereses.
Los sectores dominantes de Escocia no ven bien que los bancos ingleses e Inglaterra se lleven el grueso de las ganancias del petróleo del Mar del Norte, entonces disputan por eso. Además, junto a esto están los pueblos, lo cual es viejísimo, desde siempre, desde antes de la formación a la fuerza de estos estados compuestos por diversas regiones incompatibles entre sí. Durante siglos los pueblos han estado pidiendo autonomía o incluso ahora independencia.

MH: Al Partido Nacionalista Escocés, que gobierna desde 2007, se lo califica de “Tories (conservadores) con kilt” que es la típica falda escocesa. ¿Cómo podemos interpretarlo?

GA: Durante mucho tiempo los nacionalistas se aliaron con los tories ingleses. Escocia era un feudo muy importante del Partido Laborista que actuaba en todo el Reino Unido y buscaba con un vago tinte socialista una solución general. La oposición a los socialistas eran sectores conservadores muy ligados al clero católico y al campo, que hacían alianzas de hecho con los conservadores. Con el desarrollo de la industria y, sobre todo, el petróleo y la pesca, Escocia se ha transformado bastante socialmente y se ha desarrollado, como en otras partes, el regionalismo.
La crisis los ha empujado a desarrollar el nacionalismo como pasó también en toda Bretaña, en Francia, y está pasando en España con Cataluña.

MH: ¿Se puede arriesgar un resultado para el jueves?

GA: Es posible que por la unión de fuerzas contrarias, por ejemplo, los laboristas que votan por el NO, por motivos distintos que también lo hacen los conservadores, los sectores católicos y campesinos más conservadores, que parecen tener una ligera mayoría, pero no es nada seguro que gane, tampoco el SI.
Si gana el NO la lucha por la independencia no va a parar porque la diferencia va a ser pequeña. Si gana el SI va a haber un gran problema, aunque tampoco lo haría por una gran diferencia, con el gobierno inglés que no querrá darles nada de lo que piden los independentistas, en primer lugar el control del petróleo.

Cataluña es el motor de la economía española y Madrid no puede tolerar que se rompa esa dependencia

MH: Usted mencionó Cataluña donde el próximo 9 de noviembre se hará otra consulta, pero el jueves pasado hemos visto una movilización muy importante que según las estimaciones de la Guardia Urbana sumó a 1.800.000 personas.

GA: En Cataluña es evidente que habrá una decisión electoral a favor del SI, de la independencia, el gran problema aquí es qué quiere hacer con ella el sector dominante de la burguesía catalana que siempre fue muy fuerte, subordinada a Madrid pero muy fuerte y con cierto peso también allí.
En realidad ha declarado varias veces que Cataluña es catalana, también hay declaraciones en el sentido de impedir que se hable español cuando hay un montón enorme de inmigrantes extremeños, andaluces, castellanos, aragoneses que no hablan catalán y, además, van a querer una relación privilegiada con la Unión Europea. Eso va a crear una crisis de Estado muy importante y, al mismo tiempo, se opone a la única salida posible para la crisis social en España que es la unión de todos los pueblos españoles contra la derecha y los conservadores.
Sin duda, se necesitan respetar los derechos democráticos, las autonomías, incluso el derecho a la independencia de los pueblos pero, al mismo tiempo, hay que luchar por una acción común de los trabajadores de cualquier parte por una federación de las diversas regiones para romper el centralismo.

MH: En Cataluña está más complicado porque Madrid, a diferencia de Londres, está muy firme en no aceptar los resultados del plebiscito, incluso el Tribunal Constitucional ha anticipado que vetaría un referéndum en Cataluña.

GA: Cataluña es el motor de la economía española y Madrid no puede tolerar que se rompa esa unidad formal, esa dependencia. Siempre Madrid intentó imponer a la fuerza un estado centralizado, Franco que era gallego, condenaba con pena de muerte a los vascos y catalanes si hablaban en sus idiomas. Quería castellanizar a todos y esa ha sido una tendencia permanente de la monarquía española también, porque aunque no tengan fuerzas para hacerlo, las ganas no las pierden. Entonces, indudablemente, van a hacer todo lo posible para que Cataluña no ejerza plenamente sus derechos.

En Ucrania, Putin consiguió una semi-victoria importante

MH: Otra región donde hay que contar 2.600 muertos y más de 1.000.000 de refugiados y desplazados, pero que también se ha pronunciado a favor de la autonomía, ha sido el este de Ucrania donde el pasado viernes 5 de setiembre se arribó a un acuerdo de cese el fuego que busca poner fin a los 5 meses de guerra civil.

GA: Es evidente que Putin consiguió una semi-victoria importante porque el gobierno de Kiev, a pesar de que trata de reforzar su unidad con la OTAN y la Unión Europea, está con la espalda contra la pared.
Militarmente perdió, económicamente está en las últimas, depende totalmente del abastecimiento y el mercado ruso y ha tenido que aflojar en esta autonomía que va a ser bastante importante porque corresponde a una semi-independencia por tres años para poder discutir después en mejores condiciones. Es una tregua larga, pero a favor de Rusia que está afirmando su papel imperial. Acaba de exigirle a Kazajstán que compre solamente en Rusia, tiene demandas con Bielorrusia en la misma línea y va a querer reforzarse en Ucrania, tanto es así que acaba de hacer elecciones en Rusia pero también en Crimea como si fuera territorio ruso desde siempre, que en parte lo ha sido. Hay una tregua, la pulseada persiste, pero hasta ahora la va ganando Putin.

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Neoliberales en América Latina (III): Globalistas y cosmopolitas

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

El social-liberalismo elogia al capitalismo globalizado desconociendo la envergadura de las crisis recientes. Pondera sus logros educativos o democráticos omitiendo la fractura social y los atropellos a los derechos populares. También desconoce el incremento de la desigualdad. Confunde el diagnóstico de la mundialización con su aprobación y la existencia de un mayor entrelazamiento internacional de las clases dominantes con el progreso cosmopolita.

Los globalistas que abandonan el socialismo manteniendo la hostilidad al nacionalismo ignoran la diferencia entre el chauvinismo reaccionario y el antiimperialismo progresista. Repiten una indiscriminada identificación del nacionalismo con dictadores corruptos. Suponen que la globalización desembocará en socialismos universales recreando ingenuas utopías de emancipación repentina.

El social-liberalismo sustituye la vieja crítica al tercermundismo por un desconocimiento de la opresión que exculpa al colonialismo, desvaloriza la descolonización y denigra el indigenismo. Observa comportamientos individuales autónomos donde impera la manipulación mercantil.

Es falso presentar a las guerras como rivalidades estatales ajenas a la competencia entre capitalistas. El belicismo no decae con la gobernanza política mundial. Se acrecienta para asegurar mercados y abastecimientos. Los argumentos humanitarios para justificar las intervenciones imperialistas utilizan una doble vara, que penaliza a los adversarios de las potencias y disculpa a sus aliados.

El social-liberalismo está deslumbrado con la globalización. Considera que el incremento registrado en la internacionalización de la economía constituye el dato más auspicioso de la realidad actual. Cardoso, Castañeda y Sebreli sólo difieren en los argumentos de esa reivindicación.

Justificaciones más sorprendentes aportan otros dos autores del mismo perfil. Por un lado, el argentino Fernando Iglesias intenta combinar ciertas tesis de la izquierda liberal con posturas definidamente derechistas. Por otra parte, el inglés Nigel Harris ha sustituido viejos planteos de la izquierda radical por sofisticadas defensas del cosmopolitismo burgués.

Fantasías globalistas

Cardoso considera que la globalización abre las compuertas del progreso. Estima que este cambio permite gestar una sociedad representativa de la vitalidad histórica del capitalismo. (1)

Pero esta evaluación no condice con la envergadura de la crisis reciente. La convulsión del 2008 no sólo puso en entredicho la supervivencia de los bancos. También reveló un grado de inestabilidad sistémica incompatible con las ilusiones de solidez que transmite Cardoso. Su apología también ignora los aterradores desequilibrios ecológicos actuales. Este deterioro del medio ambiente ha dado lugar a numerosos estudios que advierten contra una potencial regresión a la era de los glaciares.

Cardoso repite todos los lugares comunes sobre la globalización para justificar la apertura neoliberal que implementó en Brasil. Estos cambios debían generar mejoras sociales que nunca se verificaron. Sus dos mandatos de ortodoxia monetarista amplificaron la polarización social y el estancamiento económico en un marco de gran conservadurismo político.

También Castañeda expone una visión idílica de la globalización. Considera que permitirá gestar proyectos supranacionales de bienestar y expansión de la democracia. Supone que contribuirá a mejorar los sistemas escolares y la expansión de la “meritocracia”, requerida para apuntalar el crecimiento y la igualdad de oportunidades. (2)

Con este tipo de fantasías los neoliberales han multiplicado las privatizaciones de la enseñanza. Deterioran la educación pública y excluyen a las mayorías del acceso al conocimiento. Castañeda ha participado personalmente en esta oleada de atropellos desde su función ministerial en el gobierno derechista del PAN.

Sebreli ofrece otro fundamento para los mismos elogios de la globalización. Considera que el auge de empresas transnacionales y coordinaciones económicas supra-nacionales retrata la marcha de un proceso progresivo e inexorable. Postula que no tiene sentido defender a la pequeña empresa frente a una evolución ineluctable del capitalismo y descarga una andanada de críticas contra la “utopía reaccionaria” de oponerse a ese destino. (3)

Pero este inconsistente fatalismo oculta las terribles consecuencias sociales de la expansión mundial del capital. Este curso intensifica la destrucción de empleos, masifica la precarización laboral y potencia formas de competencia que corroen la continuidad de la acumulación. Sebreli olvida que ningún desenvolvimiento social es inevitable. En el marco de ciertas condiciones históricas se consuman transformaciones económicas sujetas al curso imprevisible de los antagonismos sociales.

Iglesias enaltece la globalización destacando su aporte a la consolidación de proyectos universales contrapuestos al particularismo. Considera que este proceso impulsa el desarrollo de la sociedad civil y reduce las pretensiones aislacionistas del viejo populismo. Pondera el nuevo espíritu globalista y rechaza a los nostálgicos que exaltan a la nación o proponen estatizaciones de la economía. (4)

Pero la identidad que establece entre mundialización capitalista y consolidación de los derechos democráticos sólo se verifica en su imaginación. Las transformaciones de las últimas décadas han incentivado el apetito de lucro de las grandes empresas provocando despojos de pobladores, pauperización de trabajadores y depredación de los recursos naturales. La euforia privatizadora ha sido la principal causa de esta regresión social.

La ceguera frente a estas consecuencias se percibe en la insólita conexión entre globalización y reducción de la desigualdad, que establece el teórico socio-liberal Harris. Postula ese vínculo a contramano de incontables verificaciones opuestas. (5)

Los cálculos que ha difundido recientemente el equipo de investigación dirigido por el economista Thomas Piketty desmienten en forma contundente cualquier ilusión en la mejora de la equidad. La mundialización neoliberal amplificó las brechas sociales en todos los países a un ritmo desconocido desde el siglo XIX. (6)

Harris también afirma que las tendencias globalizantes contribuyen a reducir la pobreza. (7) Pero este supuesto no sólo contradice el estado de indigencia que soportan los millones de hambrientos de la periferia. También contrasta con la nueva pobreza que genera la destrucción neoliberal de las conquistas sociales en Europa y Estados Unidos.

Cosmopolitismo burgués

La apología de la globalización difiere del reconocimiento de la mundialización como una nueva etapa del capitalismo. El social-liberalismo no se limita a diagnosticar la presencia de este novedoso estadio, sino que reivindica su aparición como un gran momento de progreso. En lugar de formular un análisis objetivo del salto registrado en la internacionalización del capital expone aprobaciones de esa transformación.

Esta diferencia entre el diagnóstico y la alabanza separa al social-liberalismo de numerosos estudios que retratan y al mismo tiempo cuestionan, la mundialización del capital. Estas miradas registran las contradicciones y los límites de ese proceso. (8)

Harris combina evaluaciones con elogios. Subraya la diferencia entre la economía mundial (como entidad que enlaza a sus componentes nacionales) con la globalización, (como nueva subordinación de esas estructuras a fuerzas externas). Describe la forma en que las empresas transnacionales y la banca global modifican las fronteras y desbordan las regulaciones estatales. También ilustra la adaptación de las decisiones de inversión a las necesidades de un mercado internacionalizado. Evalúa estos cambios con gran optimismo. (9)

Pero su entusiasta visión ignora los desequilibrios que introduce el período en curso. Harris omite la envergadura de la sobreproducción global y la magnitud del descontrol financiero que genera la mundialización. Desconoce que la competencia entre empresas, la saturación de productos y la plétora de capitales presentan una dimensión inédita.

El teórico inglés supone que la globalización recrea el virtuosismo cosmopolita del capitalismo naciente. Estima que la “revolución burguesa” actual tiende a superar la dominación estatal y facilita la constitución de sistemas genuinamente mercantiles. Considera que la actividad del empresario quedará liberada de las trabas que todavía impone la burocracia estatal. (10)

Con esa mirada presenta un cambio en la reconfiguración de los estados como un debilitamiento de esos organismos. No percibe que la globalización sólo remodela instituciones nacionales esenciales para la continuidad del capitalismo. Los estados cumplen un rol central en la gestión de la fuerza de trabajo y persisten como estructuras insustituibles para garantizar la explotación del trabajo asalariado. (11)

Harris desconoce este dato y se entusiasma con la expansión del mercado como pilar de la social civil global. No aclara cómo podría cumplir ese papel reforzando al mismo tiempo todos los desequilibrios del capitalismo. Simplemente sugiere que el mercado contribuirá al renacimiento de los mercaderes y banqueros sin patria que forjaron a la sociedad moderna. Asigna a estos grupos un rol primordial en la historia humana por su capacidad para gestar sistemas de intercambio y desarrollo. (12)

Pero este mítico relato parece calcado de un manual neoclásico. Describe al capitalismo como un sistema sin origen conocido y tan sólo guiado por la fuerza supra-humana del mercado. Este mismo elogio expuso Adam Smith hace más de dos siglos, desconociendo las enormes crisis que genera este sistema. (13)

Harris supone que el viejo cosmopolitismo comercial será reencarnado por una nueva clase de prósperos capitalistas transnacionales. Considera que este grupo ya se ha constituido como una formación objetiva (clase en sí) y evoluciona hacia su constitución subjetiva (clase para sí). (14)

Pero omite la función explotadora de este sector. Tampoco registra cuán lejos se encuentra el capitalismo de forjar el estado mundial que se requeriría para estabilizar a esa clase social transnacionalizada. El grado de madurez alcanzado por este nuevo segmento es un tema controvertido, pero su carácter opresivo está fuera de duda.

La marcha ascendente del capitalismo mundializado es imaginada por Harris como un proceso timoneado por las economías más abiertas. Elogia este perfil librecambista y se lamenta por la subsistencia de sistemas cerrados. Objeta ese tipo de protección estimando que provoca todo tipo de obstrucciones al desarrollo global. (15)

Ese mismo razonamiento exponen los neoliberales cada vez que falla alguno de sus experimentos. En esas circunstancias suelen afirmar que las “reformas fueron insuficientes”. Pero la explicación real de estos fracasos es totalmente opuesta. El propio modelo de apertura y privatización genera los desajustes que socavan su continuidad.

Toda la mirada de Harris ilustra el pasaje de un enfoque socialista-internacionalista a una visión liberal-cosmopolita. Esta involución incluye la hostilidad explícita hacia los movimientos sociales que impugnan la globalización capitalista. Identifica estas acciones con el “populismo”. (16)

Con esa postura se ubica en la vereda opuesta de la protesta social. Harris ha perdido la brújula para definir donde se sitúan el progreso y la reacción. No sabe que el primer terreno es abonado por los manifestantes que construyen foros sociales y el segundo por los millonarios que se reúnen en Davos. (17)

Ceguera frente al nacionalismo

El globalismo confronta duramente con el nacionalismo. Considera que esa ideología sintetiza todos los defectos de un encierro reactivo frente al progresismo cosmopolita. Identifica al patriotismo con el totalitarismo y cuestiona su resistencia a incorporar las ventajas de la mundialización. Esta crítica ha logrado cierta influencia, en un período signado por el deslumbramiento con Occidente y por el encubrimiento de la dominación imperial.

El cosmopolitismo burgués observa las distintas vertientes nacionalistas como reductos de líderes corruptos. Supone que estos dirigentes recurren a la demagogia para favorecer los intereses de casta y los manejos de las prebendas estatales. Advierte que esas manipulaciones están reñidas con la convivencia internacional.

Estos relatos son repetidos por los medios de comunicación y ya forman parte de un sentido común asimilado por la opinión pública de numerosos países. Incluyen la presentación del nacionalismo como una simple retórica utilizada por los tiranos del Tercer Mundo para perpetuarse en el poder.

En esas descripciones se coloca en una misma bolsa a los viejos socios del imperio caídos en desgracia y a los líderes antiimperialistas. Los dictadores en retirada (Galtieri, Noriega) son asemejados a los dirigentes populares (Torrijos, Chávez). Con esta confusión de intenta sepultar las tradiciones de lucha anticolonialista que construyen los países periféricos. (18)

El anti-nacionalismo globalizante nunca distinguen las vertientes progresivas y regresivas del nacionalismo. Ubica en un mismo casillero al antiimperialismo y al chauvinismo. Desconoce que la primera variante constituye un componente esencial de las resistencias populares y que el segundo incentiva disputas artificiales entre pueblos vecinos.

Esta diferencia es justamente omitida por los autores socio-liberales, que contraponen los méritos de la “izquierda mundializante” con los defectos de la “derecha territorialista” (19). Con esa clasificación recrean el tradicional contraste entre civilización occidental y sociedades primitivas, que todos los colonialistas han utilizado para justificar sus atropellos.

En la versión actual de ese contrapunto, Clinton, Blair y Obama son situados en la “izquierda mundializante”. Pero esta caracterización es muy difícil de sostener, dada la similitud de estos mandatarios con Thatcher, Reagan o Bush, a la hora desplegar marines o bombardear países.

Las agresiones imperiales son presentadas por este enfoque como actos de justicia frente a las perversiones del nacionalismo. Este relato incluye el ensalzamiento de Estados Unidos como el mejor resguardo democrático del orden internacional. Se supone que las virtudes de la primera potencia derivan de su capacidad para auto-regular el uso de la fuerza. (20)

Este panegírico habla por sí mismo. El principal responsable de los crímenes, las ocupaciones y los golpes de estado sufridos por los pueblos de la periferia durante la segunda mitad del siglo XX es visto como un gran protector de la humanidad.

Castañeda es más cauto en estas alabanzas. Reconoce que en América Latina el nacionalismo persiste como una bandera popular contra Estados Unidos y distingue esta utilización del manejo xenófobo de esa ideología. (21)

Con esta caracterización acepta que el nacionalismo no es una desgracia uniforme e incluye vertientes opuestas de antiimperialismo y chauvinismo. Sin embargo el socio-liberal mexicano termina impugnando a ambas variantes, al afirmar que cualquier retórica nacionalista ha quedado desactualizada con la globalización. Estima que sólo subsiste como instrumento de algunos gobiernos para generar respaldo. (22)

Pero si esas administraciones recurren a ese estandarte es porque el nacionalismo preserva alguna vitalidad estructural. Por un lado Castañeda repite el libreto neoliberal, que retrata al nacionalismo como un simple artificio para engañar a los pueblos. Al mismo tiempo desmiente ese diagnóstico, al reconocer la sintonía de este movimiento con las aspiraciones populares. No logra comprender que el secreto de esa adhesión estriba en la subsistencia de formas de opresión imperial, que son rechazadas por la mayoría de la población.

Del socialismo al globalismo

La crítica socio-liberal al nacionalismo frecuentemente proviene de autores que en los años 70 criticaban al antiimperialismo desde la izquierda, cuestionando su omisión de perspectivas socialistas.

Sebreli defendía esta línea de objeciones ultra-internacionalistas. Se inspiraba en la posición asumida por Rosa Luxemburg, que a diferencia de Lenin confrontó con los movimientos de liberación nacional remarcando su omisión de los antagonismos de clase. El intelectual argentino retomó esa visión y atribuyó a todos los nacionalismos un contenido reaccionario. Con esa fundamentación postuló que el pensamiento progresista debía ser anti-nacionalista. (23)

Pero Sebreli olvidó que esos debates fueron anteriores a la revolución rusa y se saldaron con un alineamiento mayoritario a favor de la tesis leninista. Este último enfoque aportó una distinción entre nacionalismos avanzados y regresivos, que demostró enorme vigencia en todos los procesos anticapitalistas del siglo XX.

Basta recordar la trayectoria de las revoluciones china, vietnamita o cubana para notar como la resistencia antiimperialista desembocó en transformaciones socialistas. Lejos de oponerse, estos dos cimientos de la lucha popular tendieron a converger en un mismo proceso de emancipación. Los principales procesos socialistas de la centuria pasada se consumaron combinando la radicalización conjunta de las demandas nacionales y sociales de los pueblos oprimidos.

En su giro derechista Sebreli archivó el marxismo, pero recreó su hostilidad hacia el nacionalismo. La selección de concepciones que decidió abandonar y preservar es muy ilustrativa de su viraje socio-liberal. En su actual etapa conservadora el pensador argentino ha estado más atento a lo que dice Vargas Llosa que a los escritos de Lenin. Sus críticas al nacionalismo ya no destacan áreas de conflicto con el socialismo sino con el liberalismo.

El apologista de la globalización polemiza especialmente con el origen romántico de las teorías nacionalistas, que indagan la identificación originaria de cada nación con cierta lengua, cultura o radio geográfico. Cuestiona la falta de rigor de estas conexiones, recordando la enorme variedad de desemboques nacionales que ha registrado la historia. También señala el carácter contingente de estas formaciones y la inexistencia de cualquier tipo de predestinación en la gestación de las naciones. (24)

Pero esta acertada crítica a la idealización romántica del surgimiento nacional omite una segunda parte del problema: el devenir posterior del nacionalismo. Cualquiera sea el origen de cada entidad nacional, lo más importante ha sido el uso de esta tradición para causas progresistas o chauvinistas.

La forma en que Hitler o Mussolini utilizaban las mitologías de los pueblos germánicos o las civilizaciones latinas fue totalmente contrapuesta a la modalidad con que Sandino, Ben Bella o Arafat exaltaron la historia de Nicaragua, Argelia o Palestina. Esta diferencia cualitativa es imperceptible para el razonamiento socio-liberal, que coloca en una misma bolsa de deshechos a todas las modalidades del nacionalismo.

Esta ceguera no es casual. Una vez abandonada la meta socialista ya no interesa distinguir cuáles son los procesos nacionalistas afines o contrapuestos al objetivo igualitarista. Ahora sólo se busca detectar qué tipo de ideologías son favorables al liberalismo y en esta nueva clasificación todas las variantes del nacionalismo son impugnadas.

Emancipación repentina

Niguel Harris ha transitado por un carril muy semejante a Sebreli. También objetó durante cierto tiempo la estrategia de empalmar el proyecto socialista con las banderas de la liberación nacional. Posteriormente trazó un balance demoledor de todas las experiencias nacionalistas de posguerra. Remarcó su fracaso en desenvolver el capitalismo local a través de procesos de sustitución de importaciones y destacó las falencias de las economías cerradas en los nuevos escenarios de la globalización. (25)

Esos límites efectivamente determinaron el declive del antiguo desarrollismo y generalizaron el viraje de las viejas burguesías nacionales hacia el neoliberalismo. Pero este balance omite la existencia de otros procesos nacionalistas que siguieron trayectorias radicales, demostrando como la lucha consecuente por la liberación nacional puede empalmar con proyectos socialistas.

Al igual que sus pares latinoamericanos, Harris saltó del anti-dependentismo socialista al socio-liberalismo. Por eso desconoce todos los ejemplos de evolución positiva del nacionalismo. En sintonía con el globalismo de los años 90 transformó su crítica socialista inicial al tercermundismo en una justificación del neoliberalismo actual.

Esta afinidad con la ideología dominante se verifica en sus cuestionamientos a la tradición económica proteccionista o a la política exterior autónoma, que mantuvieron algunos países de la periferia. Objeta esta actitud señalando que obstruyen el pleno despliegue de la globalización. Critica la resistencia de México a la desnacionalización del petróleo y considera que la persistencia de algunas empresas nacionalizadas en África Sub-Sahariana contraría la nueva agenda global. (26)

Esta argumentación parece calcada de los mensajes difundidos por el neoliberalismo para exaltar la apertura comercial y las privatizaciones. No se limita a retratar los límites o contradicciones de las políticas proteccionistas, sino que pondera la aplicación del paquete liberal en las economías subdesarrolladas. Estima inexorable la evolución hacia el capitalismo mundializado, en los mismos términos que el fatalismo thatcherista resaltaba la ausencia de alternativas a sus propuestas.

Pero con esa visión se oculta que las desventuras padecidas por los países subdesarrollados en las últimas décadas provienen de su resignación frente al libre-comercio. Las depredaciones que sufrieron estas naciones fueron consecuencia de su inserción en la globalización y no de la resistencia a participar en ese proceso.

Harris repite el argumento predilecto de los neoliberales, al afirmar que las dificultades afrontadas por las economías periféricas obedecen a su incorporación incompleta a la oleada globalizadora. Este razonamiento atribuye cualquier falla en este proceso a la inconsecuente introducción de las medidas reclamadas por los globalizadores. Pero como nadie conoce cuál sería ese patrón íntegro de reformas neoliberales, siempre hay espacio para argumentar que falta algo.

Lo más extraño de esa reflexión es su pretensión de preservar algún fundamento socialista. Harris encuentra esa conexión en el desemboque final de la revolución burguesa mundial en curso. Supone que al concluir este proceso quedará facilitada una transición hacia el igualitarismo. (27)

Este insólito pronóstico presagia el socialismo a partir de la extensión de su opuesto. Presupone que la sociedad sin clases emergerá de la expansión del capitalismo. Como ya se ha descartado cualquier mediación nacional hacia la transición socialista, ahora apuesta a un devenir global instantáneo del pos-capitalismo. En lugar de procesos diversos -resultantes de trayectorias nacionales diferenciadas- imagina algún corolario socialista simultáneo. Este resultado irrumpiría cuando el mundo declare su fatiga con el capitalismo.

Esa creencia en utopías globales repentinas es tan inconsistente que el propio autor evita aclarar cuál sería la modalidad, forma o contenido de ese proceso. La fascinación con el globalismo neoliberal conduce a esos contrasentidos.

La inferioridad africana

El rechazo socio-liberal del nacionalismo antiimperialista profundiza una tradición conservadora de hostilidad hacia las mayorías. Retoma el desconocimiento de la opresión racial, la denigración del indigenismo y la descalificación de los movimientos populares. En el caso de Sebreli esa actitud empalma con su vieja confrontación con el tercermundismo.

En el pasado objetaba este último alineamiento por su desconsideración del papel protagónico del proletariado, como único sujeto capacitado para liderar el cambio revolucionario. Estimaba que sólo la clase obrera podría comandar esa transformación, tanto por su exclusión de los beneficios del capitalismo, como por su portación de fines universales de emancipación. Subrayaba que el proletariado no ambiciona convertirse en una nueva clase dominante. (28)

Esta defensa del exclusivismo obrero era contrapuesta a otras visiones del marxismo (próximas al maoísmo o al castrismo), que resaltaban las potencialidades revolucionarias de distintos sectores oprimidos (como el campesinado o las minorías raciales). La crítica arremetía contra el intento de equiparar a esos segmentos subyugados con el proletariado. Resaltaba la primacía de la clase obrera por la homogeneidad social, conciencia política o gravitación económica de este sector.

Pero estos argumentos perdieron todo significado con la conversión del marxista puro en liberal. En ese giro Sebreli olvidó al proletariado pero mantuvo su desconsideración hacia otros grupos oprimidos. Esta desvalorización incluye el cuestionamiento de la lucha secular de los pueblos de origen africano contra la esclavitud. Estima que esa modalidad brutal de explotación constituyó un mal necesario, que fue erradicado por meritorias acciones del liberalismo británico.

Sebreli afirma que África se encontraba en decadencia, cuando llegaron los europeos para participar en un tráfico de esclavos, manejado por árabes y reyezuelos del continente. Considera que esa cruel actividad respondió a estrictos motivos económicos y fue suprimida al chocar con los valores humanistas del imperio inglés. (29)

En esta ridícula fábula se invierten los datos básicos de la historia para exculpar a los esclavizadores y responsabilizar a los esclavos por sus desgracias. Se enaltece directamente a las potencias coloniales, que en el debut del capitalismo recrearon una modalidad brutal de opresión laboral.

Sólo un razonamiento fatalista puede imaginar que la esclavitud generó más beneficios que sufrimientos. La combinación de esta visión mecánica con la idealización del liberalismo conduce a presentar la eliminación de la trata como un acto iluminista de modernización.

Esta mirada observa a los oprimidos como objetos inanimados, totalmente ajenos al curso de los acontecimientos. Por eso Sebreli omite la extraordinaria revolución social y anticolonial de Haití, que condicionó todo el proceso de la Independencia de América. Su presentación endulzada de la esclavitud exige ocultar esa gesta.

Sebreli también reivindica el colonialismo inglés por su difusión internacional de conocimientos, saberes y mejoras económicas (30). Repite las viejas leyendas escolares del hombre blanco que emancipa a los nativos de su ignorancia y penurias. Pero evita comparar esa filantropía con las destrucciones que consumaron los colonizadores para multiplicar sus ganancias. No considera, por ejemplo, la hemorragia demográfica que sufrió África por la sustracción masiva de pobladores convertidos en esclavos. Esa depredación humana derivó en siglos de estancamiento del continente negro.

El escritor argentino reproduce el positivismo deshumanizado que la social-democracia asimiló del liberalismo a principio del siglo XX. Esa absorción incluyó la reivindicación del colonialismo como un proceso de civilización de los pueblos bárbaros. Qué esa obra de progreso fuera realizada por cazadores de esclavos, depredadores de caucho o saqueadores de marfil nunca inquietó mucho a esa tradición. Ni siquiera registró que los conquistadores de África estaban ubicados en las antípodas del capitalista productivo.

La social-democracia pro-imperial siempre encontró alguna justificación del “costoso precio” que impone el “avance de la historia”. Con ese criterio eludía distinguir a las víctimas de los victimarios y omitía denunciar el enriquecimiento de las minorías a costa de las mayorías.

En el relato que ofrece Sebreli, los elogios del colonialismo inglés son sucedidos por críticas a los regímenes políticos radicales surgidos de la descolonización. Los breves y frustrados ensayos de “socialismo africano” a mitad del siglo XX en Angola, Mozambique, Etiopía o Yemen del Sur son incluso equiparados con el fascismo. (31)

Esta denigración es coherente con la presentación del colonialismo como un acto de instrucción. La descolonización es asemejada al desorden que generan los pueblos inmaduros y el análisis de las adversidades (o desaciertos) de las experiencias radicales es reemplazado por la impugnación de estos procesos. Esta descalificación incluye una explícita desvalorización de la cultura negra, que Sebreli considera inferior a sus equivalentes latinas, islámicas o judías.

El indigenismo y el populacho

El teórico argentino identifica al indigenismo con el irracionalismo. Afirma que en ese plano la tradición pre-colombina tiene muchos puntos de contacto con el despotismo oriental. (32)

Esta evaluación naturalmente se basa la presentación de Occidente como la realización de la civilización. Sebreli considera que esa superioridad deriva de la primacía asignada a la razón, a la convivencia social y a las conductas humanistas. Estima que la herencia de las sociedades que chocaron con Europa merece ser desechada por obsoleta y regresiva.

El pensador socio-liberal presenta, por ejemplo, la cosmovisión incaica de unidad indivisible del hombre con la naturaleza como una manifestación de oscurantismo. Enaltece en cambio los mitos del progreso tecnológico irrestricto, a pesar de sus terribles efectos sobre el medio ambiente. No registra los peligros que esta demolición entraña para la supervivencia humana, mientras impugna las tradiciones de equilibrio ecológico de custodia de la “madre tierra”. Al endiosar el legado de Occidente en desmedro de otras culturas oculta los particularismos de una cosmovisión, que disfraza con prédicas universalistas su desvalorización de otras formas de pensamiento. (33)

Sebreli no analiza el significado de cada tradición cultural. Se limita a contrastarlas con el valorizado parámetro occidental. Tampoco sitúa los acervos ideológicos en el lugar que ocuparon en las batallas sociales de cada época. Por eso el liberalismo es ubicado siempre en el primer escalón y el indigenismo en el último, sin observar quiénes fueron los voceros de estos pensamientos en cada circunstancia.

Con este enfoque no puede distinguir la enorme diferenciación interna que registraron ambas corrientes a lo largo de la historia. Son evaluadas como dos bloques opuestos omitiendo sus fracturas internas. Desconoce que el liberalismo de Mariano Moreno y Roca eran completamente distintos y que las alabanzas melancólico-folklóricas del indigenismo chocan con la tradición combativa de Tupac Katari.

La ceguera socio-liberal impide notar como el iluminismo ha sido deformado por los opresores y en qué medida el indigenismo actual retoma demandas de igualdad política y cultural de los pueblos andinos. La visión conservadora obstruye esta percepción básica. Sólo registra el costado totalitario de la tradición indigenista, sin notar sus componentes de colectivismo igualitarista. Por eso cuestiona los legados de regimentación jerárquica y desconoce la tradición de trabajo comunitario. (34)

En el imaginario liberal las sociedades pre-colombinas eran más totalitarias que las estratificadas estructuras socio-políticas que introdujo la colonia. Esa creencia es congruente con la presentación que hace Sebreli del descubrimiento de América, como una obra de emprendedores imbuidos del espíritu renacentista.

Esa leyenda ha sido atemperada en los últimos años por el establishment educativo, que reemplazó la insultante conmemoración del “día de la raza” por un edulcorado festejo del “encuentro entre dos culturas”. Sebreli preserva la versión más descarnada de ese acontecimiento y continúa suponiendo que América ingresó en la historia, gracias a la demolición de las civilizaciones pre-hispánicas.

Esta denigración de los oprimidos empalma con su defensa del individualismo frente a la acción colectiva. En sintonía con el ultra-liberalismo que asumió en los últimos años, Sebreli supone que todo individuo pierde sus cualidades cuando participa en un colectivo popular. En ese ámbito se torna pasivo y queda sujeto a la manipulación que ejercen los dictadores sobre la multitud. (35)

Partiendo de esa caracterización, Sebreli repite todos los prejuicios del liberalismo oligárquico contra las masas sometidas a la protección del caudillo. Reitera un tipo de zoncera que forjó el imaginario urbano de las clases medias latinoamericanas, como individuos liberados del manoseo totalitario. Ese mito siempre ocultó la dependencia política e ideológica de este sector respecto de minorías acaudaladas. El temido caudillo fue sustituido por encadenamientos más efectivos.

El social-liberalismo no registra esa subordinación a las elites oligárquicas porque ha incorporado todas las supersticiones neoclásicas de independencia individual. Imagina a las personas como agentes racionales que actúan siguiendo las señales de los mercados. Sebreli combina esa ilusión con una actitud reactiva frente a cualquier acción popular.

¿Fin de las guerras?

El social-liberalismo justifica su entusiasmo con la época actual destacando que la globalización disipará el peligro de guerras. Afirma que se están conformando nuevos mecanismos de gobernanza mundial que pavimentarán la pacificación, mediante la adaptación de los estados nacionales a la internacionalización de la economía. Estima que con ese amoldamiento se reducirán todas las amenazas bélicas.

Harris interpreta que las guerras constituyen simples consecuencias de la competencia entre los estados. Recuerda que esa rivalidad se remonta al siglo XVIII (68 guerras con 4 millones de muertos), se acentuó en el siglo XIX (205 guerras con 8 millones de muertos) y culminó en el siglo XX (234 guerra con 115 millones de muertos). Señala que mediante esas conflagraciones las clases dominantes quedaron subordinadas a la agenda auto-destructiva de los estados.

También supone que la compulsión a los conflictos armados potenció las tendencias estatal-nacionalistas, sofocando la inclinación pacifista del capitalismo comercial. Las batallas sanguinarias se impusieron a la dinámica negociadora de los burgueses cosmopolitas. (36)

Esta visión es un calco de la presentación liberal de la guerra, como un producto de ambiciones territoriales contrapuestas a la convivencia de los mercados. Los generales son vistos como responsables de las desgracias que rechazan los empresarios. Con este razonamiento se festeja la primacía lograda por los mercados en desmedro de los estados. Se supone que la globalización reducirá los enfrentamientos militares permitiendo una sana concurrencia por el beneficio.

Pero con esta fábula se oculta la estrecha relación de los capitalistas con el belicismo estatal y la enorme fuente de lucro que representan las guerras para las grandes empresas. Lejos de ser ajena o contrapuesta a las conflagraciones, la competencia capitalista siempre ha sido determinante de esas sangrías.

Existen abrumadoras evidencias del papel jugado por esas rivalidades en el desencadenamiento de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La pugna por dominar los mercados desembocó en inéditos enfrentamientos entre potencias. Los social-liberales no sólo ignoran este origen, sino que omiten la gravitación posterior de la economía de guerra en el crecimiento de los años 50 y 60. La carrera armamentista motorizó el nivel de actividad con el mismo ímpetu que había incentivado las reactivaciones precedentes.

El social-liberalismo también desconoce hasta qué punto el complejo industrial-militar del Pentágono continúa apuntalando a la economía estadounidense. Las guerras inter-imperialistas del pasado han sido sustituidas por una gestión imperial más colectiva, que exige intervenciones bélicas constantes para asegurar el control de la energía y los recursos naturales de África o Medio Oriente (37).

Harris supone que la pacificación del planeta sobrevendrá al cabo de una paulatina maduración de la globalización. Estima que esa meta será alcanzada cuando la solidez de la gobernanza mundial neutralice las resistencias del viejo autoritarismo. Con esa visión pondera el afianzamiento de una economía internacionalizada que consolidará un planeta pacificado. (38)

Pero estas fantasías ignoran la escalada de genocidios y destrucciones materiales en curso. La expectativa de un gran consenso cosmopolita de convivencia no condice con la realidad de la dominación imperial.

Iglesias desconoce estos datos en su presentación de los conflictos actuales. Atribuye esos choques a la supervivencia de dictadores diabólicos que fanatizan a la población. Considera que las guerras son actos de suicidio colectivo, implementados por estados que arrastran resabios de tribalismo feudal. (39)

Con esa simplificación se exculpa a las clases dominantes por las tragedias bélicas, ocultando que no son víctimas sino artífices de esas mortíferas situaciones. La lógica competitiva del capitalismo continúa determinando esas sangrías.

Iglesias estima que esas pesadillas tenderán a disiparse con el afianzamiento en las Naciones Unidas. Considera que la pacificación acompañará la gestación de nuevos poderes democráticos. Apuesta al surgimiento de parlamentos globales al cabo de complejos procesos de maduración cosmopolita. Postula un detallado modelo de formas regionales de esa transición hacia estructuras políticas mundiales. (40)

Pero no registra la manifiesta incompatibilidad del capitalismo con esa utopía. Un sistema de competencia por beneficios surgidos de la explotación no puede desembocar en una sociedad civil global de armonía y consenso. El imaginario de una República Universal basada en el derecho internacional y regulado por una constitución planetaria requiere la erradicación previa de la primacía del lucro.

Intervención humanitaria

La principal consecuencia del cosmopolitismo social-liberal es la convalidación de la intervención imperialista. Esta acción es aprobada mediante curiosas aplicaciones de las teorías globalistas. Las mismas justificaciones de “protección humanitaria” que enarbolan las potencias occidentales son presentadas como grandes pasos hacia el orden democrático.

Harris afirma que esas incursiones ya no son realizadas por un estado contra otro, sino por organismos colectivos para asegurar la convivencia mundial. Considera que por primera vez en la historia se ha creado la posibilidad de eliminar las guerras. Supone que las operaciones militares consensuadas a nivel internacional permitirán sustituir la vieja concurrencia bélica por una promisoria rivalidad en torno a la educación, el deporte o la cultura. (41)

Si esta ingenuidad no tuviera consecuencias prácticas pasaría desapercibida como otra banalidad liberal. Pero con ese tipo de reflexiones se avala el derecho de intervención imperial en Kosovo, Irak o cualquier otra región señalada por el Pentágono. Harris elude la denuncia de este tipo de expediciones, estimando que sólo transparentan el uso de armas o relaciones de poder ya existentes. (42)

Pero el social-liberalismo no se limita a convalidar el status quo. Se ha especializado en perfeccionar un piadoso disfraz para recubrir las operaciones imperialistas. Iglesias afirma que soslayar el sostén de esas acciones conduciría a un resultado peor. Las matanzas entre grupos nacionales, religiosos o raciales embarcados en operaciones de limpieza étnica quedarían impunes. Por esta razón postula reemplazar el principio de no intervención por formas humanitarias de injerencia. (43)

Con un lenguaje más descarnado Sebreli desenvuelve las mismas propuestas. Convoca a relativizar el concepto de soberanía territorial y resalta la meritoria labor cumplida por Estados Unidos en el derrocamiento de Noriega (Panamá) y Sadam (Irak). Con el mismo cinismo que exhiben CNN o FOX afirma que habría sido inadmisible abandonar a su suerte al pequeño Kuwait invadido. (44)

Con esas falacias se acepta la doble vara que impone la diplomacia norteamericana. Cuando un adversario de Estados Unidos perturba el orden global merece castigos inmediatos y cuando lo hace un aliado del imperio debe ser comprendido en silencio. En esta duplicidad se basa el tramposo criterio neoliberal de custodia de los derechos humanos.

Basta registrar la devastadora secuela de destrucción que dejan todas las agresiones imperialistas, para notar cuánto cinismo subyace en los llamados liberales a “empoderar a la sociedad civil” contra el belicismo estatal. La misma hipocresía presentan las convocatorias a forjar valores cosmopolitas, promoviendo desarmes o cortes internacionales de justicia. (45)

La social-democracia globalizada se ha transformado en una usina de propaganda imperial. Revalida el derecho de intervención colonial con viejos argumentos de los opresores. Se imagina a sí misma como la encarnación suprema de la civilización y actúa como vocera de las causas más retrógradas del capitalismo contemporáneo.

Ver también:
- Neoliberales en América Latina (II): Pensamiento socio-liberal
- Neoliberales en América Latina (I): Ortodoxos y convencionales

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:
1) Cardoso, Fernando Henrique. A Suma e o resto, Editorial Civilización Brasileira, 2012, Rio de Janeiro, (pag 35-46, 94-119).
2) Castañeda, Jorge; Morales Marco. Lo que queda de la izquierda, Taurus, 2010, México, (pag 103, 294-298).
3) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 198, 202, 330-331).
4) Iglesias, Fernando. ¿Qué significa hoy ser de izquierda? Sudamérica, Buenos Aires, 2004, (cap 1,2, 4).
5) Harris, Nigel. The Return of Cosmopolitan Capital: globalization, the state and the war, I. B. Tauris, 2003, London, (pag 245).
6) Una síntesis en: Piketty, Thomas. “En ciertos aspectos las desigualdades son actualmente mayores que en 1913”, 11/3/2014, encampoabierto.wordpress.com
7) Harris, Nigel. “Characterising the period”, International Socialism, Issue, 135, www.isj.org.uk
8) Un ejemplo de esa postura en: Robinson, William. “Global capitalism and nation-state-centric”, Science and Society, vol 65, n 4, winter 2001-2002. Nuestro enfoque en: Katz, Claudio, Bajo el imperio del capital, Luxemburg, Buenos Aires, 2011, (pag 205-219).
9) Harris, Nigel. The Return of Cosmopolitan Capital: globalization, the state and the war, I. B. Tauris 2003, London, (pag 1-6, 128, 130-131, 159-160).
10) Op. Cit. (pag 49-53, 88-89, 245-264).
11) Ver: Budd, Adrian. “Characterising the period or caricaturing capitalism? A reply to Nigel Harris”, International Socialism, Issue 138, Spring 2013, www.isj.org.uk
12) Harris, Nigel. The Return of Cosmopolitan Capital: globalization, the state and the war, I. B. Tauris 2003, London, (pag 7-44).
13) Ver: Marfleet, Phil. “All praise the market! A review of Nigel Harris: The Return of Cosmopolitan Capital”, International Socialism 2, 102, 2004.
14) Harris, Nigel. The Return of Cosmopolitan Capital: globalization, the state and the war, I. B. Tauris, 2003, London, (pag 236-237).
15) Op. Cit. (pag 142-156, 188-202).
16) Op. Cit. (pag 243-244).
17) Ver: Green, Peter. “A review of Nigel Harris, The Return of Cosmopolitan Capital”, Historical Materialism, vol 14:4, 2006.
18) Ver: Chatterjee, Partha, “Comunidade imaginada. Por quem’”, Um Mapa da Questao Nacional, Sao Paulo, 2000, Editorial Contrapunto, (pag 227-238). Smith, Anthony. “O nacionalismo e os historiadores”, Um Mapa da Questao Nacional, Sao Paulo, 2000, Editorial Contrapunto, (pag 185-208).
19) Iglesias, Fernando. ¿Qué significa hoy ser de izquierda? Sudamérica, Buenos Aires, 2004, (cap 1, 2, 4)
20) Op. Cit. (cap-9).
21) Castañeda, Jorge; Morales, Marco. Lo que queda de la izquierda, Taurus, 2010, México, (pag 32, 104-114).
22) Op. Cit. (pag 32, 104-114).
23) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 197-198).
24) Op. Cit. (pag 183-197).
25) Op. Cit. (pag 134-137).
26) Op. Cit. (pag 161-171).
27) Harris, Nigel. “Characterising the period”, International Socialism, Issue, 135, www.isj.org.uk
28) Sebreli, Juan José. Tercer Mundo mito burgués, Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1975, (pag 243-248).
29) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 241-247).
30) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 248-255).
31) Op. Cit. (pag 248-255).
32) Op. Cit. (pag 268-290).
33) Ver: Díaz Polanco, Héctor. Elogio de la diversidad, Siglo XXI, México, 2006, (pag 12, 25, 129-130).
34) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 268-290).
35) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 157-180).
36) Harris, Nigel. The Return of Cosmopolitan Capital: globalization, the state and the war, I. B. Tauris 2003, London ((pag 92-93, 119-121).
37) Nuestro enfoque en: Katz, Claudio. Bajo el imperio del capital, Luxemburg, diciembre de 2011 (pag 99-121).
38) Harris, Nigel. “Characterising the period”, International Socialism, Issue: 135, www.isj.org.uk
39) Iglesias, Fernando. ¿Qué significa hoy ser de izquierda?. Sudamérica, Buenos Aires, 2004, (cap 3- 4-5-13).
40) Op Cit. (cap 3- 4-5-13).
41) Harris, Nigel. The Return of Cosmopolitan Capital: globalization, the state and the war, I. B. Tauris 2003, London, (pag 213-218).
42) Op. Cit. (pag 213-218).
43) Iglesias, Fernando. ¿Qué significa hoy ser de izquierda? Sudamérica, Buenos Aires, 2004, (cap 3- 4-5-13)
44) Sebreli, Juan José. El asedio a la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992, (pag 192, 201).
45) Iglesias, Fernando. “Intelectuales por la democracia global”, La Nación, 25/06/2012

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Nacionalismo e integración

Juan Diego García (especial para ARGENPRESS.info)

Los mecanismos mediante los cuales las potencias centrales del capitalismo extraen la riqueza de la América Latina tienen en el sistema financiero su instrumento principal a juzgar por el enorme peso que tiene el pago de la deuda externa en las economías locales. Cada año prácticamente todos los países de la región entregan a los acreedores extranjeros, por una u otra vía, una parte cada vez mayor de la riqueza nacional perdiendo así recursos vitales para su propio desarrollo.

Si al monto de estos pagos se agregan los beneficios que obtienen aquí y transfieren a sus sedes centrales las empresas transnacionales se confirma que de las regiones periféricas del sistema fluye hacia los centros del mismo una cantidad mucho mayor que aquella que entra a estos países proveniente de los países ricos como préstamos, “ayudas” o inversión directa. Como en la clásica relación colonial, los pobres del planeta aportan enormes cantidades de riqueza para hacer aún más fuertes a los fuertes, limitando al mismo tiempo sus propias perspectivas de desarrollo.

En este contexto resulta obvia la necesidad, tanto de fortalecer el nacionalismo como de buscar la integración regional para conformar bloques de resistencia frente a las grandes potencias. La actual crisis de la deuda en Argentina muestra a todas luces esta necesidad y la gestión de la misma indica igualmente cómo la actuación conjunta de los países afectados consigue algunos logros. La reciente resolución de Naciones Unidas exigiendo una reglamentación nueva del sistema financiero mundial para limitar al menos la voracidad de los llamados “fondos buitres” es sin duda un paso positivo. Se trata de poner cortapisa a los especuladores internacionales, verdaderos filibusteros modernos, Francis Drakes de cuello y corbata, oscuros personajes ocultos al escrutinio público y por encima de cualquier legislación. Ya no navegan en aventuras de fábula pero desde su anonimato resultan tan o más peligrosos que los piratas de antaño y a su paso dejan a millones en la miseria, provocan más muertes que la peste y que la guerra. Por supuesto, hoy como ayer unos y otros presumen de ser los portavoces del progreso y la civilización.

El capital financiero resulta pues tan letal para los intereses estratégicos de estos países como el opio que los británicos le impusieron a China, la viruela y otras enfermedades que los colonos europeos trajeron a América o las prácticas similares con las cuales se esclavizó a millones de africanos. Siempre para “imponer la civilización y rescatar a los salvajes”.

Enfrentar este reto no es asunto de menor cuantía pero tampoco es tarea imposible. Las fórmulas aplicadas por Argentina y Ecuador en relación a la deuda externa pueden generalizarse y – si se alcanza una integración efectiva- conseguir que los posibles bloqueos económicos y las agresiones militares tengan que vérselas no con un país aislado sino con un bloque compacto.

Retirarse del FMI y del BM - verdaderas agencias del moderno colonialismo en la esfera del capital financiero - es posible y permite al país que lo lleve a cabo ganar una enorme autonomía a la hora de diseñar sus programas de desarrollo. Es el nacionalismo que se requiere, y actuar como bloque, la integración que se necesita. Negarse a pagar deudas ilegales (las hay, y muchas) o deudas contraídas mediante contratos tramposos que prácticamente las convierten en eternas; reconocer tan solo una parte (habida cuenta de todo lo que ya se ha pagado) y solo si corresponde a contratos aceptables, rechazar con energía la pretensión de someter los litigios a jueces de los países acreedores, por encima de la soberanía nacional. Todos estos son pasos indispensables para afirmar la soberanía nacional. No es aceptable que un juez de Nueva York pretenda imponer sus normas a un estado soberano. Las empresas extranjeras en América Latina y el Caribe de hecho desconocen la legislación local cuando les conviene luego de haberse comprometido a hacerlo. Entonces recurren a la instancia internacional que siempre les da la razón.

Estas instancias internacionales de litigios -supuestamente neutrales- funcionan para proteger los intereses de las grandes corporaciones del capitalismo o directamente de los estados ricos, con el añadido de que muchos de estos estados ni siquiera han suscrito dichos acuerdos, tal como sucede con el Tribunal Penal Internacional. Las grandes potencias, que se arrogan el derecho de ejercer como jueces del mundo, ni aceptan sus decisiones ni suscriben sus acuerdos. Igual sucede con estos tribunales que desconocen la soberanía de los estados en defensa de los intereses de las grandes corporaciones. Si un banco presta dinero a un estado o una transnacional realiza una inversión aquí debe acogerse a las normas de ese estado. Un argentino, por ejemplo, que deposite sus dineros en un banco de Nueva York o realice una inversión en Florida tiene que atenerse a las leyes estadounidenses y ni en sueños podría llevar un conflicto suyo en Estados Unidos a algún juez de Buenos Aires.

Y lo que vale para la esfera de las finanzas y los préstamos vale igualmente para el resto de las actividades económicas, para el control de las comunicaciones, para las decisiones soberanas en cuestiones militares o hasta para determinar las relaciones diplomáticas. La dependencia de estas naciones débiles respecto a los grandes centros de poder se manifiesta siempre y si esta expresión de dependencia y sometimiento por lo general no tiene en América Latina y el Caribe los visos siniestros que asume en África, no por ello deja de legitimar una reafirmación sólida del nacionalismo. Se trata de defender la identidad nacional superando la versión folclórica, patriotera y de pacotilla tan propia de las oligarquías latinoamericanas y caribeñas. Mucho está en juego si son ciertos los malos pronósticos para la economía mundial y arrecian vientos de guerra por todas partes. No falta quien augure una guerra abierta contra Venezuela y la intensificación de acciones de interferencia y sabotaje en el proceso de integración regional. Para conseguirlo las grandes potencias cuentan con muchos socios en la región.

Seguramente Brasil, dadas sus dimensiones, puede darse el lujo de proceder relativamente en solitario; pero al resto de las naciones de la América Latina y el Caribe no les queda otro camino que fortalecer su nacionalismo tanto como impulsar vigorosamente el proceso de integración regional, un desafío nada fácil, sin duda, pero indispensable.

En contra de los deseos de los eternos amigos de la dependencia en esta región conspiran seriamente las tendencias decadentes de los centros de tradicionales de poder. Hasta para el menos despierto resulta conveniente asegurarse nuevos socios y buscar equilibrios que proporcionen un margen de maniobra mayor. Por supuesto, las potencias emergentes no proceden por generosidad o desinterés; también miran ante todo por sus intereses pero sin duda que multiplicar los socios comerciales y políticos contribuye y mucho a que estas naciones puedan negociar en mejores condiciones.

Cerrar filas con Argentina en su actual litigio por el pago de la deuda o con Ecuador en el propio con la compañía petrolera que se niega a cumplir la ley (la misma que en su día la aceptó y se comprometió a respetar) contribuye a la formación de un frente regional sólido para enfrentar al capital financiero internacional, en particular a los “fondos buitres”. Un primer paso que podría llevar, por qué no, a plantearse un desconocimiento regional de la deuda (exceptuando aquella que se haya suscrito atendiendo a normas razonables y de mutuo beneficio). Golpear a Argentina en solitario es relativamente fácil; hacerlo contra toda la región, bastante más difícil.

El no pago de la deuda externa tiene precedentes. Para no ir más lejos, a Alemania se le condonó casi toda después de la Segunda Guerra y ni se produjo un colapso mundial ni la quiebra del sistema financiero. No tiene sentido ni justificación que esta región siga pagando una deuda que ya ha saldado varias veces como resultado de las condiciones leoninas en que fue suscrita. Es pues un asunto de justicia y de necesidad.

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Argumedo y los cambios en el sistema educativo actual

SIN MIEDO (CANAL METRO)

Entrevista realizada por la periodista Fanny Mandelbaum a la diputada nacional de Proyecto Sur Alcira Argumedo.



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Juez penal negó imputación por "usurpación"

Irina Santesteban (LA ARENA)

La falta de vivienda es un mal que afecta a millones de ciudadanos argentinos. El altísimo precio de la tierra provoca ocupaciones de terrenos por parte de familias humildes, que luego son desalojadas e imputadas por la Justicia por el delito de usurpación.

El violento desalojo del barrio "Papa Francisco", en Lugano, por parte de la Policía Metropolitana y la Gendarmería, en un operativo conjunto del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el nacional, con topadoras y represión a los habitantes, fue la cara visible de un mal social que aumenta al ritmo del crecimiento poblacional.

Sin dejar de reconocer buenas iniciativas como el plan Procrear, y otros a nivel provincial o municipal, la falta de viviendas afecta a más de dos millones de familias. Si se tiene en cuenta que el Procrear, desde que se implementó hace casi 2 años, lleva unas 125 mil viviendas, entre las terminadas y las que están en proceso de construcción, y a la vez se toman los índices del crecimiento poblacional, es evidente que ese plan resulta insuficiente para dar una respuesta satisfactoria a quienes demandan ese derecho básico, cual es el de tener un hábitat digno para su familia. Máxime cuando aquel plan está pensado para sectores con trabajo registrado, y no para los sectores más humildes, cuyos jefes o jefas de hogar son trabajadores informales o viven de planes sociales, o "changas". Para ellos, no hay plan que les llegue y sólo pueden acceder a viviendas sociales, de las que en este momento no se están construyendo, salvo en algunas provincias.

¿Okupas o usurpadores?

Por ello, tanto en la ciudad de Buenos Aires, como en otras del interior, la ocupación de terrenos baldíos y bien ubicados, se ha transformado en una práctica usual de familias, a veces de manera organizada y muchas otras, simplemente unidas por la desgracia de no tener un lugar donde vivir.

La especulación de los dueños de terrenos dentro de los ejidos urbanos, que esperan que el crecimiento de las ciudades vaya valorizando sus propiedades, y la compra de éstos por grandes empresas dedicadas a los "emprendimientos urbanísticos", para luego ofrecerlos a precios altísimos, viene produciendo desde hace algunos años, una "guerra por la tierra".

En Córdoba, en la zona de las sierras chicas (Carlos Paz, Tanti, etc.) hay numerosas denuncias por usurpación de terrenos, aunque no siempre los acusados son gente humilde que busca un lugar para su vivienda. En esa zona, donde las propiedades inmuebles se han valorizado muchísimo por su cercanía con la capital y también con la zona turística, existen organizaciones de abogados e inmobiliarias, que venden terrenos sin tener la propiedad de los mismos. En algunos casos, se ha enajenado dos y hasta tres veces el mismo inmueble, y cuando el verdadero dueño se entera, debe iniciar un costoso y usualmente prolongado juicio civil. Esta es una cara del problema.

La otra cara, es la ocupación por parte de familias humildes, cansadas de pedir a las autoridades provinciales o nacionales, poder adquirir a precios accesibles los terrenos para construir sus viviendas.

Y en el medio también, se cuelan punteros y otros aprovechadores, que utilizan la necesidad de esas familias, para hacer sus negocios, casi siempre también al servicio de oscuros dirigentes territoriales.

Penalizar no es la solución

Y a la vez que no encuentran respuesta de las autoridades, esas familias, luego de la ocupación de un terreno, se topan con la acción del Estado, pero para acusarlos y reprimirlos.

De esta forma, en la mayoría de los casos, actúa el Poder Judicial, imputando por el delito de "usurpación" a quienes ingresan a una propiedad ajena, sea de un particular o del Estado.

El Código Penal, que prevé el delito de "usurpación" en el artículo 181, dispone: "Será reprimido con prisión de seis meses a tres años: 1) el que por violencia, amenazas, engaños, abusos de confianza o clandestinidad despojare a otro, total o parcialmente, de la posesión o tenencia de un inmueble o del ejercicio de un derecho real constituido sobre él, sea que el despojo se produzca invadiendo el inmueble, manteniéndose en él o expulsando a sus ocupantes; 2) el que, para apoderarse de todo o parte de un inmueble, destruyere o alterare los términos o límites del mismo; 3) el que, con violencia o amenazas, turbare la posesión o tenencia de un inmueble".

Al momento de la redacción de ese artículo, que fue introducido por la ley 24454, en los fundamentos se aludía a "la ineficacia de los programas de promoción de vivienda para sectores de escasos recursos, la inexistencia de una red de salvataje mínima que pueda dar respuesta a las emergencias habitacionales (...) la falta de medidas de prevención de los delitos que afectan los derechos de propiedad inmueble y la impotencia de la Justicia tanto para reprimir las conductas delictivas antes señaladas como para restituir las cosas a su estado anterior. El problema, sin duda es grave. Así lo ha reconocido el gabinete nacional anunciando que faltan 3.200.000 mil viviendas. (...) Un sesenta y siete por ciento de los ocupantes ilegales del Gran Buenos Aires vive, de acuerdo al censo de 1991, en casas precarias, ranchos o casillas, el cincuenta y cinco por ciento de los ocupantes de la Capital vive en departamentos o 'conventillos', un uno con treinta y siete por ciento de los habitantes del Gran Buenos Aires son ocupantes ilegales, un cero con setenta y uno por ciento de los habitantes de la Capital Federal están en esa condición (...) La solución del problema, como puede verse, requiere de un enfoque múltiple, siendo conscientes de que una reforma legislativa no es la panacea para las familias que están 'sin techo'".

El texto entrecomillado fue extractado de la exposición de motivos de la ley mencionada, sancionada en 1995. Quiere decir, que ya en ese momento, hace casi 20 años, los legisladores eran conscientes que sancionar las ocupaciones de terrenos y aplicar la ley penal, no era la solución para un problema que afectaba a millones de ciudadanos. Igual que ahora.

Ocupar no siempre es usurpar

En Córdoba, ayer se conoció la resolución del juez de Control 4, Roberto Cornejo, quien se negó a dictar el auto de elevación a juicio, como lo había solicitado la fiscal de instrucción, para las familias que están imputadas por el delito de usurpación en terrenos en la comunidad de Piedra Pintada, cerca de Carlos Paz. Esos ocupantes resisten desde hace un año y medio los intentos por desalojarlos por parte de la policía provincial, y sufrieron represión y hasta la detención de sus abogados, ordenada por el fiscal de Villa Carlos Paz, Gustavo Marchetti.

En marzo pasado, la fiscal del Distrito IV Turno 3 de la provincia de Córdoba, Dolores Romero Díaz, notificó la requisitoria de elevación a juicio por usurpación a los habitantes de la Comunidad de Piedra Blanca, pero el pasado viernes el juez Cornejo dictaminó que no hay pruebas para declarar las tomas de tierras del lugar como usurpación, por lo cual corresponde declarar que "no existe mérito suficiente para elevar a juicio las presentes actuaciones".

Según la resolución del juez, " del material probatorio colectado en autos no surgen pruebas que permitan sostener, con grado de probabilidad, la calificación legal dada al hecho atribuido a los encartados, Usurpación (artículo 181 inciso 1 del Código Penal), por lo cual corresponde declarar que no existe mérito suficiente para elevar a Juicio las presentes actuaciones".

Crítica a los medios y la Justicia

Para los abogados de las familias imputadas, como Sergio Job, la resolución de Cornejo significa una importante jurisprudencia para casos similares y criticaron duramente "el actuar ignorante o malicioso de medios de comunicación masivos, policías y funcionarios judiciales, que insisten en llamar usurpación a cualquier toma de posesión de tierras cuando las mismas las realizan sectores empobrecidos, sin detenerse ni un instante a observar si los requisitos necesarios para que los mismos se configuren están mínimamente acreditados".

El abogado Sergio Job fue detenido el año pasado por orden del fiscal Marchetti, cuando se realizó una "sentada" frente al edificio de los Tribunales de Villa Carlos Paz, para protestar por el intento de desalojo y la detención de algunos vecinos. En ese momento recibió el fuerte respaldo del Colegio de Abogados local y el conocido letrado cordobés, José Antonio Buteler -quien fuera defensor de la familia de la joven catamarqueña María Soledad Morales, asesinada en 1990-, fue quien argumentó acerca de que "no toda toma de tierra es usurpación".

Para Buteler: "El remedio penal de la usurpación es solamente si hubiera engaño, amenazas, abuso de confianza y clandestinidad. En cambio, si se ingresa en un terreno sin alambres, sin cartel que no tenga aguada ni sembradío, donde no hay acto físico de posesión no puede intervenir el derecho penal. En este caso, el propietario podrá iniciar una acción civil de despojo o de reivindicación". Y agrega: "la posesión es un hecho fáctico y de dominio y señorío físico sobre el bien. Si el propietario del terreno ejerce la posesión y es turbado por esos medios es pena, de lo contrario debe recurrir a la vía civil. Si la persona que ejerce la posesión es turbada con violencia o amenazas por el propietario, es este quien está cometiendo un delito".

El abogado explicó que la posesión pacífica y pública puede dar lugar a un trámite de usucapión, modo de adquirir la propiedad por el transcurso del tiempo y que tiene sus requisitos, como la publicación de edictos, el pago de impuestos durante 20 años sin tener título.

Para Buteler el fiscal "debe verificar si hay elementos en conflicto, o que se haya ingresado y materializado mediante las formas exigidas por la ley penal, lo demás son resortes civiles". Y puso en duda que sea violencia cortar alambres para ocupar un terreno: "El tema de la violencia está muy discutido en jurisprudencia. Debe verse si cortar alambres es violencia. Está en discusión la violencia entre las cosas y las personas".

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No quedan los artistas

Alfredo Grande (ACTA)

Quizá para muestra no baste un botón, pero creo que una golondrina puede hacer verano. En ese caso, la golondrina es un analizador. O sea: un artificio, una herramienta, una concepción teórica, que nos permita levantar la opaca neblina que la cultura represora fabrica para que no veamos lo fundante.

Y cuando los ojos no ven, el corazón ya no siente. La opaca neblina o el sucedáneo del resplandor permanente del denominado “espacio publicitario”, al que más adecuadamente habría que llamarlo “un momento de alienación”.

Hace algunas décadas, la transmisión televisiva se clausuraba con “un momento de meditación”. Para mostrar el pluralismo, participan miembros de todas las religiones. Nunca un médico, un obrero, un estudiante, un artista. La meditación bien entendida debe ser rigurosamente vigilada, tanto por mandatos cuanto por castigos a la infracción de aquellos. Meditar es no pensar un poco bastante, y es otro de los baluartes de la cultura represora. Una paciente me dijo que empezó a hacer meditación, para lo cual tenía que dejar la mente en blanco. Le interpreté que en rigor de verdad eso es lo que venía haciendo hace años. Una mente en blanco con el eterno resplandor del arrasamiento de los recuerdos.

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Recordar es sufrir un poco y a veces, menos, alegrarse bastante. Si la diferencia entre el pesimista y el optimista es que el pesimista tiene más información, yo debería ser optimista porque tengo poca información. Sin embargo, mi mayor problema, ya que tengo varios, es que la información que tengo me permite un análisis permanente de mi implicación. Por ejemplo: ¿un pañal puede ser la golondrina que nos haga pensar en la locura cultural en qu sobre e infravivimos?

Leo en la Agencia Walsh que “El 4 de septiembre, el Tribunal Oral nº 23 condenó al ex cabo de la PFA Martín Alexis Naredo, a perpetua por el fusilamiento del adolescente Jon Camafreitas y ordenó su detención inmediata. Lo autorizaron a irse del edificio de Comodoro Py antes de la lectura del veredicto, porque no estaba en “condiciones anímicas” de presenciarlo, y desapareció”. No creo que sea similar al unicornio azul. Muchos saben de él pero no darán ninguna información. En la Agencia Pelota de Trapo, Claudia Rafael nos cuenta que un solo pibe fue masacrado con 38 balazos. “En qué momento exacto de la historia empezó todo, se pregunta el observador, que camina a diario los pasillos y vericuetos de la villa. ’Uno siente que está dentro de un tornado que no sabés cuándo y dónde arrancó pero tampoco sabés hacia dónde te va a llevar y dónde y cuándo va a terminar’, piensa con la garganta anudada por esa rabia que se torna llanto que no deja hablar". Esas noticias, como los amores de estudiante, flores de un día son. Y como todas las flores, se van marchitando. Especialmente porque dejamos de regarlas, es decir, de leerlas, de pensarlas con otros y otras, de amplificarlas, de sostenerlas en nuestra memoria activa para que no se pierdan en esa sutil complicidad del olvido.

Entonces una decisión política de la que a mi criterio no conviene dar ni un paso atrás, pero esta vez en serio, es que toda golondrina haga verano. No dejemos pasar nada porque todos los días pasa lo mismo, no dejemos de pensar porque todas las noches pasarán cosas peores, no dejemos de indignarnos porque después de todo siempre que llovió paró. Porque la lluvia pasa, pero los inundados quedan. Si la golondrina hace verano, entonces nos ocuparemos de lo que queda, de ese residuo no reciclable que desmiente su destino de basura.

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Lo que todavía nos queda es algo que la cultura represora odia y desprecia: el deseo. Y de tanto que lo odia y desprecia lo condena a la peor satisfacción posible: la individual. Siempre que sea rentable para todos los mercaderes que han vuelto a ocupar todos los templos. Y la fe es otro de los nombres del deseo. La fe no es certeza. Es firme convicción. La cultura represora también odia las convicciones porque sabe que pueden ser modificadas. Todo hijo tiene el derecho de preguntar a su padre por qué lo ha abandonado. Esa golondrina que hace verano conmueve setenta veces siete y más también, mi fe y mi deseo. Por eso, aunque pueda tener poco información, mi optimismo tiene que ver con el placer inmenso con el cual intento combatir todas las formas de la cultura represora. Sabiendo que seré derrotado, pero que no fracasaré.

Tal vez no pueda morir contento por no haber podido batir a ningún enemigo. Sin embargo, estoy seguro de que al menos moriré sonriente, porque siempre intenté combatirlo. Las opacas neblinas, los fuegos artificiales, muy especialmente los intelectuales, nos dejan ciegos o nos deslumbran, pero nunca permiten mirada y pensamiento crítico.

Alabado sea el señor o la señora de turno, y las alabanzas impiden que nuestra golondrina haga verano. La era glacial que empezó con la muerte de las ideologías y se prolonga con la vida eterna de multiplicidad de tonterías, amenaza con el granizo y la nieve del congelamiento global.

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Frizados no habrá deseo que aguante. Operación Cóndor, Operación Carancho, Operación Buitres, Operación Chacal, Operación Cristales Rotos, son los avances publicitarios de la peor de las pesadillas: el fascismo con sus cómplices de centro derecha, centro izquierda y centro centro. En fábricas, en las villas, en los barrios, en muchas agrupaciones y organizaciones, las botas desalojan a los votos. La “resistible ascensión de Arturo Ui” que Bertold Brecht escribiera, no es nada diferente, por el contrario, es toda igual a la escalada de muchos dirigentes de empresas, incluso empresas sindicales.

No quedarán golondrinas y ya no habrá veranos. ¿Estamos a tiempo? No es suficiente no dar ni un paso atrás, porque podemos caer en la tentación de darlo para algún costado. Las izquierdas anticapitalistas y clasistas: ¿podrán sostener la fe y el deseo de la unión para poder usar todos los métodos, incluso los legales? La unidad es siempre jerárquica y en eso la derecha fascista o la derecha hipócrita nos gana por goleada. En cambio la unión es asimétrica, pero nunca jerárquica. Y la diferencia entre unidad y unión, entre jerarquía y asimetría, es una de las cuestiones que nuestra golondrina que hace verano trae a la superficie. Estamos a tiempo. Si lo perdemos, entonces, y lamento contrariar la profecía de Enrique Pinti, no quedará nadie que quiera y pueda combatir, y naturalmente, tampoco los artistas.

Alfredo Grande es Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental).

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Treinta y ocho balazos en el Bajo Flores (Parte II)

Claudia Rafael (APE)

“Vivir en Buenos Aires no es para cualquiera, sino para el que la merezca, para el que acepte las pautas de una vida comunitaria agradable y eficiente. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente”. Guillermo Jorge del Cioppo –reconstruyó Eduardo Blaustein en Prohibido vivir aquí- pronunció la frase algunos años antes de que la dictadura lo premiara con el cargo de intendente de los últimos meses previo al día final. Antes, era el titular de la Comisión Municipal de la Vivienda que, bajo las órdenes del brigadier Osvaldo Cacciatore pergeñó el 13 de julio de 1977 la ordenanza 33.652 para el “plan integral de erradicación” de villas. Nada nuevo bajo el sol.

Mucho antes, a mediados del siglo pasado, Bernardo Verbitsky escribía que “el recuerdo terrible de Villa Basura, deliberadamente incendiada para expulsar con el fuego a su indefenso vecindario, era un temor siempre agazapado en el corazón de los pobladores de Villa Miseria. La noticia de aquella gran operación ganada por la crueldad, no fue publicada por diario alguno, corrió no obstante como un buscapiés maligno”.

La historia del país va adaptando ciertas metodologías a los tiempos y a los contextos.

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El tiempo no para. Todo se transforma con una delicadeza que asesina. “Desde 2009 hasta ahora tengo dos estudiantes muertos. En octubre lo mataron a Lucas. En enero o febrero, a Pipito. El año pasado, en octubre, en el bar de abajo de donde el otro día acribillaron de 38 balazos a Yiyo, ejecutaron a cinco personas en un arreglo de cuentas narco. Los pibes visten chalecos antibalas. Andan con mucho armamento. Y hay un ritual que se repite. Cuando muere un transa, se producen tiroteos que duran dos o tres horas y nadie interviene”, dijo el referente, desde la 1.11.14, en el Bajo Flores.

La escalada de violencias viejas y masticadas fue haciéndose más honda. Y siempre hay una excusa. De mayores o menores gravedades. “Mataron a un pibe que salía con una piba que tenía un novio. A la semana siguiente mataron a un transa, ahí nomás del centro de salud (frente al cual poco después velarían a Yiyo), de un escopetazo en la cara. Ráfagas y disparos por horas. Y en su relato, una de las doñas vio cómo antes del velorio alguien bajaba de un auto con bolsas a repartir chumbos. ¿Cuál es el rol del Estado en todo esto? ¿Cuál es el rol de la Gendarmería, que desde hace tiempo ya empezó a mirar para otro lado en el momento en que todo ocurre?”.

Tres estudiantes están fugados. Y el relato se profundiza: “Van a matar a todos porque joden a los que van a comprar”, se escucha. Pero los pibes replican: “nosotros no somos cagones” y se quedan hasta que los atraviesa 1, 2, 5, 38 plomos feroces.

“Todo se monta sobre la realidad de estos pibes. Y ahí decís: estos hijos de puta juegan al poder y los que se mueren son los pibes. Y no es joda cómo viven. Teníamos uno que vivía literalmente adentro de uno de los contenedores de plástico de Macri, bajo uno de los puentes. A su viejo también lo mataron los paraguayos. Y ahora, por lo menos, logramos que durmiera a veces en la casa de una abuela; otras noches en lo de algún amigo…”.

Las voces sólo se escuchan bajo la promesa de un rigurosísimo off de record. Hay que seguir pateando los pasillos y las callecitas entre tanta muerte amenazante. “Al centro de salud la gente deja ir de a poco. No quieren dejar la casa sola porque tienen miedo de que se las ocupen y la pierdan. Antes, había que ir al centro a las 3 de la mañana a sacar número. Ahora los turnos están sobrando. Entonces, la gente se enferma pero ya no se puede atender.”

Toda esta movida se profundiza y despedaza en el sector manejado por las bandas de los paraguayos. “En las manzanas de los peruanos nada de esto ocurre. El poder ahí se dirime de otra manera en donde si vos cumplís con tu rol y hacés lo que tenés que hacer, a cambio te protegen”. Desde hace años, el control de ese Estado paralelo que da trabajo, sustento, protección, casa, dinero desplazó y se afincó para quedarse.

El otro Estado, en cambio, fue reposicionando o intercambiando a sus protagonistas. La metropolitana, los Gendarmes, la Federal. Cambian los nombres, unos se van, otros regresan. En un toma y daca que silencia, libera zonas, connive, cobra por abajo, maneja mercados, guiña un ojo todo es posible en la viña de los señores.

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“La droga hace desastres en los barrios. Y se arma un círculo de violencia inevitable. Murió un chico en Lugano. Murieron más en Barracas por policías de civil. Todo se maneja a través de los discursos de la seguridad. Y se produce un desgaste que empieza con esa estigmatización tan fuerte reforzada además por los medios. Y si bien estaba la Metropolitana con todo el tema, la Gendarmería estaba cercando todo. Y Sergio Berni, ante los discursos de más seguridad y mano dura, levanta electoralmente. Eleva el impacto electoral. Entonces uno se siente impotente porque es un momento muy duro y angustiante en donde los que pierden son los de siempre. Me preocupa no ver la luz”, analizó Fátima Cabrera, la coordinadora del programa de alfabetización.

“Uno de los chicos que estaba en la toma de Lugano había llegado solo ahí. Anda solo desde los 10 años porque en la familia eran violentos. Charlamos y me contó ´estoy aprendiendo a leer mirando los carteles´. Yo le dije que tal vez cuando todo terminara podía sumarse a la escuela… pero estamos viviendo un drama y no sabés cómo termina todo”.

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“Congelamiento/Desaliento/Erradicación/Ordenamiento Social y Edilicio”, detallaba el plan erradicador de Cacciatore. Es que “Buenos Aires no es para cualquiera”, fundamentaba Del Cioppo.

Las topadoras voltearon entonces las villas. Se desalienta. Se empuja. Se reordena. Se erradica. Se olvida. En esas tierras en las que se multiplican y fatigan a diario cientos de miles que transpiran la historia y pugnan por parir la vida. Ahí donde un chico muere de 38 balazos y no hay siquiera un diminuto milímetro de su piel a salvo. Pero nadie lo nombra. Y nadie se inmuta.

Ver también:
- Un solo pibe, 38 balazos (Parte I)

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El hecho maldito de la historia rosarina

Leónidas Ceruti (ANRED)

El 16 y 17 de Septiembre de 1969, la ciudad de Rosario se convulsionada por la gesta obrera y popular conocida como el; Segundo Rosariazo, el “hecho maldito de la ciudad”. Como parte de la lucha ideológica, contra los postulados de las clases dominantes de Rosario, que pretenden ocultar las luchas obreras y populares de la ciudad, seguimos insistiendo en recordar año tras año, cada aniversario del Segundo Rosariazo.



La historia de los trabajadores en la Argentina, es amplia y variada, con múltiples miradas, pero los historiadores tenemos una deuda para con ellos, ya que existen vacíos y silencios de distintas historias. Muchas han sido las formas de negar la presencia de los trabajadores en la historia argentina. Desde borrar toda referencia a ellos en las historias oficiales hasta la destrucción de los documentos, periódicos, y otros materiales que las distintas organizaciones sindicales han producido y lo siguen haciendo.

Como parte de la lucha ideológica, contra los postulados de las clases dominantes de Rosario, que pretenden ocultar las luchas obreras y populares de la ciudad, seguimos insistiendo en recordar año tras año, cada aniversario del Segundo Rosariazo.

Además, desde hace años nos hemos propuesto: No olvidar, Rescatar y Difundir las grandes gestas obreras de la ciudad y el país. Unir aquellas luchas con las de hoy, con la voluntad de continuar día a día, luchando contra las injusticias de esta sociedad, producidas por los explotadores de siempre.

Hace muchos años, la historiadora Beba Balvé, señalo que el “Segundo Rosariazo o proletario sigue siendo el hecho maldito de la ciudad. De eso no se habla, no se recuerda, pareciera que el fuego antidictatorial continuara quemando”. Ante esa masiva protesta, por lo que significó política y socialmente en el desarrollo y crecimiento de distintos gremios, activistas sindicales, agrupaciones obreras y políticas, muchos nos preguntamos ¿por qué la recordación del Segundo Rosariazo, aparece como “el hecho maldito” en la historia de los rosarinos, porque muy pocos quieren recordarlo? ¿por qué la movilización de masas más importe de la historia de la ciudad (los cálculos de la población que participó de esas jornadas van desde las 100.000 a las 250.000), no se recuerda?. De eso no se habla. ¿Por qué? se hacen actos, notas, mesas redondas, por otros acontecimientos, cuando si algo caracterizó al “Segundo Rosariazo” fue la alegría, la libertad, la solidaridad y la bronca antidictatorial de todo el pueblo de la ciudad. ¿Por qué los medios de comunicación hablaron durante años del Rosariazo de mayo de 1969? De eso no saben las nuevas generaciones y las viejas poco recuerdan.

Pensamos que el motivo es que las clases dominantes tomaron nota de la capacidad de lucha y la fuerza de los trabajadores junto a otros sectores sociales. Por eso durante años hubo un “pacto o conspiración de silencio” por parte de algunos periodistas, medios de comunicación, y dirigentes gremiales y políticos “arrepentidos” de esos pecados de juventud. Pero la tozuda voluntad de varios militantes por recuperar y mantener viva la memoria histórica de ese acontecimiento, hizo que desde hace varios años de eso se Hable, se Recuerde, y cada vez aparezcan más publicaciones, libros, videos, películas, jornadas de homenaje y debate.

Porque si algo distinguió a los Rosariazos, fue la decisión de ganar las calles de todo el pueblo de la ciudad, contra una dictadura. Además en cada barricada reinaba la alegría, la solidaridad, se disfrutaba la pelea por la libertad, y la bronca antidictatorial florecía en las manifestaciones donde codo a codo luchaban peronistas, comunistas, socialistas, radicales, independientes.

Por todo esto, debemos preservar la memoria histórica de las luchas del pueblo de Rosario, para que de eso sí se hable y se recuerde.



¿Qué fué el Segundo Rosariazo?

La dictadura militar de 1966, tras intervenir "La Unión Ferroviaria", anuló convenios y conquistas, produjo rebajas de categorías y de sueldos, 116.000 empleados y obreros fueron sancionados. El 8 de septiembre de 1969, el Cuerpo de Delegados de la Seccional Rosario del Ferrocarril Mitre y la Comisión Coordinadora de la Unión Ferroviaria comunicaba que "se iniciaba una huelga de brazos caídos en los lugares de trabajo", tras la suspensión de un delegado administrativo. Pararon ese día los Talleres de Rosario, Pérez, Villa Diego, y personal administrativo. Por la noche en una masiva asamblea se decidió continuar la huelga, esta vez por 72 hs., con la adhesión de La Fraternidad, y la medida se extendió a las Seccionales de Arroyo Seco, Empalme, Villa Constitución, San Nicolás, Cañada de Gómez y Casilda.

La empresa anuncio suspensiones, la CGT Rosario se declaro "en estado de alerta y convocó a un plenario", mientras los delegados declararon "la huelga por tiempo indeterminado" a partir del día 12. La solidaridad del resto de los ferroviarios se extendió por todo el país. La dictadura a través del CONASE (Consejo Nacional de Seguridad), ordenaba la aplicación de la "Ley de Defensa Civil", por lo cual todo el personal ferroviario era movilizado, con convocatoria militar y les sería aplicado el Código de Justicia Militar.

Un plenario de 32 gremios de la "CGT Unificada de Rosario", resolvió "realizar un paro por 38 horas, los días 16 y 17”. La solidaridad llegaba de todos los trabajadores de Rosario. Los estudiantes universitarios y los partidos políticos se sumaron al paro.

Desde las 10 hs, masivas columnas de trabajadores comenzaron a marchar partiendo de sus sedes sindicales o de los lugares de trabajo. Desde LA FRATERNIDAD más de 7000 ferroviarios, se dirigieron a la empresa Minetti, posteriormente se les sumaron los obreros textiles de "Extesa", se incorporan los trabajadores del vidrio, de la construcción, etc. Desde Oroño al 1300, marcho la columna de LUZ Y FUERZA, y otra lo hizo de la Usina Sorrento. Del sur venían los obreros del frigorífico SWIFT, los portuarios y los metalúrgicos. Todos trataban de converger al local de la CGT, en Córdoba al 2100. Los estudiantes concentrados en las distintas facultades se unían a las columnas.

Al comenzar la represión policial, ésta lograba parcialmente dispersar a los manifestantes, pero pronto levantaban barricadas, resistían, se reagrupan y continuaba la protesta. Por toda la ciudad, aparecían barricadas en donde se encontraban peronistas, radicales, comunistas, socialistas, etc.. Los puntos de concentración aumentaban, se incendiaban los colectivos y troles que no paraban, y la policía se fue replegando. Con el correr de las horas, era cada vez mayor la cantidad de vecinos que se sumaban a la protesta, y la lucha se desplazo a los barrios. Se incorporaron las amas de casa y los niños, y durante toda la jornada se turnaron para mantener en actividad las barricadas, donde se realizaban espontáneas asambleas para discutir como continuar.

Las fuerzas policiales fueron desbordadas, y no consiguieron penetrar en Empalme Graneros, algunas zonas de Arroyito, en varias manzanas de la zona sur, y en numerosos barrios.

El Ejército se hizo cargo de la represión y comenzó a recuperar el control de la ciudad. Un desconocido Coronel Galtieri, comandaba uno de los batallones. Los enfrentamientos siguieron por la noche y durante el día 17. Por todo esto cada 16 y 17 de septiembre debemos recordar el Segundo Rosariazo y homenajear a todos los protagonistas de ese alzamiento popular.



¿Qué significaron los “azos” del 69?

Eran épocas en que los trabajadores estaban acorralados por la proscripción del peronismo, la intervención de sus sindicatos, el cercenamiento de conquistas históricas, la detención de muchos dirigentes, y la situación económica que se agravaba, creó un clima de broca y lucha. Desde 1969, todo se aceleró y constituyó un punto de viraje en la evolución del país. Se vivió un proceso de cambios entre los trabajadores, estudiantes universitarios, partidos políticos, y en las principales tendencias que se expresaban dentro de la dictadura.

Los protagonistas, fueron la clase obrera y a los universitarios que fueron sin duda alguna las fuerzas con que contó el movimiento antidictatorial. Por un lado se puso de manifiesto el estado que había alcanzado la radicalización de la conciencia política de importantes sectores de la sociedad y el profundo rechazo a la dictadura.

Esos movimientos de masas actuaron como factores de presión para cambios dentro del propio gobierno nacional y dejaron dos consecuencias: comenzó a enterrarse el proyecto que no tenía plazos, y se inició un proceso político en toda la sociedad.

Las grandes movilizaciones demostraron la capacidad de lucha, creatividad, y solidaridad del pueblo. Las asambleas obreras populares, algunas espontáneas, que se realizaron en Rosario y Córdoba, en las jornadas de mayo y septiembre, reuniendo en su seno a los obreros, estudiantes universitarios y a gran parte de la población pobre de los barrios tomados, rodeados de barricadas, y en algunos lugares con la población ejerciendo el poder de policía, por ejemplo, el de permitir la salida de los bomberos tomados para sofocar incendios, controlar la entrada y salida de los barrios, también constituyeron una forma embrionario de los órganos de poder, con democracia directa abarcando ya a toda una ciudad. Pero su insipiencia y en gran medida la ausencia de una verdadera organización, no permitió la unificación de las asambleas barriales entre si, a través de delegados electos, en un consejo único de la ciudad.

Fue un tiempo plagado de sueños, encantamientos y de esperanzas por quienes los protagonizaron. Años idealizados por algunos y descalificados por otros. Años en que apareció una verdadera contracultura en las artes, las letras, la vida cotidiana, la sexualidad, la vestimenta, las costumbres. Y como escribió Adolfo Gilly, años que marcaron una “esquina peligrosa, una de aquellas en donde la historia pudo haber dado un viraje”.





ENTREVISTAS A PROTAGONISTAS DE LOS " ROSARIAZOS" REALIZADAS EN EL AÑO 1996 POR LEONIDAS CERUTI Y MIRTA SELLARES

#Profesor Rubén Naranjo ¿Cómo vivió las movilizaciones del 69?

- Yo participé en todas las movilizaciones que hubo ese año, tanto de los hechos de mayo como los de septiembre, no solamente yo, sino todo el grupo de pintores... no lo hicimos orgánicamente como un cuerpo, sino individualmente, pero todos salimos a la calle...Participamos en la protesta de la calle. Pasamos de ser perseguidos a perseguir a la policía. Frente a las escalinatas de la Bolsa de Comercio, nos dimos cuenta que la policía se había replegado. Eso produjo un gran entusiasmo estudiantil, si bien hubo columnas de obreros que habían apoyado, especialmente los obreros de los Talleres de Pérez, que mandaron una columna importante. Básicamente, el movimiento de mayo fue producto de la protesta estudiantil. Eso no quiere decir, que haya estado reducido a este sector únicamente. Recuerdo, estar sentado en una esquina determinada, corrido por la policía, mirar a mi costado y encontrarme con una persona mayor, o profesores y estar junto a mí jadeando, sentado en un cordón. Tomábamos aire y volvíamos. Nadie tomó distancia. Estábamos convencidos de estar en la calle.

Cuando uno analiza esos años no puede dejar de reconocer hechos que pasaron fuera del país y que tuvieron que ver con los comportamientos, con las decisiones. El Mayo Francés del 68, marco el comportamiento distinto para los jóvenes de todo el mundo. En aquella época, estábamos muy deseosos de tener los graffitis de las paredes de Paris. La situación social del mundo era diferente y en Rosario repercutía en forma muy directa. Los jóvenes de aquel momento estábamos muy comunicados. El mayo francés derramo toneladas de tinta, pero no derramó sangre. No murió nadie en el mayo francés, por lo menos como efecto de los conflictos. En cambio en Argentina, tal vez porque somos latinoamericanos y trabajamos de una manera distinta, acá murió mucha gente, tanto en los hechos de Rosario, Córdoba, Corrientes. El 69, para la Argentina fue un año signado por la sangre, por la muerte.

¿Lo recuerda como un hecho espontáneo?

En este tipo de cosas, hay fechas, hay días, tal día de mayo pasó tal situación, y efectivamente pasaron cosas. Pero esos hechos fueron culminación de procesos. No se elaboraron ese día. Son puntos de llegada de procesos sociales muy agudos que tuvieron distintas vertientes. Mayo de Rosario fue una protesta estudiantil, que se desencadenó a partir de la muerte de Cabral en Corrientes. Este hecho encadenó otros de nivel nacional.

#Dr. Horacio Zamboni, abogado laboralista ¿Cuál era el panorama de la ciudad al iniciarse el paro de 38 horas en septiembre?

- Nosotros veníamos de la zona industrial, donde se había parado, y llegamos a Rosario ya avanzada la tarde. Desde la entrada a la ciudad prácticamente ya no se podía avanzar por las barricada. Ese día en San Lorenzo hubo un acto en las puertas de Molinos Rió de la Plata, que fue reprimido por la policía. Además, habían intentado hallan el Sindicato de Aceiteros. Se volvió a Rosario como se pudo, porque no teníamos trasporte y nos encontramos con que estaba prácticamente tomada, barricadas por todos lados, columnas de humo en distintas zonas.

La gente en las barricadas gozaba de la libertad y la defendía frente a los embates de la represión. Las barricadas eran derribadas pero se volvían a levantar, y eso prácticamente duró mas de 30 horas. Había mucha bronca por la prepotencia militar, la proscripción del peronismo, la intervención de los sindicatos, las conquistas perdidas.

¿Qué balance hace del Segundo Rosariazo?

- Lo primero que habría que señalar es que ese día las cúpulas militares y los sectores económicos dominantes estaban condenando a muerte a mas de 15.000 dirigentes obreros. Unos pocos fueron ejecutados en esos años, pero a partir del golpe del 24 de marzo de 1976 la masacre se hizo efectiva. La otra cuestión a rescatar es la unidad antidictatorial. Todos esos obreros peronistas, socialistas, comunistas, que habían salido a exigir sus derechos mantenían sin duda sus diferencias pero estaban juntos en la calle contra la dictadura.

Yo recuerdo por ejemplo que la barricada del Cruce Alberdi, en Génova y Avenida Alberdi, estaba dirigida por el jefe de los bombos de Menem, a quien todos conocían porque entonces comandaba los bombos de a hinchada de Rosario central.

Por entonces aparece en el movimiento obrero una pluralidad de posiciones políticas y desde septiembre del 69 en la Argentina ya nada será igual. Onganía tenía los días contados, hubo discusiones en el poder militar sobre cómo desactivar una lucha que, si no se hacían concesiones marchaba inexorablemente a una explosión violenta que encabezaría, ahora si, la clase obrera. Porque la diferencia entre el primero y segundo Rosariazo fue el papel protagónico que en septiembre tuvo la clase obrera organizada sindicalmente. Salían las columnas desde los sindicatos con acciones muy claras. Arrastrando a otros sectores sociales. Ahí esta la diferencia con el primero, donde el papel protagónico lo tuvo el movimiento estudiantil, aunque apoyado por sectores obreros. Por otra parte, en septiembre se le dejó el centro al poder oficial, la gente se refugiaba en los barrios y se combatía junto al vecino, al amigo y que esta la segunda característica: fue netamente popular.

#Entrevista a Enrique Gigena: ex delegado ferroviario e integrante de la comisión coordinadora de la Unión Ferroviaria durante los Rosariazos. ¿Que papel jugaron las Comisiones Coordinadoras en la histórica huelga ferroviaria de septiembre del 69?

- En esas luchas de los ferroviarios, que marcaron el reencuentro con los métodos propios y naturales de la clase obrera, hubo una importante contribución de las Comisiones Coordinadoras, que impulsaron y le dieron forma organizativa a la resistencia antidictatorial y contra el sindicalismo colaboracionista.

¿Como fueron, en esa época, las asambleas de los Talleres de Pérez?

- Eran asambleas masivas. Recuerdo la del 22 de Mayo de 1969, que se realizó en los lugares de trabajo de las distintas seccionales del gremio y que culmino en la concentración junto al mástil de los Talleres de Pérez, donde se rindió homenaje al joven Blanco y a las demás victimas de la represión y se resolvió apoyar el paro activo del día siguiente. En el proceso de toda esa lucha se recupero la democracia obrera a través de las multitudinarias asambleas que se hacían diariamente y hasta dos veces por día resaltando los principios naturales de organización y lucha clasista y restableciendo la unidad combatiente del gremio y su permanente movilización.

#Entrevista a Héctor Quagliaro, quien dirigía la Seccional Rosario de la CGT de los Argentinos ¿Que nos puede contar del Segundo Rosariazo? ¿Qué pasó en septiembre de 1969?, porque a veces no se sabe bien que hubo dos Rosariazos.

En septiembre del 69 estalla un conflicto ferroviario por la suspensión de dos compañeros que eran militantes sindicales, la unión ferroviaria estaba intervenida, se llamó a una Asamblea, se autoconvocó a una asamblea en la Unión Ferroviaria. Yo participé en mi carácter de Secretario de la CGT, ellos decidieron un paro, trasladamos eso a un plenario de todos los sindicatos de Rosario y se resolvió hacer un paro, un paro general con movilización. En ese tiempo, no se si la palabra correcta es esa, pero inauguramos un nuevo mecanismo de protesta, que ya no era el paro como se decía dominguero. Sino que convocábamos a la ciudad, o dividíamos a la ciudad en zonas y convocábamos desde las 10 de la mañana a encontrarse en determinado lugar a todos los sectores organizando en cada zona, para confluir en el Centro. Eso produjo una represión, y bueno, se lanzó allí el paro de septiembre, que fue el segundo Rosariazo, que tuvo también una connotación social muy importante.

Bueno, todo eso nos fue poniendo a nosotros en una situación, o por lo menos a Rosario, en una situación de avanzada en cuanto a las demandas y los reclamos sociales muchos de los cuales todavía no están totalmente satisfechos.

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