jueves, 22 de enero de 2015

Cuba: Crisis, globalización y giro al mercado (IV - Final)

Rolando Astarita

Moneda y desequilibrios

La dualidad monetaria continúa generando muchos problemas y distorsiones. Recordemos que la doble moneda se instaló en 1994, cuando el giro del gobierno hacia una mayor centralización y restricción de la circulación de dólares. El Banco Central de Cuba comenzó entonces a emitir los llamados pesos convertibles (CUC), para tener una unidad de paridad con el dólar y facilitar el turismo. En la actualidad el CUC (= 1 dólar estadounidense) equivale a 25 pesos cubanos (CUP); aunque para las empresas estatales el CUP está a la par del CUC.

Los problemas que acarrea la doble moneda son de varios y significativos. Por empezar, porque para las empresas estatales la moneda está sobrevalorada; y en segundo término, porque los cálculos de productividad y costos son dificilísimos de hacer. Pero si no se pueden hacer estos cálculos, es muy difícil planificar, esto es, distribuir los tiempos de trabajo según alguna relación entre necesidades y gastos humanos de energía y de recursos. Subrayamos que la articulación entre plan económico y democracia de los productores –en un régimen no burocrático- también exigiría una medida de valor y unidad de cuenta confiable (esta cuestión ya la señalaba Trotsky en crítica a la dirección económica soviética de los años 1930). La ley del valor trabajo no se puede eliminar por decreto, ni con medidas administrativas.

Por otra parte, un sector de la población recibe salarios en CUC, y otro sector en CUP, lo cual agrava la fractura social; los mercados también están fraccionados: en el comercio minorista la oferta en CUC, incluyendo los productos de primera necesidad, es de mejor calidad que la oferta de bienes en CUP. A su vez, la existencia de la doble moneda favorece la continuidad y extensión del mercado negro, donde se comercian desde bienes básicos a bienes de lujo. De nuevo, de alguna manera la ley del valor, a través de sus expresiones monetarias y mercantiles, “hace valer sus derechos”, por encima de restricciones y disposiciones. El mismo gobierno cubano ha registrado el problema, aunque sin indagar en sus causas profundas. En 2013 Murillo reconoció que la doble circulación era una de las grandes dificultades que tenía la economía. Raúl Castro se expresó en el mismo sentido. Por eso, desde hace años, el gobierno se propone avanzar en la unificación monetaria. Sin embargo, es muy probable que la misma lleve a una devaluación (el CUC está sobrevaluado y no se corresponde con la productividad de la economía cubana). Otra posibilidad es que se instale un sistema de cambios múltiples; lo cual también ha sido siempre una fuente de especulación y negociados.

Concesiones crecientes a la inversión extranjera

A partir de 1988 la dirección cubana permitió la entrada de inversiones extranjeras, lo que resultó que en 2002 se habían instalado unas 400 empresas, mayormente en hotelería, minería y alimentación (con España en primer lugar). Asimismo se habían establecido “zonas francas” para atraer inversiones. Sin embargo, con la orientación hacia una mayor centralización, las zonas francas se cerraron y el número de empresas extranjeras se redujo a la mitad. Los capitalistas se quejaban (y se quejan) de excesiva intromisión del Estado, problemas derivados de la doble moneda y diversas trabas para sus negocios. Pero en los últimos años, al compás del nuevo giro hacia el mercado, el gobierno ha reasumido una política destinada a atraer las inversiones extranjeras. En este respecto, hay dos hechos muy relevantes, y relativamente recientes: la apertura de una “zona especial”, y la nueva ley de inversiones extranjeras.

Efectivamente, en 2013, y siguiendo el modelo chino de las zonas especiales, se creó la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), de 465 kilómetros cuadrados, ubicada en la provincia de Artemisa. Está concebida para atraer inversión externa y ser la principal puerta de entrada y salida de productos. Para este último objetivo, en Mariel se construirá, con participación de capitales brasileños, la futura terminal de contenedores. Con el objetivo de atraer capitales, se ofrecen muchas facilidades. Así, de acuerdo al reglamento que rige la ZEDM, se establece que se agilizarán los trámites de los inversionistas extranjeros para autorizarlos a instalarse. Además, se establece: que por 10 años habrá exención del pago de utilidades y, excepcionalmente, por un período mayor; cuando terminen los períodos de atracción de capitales, el impuesto a las ganancias será del 12%; por otra parte, se establece que las empresas no paguen impuestos sobre ventas o servicios durante un año; también se garantizan las remesas al exterior por concepto de utilidades y dividendos; y la importación de equipos y bienes sin pagar aranceles. Se trata de condiciones excepcionalmente favorables para los capitales, pero es muy posible que los capitales extranjeros continúen presionando y negociando para garantizar que estas normas no se modifiquen. A ello hay que sumar el pedido de seguridad jurídica. Sin embargo, para los trabajadores la situación es distinta: serán contratados por agencias empleadoras, que recibirán el importe salarial en la divisa del inversor y pagarán en moneda nacional a los trabajadores.

Además de Brasil, China, Rusia, Vietnam, Japón, Alemania y México han manifestado su interés por tener presencia en Mariel. De esta manera el establecimiento de la ZEDM es una vuelta a la línea tendencial de apertura al capital y el mercado, que se había interrumpido por el giro “izquierdista” de Fidel.

A su vez, en marzo de 2014 se aprobó una nueva ley de inversiones extranjeras, que también busca dar mayores atractivos y garantías. Entre las medidas adoptadas, las empresas que inviertan en Cuba pagarán solo el 15% de impuestos a las ganancias; aunque no podrán contratar trabajadores ni pagarles directamente, están autorizadas a llevar su propia mano de obra para desarrollar construcciones en Cuba. Según el ministro de Comercio Exterior, habría 246 proyectos de inversión en petróleo, turismo (construcción de condominios, hoteles, campos de golf) y algunas plantas industriales.

En este marco, Cuba acaba de firmar 29 acuerdos con China y 10 con Rusia, por los cuales se prevé profundizar los intercambios, las inversiones, y colaboración. Rusia, además, condonó, en 2013, el 90% de la vieja deuda cubana. A su vez, Cuba normalizó las relaciones con la Unión Europea, y está trabajando para reanudar negociaciones con el Club de París en torno a una deuda de varios miles de millones de dólares. Aunque aquí hay muchos obstáculos porque el Club exige que se informe sobre las reservas y situación de la balanza de pagos. Por otra parte, Brasil comprometió importantes inversiones: la principal, las obras ya mencionadas de puerto Mariel, por casi 1100 millones de dólares, a cargo de Compañía de Obras en Infraestructura, subsidiaria de Odebrecht. Además, está la entrada en el azúcar, a la que nos referimos más arriba.

En base a lo visto hasta aquí, puede entenderse que las medidas propuestas por Obama –y apoyadas por una porción importante del establishment de EEUU- se inscriben en esta evolución de largo plazo. Por supuesto, está por verse si finalmente el Congreso de EEUU levanta el bloqueo a Cuba. Pero esto no cambiará la esencia de la relación que está estableciendo el gobierno cubano con un capitalismo cada vez más mundializado.

China, “programa socialista” y dependencia capitalista

En julio de 2014 el presidente chino Xi Jinping hizo una visita oficial a la Habana, durante la cual se concretaron dos líneas de crédito a Cuba, una libre de interés y la otra destinada a la construcción de una terminal multipropósito en Santiago de Cuba. Además, se dispuso la reestructuración de la deuda cubana con China, y se hicieron convenios que comprenden las áreas de salud, agricultura, energías renovables, turismo, industria, tecnología de televisión digital, ciberespacio, suministro de equipos para acueductos, medio ambiente, cultura y telecomunicaciones.

China actualmente es el segundo socio comercial de Cuba, detrás de Venezuela. Cuba exporta a China fundamentalmente, níquel, azúcar y medicamentos. Según transcribe Granma, en ocasión de la visita del presidente chino, Fidel Castro aseguró que las utopías de Marx y Lenin inspiraron a Rusia y China a ser los países que encabezarán un mundo nuevo, que permitirá la supervivencia humana si el imperialismo no desata antes una guerra. “Esta visita cumplirá con los propósitos de fomentar la amistad, ahondar la confianza, ampliar la cooperación…” (citado en Página 12, 24/07/14). Asimismo, Cuba impuso a Xi la orden José Martí, que es la máxima condecoración, “por su amistad y solidaridad” y por “su sabia conducción en la construcción del socialismo en China”.

Pues bien, todo este palabrerío sobre construcción del socialismo solo es “verso” (en Argentina utilizamos “verso” para significar algo falso, o que es mentira). Es “verso” para la audiencia “nacional-popular-izquierdista” que está dispuesta a creer, y a justificar, cualquier cosa. Lo grave es que estos discursos, que se transmiten a nivel masivo, debilitan el programa y la perspectiva del socialismo a nivel mundial. Los ideólogos castristas evaden estas cuestiones candentes recordando el heroísmo de los cubanos en Angola, o la resistencia de economía estatizada frente al imperialismo. Pero esto no “compensa” el daño que, desde el punto de vista ideológico y político, se hace a la causa del socialismo. Una cuestión que fue precisada adecuadamente por Trotsky: cuando se ponía en la balanza la progresividad histórica de la estatización burocrática stalinista con el daño que las políticas stalinistas provocaban en la conciencia de las masas, el balance era claramente negativo para el socialismo (véase su discusión -En defensa del marxismo- sobre los efectos de la entrada de la URSS en una zona de Polonia, en 1939). Más en general, la mayoría de los trabajadores que viven bajo el capitalismo rechazan los regímenes burocráticos, y esto no se debe solo, ni principalmente, a la propaganda capitalista. Se debe a que los regímenes stalinistas burocráticos, estancados económicamente, no pueden ser bandera de ninguna recuperación socialista. De ahí también la facilidad con que el capital ha logrado establecer la idea de "no hay alternativa" al mercado.

Por eso hay que tener conciencia de que la estatización no es un fin en sí mismo. Su progresividad histórica se mide por la capacidad de desarrollar las fuerzas productivas y por la medida en que abre el camino a la socialización, esto es, al control directo de los productores. En la medida que la estatización termina en el capitalismo de Estado, o en el estancamiento de una economía estatal burocrática, no abre una perspectiva socialista en ninguna parte del mundo (tal vez la ilustración extrema de nuestro argumento es Corea del Norte).

Es por este motivo que hay que decir las cosas como son: en China no se está construyendo ningún socialismo. Cuba está pidiendo a los capitalistas chinos que inviertan en la isla porque está embarcada en un proceso de reformas muy similar al que llevó a China al capitalismo. Los acuerdos comerciales son la expresión de estos regímenes sociales. Las empresas chinas, y el gobierno chino, se manejan con el mismo criterio de cualquier capitalista: obtener ganancias, aumentar los mercados de exportación, ganar puestos en la competencia, lograr el acceso a fuentes de materia prima. Por eso, en sus relaciones comerciales con cualquier país más atrasado tecnológica y económicamente, como es Cuba, lo único que cuentan para los chinos (como para cualquier otro capitalista) son los intereses económicos, que se discuten en condiciones de clara asimetría entre las partes.

El gobierno chino no tiene ningún interés en el socialismo, ni chino ni cubano. Se trata de un régimen capitalista y es imposible que se comporte como “camarada socialista” en el mercado mundial. Sería contrario a su naturaleza social. Aunque se publicita que China otorga créditos a tasas muy ventajosas, lo que comúnmente hace Pekín es conceder esas líneas de crédito con contrapartidas beneficiosas para sus capitalistas. Así, los inversores chinos obtienen la prioridad para invertir en proyectos, se evitan licitaciones o compensan lo que pierden por el crédito con mayores precios de los productos (o menor calidad de los mismos) a los que están atados los créditos, cuando son comerciales. A todo esto se suma que las empresas chinas acostumbran solicitar la posibilidad de transferir mano de obra desde su país para emplearla en los proyectos. Agreguemos que en África, donde los chinos han realizado cuantiosas inversiones, los niveles de explotación y precarización del trabajo no tienen nada que envidiar a los de cualquier potencia capitalista. No estamos entonces en presencia del buen samaritano chino-socialista-internacionalista. Y nada indica que las cosas vayan a cambiar tratándose de trabajadores latinoamericanos, o cubanos, o de obreros chinos llevados a la isla.

En todo esto las invocaciones a la “construcción socialista” son solo máscara y simulación, diría que casi cínica. Por supuesto, alguien puede argumentar que Cuba no tiene otro camino -dado el régimen imperante y el curso histórico que tuvo- que inclinarse al capitalismo; que es lo que está haciendo. Pero no por eso nos tienen que “hacer pasar gato por liebre”. Con poder burocrático, en una economía estancada, con un sector privado en crecimiento, la entrada de capitales extranjeros, sean chinos, rusos, brasileños o estadounidenses, no fortalecen ningún programa socialista. En cualquiera de los casos, habrá extracción de plusvalía, esto es, explotación de trabajo asalariado, en beneficio del capital privado (chino o de empresas asociadas con los chinos) y también en beneficio del capitalismo de Estado (o del Estado burocrático estilo soviético, como es el cubano). Por lo tanto, invocar aquí los ideales de Marx y su meta de acabar con la explotación del hombre por el hombre, es puro cinismo, es pura máscara.

Para sintetizar: los acuerdos comerciales y de inversión de Cuba con China, y con otros países, se levantan sobre el fondo de la internacionalización del capital. Son una expresión particularizada de la extensión a todo el mundo de las relaciones de explotación basadas en el trabajo asalariado. Y como sucede en las relaciones comerciales y de inversión entre países de desigual poder económico, entre China y Cuba se establecerá una relación de dependencia. Que no es sinónimo de relación colonial, o neocolonial, como piensa equivocadamente buena parte de la izquierda latinoamericana, sino de dependencia económica capitalista. Lo cual confirma, por otra parte, que no hay posibilidad de independencia económica por parte de ningún país capitalista (o en transición al capitalismo) en un mundo dominado por el capital. A los ideólogos castristas (rama nacional, popular, antiimperialista) todo esto que afirmo les suena muy extraño. Pero es el fundamento del programa internacionalista del socialismo, concebido como democracia de los productores.

Ver también:
- Cuba: Crisis, globalización y giro al mercado (III)
- Cuba: Crisis, globalización y giro al mercado (II)
- Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (I)

rolandoastarita.wordpress.com/

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