viernes, 23 de enero de 2015

Colombia: Espejismo en la reducción de la pobreza

Felix Albisu (PL)

El último censo realizado en Colombia en el 2013 arrojó que en el territorio nacional habitan 48,32 millones de personas, y las estadísticas al cierre del 2014 muestran que la situación de la pobreza en el país ha mejorado levemente.

Pero ocurre que los necesitados representan 20 millones de personas y otros 8 millones viven en la indigencia, sostienen datos oficiales. Son entonces 28 millones los pobres en menor o mayor grado, con los más altos per cápitas en Bogotá y Manizales, a nivel nacional

Es decir, sólo 20 millones de ciudadanos viven en la decencia o la opulencia en la nación andina; así que más de la mitad de los colombianos son admitidos como ciudadanos de segunda categoría en términos de poder adquisitivo.

Análisis internacionales sostienen que el empobrecimiento extremo se ha reducido como se expresa en la web de internet Pobreza Mundial, alimentada con datos del Banco Mundial. Todo un espejismo.

La revista Semana, una de las publicaciones más respetadas de Colombia, se refiere a que detrás de esa positiva mejoría está que durante cuatro años el crecimiento del Producto Interno Bruto fue de un promedio del cinco por ciento, cuyo derrame incidió en aliviar las condiciones de vida de la población menos favorecida.

Se admite en esa línea que mientras la indigencia desciende, aumenta la pobreza del país en general.

Esa desigualdad extendida explica entonces la paradoja de que Colombia constituya una de las naciones con mejor alza del PIB, en tanto que en materia de pobreza y diferencias sociales y económicas tiene uno de los de peores desempeños en América Latina y el Caribe.

Comentaba un amigo economista, con gran carga de ironía, que el asunto está en que la población colombiana tiende a crecer cada año y que la gran mayoría de los nuevos ciudadanos que se incorporan a la sociedad parece que los conciben y clasifican como pobres antes de nacer, como para hacer daño a las estadísticas.

Sarcasmo aparte, en diciembre último el Congreso de la República aprobó, y ya fue refrendada por el ejecutivo, la ley anual para aumentar el salario mínimo, que supera en muy poco los 300 dólares, incluido el incremento adoptado ahora, de unos 12 dólares.

Estudios oficiales realizados en 300 de los 1.098 municipios colombianos indican que a nivel nacional un hogar de cuatro personas está en condición de pobreza cuando tiene ingresos inferiores al equivalente a 415 dólares, con los que debe cubrir sus necesidades fundamentales y enfrentar en primer término el alto precio de los alimentos.

Este típico deficitario de los ingresos para adquirir la canasta básica se ve a todas luces como la principal incidencia para que exista más población vulnerable, pues para mayor mal hablamos de uno de los Estados más caros de la región en cuanto a nivel de vida.

Y como colofón, datos divulgados recientemente, a propósito de la subida del salario mínimo, acusan que éste lo reciben a nivel del país el 54,84 por ciento de los empleados, sin incluir los altísimos índices a la vista en el sector no estatal sobre trabajo informal, en el que es imposible fijar un monto real de ingresos.

Programas y preocupación del Estado no faltan para revertir la situación, pero hasta ahora es prácticamente imperceptible la prosperidad para la mayoría de los desposeídos, pues se trata de una situación de saqueo acumulada en muchas décadas, imposible de cambiar a corto plazo.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.