miércoles, 28 de enero de 2015

Cero tolerancia o de represivas leyes para violarse

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

La muy procapitalista escritora Ayn Rand, mentora del sector más conservador y reaccionario de Estados Unidos, señalaba dos cuestiones que incomodan bastante a sus seguidores. Una de ellas es que, de acuerdo con su “objetivismo”, creer en Dios es absurdo, algo que, definitivamente, para los muy religiosos republicanos es inaceptable, pues si algo los distingue es su “profundo” amor por la religión, sobre todo porque ésta es una muy lucrativa ocupación. Un conservador cálculo indica que tan sólo en ese país la iglesia católica, a pesar de los escándalos de pederastia en que se ha estado involucrando recientemente, de sus ingresos, gasta alrededor de 170 mil millones de dólares anuales (ver: http://www.slate.com/articles/business/moneybox/2013/03/catholic_church_and_pope_francis_religious_institutions_are_exempted_from.html).

Si eso es lo que gasta tan sólo la iglesia católica, imaginemos los miles de millones que en conjunto los cultos en Estados Unidos deben generar. Así que más que profesar una fe, parecieran las religiones ser muy buenos negocios.

El otro incómodo señalamiento de Rand hacia los “gobernantes” (los que yo prefiero llamar mafiosos en el poder, pues eso son), es que, desde su coto de control, ejercen poderes fácticos que parecieran responder más a un cártel gansteril, que a un así llamado “gobierno”. Una de sus obras en las que más critica a la llamada “regulación gubernamental”, es la novela “Atlas Shrugged” (Atlas Subyugado), larguísimo escrito (1084 páginas de menuda letra en su edición original de 1957, publicado por Signet Books) en el que, comparando tal regulación con lo que sucedía en esos años en la URSS, hace una velada crítica al “socialismo” (esto porque Rand, nacida en la Rusia zarista, tuvo que enfrentar con sumo dolor, el que su acaudalada familia lo perdiera todo a causa de la revolución bolchevique. Emigraron a Estados Unidos, deslumbrándose ella al ver por primera vez Nueva York, desde el barco en que llegaba. Desde entonces, decidió defender a ultranza al capitalismo).

Sin embargo, era también una crítica a las políticas keynesianas que aplicaban los gobiernos de aquellos años, no tanto por convertir al capitalismo en un sistema “más justo”, sino porque, tras las constantes, características crisis en las que cae tal sistema, se pensó, con algo de razón, que “regulando” la economía mediante intervención estatal (con empresas estatales o paraestatales), se podrían acabar o mitigar tales crisis (lo que sí, es que, si no se acabaron, en efecto, se mitigaron, pues no eran tan graves como las que actualmente vivimos. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2008/11/el-convenenciero-capitalismo-salvaje.html).

En un párrafo de la mencionada novela, Rand escribe, en la boca de un personaje, Dr. Ferris, un emisario gubernamental, que trataba de que un acaudalado industrial de la metalurgia, Hank Rearden, inventor de un súper acero, quien actuaba sólo “en su propio beneficio y no en el de la sociedad”, entendiera por qué el “gobierno” estaba imponiendo tantísimas restricciones: “¿Pensó usted que realmente queremos que esas leyes sean respetadas? La verdad es que más deseamos que se violen. Es mejor que usted entienda que no está tratando con un montón de principiantes, pues así comprenderá que esta no es una época para que nos andemos con sutilezas. Vamos tras el poder y realmente lo vamos a lograr. Ustedes sólo son apostadores sin importancia, pero nosotros sabemos cuál es el verdadero truco y es mejor que usted esté al tanto. No hay modo de controlar a hombres inocentes, no. El único poder que cualquier gobierno tiene es el de acabar con los criminales. Así que si no hay suficientes criminales, uno los hace. Uno impone tantas cosas que serán un crimen, que es imposible para los hombres vivir sin violar las leyes. ¿A ver, quién quiere una nación de ciudadanos respetables de la ley? ¿Qué se ganaría con eso? Pero sólo apruebe la clase de leyes que ni pueden ser observadas, ni ejercidas, ni objetivamente interpretadas y usted crea una nación de violadores de la ley y entonces usted se hace rico con las sanciones. Así que ese es el sistema, señor Rearden, ese es el juego y una vez que usted lo entienda, será más fácil para nosotros tratar con usted” (p. 411, subrayado mío).

Quizá sea esta cita una de las más ejemplares de la panfletaria novela, sobre todo por su agudeza en cuanto a sentenciar que, en efecto, las “leyes” se hacen cada vez más complicadas y represivas, que es más fácil “romperlas” o “medio cumplirlas”, en el mejor de los casos.

Más adelante, otro personaje, un obscuro individuo deseoso de hacerse de una gubernatura, muy molesto porque en el tren donde viaja, la máquina descarriló, por falta de mantenimiento a las vías férreas, reflexiona que “el hombre no vive y no necesita vivir mediante la razón”.

En efecto, a pesar de que somos supuestos seres racionales, en estos decadentes, represivos tiempos, no parece que apelar a la razón sea, en efecto, el conductor de nuestra existencia. Los poderes fácticos son quien menos la emplean, los que controlan al planeta mediante gansteriles imposiciones que nada tienen que ver, en efecto, con la razón, pero sí con sus mezquinos intereses, sobre todo económicos, guiados por el decadente capitalismo salvaje (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/08/la-estructura-mafiosa-de-los-poderes.html).

Es, en efecto, con la “aprobación” de absurdas y, más bien, represivas leyes, que al ciudadano común, como apunta Rand, se le hace más y más propenso a violarlas. Y no sólo eso, sino que, como bien señala el párrafo referido, las mafias en el poder se benefician con las penas pecuniarias (monetarias) que imponen. Multas, fianzas, impuestos… y más penalizaciones, “legales” o no, son mucho muy lucrativas. Por ello es que, en el caso de la “aplicación de justicia”, son los pobres, incapaces de pagar extorsiones o fianzas, los que mayoritariamente terminan en la cárcel, muchos de ellos acusados falsamente (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/07/otros-presuntos-culpables.html).

Miles más son acusados por delitos menores, como robos simples a súper mercados, por ejemplo, lo cual hacen por extrema necesidad (ver: http://www.redpolitica.mx/metropoli/por-robo-simple-28-mil-personas-estan-presas-en-df).

En todo lo dicho, algo que se aplica muy convenientemente es el concepto llamado “cero tolerancia”. Dicho concepto, conocido en el idioma inglés como Broken Windows Theory (teoría de las ventanas rotas), fue desarrollado en 1982 por el sociólogo James Q. Wilson y el criminólogo George L. Kelling y su principal argumento es que al vigilar y monitorear áreas urbanas para prevenir (y castigar) “pequeños crímenes”, tales como vandalismo, beber en la vía pública o evadir casetas de cobro (en Nueva York, por ejemplo), se ayuda a crear una “atmósfera de orden y respeto a la legalidad, que puede llevar a la prevención de crímenes más serios” (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Broken_windows_theory).

Esa muy cuestionable “teoría anti-crimen” fue aplicada totalmente por Rudolph Giuliani en Nueva York, quien fuera alcalde de dicha ciudad de 1994 al 2001. Como resultado, tanto la intolerancia, así como brutalidad policiacas fueron en aumento, hasta llegar a los niveles actuales, en donde los “más sospechosos” son generalmente personas de raza no blanca, tales como latinos o afroestadounidenses. Fueron muy famosos casos como el de Abner Louima, inmigrante haitiano, quien por un altercado menor, frente a un centro nocturno, fue brutalmente golpeado, torturado y sodomizado por “policías” neoyorquinos. Otro caso fue el de Patrick Dorismond, también afroestadounidense, quien trabajaba como guardia de seguridad. Fue asesinado por un “policía” que se hizo pasar como un comprador de marihuana. Como Dorismond le reclamara que él no era traficante de drogas y comenzara a forcejear con aquél, dicho “policía” le disparó a quemarropa en el pecho.

Sin embargo, el más sonado caso fue el del joven Amadou Diallo, asesinado el 4 de febrero de 1999. El inmigrante guineano de 23 años fue balaceado frente a su domicilio por cuatro “policías” vestidos de civil, quienes formaban la ya desaparecida Unidad Contra Crímenes Callejeros. Ésta unidad “policiaca”, fundada en 1971, actuaba en clara violación a las libertades y derechos humanos, pues sus miembros operaban vestidos de civil, haciéndose pasar por traficantes de drogas o proxenetas, con tal de, según ellos, “descubrir” a los culpables de felonías. Con Giuliani, esa unidad se reforzó aun más. Sin embargo, tras asesinar a mansalva a Diallo, a quien dispararon 41 tiros, 19 de los cuales penetraron su cuerpo, esa banda de brutales “agentes” se disolvió. El único “delito”, si así puede llamarse a lo que cometió Diallo, fue llegar muy tarde a su casa y tratar de sacar su identificación cuando los “policías”, desde su auto, se la pidieron. Como la credencial del muchacho estaba dentro de un porta-credenciales metálico, aquéllos supusieron que se trataría de un arma y, miedosa y cobardemente, vaciaron sus armas. A pesar de ello, los cuatro fueron absueltos.

Aun así, contrario a la lógica, la brutalidad e intolerancia policiacas, sobre todo hacia no blancos, continúa no sólo en Nueva York, sino en muchas ciudades estadounidenses. Basta señalar uno de los casos más recientes, el de Michael Brown, adolescente afroestadounidense, quien a pesar de estar desarmado y no oponer resistencia a un “arresto”, fue asesinado de varios tiros (ver: http://www.cnn.com/interactive/2014/08/us/ferguson-brown-timeline/).

Y son afroestadounidenses los que llenan mayoritariamente las cárceles de Estados Unidos (ver: http://www.naacp.org/pages/criminal-justice-fact-sheet).

Giuliani, en su momento, se jactó de que su “cero tolerancia” había bajado los crímenes en Nueva York. Sin embargo, investigaciones serias, mostraron que ya antes de su aplicación, habían comenzado a bajar los índices de criminalidad, sobre todo gracias a algunos programas de reconstrucción del tejido social aplicados en esa ciudad.

Es evidente que la criminalidad no se combate sólo atacando sus consecuencias, sino reconstruyendo el tejido social, a partir de programas de integración social, de aplicación de actividades artísticas y humanísticas (enseñanza de música o pintura, por ejemplo), creación de empleos con salarios dignos (no con salarios de hambre, que no son solución), implementación de servicio social, actividades deportivas, entre otras estrategias, tal criminalidad puede, si no eliminarse, sí disminuir. Especialmente se ha contemplado la enseñanza artística y humanista como una efectiva manera de disminuir los índices de violencia y delincuencia que vivimos. Véase, por ejemplo, la cinta “Escritores de la libertad”, protagonizada por Hillary Swank, basada en la historia verdadera de una profesora de enseñanza media - high school -, que asignada a dar clases en una escuela enclavada en un barrio pobre de alta criminalidad, logra sacar adelante a todo su grupo, mediante actividades que consistían en escribir, dibujar, realizar
visitas a museos, conocer personajes famosos y así. El arte, pues, es transformador (ver: http://www.jorgemiyagui.com/#!tx-arte-y-transformacion-socia/co58).

Volviendo a la “cero tolerancia”, ahora ésta es más que conveniente, no sólo para “combatir al crimen”, lo que menos logra, sino a cualquier forma de sedición o activismo social. En todo el mundo, se “criminaliza” ya a cuestiones como manifestaciones, tal cual sucede en España, por ejemplo, en donde ya es un “delito” manifestarse. Esa infame, represiva imposición, bautizada por activistas como ley mordaza, criminalizará la protesta ciudadana, sobre todo la que se haga frente al Congreso de los Diputados o ante la sede oficial del Ejecutivo español. Este esperpento, defendido por el fascista Rajoy, también pretende que quien se oponga a un embargo y desalojo (desahucio) de una vivienda que ya no se pueda pagar, por las razones que sean, será “criminal” (la brutal crisis ha golpeado tanto a los españoles, que más de una cuarta parte de la población trabajadora, unos seis millones está desempleada. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/06/asi-esta-golpeando-la-crisis-en-una_16.html).

Aquí, en la vecina entidad del Estado de México, también como justificación al combate de la “delincuencia organizada”, se aprobó una absurda “ley” que criminaliza a la persona que circule en un auto sin placas y sin tarjeta de circulación, la que podría pasar de uno a tres años de cárcel. Así, se criminaliza a cualquiera (ver: http://www.alfadiario.com.mx/articulo/2015-01-21/52121/a-la-carcel-quien-circule-sin-placas-en-edomex).

También ha servido excelentemente la “cero tolerancia” para la farsa que es el “combate al terrorismo”. Todas las creaciones de Estados Unidos, a través de la CIA, tales como Al-Qaeda o el más reciente Estado Islámico (EI), han logrado perfectamente su objetivo de crear una especie de islamofobia global que sataniza, muy convenientemente, a casi todos los árabes, con tal de favorecer los intereses territoriales, petroleros y económicos de Estados Unidos y compinches, (el eufemísticamente llamado “Occidente”. Ver: http://www.argenpress.info/2015/01/frustran-complot-terrorista-en-el.html).

No sólo eso, sino que el “combate al terrorismo” está aboliendo o restringiendo severamente las libertades civiles y derechos humanos en todo el mundo, pero sobre todo en Estados Unidos, en donde a partir de los muy sospechosos y mediáticos ataques a las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001 por “terroristas”, se dio pie a una serie de abusos y violaciones, sobre todo a árabes, como menciono antes. El llamado “Departamento de Seguridad Doméstica” (DHS) se constituyó durante la presidencia de George Bush y aprobó una serie de severas “leyes” que autorizan, entre otras cosas, el permanente espionaje de ciudadanos, tanto estadounidenses, así como del resto del mundo que sean considerados “sospechosos”, tal y como ha informado el ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) Edward Snowden, actualmente refugiado en Rusia (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Edward_Snowden).

Incluso, se espió a personajes importantes, tales como la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff o incluso al mafioso, corrupto Enrique Peña Nieto (mientras que Rousseff protestó enérgicamente, Peña Nieto, servilmente, nada cuestionó).

Y son tan cínicas las “autoridades” estadounidenses, comenzando por el propio presidente Obama, que se insiste en que gracias al espionaje que desde hace años se realiza, se “han evitado más ataques terroristas”, lo cual es falso, como el propio Snowden afirma (ver: https://firstlook.org/theintercept/2015/01/23/edward-snowden-shares-billing-nsa-official-privacy-conference/).

Además, la “amenaza terrorista” es un muy buen negocio y conforme se incrementan las represivas “medidas de seguridad”, aumentan las ganancias de lo que yo llamo miedoempresas, por tanto costoso equipo de “seguridad” que debe de adquirirse y emplearse forzosamente en aeropuertos y otras instalaciones, impuesto desde Estados Unidos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2007/11/la-amenaza-terrorista-el-nuevo-gran.html).

Igualmente tal “amenaza terrorista” ha servido para justificar una masiva militarización en muchos países, pero más que combatir al “terrorismo” o la criminalidad, tal militarización ha servido perfectamente para reprimir cualquier forma de activismo social. Se ha empleado lo que Naomi Klein llama “la doctrina del shock”, la que precisamente justifica el recrudecimiento de la represión “gubernamental” y la imposición de arbitrarias medidas anticonstitucionales de excepción (toques de queda o la ya mencionada militarización), con tal de “restituir la paz social” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/03/la-muy-oportuna-descomposicion-del.html).

En México, empleando tales “argumentos”, una criminal acción de la mafia en el poder fue el aún no aclarado caso de la desaparición de 43 normalistas de la normal rural de Ayotzinapa, que ha sacudido la opinión pública y al activismo a nivel mundial. A esos jóvenes, tan sólo por atreverse a exigir más recursos para su abandonada escuela, los trataron como criminales y, según testimonios recientes, supuestos “policías” los capturaron y los entregaron a verdaderos delincuentes, para que los asesinaran y desaparecieran (ver: http://www.jornada.unam.mx/2015/01/23/politica/005n1pol).

Ese infame, vergonzoso hecho es criminal, represiva intolerancia. Por desgracia, la mafia en el poder, con todo su poder mediático, combinado con una lamentable falta de generalizada consciencia, está desgastando el movimiento en apoyo a los 43, así como, en su momento, logró ir atenuando la masacre de octubre de 1968, la que ha quedado más como un hecho histórico, que como una triste, vergonzosa realidad que aun seguimos viviendo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/12/de-desapariciones-propaganda-comadrera.html).

Y no sólo en el activismo social se aplica la “cero tolerancia”, sino que incluso en las labores que la gente desempeña para sobrevivir, como en la llamada economía informal. Gracias a ésta, es que sobreviven millones de personas en todo el planeta, aproximándose su valor bastante al PIB de Estados Unidos, siendo de poco más de once billones de dólares (11,000,000,000,000) anuales.

Pues bien, como las actividades informales, cuestionablemente se dice, tienden a “perjudicar” a los “negocios formales” (las empresas, de todos modos, se benefician de la venta informal de sus productos), más que a las mafias en el poder (aunque no “cobren “ impuestos, finalmente se benefician de la constante extorsión que aplican al sector informal, con tal de dejarlo trabajar), de repente, se aplican decenas de restricciones que hacen muy difícil que alguien informal se “formalice”. Mucha gente ha preferido cerrar sus locales, dado que ante tanta restricción, sobre todo arancelaria (impuestos y sanciones por todo), lo que les quedaría al final sería menos de la cuarta parte de lo que requieren para sobrevivir. Es el caso de un hombre que me cuenta su caso. Él y su madre operaban un pequeño restaurante casero, “informal”, digamos (fonda, como aquí se les llama). Hace poco lo cerraron. Al cuestionarlo de por qué lo habían hecho, me platicó, sin tapujos, “porque llegaron inspectores y me pidieron los permisos y licencias de todo, que sanitarias, que de riesgos, que de protección al ambiente, que registro ante hacienda… no, la verdad es que no hubiéramos podido seguir. Si con trabajos sacábamos para irla llevando… no, por eso, mejor, cerramos”.

Como de todos modos deben de seguir sobreviviendo, optaron por repartir comida en otros establecimientos o entre los clientes que asistían habitualmente a su extinto restaurante. Claro, al final, ese cierre es una menor competencia para cadenas de restaurantes o tiendas en las que se vende comida chatarra, por ejemplo. Sí, pues pareciera que sólo el big money, o sea, los grandes negocios, comparsa de los mafiosos en el poder, son los que logran imponerse, sobre todo en estos cruentos tiempos de profunda crisis económica

Pero no sólo negocios “informales” son cerrados debido a severas, casi incumplibles, restricciones, sino, incluso, establecimientos acreditados y formales. Tal es el caso de lo que en entrevista me refirió una doctora que labora en una conocida cadena de farmacias de genéricos (las conocidas como Farmacias Similares). En el 2014, la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios), realizó sorpresivas e intimidantes “revisiones”, incluso cuando la doctora tenía en consulta a algún paciente. “¡Llegaron de repente, me sacaron al paciente y me exigieron que les mostrara todo, expedientes, historias clínicas, recetas, el kit de emergencia… y como las otras doctoras tenían un desorden, yo fui la pagana. ¡No sabe la impotencia y la rabia que sentí cuando me pusieron el sello, frente a todos mis pacientes, de Clausurado!”. Por la forma en que platica sobre ese arbitrario, prepotente evento, pareciera que eran esos “inspectores”, más que trabajadores de un “organismo gubernamental”, miembros de un cártel delincuencial, tipo “La familia michoacana”, quienes ejecutaron tan artera acción.

Sorprende que en este caso la mencionada Cofepris haya actuado tan diligentemente, cuando no ha sido así con tantos “accidentes” ocasionados por la megaminas, por ejemplo, como la de Buenavista del Cobre, en Sonora, la que derramó millones de litros de desperdicios lodosos y acuosos contaminados con cianuro y otras letales sustancias (ver: http://www.milenio.com/estados/rio_Sonora-contaminacion_en_el_rio_Sonora-Rio_Sonora_afectado_0_361164065.html).

No paró allí lo que me narra la afligida doctora, sino que por el cierre, se descuidó la seguridad del consultorio y ocurrió un robo. “¡Se llevaron más de veinte mil pesos de sustancias controladas y equipo!”, lamenta. Así que por la clausura y el tiempo que tomó dejar el consultorio apto de nuevo para la atención médica, seis meses permaneció cerrado. “¡A esas personas no les importó dejarme sin trabajo!”, reclama indignada la doctora.

Ahora tiene que cumplir al pie de la letra con cuestiones tales como historias clínicas, aunque los pacientes vayan una sola vez y con expedientes, si van más de dos veces. “¡Mire - señala a cuatro pilas de papel acumuladas al fondo del consultorio -, todas esas son historias clínicas, son como 7500, que son las que llevo, nada más de agosto para acá!”. Y también me enseña los expedientes, los que guarda en un archivero. “Los de cofepris me dicen que use una caja de cartón, pero yo les dije que no, que yo prefiero un archivero bien, no sea que hasta por eso otra vez nos quieran clausurar”.

Cuestionada de por qué no emplea una laptop, por ejemplo, para evitarse tanto papel, exclama “¡No, ya ve lo del robo que le dije, no, me la vayan a robar y nadie me responde, no, no, prefiero seguir acumulando papeles y más papeles!”. Dice que prefiere seguir gastando en todo eso, copias de historiales clínicos, impresión de recetas, que ella debe de sufragar de su bolsillo. No recibe salario, sólo lo que cobra de cada consulta, debiendo dar un porcentaje a la empresa. “¡Fíjese, nos exigen estar mejor que en los hospitales públicos!”, reclama, lo cual es verdad, pues quienes hemos asistido alguna vez a “clínicas” u hospitales públicos, nos podemos percatar de que las condiciones tanto de equipo, atención, urgencias, internamiento, medicamentos, así como sanitarias, entre otras, no son las mejores (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/03/los-deficientes-servicios-publicos.html).

En fin, como hemos revisado, es, en efecto, en todo el planeta, mucho más fácil y lucrativo para los poderes mafiosos, fácticos, crear “criminales” promulgando “leyes” absurdas, estúpidas, represivas, de “cero tolerancia”, que perseguir y hallar a los verdaderos delincuentes, cientos de los cuales se encuentran mimetizados entre las mafiosas cúpulas de poder que nos subyugan y controlan desde siempre.

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