martes, 20 de enero de 2015

El acertijo geopolítico caribeño, Puerto Rico y Navaza

Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)

La presencia durante varios días de funcionarios de la Casa Blanca en el Palacio de Santa Catalina dando la supervisión final a los acuerdos de Puerto Rico con República Dominicana y la autorización para una operación radial en la isla Navaza, controlada desde aquí, arrojan algo de luz sobre la política estadounidense en el intenso intercambio diplomático caribeño.

De hecho, las operaciones desde esta pequeña nación isleña del noreste caribeño son cosas de poca monta al compararlas con las espectaculares maniobras diplomáticas de las conversaciones en la Habana para la normalización de las relaciones Estados Unidos-Cuba, la gira del presidente venezolano por África, Asia y Europa, la visita a Honduras de la jefatura de las Naciones Unidas o la de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) a China, entre otras tantas acontecidas durante este mes.

En ese menú diplomático también se han incluido el inicio del nuevo período del CARICOM, la misión diplomática de Surinam a la India, la visita parlamentaria rusa a Nicaragua y el progreso aparente en las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y las FARC.

Sin embargo, tres hechos -también ocurridos en enero- dan más importancia a lo que está ocurriendo en este punto estratégico equidistante de Guantánamo y de Caracas, en la zona no resuelta de la frontera de Estados Unidos con América Latina.

Se trata, en primer y segundo término, del plan estratégico cívico-militar de la Casa Blanca para proteger la “frontera del Caribe” y que incluye disponer operaciones tan al sur como en Curacao, casi en las costas venezolanas, y de la reunión de los parlamentarios del Reino de Holanda en Aruba para buscar la manera de canalizar las disputas que se están produciendo con los “países” caribeños del Reino. A éstas, se suma el plan del Gobierno de Puerto Rico para otorgar derecho al voto a extranjeros, incluso indocumentados, que desvanecería la jurisprudencia sobre la ciudadanía puertorriqueña y podría abrir camino a restablecer el consentimiento a la dominación colonial por parte de Estados Unidos, perdido en el referéndum de 2012.

Es precisamente armados con ese repudio mayoritario a la colonia de 2012 que los enviados diplomáticos del Partido Independentista Puertorriqueño hacen gestiones intensas pero discretas para que se sostenga el caso de Puerto Rico en la agenda de la CELAC, que tendrá su tercera reunión cumbre a final de este mes en Costa Rica. Pero los independentistas, liderados por su presidente Rubén Berríos, quien además es una de las figuras principales de la Internacional Socialista, cumplen su tarea de manera muy reservada y con arreglo a que la situación diplomática regional está muy fluida.

Fue el Secretario de Asuntos Públicos, Jorge Colberg, quien dio la clave en una conversación con GFR Media y NCM Noticias, cuando reveló que los funcionarios de la Casa Blanca estuvieron en el Palacio revisando todos y cada uno de los once acuerdos que a mediados de mes firmaría el Gobierno de Puerto Rico con el de República Dominicana. Colberg aseguró que lo único que no se consultó con Washington fue el plan para conceder el voto a los extranjeros.

Horas después, la Casa Blanca hacía público el plan estratégico en el que se estipulan las instrucciones para que Puerto Rico lograra acuerdos con República Dominicana en materia de seguridad. También se firmaron acuerdos como parte del tratado de libre comercio con Estados Unidos en el que participa la República Dominicana y otra gama de temas, desde intercambios académicos hasta protección ambiental y manejo de emergencias.

Mientras tanto, el Gobierno de Estados Unidos autorizó una misión para transmisiones radiales aficionadas en la isla de Navaza, arrebatada a Haití en el siglo XIX y que es controlada desde Puerto Rico. De la misma forma en que desde aquí se vigilan los canales de la Mona y Anegada, Navaza está ubicada en un punto estratégico al sur del Paso de los Vientos, entre Haití, Cuba y Jamaica y Estados Unidos ha rechazado hasta ahora los reclamos de Haití sobre la soberanía de la pequeña isla, que sí reconocen los cubanos y jamaiquinos.

El plan estratégico fronterizo se hizo público casi al unísono con las nuevas reglas del Departamento del Tesoro para flexibilizar las licencias a empresarios, periodistas, académicos y diversos profesionales a visitar y hacer transacciones económicas en Cuba, sujeto a que estén dispuestos a proveer documentos y testimonios que garanticen que no están ayudando a comunistas y otros grupos objetados. Las reglas privilegian además las gestiones para promover el distanciamiento del pueblo cubano hacia el Gobierno con el objetivo de impulsar la transición pacífica a la “democracia”.

En la evaluación de la zona, el referido plan reconoce que las Fuerzas Armadas Bolivarianas han sido importantes para cortar el paso a las avionetas de los narcotraficantes, pero no recomienda acercamiento conciliatorio alguno con Venezuela. También evalúa la carencia de “puntos de ahogo” en las rutas caribeñas del contrabando, sin reconocer que Puerto Rico es, por su condición de frontera artificial, el punto de ahogo pero contra los propios Estados Unidos.

De particular relevancia para el plan son las operaciones de interdicción, obstaculizar la inmigración de indocumentados, los sistemas de inteligencia y el uso de los radares de corto y largo alcance. Llamativo en ese último punto es que se incluyen radares estratégicos específicos, pero no se menciona el famoso Radar Relocalizable sobre el Horizonte (ROTHR), que la jefatura del Comando Sur anuncio a principios del año pasado que ya era cosa del pasado.

Nada de esto es de interés en la discusión pública en Puerto Rico, agobiado por la crisis económica y la búsqueda de dinero para el fisco.

En su visita para firmar los acuerdos, el mandatario dominicano Danilo Medina parafraseó al poeta Pedro Mir y dijo que ambos países estaban “en el mismo trayecto del Sol”. Pero el poema citado advierte que arrostrar todo por “un dólar” ha producido “un país que no merece el nombre de país”.

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