jueves, 4 de diciembre de 2014

Día de la Trinidad, el nacimiento de la mortífera bomba nuclear

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Desde el inicio de la llamada civilización, algo que ha caracterizado a la naturaleza humana es la búsqueda de la rápida y masiva aniquilación de sus adversarios. Una excelente escena que nos permite imaginar cómo el primitivo antecesor del ser humano, cuando éste era todavía un primate semiinteligente, buscó deshacerse más rápido de sus enemigos, es la que se presenta en la parte inicial de la cinta Odisea Espacial 2001, del talentoso director Stanley Kubrick. Podemos ver a un grupo de semihombres que luchan por un pequeño lago y que inicialmente lo hacen con sus puras garras-manos. Sin embargo, con el tiempo, tras haberse topado con un metálico monolito que, se supone, les da inteligencia, uno de ellos descubre que el empleo del hueso de la pierna de un jabalí, que han cazado y engullido, puede quebrar otras partes menos duras, como el cráneo del animal. Con ese recuerdo en su memoria, en un nuevo enfrentamiento, golpea al líder de los adversarios en la cabeza con el hueso, a quien, de inmediato, deja sin sentido, en medio del agua, y lo remata con salvajes golpes. Pudiéramos pensar que esos huesos golpeadores fueron las primeras “armas” empleadas por los prehumanos.

Y es sólo un ejemplo de cómo, desde que se tiene uso de razón, lo vital ha sido, con todo lo que se va descubriendo, la inmediata creación de un arma que sirva para matar al enemigo. Así, casi siempre la primera aplicación de los avances científicos es en la creación y fabricación de armas.

Pero es que, además, tanto las guerras, así como la fabricación de armas, siempre han sido, particularmente en el aun imperante capitalismo salvaje, muy lucrativos negocios (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html).

Completa la bélica ecuación el hecho de que la egoísta y mezquina naturaleza humana, siempre ha buscado la autosatisfacción y perpetuación del poder, aun a costa de mantener en la zozobra, la exclusión y la miseria a millones de seres humanos. Por ello es que no es de sorprender, como señalo antes, que, entre otras infamias, las guerras se sigan promoviendo, a pesar de estar viviendo en pleno siglo 21, pues sin ellas no existiría el muy lucrativo negocio de las armas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/10/la-materialista-individualista-mezquina.html).

Y de ello, no hay mejor confirmación que la revisión de todos los pasmosos esfuerzos que se efectuaron para diseñar y fabricar toda la tecnología que dio luz a una de las “invenciones” más mortíferas y destructivas jamás diseñadas por el hombre antes: la bomba nuclear.

Esa mortífera aberración tecnológica, fue ideada por la apresurada medida de adelantarse a los alemanes en el desarrollo de la bomba y de contar con ella mucho antes, en caso de que se tuviera que emplear contra aquéllos para derrotarlos. Los posteriores acontecimientos dejaron muy claro que la guerra se habría ganado, como así sucedió, sin haber contado con el mortífero poder nuclear, como veremos.

La nefasta bomba nuclear, el legado más funesto de la “tecnología”, que ahora, más que nunca, constituye un aniquilador peligro mundial, fue concebida en una aislada zona rural de los Álamos, en el estado de Nuevo México. Uno de los relatos más completos sobre esa infamia humana es el libro escrito por el periodista estadounidense Lansing Lamont (1930-2013), publicado en 1965, veinte años después de aquél terrible suceso, no sólo de la invención de la bomba, sino su inmediata utilización contra un casi derrotado Japón (empleo la edición estadounidense de 1965, publicada por Signet Books).

Algo que resulta irónico es que en un inicio, el gobierno de Estados Unidos (Estados Unidos), particularmente el Pentágono, no estaba interesado en el desarrollo de la bomba, pues consideraban que era una tecnología muy difícil de lograr. Además, Franklin D. Roosevelt (1882-1945) tenía ya bastante con el manejo de la crisis provocada por los primeros acontecimientos de la segunda guerra mundial, como para estar pensando en fabricar tal cosa.

Fue un científico, Leo Szilard (1898-1964), quien le envió una carta a aquél, urgiéndolo de que Estados Unidos debía desarrollar la bomba nuclear, pues temía que los alemanes y su belicismo, lo hicieran primero. De hecho, se sabía que tenían una planta en donde experimentaban con “agua fuerte”, es decir agua contaminada con radioactividad. También dos científicos alemanes, Otto Hahn (1879-1968) y Fritz Strassman (1902-1980), habían retomado un experimento realizado por el físico italiano Enrico Fermi (1901-1954), quien había logrado bombardear con neutrones el núcleo de un átomo de uranio, considerado hasta ese momento un material inexpugnable, y había obtenido varios elementos radioactivos. Los alemanes habían refinado el experimento de Fermi, bombardeando al átomo de uranio, partiéndolo en dos (fisión nuclear), con lo que habían logrado liberar la energía combinada de voltios, equivalentes a 200 millones de electrones. En proporción, ese experimento significaba la mayor explosión provocada nunca antes por el hombre. Al haber fisionado el átomo, esos “científicos” habían abierto una fuente de energía tres millones de veces mayor que la de combustión del carbón, con una fuerza explosiva 20 millones de veces mayor a la del TNT.

Lo que hizo entonces Szilard, temeroso de que los alemanes, en efecto, pudieran desarrollar muy pronto con la reacción en cadena un arma nuclear, fue urgir a Roosevelt a que dedicara Estados Unidos recursos y esfuerzos para desarrollar antes dicha arma.

Ya Fermi, habiendo emigrado a Estados Unidos y trabajando en la universidad de Columbia, había platicado con los militares del Pentágono de su máquina que podía partir átomos para explicarles en qué consistía la reacción en cadena, pero aquéllos, más preocupados por las estrategias militares que emplearían contra los alemanes, le habían dicho “nosotros lo llamamos”. Sí, es, como dije antes, irónico que Estados Unidos no se hubiera interesado al principio en el desarrollo de la bomba.

Pero la insistencia de Szilard, quien, además, pidió apoyo nada menos que de Albert Einstein (1879-1955), su buen amigo (no se habría pensado la participación del pacifista de Einstein en eso, ¿no?), en la redacción de las cartas para Roosevelt, terminaron por convencer tanto al presidente, como a los militares de que debía de realizarse ese gran, titánico esfuerzo, como resultó ser.

Y lo que hicieron rápidamente, fue asegurar las existencias de uranio 235, U-235, pues ya Hitler había confiscado una mina de dicho mineral en la invadida Checoslovaquia, la mina Joachimsthal. Ya algunos científicos de Estados Unidos que habían experimentado con la fisión nuclear, habían hallado que era más fácil fisionar el U-235, que el U-238, y este mineral, abundaba en una mina ubicada en el Congo, por entonces colonia belga. La mina, Shinkolobwe, perteneciente a la Union Minière du Haut Katanga, también empresa belga, era dirigida por Edgar Sienger. Como Bélgica ya estaba siendo también invadida por Hitler, Sienger tuvo la audacia de enviar sigilosamente a Nueva York, 1200 toneladas de uranio en bruto de buena ley (o sea, que la piedra que lo contenía poseía mucho uranio). El cargamento se empacó en 200 contenedores de acero y fueron embarcados en un carguero que zarpó del puerto de Lobito en la Angola portuguesa, rumbo a Nueva York, en octubre de 1940. Absurdamente, como era un cargamento clandestino, tanto mineral permaneció oculto en una bodega en Staten Island durante dos años.

Eso, por supuesto, aunque era una, digamos, buena previsión, fue apenas un detalle en todo lo que se requirió para diseñar y manufacturar la bomba, una labor que necesitó tres años, entre 1942 y 1945, además de $2000 millones de dólares (mdd) de los de entonces, unos $26,000 mdd de los actuales, así como miles de “científicos”, técnicos, personal de decenas de empresas, políticos y, sobre todo, militares.

Lo primero que se buscó fue encargar a Vannevar Bush (1890-1974), ingeniero e inventor, director del Instituto Carnegie, para que coordinara y organizara el reclutamiento de las mentes más “brillantes” de la ciencia física, química y otras, para emprender lo que se bautizó como el “Proyecto Manhattan”. Bush ya coordinaba también el NDRC (National Defense Research Committee), instancia gubernamental en la que aquél administraba a más de 6000 “científicos” cuya única función era la de hallar aplicaciones tecnológicas y científicas para la fabricación de armas. De hecho, gracias a su vasta experiencia bélica Bush ya había fundado Raytheon, en 1922, empresa aun vigente, que fabrica actualmente muy mortíferas armas y es de las principales armamentistas de Estados Unidos (como señalo antes, es nefasto que la mayoría de los descubrimientos científicos, alrededor de un 80%, tengan como primera aplicación el desarrollo de armas). Por ello, no tuvo problema en hacerse de “científicos” para llevar a cabo dicho proyecto. También sirvieron para el desarrollo de la bomba las aportaciones de los ingleses, quienes a través de lo que llamaban MAUD (Military Application of Uranium Detonation), contribuyeron con algunos avances. Así, decenas de científicos ingleses emigraron a Estados Unidos para incorporarse al Proyecto Manhattan, con tal de trabajar arduamente en el desarrollo de lo que se llamó en un principio, simplemente, el artefacto (entre esos afanosos científicos, se hallaba Klaus Fuchs (1911-1988), de origen alemán, quien tuvo el doble papel, tanto de brillante científico, así como de espía para la URSS. Se estima que muchos de los secretos nucleares que reveló a los soviéticos, contribuyeron para que éstos avanzaran algo más rápido en su propio desarrollo de la bomba nuclear).

Dado que se requerirían cantidades aun inestimadas de U-235, de antemano se echaron a andar todos los reactores productores de plutonio (que era el material con que se bombardearía al uranio), así como refinadores y separadores que convertirían el U-238 en U-235. O sea, que toda la infraestructura nuclear existente se ponía a disposición del desarrollo de la bomba. No sólo eso, sino que prácticamente buena parte de la maquinaria industrial estadounidense, se puso a su total, incondicional disposición, pues así de importante se consideraba el desarrollo del artefacto. Incluso, se anuló en una ocasión la entrega a Argentina, de dos barógrafos (aparatos para medir la presión atmosférica), que la única empresa que los hacía, ya se los había vendido. Una orden de los altos mandos militares, anuló el contrato. Fue más importante seguir con el desarrollo de la mortífera bomba, que cumplir con ese acuerdo comercial. ¡Así se las gastaron!
Obviamente se requería de un militar para coordinar la acción de científicos y militares, pues, a fin de cuentas, una vez concluida la bomba nuclear, serían militares quienes la emplearían. La tarea recayó en el general brigadier Leslie Richard Groves (1986-1970), quien aunque nunca había estado en el frente de guerra, había realizado algún, digamos, “trabajo social”, como el haber reparado el sistema de agua de un pueblo en Nicaragua que había sido afectado por un temblor y otras cosas así. Pero, claro, que al embarcarse en el Proyecto Manhattan, sus tareas ya no serían de “ayuda social”, sino de exterminio nuclear.

Y lo primero que hizo, al enterarse del mineral de uranio que estaba embodegado en Nueva York, fue arreglar su compra y que se transportara lo antes posible a los sitios en donde se refinaría y separaría el U-235 del resto.

También contrató a Robert Oppenheimer (1904-1967), científico hijo de inmigrantes alemanes, para que coordinara toda la operación. Oppenheimer, junto con Fermi, habrían de ser clave en todo el proceso, tanto de investigación, así como de fabricación de muchas cosas que ni siquiera existían, tales como detonadores múltiples, que pudieran realizar explosiones en millonésimas de segundo o sofisticadas lentes explosivas. Durante su juventud, Oppenheimer simpatizó con las ideas comunistas y alguna vez, incluso, participó en alguna marcha, pero fuera de eso, se distinguía por ser totalmente apolítico. Rara vez leía el periódico y era tan desinteresado de las cuestiones importantes, que se enteró de la depresión económica de 1929 hasta meses después de iniciada. Por ello, no objetó poner sus conocimientos al servicio de la ciencia destructiva (como sucede con miles de “científicos”, cuya ética es poca o nula y no vacilan en aplicar sus ideas al desarrollo de mortíferas invenciones).

De hecho, Oppenheimer y algunos otros de tales “científicos”, ya sabían que era factible construir un artefacto nuclear explosivo, pero ignoraban, por ejemplo, cuánta cantidad de U-235 se requeriría para lograrlo. Esa sería, a partir del inicio del proyecto, la mayor incógnita, y por eso, de entrada, Oppenheimer puntualizó que se requeriría realizar una prueba, con tal de estar seguros, tanto de que la bomba explotaría, así como para medir su potencial destructivo, el que se podía calcular teóricamente, pero, en algo tan desconocido y nunca antes realizado, se insistió en que la prueba tendría que realizarse.

También fue Oppenheimer, quien, inspirado en un poema de John Donne (poeta inglés que vivió entre 1572 y 1631), al que leía mucho, en el cual hablaba sobre la santa trinidad que formaba a Dios, urgido por Groves de que bautizara con algún nombre el estallido de prueba que se llevaría a cabo para ver si la bomba realmente explotaría, decidió llamarlo, simplemente, Trinidad, sí, la explosión nuclear de prueba se llamaría el Día de la Trinidad. Y no fue, precisamente, un bendito día cuando se efectuó.

Además, junto con Groves, Oppenheimer se dedicó empeñosamente a buscar un lugar ideal para establecer el laboratorio en donde se habría de fabricar el artefacto, así como el lugar en donde se realizaría el estallido. Se decidieron por un poco habitado estado, Nuevo México, en la frontera con México (supongo que para que estuviera lo más alejado de las ciudades y zonas más importantes de Estados Unidos, con tal de que no sufrieran tanto los destructivos efectos, en caso de que el “experimento” se saliera de control). Allí, un subalterno de Groves había elegido un desolado sitio cerca de una aislada población, Jemez Springs, pero a aquél y a Oppenheimer, les pareció un lugar demasiado accidentado y difícil de acceder. En su lugar, tuvieron la desfachatez de confiscar una escuela rural, ubicada en Los Álamos, que a Oppenheimer, quien ya la conocía desde hacía algún tiempo, pues su propia familia tenía un rancho cerca, le pareció ideal. Un mes después, a finales de 1942, la Los Alamos Ranch School y sus casi 22 mil hectáreas que la rodeaban, fueron confiscadas, a pesar de las airadas protestas de su director, maestros y estudiantes, justificando que era “de vital importancia” ya que allí se construiría un sitio para probar explosivos, que en esos tiempos de guerra, era muy urgente desarrollar, con tal de emplearlos contra los nazis. Aquéllos aceptaron, tristemente resignados. También se debió lidiar con los rancheros locales a los que casi se expulsó del sitio si se negaban a “vender” sus tierras. A los más reacios a hacerlo, se les comenzó a sabotear: hallaban sus tanques de agua perforados y vacíos, sus reses muertas por disparos… sabotajes hechos por los soldados, claro. Y, a no querer, los rancheros se fueron retirando gradualmente

He aquí que, hasta en eso, no se escatimó ningún esfuerzo para la mortífera investigación nuclear, ni siquiera para pasar por encima de elementales derechos humanos, como ese, el haber confiscado una escuela que llevaba décadas asentada en ese sitio o sabotear las posesiones y animales de los rancheros. Obviamente, tampoco se informó absolutamente a nadie, pobladores cercanos, otros rancheros… a ninguna persona, lo que se haría en ese sitio, incluso a pesar de que Groves, Oppenheimer y sus secuaces estaban al tanto de que el estallido no sólo provocaría una inmediata destrucción, sino que dejaría una letal huella radioactiva, la que, de entrada, no tenían la más mínima idea de cómo se comportaría y de hacia dónde se desplazaría (de hecho, el día del estallido, se procuró que las condiciones climáticas fueran las ideales, o sea, que no lloviera, ni hubiera fuertes vientos).

Una vez establecido el sitio del laboratorio y del estallido, Oppenheimer, se dedicó a reclutar a los más afamados científicos y técnicos, muchos, amigos personales, con la finalidad de inventar y construir, prácticamente desde cero, la bomba. La forma en que los contrataban, casi era forzada, pero, además, por el carácter “súper secreto” de la operación Manhattan, sólo se les decía que se les requería para un muy importante empleo en el que trabajarían para el gobierno, pero no les daban más detalles. Lo que sí, es que les aseguraban que la tarea era vital para la paz y la libertad, no sólo de Estados Unidos, sino del mundo entero. Y fue así que prácticamente a todos los que se “invitó” a trabajar en ese proyecto, aceptaron. Investigadores de las universidades de California, Minnesota, Wisconsin, Chicago, Rochester, Illinois, Stanford, Purdue, Princeton, Columbia, Harvard y hasta del MIT se dieron cita en Los Álamos. Incluso, personajes tan relevantes como Niels Bohr o hasta el mismo Albert Einstein tuvieron participación en el proyecto.

Muchos de ellos eran refugiados alemanes, judíos o italianos, huyendo de los nazis y de sus campos de concentración. Irónicamente, las duras condiciones de Los Alamos, a muchos les recordaron los terribles días que pasaron en campos de concentración (los que habían logrado huir, claro), pues, como en tales campos, el “laboratorio” estaba rodeado de alambre de púas, así como vigilado muy celosamente por armados guardias militares, que, como dije antes, imponían severas restricciones para todo, sobre esos empeñosos “hombres de ciencia” (terrible que el 80% de los aportes “científicos” tengan como primera aplicación la bélica).

También llegó personal de la Oficina de Estándares, del Instituto Carnegie, del Laboratorio de Investigación Balística de Aberdeen, Maryland, así como de firmas industriales y hospitales de Nueva York, Delaware, Saint Louis y otros puntos hacia el oeste. Nada sorprendente, es que entre las firmas industriales estuvieran nada menos que Union Carbide, du Pont o Monsanto, la que proporcionó químicos. Esta nefasta empresa después dio un giro total, para dedicarse a la creación de engendros transgénicos, como su maíz Terminator, que se ha demostrado que causa cáncer su ingestión (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/04/monsanto-arremete-de-nuevo-con-caras.html).

Y también Du Pont, actualmente, se dedica a la investigación transgénica. Así que ambas empresas, nunca han dejado de atentar contra el medio ambiente y la salud humana.

Y regresando a tantos “científicos” y personal contratado, sucedió que no sabían que, al haber aceptado, tendrían que soportar durante casi tres años, terribles condiciones laborales, en medio de un ambiente desértico y hostil, tanto, que muchos se arrepintieron de haberlo hecho. El agua escaseaba, por lo que muchas veces era difícil bañarse (a veces, debían utilizar Coca-cola para “cepillarse” los dientes, de tanto que escaseaba el agua), el calor era infernal, las viviendas pésimas, invadidas frecuentemente por fauna desértica como alacranes o culebras. La alimentación era casi toda enlatada y pocas veces fresca. Las tormentas de arena eran frecuentes… pero, además, por el aislamiento, necesidades biológicas como las sexuales, especialmente para los solteros o los que habían acudido sin su familia, eran difíciles de satisfacer, así que generalmente se hacían a “escondidas”, sobre todo mediante furtivas visitas clandestinas de los hombres a las habitaciones de las mujeres. En cierto momento se volvieron tan frecuentes esos sexuales encuentros, que uno de los generales encargados de la vigilancia de Los Álamos, llegó a prohibirlos (que después, ante las protestas de los “científicos” de que al menos eso les fuera permitido, ya que estaban tan limitados y aislados, se debió de retractar).

Sin embargo, al enlistarse, tenían que seguir hasta el final, pues, además de que debían de cumplir con un férreo contrato, como se trataba no sólo de un proyecto secreto, sino también militar, la vigilancia y el rigor eran mayores a cualquier laboratorio que se dedicara a experimentos físicos. Para esos técnicos y “científicos” (apodados allí como los “cabellos largos”), el tener que convivir con militares (apodados los “plomeros”), igualmente puso a prueba su temple, ya que hasta las cuestiones más simples, como salir del complejo que se fue armando, requería de permisos expedidos por dichos militares. De otro modo, no podían hacerlo y estaban recluidos allí, tanto ellos, como sus familias, los que las llevaron, justo como el mismo Oppenheimer, quien llevó a su esposa e hijos al lugar. De hecho, se construyó una escuela dedicada exclusivamente a los hijos del personal que allí vivía. Y también las familias debían de cumplir con rígidos protocolos de aislamiento y secrecía, amenazados en todo momento de que por ningún motivo podían revelar lo que allí veían, so pena de sanciones legales (no se les decían cuáles, pero con las amenazas bastaba).

La urgencia por comenzar con la investigación y construcción era apremiante, pues se sabía de lo que los alemanes estaban haciendo para desarrollar la bomba nuclear. Por ejemplo, los servicios de inteligencia de los aliados, habían averiguado que aquéllos habían gastado un millón y medio de dólares en la investigación del uranio y en químicos especiales para producir plutonio. También habían invertido en ciclotrones y aparatos de alto voltaje. Además, más de la mitad de sus científicos habían sido puestos a trabajar en el proyecto, el cual se identificó mediante el código 811-RFR-111.

Tanta actividad había alarmado a los militares estadounidenses, así que el Secretario de Guerra Henry Lewis Stimson (1867-1950) informó de ello a Roosevelt, con tal de que los esfuerzos que se harían en Los Álamos para construir la bomba nuclear, se aceleraran lo más que fuera posible, para que pudieran adelantárseles a los alemanes en el empleo del temible artefacto.

Y eso del temible artefacto, era, en verdad, una verdadera preocupación para Los Alamitas, como se dio en llamar al equipo de militares, técnicos y “científicos” que fundaron en Los Alamos el laboratorio donde se haría la bomba. No tenían antecedentes reales de la magnitud explosiva y destructiva que lograrían, así que revisaron los antecedentes históricos disponibles. Uno fue la explosión del volcán que se hallaba en Krakatoa, en 1883, perteneciente a la zona vulcanológica al este de Java. El estallido del poderoso volcán dejó 36000 muertos, lanzó el equivalente a seis y medio kilómetros cúbicos de lava y piedras fundidas a la atmósfera, provocó oleajes de 15 metros que surcaron todos los océanos, llegando a lugares tan lejanos como el Cabo de Hornos, en el sur de Argentina y fue escuchado hasta casi 5000 kilómetros de distancia. Científicos estimaron que ese estallido fue equivalente a 10 mil megatones (un megatón equivale a un millón de toneladas de dinamita, así que podemos imaginar la brutal fuerza de ese estallido volcánico). El otro antecedente, digamos, que tenían los Alamitas, era que en 1917, casi al término de la primera guerra mundial, el buque Mont Blanc, que transportaba 2600 toneladas de TNT y ácido pícrico, otro explosivo usado en ese tiempo, estalló en el puerto de Halifax, en Nueva Escocia, matando 1100 personas y destruyendo poco más de cinco kilómetros cuadrados de la ciudad. La onda expansiva se sintió a más de 240 kilómetros de distancia.

Esos fueron los antecedentes explosivos de que se disponía, así que los alamitas estimaron que la bomba que ellos harían, debía de estar entre el rango de Krakatoa y Halifax, esperando que estuviera mucho más cerca del último (claro, pues si era como Krakatoa, ni ellos habrían sobrevivido. Habrían destruido Estados Unidos).

Por otro lado, a pesar de la secrecía, no pudo evitarse que se corrieran rumores de lo que se hacía en Los Alamos: que si eran colonias nudistas, que si allí vivían mujeres militares embarazadas, que campos de reclutamiento para internos republicanos, que si partes para submarinos… incluso, se dijo, muy absurdamente, que allí se construía un nuevo Vaticano, y hasta uno que otro loco hubo que se propuso para ser el Papa… pero nadie se imaginaba que allí se construiría la mortífera bomba nuclear, la que, incluso, cuando estalló el 16 de julio de 1945, exactamente a las 5:29 AM, dejó una estela radioactiva que, en efecto, afectó a mucha gente y animales, como reses y caballos, además de que dejó un enorme cráter que cristalizó el material pétreo del sitio y lo dejó radioactivo por muchos años.

De hecho, cuando fue el estallido, por todos los medios posibles, tanto el gobierno, así como los militares, no repararon en esfuerzos para censurar a periódicos o estaciones de radio que trataron de difundir de lo que sucedió, pues muchos ya tenían conocimiento de lo que se tramaba allí. La versión “oficial”, que se mantuvo por varios días, es que había estallado un depósito de potentes explosivos. No es de sorprender, pues en Estados Unidos, sobre todo, muchos nefastos y hasta mortales “experimentos” se han hecho sin que los ciudadanos lo sepan, incluso siendo ellos mismos los “conejillos de indias” de tales infamias.

Como dije antes, para evitar que nada se supiera, el personal era extremadamente vigilado, incluso, se prohibía a los más importantes “científicos” hablar del proyecto con sus esposas. Así que no tenían vida social alguna y debían de entregarse, tanto en su total empeño, así como en su total secrecía a aquél.

Como medida adicional, se emplearon palabras clave para referirse a cuestiones del proyecto. Así, “tope” se refería a átomo; “bote”, a bomba; “bote tópico”, designaba a la bomba nuclear; “moda de erizo” era como se referían a la fisión del uranio; “girar” se refería a aplastar (sobre todo al deshacer los átomos); “iglú de erizo”, nombraba al isótopo de uranio (eran juegos de palabras inglesas que comenzaban con la letra inicial. Por ejemplo igloo of urchin, se refería al isotope of uranium). Para desgracia de los “científicos”, también debieron aprender ese código, so pena de amonestarlos severamente si se referían a los experimentos por sus verdaderos nombres.

Nada absolutamente de lo que ocurriera allí, tanto accidentes de trabajo, como viales, por ejemplo, podían divulgarse. Hubo algunos muertos, por la naturaleza radioactiva de los materiales que se empleaban, pero nada salió a la luz. A sus familiares sólo se les informaba de su muerte y se les entregaban los cuerpos. Así de inhumana e ilegal fue la reclusión en Los Alamos.

Como se ve, no importó nada, ni incautar escuelas, ni mantener mortales secretos, ni los muertos que dejó esa mortífera investigación. Incluso, hubo contaminación térmica de un río, el Columbia, en Hartford, Washington, debido a que “extrañas máquinas” (se trataba de los separadores del U-235) llamadas “pilas” estaban generando calor que estaba aumentando la temperatura del río. En ese entonces, Harry Truman (1884-1972), que era entonces senador (y que sucedió a Roosevelt a la muerte de éste), exigió una explicación. Stimson, el ya mencionado Secretario de Guerra, telefoneó a Truman y le dijo que se trataba de un “desarrollo muy importante y secreto”. “Usted no tiene nada más que decirme”, le replicó Truman y se acabó su intento de inspección. Pues así se las gastaron los estadounidenses, permitiendo contaminación de todo tipo, con tal de poner la “ciencia” al servicio de la industria de la muerte. No hubo consideraciones del impacto ambiental que el engendro tendría. En Los Álamos, se extinguieron a balazos los antílopes, se colocaron trampas para culebras y tarántulas… en fin, se eliminó lo que más se pudo a cuanta fauna animal pudiera intervenir con las instalaciones, cables y todo lo que se requirió (aun así, no dejaron, por ejemplo, los operadores de los tractores, de hallar culebras enroscadas en los asientos o tarántulas en el piso. La naturaleza es perspicaz, a pesar de tanta destrucción humana).

En cuanto a la forma como se fabricaría la bomba, ya luego de muchas consideraciones, sobre todo cuando los reactores nucleares generaron suficiente plutonio, aún más raro que el U-235, se prefirió el diseño de aquélla basado en la implosión (Fat Man, como se le llamó), en lugar del diseño llamado de “pistola” (Little Boy), que era el original (de hecho, en Japón se emplearon ambos, “como prueba”. En Hiroshima se empleó la Little Boy, en tanto que en Nagasaki, la Fat Man).

En la implosión, se bombardearía simultáneamente con potentes cargas explosivas a un núcleo de plutonio, envuelto en uranio, lo cual lograría, como así fue, la desintegración de dicho plutonio, generando la brutal fuerza explosiva tan ansiada por “científicos” y militares. Por eso la parte más complicada y difícil fue lograr que esos detonadores funcionaran en milésimas de segundo y simultáneamente. La “solución” fue el empleo de lentes explosivas, las que actuarían como una especie de lupas, que dirigirían la explosión hacia el núcleo de plutonio (el diseño de pistola era “más simple”, pero igualmente letal, consistiendo simplemente en bombardear con potentes explosivos convencionales un núcleo de U-235).

Justo la construcción de tales detonadores, fue lo más laborioso y frecuentemente eran rechazados pues contaban con microscópicas imperfecciones que habrían impedido su “buen” funcionamiento.

Y ya antes del primer ensayo nuclear de la historia, un destructor fue cargado con las piezas para que se ensamblaran las bombas que se emplearían contra Japón… en caso de que diera buen resultado tal ensayo.

De hecho, se consideraron cuatro escenarios posibles durante la prueba, los cuales se reportarían en un parte de prensa (se asignó a un reportero oficial, que se encargaría de la crónica periodística: William L Laurence (1888-1977), del The New York Times, quien ya había ganado un premio Pulitzer por su trabajo periodístico y lo volvió a ganar por su crónica del horror nuclear). Según resultara el ensayo, se reportaría que:

1. “Una fuerte explosión fue reportada hoy. No hubo daño materiales, ni pérdidas de vidas humanas”.

2. “Una extraordinariamente fuerte explosión fue reportada hoy. Hubo algunos daños materiales, pero no hubo pérdida de vidas humanas”.

3. “Una violenta explosión ocurrió hoy, resultando considerables daños materiales y algunas víctimas mortales”.

4. “Una gigantesca explosión tuvo lugar hoy, resultando en grandes daños materiales y gran pérdida de vidas”.

Obviamente, no se consideró ningún reporte, en caso de que el ensayo concluyera con un rotundo fracaso.

Y lo que no se señaló en el reporte final fue que, aunque no hubo daños materiales, tanto durante la construcción de la bomba, así como por los efectos radioactivos, hubo varios muertos, pues, como ya señalé antes, el manejo de sustancias altamente radioactivas, ocasionó que varios de los “científicos” y técnicos enfermaran (Fermi murió de cáncer estomacal, ocasionado porque durante los “experimentos” estuvo en contacto con sustancias radioactivas).

Por ejemplo, una de las fases más críticas, el ensamble de la bomba, se hacía en el lugar más apartado de los Álamos, llamado Omega. Allí, con un aparato llamado la “guillotina”, se llevaba a cabo la operación llamada “rozándole la cola al dragón”. Se cortaba un disco de uranio con dicha guillotina y se deslizaba hacia abajo, hasta colocarlo en el centro, justo, de otro disco. El proceso producía turbulencias, debido a que pequeñas reacciones en cadena ocurrían, liberando rocíos de neutrones que los científicos medían. Esas emanaciones radioactivas dañaron la salud de varios de los experimentadores, y antes de que finalizara el año, cobró algunas vidas, como la de Harry Daghlian (1921-1945), quien falleció el 21 de agosto, poco más de un mes después del estallido de prueba. Fue tan dramática su muerte, que los doctores tomaron fotos de su condición: sus manos se le hincharon increíblemente y la piel se le caía a pedazos de su cuerpo. Así sucedió con otros “científicos”.

Tantos “experimentos” y manejo de mortíferas sustancias radioactivas, contaminaron con radioactividad el terreno circundante, pero hasta eso se consideró como el inevitable “necesario costo” que se tenía que asumir, con tal de llevar a la luz al engendro atómico.

Con todo, a pesar de tanta seguridad y secrecía, hubo crasos errores, como aquél que contempló las frecuencias radiales, cuando los pilotos encargados de volar los aviones B-29 que se emplearían para arrojar las bombas atómicas sobre Japón, se dieron cuenta, para su horror, que la banda de radio con la que se comunicaban con la base en Los Álamos, era la misma de la estación de radio pública “La voz de América”, así que cualquiera que sintonizara dicha estación, podía escuchar la conversación de aquéllos. Ese “error” nunca se arregló, y lo único que se hizo fue cambiar la frecuencia de FM que empleaban los alamitas.

Más que temer, en caso de que algo saliera mal, por las vidas de los rancheros y sus ganados cercanos, temían los alamitas que se produjera una inversión y toda la nube radioactiva cayera en el campamento.

A pesar de todos los efectos que el estallido pudiera ocasionar, tanto en los alamitas, como en las poblaciones cercanas, el 16 de julio de 1945, como ya señalé, exactamente a las 5:29 horas de una clara mañana (habían esperado hasta que hubiera buen tiempo, pues los días previos habían sido lluviosos y con fuertes vientos) fue detonada la mortífera bomba. Tenían los alamitas, además, la exigencia de que la “prueba” debía realizarse antes de la reunión que Truman, ya presidente sustituto del fallecido Roosevelt, sostendría en Potsdam, capital del estado alemán de Brandemburgo (la derrotada Alemania sirvió para esa reunión), con Joseph Stalin (1878-1953) y Winston Churchill (1874-1965). Truman no deseaba hacer partícipes a los soviéticos de lo que estaba Estados Unidos preparando, la bomba, y tampoco quería compartir con ellos el “terrible secreto atómico”. De hecho, se considera que fue gracias a los espías que informaban a la URSS que los soviéticos, más pronto de lo que hubieran imaginado los estadounidenses, desarrollaron también la letal bomba nuclear. Entre tales espías estaban el ya mencionado Klaus Fuchs, David Greenglass (1922-2014), su hermana, Ethel Rosemberg (1915-1953), y el esposo de ésta, Julius Rosemberg (1918-1953. Ethel y Julius fueron electrocutados por “traición a la patria”. Se considera que su ejecución fue un exceso y, más bien, su muerte se debió a los enfrentamientos que la confrontación entre Estados Unidos y la URSS ocasionaron durante los años de la llamada guerra fría). Los espías soviéticos a quienes todos aquéllos informaban fueron Anatoli Yakovlev (1913-1993), quien se desempeñaba como cónsul general de la URSS en Nueva York, así como Alexander Feklisov (1914-2007), quien trabajaba para la KGB.

Pues bien, a pocos segundos del brutal, destructivo estallido, se formó un temible hongo de fuego que obscureció el sitio, con miles de cenizas y polvo radioactivo, varios kilómetros a la redonda.

Excitados por su demencial “triunfo”, varios “científicos” se quitaron los lentes protectores y quedaron ciegos. Fermi calculó que su fuerza destructiva fue equivalente a veinte mil toneladas de TNT. Así iniciaba la mortífera, infame y absurda “era nuclear”.

La bomba de cinco toneladas de peso había sido montada sobre una torre metálica de treinta metros de altura que se evaporizó instantáneamente y un cráter de 360 metros de diámetro y una profundidad de siete y medio metros al centro, había quedado, cubierto por arena fundida en perlas, las que tomaron un tono verde jade, por lo que fueron bautizadas como trinititas. Los efectos radioactivos duraron años en desvanecerse.

Lo que más temían los alamitas, que hubiera una inversión de vientos y la nube radioactiva cayera en Los Álamos, para su, digamos, “buena suerte”, no fue así y dicha nube se esparció sobre pueblos cercanos, ranchos y ganado, sin que la gente lo supiera. Eso fue, en realidad, un acto criminal, pero Groves, a pesar de que tanta gente se había afectado por los efectos radioactivos, no permitió que se difundiera lo que había sucedido. Muy pronto los rancheros reportaron que su ganado comenzó a perder pelo y las personas comenzaron a presentar también problemas en la piel, así como pulmonares, digestivos, circulatorios y metabólicos, por los efectos de la radiación, que en algunos sitios llegó a 35 roentgen, altísimos y mortales (un roentgen es la medida que determina la exposición a la radioactividad. Soportamos, normalmente, cuando mucho 200 miliroentgen al año).

Sin embargo, las enfermedades, mortales algunas, que se dieron en gente y animales, no pudieron ocultarse y una lluvia de demandas siguieron durante meses y hasta años.

Bueno, y hasta allí, no habría habido mayor problema, excepto porque al ser exitoso el estallido, no se dudó en emplearlo contra Japón, a pesar de que el 13 de julio del mismo año, 1945, 500 bombarderos habían destruido con miles de bombas incendiarias, más de la mitad de varias ciudades de dicho país, Tokio, entre ellas. Esas tres mil bombas que se emplearon representaron menos de un sexto de la letalidad de la bomba nuclear que se arrojó en Hiroshima.

Incluso militares como Eisenhower (1890-1969) y George Marshall (1880-1959), se opusieron al empleo del mortífero artefacto, pues Japón, consideraban, estaba ya prácticamente derrotado. También varios científicos conscientes del temible poder nuclear estuvieron en contra de que se empleara, entre ellos, el ya mencionado Leo Szilard.

Sin embargo, se utilizó la bomba, y la saña con que actuaron los militares y “científicos” a favor de que se usara, fue desmedida, pues, en primer lugar, el “ultimátum” dado a Japón, de sólo tres días, fue tan rápido, que ni tiempo les dio a militares y autoridades japonesas de considerarlo. Ya el barco militar Indianápolis, que transportaba las bombas nucleares que serían arrojadas sobre Japón, había arribado a la isla de Tinian y estaba listo. Sólo faltaba recibir la orden, que se dio en la mañana del 6 de agosto de 1945. El bombardero B-29, bautizado como Enola Gay, piloteado por Paul Tibbets, partió de dicha isla hacia Hiroshima, en donde fue arrojada la bomba Little Boy, del diseño tipo gatillo, menos potente que la Fat Man, que era de implosión. Esa bomba, la Little Boy, dejó 78,000 muertos, cientos de heridos y destruyó tres quintas partes de la ciudad.

Casi sin dar un aviso preventivo de que se emplearía otra bomba, se usó una segunda, la Fat Man, sobre Nagasaki. El B-29, bautizado como Bock’s Car, piloteado por Charles Sweeney, arrojó el mortífero artefacto a las 12:01 horas del 9 de agosto de 1945. Aquí, hubo 100,000 muertos, cientos de desaparecidos (los desafortunados que estuvieron en contacto con el infernal hongo atómico) y dejó un cráter de casi 65 hectáreas de extensión, borrando del mapa a cientos de edificios, casas, escuelas, iglesias… doce horas después, lo que quedó de Nagasaki, aún ardía y las densas columnas de ocre humo podían verse por pilotos a 320 kilómetros de distancia.

En conjunto, las dos bombas dejaron más de 180 mil muertos inmediatos y se calcula que otras 247 mil personas fueron muriendo con el transcurso de los meses y los años, pues luego de diez, seguían muriendo japoneses, a consecuencia de las enfermedades degenerativas ocasionadas por la radioactividad. A la fecha, aún persisten males genéticos por causa de tal infamia. Si vemos las imágenes de la destrucción, son pasmosas, pues fueron, literalmente, borradas del mapa vastas zonas de ambas ciudades. Las bombas fueron detonadas a bastante altura, porque, de acuerdo con la “prueba” efectuada en Trinidad, a mayor altura, mayor poder destructivo (ver: http://sustainablecitiessustainableworld.blogspot.mx/2010/08/after-bombs-dropped-hiroshima-and.html).

La única “consideración” que se tuvo fue la de no bombardear Kioto, pues se le tenía como la capital cultural y más antigua de Japón, ¡vaya magnanimidad!

En el libro “La Campana de Nagasaki” (Editorial Oberón, 1956), se dan testimonios del terror que experimentaron los sobrevivientes, antes y después del estallido nuclear. Fue escrito por el doctor Paulo Takashi Nagai, uno de tales sobrevivientes, quien a los pocos años, en 1951, también moriría a causa de la leucemia ocasionada por estar en contacto con las nubes y los enfermos radioactivos. El título se debe a que la campana de la catedral de Urakami fue desprendida violentamente por la explosión de su atrio, pero fue hallada en perfectas condiciones por un grupo de personas que la colocaron de nuevo en su sitio y usaron su tañido como esperanzadora energía para seguir adelante (posiblemente el tesón de los japoneses, los impulsó a continuar viviendo y reconstruir todas sus arrasadas ciudades).

Uno de tantos testimonios es el siguiente, del señor Chimoto, que estaba cortando pasto, sobre la colina del cerro Kawahira, a buena distancia del impacto principal de la bomba, quien se arrojó al suelo al ver un B-29 arrojar un artefacto: “…Eché cuerpo a tierra. Cinco, diez, veinte segundos. Un minuto, tal vez. Transcurrió bastante tiempo, mientras trataba de contener la respiración. Un destello me deslumbró repentinamente. Fue un enorme resplandor, más poderoso que la luz del día, pero no oí ningún ruido. Levanté temeroso la cabeza. El objeto había caído en Urakami. Por encima de la iglesia de este distrito y en sus cercanías flotaba una enorme masa de humo blanco que se iba extendiendo exageradamente. Pero lo que me sorprendió más fue el ver una ola que con fuerza incontenible venía abalanzándose desde las colinas y laderas de Urakami y que nacía debajo de la nube de humo. La ola derribaba cuanto encontraba a su paso, como piezas de ajedrez: estallaban las casas, volaban los árboles y arrasaba y quemaba las plantas, y mataba todo lo vivo. La demoniaca ola seguía avanzando desenfrenadamente, y mientras yo trataba de hacer algo ante el inminente peligro, la ola ya había arrasado el bosque que rodeaba a la montaña que tenía al alcance de mis ojos y subía por las laderas del cerro Kawahira”.

A pesar de que el señor Chimoto trató de esconderse en una zanja, la tremenda presión del aire, provocada por la explosión, lo sacó de la zanja y lo arrojó cinco metros adelante, hasta que fue detenido por el muro del jardín de su vecino. De la vegetación cercana, sólo quedaban restos de árboles derribados y plantas arrancadas. Tal fue la terrible fuerza de las abominaciones creadas por los alamitas.

También se emplea, como “justificación”, que la invasión a Japón (que ya estaba prácticamente derrotado, hay que aclarar), habría costado medio millón de vidas de soldados estadounidenses. A la fecha, no existe ninguna prueba de que eso habría realmente ocurrido.

Y a pesar de tanta destrucción, ni Fermi, ni Oppenheimer, los principales artífices de la bomba, aunque tuvieron algún escozor de remordimiento, no se arrepintieron de que se hubiera empleado contra Japón. Según ellos, y muchos otros, como militares y el propio Truman, si ese infernal invento garantizaba en adelante la “paz duradera”, se daban por bien servidos. Vaya aberración, pues, al contrario, nunca ha dejado de haber guerras y la latente amenaza nuclear sigue allí, incluso en sus aplicaciones “pacíficas”, como los peligrosos reactores nucleares, de los que muchos países se valen para generar electricidad. Son, en conjunto con el arsenal nuclear, bombas de tiempo, como el estallido del reactor de Chernóbil, por ejemplo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/07/el-mortifero-legado-nuclear.html).

La soberbia actitud de esos “científicos” les valió recriminaciones. A Fermi, su hermana le dijo que “sólo Dios puede juzgar tu moralidad”.

Igualmente, Oppenheimer fue criticado por familiares y amigos muy cercanos, muchos de los cuales se arrepintieron de haberlo tenido alguna vez de invitado en sus casas.

Y de nada le valió a Oppenheimer su entrega en construir tan mortífero artefacto, ni estar completamente de acuerdo en su empleo, pues un juzgado lo acusó de que por su falta de cuidado, se había fugado el secreto atómico con espías como Klaus Fuchs, lo que había facilitado que la URSS desarrollara también, muy rápido, la bomba atómica. Irónicamente, Estados Unidos deseaba guardar para siempre en secreto el mortífero poder nuclear, pero cuando se enteraron en agosto de 1949, de que los soviéticos habían detonado una bomba nuclear, Truman ordenó que Los Álamos continuara con su letal producción de bombas nucleares, con lo que dio inicio la guerra fría, absurdo periodo en que la “superioridad” militar de uno u otro país, URSS vs. Estados Unidos, consistió en ver quién de los dos tenía más armas nucleares. Estúpida confrontación, pues una guerra nuclear, incluso a escala local, dañaría severamente a todo el planeta. Se han hecho simulaciones computacionales para ver qué efectos tendría una guerra nuclear entre la India y Pakistán y los efectos al planeta durarían años, como una nube radioactiva que alteraría el clima, más de lo que ya está, y disminuiría la entrada de luz solar, además de que los efectos de tal nube durarían años y ocasionarían millones de muertos en todos los países (ver: http://www.argenpress.info/2014/07/como-seria-el-mundo-despues-de-una.html).

Y es un latente peligro, pues las bombas existentes, alrededor de 16300, bastarían para destruir varias veces el planeta (ver: http://www.argenpress.info/2014/10/la-agresiva-politica-de-estados-unidos.html).

Oppenheimer fue vetado por algún tiempo de sus funciones “científicas”, hasta que, años después, durante la presidencia de Lyndon B. Johnson (1908-1973), se le “premiaron” sus (inmorales) esfuerzos.

Los Álamos, merced a la carrera armamentista nuclear, tomó nuevos bríos y siguió funcionando como el sitio en donde, a partir de entonces, se construyeron miles de bombas.

Como habría resultado muy caro e inútil dedicar Los Álamos sólo para fabricar bombas nucleares, sobre todo cuando la guerra fría terminó, se le han ido dando, desde entonces, otros usos (pues, además, resulta costoso su sostenimiento y poco justificable, más aún, cuando ha habido “accidentes” y fugas de informes secretos).

Uno de tales usos, es que se encarga de dar, digamos, mantenimiento a los artefactos nucleares existentes, mediante simulaciones de computadoras, pues, supuestamente, los ensayos nucleares ya están prohibidos desde hace años, pero también es para ver su vida útil, pues muchos de sus componentes podrían reaccionar al tiempo y a la corrosión, así que tales bombas podrían ¡estallar solas! ¡Vaya latente peligro!

De hecho, los países nucleares, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Israel, Rusia, China, India, Pakistán y Corea del Norte, gastan millones de dólares anualmente, a pesar de la crisis económica, para “dar mantenimiento”, modernizar e, incluso, fabricar más armas nucleares, no bastando con las miles que ya poseen (ver: http://www.argenpress.info/2014/11/los-recortes-no-afectan-las-armas.html).

Pero también se ha encargado Los Álamos de llevar a cabo algunos proyectos de investigación médica, tales como el desarrollo actualmente de tres vacunas contra el VIH y cosas así, sobre todo porque pueden alquilarse algunas de sus instalaciones para ciertas investigaciones (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Los_Alamos_National_Laboratory).

De todos modos, el inicial, mortífero legado que se creó en Los Álamos, sigue muy vigente, por desgracia.

Señala Lamont, al respecto que “Los ocupados científicos habían restablecido a Los Álamos como el principal centro para el desarrollo de armas atómicas. Más del 90 por ciento del arsenal nuclear surgió de sus laboratorios. Sus 13 mil habitantes pescaban, jugaban golf, procreaban, iban a la iglesia, se preocupaban por sus escuelas y continuaron haciendo suficientes bombas como para incinerar su estilo de vida y el de todo el planeta en un instante”.

Desafortunadamente es una amenaza que, a 69 años de creada, está cada vez más cerca y latente de destruirnos, junto con el planeta.

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El eterno retorno del NOBELiberalismo: Jean Tirole y el nuevo neoliberalismo

José Francisco Puello-Socarrás (especial para ARGENPRESS.info)

El francés Jean Tirole es el nuevo premio Nobel en Economía 2014. Tirole es doctor en economía del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), catedrático y director de la emergente Escuela de Toulouse, galardonado - según justifica el Banco Central Sueco, autoridad encargada de seleccionar al ganador - por haber contribuido en el análisis de “la potencia del mercado y de la regulación”, destacando que “la mejor regulación o política en materia de competencia debe ser cuidadosamente adaptada a las condiciones específicas de cada sector. Jean Tirole ha presentado un maco general para concebir esas políticas y las ha aplicado a diversos sectores, que van desde las telecomunicaciones a la banca”.

En otras oportunidades, me he referido al Nobel en Economía como el “NOBELiberalismo” (Puello-Socarrás 2009a: http://bit.ly/1fU1iCH y 2012: http://bit.ly/1yr9Mv9) para registrar el hecho que durante las últimas décadas este galardón se otorga estrictamente a los operadores intelectuales de la ideología y el pensamiento neoliberales sean éstos economistas, matemáticos o ¡físicos!; incluso, tal y como sucedió en 2009, excepcionalmente “cientistas políticos” como es el caso de la hayekiana Elinor Ostrom. Tal vez el keynesiano usamericano Paul Krugman (quien lo obtuvo en 2008) sea el único Nobel no-neoliberal en lo que va corrido del siglo XXI (Nota al Lector: por favor no piense que nos hemos olvidado de personajes como Amartya Sen o Joseph Stigliz. ¡De ninguna manera! Corroboramos: Krugman es el único Nobel no-neoliberal del nuevo milenio; en todo caso, un Nobel que no alcanza a representar una alternativa crítica y de fondo al statu quo).

El NOBELiberalismo 2014 sigue ratificando la tendencia hegemónica seguida con motivo de la profundización de la crisis ideológica (y epistémica, por supuesto) del capitalismo tardío en general y del neoliberalismo contemporáneo en particular a lo largo de esta Crisis en mayúscula, especialmente desde el período 2007/2008: el relativo abandono de las ideas neoliberales consideradas “ortodoxas” (el llamado “fundamentalismo de mercado” que alaba a limine su salvaje omnipotencia) y su relevo por otras ideas (tan y más) neoliberales pero de signo “heterodoxo” y que continúan considerando al mercado esencialmente fundamental. Este giro al interior del neoliberalismo, desde la ortodoxia hacia la heterodoxia, ha consolidado entonces el tránsito ideológico en torno a posturas que tan solo en apariencia son - por decirlo de alguna manera - menos cavernícolas que en el pasado, todo con el fin de reivindicar en esta coyuntura la omnisciencia y omnipresencia de los poderes del mercado pero de la mano (visible) de ciertas dosis de presencia estatal gubernamental (http://bit.ly/1yoWXTj). Es por ello que desde el más reciente colapso financiero global y, sobre todo, con el agravamiento de la mal-llamada Gran Recesión, la palabra más recurrida, por ser la clave crucial de la recomposición hegemónica del y en el neoliberalismo actual, es: regulación. No es casual que el Nobel en Economía intente una vez más reforzar el escenario ideológico inherente a la crisis sistémica bajo la pretensión de “re-conocer” la “imperfección” de los mercados (¡a regañadientes! Recordemos que uno de los ganadores del año pasado: 2013, fue el tristemente famoso Eugene F. Fama, un fiel quijote de la autorregulación de los mercados). No obstante, la relativa novedad que representa el laurel en manos de Jean Tirole se explica primordialmente por el lado de la “regulación”.

El Consenso de la “Regulación”. ¡Ni intervencionismo (keynesiano) ni planificación (socialista): más neoliberalismo!

Desde la caída de Wall Street y en medio de la crisis global de las finanzas y la deuda públicas y privadas, ningún representante de las clases dominantes mundiales, de Obama a Benedicto XVI (y recientemente Francisco: http://bit.ly/1tlyngv), de la Casa Blanca al Vaticano, ha evitado hacer algún tipo de declaración en la que no se “critique” el libertinaje de los mercados, el capitalismo de amigos y de casino, o el anarco-capitalismo; no obstante, bajo esta operación retórica no se ha abandonado la convicción neoliberal de la libertad de los mercados, una cuestión distinta.

Justamente, en este espectro, un defensor a limine (compatriota bastante cercano a Tirole) de la ideología neoliberal, Nicolás Sarközy - siendo presidente de la república - proponía en 2008: “la idea del mercado omnipotente sin reglas ni intervención política es descabellada. La autorregulación se acabó. El laissez-faire se acabó. La omnipotencia del mercado que siempre tiene la razón, se acabó”. El premier francés convocaba la construcción de un “capitalismo regulado… de una manera tal que permita a las ideas de Europa florecer” (Financial Times, 25/9/2008). Otro compatriota de Tirole, el tristemente célebre Dominique Strauss-Kahn, ex director del Fondo Monetario Internacional, entidad identificada históricamente con el neoliberalismo ortodoxo reconocía ese mismo año: “Es gracias a que no hubo regulaciones o controles, o no hubo suficientes regulaciones o controles que esta situación afloró. Tenemos que… regular, con gran precisión, las instituciones financieras y los mercados” (Financial Times, 28/9/2008). Luego, en 2011, en una conferencia dictada en la Universidad George Washington (¡el lugar de enunciación escogido!), Strauss-Kahn proponía algo que podría ser considerado una blasfemia para el sentido común neoliberal de un par de década atrás: “el Consenso de Washington es ahora historia”. Antes de abandonar el auditorio sentenciaba que el péndulo en las nuevas políticas económicas giraría “del mercado hacia el Estado”. Otros ejemplos en este mismo sentido abundan (cfr. Puello-Socarrás 2009b: http://bit.ly/1ljpAXV).

Los llamados a “la regulación” (pública estatal/gubernamental), sin embargo, se han confundido ingenuamente (en varios casos, se han intentado manipular deliberadamente), para sugerir una imaginaria revolución paradigmática en los referentes de la economía política actual y verificar así una inminente restauración del keynesianismo, anunciando en forma casi apocalíptica el final de los finales de la hegemonía neoliberal. Estas efervescencias, a su vez, se han pretendido justificar (sin pruebas ni indicios) en varias latitudes bajo la tesis del “retorno del Estado”, la cual es interpretada apresurada y acríticamente. Como en otras oportunidades hemos señalado: la regulación pública estatal resulta plenamente compatible y consistente con el neoliberalismo (de hecho, yendo más allá, suele olvidarse - y ocultarse - que ¡el capitalismo nunca ha funcionado sin el Estado (-nación)!). En el marco de la discusión teórica e ideológica aquí planteada, la regulación se encuentra asociada particularmente a las perspectivas heterodoxas en el neoliberalismo. En el caso de las corrientes austriacas, por citar un ejemplo: F.A. von Hayek en el Camino de Servidumbre anotaba: “Es importante no confundir la oposición contra la planificación… con una dogmática actitud de laissez faire”, y ante lo cual convocaba la construcción de un “sistema de regulaciones” que protegiese el funcionamiento del régimen de la libre competencia. Pero seguramente serán las escuelas alemanas: Ordoliberalismo y Escuela Social de Mercado, quienes elaboren el problema de la regulación estatal como una cuestión central para el funcionamiento del mercado:

“La intervención del Estado solo es adecuada [Nota: entiéndase “intervención” en tanto regulación] cuando fracasan los mecanismos de mercado y se hace necesario asegurar un nivel social mínimo, dado que, de lo contrario, el mecanismo de precios no puede cumplir con su función de señal y canalización, con la consecuencia de ineficiencias en el sistema” (Dominik, H. Ernste, “Una perspectiva ordoliberal de la Economía Social de Mercado. Basado en los “Principios de política económica” de Walter Eucken”, Dialogo Político No. 1, 2009, p. 63).

Dentro de la compleja y variada ideología y prácticas neoliberales, las versiones consideradas ortodoxas y pro-leséferistas, como por ejemplo el “fundamentalismo de mercado” á la Friedman (hoy desprestigiado, incluso al interior de los propios círculos neoliberales) nunca han dejado todo en las manos (invisibles) del mercado. El monetarismo - recordemos - propone que la autoridad pública debe limitarse hacer “lo justo/lo correcto” para que la economía de mercado funcione libremente. El postulado neoliberal de la desregulación, en todo caso, debe interpretarse como un tipo de regulación inactiva, sin intensidad y limitada si se la comparada con otro tipo de regulación mucho más activa y con (algo de) intensidad, variante que no sólo resultaría aceptable sino que es necesaria para el neoliberalismo en tanto garantiza en estos tiempos la preeminencia del mercado como el dispositivo de producción y reproducción sociales. Sin embargo - entiéndase bien -, la regulación difiere abiertamente y se diferencia tanto de la inacción “desregulativa” (ortodoxa) como de la “acción” propias del intervencionismo estatal á la Keynes y, desde luego, de la planificación centralizada socialista; se trata de una “no-acción”, oportunista e intermitente, única y exclusivamente a favor del mercado.

Esto es lo que representa Jean Tirole, un neoliberalismo regulativo (al decir de Susan Watkins), el tipo de renovación del neoliberalismo de época:

“La economía de mercado ha sido y será el motor de crecimiento y de bienestar de las naciones. Pero para funcionar bien, la economía de mercado necesita de regulación para paliar ciertas fallas de mercado y restablecer una buena responsabilización (sic) de los actores económicos” (La Dépêche 12/2008).

Para que la competencia florezca entonces “es fundamental que existan reglas de juego claras y reguladores independientes y fuertes” (“Sin un regulador fuerte, no hay liberalización eficaz”: J. Tirole, El País, 25/12/2005). En estas perspectivas se subraya que la regulación no pretende ni podría ser permanente. Solo se justifica momentáneamente y en el caso que los mercados no funcionen “correctamente”.

Hay que insistir que este giro desde la ortodoxia hacia la heterodoxia en el neoliberalismo (aunque sensu stricto Tirole conservaría un equilibrio estrecho entre ambas tradiciones: http://bit.ly/1wh5vfH) no significa ni mucho menos el debilitamiento de la hegemonía actual. Al contrario. Como lo hemos analizado antes, este tránsito herético confirma rehabilitar sus núcleos originales, animando la restauración en profundidad del credo neoliberal como respuesta a la crisis actual (en el sentido ideológico y epistémico, sobre todo) y en donde la continuidad del capitalismo neoliberal está fuera de toda discusión (http://bit.ly/1oIywMk).

No resulta entonces ocioso registrar que es precisamente Alexander Rüstow, un neoliberal alemán, y quien además acuñó tempranamente el término neoliberalismo en la década de 1930s - haya sido el primero también en sintetizar los principios orientadores generales más abstractos de este proyecto político económico de clase alrededor de la fórmula: Freie Wirtschaft, starker Staat (“Economía libre, Estado fuerte”). Si bien, el inicio de la hegemonía neoliberal a nivel global in vivo puede ubicarse desde la década de 1970s, más puntualmente, alrededor de los 1970s con el inicio del terrorismo de Estado y las dictaduras cívico-militares en Suramérica (en Brasil, Bolivia, Paraguay pero especialmente desde los sucesos de Chile y, luego, Argentina y Uruguay) encabezados en el plano económico por los postulados de la ortodoxia convencional, hay que hacer memoria que el primer experimento neoliberal real e históricamente concreto fue llevado a cabo en Alemania Federal de post-guerra de la mano (visible) del neoliberalismo teutón (quienes, al lado de los austriacos, son considerados a la postre corrientes neoliberales “heterodoxas” respecto al mainstream anglo-usamericano). En su abrumadora mayoría, el contingente alemán encargado de la reconstrucción germánica estaba constituido por los miembros de primera línea de la Sociedad Mont-Pérelin, foro ab origine del neoliberalismo y que desde finales de la década de 1940s es la plataforma ideológico-política crucial para el lanzamiento de este proyecto a nivel planetario.

Finalmente, no hay que dejar de observar que este nobel en economía en manos de Tirole resulta ser un triple homenaje para el neoliberalismo de hoy en sus versiones de: a) capitalismo financiero (cfr. “The theory of Corporate Finance”, 2006); b) neoliberalismo académico (al respecto sugiero no dejar de consultar la excelente nota sobre los desempeños “académicos” de Tirole realizada por Laurent Maudit: “Jean Tirole, prix Nobel des ‘imposteurs de l’economie’”, Mediapart, 13/10/2014) pero, sobre todo y más importante aún, c) la legitimación del pensamiento fondomonetarista de estos tiempos. Más allá de los giros retóricos que se han pretendido por parte del FMI durante los últimos años (recordemos la frase de Strauss-Kahn, por ejemplo) y los supuestos nuevos enfoques en materia de políticas macroeconómicas que promociona el Fondo en una especie de mea culpa (insincero, en todo caso) respecto al pasado (Puello-Socarrás 2010: http://bit.ly/1yoWXTj), el fondomonetarismo neoliberal no sólo intenta sincronizarse con el movimiento hegemónico actual sino que continúa siendo la punta de lanza del neoliberalismo en general, más ahora durante esta etapa de crisis y profundización renovada. No debe sorprender el hecho que uno de los encargados de gestionar este trance al interior del FMI, el francés Oliver Blanchard - últimamente junto con otro “neoliberal crítico del neoliberalismo”, el nobel Joseph Stiglitz - haya recurrido a las contribuciones excepcionales de J. Tirole y su trabajo para hacer frente a esta tarea.

José Francisco Puello-Socarrás
Universidad Nacional de San Martín (UNSAM - Argentina).
Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISyP - Argentina).

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Contra las guerras y contra el imperialismo

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

El año 2014 ha marcado el centenario de la I Guerra Mundial y el 75º aniversario de la II Guerra Mundial. De las dos grandes guerras imperialistas del siglo XX resultó en el asesinato masivo de no menos de 80 millones de personas, entre soldados y civiles.

Es a partir de este triste recuerdo que el luchador pacifista estadounidense Wayne Nealis formula la propuesta de construir un fuerte movimiento por la paz inspirado en los principios de la “Liga anti-imperialista de Estados Unidos” fundada en 1898 y el trabajo de muchas organizaciones de luchadores contra las guerras en todo el mundo que condujeron a la creación en 1945 de Consejo Mundial por la Paz del que Estados Unidos es, aún hoy, activo afiliado.

Si bien no puede decirse que estos movimientos hayan tenido éxito deteniendo la guerra y la irracional agresión estadounidense, Nealis concibe que los luchadores actuales por la paz pueden aprender mucho de las experiencias de aquellos precursores.

Pero será preciso –dice– cambiar el pensamiento y la actitud de la gente acerca de la naturaleza de la política exterior de su país, orientada a las ganancias, los mercados y los recursos naturales. Sin entender el carácter imperialista de tal política se acepta la guerra como un mal inevitable, un fracaso de la moral humana o una escoria del cinismo.

Quienes activamente se han organizado para oponerse a las guerras, lo han venido haciendo una y otra vez pero, cuando cesan las hostilidades, los bombardeos o la escalada de sanciones, las acciones se desvanecen y nadie se interesa por conocer las causas de tales conflictos geopolíticos sistémicos.

“Comprensiblemente, muchas personas son manipuladas por la propaganda de guerra que coloca la agresión propia al amparo de razones nobles- como la lucha por la libertad y la democracia - y difunde mensajes que infunden miedo al adversario, frecuentes en tiempos de guerra fría y reciclados en la guerra contra el terrorismo. Este enmascaramiento de las verdaderas intenciones es otra razón por la que es necesario un enfoque antiimperialista que revele los motivos subyacentes tras la política exterior de Estados Unidos”.

Es opinión de Nealis que una nueva organización o coalición política que se funde para la promoción de la paz debe considerar incorporar el término "anti-imperialista" en su apelativo. “El nombre de la Liga anti-imperialista no dejó al público duda alguna acerca de la misión de la entidad o quienes serían sus adversarios”.

Esta elección delinearía la misión de la organización o coalición de modo que otras entidades de lucha por la paz que no están de acuerdo con la estrategia de lucha contra el imperialismo no se incluyan en ella. “Esto no debe malinterpretarse como crítica a los grupos de paz existentes”, solo subraya que el reto recaerá sobre quienes optan por el enfoque antiimperialista y están prestos a demostrar la efectividad de ese rumbo.

Otro propósito que lleva a Nealis a abogar por un movimiento explícitamente antiimperialista es el de crear un espacio político para la paz abierto a personas de mente liberal y políticos, organizaciones y sindicatos progresistas audazmente dispuestos a desafiar las estructuras y las amenazas imperialistas.

Varias encuestas de opinión pública indican que en los últimos dos años tiene lugar un cambio significativo en el pensamiento de los estadounidenses, lo que abre posibilidades para la construcción de un movimiento por la paz basado en principios antiimperialistas. Es un hecho notable teniendo en cuenta que los ataques terroristas del 9-11 sirvieron para concertar apoyo mayoritario del pueblo a los objetivos militares y la política exterior imperialista de Washington.

“Pero, transcurridos unos pocos años, los estadounidenses se han vuelto escépticos y cansados de la guerra y las agresiones”.

El pueblo estadounidense fue capaz de detener el plan de ataque a Siria en el verano de 2013 mediante un rechazo masivo que fue el más fuerte indicador de un cambio en la opinión pública que indica que es posible cultivar y organizar el movimiento por la paz de que habla Nealis.

Una segunda indicación de que los estadounidenses están comenzando a ser más escépticos sobre la política exterior fue su respuesta a las denuncias de Edward Snowden quien hizo públicos documentos secretos de inteligencia, denunció “una política exterior de mentiras” y, pese al intento oficial de demonizarlo y considerarlo un traidor, según encuestas, el pueblo valoró su acción de heroica.

La contradicción entre los objetivos imperialistas y un público escéptico seguirá creando oportunidades a un movimiento por la paz estadounidense con un programa de lucha antiimperialista que cierre filas con los movimientos nacionalistas de todo el mundo que exigen de Estados Unidos el cese de su intervención en los asuntos internos de otras naciones, la clausura de las bases militares en el extranjero y que deje su pretensión de actuar como el policía global.

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De Hotesur al HSBC: Los carpetazos calientan la crisis política

Marcelo Ramal (especial para ARGENPRESS.info)

La revelación de que el banco HSBC inscribió 4000 cuentas secretas de argentinos en Suiza terminó de tirar abajo la cantinela de que el país padece una `crisis de financiamiento`. Si a través de un sólo banco la salida ilegal de fondos habría evadido impuestos por unos 10.000 millones de dólares, según la AFIP, ¿qué cabe esperar de la fuga de capitales considerada en su conjunto? El ahorro nacional, que alcanza los 100.000 millones de dólares anuales, ha sido en buena parte embuchado y sacado clandestinamente del país por parte de la propia burguesía nacional. En la lista de los autores del desfalco, que la AFIP difundió a cuentagotas el pasado viernes, están algunos de los mayores próceres de esa clase social, desde el grupo Clarín y Deutsche Bank hasta los ex `amigos` k Midlin (Pampa Holding) o Ezquenazi, y también los emblemas de la patria sojera, como el grupo Grobo.



Según algunas estimaciones, los capitales argentinos en el exterior alcanzan los 200.000 millones de dólares, una cifra similar a la deuda pública en dólares que está en manos de acreedores “externos”. La comparación entre una y otra cifra no es casual, porque una parte de los capitales fugados han ido a parar a la compra de deuda pública argentina. Por esta vía, la burguesía nacional se ha convertido en la principal acreedora del país, explotando los réditos de la bancarrota económica que ellos mismos han provocado. El kirchnerismo ha tolerado este desfalco durante más de una década, sin chistar. Nunca hay que olvidar, en este punto, que la piedra basal del kirchnerismo es la fuga de los 1000 millones de dólares que el Estado de Santa Cruz recibió de la privatización de YPF, y que los Kirchner apoyaron calurosamente.

Extorsiones recíprocas

Pero incluso en el caso del HSBC, el gobierno ni siquiera ha destapado un caso novedoso. Las revelaciones sobre las maniobras internacionales de este banco en torno a la apertura de cuentas no declaradas estallaron en 2006-2008, cuando un ex empleado de la entidad le entregó a la justicia francesa los datos de miles de depositantes clandestinos en Suiza. Los fiscales galos compartieron esta información con varios países afectados, entre ellos, Argentina. Echegaray dijo haberse reunido con el `informante` a comienzos de este año, y contar con la información desde hace varios meses.

La tardía revelación de estas cuentas es la réplica de la camarilla oficial a la escalada del juez Bonadío, que acaba de reclamarle a la AFIP las declaraciones de bienes de la familia Kirchner. El deschave de las 4000 cuentas, por lo tanto, está condicionado a un juego de extorsiones. Por lo pronto, Echegaray sólo reveló un puñado de titulares de cuentas, y postergó la difusión de la lista integral. Antes de ello, tendrán que filtrar los nombres de los `amigos`. Del otro lado, “Clarín” anuncia que “puede haber más –ya hay más- malas noticias para Cristina”. (28.11), en materia de investigaciones sobre lavado de dinero. La “guerra de carpetazos” refuerza otra disputa, la del destino de la justicia.

Transición convulsiva

Los carpetazos demuestran que la transición política no será pacífica ni ordenada. Días atrás, los popes empresariales de la UIA emplazaron al gobierno a un arreglo con los holdouts, el primer paso para un rescate financiero del cual dependerá, según ellos, “la liberación de dólares para la industria en 2015”. Pero los jefes de la burguesía y el gobierno saben que el arreglo con los buitres sólo sería el primer paso de un socorro financiero internacional. En el pliego de reclamos de los rescatistas, están la devaluación de la moneda y un ajuste fiscal en regla. Los K temen que la puesta en marcha de este paquete complete su demolición política, y no renuncian a pasarle el fardo al próximo gobierno. Esta posibilidad exaspera a la burguesía, que exige que el desmantelamiento político y económico del kirchnerismo comience ahora. Para ello, extorsiona a la camarilla oficial con la mugre de sus abundantes corruptelas. Los K, por su parte, defienden su supervivencia política. Pero hasta la candidatura oficial de Scioli se sostiene en la promesa de terminar con el ^modelo`. Para sortear esa contradicción y condicionar a Scioli, los K piensan meter a Cristina en la boleta presidencial, candidateándola a `parlamentaria del Mercosur`.

Entre el HSBC y Hotesur, lo que campea es el agotamiento completo del régimen político y económico que rigió desde el 2002 hasta hoy. La transición política es una lucha respecto de quién se hace cargo de las consecuencias convulsivas del derrumbe, que los bloques que se disputan la sucesión quieren trasladarle a los trabajadores. Este es el telón de fondo de los carpetazos.

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Malabares financieros

Nicolás Roveri (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

El arreglo con los buitres está afectado por la improbabidad de ingreso de capitales para Vaca Muerta. En La Nación (3/12), Galuccio señala que YPF produce a precios superiores (Medanito) a la cotización internacional.

La otra novedad es que las emisiones de deuda del BCRA ya no encuentran compradores. La Nación menciona que a pesar del creciente monto de intereses que paga, el BCRA no logra cubrir las necesidades de financiamiento. La carga de intereses pasó de 16.000 millones a 48.000 millones de 2013 a 2014, ante el "crecimiento exponencial que ha tenido el stock de la deuda emitida por el ente, a lo que hay que agregar las mayores tasas de interés (hoy van del 27% al 29% anual según el plazo)".

Los bancos locales son reticentes a tomar "letras" del BCRA a cambio de pesos. En el caso de la deuda del Tesoro, "al ofrecer en la última licitación un bono al doble de plazo y con la misma tasa, apenas logró captar (y con fórceps) dos tercios de lo que buscaba". La nota se extiende también en las dificultades de las provincias que deberán endeudarse para pagar salarios a tasas siderales.

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Presos: La desinformación detrás de la noticia de los aguinaldos

Vanesa Spaccavento (Corriendo la Voz - ANRED)

La Justicia determinó que los presos deben cobrar lo mismo que un trabajador, y los medios se encargaron de viralizar la noticia con un recorte informativo que poco tiene de inocente. Aclaremos algunas cuestiones, entre ellas, que no se trata de ningún subsidio/ayuda que el Estado de gracias al pago de impuestos de la sociedad.

Asignaciones familiares, aguinaldo, agremiación, entre otros, forman parte de los derechos laborales. La Justicia falló a favor de equiparar el régimen laboral entre las personas libres y los presos, decisión que produjo cierto revuelo.

A raíz de un sinfín de interpretaciones vinculadas a esta medida, nos resulta menester recordar (o más bien detallar), los artículos 18 de nuestra Constitución Nacional y algunos puntos de la Ley 24.660 (Ley de Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad).

Artículo 18 – Constitución Nacional:

Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice.

Ley 24.660 (Ley de Ejecución de la pena privativa de la libertad):

ARTICULO 1º — La ejecución de la pena privativa de libertad, en todas sus modalidades, tiene por finalidad lograr que el condenado adquiera la capacidad de comprender y respetar la ley procurando su adecuada reinserción social, promoviendo la comprensión y el apoyo de la sociedad.

El régimen penitenciario deberá utilizar, de acuerdo con las circunstancias de cada caso, todos los medios de tratamiento interdisciplinario que resulten apropiados para la finalidad enunciada.

ARTICULO 2º — El condenado podrá ejercer todos los derechos no afectados por la condena o por la ley y las reglamentaciones que en su consecuencia se dicten y cumplirá con todos los deberes que su situación le permita y con todas las obligaciones que su condición legalmente le impone.

Considerando que ninguna ley puede ir en contra de la Constitución Nacional queda claro que, aún las personas que cumplen condena, gozan de los derechos detallados en el Artículo 14 Bis.

El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.

El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.

Volviendo a la Ley 24.660

ARTICULO 120. — El trabajo del interno será remunerado, salvo los casos previstos por el artículo 111. Si los bienes o servicios producidos se destinaren al Estado o a entidades de bien público, el salario del interno no será inferior a las tres cuartas partes del salario mínimo vital móvil. En los demás casos o cuando la organización del trabajo esté a cargo de una empresa mixta oprivada la remuneración será igual al salario de la vida libre correspondiente a la categoría profesional de que se trate.

Los salarios serán abonados en los términos establecidos en la legislación laboral vigente.

ARTICULO 121. — La retribución del trabajo del interno, deducidos los aportes correspondientes a la seguridad social, se distribuirá simultáneamente en la forma siguiente:

a) 10 % para indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito, conforme lo disponga la sentencia; b) 35 % para la prestación de alimentos, según el Código Civil; c) 25 % para costear los gastos que causare en el establecimiento; d) 30 % para formar un fondo propio que se le entregará a su salida.

El especialista en Derechos Humanos y Políticas Penitenciarias, Leandro Halperín, indicó al sitio Info News que: “Actualmente hay unos 10 mil presos alojados en cárceles federales. De ellos, 2 mil tiene un trabajo que podría llamarse estable y que alcanza las 40 horas semanales por el que se cobran 4400 pesos. Pero, además, hay otros 6 mil detenidos que hacen alguna actividad que, en general, se paga 22 pesos la hora; son jornaleros".

En este sentido, Halperín explicó que el principal empleador de presos no es el Estado, sino los privados. Y toda la actividad está regida por el Ente Cooperador Penitenciario.

Por otro lado, y porque su presencia en el inciso 22 del artículo 75 de nuestra Carta Magna le da carácter de constitucional, no está de más agregar que el Pacto de San José de Costa Rica, conocido también como “Convención Americana sobre Derechos Humanos” (1969) declara, entre otras cosas, en su artículo Nº 5 que:

1) Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.

2) Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano.

3) Las penas privativas de la libertad tendrán como finalidad esencial la reforma y la readaptación social de los condenados.

No ignoremos que la condena social es más larga que la legal. Para un ex convicto no resulta fácil conseguir trabajo, por lo que ese dinero acumulado en su cuenta le servirá, en cierto modo, para “volver a empezar”. La Ley no distingue entre trabajo y trabajo para presidiarios; no existen dos regímenes laborales, en efecto, no hay derechos diferenciados. Los presos, como ciudadanos, tienen el deber de cumplir una condena pero eso no los convierte en inhumanos y, por ende, también tienen derechos. Esta “novedad” que hoy está en boca de tantos no es mas que una medida para hacer cumplir la ley.

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Los mil pedazos del niño del Agote

Claudia Silva (APE)

Estaba alojado en el Instituto Luis Agote, a disposición del Tribunal Oral de Menores N°1, institución que había ordenado al instituto cuidados especiales para el adolescente por encontrarse éste en alto estado de vulnerabilidad. Su psiquis, desde muy niño pedía alimento, sostenimiento, ternura. Su familia no pudo. Las instituciones del Estado, lo abandonaron. Nadie quiso abrigarlo, y cuando el abrigo falta, la psiquis suele partirse en mil pedazos.

El instituto Agote, dependiente de la Secretaría Nacional de Niñez Adolescencia y Familia de la Nación decidió que la mejor forma de garantizar al adolescente esos “cuidados especiales” era encerrarlo en una celda de aislamiento.

Todos los que trabajamos con niños vulnerados en sus derechos, solemos preguntarnos qué sucederá con sus vidas cuando algunos de ellos comienzan a rozarse con el sistema penal juvenil. Y solemos enojarnos cuando son derivados a las residencias “educativas”, al instituto San Martín, Roca o Agote. Porque sabemos que son depósitos de niños que no tienen siquiera un dispositivo terapéutico que pueda trabajar con él su historia, ni mucho menos un proceso en el que se pueda trabajar con él o con ella hacia la construcción de un proyecto de vida distinto, una derivación apropiada, deseada y acordada. Sana.

En ocasiones he tenido la posibilidad de crear esos espacios dentro de los institutos, sin que los institutos lo supieran – porque de otro modo resultaría imposible -, y al trabajar con los niños, al haber creado un vínculo basado en la confianza, al construir con ellos un espacio donde medie la palabra, los pibes hablan.

Dentro de los que aún llamados “institutos de menores” o “residencias educativas”, la Secretaría de Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, sostenga a personal dependiente de la institución policial, resulta ser nefasto para los niños. Un día, en esos encuentros dentro de estas instituciones, el niño refirió: Ves el cana que está ahí? Bueno, vos sabés bien que acá no se puede fumar nada, no? Bueno… éste si le das la guita o le hacés “algún favorcito” hasta te lo enciende. En otra ocasión, otro niño expresó: me tengo que portar bien, porque o te cagan a palos o te encierran en “el buzón”.

Cabe aclarar nuevamente, y para que no quede ni una duda, que estas instituciones dependen de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, creadas para abrigar y no para punir. Instituciones que deban – de deber - pensar a nuestras niñeces como vulneradas históricamente por todos los adultos que deberían haberlas protegido.

Enojo, hartazgo, angustia, ira, indignación. Ante el desapego, ante la desidia. Ante el asesinato. Porque el adolescente alojado en el Instituto Agote dentro de una celada de aislamiento tuvo que ser trasladado al hospital con el 80% de su cuerpo quemado. Porque murió horas después. Porque el colchón que tenía en la celda de aislamiento no era ignífugo. Porque tenía un encendedor o fósforos para encender el fuego. Porque no tenía NUNCA que haber entrado al Instituto Agote. Porque su psiquis pedía a gritos que lo miren, que lo escuchen, que lo abriguen.

En cambio encontró la muerte. Una muerte terrible. Encerrado, en soledad. Y sin una mísera mirada.

“(…) Niño, sueño, descalzo y sin sol, veo tu luna y alguna canción,
tal vez pueda abrazarte (…) Va a ser un paraíso, donde no existe el tiempo,
quizás pueda esperarte, te hago risas en el cuerpo, en tu voz, todo ese rato,
el otoño murió, adiós luz, adiós luz, adiós luz...” (Niño, El Pintor a la Luna)

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Voces en la Plaza: madres con el dolor del gatillo fácil

RNMA - ANRED

Gloria, mamá de Carlos Abregú; Cristina, mamá de Cristian "Tino" Farías; Mariela, mamá de Pablo Rocha y Julia, mamá de Christopher Damián Torres, compartieron durante la transmisión especial de la Red Nacional de Medios Alternativos, las historias de sus hijos. Nos dijeron por qué estaban allí en la Plaza de Mayo acompañando la entrega de los Archivos anuales de casos de represión estatal el viernes 28 de noviembre.

Gloria, mamá de Carlos Abregú: “la policía está entrenada para matar y torturar a nuestros hijos”

Durante la transmisión especial de la RNMA por el Informe Anual de CORREPI, también dialogamos con Gloria, la mamá de Carlitos Abregú, que a los 17 años fue fusilado por el policía federal Alejandro Aguirrez Manzur en marzo de 2013.
“A mi hijo y al amigo (Emanuel Ojeda) los asesinaron por la espalda, los chicos estaban desarmados, ellos argumentaron que los chicos los quisieron robar, que hubo un enfrentamiento, pero solo se encontraron vainas de la 9 milímetros de Manzur. Sé que se hizo la reconstrucción del hecho, pero no nos avisaron. La versión del policía se cayó enseguida, pero tampoco le daban la detención inmediata. El que estaba a cargo de la causa era (el fiscal) Pontecorvo y después se excusó. Después de un año y dos meses de lucha con la gente de Correpi logramos la detención de Manzur y ahora estamos esperando la elevación a juicio”, relató Gloria.

Tras ser baleado por la espalda, Abregú estuvo internado agonizando dos meses y 17 días en el Hospital de Moreno. Durante los primeros días, el pasillo de terapia intensiva permaneció repleto de policías que ingresaban a la habitación, cuando su familia se retiraba, para encadenarlo a pesar de que el joven no podía hablar y estaba con respirador: “Nos hicieron una tortura psicológica desde el momento en que él pisó el hospital hasta que intervino la jueza de menores y sacó la policía de ahí, que supuestamente no estaba enterada. Ahora Pontecorvo tiene una denuncia por eso. Después yo me contacté con Correpi y gracias al doctor (Ismael) Jalil y a la lucha que ponemos día a día todos los familiares se logró la detención”, afirmó Gloria y agregó: “La policía está entrenada para matar y torturar a nuestros hijos. Mi hijo era un estudiante que se iba a divertir a la zona del dique, desde los 11 años, primero con caballos, después con la moto, pero todos los domingos se iba a divertir, todos los conocían y lamentablemente se cruzó con estos tres individuos que impunemente lo asesinaron. El que disparó fue Aguirrez Manzur pero estaba acompañado por otros dos policías que intervinieron pero están libres”.

Al finalizar el contacto con la transmisión especial de la RNMA, Gloria aseveró: “No confío en la justicia y tampoco me devuelven nada por más que Aguirrez Manzur esté preso, la vida de mi hijo ya no está, pero tengo que seguir de pie y luchando por los chicos que están para que esto no vuelva a pasar y para que por lo menos nuestras voces se escuchen”.

Cristina, mamá de Cristian "Tino" Farías: “Hay muchos culpables, no solamente los que iban en el patrullero”

Cristian Tino Farías (26), mecánico, pintor y albañil fue asesinado el 20 de septiembre a la madrugada. Volvía a su casa en moto, junto con un vecino, cuando efectivos de la policía comenzaron a perseguirlos a los tiros. Uno de los móviles encerró la moto, lo que causó que se estrellara. La versión oficial fue que intentaron robar una motocicleta junto a otras personas.

“Tenemos testigos que cuentan que les disparan y los empiezan a correr. A mi hijo lo persiguen tres kilómetros a los tiros. Con el patrullero lo encerraron y le provocan el accidente. Le pegaron, lo patearon para que se levante y al no responder lo dejaron morir, agonizando más de 40 minutos. No llamaron a la ambulancia para tratar de salvarle la vida. El médico forense dice que murió en el acto pero después por escrito dice que murió por un paro cardio-respiratorio.

Ninguna autoridad policial vino a avisarnos. Nos enteramos ocho horas después. Fuimos de comisaría en comisaría preguntando hasta saber lo que había pasado. La 45 estaba rodeada de policías. Entonces, si fue un accidente como ellos dicen, ¿por qué estaba rodeada la comisaría? ¿por qué no nos vinieron a avisar? Hemos pedido la realización de una nueva autopsia: queremos saber si él estaba baleado por la policía porque el amigo sí lo estaba. Pero todos los pedidos que hace nuestro abogado son denegados por el juez Moreno.

Mancharon su nombre. Mi hijo no tiene antecedentes, jamás pisó una comisaría e iba en su propia moto. Hay muchos culpables aquí, no solamente los que iban en el patrullero.

Pedimos que investigue otro que no sea la policía. El juez está como encubriendo todo porque la causa no avanza. En Santiago del Estero nos cerraron todos los medios, no nos ayudaron a difundir el caso. Pedimos audiencia con la gobernadora (Claudia Ledesma Abdala), pero no nos recibió”.

Mariela, mamá de Pablo Rocha: “Todo lo que no se puede hacer con un menor, se lo hicieron a mi hijo”

En 2008, Pablo Rocha, un pibe de 15 años del pueblo bonaerense de Ranchos (Partido de Chascomús), salía de su clase de música cuando fue interceptado por la policía. Lo amenazaron, golpearon y detuvieron. Una mujer policía dio cobertura a la situación, denunciando que Pablo le quiso robar el arma. Fue puesto en libertad por ser inimputable, pero sus padres decidieron dar la pelea para demostrar lo que pasó. Cuatro policías debieron enfrentar un juicio oral y fueron condenados, acusados por falsa denuncia y falsedad de instrumento público. Hoy Pablo tiene 21 años y está a punto de recibirse de profesor de música.

“A mi hijo lo agarran en la calle, lo detienen, le cometen apremios ilegales, lo revientan contra el suelo. Gracias a un periodista que filmó la detención tenemos esas imágenes. Le quitaron hasta el celular. Esa es la inseguridad que nosotros tenemos con la policía. No lo dejaron llamar. En el video se escucha como grita ’llamen a mi mamá que me está esperando’ y la policía le quita el teléfono y no nos notifica. Estuvimos 4 horas buscándolo. Al final, con el papá entramos desesperados a la comisaría de Ranchos, gritando que saliera la policía a buscar a mi hijo que lo teníamos desaparecido. Ahí nos dicen que está detenido en Chascomús. Ellos violaron la Convención de los Derechos del Niño, no me notificaron y lo metieron en un calabozo. Todo lo que no se puede hacer, a él se lo hicieron y, cuando ven que es menor de edad, arman la causa.

Tuve que recurrir a Correpi, que fueron los que me ayudaron porque los primeros fiscales querían defender a la policía y archivar la causa. La jueza de menores me decía que dejara todo quieto porque mi hijo era inimputable. Yo quería que mi hijo quedara limpio pero no por ser menor de edad e inimputable sino porque era inocente. En el juicio se supo que era falsa la denuncia. La causa está ahora en Casación para que quede firme la condena.

Los fiscales dicen que no hay apremios ilegales por eso sigo con esta lucha. Están condenados pero no por apremios ilegales. Los fiscales no quieren ver lo que dice la Convención de los Derechos del Niño. No solo pienso en mi hijo sino también en otros chicos. En Argentina se violan los derechos del niño y los derechos humanos”.

Julia, mamá de Christopher Damián Torres: “Inicié esta lucha para demostrar que el gatillo fácil es una política de Estado”

Christopher tenía 17 años cuando el policía Luis Oscar Ayunta lo fusiló en el 2008 en el barrio La Victoria de Moreno. Como en la mayoría de los casos, la policía alegó un enfrentamiento que nunca existió. En el marco de la transmisión especial que realizó la RNMA, Julia contó cómo fueron los hechos:

“Se reconstruyó el momento del crimen de mi hijo y ahí se pudo demostrar que mi hijo estaba de espaldas y que Ayunta lo fusiló, y que en ningún momento Christopher representaba ningún perjuicio para él y para terceros. Mi hijo estaba parado yéndose para la casa de un amigo en el momento en que Ayunta de atrás le dispara, pero así y todo la fiscal Pontecorvo siguió avalando la mentira que este policía decía”.

Apenas ocurrido el asesinato de su hijo, Julia se unió a Correpi y juntos pudieron sentar en el banquillo al policía en 2010: “Le dieron una condena de 12 años de prisión pero por buen concepto de sus superiores nunca fue separado de la Fuerza. Es más cuando yo estaba luchando para que se haga justicia y tratando de concientizar a la gente, Luis Oscar Ayunta estaba en Cariló custodiando las mansiones de empresarios y de jueces. Llegó al juicio en marzo todo bronceado, apoyado por toda su camaradería que vinieron a declarar a favor de él. Se dio la sentencia en su contra pero salió por la misma puerta que salí yo. Ese día empezó otra lucha para tratar de que este asesino fuera preso y logramos eso en agosto de este año cuando se confirmó la sentencia por Casación y la Corte Suprema. Pero los privilegios no se le terminaron porque él no está un penal sino que está detenido en la comisaría 5ta de Morón, donde tiene a sus vecinos conocidos porque en la cuadra donde él vivía son todos policías, es un barrio policial, y tiene conocidos que lo hicieron llevar hasta esa comisaría y sigue gozando de muchos privilegios”, dijo Julia. Este es el sexto año que Julia asiste al acto de presentación del archivo de casos que elabora Correpi. “Estar en la plaza cada año es hacer que no se olviden de mi hijo y hacerle saber al Estado que todos los chicos tienen nombre y apellido y que los asesinos también. Para nosotros, los familiares, es algo muy importante estar en la Plaza y tenemos una emoción muy grande que no sabemos describir si es bronca o qué es lo que nos pasa. Pero tenemos que estar acá, porque sino esto sigue pasando. Somos una pequeña cantidad de familiares que estamos denunciando porque lamentablemente hay 4300 casos de desaparecidos, torturados, de gatillo fácil, y acá no hay 4300 familiares reclamando para que se haga justicia por ellos. Una parte de esos familiares vendió la sangre de sus seres queridos al Estado; a otra parte lamentablemente y es muy entendible les ganó el dolor y la depresión; y los pocos que estamos acá, tenemos fuerza para seguir luchando y para seguir denunciando. No le vamos a dar el gusto al Estado que nos sacó a nuestros hijos, quedándonos en nuestra casa llorando. Nosotros vamos a seguir denunciando”, afirmó Julia, quien a su vez agregó: “inicié esta lucha para demostrar que el gatillo fácil es una política de Estado. Le vamos a demostrar al Estado que nuestros hijos no son un número, son personas que tienen nombre y apellido y una familia por detrás que no vamos a descansar nunca, que vamos a seguir peleando y denuncias hasta el día que estemos muertos”, señaló.

Hacia el final de la participación de Julia en la transmisión especial de la RNMA, se le pidió que contara cómo era su hijo: “era un chico común de barrio, que trataba de salir adelante de la marginalidad que le daba la sociedad. Un pibe de 17 años que buscaba trabajo pero no estaba capacitado y además no tenía experiencia. Era un chico muy solidario y de corazón muy grande. No merecía cruzarse con este hijo de puta, no merecía morir de la forma que murió, pero caminando todos estos años en Correpi entendí que esto es una sistemática del Estado, así como fue Christopher son un montón de pibes de zona oeste del conurbano, tenemos más de 15 casos de fusilados por el aparato represivo del Estado. Si mi hijo estuviera vivo sería un luchador de sus ideales, de sus causas. Christopher era mi hijo preferido, él era mi negrito”.

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