miércoles, 21 de enero de 2015

Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (III)

Rolando Astarita

Nuevo giro y el VI Congreso

Desde 2008, y coincidiendo con la asunción formal de Raúl Castro como presidente, volvió la apertura a los capitales y a la actividad privada. También se aprobó (junio de 2008) una reforma laboral que vinculaba el pago del salario a los resultados del trabajo. Por su parte, en 2009 el presidente Obama levantó restricciones a los viajes de familiares cubanos desde EEUU a Cuba, y a las remesas de divisas. En 2011 Washington volvió a ampliar las sumas permitidas: hasta 500 dólares cada tres meses, destinados a “ciudadanos de Cuba” y “con el fin de respaldar la actividad privada”. Pero más importante, ese año se realizó el VI Congreso del PC de Cuba, donde se admitió que había problemas, y graves.

Efectivamente, en el documento conocido como “Lineamientos”, se planteó que la economía atravesaba por una profunda crisis, que había “baja eficiencia, descapitalización de la base productiva, estancamiento y envejecimiento en el crecimiento poblacional”. Como problema fundamental, se reconoció la poca productividad del trabajo: se mencionaba la “mentalidad de la inercia”, el “exceso de reunionismo improductivo” y la falta de cumplimiento de objetivos. También se planteó que era necesario reestructurar el empleo y los salarios “considerando formas no estatales de gestión donde sea conveniente”; avanzar hacia la supresión de la dualidad monetaria; solucionar los déficits en la balanza de pagos; poner en explotación tierras ociosas y elevar los rendimientos agrícolas.

Como salida, se subrayó la necesidad de mantener la economía planificada, pero otorgando mayor injerencia al mercado y a la “gestión no estatal”. También se señaló la necesidad de vincular el salario a la productividad, y se reconoció que la reforma laboral de 2008 no se había puesto en práctica. Se dispuso asimismo el despido de 1,8 millones de trabajadores estatales en el plazo de 3 años. El argumento fue que el 40% del empleo público estaba “inflado”; lo cual constituía una admisión de que existía desocupación encubierta. Para absorber esa masa de despidos, se proponía impulsar el trabajo por cuenta propia, incluyendo la posibilidad de contratar mano de obra por fuera del círculo familiar.

Otras medidas pasaban por dar mayor autonomía a las empresas estatales en el manejo de sus fondos; cerrar empresas improductivas; continuar propiciando la participación del capital extranjero, aunque con diversas limitaciones; otorgar mayor autonomía a las cooperativas; y profundizar la entrega de tierras en usufructo, con precios controlados por el Estado.

No hay mejoras significativas

Las reformas no dieron los resultados esperados. En los tres años 2011-13 la economía creció a un promedio del 2,8%, pero en 2014 lo hizo al 1,3%, la menor tasa desde 2009. Además, es bajo el ritmo de absorción por parte del sector privado de los trabajadores que son dejados cesantes en el Estado. El secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba declaró (18/4/14) que el 30% de los trabajadores estatales declarados “disponibles” no había podido ser reubicado. Además, los ingresos de amplios sectores de la población son muy bajos, y existen muchas deficiencias en materia de viviendas y recursos básicos (véase más abajo).

Por otra parte, el problema clave de la debilidad de la inversión, no se ha solucionado. Aunque no se trata solo de su volumen, también de su composición. Según datos oficiales, en 2013 el 15,5% del total de las inversiones fue a hoteles y restaurantes, el 14,9% a suministro de gas, agua y electricidad, el 13,7% a transporte, almacenamiento y comunicaciones, el 9,5% a construcción, el 9% a servicios empresariales, actividades inmobiliarias y alquileres, el 8,8% a administración pública, defensa y seguridad social, el 7,9% a agricultura, ganadería y pesca, el 4% a industria manufacturera (excepto azúcar), el 4% a minas y canteras, el 3,3% a industria azucarera, y el 2,1% a comercio y reparación de efectos personales. Puede verse que la formación bruta de capital fijo es muy baja. Esto significa que continúa el deterioro del aparato productivo por falta de renovación de equipos. En consecuencia, es imposible superar la economía de escasez.

A lo anterior, se agrega el atraso tecnológico, en particular en lo que hace a las tecnologías informáticas y comunicacionales. Se calcula que actualmente el 75% de la población no tiene acceso a Internet y el 25% restante tiene una conexión muy defectuosa (por ejemplo, bajar un video de Internet puede ser casi imposible). Naturalmente, esta situación afecta gravemente el derecho democrático a informarse. Pero también influye negativamente en la productividad general de la economía, incluso en la posibilidad de mantenerse actualizado en diversos campos de la ciencia.

Para ilustrarlo, tomemos el caso de BioCubaFarma, el grupo de 38 empresas dedicadas a la industria de la biotecnología y farmacéutica, creado en 2012. En la actualidad Cuba exporta medicamentos por un valor de 900 millones de dólares, y aspira a elevar significativamente esta suma en los próximos años. Pero para esto debe remontar toda una serie de dificultades, muchas de ellas derivadas del atraso. Según el doctor Agustín Lage, director del Centro de Inmunología Molecular, los principales obstáculos que enfrenta BioCubaFarma son: escasos recursos, subdesarrollo industrial, bloqueo económico, altos índices de emigración calificada, deterioradas condiciones de vida y trabajo, limitaciones objetivas en el uso de las tecnologías informáticas y comunicacionales y el acceso a Internet (http://oncubamagazine.com/economia-negocios/biotecnologia-productividad-viva/).

Puede verse que la productividad no depende solo de poseer máquinas modernas en los lugares de trabajo (que en Cuba no están), sino también de todo un entramado de servicios de transporte, comunicación, logística y coordinación entre los sectores productivos. A lo que se agrega la cuestión de la actitud de los trabajadores hacia sus empleos (véase más abajo).

Situación en las ramas del níquel y el azúcar

Dos de los principales rubros de exportación de bienes cubanos son el níquel y otros productos minerales; y el azúcar. En 2013 la minería representaba el 13,5% del total de las exportaciones de bienes, y el azúcar casi el 9%.

Precisemos que Cuba posee la quinta reserva mundial de níquel, y es el sexto productor mundial. A pesar de que las minas cubanas de níquel exigen menos inversiones que las demandadas en otras partes del mundo, existen problemas de productividad. Desde 1994 la empresa minera estatal, la Compañía General de Níquel de Cuba está asociada, en una joint-venture, con la canadiense Sherrit International, que también es la encargada de colocar el mineral en el exterior. Hacia inicios de 2000 la producción de níquel alcanzaba el récord de 90.000 toneladas anuales, pero en 2013 había bajado a unas 70.000. Una dificultad es la obsolescencia de algunas plantas importantes. Por ejemplo, la Ernesto Che Guevara, construida con tecnología soviética, e inaugurada hace ya casi dos décadas, necesita inversiones urgentes. Además, Sherrit está teniendo problemas por acusaciones de haber participado en fraudes a sus accionistas e incluso negociados con funcionarios cubanos. Por otra parte, se ha registrado una caída significativa del precio del níquel: pasó de 50.000 dólares la tonelada en 2007 a 18.000 dólares en 2014, lo que indudablemente agrava las dificultades. Cuba ahora parece apostar a las inversiones de China o Rusia; esto es, una profundización de la relación con el capital internacional.

En cuanto a la industria del azúcar en 2002 se creó el Ministerio del Azúcar, y se inició una reestructuración del sector. Una de las primeras medidas fue reducir la superficie destinada al cultivo de la caña al 38% del total de las tierras dedicadas a la producción de alimentos o forestación. Fue una admisión de la no sustentabilidad del monocultivo: en 1990 se calculaba que el 40% de los suelos cultivables estaban erosionados en mayor o menor grado. Además, el fin de las compras subsidiadas de azúcar por parte de la URSS quitaba toda lógica a continuar con una alta escala de producción. Pero esto implicó también el traslado de muchos trabajadores a otras áreas (la llamada Tarea Álvaro Reinoso, por la cual se eliminaron más de 100.000 puestos de trabajo).

En los años que siguieron, la tendencia de la producción fue bajista. En la zafra de 2009-2010 se tocó fondo, con 1,1 millones de toneladas de azúcar (el peor registro en 100 años). El gobierno reconoció que la situación era grave y que era necesario incorporar nuevas tecnologías. En 2011 se creó Azcuba (integrante del holding GAESA, véase más abajo), que reemplazó al Ministerio del Azúcar. Azcuba pasó a dirigir y controlar la producción cañera y agropecuaria de las entidades estatales que la integran. El objetivo declarado de su creación fue avanzar en eficiencia, tener ganancias y abrirse a la asociación con el capital extranjero. En 2012 se firmó un contrato entre la empresa Azucarera Cienfuegos (estatal) y la brasileña Compañía de Obras e Infraestructura (subsidiaria del grupo Odebrecht, que invierte en Mariel, véase más abajo) para la administración conjunta del ingenio “5 de septiembre”. Se trató así de la primera inversión extranjera en el sector desde que los centros azucareros fueran expropiados por la Revolución. La brasileña invertirá unos 100 millones de dólares en mecanización agrícola y en una planta bioeléctrica. Otra inversión en curso es entre la británica Havana Energy y una subsidiaria de Azcuba, que conformaron la empresa mixta Biopower, para construir una planta generadora de energía a partir de la biomasa. El gobierno estaría buscando más inversiones para impulsar este tipo de aprovechamiento de la caña de azúcar.

De nuevo, en la industria azucarera la mejora de la productividad y el rendimiento parecen claves: actualmente la producción sigue por debajo de las 2 millones de toneladas. De los ingenios existentes en Cuba, 8 fueron construidos entre los 1970 y 1980, pero el resto estaba desde antes de la Revolución, y necesitan ser modernizados. En la zafra de 2012-2013 49 ingenios produjeron 1,6 millones de toneladas de azúcar, mientras que en EEUU 6 ingenios producen 2 millones de toneladas. El caso del ingenio Cienfuegos es ilustrativo: diseñado para producir 90.000 toneladas anuales, en los últimos años apenas llegaba a 30.000 toneladas.

El sector agrícola, baja productividad y estímulos individuales

En cuanto a los otros sectores agrícolas, su revitalización es decisiva, ya que Cuba debe importar más del 70% de los alimentos que consume. De nuevo, aquí nos encontramos con baja productividad y desaprovechamiento o mal uso de recursos. Seguramente reconociendo esta situación, a partir de 2008 y hasta 2013, el gobierno cubano disolvió más de 400 cooperativas (Unidades Básicas de Producción Cooperativa, UBPC) con el argumento que no generaban utilidades suficientes para autofinanciarse. Precisemos que las UBPC fueron creadas en 1993 a partir de empresas estatales, cuyos trabajadores recibieron las tierras en usufructo. Con 1,7 millones de hectáreas, ocupan el 28% de la tierra cultivable, y dan empleo al 66% de los trabajadores agrícolas (dato de 2012). Coexisten con las Cooperativas de Productores Agrarios, conformadas por pequeños propietarios privados. En 2011 las UBPC tenían deudas por 50 millones de dólares con el sistema bancario nacional. De ahí la decisión de cerrar cooperativas; las tierras de las cooperativas disueltas fueron reasignadas a otras cooperativas, o a agricultores privados.

Sin embargo, al día de hoy continúan los problemas derivados de la falta de insumos, recursos tecnológicos y agotamiento de suelos. En muchos lugares se ha vuelto a la tracción animal. La baja productividad se revela en el hecho de que la agricultura emplea el 20% de los trabajadores del país y produce poco menos del 4% del PBI. Por otra parte, hay un millón de tierras sin cultivar.

Además de introducir criterios de eficiencia y rentabilidad, el gobierno se inclina progresivamente (aunque con idas y venidas) a alentar la actividad privada. Por ejemplo, en el sector del arroz aumentó los precios que paga por el producto (el Estado entrega los insumos y compra el 90% de la cosecha) y descentralizó la toma de decisiones en el sector. También transfirió a manos de cooperativas los servicios mecánicos que antes eran monopolio del Estado. Como resultado de la mejora de precios, hasta 2011 aumentaron la producción y los ingresos de muchos productores de arroz. Sin embargo, la falta de insumos y agua, volvieron a estancar la producción en los últimos años.

En términos más generales, desde mediados de 2014 se comenzó a experimentar con un mercado mayorista de insumos para los productores agrarios. También en 2014 se eliminó la Unión Nacional de Acopio, que se encargaba de comerciar y distribuir productos agrícolas, y se flexibilizaron más las funciones de las cooperativas. Al mismo tiempo el ministro de Agricultura, Rodríguez Rollero anunció que se planifican inversiones en la logística de las cadenas productivas, incluyendo los insumos; y que para impulsar el desarrollo se prevé la financiación externa e inversión extranjera directa. Todo indica que los productores privados y los cooperativistas presionarán en los próximos años para que se profundicen medidas pro-mercado, contratación de mano de obra asalariada y vinculación libre con el mercado mundial. Esta dinámica ha sido típica en todas las economías estatistas burocráticas.

Otra medida adoptada por el gobierno fue permitir el uso de semillas transgénicas, producidas en la isla a partir de los trabajos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. La decisión ha generado críticas de ecologistas y ambientalistas, pero no hubo posibilidad de debate ni decisión democráticamente tomada. En 2012 se cultivaban ya 3000 hectáreas de maíz genéticamente modificado. El gobierno también firmó, en 2008, un acuerdo con la multinacional brasileña Embrapa (Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria) para desarrollar la producción en base a la semilla de soja tropical (desarrollada por Embrapa). Por ahora en fase de experimentación, el objetivo sería llegar a las 40.000 hectáreas con soja genéticamente modificada.

Por último, hay que destacar que, paralelamente a las evoluciones descritas, se desarrolló un sistema de microhuertos urbanos (producción de hortalizas, principalmente) que se instalaron en grandes ciudades, pueblos, asentamientos. En 2009 se calculaba que había unas 300.000 personas involucradas en esta actividad. Complementan la dieta, o destinan parte de esta producción al mercado. Sin embargo, el microhuerto no puede ser una solución de largo plazo, estructuralmente sólida; aunque es otra expresión de la búsqueda de soluciones por el lado de la explotación individual de la tierra.

Ver también:
- Cuba: Crisis, globalización y giro al mercado (II)
http://www.argenpress.info/2015/01/cuba-crisis-globalizacion-y-giro-al_20.html
- Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (I)
http://www.argenpress.info/2015/01/cuba-crisis-globalizacion-y-giro-al.html

rolandoastarita.wordpress.com/

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