viernes, 14 de noviembre de 2014

Concepciones social-desarrollistas

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

La variante progresista del neo-desarrollismo prioriza la expansión de la demanda omitiendo las tensiones con la ganancia. También busca equilibrar las variables macroeconómicas desconociendo los desajustes que genera la acumulación. Su expectativa de sustraer al capitalismo de estado de las crisis que afronta el sector privado no se verifica. Tampoco es viable el reemplazo de empresarios por funcionarios.

Los proyectos políticos del desarrollismo democrático-popular chocan con los compromisos asumidos por la variante conservadora y el modelo regional cooperativo está afectado por la inserción global primarizada. Es erróneo observar a los gobiernos de centro-izquierda como antesala del socialismo y sustituir la evaluación de la lucha social por registros de proximidad o lejanía del industrialismo capitalista. Respetar las singularidades nacionales no impide discutir contrastando experiencias.

El neo-desarrollismo ha despertado la atención de numerosos analistas latinoamericanos. Las discusiones sobre este enfoque incluyen caracterizaciones de modelos económicos, estrategias geopolíticas y procesos sociales.

Pero se ha prestado poca atención a la variante progresista de esa concepción, que algunos autores denominan social-desarrollismo. Aunque esta segunda visión se encuentra en estado embrionario e incluye muchas indefiniciones, ya conformó un enfoque con influencia en varios países.

Planteos específicos

Pocos autores asumen la pertenencia al social-desarrollismo. Algunos se identifican con el amplio universo de teorías del desarrollo, otros destacan afinidades con la heterodoxia económica radical y casi todos se ubican en el campo político de la izquierda. Uno de sus promotores estima que este enfoque le asigna mayor relevancia a la dimensión social que a las metas del desarrollo (Carneiro, 2012a).

América Latina es el principal objeto de análisis de esta corriente, pero sus miembros trabajan en propuestas específicas para Brasil, Argentina o México. Venezuela y Bolivia son campos de gran aplicación de este enfoque y la red Celso Furtado incluye a muchos simpatizantes de esa orientación (VVAA, 2007).

En el plano económico postulan iniciativas semejantes al programa neo-desarrollista, pero enfatizan la gravitación del consumo como mecanismo de redistribución del ingreso. Resaltan la centralidad del mercado interno para generar un círculo virtuoso de incrementos del poder adquisitivo y expansión de la producción. También subrayan el papel preponderante de la demanda para forjar un modelo de crecimiento con inclusión social .

La asociación Furtado adoptó justamente el nombre de un teórico que resaltaba la centralidad de la demanda, en contraposición al “mal desarrollo” generado por el deterioro del salario y la concentración de la renta (Furtado, 2007).

Al igual que el neo-desarrollismo la variante social promueve políticas monetarias activas, tipos de cambio competitivo y déficits presupuestarios financiables. Pero remarca la necesidad de mayor captación estatal de las rentas agrarias o mineras y también postula reducir la carga financiera que imponen los grandes bancos a las empresas y el estado.

El social-desarrollismo promueve una actitud de ruptura con el neoliberalismo que es rehuida (o explícitamente evitada) por el neo-desarrollismo. Su visión es más afín a las corrientes radicales del keynesianismo que a las concepciones heterodoxas en boga. También subraya la continuidad de brechas estructurales entre el centro y la periferia, que el enfoque convencional silencia o relativiza.

Algunos autores proponen una aproximación a las teorías de la dependencia. Registran la continuada subordinación de la economía latinoamericana a los centros metropolitanos y refutan los diagnósticos del subdesarrollo basados en la falta ahorro interno. También remarcan la transferencia de ese excedente al exterior (Guillen, 2007).

Los social-desarrollistas confían en gestar un modelo inclusivo de capitalismo que reduzca los niveles de inequidad. Pero reclaman una nítida primacía del sector público sobre el privado mediante la consolidación de modelos de capitalismo de estado .

A diferencia del neo-desarrollismo son muy críticos del comportamiento de la burguesía nacional. Promueven la sustitución de esa clase por el funcionariado estatal en la gestión del crecimiento y resaltan la solidez de la burocracia frente a la fragilidad del empresariado .

El terreno de mayor diferenciación con el neo-desarrollismo se ubica en la esfera política. Contraponen sus modelos democrático-populares con los proyectos conservadores del neo-desarrollismo convencional. En el caso brasileño presentan esta divergencia como una batalla entre dos perspectivas opuestas para el gobierno de Lula-Dilma (Pomar, 2013a: 23, 60-62, 79-92).

Esta visión se apoya en fundamentos ideológicos socialistas totalmente ajenos al neo-desarrollismo. Mientras que los herederos de la CEPAL siempre fueron hostiles al marxismo, muchos teóricos social-desarrollistas provienen de esa tradición, mantienen su identificación con la izquierda e interpretan sus modelos como un paso hacia el socialismo.

Para alcanzar ese objetivo consideran necesario transitar previamente por un prolongado período de capitalismo regulado. Estiman que esa etapa intermedia permitirá cambiar las relaciones de fuerzas y reintroducir la batalla por la sociedad igualitaria (Pomar, 2013a: 14-15). Otros vislumbran esa fase como un escenario de disputa entre procesos decrecientes de acumulación y dinámicas ascendentes de equidad (Guillén, 2007).

Todos consideran que el socialismo debe ser precedido por un modelo de integración latinoamericana. Estiman que el surgimiento de ese polo regional autónomo permitirá forjar posteriormente una economía pos-capitalista de gran porte (Dieterich, 2005: 135-143, 175-185).

¿Estas propuestas ofrecen un programa sólido para el desenvolvimiento latinoamericano? ¿Sugieren un curso favorable a los intereses populares? ¿Es compatible la construcción capitalista con la meta socialista?

Problemas del modelo

Los promotores del social-desarrollismo destacan que el impulso de la demanda asegura un crecimiento auto-sostenido. Consideran que esos estímulos motorizarán la inversión. Reconocen el conflicto potencial que opone a la expansión de la demanda con el incremento de la rentabilidad. Pero afirman que esa tensión puede compatibilizarse si la redistribución del ingreso no desalienta las inversiones privadas (Carneiro, 2012a).

Sin embargo la experiencia indica que esa contradicción irrumpe en algún momento, en todas las economías regidas por el principio de la ganancia. Por esa razón los períodos de expansión del consumo son seguidos por fases inversas de ajuste. Las etapas de alto empuje de la demanda desembocan en períodos contractivos de reducción de costos. En esas circunstancias el estado de bienestar es reemplazado por la primacía de la austeridad.

La competencia por beneficios surgidos de la explotación que rige la evolución del capitalismo impone esa secuencia. El social-desarrollismo olvida este principio y sitúa a sus modelos en la fase expansiva, suponiendo que el período inverso puede ser eliminado mediante una acertada política económica. Esa posibilidad nunca se ha verificado.

Algunos teóricos estiman que países como Brasil cuentan con un amplio margen para implementar el modelo social-desarrollista (Carneiro, 2012b, 2012c). Pero lo ocurrido durante la última década es ilustrativo de las dificultades para concretar la conciliación de objetivos que postula ese esquema.

La economía brasileña creció (por debajo del promedio regional) con incrementos del consumo, endeudamiento de los sectores medios y un gran boom de las commodities. Pero el nivel de la inversión fue bajo, el estancamiento industrial persistió y el envejecimiento de la infraestructura alcanzó un punto crítico en energía, comunicaciones y transporte.

En este período la gravitación de las rentas agro-exportadoras continuó disuadiendo la reindustrialización y la expansión de la demanda volvió a enfrentar el techo de un sistema financiero que absorbe gran parte del excedente. La intervención estatal y las políticas económicas heterodoxas tampoco fueron suficientes para reducir la brecha tecnológica .

Estas mismas contradicciones se han observado con mayor nitidez en Argentina. Un modelo -que apostó al virtuosismo de la demanda- facilitó la recuperación inicial de una economía devastada por el derrumbe del 2001. Pero al cabo de un quinquenio de gran crecimiento afloraron los límites de un esquema que genera inflación, desajustes cambiarios y déficit fiscal.

Como la altísima renta sojera no financió la reindustrialización, la actividad productiva se estancó. Los grandes ingresos del fisco fueron canalizados hacia subsidios a los capitalistas, que volvieron a fugar capital sin aportar inversiones significativas.

Todos los efectos del impulso a la demanda quedaron neutralizados por la preservación de una vieja base agro-exportadora, un perfil industrial dependiente y un sistema financiero adverso a la inversión. El incentivo al consumo manteniendo esa estructura recreó las viejas tensiones macroeconómicas que afectan al país .

¿Capitalismo redistributivo?

En los países con esquemas social-desarrollistas explícitos los resultados han sido limitados y contradictorios. Venezuela tuvo una etapa de crecimiento incentivado por la demanda que se frenó y desembocó en el estancamiento inflacionario actual. Bolivia ha logrado una expansión mas sostenida en un escenario muy peculiar .

Todos estos modelos afrontan desequilibrios semejantes que aparecen cuando la expansión de la demanda choca con las exigencias de rentabilidad. El neo-desarrollismo resuelve esa tensión promoviendo las medidas reclamadas por los capitalistas y el social-desarrollismo rehúye el problema.

Los promotores de ese enfoque consideran que la implantación de sistemas productivos diversificados, basados en la democracia participativa y la redistribución del ingreso, permitirá reducir la inequidad y transformar el crecimiento en desarrollo.

Pero pierden de vista la intensidad de las crisis periódicas que afronta el capitalismo. Esas convulsiones revierten las coyunturas de prosperidad, reavivan el desempleo y masifican la precarización laboral.

El social-desarrollismo olvida esas experiencias y formula cuestionamientos al neoliberalismo sin analizar las contradicciones y límites del capitalismo. Los desequilibrios de ese sistema no obedecen sólo a desaciertos de una u otra política económica. Este tipo de fallidos explica tensiones de corto plazo o errores en ciertos planos, que conviven con falencias estructurales en otros campos.

Muchas miradas social-desarrollistas tienden a centrarse en la coyuntura subrayando problemas derivados del tipo de cambio (elevado o reducido), las tasas de interés (gravosas o dispendiosas) o las políticas monetarias (expansivas o contractivas). Cuando fracasa una orientación se afirma que debió primar la acción inversa.

Con esta visión postulan a posteriori enmiendas contra-fácticas. Afirman que si en cierto momento se hubiera hecho tal cosa, jamás habría emergido el desequilibrio en cuestión. De esta forma olvidan las contradicciones que habrían aparecido en otros terrenos, si se aplicaba la receta propuesta .

Este tipo de encerronas surge de ignorar que todas las tensiones en juego expresan desequilibrios intrínsecos del capitalismo. Este sistema funciona regenerando contradicciones que ninguna política económica puede eliminar.

El keynesianismo radical soslaya estos problemas imaginando al capitalismo como un gran engranaje de variables monetarias, cambiarias o fiscales. Supone que un buen ministro puede equilibrar estos agregados, asegurando el perfil progresista del modelo. Pero la historia económica de América Latina desmiente esa expectativa.

¿Empalme con la teoría de la dependencia?

Muchos autores social-desarrollistas remarcan la continuidad de los desequilibrios centro-periferia y promueven una convergencia de la CEPAL con el dependentismo. Estiman que Furtado y Marini aportan los pilares del modelo requerido para interpretar la evolución de América Latina .

Pero esta última combinación es conflictiva. Ambos teóricos compartían diagnósticos sobre el origen del subdesarrollo regional, pero postulaban explicaciones y soluciones muy distintas para el mismo fenómeno. Por eso encabezaron dos escuelas contrapuestas que no pueden amalgamarse.

Todos los desequilibrios subrayados por Furtado eran analizados por Marini como características del capitalismo periférico. Destacaba la perpetuación de esas contradicciones por la inserción regional subordinada en el mercado mundial, las exacciones del capital extranjero y la incidencia de la estructura rentista. El teórico marxista no sólo descartaba la posibilidad de modificar ese status con políticas económicas, sino que objetaba explícitamente la ilusión de emerger del subdesarrollo mediante el industrialismo de la CEPAL.

Su visión incorporaba los aportes analíticos de Prebisch (esquema centro-periferia, deterioro de los términos de intercambio, heterogeneidad estructural) y de Furtado (impacto de la oferta laboral sobre la estrechez salarial, efecto de la importación de insumos sobre el freno industrial). También avalaba las críticas a una vieja matriz agraria, que sofocaba el desarrollo manufacturero y restringía el poder de compra de la población (Marini, 1994).

Pero Marini nunca compartió la esperanza desarrollista de resolver estos desequilibrios con políticas de modernización monitoreadas por el estado. Cuestionó el optimismo en esa posibilidad durante los ciclos de crecimiento y objetó el pesimismo estancacionista en los períodos de agotamiento de ese auge. En ambas fases subrayó los límites sistémicos del capitalismo en la periferia.

Marini cuestionó a Furtado con un criterio semejante al utilizando por Marx para objetar a Ricardo. Ponderó la actitud científica de ese pensador y destacó sus hallazgos teóricos. Pero al mismo tiempo subrayó la imposibilidad de comprender el funcionamiento del capitalismo latinoamericano desde una óptica burguesa. Por esta razón nunca intentó fusionar el estructuralismo con la Teoría Marxista de la Dependencia.

Capitalismo de Estado

El social-desarrollismo asigna una gran incidencia a la capacidad del estado para motorizar los componentes progresistas del capitalismo. Supone que la propia evolución de este sistema necesita regulaciones para contrapesar el predominio de las finanzas y la competencia descontrolada. El capitalismo de estado es visto como un mecanismo auto-corrector que permite la supervivencia de la acumulación. ¿Pero cuáles son sus peculiaridades?

El capitalismo de estado no puede ser definido por el simple acrecentamiento de la intervención económica del sector público. Esa expansión se verifica en todos los países. Está presente en la incidencia del Pentágono en Estados Unidos, en la cogestión alemana de las empresas o en el paternalismo de los funcionarios japoneses. Esa influencia ha sido dominante durante todo el siglo XX y no determina ninguna especificidad de los modelos capitalistas. Ha constituido un rasgo compartido por el liberalismo de los años 20, el keynesianismo de posguerra y el neoliberalismo actual.

Si el capitalismo de estado sólo implicara mayor incidencia del estado resultaría difícil distinguir las políticas económicas ortodoxas, heterodoxas, monetaristas o neo-keynesianas. Tampoco se podría entender los momentos de alta intervención (socorro de los bancos) y menor regulación (privatizaciones) que han registrado en las últimas décadas de neoliberalismo.

El capitalismo de estado no es siquiera sinónimo de gran acción estatal en circunstancias críticas. En esas coyunturas la injerencia estatal se impone como un dato, cualquiera sea el modelo predominante. El ejemplo más nítido de esta tendencia fue el auxilio de los bancos durante el colapso del 2008-09. En el cenit del neo-liberalismo la mano visible del estado fue reforzada para salvaguardar la continuidad del sistema financiero.

Frente a estas dificultades para definir con alguna precisión el significado del capitalismo de estado, el enfoque social-desarrollista tiende a subrayar el creciente peso de de las empresas públicas. Algunos autores estiman que esa tendencia se acentuó en los últimos años, con la incorporación de 120 entes públicos al ranking de las principales firmas del planeta (2004-2009). Recuerdan que un tercio de la inversión extranjera directa realizada en las economías emergentes fue ejecutada por ese tipo de compañías (2003-2010) (Crespo, 2013).

Pero esa visión omite la pérdida de supremacía estatal efectiva en las empresas con gran accionariado capitalista y alta preeminencia del gerenciamiento privado. También olvida el deterioro del perfil nacional en las firmas integradas a las redes transnacionales de la inversión y el financiamiento global. El papel predominante de los grandes grupos burgueses no disminuye en esta versión de capitalismo regulado.

Las empresas públicas actuales difieren significativamente de sus equivalentes de posguerra. Incluyen formas de sociedades mixtas con mayor participación de los inversores privados. Esta influencia determina un sometimiento mayor de las firmas a las exigencias de rentabilidad que el mercado bursátil.

El capitalismo de estado incluye, por lo tanto, una amplísima gama de definiciones o tendencias permiten amoldar sus caracterizaciones a lo que se pretende demostrar. Por esta razón son más esclarecedores los debates sobre la aprobación o la crítica de ese esquema.

Sus defensores sugieren que amortigua (o elimina) los problemas que acosan al capitalismo privado. Pero no explican cómo podría eludir las crisis que afectan a todo el sistema. Los estallidos financieros, la superproducción, la caída de la tasa de ganancia, la retracción del consumo no son patrimonio exclusivo del privatismo. El temblor del 2008 conmovió con la misma intensidad a Estados Unidos, Alemania o Francia.

Algunos autores social-desarrollistas fundamentan su reivindicación con otros argumentos. Estiman que el capitalismo de estado cumplirá un rol progresivo, si se extiende a escala internacional, frenan el predominio de las fuerzas conservadoras y abre caminos hacia el igualitarismo (Pomar 2013a: 6, 51-53, 65).

Con esa visión se retoman las viejas creencias de la social-democracia pero sin demostrar su factibilidad. Durante el siglo XX no se registró un solo caso de evolución hacia el capitalismo humanizado y se verificaron incontables evidencias de procesos regresivos. De la estabilización del capitalismo sólo emergieron fases ulteriores de mayor inequidad.

Una modalidad progresista del capitalismo es un contrasentido. Este sistema se desenvuelve perpetuando la desigualdad y los privilegios de los grupos dominantes. Por esta razón las visiones benévolas del capitalismo son utopías negativas. Suponen que este régimen podría mejorar su funcionamiento para favorecer a las mayorías populares, cuando en los hechos afecta a los trabajadores.

Burocracias y burguesías

A diferencia de sus pares convencionales, los autores social-desarrollistas estiman que en América Latina la burguesía es un grupo social reacio a comandar procesos sostenidos de acumulación. Consideran que ese sector ha sido hostil a todos los intentos industrialistas con mejoras sociales ensayados en el pasado.

Pero constatan esa deserción sin explicar las razones de esa conducta. Ese abandono fue una reacción frente a los desbordes de la lucha social y las amenazas de radicalización popular. En esos momentos se activaron los reflejos conservadores de la burguesía y se corroboró su fuerte entrelazamiento con la oligarquía y el capital extranjero.

Como ese comportamiento persistió en las últimas décadas, algunos teóricos proponen contrarrestar el previsible abandono burgués del proyecto industrialista, con una mayor presencia del estado. Otros prescinden de evaluaciones y simplemente sustituyen la calificación de los empresarios por juicios de la eficacia estatal. Suponen que en esa intervención radica el secreto del desarrollo cualquiera sea la conducta de los patrones.

Pero no es muy lógico suponer que un modelo capitalista podrá forjarse sin protagonismo hegemónico burgués. El sistema requiere una clase dominante que acumule dinero, extraiga ganancias y reinvierta capital. Por esta razón todas las sugerencias iniciales de sustitución estatal tienden a postular posteriormente medidas de fortalecimiento del empresariado.

El social-desarrollismo convoca a limitar la gravitación de la burguesía pero apoya políticas de sostenimiento de ese sector. Esta contradicción demuestra hasta qué punto resulta difícil promover un sistema para los capitalistas sin presencia de los principales involucrados.

Para superar este conflicto se suele promover un mayor reemplazo de protagonistas. El lugar ocupado por las clases burguesas es asignado a los funcionarios que gestionan el estado. Se supone que la burocracia se guía por intereses de elites que superan el mero lucro.

Pero la experiencia desmiente esa independencia social de las burocracias. Este segmento conforma capas autónomas muy conectadas con las clases dominantes. Siempre administran el estado en sintonía con los grandes grupos empresariales.

Es cierto que las elites configuran un segmento específico con objetivos propios, que afronta distintos conflictos con las fracciones financieras, industriales o comerciales del capital. Pero están asociadas con la burguesía y comparten los mismos principios de enriquecimiento, lucro y explotación. Por eso se oponen a cualquier proyecto que afecte la continuidad del sistema vigente (Miliband, 1997: cap 1).

La crema del funcionariado aspira a transformarse en capitalista para reforzar su poder con la propiedad de los medios de producción. El manejo del estado le permite ubicarse en un status privilegiado, pero sólo como dueños de las fábricas y los bancos pueden estabilizar esas ventajas y transmitirlas a sus herederos. La burocracia es imitadora y no rival de la burguesía.

¿Dos desarrollismos?

En el plano político los autores progresistas contraponen sus proyectos democrático-estatales con las variantes conservadoras del desarrollismo. Consideran que en el caso de Brasil esa disputa se ha procesado dentro de los gobiernos de Lula-Dilma y apuestan a ganar la partida al interior del Partido de los Trabajadores (Pomar, 2013b).

Pero el propio retrato que presentan de ese partido contradice esa expectativa. Describen una organización que surgió con proyectos socialistas y se convirtió en una maquinaria electoral entrampada en la preservación del status quo.

Partiendo de esa caracterización no explican cómo podría el PT retomar un rumbo de izquierda. Esa organización se ha incorporado al mundo de las grandes empresas, forjó alianzas con las oligarquías provinciales y utiliza el voto clientelar. Participa de la financiación oscura de la política, redujo la gravitación del sindicalismo obrero y potenció el peso de los hacendados y los multimillonarios (Rocha, 2014; Berterretche, 2014).

Los teóricos social-desarrollistas igualmente argumentan que las mejoras sociales obtenidas en la última década podrían proyectarse al plano de la justicia, el funcionamiento del estado y la democratización de los medios de comunicación. Consideran que esas asignaturas pendientes serán encaradas en la próxima etapa, si se logra revertir la hegemonía cultural que mantiene la derecha (Pomar, 2013a: 62-63, 94).

Pero esa extensión requeriría afectar los intereses capitalistas y el PT no muestra ninguna disposición a involucrarse en esa confrontación. Por esa razón está amenazada la propia continuidad (o profundización) de los logros sociales. Este peligro surge de la estrecha asociación que mantiene el gobierno con los grandes grupos empresarios.

Los defensores del giro democrático-desarrollista presentan la política exterior como un ejemplo de realizaciones posibles que podrían ampliarse a otras esferas. Describen la promoción de la multilateralidad, la autonomía frente a Estados Unidos y la diversificación de la diplomacia hacia los países del Sur. Consideran que en este plano se verificó la compatibilidad de las iniciativas empresariales y populares (Pomar, 2013a: 98-128).

Pero las misiones comerciales, las inversiones externas, los créditos del BNDES apuntaladas por Itamaraty no han sido innovaciones del PT. Esa cancillería acumula una larga trayectoria de intervenciones externas sin componentes populares.

La diplomacia de la última década ha seguido el modelo del PSOE español, que se convirtió en un lobista de las firmas ibéricas en el exterior. Lula ha emulado a Felipe González como intermediario de los negocios y transformó al PT en un organizador de empresas con proyecciones globales (especialmente en Latinoamérica y África).

Esta mutación es omitida con elogios a la recuperación de tradiciones nacionalistas favorables a la integración regional y a la democratización de las relaciones internacionales (Pomar, 2013a: 98-128).

Pero esta caracterización no condice con la ocupación militar de Haití. En esa intervención Brasil actúa en sintonía con Estados Unidos en el ordenamiento del hemisferio. Las tropas brasileñas han permanecido en la isla en medio de contundentes denuncias de complicidad con la represión y la tragedia social imperante. En los hechos Itamaraty ha buscado demostrar que puede asumir responsabilidades en la custodia del status quo regional (Chalmers, 2014).

El giro internacional conservador del PT se ha verificado también en su intento de limitar la presencia de las corrientes radicales en organismos de fuerzas progresistas (como el Foro de Sao Paulo). Por ejemplo, en el XVII encuentro de esa entidad suscitó una gran controversia su veto a dos organizaciones de este tipo (Marcha Patriótica de Colombia y Libre de Honduras).

Expectativas regionales

El modelo social-desarrollista está concebido a escala regional. Sus promotores estiman que el fortalecimiento del MERCOSUR y la conformación de un bloque geopolítico autónomo son condiciones básicas para el desarrollo con inclusión social.

¿Pero el enlace regional torna más realizables las metas que no se han alcanzado en cada nación? ¿Por qué razón el capitalismo regional corregiría esas carencias? La principal respuesta realza la mayor escala de los mercados y la creciente capacidad de negociación internacional de un bloque zonal.

Pero olvida que esa extensión no desactiva los intereses centrípetos de los distintos grupos empresarios. Las burguesías brasileña, argentina o colombiana continúan privilegiando los negocios internacionales que han forjado a lo largo de siglos, en desmedro de un mercado latinoamericano común.

La existencia del MERCOSUR (o UNASUR) demuestra que esos sectores también trabajan junto a las empresas transnacionales en el ámbito regional. Los intercambios comerciales y las inversiones en esta área son muy superiores al pasado. Pero hasta ahora, no existe el menor indicio de tendencias a la amalgama de los capitalistas latinoamericanos, en un conglomerado social convergente.

A diferencia de Europa ni siquiera despunta la aparición de un proto-estado regional unificado con monedas, cancilleres o parlamentos comunes. Tampoco hay esbozos de ejércitos, banderas o himnos compartidos. A diferencia del Viejo Mundo, América Latina siempre fue una región subordinada al capitalismo mundial y ese status no ha cambiado en el siglo XXI. La reinserción global de la zona como exportadora de materias primas ha recreado parcialmente ese sometimiento y socava los intentos de forjar asociaciones regionales autónomas.

Por esta razón, el MERCOSUR nunca despegó y actualmente enfrenta renovados obstáculos para su desenvolvimiento. También el equilibrio político consensuado dentro de UNASUR -entre gobiernos muy disímiles- empuja a este organismo a una periódica inacción .

Algunos pensadores estiman que América Latina igualmente puede alumbrar su propia variante de capitalismo regional progresista, si se incorpora al bloque contra-hegemónico que lideran China y Rusia, en el nuevo escenario de la multipolaridad. Los BRICS son vistos como el principal laboratorio de un nuevo polo coordinado de capitalismo de estado. Esperan que Brasil construya el puente de la región con las futuras potencias (Pomar 2013a: 14-15, 51-53, 65).

Pero basta observar la relación que ha establecido la principal economía en ascenso del mundo con América Latina para desmentir esas creencias. China incrementó en forma significativa su intercambio con la región y el volumen total del comercio pasó de 10 billones (2000) a 257 billones de dólares (2013). Pero casi todas las ventas al gigante asiático están compuestas por cereales, minerales y soja y el 91% de las compras son productos manufacturados. Este mismo patrón rige para la sub-potencia brasileña.

A pesar de la mejora en los términos de intercambio registrada en la última década, el patrón comercial de Latinoamérica con China tiende a repetir los viejos desbalances que afectan a la región. Ya son numerosas las comparaciones del esquema actual con el modelo impuesto por Gran Bretaña en el siglo XIX. Ese curso primarizó a la región y bloqueó su desarrollo industrial (Ventura, 2014).

La reaparición de las tradicionales disparidades entre el centro y la periferia impide la concreción de una variante cooperativa del capitalismo de estado. Muchos estudiosos de las relaciones de América Latina con China describen la asimetría estructural que se ha creado entre ambas regiones (Martins, 2011).

Esta misma desigualdad se verifica en torno a los BRICS, que impulsan emprendimientos financieros (como el reciente banco de desarrollo), sin alterar la brecha que separa a las potencias industriales (China) o militares (Rusia) de los proveedores de materias primas (Brasil).

¿Un paso hacia el socialismo?

Algunos enfoques vislumbran el ambicionado capitalismo progresista como un anticipo del socialismo. Consideran que el MERCOSUR y la relación con China pavimentarán el camino hacia la sociedad igualitaria. Observan estas iniciativas como eslabones de un proceso global, que inclinará la balanza global a favor de los proyectos populares resistidos por las elites occidentales.

¿Pero cómo podría gestarse ese amortiguador con organismos interesados en mantener lazos privilegiados con las empresas transnacionales? Ese tipo de conexión predomina en la actualidad en todos los modelos de capitalismo vigentes.

En los años 80 se concebía otra transición a través de un Nuevo Orden Económico Internacional sostenido por la URSS. El propio concepto de capitalismo de estado (o capitalismo monopolista de estado) fue perfeccionado durante ese periodo con interpretaciones muy variadas. En algunas visiones era visto como un adversario del bloque soviético y en otros era interpretado como un nexo hacia la extensión internacional del socialismo (Inozémtsev, Mileikovski, 1980; Valier, 1978).

Las miradas actuales se alejan de ese enfoque, pero señalan que la preparación actual del socialismo transitará en América Latina por cursos neo (o social) desarrollistas de capitalismo. Con ese fundamento aprueban a los gobiernos de centroizquierda, estimando que esas administraciones consolidan la autonomía diplomática requerida para apuntalar la etapa pre-socialista. También destacan cómo esas administraciones limitan la preeminencia de gobiernos pro-estadounidenses y contribuyen a frenar las conspiraciones derechistas contra Bolivia y Venezuela (Pomar 2013a: 39, 47, 54, 56).

Pero esa contención incluye un componente de tutela conservadora para neutralizar los procesos más avanzados de la región, que es omitida por los social-desarrollistas. Evitan considerar las consecuencias de las medidas exigidas para forjar el capitalismo regional.

Esta construcción aporta ciertos blindajes externos a los procesos políticos antiimperialistas, pero exige limitar sus niveles de radicalización. Este acordonamiento no es novedoso. Todas las revoluciones afrontaron ese cerrojo y las victorias se lograron sorteando esas presiones.

Una forma de obstruir la radicalización es relegar al ALBA a un rol testimonial, estimando que sólo la UNASUR está disponible para ejercitar alguna acción efectiva en la región. Los autores que aceptan esa política reconocen la simpatía de toda la izquierda con el primer proyecto, pero subrayan la imposibilidad de extenderlo (Pomar 2013a: 41-43, 58, 194).

Esa mirada omite que dentro de UNASUR hay varios gobiernos explícitamente reaccionarios. Por esa razón ese organismo sólo puede aportar un paraguas defensivo frente al acoso imperial, pero nunca apuntalará la dinámica antiimperialista que necesita América Latina, para abrir un cauce hacia el socialismo.

Propuestas incompatibles

La expectativa de arribar paulatinamente al socialismo una vez concluida la fase previa de capitalismo estatal retoma la vieja estrategia de las etapas, que desde los años 40 postularon muchos Partidos Comunistas. Esta teoría jerarquizaba la batalla contra los latifundistas y esperaba actitudes progresistas del empresariado nacional.

Los social-desarrollistas conocen esa frustrada experiencia pero evitan juzgarla. Se limitan a proponer su repetición, con la esperanza que el tiempo transcurrido impida una nueva decepción. No aclaran cómo se eludiría ese resultado transitando por el mismo camino (Pomar 2013a: 27-29, 35).

Es evidente que el socialismo nunca llegará si se afianza el capitalismo. Un sistema es incompatible con el otro. El principio básico del primer régimen es la igualdad y el cimiento del segundo es la explotación. Cualquier proyecto de transición al socialismo requiere el declive y no la extensión del capitalismo.

Para forjar variedades de este último sistema hay que desenvolver prósperos negocios que apuntalen las fortunas de las clases dominantes. Ese proceso consolida privilegios que alejan la esperanza de socialismo.

En el pasado la alianza con las burguesías no condujo al reemplazo del modelo agro-exportador por procesos exitosos de industrialización. Por esta razón tampoco se verificó el siguiente paso de maduración económica previa del pos-capitalismo. La supervivencia del sistema actual recreó distintas modalidades de acumulación.

Muchos autores progresistas también supusieron que la burguesía se resignaría a suscribir alianzas desfavorables a su propio futuro, ante la imposibilidad de detener un curso socialista inevitable de la historia. Pero en los hechos muy pocos patrones se sometieron a ese mandato teleológico y continuaron preservando el sistema que los beneficiaba.

En esos años también se imaginaba que el patriotismo de los capitalistas favorecería desenlaces socialistas. Esta expectativa era particularmente intensa en las coyunturas bélicas o en los momentos de agresión neo-colonial. Pero siempre se corroboró una predilección opuesta de las clases opresoras a aceptar la dominación extranjera para preservar sus privilegios.

En todas esas variantes el socialismo era concebido como un norte visible, al cabo de ciertos años o décadas de prosperidad capitalista nacional. Este enfoque ha perdido actualmente esa vieja temporalidad. Los social-desarrollistas no sugieren en qué momento comenzaría el pasaje del capitalismo de estado a la sociedad igualitaria.

Como presuponen que ese estadio requiere la consolidación previa de un modelo capitalista regional la fecha en juego resulta inimaginable. Si el capitalismo latinoamericano aún no fue parido, tampoco es posible concebir cuándo emergerá su sucesor.

La correlación de fuerzas

Otro argumento para preceder la batalla por el socialismo con modelos de capitalismo resalta la necesidad de cambiar las relaciones de fuerza actualmente adversas (Pomar 2013a: 14-15).

Al cabo de dos décadas de neoliberalismo, el escenario mundial de repliegue que describe ese diagnóstico es indiscutible. Pero un cambio de ese contexto dependerá de luchas sociales victoriosas que permitan frenar los atropellos de las clases dominantes.

La correlación de fuerzas sólo mejoraría con ese resultado y no con la aparición de otro modelo capitalista. Un esquema desarrollista no es sinónimo de avances sociales. Basta recordar que en los años 60 varias dictaduras sudamericanas adoptaron ese perfil económico, para constatar la inexistencia de esa identidad.

Las miradas social-desarrollistas de la correlación de fuerzas no retratan el estado de la confrontación entre trabajadores y patrones, sino la presencia de modelos más o menos favorables al capitalismo de estado. En estas interpretaciones no se evalúa cuántas conquistas obtienen o pierden los asalariados, sino qué sector de la burguesía predomina. Si los industriales monitorean el sistema, el veredicto es auspicioso y si predominan los financistas, el juicio es sombrío.

Este abordaje postula una simplificada contraposición entre neoliberales y neo-desarrollistas. Si la economía se estanca, aumenta la pobreza y se expande la desigualdad es por la primacía del primer grupo. Cuando prevalecen tendencias opuestas todos los méritos son asignados a la segunda corriente. El escenario objetivo del capitalismo y el desenlace de las luchas populares que explican ambas coyunturas quedan relegados, frente a esa forzada contraposición binaria.

Con ese criterio cualquier consideración de la correlación de fuerzas se torna arbitraria. Además, se suelen potenciar la adversidad de los escenarios para realzar la necesidad de alianzas con los capitalistas, que atemperen la debilidad de los oprimidos. El análisis real de las derrotas o victorias de los movimientos populares queda sometido a un filtro, que dirime cuánto apuntalan u obstruyen esas acciones la gestación del capitalismo progresista.

Con este enfoque las discusiones de la izquierda pierden la brújula. Los elogios al capitalismo social-desarrollista permiten establecer diálogos con los economistas del sistema que ignoran, rechazan u omiten referencias al socialismo. Pero el intercambio se torna más complejo con los marxistas que cuestionan al capitalismo y apuestan a su erradicación.

La sustitución del programa socialista por convocatorias a una etapa común con la burguesía induce a la adopción de las preocupaciones de las clases dominantes. El cuestionamiento de la explotación es sustituido por impugnaciones del libre-comercio y las objeciones al capitalismo como sistema son reemplazadas por críticas a sus modalidades financieras, a las ganancias excesivas o a la escasa regulación. La competitividad es aceptada como principio e incluso convertida en la prioridad de toda la sociedad.

La trayectoria de las corrientes social-demócratas ilustra esta involución. Luego de asumir la necesidad del capitalismo comenzaron a participar en la administración de los lucros que genera este sistema. En la actualidad su mimetización con los representantes de la burguesía es total.

Discutir sin prevenciones

Algunos autores social-desarrollistas consideran que los debates sobre estrategias socialistas no deben traspasar los límites nacionales. Suponen que cada pueblo construye su propio camino sin contrastarlo con otras experiencias. Por eso objetan cualquier contraposición “dicotómica” entre izquierdas socialdemócratas y radicales. Estiman que cada variante se corresponde con las peculiaridades de su país y convocan a un desarrollo convergente de ambas vertientes (Pomar 2013a: 15, 24-25, 56, 59, 49).

Pero la historia de los procesos revolucionarios ilustra todo lo contrario. Estos cursos prosperaron a través de controversias entre fuerzas adversas. Esa diferenciación permitió a los bolcheviques superar a los mencheviques, a Mao romper con Chang Kai Shek y a Fidel Castro desembarazarse de los gusanos.

Ciertamente el momento actual no se equipara con esos períodos, pero rigen los mismos contrapuntos y la misma necesidad de clarificarlos, si se aspira a promover algún rumbo socialista. Este esclarecimiento transita por una diferenciación entre proyectos estratégicos pro y anticapitalistas.

Nadie discute que la transición al socialismo será un proceso prolongado que incluirá complejas disputas entre el plan y el mercado. Pero esa contraposición sólo puede desenvolverse en una sociedad que comenzó la erradicación del capitalismo y no al interior de este sistema.

Claudio Katz es economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI.

Referencias:
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- Carneiro. Ricardo de Medeiros, (2012a), “Velhos e novos desenvolvimentismos”, Economia e Sociedade, Campinas, v. 21, dez.
- Castelo, Rodrigo, (2012), “O novo desenvolventismo e a decadencia ideológica do pensamento económico brasileño”, Serviço Social e Sociedade, n 112, outubro-dezembre, Sao Paulo.
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- Dos Santos, Theotonio, (2008), La teoría de la dependencia un balance histórico y teórico, Los retos de la globalización, UNESCO, Caracas, Venezuela.
- Fiori, José Luis, (2011), “A miseria do novo desenvolvimentismo”, www.cartamaior.com.br, 30/11.
- Fiori, José Luis, (2012a). “O desenvolvimentismo de esquerda”, Jornal Valor Econômico, 29/02.
- Fiori, José Luis, (2012b), “Desenvolvimentismo e dependencia”, 29/3.
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- Guillén, Arturo, (2007), “La teoría latinoamericana del desarrollo”, Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, Buenos Aires, CLACSO.
- Guillén, Arturo, (2013). “América Latina: Neoliberalismo, políticas macroeconómicas y proyectos nacionales de desarrollo”, www.redceslsofurtado.edu.mx
- Inozémtsev N, Mileikovski A, (1980), Economía política del capitalismo monopolista contemporáneo, Editorial Progreso, Moscú.
- Katz, Claudio, (2014a), ¿Qué es el neo-desarrollismo? II Una visión crítica. Argentina y Brasil, www.lahaine.org/katz, 16/6.
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- Katz, Claudio, (2208), Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires.
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- Wierzba, Guillermo, (2014) www.cefid-ar.org.ar/documentos.

Notas:
1) En Brasil: Carneiro, (2012a). En Argentina: Amico, Fabián; Fiorito, Alejandro, (2014), Wierzba, Guillermo (2014). En México: Guillén (2013).
2) Esta evaluación se fundamenta en las investigaciones de Dos Santos, Theotônio (2011).
3) También aquí se inspiran en los trabajos de Dos Santos, Theotonio (2008).
4) Nuestro balance en: Katz (2014a). También: Castelo (2012)
5) Nuestra visión en Katz (2014b)
6) Analizamos estos dos casos en Katz, Claudio, “Los dilemas de Venezuela” y Katz Claudio, “Las sorpresas de Bolivia” (próxima difusión).
7) Fiori describe esas contradicciones en orientaciones que auspician contradictorias políticas de industrialismo y exportación de recursos naturales o incrementos de la competitividad y mejoras del poder compra, con iniciativas monetario-fiscales expansivas y austeras. Fiori (2011, 2012a, 2012b).
8) Guillén (2013). Otros pensadores cercanos a la escuela brasileña de UNICAMP postulan enfoques endogenistas, que enfatizan la gravitación de los determinantes internos en el subdesarrollo.
9) Nuestro enfoque en: (Katz, 2008: cap 5)

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Las noticias más censuradas 2013-2014 (Mención Honrosa 2): Pacientes de minoría negro-latina tienen altas tasas de mortalidad en centros de urgencia

Ernesto Carmona (PROYECTO CENSURADO, especial para ARGENPRESS.info)

Un estudio en 181 centros de trauma (primeros auxilios de urgencia por accidentes) investigados a través de Estados Unidos por académicos de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins descubrió una gran disparidad entre altas tasas de mortalidad entre pacientes de centros que atienden principalmente a minorías negro-latinas, en comparación con los índices letales más bajos de las postas de primeros auxilios que atienden primordialmente a enfermos blancos (1).

La explicación radica en que los pacientes de centros que atienden principalmente a blancos están a cargo de personal mejor entrenado, en instituciones dotadas de tecnologías más recientes y eficaces y con mayor con acceso a especialistas óptimos y a servicios más eficientes. Estos centros de trauma obtienen mejores resultados y muchos de sus pacientes están asegurados o tienen capacidad económica para permitirse más gastos en asistencia médica de emergencia.

En contraste, los centros de trauma que sirven principalmente a pacientes de la minoría negro-latina tienen menos recursos económicos disponibles para usar en mejores equipos médicos, en calidad de personal y mantenimiento. Esta discrepancia en la financiación de los centros de trauma de diversas vecindades conduce a muertes innecesarias que se podrían evitar en centros de trauma financiados adecuadamente.

Adil Haider, profesor asociado de cirugía en la facultad de medicina de la Universidad John Hopkins y autor importante del estudio, dijo que la nueva investigación puede ayudar a contestar una antigua pregunta: ¿la razón de la disparidad se encuentra en la biología o el historial médico del paciente, o en la atención que el hospital otorga a ese paciente? El estudio, dijo Haider, sugiere que los hospitales desempeñen un papel más relevante. “No son apenas diferencias entre los pacientes”, dijo. “Todos los pacientes, de todas las razas, mejoran en los centros de trauma que tratan a la población de la mayoría blanca, así que esta investigación nos dice que necesitamos dirigir la atención a los hospitales con altas tasas de mortalidad para ayudarles a mejorar sus resultados, o nunca seremos capaces de volcar esta situación”.

Haider indicó: “No puede continuar siendo el caso que el color de la piel de un paciente determine si él o ella sobrevivirá a una lesión seria”. Los centros de trauma en las áreas que tienen una mayoría de pacientes que no pueden permitirse el seguro o pagar cuentas médicas -típicamente los pacientes de la minoría étnica afro-latina-, no están discriminando contra sus pacientes según la raza o privilegios, pero esos establecimientos se financian bastante inadecuadamente y debido a esto, los pacientes sufren muertes que se podrían prevenir con una financiación apropiada.

Notas:
1) Adil H. Haider et al., “Minority Trauma Patients Tend to Cluster at Trauma Centers with Worse-Than-Expected Mortality: Can This Phenomenon Help Explain Racial Disparities in Trauma Outcomes?,” Annals of Surgery 258, issue 4 (October 2013): 572-81, http://journals.lww.com/annalsofsurgery/Abstract/2013/10000/Minority_Trauma_Patients_Tend_to_Cluster_at_Trauma.7.aspx. See also “Higher Death Rates in Centers Treating More Minority Patients May be Due to Financial Strains,” Johns Hopkins Medicine, September, 12, 2013, http://www.hopkinsmedicine.org/news/media/releases/study_shows_trauma_centers_serving_mostly_white_patients_have_lower_death_rates_for_patients_of_all_races.
 Ibid.

Fuente:
“Trauma Centers Serving Mostly White Patients Have Lower Death Rates for Patients of All Races,” Science Daily, September 11, 2013, http://www.sciencedaily.com/releases/2013/09/130911125005.htm.

Estudiantes investigadores:
Maria Gutierrez Muñoz, J. P. Carrillo, Ashley O’Brien, Jessica Lozano, and Ian Levy (Santa Rosa Junior College)

Evaluador académico:
Susan Rahman (Santa Rosa Junior College)

Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno, jurado del Proyecto Censurado.

Ver también:
- Hoy se publican las 25 noticias más censuradas en 2013-2014
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (02): Los gobiernos que más se benefician con ayuda de Estados Unidos practican la tortura
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (03): La gran prensa ignoró denuncia de WikiLeaks sobre el Tratado Trans-Pacífico (TTP)
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (04): Corporaciones proveedoras de Internet amenazan su neutralidad
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (05): Banqueros de Wall Street tienen apoyo pese a sus crímenes mayores
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (06): Estado profundo. “Gobierno sin referencias al consentimiento del gobernado”
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (07): FBI ignoró planes contra líderes Occupy mientras la NSA y el gran capital daban golpes a los disidentes
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- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (11): Mega corporaciones y multimillonarios financian y dirigen las conclusiones de los think thanks
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (12): El Pentágono rebalsa dinero pese a severos problemas de auditoría
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- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (16): Pollos muertos en el “Bucle de Retroalimentación del Forraje” en la industria de la carne
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (17): 2016 encontrará a Gaza sin agua potable
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- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (22): Los grandes medios minimizan la violación sexual
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (23): Recórd de población penal condenada a perpetua en Estados Unidos
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (24): “Justicia restaurativa” avanza en las escuelas-cárcel de los pobres
- Las 25 noticias más censuradas 2013-2014 (25): “Chaptered Out”: el Pentágono despide a los militares discapacitados
- Las noticias más censuradas 2013-2014 (Mención Honrosa 1): En crisis siria grandes medios muestran sus ataduras con industrias militar y de inteligencia

Proyecto Censurado, Project Censored, Censored, Ernesto Carmona, Universidad Sonoma State, Sonoma State University, Peter Phillips, Estados Unidos, Censura, Medios de Comunicación

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Los 70 años de Bretton Woods, del Banco Mundial y del FMI (parte 12): Las falacias teóricas del Banco Mundial

Eric Toussaint (CADTM)

El Banco Mundial pretende que para progresar, los PED |1| deben recurrir al endeudamiento externo y atraer las inversiones extranjeras. Este endeudamiento sirve principalmente para comprar bienes de equipamiento y de consumo a los países más industrializados. Los hechos han demostrado día tras día, durante décadas, que esto no funciona. Los modelos que han influenciado la visión del Banco Mundial conducen naturalmente a los PED a una fuerte dependencia de los aportes externos de capitales, en general en forma de préstamos, con la ilusión de alcanzar un nivel de desarrollo autosostenido. Los proveedores de fondos públicos -gobiernos de los países industrializados y el Banco, en particular- consideran los préstamos como un poderoso medio de influencia sobre los países que se endeudan. Las acciones del Banco no se resumen en una sucesión de errores o de malas jugadas. Al contrario, son parte de una visión coherente, teorizada, sistematizada, que se enseña doctamente en la mayoría de las universidades. Centenares de libros de economía del desarrollo la destilan. El Banco ha producido toda una ideología del desarrollo. Cuando los hechos la desmienten, el Banco no la vuelve a considerar. Al contrario, intenta deformar la realidad para continuar protegiendo el dogma.



En el curso de los primeros diez años de su existencia, el Banco generó muy pocas reflexiones sobre el tipo de política económica que debía mantener con los países en desarrollo. Se explica por varias razones: porque 1) esto no formaba parte aún de sus prioridades. En 1957, la mayoría de los préstamos del Banco (52,7 %) se concedían a países industrializados; |2| 2) la matriz teórica de los economistas y dirigentes del Banco era de inspiración neoclásica, teoría que no atribuye un lugar específico a los PED; |3| 3) hasta 1960, cuando se creó la Asociación Internacional de Desarrollo (AID), no se había dotado de un instrumento específico para prestar dinero a bajo interés a los países en desarrollo.

El Banco trabajó poco la teoría, pero ello no le impidió criticar a los otros. Así, en 1949 criticó un informe de la comisión de las Naciones Unidas para el empleo y la economía que defendía la inversión pública en la industria pesada de los PED. El Banco objetó que los poderes públicos de los PED ya tienen bastante que hacer con la realización de buenas infraestructuras y que deben dejar la responsabilidad de la industria pesada a la iniciativa privada local y extranjera. |4|

Según Mason y Asher, historiadores del Banco Mundial, su orientación partía del postulado de que los sectores público y privado deben desempeñar papeles diferentes. El sector público debe asegurar el desarrollo planificado de una infraestructura adecuada: ferrocarril, carreteras, centrales eléctricas, instalaciones portuarias y medios de comunicación en general. Al sector privado le corresponde la agricultura, la industria, el comercio y los servicios personales y financieros, puesto que se da por sentado que en todos estos ámbitos la iniciativa privada obtiene mejores resultados que el sector público. |5| En realidad, hay que ceder al sector privado todo lo que puede producir un beneficio. En cambio, las infraestructuras son actividades del sector público porque la cuestión es socializar los costes, en beneficio del sector privado. En resumen, El Banco Mundial recomienda la privatización de los beneficios, combinada con la socialización de los costes de lo que no es directamente rentable.

Una visión del mundo conservadora y etnocéntrica

La visión del Banco está marcada por diversos prejuicios conservadores. En los informes y discursos de sus primeros quince años de existencia, se refería regularmente a regiones atrasadas y subdesarrolladas, lo que ya es todo un programa. Sobre las causas del subdesarrollo, el Banco adoptó un enfoque etnocéntrico. Se puede leer en el octavo informe anual de Banco: «Las razones de que ciertas regiones del mundo no estén desarrolladas son numerosas y complejas. Muchas culturas, por ejemplo, conceden poco lugar al progreso material y, de hecho, algunas lo consideran incompatible con unos objetivos más deseables para la sociedad y para el individuo.» |6| La falta de deseo o de voluntad de progreso material y de modernización de la sociedad es presentada como una de las causas del atraso. El profundo respeto de los hindúes por las vacas resulta así un resumen que permite comprender el retraso de la India. A propósito de África, Eugene Black, presidente del Banco, declaró en 1961: «Aún a día de hoy la mayoría de los doscientos y pico millones de habitantes de África apenas comienzan a formar parte de la sociedad mundial.» |7| El carácter reaccionario de la visión del Banco Mundial no ha desaparecido del todo con el correr de los años. En el Informe sobre el Desarrollo en el Mundo de 1987 manifiesta: «En Principios de economía política (1848), John Stuart Mill evoca las ventajas que resultan del “comercio exterior”. Aunque haya pasado más de un siglo, sus observaciones siguen siendo tan válidas hoy como en 1848. Hablando de las ventajas indirectas del comercio, Mill dice: “... un pueblo puede estar en un estado letárgico, indolente, inculto, con todas sus aspiraciones satisfechas, adormecido, y no puede poner en acción todas sus fuerzas productivas por la falta de un objeto que desee. La aventura del comercio exterior, al hacerle conocer nuevos objetos u ofrecerle la tentación de adquirir objetos que hasta entonces no pensaba poder procurarse [...] alienta a quienes se contentaban con un poco de comodidad y un poco de trabajo a trabajar duro para satisfacer sus nuevos gustos, incluso a ahorrar y acumular capital.”» |8| El retorno al poder de los neoconservadores, con Bush en el gobierno desde 2001, ha fortalecido su carácter profundamente materialista y reaccionario. La nominación de Paul Wolfowitz, uno de los principales neocons, a la presidencia del Banco en el año 2005, ha consolidado esta orientación.

Lo que resulta sorprendente en los documentos del Banco y en la literatura en boga en materia de desarrollo, de los años 50 a los años 70 es el espacio dedicado a la planificación del crecimiento y del desarrollo (tanto en las economías industrializadas como en los PED). Hasta finales de los años 70, la presencia de la planificación se puede atribuir a varios elementos: 1) la voluntad de planificación -el planismo- surgida en el curso de la prolongada depresión de los años 30 como respuesta al caos provocado por el laissez-faire; 2) la necesidad de organizar la reconstrucción de Europa y Japón; 3) era el período de los treinta gloriosos, , caracterizado por un crecimiento económico sostenido, que había que dirigir y planificar; 4) los éxitos, comprobados o supuestos, de la planificación soviética, que ejercían una indudable atracción real hasta sobre los enemigos declarados del llamado bloque comunista. La planificación es un tema que fue totalmente ignorado a partir del comienzo de los años 80, con el retorno de la ideología y las políticas neoliberales.

Otra preocupación, muy presente al principio, pero que fue olvidada a partir de los años 80, era la decisión tomada por una serie de países latinoamericanos de recurrir a la sustitución de importaciones y la posibilidad (vista como una amenaza por la mayoría de los dirigentes de los países más industrializados) de que otros países, de reciente independencia, siguieran la misma vía.

Pasemos revista a varias aportaciones de economistas que tuvieron una influencia directa sobre el Banco y en el seno de este.

El modelo HOS (Heckscher-Olin-Samuelson)

La teoría de las ventajas comparativas de Ricardo fue reforzada en los años 30 por el análisis de los economistas suecos Heckscher y Olin, al cual se incorporó más tarde Samuelson (cuya síntesis se conoce como modelo HOS). Este modelo habla de «dotación en factores de producción» (trabajo, tierra y capital) y sostiene que todos los países tienen interés en especializarse en la producción y la exportación de bienes que utilicen con mayor intensidad el factor de producción más abundante en ellos -que también es el más barato-. Gracias al librecambio, se operará la equiparación de la remuneración de los factores en todo los países que lo practiquen (el factor abundante -exportado- se hace escaso y por lo tanto se encarece; el factor escaso -importado- abunda y en consecuencia se abarata). La especialización establecerá una distribución óptima de los factores en un mercado mundial homogeneizado. Según esta óptica, la búsqueda de la máxima integración del mercado mundial sería una apuesta ganadora y un juego de suma positiva para todos los participantes. Diversas investigaciones efectuadas más tarde, especialmente por Paul Krugman, |9| para verificar la pertinencia del modelo HOS han demostrado que éste no se ajusta a la realidad.

Las cinco etapas del crecimiento económico según Walt W. Rostow

En 1960, Rostow |10| enumeró cinco etapas del desarrollo en su libro Las etapas del crecimiento económico, un manifiesto no comunista. |11| Para él, todas las sociedades se pueden clasificar en alguna de las cinco categorías, y deben seguir este itinerario.

La primera etapa es la sociedad tradicional, caracterizada por el predominio de la actividad agrícola. El progreso técnico es nulo, casi no hay crecimiento del producto y no se prevé un cambio de mentalidad.

Luego, la etapa previa al despegue, que ve nacer el desarrollo de los intercambios y de las técnicas, una evolución de las mentalidades que rompe con el fatalismo y un aumento del ahorro. Ha sido, de hecho, la evolución de las sociedades europeas entre el siglo XV y principios del siglo XVIII.

La tercera es la del despegue (take-off), una etapa crucial que corresponde a un salto cualitativo, con un aumento significativo del ahorro y de la inversión, así como al paso a un crecimiento acumulativo. |12|

La cuarta etapa es calificada de «marcha hacia la madurez»: el progreso técnico se impone en todas las actividades y la producción se diversifica.

En fin, la era del consumo de masas, que coincide con la quinta y ultima etapa. |13|

Según Rostow, en el nivel del despegue, la aportación de capitales exteriores (bajo forma de inversiones extranjeras o de crédito) es indispensable.

Este modelo se caracteriza por un esquematismo caricaturesco. Presenta el estado de desarrollo alcanzado por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial a la vez como objetivo a alcanzar y como modelo a reproducir. Asimismo, considera que el modelo de despegue de Inglaterra, donde se sucedieron la revolución agrícola y la revolución industrial, debe reproducirse en otras partes. Esto significa no tener en cuenta la historia concreta vivida por los demás países. No hay nada que demuestre que cada país tenga que pasar por las cinco etapas descritas.

Insuficiencia del ahorro y necesidad de recurrir a la financiación externa

Según el enfoque neoclásico, el ahorro es un requisito previo a la inversión y es insuficiente en los PED. De donde la insuficiencia del ahorro es un factor fundamental que explica el bloqueo del desarrollo. Paul Samuelson se basa, en Economics |14| en la historia del endeudamiento de Estados Unidos en los siglos XIX y XX para determinar cuatro etapas diferentes, que conducen a la prosperidad: nación endeudada, joven y emprendedora (de la guerra revolucionaria de 1776 a la guerra civil de 1865); nación endeudada madura (de 1873 a 1914); nueva nación acreedora (de la primera guerra mundial a la segunda); nación acreedora madura (años 60). Samuelson y sus émulos aplicaron al centenar de países que constituyen el Tercer Mundo, desde la última postguerra, el modelo de desarrollo de Estados Unidos desde finales del siglo XVIII hasta la Segunda Guerra Mundial, como si todos estos países tuvieran que imitar, lisa y llanamente, la experiencia estadounidense. |15|

En lo que respecta a la necesidad de recurrir al aporte de capitales extranjeros (en forma de préstamos o de inversiones), uno de los socios de Samuelson, Paul Rosenstein-Rodan, emplea la siguiente fórmula: «Los capitales extranjeros reforzarán la formación del capital nacional, es decir, serán íntegramente invertidos; la inversión generará un aumento de la producción. La principal función del ingreso de capitales extranjeros es ayudar a que la tasa de formación del capital nacional alcance un valor que pueda mantenerse sin ayuda exterior suplementaria.» |16| Esta afirmación es refutada por la realidad: no es verdad que los capitales extranjeros refuerzan la formación de capital nacional y son invertidos en su totalidad. Una gran parte de estos capitales se van rápidamente del país al que se dirigieron temporalmente (fuga de capitales, repatriación de los beneficios).

Otro error monumental: Rosenstein-Rodan, director adjunto (assistant director) del departamento económico del Banco Mundial entre 1946 y 1952, hizo predicciones sobre la fecha en la que una serie de países alcanzarían un crecimiento autosostenido. Vaticinó que Colombia llegaría a ese estadio en 1965, Yugoslavia en 1966, Argentina y México entre 1965 y 1975, India a principio de los años 70, Pakistán 3 o 4 años más tarde, Filipinas después de 1975. ¡Majaderías!

Destaquemos que esta definición de crecimiento autosostenido es utilizada con frecuencia por el Banco Mundial. En 1964, Dragoslav Avramovic, por entonces director del departamento económico del Banco, emitió la siguiente definición: «Se define el crecimiento autosostenido como el que implica una tasa de crecimiento de los ingresos del orden del 5 % anual, financiado por fondos gestionados dentro de las fronteras, así como por capitales extranjeros...» |17|

La planificación del desarrollo vista por el Banco Mundial y el establishment universitario estadounidense conduce a una impostura pseudocientífica, basada en ecuaciones matemáticas que tratan de dar legitimidad y credibilidad a la voluntad de hacer que los PED dependan del recurso a la financiación exterior. Veamos un ejemplo, formulado muy doctamente por Max Millikan y Walt Rostow en 1957: «Si la tasa inicial de inversión local de un país representa el 5 % del producto nacional, si los capitales extranjeros ingresan a una tasa constante equivalente a un tercio del nivel inicial de la inversión local, si el 25 % de todo ingreso suplementario es ahorrado y reinvertido, si la ratio capital/producto es 3 y si la tasa de interés de la deuda externa y los dividendos repatriados son equivalentes al 6 % anual, el país estará en condiciones de prescindir del préstamo neto externo después de catorce años, y podrá mantener una tasa de crecimiento del 3 % sobre la base de sus propios ingresos.» |18| ¡Otra necedad!

El modelo de doble déficit de Chenery y Strout

A mediados de los años 60, el economista Hollis Chenery, que unos años más tarde sería economista jefe y vicepresidente del Banco, |19| elaboró con su colega Alan Strout un nuevo modelo llamado «modelo de doble déficit», |20| partiendo de dos condiciones previas: primero, un ahorro interno insuficiente, y después una insuficiencia de divisas. Charles Oman y Ganeshan Wignarja resumen este modelo con los siguientes términos: «Por definición, las hipótesis del modelo de doble déficit son: que mientras en las etapas iniciales del crecimiento industrial un ahorro insuficiente puede constituir la principal limitación de la tasa de formación del capital nacional, una vez que la industrialización está bien encaminada, la limitación principal puede no ser ya el ahorro interno en sí mismo, sino la disponibilidad de divisas requeridas para importar bienes de equipamiento, bienes intermedios y quizás incluso materias primas empleadas como insumos industriales. El déficit de divisas puede así superar el déficit de ahorro como principal limitación del desarrollo.» |21| Para resolver este doble déficit, proponen una respuesta simple: pedir un préstamo de divisas o aumentar las exportaciones.

El modelo Chenery-Strout es muy matemático. Era lo que se estilaba. Tiene la ventaja, para sus partidarios, de otorgar credibilidad y apariencia de rigor científico a una política que sobre todo pretende incitar a los PED a recurrir masivamente al empréstito exterior y a las inversiones extranjeras, por un parte, y por otra a hacer depender su desarrollo de las exportaciones. El modelo fue objeto de muchas críticas en su momento. Citaremos la opinión de Keith Griffin y Jean Luc Enos, quienes afirman que el recurso a los aportes externos limitará el ahorro local: «Mientras el coste de la ayuda (por ejemplo, los intereses del préstamo externo) sea inferior al crecimiento marginal del capital y de la producción, a un país le convendrá endeudarse todo lo posible y a sustituir el ahorro local por el préstamo externo. En otras palabras, dado un objetivo a alcanzar en términos de tasas de crecimiento, la ayuda exterior permitirá un aumento del consumo y limitará el ahorro local a la diferencia entre la inversión deseada y el monto de la ayuda exterior disponible. En consecuencia, el fundamento de los modelos del tipo Chenery-Strout es endeble en la medida en que, en teoría, se debería encontrar una relación inversa entre la ayuda exterior y el ahorro interno.» |22|

La voluntad de incitar a los PED a recurrir a la ayuda exterior como medio de tener influencia sobre ellos

La política de ayuda bilateral y la del Banco están relacionadas con los objetivos políticos que persigue Estados Unidos en materia de asuntos exteriores.

Para Hollis Chenery: «El objetivo principal de la ayuda exterior, así como de otros instrumentos de política exterior, es producir a escala mundial el tipo de ambiente político y económico en el que Estados Unidos pueda perseguir en las mejores condiciones sus propios fines sociales.» |23|

En un libro titulado Las naciones emergentes: su crecimiento y Estados Unidos, Max Millikan |24| y Donald Blackmer, ambos colegas de Walt Rostow, describen con claridad, en 1961, ciertos objetivos de la política exterior estadounidense: «Es del interés de Estados Unidos ver emerger del proceso de transición unas naciones dotadas de ciertas características. En primer lugar, deben ser capaces de mantener su independencia, especialmente frente a poderes hostiles o potencialmente hostiles con respecto a Estados Unidos. [...] En cuarto lugar, deben aceptar el principio de sociedad abierta, en la cual sus miembros estén invitados a intercambiar ideas, mercaderías, valores y experiencias con el resto del mundo; esto implica que sus gobiernos deben estar dispuestos a comprometerse en disposiciones de control social, policial y económico necesarias para el funcionamiento de una comunidad internacional interdependiente», |25| bajo el liderazgo de Estados Unidos, naturalmente.

Más adelante, en el libro, señalan explícitamente cómo la ayuda se utiliza como instrumento para orientar la política de los países ayudados: «Para que la ayuda en capitales alcance una potencia óptima de incentivo con el fin de persuadir a los países subdesarrollados de que sigan una vía compatible con los intereses de Estados Unidos y del mundo libre, las sumas ofrecidas tienen que ser suficientemente importantes y las condiciones suficientemente flexibles para persuadir a los países receptores de que el juego vale la pena. Esto significa que debemos invertir unos recursos sustancialmente más importantes que hasta ahora en nuestros programas de desarrollo económico.» |26| (El resaltado es del autor).
Veremos más adelante que el volumen de los préstamos a los PED aumentó a un ritmo creciente en el curso de los años 60 y 70, como consecuencia de una política deliberada de Estados Unidos, de otros gobiernos de países más industrializados y de las instituciones de Bretton Woods destinada a influenciar las políticas del Sur.

Privilegiar las exportaciones

Chenery y Strout afirman en una de sus principales contribuciones que el recurso a la sustitución de importaciones constituye un medio admisible para reducir el déficit de divisas. |27| Después cambiaron de opinión, en un momento en el que la aplicación de políticas de sustitución de importaciones por algunos PED se convertía en uno de los principales temas de las críticas formuladas por el Banco, el FMI, la OCDE y los gobiernos de los más importantes países industrializados.

Es así como otros trabajos de economistas directamente asociados al Banco se dedicaron a valorar las tasas efectivas de protección de las economías y los sesgos resultantes en términos de utilización de recursos productivos y de rentabilidad de las inversiones. Preconizaban una orientación de las estrategias hacia las exportaciones, el abandono de las tarifas proteccionistas y, en general, una política más basada en los mecanismos de mercado para la fijación de precios. Bela Balassa, Jagdish Bhagwati y Anne Krueger |28| sistematizaron este enfoque y sus análisis marcaron la evolución de las instituciones internacionales, constituyendo el zócalo teórico de las medidas de apertura comercial propugnadas en las décadas de los años 80 y 90. Anne Krueger |29| escribió: «Un régimen de promoción de exportaciones puede liberar la economía del país del yugo del subempleo keynesiano, pues, al contrario del régimen de sustitución de importaciones, puede disponer de una demanda efectiva virtualmente infinita para sus productos en los mercados internacionales, y por lo tanto siempre puede tender al pleno empleo, a menos que haya una recesión mundial. Una economía pequeña orientada a la exportación será capaz de vender cualquier cantidad de bienes que produzca; en otras palabras, la capacidad de oferta del país será la única limitación.» |30| Siempre el mismo cuento.

Trickle-Down effect o el efecto derrame

El efecto escurrimiento o derrame es una metáfora trivial que ha guiado la actividad del Banco Mundial desde el principio. La idea es muy simple: los resultados positivos del crecimiento se derraman, beneficiando en primer término a los más ricos, pero al final llegan también a los más pobres. Así, éstos tienen interés en que el crecimiento sea lo más fuerte posible, pues de ello dependen las gotas de riqueza que les lleguen. En efecto, si el crecimiento es débil, los ricos retienen una parte mayor que cuando el crecimiento es fuerte.

¿Cuáles son las consecuencias para la conducta del Banco? Hay que favorecer a cualquier precio el crecimiento para que la escorrentía llegue a los más pobres. Toda política que frene el crecimiento en nombre de la redistribución de la riqueza (aunque sea parcial) o en nombre de la defensa del ambiente reduce el efecto derrame y causa un perjuicio a los pobres. La actitud de los dirigentes del Banco se guía en la práctica por esta metáfora, cualquiera que sea el discurso, más sofisticado, de algunos expertos. Los historiadores del Banco dedican una veintena de páginas a las discusiones sobre el trickle down |31| y reconocen que «esta creencia ha justificado unos esfuerzos duraderos para persuadir a los deudores de las ventajas de la disciplina, del sacrificio, de la confianza en el mercado y por ende de la necesidad de no caer en las tentaciones políticas». |32| Afirman que esta creencia ha caído en desgracia progresivamente, a partir de los años 70, por los violentos ataques de una impresionante cantidad de investigaciones sobre el tema, tanto en Estados Unidos como en los PED. |33| Pero revelan que en la práctica no se ha cambiado gran cosa, |34| sobre todo desde que en 1982 el trickle down recuperó su posición en el Banco. Evidentemente, el trickle down es inseparable de la cuestión de la desigualdad, que ahora abordamos.

La cuestión de la desigualdad en la distribución de la riqueza

A partir de 1973, el problema de la desigualdad en la distribución de los ingresos en los PED, como factor que influye sobre las posibilidades de desarrollo, comenzó a ser estudiado por el Banco. |35| El equipo económico dirigido por Hollis Chenery se dedicó a ello con un cierto brío. El libro más importante que el Banco dedicó al tema fue coordinado por el propio Chenery y se tituló Redistribución y crecimiento. |36| Se publicó en 1974. Chenery era consciente de que el tipo de crecimiento inducido por la política de préstamos del Banco generaba un aumento de la desigualdad. La preocupación del Banco fue expresada en muchas ocasiones de forma muy clara por Robert McNamara: si no se reduce la desigualdad, se asistirá a repetidas explosiones sociales y éstas perjudicarán los intereses del mundo libre, cuyo liderazgo ha asumido Estados Unidos.

Chenery no compartía el punto de vista expresado por Simon Kuznets |37| en los años 50, según el cual después de una fase necesaria de aumento de la desigualdad durante el despegue económico, ésta es posteriormente resorbida. La necesidad de ver crecer la desigualdad estaba muy arraigada en el Banco, como lo prueban las palabras de su presidente, Eugene Black, en abril de 1961: «La desigualdad de la renta depende necesariamente del crecimiento económico [que] da la posibilidad a la gente de escapar de una existencia en la pobreza.» |38| Sin embargo, los estudios empíricos realizados por el Banco en la época de Chenery desmienten las afirmaciones de Kuznets. |39| En el 2006, en el informe del Banco Mundial sobre el desarrollo en el mundo titulado Equidad y desarrollo se vuelve a hablar de la desigualdad como freno del desarrollo. |40| Su enfoque es considerado, en el mejor de los casos, como de buen marketing por James Wolfensohn (presidente del Banco entre 1996 y 2005) y por su sucesor, Paul Wolfowitz.

Notas:
1| El vocabulario para designar a aquellos países a los que el Banco Mundial destina sus préstamos para el desarrollo ha evolucionado en el tiempo: en un principio se empleó el término “regiones atrasadas”, después se pasó a “países subdesarrollados” para llegar al término “países en desarrollo” donde algunos de ellos son denominados “países emergentes”.
2| «El período durante el cual el Banco tenía una opinión sólida de la naturaleza del proceso de desarrollo, aunque poco hizo para alcanzarlo, se extendió, grosso modo, hasta el fin de los años 50, y coincidió con una fase de los préstamos del Banco en la que la mayoría de éstos se dirigían aún a los países desarrollados (en 1957, el 52,7 % de su financiación iba aún a estos países).» Nicholas Stern y Francisco Ferreira, «The World Bank as “intellectual actor”, 1997», en Devesh Kapur, John P. Lewis y Richard Webb, The World Bank, Its First Half Century, 1997, vol. 2, p. 533.
3| «Los instrumentos de análisis neoclásico se aplican en general, sin ninguna especificación, a las cuestiones que plantea el subdesarrollo. El subdesarrollo o el bloqueo del desarrollo no son objeto de un análisis sistemático en la teoría neoclásica», Gérard Azoulay, Les théories du développement, Presses Universitaires de Rennes, 2002, p. 38.
4| Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., ibid.
5| Edward S. Mason y Robert E. Asher, The World Bank since Bretton Woods, The Brookings Institution, Washington D.C., 1973, pp. 458-459.
6| World Bank (BIRD), 8th Annual Report 1952-1953, Washington D.C., 1953, p. 9.
7| Eugene Black, «Tale of Two Continents», Ferdinand Phinizy Lectures, delivered at the University of Georgia, April 12 , 1961, en Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 145. Eugene Black presidió el Banco de 1949 a 1962.
8| Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo en el mundo 1986, Washington D.C., 1987, p. 4.
9| La verificación del predominio de los intercambios entre economías dotadas de factores similares (intercambio de productos similares entre las economías más industrializadas) fue realizada por los trabajos de P. Krugman y E. Helpman durante los años 80.
10| Walt W. Rostow es un economista influyente y también consejero político de primer orden. Fue asesor de Robert McNamara durante la guerra de Vietnam. Se encuentran en la red algunas de las notas que remitiera a McNamara sobre la estrategia política y militar a seguir con respecto a Vietnam del Norte y sus aliados en 1964. Una nota titulada «Dispositivo militar y señales políticas», del 16 de noviembre de 1964, es particularmente interesante (http://www.mtholyoke.edu/acad/intre...). Es importante señalarla para enfocar la relación entre política económica y estrategia militar.
11| Walt W. Rostow, Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista, Fondo de Cultura Económica, México, 1961.
12| Señalemos que, según Rostow, Argentina ya había alcanzado la fase de despegue antes de 1914.
13| Siempre según Rostow, Estados Unidos llegó definitivamente a la etapa del consumo de masas justo después de la Segunda Guerra Mundial, seguido por Europa occidental y Japón. En cuanto a la URSS, técnicamente estaba preparada para alcanzarla pero debía aplicar un ajuste previo.
14| Paul Samuelson, Economics, McGraw Hill, Nueva York, 1980, 11ª edición, pp. 617-618.
15| Cheryl Payer, Lent and Lost. Foreign Credit and Third World Development, Zed Books, Londres, 1991, pp. 33-34.
16| Paul Rosenstein-Rodan, «International Aid for Underdeveloped Countries», en Review of Economics and Statistics, 1961, vol.43, p. 107.
17| Dragoslav Avramovic et al., Economic Growth and External Debt, Johns Hopkins Press for the IBRD, Baltimore, 1964, p. 193.
18| Max Millikan y Walt W. Rostow, A Proposal: Keys to An effective Foreign Policy, Harper, Nueva York, 1957, p. 158.
19| Hollis Chenery fue en 1970 asesor del presidente del Banco, Robert McNamara. En 1972 McNamara creó para él el cargo de vicepresidente vinculado al de economista jefe. Más tarde entró en la tradición. Ejerció las funciones de economista jefe y vicepresidente del Banco de 1972 a 1982. Es, hasta hoy, el economista que ha permanecido más tiempo como economista jefe; sus predecesores y sucesores se mantuvieron en el cargo entre 3 y seis años. Fuente: Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., en Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 2, p. 538.
20| Hollis B. Chenery y Alan Strout, «Foreign Assistance and Economic Development», en American Economic Review, 56, 1966, pp. 680-733.
21| Charles Oman y Ganeshan Wignarja, The Postwar Evolution of Development Thinking, OCDE, 1991, citado por Stéphanie Treillet, L’Économie du développement, Nathan, París, 2002, p. 53.
22| Keith B. Griffin y Jean Luc Enos, «Foreign Assistance: Objectives and Consequences», en Economic Development and Cultural Change, nº 18, 1970, pp. 319-320.
23| Hollis B. Chenery, «Objectives and Criteria of Foreign Assistance», en The United States and the Developing Economies, ed. G. Ranis, W.W. Norton, Nueva York, 1964, p. 81.
24| Max Millikan había sido miembro del Office of Strategic Services (OSS) y luego de la Central Intelligence Agency (CIA), su sucesora, y era director del CENIS (Center for Internacional Affairs) del Massachussets Institute of Technology, directamente relacionado con el Departamento de Estado.
25| Max Millikan y Donald Blackmer, The Emerging Nations: Their Growth and United States Policy, Little, Brown and Company, Boston, ed. 1961, pp. x-xi.
26| Ibid., pp. 118-119.
27| Hollis B. Chenery y Alan Strout, op. cit., pp. 682, 697-700.
28| Bela Balassa, Development Strategies in Some Developing Countries: A Comparative Study, John Hopkins University Press for the World Bank, Baltimore, 1971; Jagdish Bhagwati, Anatomy and Consequences of Exchange Control Regime, Ballinger for the National Bureau of Economic Research, Cambridge, 1978; Anne Krueger, Foreign Trade Regimes and Economic Development: Liberalization Attempts and Consequences, National Bureau of Economic Research, Nueva York, 1978.
29| Anne Krueger fue economista jefe y vicepresidenta del Banco desde 1982 (cuando Chenery fue destituido por Ronald Reagan, quien acogió en el Banco a los partidarios de su orientación neoliberal) hasta 1987.
30| Anne Krueger, Trade and Development: Export Promotion vs. Import Substitution, citado por Stéphanie Treillet, op. cit., p. 37.
31| Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, pp. 215-233.
32| Ibid., p. 218.
33| Ver en particular James P. Grant, «Development: The End of Trickle-Down», en Foreign Policy, vol. 12 (otoño de 1973), pp. 43-65.
34| Refiriéndose al período 1974-1981, dicen: «De las inversiones destinadas directamente a los pobres, la atención del Banco comenzó a dirigirse a un fortalecimiento de los beneficios indirectos destinados a ellos por el aumento del empleo en las ciudades. En efecto, esta estrategia recurrió al enfoque del derrame.», en Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 264.
35| A propósito del giro operado en 1981-1982, escribían: «La reducción de la pobreza dependerá en adelante del crecimiento y del efecto derrame.», en Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 336.
36| Hollis B. Chenery et al., Redistribution with Growth, Oxford University Press for the World Bank and the Institute of Development Studies, Londres, 1974.
37| Simon Kuztnets, «Economic Growth and Income Inequality», en American Economic Review, nº 49, marzo de 1955, pp. 1-28.
38| Citado por Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 171.
39| Recientemente, en su libro Le capital au XXIe siècle, Le Seuil, 2013, Thomas Piketty presentaba una crítica muy interesante a la curva de Kuznets. Piketty recuerda que en un inicio, el propio Kuznets dudaba de lo bien fundada que podía estar su curva, lo que no le impidió hacer una teoría con una larga vida.
De todos modos, después de la salida de Chenery en 1982 y su reemplazo por Anne Krueger, el Banco abandonó por completo la preocupación por el aumento o el mantenimiento de la desigualdad, a tal punto que se decidió no publicar más datos sobre el tema en el Informe anual sobre el desarrollo en el mundo. Anne Krueger, como veremos luego, no vaciló en retomar la curva de Kuznets por su cuenta, haciendo del aumento de la desigualdad una condición del comienzo del crecimiento ya que el ahorro de los ricos es capaz de alimentar las inversiones. Hubo que esperar la llegada de François Bourguignon como economista jefe, en el año 2003, para asistir a una reactivación del interés del Banco en esta cuestión.[[François Bourguignon, «The Poverty-Growth-Inequality Triangle», trabajo presentado en el Indian Council for Research on International Economic Relations, Nueva Delhi, 4 de febrero de 2004.
40| Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo en el mundo 2006, Equité et développement, Washington D.C., 2005. http://siteresources.worldbank.org/...

Éric Toussaint, portavoz del CADTM internacional (www.cadtm.org), es autor de varias obras, entre ellas: Bancocracia, Icaria, Barcelona, 2014; Procès d’un homme exemplaire, Édition Al Dante, Marsella, 2013; Banco Mundial: el golpe de Estado permanente. La agenda oculta del Consenso de Washington, Ediciones El Viejo Topo, Mataró (Barcelona), 2007, y una Tesis doctoral, presentada en 2004 a las Universidades de Lieja y de París VIII, titulada: «Enjeux politiques de l’action de la banque internationale pour la Reconstruction et le Développement et du Fonds Monétaire International envers le tiers-monde»http://cadtm.org/Enjeux-politiques-..., Además es coautor junto a Damien Millet de 60 preguntas, 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, Icaria Editorial, Barcelona, 2009; del libro colectivo La deuda o la vida, Icaria Editorial, Barcelona 2011 que tuvo el premio al libro político concedido por la Feria del libro político de Lieja.

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La tortura y la doble moral de Estados Unidos

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Como ha sido reseñado por los medios de información: “En una comparecencia ante el Comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la consejera legal del gobierno de Estados Unidos, Mary McLeod, reconoció nuevamente los abusos y brutalidad de los métodos empleados y de las condiciones de los presos en la cárcel situada en el territorio cubano ocupado de Guantánamo”. Esta no sería la primera vez que las autoridades estadounidenses admiten públicamente haberse “excedido” en su celo por descubrir células terroristas dentro y fuera de su territorio, amparadas en la Ley Patriota y otras medidas “legales” puestas en práctica luego del derribo de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. De igual modo, en la comparecencia ante el Comité de la ONU contra la Tortura en Ginebra se cuestionó lo hecho a más de 70 mil menores de edad indocumentados, hijos de inmigrantes básicamente latinoamericanos, cuyas detenciones y maltrato representan una clara violación a los derechos humanos por parte de este país.

Esto pone de relieve lo que ya todo el mundo conoce respecto a la situación padecida por los prisioneros de Estados Unidos en las cárceles de Abu Ghraib, en Iraq, y en el territorio usurpado de Guantánamo, en Cuba, incluyendo abusos sexuales y asesinatos de personas inocentes con sufrimiento extremo, sin presentarles cargos o llevarlos a juicio, y sin acceso -por supuesto- a los derechos fundamentales estipulados internacionalmente. Todo ello deja al descubierto -una vez más- la doble moral aplicada por los diferentes gobiernos gringos en su presunta lucha contra el terrorismo internacional y la defensa de la democracia y de los derechos humanos a nivel mundial. A ello habría que sumarle el espionaje a los mismos ciudadanos estadounidenses y el bloqueo económico impuesto arbitrariamente al pueblo cubano desde hace más de cincuenta años, siendo éste reforzado por cada gobierno estadounidense sin considerar que sus medidas pertenecen a un período histórico supuestamente superado.

Según la lógica de quienes gobiernan a Estados Unidos, dicho país tiene la alta responsabilidad de defender la “civilización occidental” y dirigir al mundo, según el “destino manifiesto”, por lo que todo lo haga, así resulte totalmente cuestionable por los demás, está justificado, por encima del bien y el mal, dada su condición de nación privilegiada de dios. Tal posición le ha permitido al imperialismo yanqui someter a censura de su parte a gobiernos que no están alineados con su política y sus intereses, llegando al límite de crearles una imagen malvada e irreal a través de la manipulación de los grandes medios de información, de manera que queden avaladas por la opinión pública las acciones injerencistas que tengan a bien emprender, como sucediera en Libia y ahora en Siria. Sin embargo, aún hay gente que termina por hacerse de la vista gorda ante las distintas atrocidades cometidas por el imperialismo gringo, sobre todo en lo que respecta a las últimas tres décadas, con sus invasiones neocolonialistas y el desconocimiento unilateral de la soberanía del resto de países, contando con la complicidad de los gobiernos de los países que integran la OTAN. Esto último podría revertirse si se contraataca la campaña de desinformación montada por el imperialismo yanqui, revelando la verdad de sus acciones a nuestros pueblos.

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Ética, periodística y también política

Ernesto Martinchuk (especial para ARGENPRESS.info)

El estado de desesperanza colectiva y el creciente divorcio entre el sistema político y las expectativas de la sociedad son los rasgos fundamentales de una crisis profunda que el país está atravesando. Crisis fundamentalmente de confianza.

La confianza de la sociedad impone un compromiso porque reclama estar a la altura de las circunstancias. La historia reciente registra ejemplos sobre los que vale la pena reflexionar. En 1983, al iniciarse el nuevo ciclo democrático, las encuestas de opinión indicaban que la dirigencia política, marginada durante los siete años de autoritarismo militar, encarnaba la renaciente esperanza de los argentinos.

Por ese entonces, los medios de comunicación social sufrían un cuestionamiento generalizado por su, en su gran mayoría, silencio durante esos años trágicos de nuestra historia.

La vida democrática y un clima –en general- de libertad de expresión, fue invirtiendo esa escala y tanto la dirigencia política, las estructuras partidarias y los tres poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sufrieron un proceso de erosión, cuyo punto culminante parece haber llegado hoy a partir de la reciente crisis en el Senado.

Estas últimas dos semanas hemos tenido a la Presidente, Cristina Fermández, enferma, y el cuestionado vicepresidente Amado Boudou, “borrrado” de la función pública. Tras la frustración de las expectativas favorables que rodearon al cambio de gobierno hace poco más de una década, la opinión pública percibe ahora que esa mal denominada “clase política”, que en 1983 aparecía como una alternativa de solución, ha defraudado la confianza que le había sido depositada por la sociedad.

Resulta, ahora, imprescindible que el periodismo argentino se mire en el mismo espejo de esta realidad para encontrar las claves que le permitan reflexionar profundamente acerca de la responsabilidad social que le compete en la Argentina de hoy.

La valoración de la Ética Periodística adquiere una nueva dimensión social que no es sólo un imperativo ineludible, de carácter estrictamente profesional, sino que pasa a convertirse en un componente fundamental para la recomposición de la ética pública, que no se agota en las obligaciones de políticos y funcionarios.

La cuestión es determinar cuál es el criterio de la moral en la sociedad, recomponer los valores sobre los que se asienta y que creencias la alimentan. La mejor justicia no se administra en los tribunales. Fluye del comportamiento individual y social, sin coerción judicial, arraigados por la tradición cultural.

En toda sociedad operan mecanismos de interacción entre los hombres guiados por principios superiores de moral y cultura, que se forman con la educación formal y la informal que surgen de todos los medios que alimentan el espíritu y la conciencia humana a través del rol de los medios de comunicación.

Más vale dar a los hombres buenas costumbres que leyes y tribunales. Las buenas costumbres se siembran en el hogar, que no es lo mismo que en la casa. Hogar es donde se forma el niño, con valores y ejemplos, luego la escuela las fertiliza, aquí se instruye el soberano y esa formación, la deben exaltar los medios de comunicación que deben prevenir las deformaciones que no sólo se hacen del idioma, sino de las costumbres.

Los medios tienen, en este momento, la responsabilidad de no destruir la formación del hogar y la instrucción que se imparte desde la escuela. Principios básicos de la vida social, como los de la justicia y la solidaridad deben regir la actuación de los medios de comunicación, que deben informar, pero también formar. Los medios crean el lenguaje de la comunicación, pero esta capacidad también tiene que ser responsable.

Los periodistas constituyen una fuerza intermedia entre el gobierno y el ciudadano, entre las acciones de los políticos y la falta de actividad organizada por parte del pueblo. Los medios tienen el deber de afirmar la Justicia. No son jueces ni deben reemplazarlos, pero si son docentes y tienen la obligación de cimentar los valores morales, sin compromisos con el rating o la venta de más ejemplares.

El periodismo, siempre se ha dicho, es un apostolado llamado a exaltar los ejemplos de vida, fomentando la solidaridad y distinguiendo lo bueno de lo malo. El soberano de las democracias modernas, no es sólo un Contribuyente que paga sus impuestos y un Ciudadano que vota. También es un ciudadano que quiere saber y formar su propio saber con autonomía.

El papel de la prensa que la gente valora es el de la fuente de información que no depende, ni del gobierno, ni de la dirigencia política porque intuye que a través del “periodismo militante” no son creíbles.

En temas como el desempleo, la corrupción, la inflación, el narcotráfico, la inseguridad y la educación, la prensa se encuentra frente al desafío de una responsabilidad que va más allá del mero cumplimiento del rol profesional de quienes ejercen el verdadero periodismo. Es una responsabilidad de orden cívico tan importante con la que le cabe a los legisladores, a los gobernantes y a los dirigentes. Todos constituyen un factor de confianza, o de pérdida de la misma, en las instituciones políticas de la sociedad.

Por eso la defensa de una Ética informativa al servicio de la exhibición lo más objetiva posible de los hechos, tiene que seguir siendo la misión impostergable de un periodista, con instrumentos viejos como: chequear la información, consultar distintas fuentes, caminar la calle y mantener distancia de los centros del poder político y económico.

A largo plazo siempre ganara la verdad. Tal vez el periodista pueda pensar en que su trabajo ha fracasado al suministrar material para la historia, pero la historia no fracasará mientras él esté con la verdad. La Ética, es la moral de la conciencia y lo hará intentar entender las motivaciones de todos los implicados en cada situación.

Ernesto Martinchuk es periodista, docente, escritor, documentalista, investigador.

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