lunes, 26 de enero de 2015

Distinguir terrorismo de insurrección popular

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

Los diccionarios identifican al terrorismo como “uso sistemático de la violencia, o amenaza de su uso, por grupos no estatales contra personas individuales o grupos más amplios, para lograr objetivos políticos cuyo alcance trasciende con frecuencia los límites nacionales”.

Por “terrorismo de Estado” se define el accionar con esos fines de un gobierno contra sus propios súbditos o contra comunidades conquistadas o que pretende conquistar.

Se ha hecho una tradición, y sigue siendo una práctica sistemática en la actualidad, que las metrópolis coloniales, las grandes potencias y los gobiernos tiránicos apliquen el calificativo de “terroristas” a los métodos de lucha que los revolucionarios y patriotas utilizan para sus enfrentamientos emancipadores.

En Occidente, los medios de prensa que responden a los intereses de la superpotencia estadounidense imponen el calificativo de “terroristas” a los combatientes de la resistencia en los muchos países donde se han hecho sentir sus intervenciones y ocupaciones. Su inmenso poder mediático califica de “terrorismo” a las acciones de la resistencia patriótica, cuya inferioridad militar evidente le obliga a organizarse en unidades secretas o irregulares que, operando fuera de los parámetros castrenses universalmente aceptados, enfrentan a las fuerzas armadas del invasor u ocupante.

De ahí la necesidad de esquivar esa trampa y distinguir los métodos revolucionarios de lucha de los métodos terroristas. Sobre la base de mi propia experiencia como combatiente de filas del movimiento insurreccional que derrotó a la dictadura imperante en Cuba hasta el último día de 1958, percibo varias diferencias.

Los métodos revolucionarios se identifican con las aspiraciones del pueblo; los métodos terroristas son fuertemente rechazados por la población.

Los primeros buscan transformar el escenario y las asimétricas condiciones de la lucha para elevar la moral combativa de las masas, atraer a la lucha a nuevas huestes, ridiculizar a las fuerzas represivas del régimen tiránico, llamar la atención del mundo a la guerra revolucionaria que se está librando y denunciar el carácter impopular del gobierno opresor.

Las formas revolucionarias de lucha clandestina pretenden incrementar el apoyo del pueblo a su causa y por ello no intentan provocar pánico sino promover la adhesión de la ciudadanía.

Los métodos terroristas son propios de bandas delictivas, mafias, narcotraficantes, organizaciones paramilitares de extrema derecha y, en general, de mercenarios al servicio de poderosos intereses económicos. Buscan imponer su autoridad sobre la base del temor de la población por la crueldad de sus acciones, que pueden tener carácter de amenazas, advertencias o ser directamente punitivas. No aspiran a atraer al pueblo a su causa sino a imponer su autoridad sobre la base del temor.

El terrorismo genera pánico y provoca sufrimientos y muertes de personas inocentes. Los métodos revolucionarios se identifican con las aspiraciones populares, engendran admiración por la abnegación de quienes ejecutan las acciones y convocan a la lucha y al sacrificio en aras de una causa justa.

Por eso es recomendable desconfiar de las informaciones que vinculan a los movimientos populares de resistencia en cualquier parte del mundo con el terrorismo y examinar cada caso a la luz de las motivaciones y los objetivos de sus combatientes, así como de las circunstancias en que se libra la lucha.

Tampoco es lícito hablar de terroristas buenos y terroristas malos. Washington suele aprobar sin recato dictaduras amistosas (“friendly dictatorships”) y al mismo tiempo se proclama paladín de la democracia. Aplaude, promueve y financia sistemáticamente las acciones terroristas de sus aliados y de sus propias organizaciones de inteligencia y contrainteligencia y, al mismo tiempo, se presenta como líder de una guerra contra el terrorismo de la que cada vez más gente recela o rechaza.

El terrorismo nunca podría ser un método de lucha de los revolucionarios porque es contrario a los intereses y aspiraciones de los pueblos y jamás podría identificársele con una causa popular. De ahí que sea posible identificar claramente la diferencia entre el terrorismo y los métodos irregulares de lucha revolucionaria que, cínicamente, los regímenes opresores tratan de equiparar con los primeros.

Y es que el terrorismo, como método de lucha, es propio de fanáticos o de criminales que pretenden el bien propio en detrimento del bien común, o de ambiciosos de poder y de riquezas que desprecian a los demás, pero jamás podría ser el método de los revolucionarios, luchadores por el bienestar y el progreso de la humanidad.

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