martes, 6 de enero de 2015

América Latina: Realidad y Quimera

Mario R. Fernández (desde Canadá, especial para ARGENPRESS.info)

Los latinoamericanos viven su realidad cada día, como los demás habitantes del mundo, pero la imagen de una Latinoamérica unida que se proyecta al mundo es más quimera que realidad. Representantes latinoamericanos de todos los niveles presentan al mundo una identidad que no tenemos. Latinoamérica ha demostrado creatividad literaria y artística, fruto de ricas, coloridas y singulares experiencias de lucha protagonizadas por millones, de cuyos mezquinos triunfos y abundantes derrotas, emerge nuestro realismo mágico, lo real maravilloso y otros géneros y tipos de arte que han expuesto nuestra historia y nuestra realidad al mundo que las traduce y trata de entender. Ha sido un esfuerzo de siglos y válido, pero uno que puede haber contribuido indirectamente a que hoy aparezcamos dueños de una identidad que en la práctica no tenemos. Latinoamérica la rebelde, la emergente, la que avanza, la unida.

En contexto…

Cuando el paradigma soviético llega a su fin en 1990, de manos de sus propios dirigentes y no del pueblo ni sus trabajadores, nadie podía dudar que el colapso era además otra cosa que su derrota, una derrota que despierta y expande por el mundo la alegría histérica de todos sus enemigos. Entonces todo parecía hundido y se extiende la sospecha de que pocos intentos de transformación sobrevivirán estos tiempos traumáticos. Es que el proyecto socialista que se iniciara con la Revolución Rusa y que había sumado las enormes luchas obreras del siglo 19 para terminar en 1917 con el zarismo, tuvo gran impacto sobre el viejo mundo y el planeta. El fin del paradigma soviético seria necesariamente ahogante para quienes, embarcados en la transformación de su realidad de opresión, en esfuerzos de liberación propios, particulares, no podrían desembarazarse de alguna forma del derrumbe soviético. Y entre ellos estaban sin duda muchos pueblos de América Latina que luchaban como podían, incluso a través de movimientos radicales de liberación.

Cuba fue entonces la diferencia fundamental, porque en nuestro continente existe esta isla, que había replanteado con su revolución el paradigma de lucha en 1959 y que continuaría resistiendo luego de la caída de lo que se llamó el “socialismo real”, presentándonos a los latinoamericanos con un ejemplo trascendente. En América Latina Cuba había emergido como un nuevo punto de partida, dándole dinamismo al proceso de liberación latinoamericano y del mundo. Y como muestra de que la historia latinoamericana es un proceso creativo y dinámico, emerge en Chiapas en 1994 el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional formado por humildes indígenas y campesinos. Y más tarde, en 1998, es elegido Hugo Chávez presidente en Venezuela y lanza el proyecto bolivariano de liberación. Ambos en tiempos de “fin de la historia”, ocasionando la reacción enardecida no solo de las oligarquías latinoamericanas e imperiales sino de ex-izquierdistas que, habiendo vendido sus proyectos de cambio y ya instalados en los nuevos ordenes del poder en el bando de los ricos y opresores no podían tolerar la emergencia de ningún proyecto liberador. Todos estos acontecimientos aparecen en momentos difíciles en lo ideológico y en lo práctico. La rebeldía continua en América Latina y en el año 2000 en Cochabanba, Bolivia, el pueblo se levanta contra el saqueo del agua y luego contra gobiernos corruptos y criminales. En el año 2001 los pueblos toman la iniciativa de la lucha en otros países latinoamericanos y se suman Ecuador y Argentina.

Realidad y Quimera…

Los últimos 20 años de todas las experiencias de resistencia incluyendo los movimientos políticos populares y cambio en favor de los pueblos y los trabajadores vividas en América Latina en su continua lucha, nos llevan sin embargo a preguntarnos donde estamos hoy, con que contamos hoy en esa lucha contra la opresión imperialista, el saqueo, el deterioro de los recursos naturales y el medio ambiente, y fundamentalmente en enfrentar los deseos de los ricos. Con gran esfuerzo a nivel de gobiernos hemos logrado el 2004, por iniciativa de Hugo Chávez, la cooperación de Fidel Castro y sus colaboradores, dar comienzo al proyecto bolivariano del ALBA-TCP para la integración de los pueblos, proyecto que se centra en el intercambio comercial justo y solidario y que representa una alianza única en el mundo, alianza que actualmente está integrada por Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua más cinco pequeñas naciones caribeñas, un total de 10 países. Hay que destacar que en un principio fueron invitados a participar México, Jamaica, Argentina y los países centroamericanos pero que solo Nicaragua y Honduras aceptaron el desafío, con el costo consecuente para Honduras de un golpe de estado.

También por iniciativa de Venezuela y su proceso bolivariano nace el 2005 Petrocaribe, una alianza de Venezuela con 13 estados del Caribe y cuatro estados Centroamericanos para asegurar el suministro de petróleo en condiciones ventajosas de pagos; hoy esta organización tiene vínculos con el ALBA para extender los niveles de cooperación. Hugo Chávez promovió con mucha energía el proyecto de integración bolivariana, creando así Petrosur, Telesur, Unasur y, antes de fallecer, la CELAC dándole forma en la práctica al sueño bolivariano. En lo ideológico político nos fuimos familiarizando con el Socialismo del Siglo 21, Socialismo Comunitario, Reorganización Socialista en Cuba, en fin Socialismo como movimiento y como sistema, una esperanza recuperada que los saqueadores y opresores del mundo creían muerta y enterrada. También quedaron proyectos incompletos y frustrados como el Banco del Sur, y un oleoducto desde Venezuela para distribuir gas natural a todos los países suramericanos.

El ALBA acaba de cumplir 10 años de existencia y continúa funcionando como único reto al neoliberalismo totalitario, abriendo caminos nuevos y puertas al desarrollo cooperativo, humanizado, politizado -favoreciendo el avance del movimiento popular y político. Al tiempo que Venezuela, Cuba, Bolivia continúan siendo blanco de sabotajes económicos, desprestigio, conspiraciones y crímenes por parte de oligarcas latinoamericanos y sus serviles administrativos y políticos, de la falsimedia de Occidente que desprestigian el ALBA y sus miembros, y del sistema financiero establecido que los ve como una alternativa peligrosa y contradictoria al egoísmo general que ellos promueven -su famosa economía “libre” y de “mercado.” Petrocaribe, no tan atacada como el ALBA, pero cuestionada desde el punto de vista del estado de sus finanzas por los mismos cínicos que defienden y representan el poder especulativo de la Banca y de Goldman y de sus robos billonarios e históricos a los pueblos del mundo. Telesur también es blanco de ataques y desprestigio, a la vez que no está siendo apoyado por muchos gobiernos latinoamericanos, y aunque ha decepcionado por su falta de convicción y por querer imitar estilos de la televisión comercial basura, no deja de ser un proyecto valido y de utilidad.

Luego, hay también otros proyectos que involucran convenios entre países como Petrosur, convenio de PDVSA venezolana con corporaciones de petróleo estatales de Argentina, Brasil y Uruguay que ha sido desestimado por los mismo países que lo integran por lo que ha perdido relevancia. Y esta la iniciativa de UNASUR, que podría haber tenido mayor impacto y cuya importancia actual es exagerada puesto que la existencia de UNASUR no impide que se vivan grandes lapsos en sus propósitos y funcionamiento dadas las contradicciones ideológicas de los gobiernos que la integran -unos pro-socialistas y otros neoliberales enemigos declarados y no declarados del socialismo, lo que en el momento de tomar decisiones geopolíticas y económicas obviamente hacen imposible el consenso. Es obvio que el éxito de una iniciativa como UNASUR no depende simplemente de la nacionalidad de sus miembros sino fundamentalmente de sus perspectivas políticas, por lo que los esfuerzos de UNASUR de jugar un papel como espacio de contención no llegan muy lejos ya que no puede saltarse procesos históricos sin pagar el precio que otros proyectos igualitarios han pagado y pagan. El último esfuerzo bolivariano de Hugo Chávez, la CELAC -Latinoamérica y el Caribe unidos, que deja afuera a Estados Unidos y Canadá, es la organización culmine del proceso de emancipación de los pueblos latinoamericanos y del Caribe. Según Evo Morales, presidente de Bolivia, “una unión de países de Latinoamérica es un arma contra el imperialismo” y sin embargo la existencia de la OEA, una organización paralela, y la falta de solidez y de instrumentos legales de la CELAC, la convierten en una especie de conferencia latinoamericana y caribeña periódica que si bien puede hacer declaraciones conjuntas y sacarse fotos no tiene elementos para ir más lejos. Finalmente esta el Banco del Sur, fundado hace más de 7 años con proyectos bien concretos como explica Eric Toussaint del CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo): “Ecuador y Venezuela tenían una visión clara, institución que sirviera al empleo y a la integración continental. Proyectos bien concretos como una industria farmacéutica de productos genéricos o la reconexión de los países suramericanos mediante una red ferroviaria hecho con producción local, moneda común, este era un proyecto de integración que tenía en cuenta el interés de los pueblos y habría podido ampliarse a Centroamérica y el Caribe, era una alternativa al Banco Mundial”. Hasta ahora. Sin embargo, el Banco del Sur ha quedado en el papel y no ha extendido ningún crédito.

Las Contradicciones…

Sin duda, el enemigo histórico de los trabajadores y los pueblos de América Latina y el mundo son las plutocracias parásitas, los imperialismos y sus instituciones visibles y ocultas. Un barómetro en cuanto al impacto de una política, proyecto o institución alternativa es su aceptación o no por parte de los opresores, cuando ellos aceptan y elogian a un gobierno latinoamericano y sus políticas sin duda es porque este les sirve o está con ellos y ataque o no defiende los intereses de sus propios pueblos. En América Latina, Colombia, México, Perú, Chile y, seguramente pronto, Costa Rica que será su quinto miembro, crearon el 2011 la Alianza del Pacífico. La crearon como bloque comercial sorprendentemente porque como probó Aymara Gerdel, analista, el intercambio entre ellos es mínimo; lo que si todos ellos tienen firmados tratados de Libre Comercio con Estados Unidos -instrumento legal de protección de las corporaciones multinacionales. Se trata de un bloque político, y tal vez militar, a favor de las políticas imperialistas y contra el ALBA -no contra el Mercosur que es otra alianza afín al neoliberalismo. Lo irónico es que no faltan los lunáticos progresistas que entienden, pese a todo esto, que el gobierno de Chile, uno de los fundadores de la Alianza del Pacifico, es un referente de centro-izquierda y que México, otro de sus fundadores, tiene un interés real en la unidad latinoamericana. Latinoamérica ha construido su propia torre de Babel.

Nos falta preguntarnos cuál es la función de las bases militares de Estados Unidos en países como El Salvador, México-Guatemala (Iniciativa Mérida), Honduras, Costa Rica, Colombia, Chile, Perú y Paraguay y lo que implican para la soberanía y seguridad de nuestros pueblos. Los países latinoamericanos no cuestionan la existencia de estas bases; pero, la historia reciente nos muestra, en el año 2004, su complicidad. Por ejemplo, varios países latinoamericanos participaron en el golpe de estado e invasión al hermano país de Haití, el más pobre y humillado de nuestro continente, que incluyó el secuestro de su presidente Jean-Bertrand Aristide -el primer presidente legalmente elegido en Haiti en sus 200 años de nación “independiente,” quien fue tomado prisionero y llevado a África. Participaron en la invasión específicamente mercenarios, tropas de Estados Unidos, Canadá y Francia, Brasil y Chile. Luego, no satisfechos con esta intromisión los invasores manipularon a las Naciones Unidas para que se creara la MINUSTAH y tropas extranjeras lideradas por el ejército de Brasil, con la complicidad de Chile, Uruguay, Guatemala, Argentina, Paraguay y hasta Bolivia y Ecuador, permanecieran en Haití y algunos protagonizaran todo tipo de abusos y violaciones contra los haitian@s en su mayoría personas pobres.

Cuando en el año 2002 se dio el golpe de estado en Venezuela, golpe que fracasó, el entonces presidente chileno un “socialista” impostor Ricardo Lagos lo apoyó abiertamente. Y en el año 2009 en Honduras, el imperialismo secuestró y destituyó al presidente Manuel Zelaya, mientras que la OEA y su secretario, José M. Insulza, junto con el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, montaron un verdadero circo diplomático para cubrir su complicidad con el golpe de estado y fingir solidaridad con el presidente depuesto Manuel Zelaya. Los demás gobiernos se limitaban a condenas retoricas al golpe militar, sin ninguna acción. De haber existido un compromiso latinoamericano real en favor de la institucionalidad, los gobiernos latinoamericanos todos deberían de haberse retirado de la OEA, terminando con una institución que ha sido sino un instrumento enemigo a los pueblos latinoamericanos. Y por último, el golpe de estado del 2012 en Paraguay al presidente Fernando Lugo donde se utilizaron tácticas de conspiración parlamentaria para su destitución es un buen ejemplo de que se dice una cosa y se hace otra. Paraguay es un país completamente dependiente en lo geográfico y comercial de Brasil y Argentina, si ambos gobiernos hubieran tenido voluntad de proteger al pueblo paraguayo de este atropello, en 24 horas el presidente legítimo Lugo hubiese vuelto al poder. De nuevo la actitud cínica, de vasallos con los ricos prevaleció y otro gobierno legítimo cae y hoy nadie menciona esto.

Más allá de la defensa a las instituciones legitimas de nuestros países, esta la defensa a los derechos humanos de nuestros pueblos. CELAC y UNASUR deberían de jugar como mínimo un papel relevante en este sentido. Estas instituciones no han servido ni para denunciar el asesinato de 145.323 a manos del crimen organizado en México en los últimos 8 años, ni las desapariciones de 23.322 personas desde el año 2011 en ese mismo país. Se trata de crímenes tan horribles que pareciera que el pueblo mejicano vive a diario en un surrealismo macabro diario. Ni hablar de denunciar la existencia de 9.000 presos políticos en Colombia, casi todos luchadores pacíficos, ni los más de 3000 activistas y sindicalistas asesinados por paramilitares en los últimos 30 años en ese país o los 4,5 millones de campesinos despojados y desplazados por militares y paramilitares colombianos. En ambos casos sus presidentes, Enrique Peña Nieto en México y Juan Manuel Santos en Colombia son presentados como príncipes de la democracia, ninguna crítica oficial latinoamericana les toca. Miles de jóvenes, mujeres y pobres han sido y son víctimas de una violencia aterradora producto de la opresión y corrupción generalizada en Guatemala y Honduras pero de nuevo las instituciones y presidentes latinoamericanos raramente se manifiestan. No hay denuncia oficial tampoco frente a la opresión, acoso y crimen continuo contra la resistencia del pueblo Mapuche en Chile y Argentina o contra otros pueblos aborígenes del continente.

Muchos parecen conformarse y aceptar los clichés de gobiernos y presidentes “progresistas” trasmitidos acríticamente por muchos medios incluso de izquierda que cantaban y cantan loas a Lula, Luis Inácio da Silva, quien declaraba sin rodeos no ser ni de izquierda ni de derecha, lo que lo transformó en un regalón de los ricos –y también de muchos izquierdistas que no aspiran sino a seguirle los pasos. En los últimos años el nuevo regalón es el presidente uruguayo José Mujica, ex guerrillero y hombre político, que gracias a un estilo de vida sencillo (y repetido hasta el cansancio) aparece en fotos a la derecha de Rockefeller, va de filósofo popular a Cantinflas, y de “presidente” a “oposición a su presidencia” sin que nadie se pregunte cómo es posible. Elogiada por ricos y progresistas Michelle Bachelet, la presidente de Chile, una figura política mediocre, se ha consagrado como “maternal” a pesar de sus políticas represivas contra los Mapuche y pobladores. Últimamente, se asoma Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador, tratando de vendernos el “buen vivir” sin transformar nada. Y todos estos presidentes, y sus gobiernos, son apoyados por empresarios, alimentan a empresarios y representan al imperialismo en América Latina favoreciendo modelos económicos neoliberales obedientes al totalitarismo capitalista. Han traicionado una valiosa oportunidad de implementar cambios prácticos e ideológicos, cambios para los que fueron elegidos por sus pueblos, y esta traición de principios (prioritaria para todos ellos) ha tenido un alto costo para los latinoamericanos todos. En su traición han usado los aparatos políticos en los que están insertos, en el caso de Lula y su sucesora Dilma Roussefy el Partido de los Trabajadores, en el de Mujica el Frente Amplio, en el de Bachelet la Nueva Mayoría, en el de Sánchez Cerén será el FMLN. Todos ellos venden lo que tienen para vender, incluido su pasado político y de victimización, y al hacerlo desmovilizan y despolitizan las bases populares organizadas. Sus gobiernos (Brasil, Chile y Uruguay) han contado con el auge de los precios de las materias primas, sostenido por más de una década y que hoy parece agotarse. Durante su gestión mejoró, en forma temporal, la vida de muchos en parte debido al aumento de empleo, de crédito personal, y a la asistencia básica a los más necesitados (gastos autorizados por las instituciones capitalistas mismas) asegurando clientelismo y evitando levantamientos populares.

Otros, sin embargo, recuerdan con emoción la claridad con la que el derrocado presidente Manuel Zelaya se dirigiera a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de julio del 2009 denunciando a la oligarquía de su país y al imperialismo. Zelaya, el mismo liberal y propietario, demostró una valentía y honestidad que no hemos escuchado de presidentes que fueron guerrilleros izquierdistas. Recordemos también la honestidad y austeridad que ha mostrado el presidente de Bolivia, Evo Morales, poco comentada, que sin ningún espaviento el año 2006 se rebajó su sueldo de presidente a la mitad, quedando en 2600 dólares al mes, y se establece allí el límite máximo de sueldos a funcionarios del estado.

En suma, aun cuando los gobiernos del ALBA que ellos mismos enfrentan desafíos y contracciones, además de la incógnita que implica la nueva relación cubano-estadounidense, no ignoran esta realidad aunque se abstienen de hacer críticas a los demás gobiernos latinoamericanos. Esto tiene un impacto ideológico y político. Es verdad que a veces se pronuncian, en casos extremos, su estrategia de silencio se explica quizás porque entienden las intenciones del imperialismo de aislarlos. Entonces, agradecen la política externa de Brasil y Argentina que si bien no los defiende tampoco los ataca y contribuye a mantener el flujo comercial con ellos. Pero, qué pasaría si hubiera otro golpe de estado u otro tipo de ataque a cualquier país latinoamericano o del Caribe, lo que es posible porque la conspiración es constante y está en la agenda de los enemigos (en cuanto a cualquier proyecto que ellos no controlen). Es probable, que dada la realidad arriba discutida, no haya respuesta continental -las organizaciones existentes aun con buena visión están infectadas de impostores y transmiten solo expresiones vacías. Este es el impacto ideológico y político de esta estrategia de silencio. La verdad es relevante. Es relevante saber lo que se tiene, cuales son las herramientas y las fuerzas disponibles con las que se cuenta, entender la realidad que nos rodea y no engañarnos con quimeras. Esto ayuda a seguir andando y a enfrentar cualquier situación de peligro.

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