viernes, 23 de enero de 2015

Compra de deuda en Europa, ¿demasiado tarde?

PL

La decisión anunciada hoy por el Banco Central Europeo (BCE) de comprar bonos por miles de millones de euros resulta una medida esperada y polémica, que incluso varios analistas consideran tardía.

El llamado programa de alivio cuantitativo o quantitative easing (QE), por su término en inglés, que se aplicará a partir marzo en los 19 países de la moneda única, era una opción barajada hacía algunos meses por analistas, políticos y autoridades financieras de la región.

Desde finales de 2014, la reunión del consejo de gobierno del BCE celebrada ayer jueves se perfilaba como el momento adecuado para que el organismo anunciara el plan que busca revertir la baja inflación del área.

La medida consiste en que el BCE y los bancos centrales de cada Estado compren bonos de deuda y acciones en el mercado de capitales, para lo cual imprimirán más billetes y con ello aumentarán la cantidad de dinero circulante, un efecto criticado por quienes rechazan la estrategia.

El propósito de un paso tan arriesgado es hacer fluir dinero, dar margen a la generación de inversiones y, si el modelo funciona, llevar a la creación de nuevos puestos de trabajo.

Según explicó el presidente del BCE, Mario Draghi, efectuarán una compra combinada de deuda pública y privada por valor de 60 mil millones de euros al mes hasta septiembre de 2016, o hasta que se estabilice la inflación en la meta fijada de poco menos del dos por ciento.

Tras conocer el alcance de la medida, empresarios y académicos reunidos en el Foro Económico Mundial que tiene como sede esta semana a la ciudad suiza de Davos señalaron que se trata de un mecanismo necesario, pero no suficiente.

A decir de los expertos, si bien ese instrumento tendrá consecuencias positivas para la unión monetaria, gracias a la devaluación de la divisa común, su impacto no será similar al de la compra de deuda realizada desde 2009 en Estados Unidos.

Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, consideró que el proyecto de estímulo reforzará el espacio de maniobra del banco comunitario, pero indicó que los esfuerzos en este sentido deberán ampliarse.

La planeada expansión en los balances del BCE ayudará a reducir el costo de los préstamos a través de la zona del euro y a disminuir el riesgo de deflación, apuntó Lagarde en momentos en los que la inflación regional se ubica en números negativos.

Sin embargo, la responsable del organismo criticado por promover cambios estructurales en los cuales se privilegia la austeridad y los recortes sociales manifestó que las reglas monetarias deben ser apoyadas por más reformas para potenciar el crecimiento.

A su vez, la canciller federal alemana, Ángela Merkel, señaló que su nación mantendrá el rumbo de ahorro y ajustes, pese a la decisión del BCE.

Considero importante que labremos con más decisión nuestro campo y no nos confiemos en que la compra de tiempo a través de otras medidas nos libere de los ajustes, señaló la jefa de Gobierno, que siempre se había mostrado reticente al plan de Draghi.

El anuncio de hoy, esperado tanto por los mercados europeos como por todas las plazas bursátiles del mundo, ha llevado a varios analistas a dudar si el dinero llegará a la economía real.

Para muchos de ellos, existe el riesgo de que la banca destine las inyecciones de liquidez solo a comprar activos en los mercados financieros, como bolsa, materias primas o bonos.

Al mismo tiempo, el economista jefe de la empresa de análisis IHS, Nariman Behravesh, comentó que el ánimo respecto a la decisión del BCE es mixto, porque mientras algunos piensan que dará el empuje necesario en la Eurozona, otros creen que animará a países endeudados a asumir más compromisos.

También hay críticas relacionadas con el hecho de que solo un 20 por ciento de las adquisiciones de activos serán objeto de riesgo compartido, lo cual significa que el BCE asumirá un ocho por ciento, otro 12 corresponderá al conjunto de los socios, y el 80 por ciento restante será para cada nación.

De ese modo, especialistas advierten que la gran carga de cualquier pérdida potencial recaerá sobre instituciones de Estados que ya se encuentran altamente endeudados.

Para el experto español José Carlos Díez, el QE es una buena noticia, pero si no está acompañado de otras formas de estímulo fiscal no va a sacar a Europa de la depresión, mientras su compatriota Juan Ignacio Crespo apuntó que la medida llega cuando ya no es necesaria.

De ese modo, Crespo se une a las voces de analistas para los cuales el anuncio de Draghi llega con retraso con respecto a estrategias similares adoptadas por la Reserva Federal de Estados Unidos y los bancos centrales de Japón y Reino Unido.

En esa línea se mueve la mayor cantidad de cuestionamientos, pues se preguntan si no es muy tarde para revertir la situación de una economía que solo creció alrededor de un uno por ciento, con una tasa de desempleo por encima del 11 por ciento y con diferencias crecientes entre sus países miembros.

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