miércoles, 7 de enero de 2015

El error de haber entrado en Europa

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Hay demasiadas diferencias en sensibilidad, idiosincrasia e historia democrática...

Tras las tribulaciones que está pasando este país, la pregunta clave es la siguiente: ¿qué hubiera sucedido si España no hubiera pasado a formar parte de la Unión Europea? La población de la España salida del franquismo estaba prácticamente alfabetizada y disfrutaba de electricidad, dos factores básicos a tener en cuenta en los índices de desarrollo. Su retraso respecto a Europa se reducía a la política, a la investigación, a la industria y a las infraestructuras de vialidad y transporte. La investigación, con la educación y la sanidad, han ido de mal en peor y la industria en retroceso. La ganancia quedó reducida a autopistas, en ciertos casos innecesarias, y a trenes de alta velocidad a costa de incomunicar a poblaciones enteras. Y en cuanto a la política, para pasar de la dictadura a la democracia es evidente que no precisó de Europa. El tránsito ya se había hecho nominalmente en el año 78. Así es que la adhesión de España a Europa, a la Europa económica (que no a la Europa política todavía en proceso de fragua), no ha traído al final del proceso más que gigantescos problemas. Esa unión, al ser económica mucho más que política, ha terminado siendo una trampa mortal más o menos provocada o involuntaria que ha desembocado en servidumbre insoportable para casi la mitad del país. Pues las directivas europeas (éstas sí de carácter político) que son impulsoras del crecimiento moral y humano pero no vinculantes, han sido sistemáticamente incumplidas. Este es balance final de la unión con la Europa que ha pasado por la experiencia trágica de dos guerras mundiales que imprimen carácter y en las que España no participó.

El caso es que aparte los factores fatales financieros de la globalización de la economía, la llegada desde Europa a España de cifras astronómicas de dinero para unos u otros fines (a un país que había pasado por una larga dieta moral, política y económica de cuarenta años de dictadura y que por tanto no estaba preparado para asimilarlas en tan altas dosis), ha terminado causando un colapso que padece de una u otra manera todo el país. El dinero ha sido loca y neciamente despilfarrado o literalmente saqueado por políticos y empresarios que estaban vergonzosamente retrasados, estos sí, respecto de sus homólogos de Europa, y los "rescates", la Deuda soberana y los intereses han terminado por aplastar a casi la mitad de su población. ¿Cómo estaría España si no hubiera pasado por este proceso de integración equivalente a una unión sacramental de las de antes? Esta es una pregunta para la que, por desgracia, jamás habrá respuesta...

Pero sí se pueden hacer conjeturas razonables. Y la principal es que las prisas han sido pésimas consejeras. La velocidad y el progreso a marchas forzadas, la ansiedad por la "modernización" galopante a cualquier coste han precipitado en el organismo social una situación que no se hubiera producido si la paciencia responsable y la sabiduría de los sucesivos gobernantes hubiera calculado que no estábamos todavía preparados para la aventura europea, y que la integración en Europa debía ser gradual; que eran precisos otros cuarenta años de adaptación a la democracia y a su desarrollo, pues la democracia no se impone por decreto. En suma, que era precisa la adaptación progresiva a una nueva situación política.

Pero ahora resulta evidente que, de una dictadura férrea que siguió reinando hasta después de muerto el dictador hasta el extremo de condicionar la democracia posterior, era imposible que salieran estadistas prudentes y de talla que condujeran a España por donde mejor convenía. Y Europa, sus bancos y sus miras ultrautilitarias propias del capitalismo feroz, han percutido una situación prácticamente insostenible con la colaboración indirecta pero culpable de los gobiernos españoles que se han ido relevando.

Ya no hay remedio para lo que fue un fatal error. Pero no hay callejones sin salida, siempre contamos con la salida de la entrada. Ahora sólo nos incumbe reparar aquel error sacudiéndonos de encima a esa Europa económica. Debiéramos plantearnos volver a ella, cuando Europa sea ya una Europa política unida en toda regla. Pues de momento y por esa fatalidad, la vida en España empieza a ser una pesadilla para millones de españoles...

Jaime Richart es antropólogo y jurista.

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